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14.8.25

Hacia la histórica cumbre entre Trump y Putin en Alaska

Por Carlos Fazio

Mientras Zelensky y sus aliados europeos de la “coalición de los dispuestos” observarán a distancia, EU y Rusia discutirán en Anchorage la eventual reconfiguración territorial de Ucrania y negocios bilaterales en materia de petróleo, tierras raras y un corredor geoeconómico en el estrecho de Bering.



Desde hace una semana, cuando el presidente Donald Trump anunció la histórica cumbre con su homólogo ruso Vladimir Putin, a realizarse mañana 15 de agosto, presumiblemente, en la base militar Elmendorf-Richardson ubicada en la ciudad de Anchorage, en el estado estadunidense de Alaska, las especulaciones sobre los objetivos del encuentro no han cesado.

Si bien las versiones predominantes aluden a la posibilidad de un acuerdo para poner fin al conflicto en Ucrania, que contemplaría la pérdida de territorios del país euroasiático a manos de la Federación Rusa, otras indican que lo sustancial de la reunión giraría sobre cinco tópicos: petróleo, tierras raras, la limitación nuclear de ambas superpotencias, el corredor geoeconómico de Rusia y Estados Unidos en el estrecho de Bering –quizás sumando a China para asentar el nuevo orden mundial tripolar (G-3)– y el reparto del Ártico.

El martes 12, mientras se difundían despachos de prensa sobre la posibilidad de que, con apoyo británico, antes de la cumbre el Ejército ucraniano organizara una operación de bandera falsa con drones y misiles contra un barrio densamente poblado o un hospital en la ciudad de Chugúyev, en la región de Járkov –que le permita ganar fuerza de negociación frente a Trump, quien ve en Zelenski el principal obstáculo para alcanzar una negociación medianamente exitosa con Rusia–, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, pareció moderar las expectativas de un rápido acuerdo de alto al fuego, al señalar que para el jefe de la Casa Blanca será un “ejercicio de escucha”, para que “obtenga una comprensión más firme y mejor de cómo podemos, con suerte, llevar este conflicto a su fin”.

Un representante de la administración Trump declaró a Politico que el objetivo del magnate neoyorkino se centra en evaluar a Putin, averiguar si el mandatario ruso tiene serias intenciones y trabajar para lograr, después, una reunión trilateral con el líder del régimen de Kiev, Vladímir Zelenski. Otro funcionario señaló al medio que se trata de “confiar en los instintos de Trump”. El informante expresó que el presidente ruso “ofreció un plan”, y agregó: “Puede que no sea un plan viable, pero había algo sobre el papel, lo que demuestra un avance (…) así que irá a escucharlo”. Después de hablar, “Trump podrá evaluar cuán serio es Putin respecto a la paz”, informó otro funcionario estadunidense y añadió que la reunión es “el comienzo de una nueva fase”.

No obstante, este miércoles, tras una reunión por videollamada con líderes de la Unión Europea y Zelenski, fiel a su contradictorio estilo personal de negociar, Trump prometió que Rusia enfrentará “consecuencias muy graves” si Putin no acepta detener el conflicto después de la reunión en Alaska.

Por su parte, tras del encuentro de Putin con Steve Witkoff la semana anterior, el Kremlin habrá evaluado la verdadera posición de Estados Unidos, en particular sus limitaciones y restricciones, en contraste con las declaraciones grandilocuentes procedentes de Washington ante la expiración del “plazo para la resolución” del conflicto ucraniano y la introducción de nuevas sanciones contra Rusia.

Moscú apoya una cuarta ronda de conversaciones en Estambul, y Putin y sus asesores habrán entendido que el frenesí mediático y el revuelo causado por los submarinos armados con misiles que Trump ordenó acercarse a Rusia, son elementos típicos de sus tácticas de presión antes de las negociaciones. Como observó el ex embajador británico y experto geopolítico, Alastair Crooke, la realidad que se esconde tras este frenesí es que Trump tiene pocas cartas con las que intensificar la presión sobre Rusia (las reservas de armas se han agotado) y el recurso a misiles de mayor alcance provocaría entre los MAGA el clamor de que el líder republicano está llevando a Estados Unidos a la tercera guerra mundial.

Hipótesis sobre el nuevo mapa después de la cumbre

En la coyuntura, Putin parece llegar más fortalecido que Trump a la cita. En un momento en que parecía que la retórica del jefe de la Oficina Oval contra Rusia se volvía más agresiva, con ultimátums de “10 o 12 días” y amenazas de más sanciones, incluido su embargo petrolero contra los clientes de Moscú, a lo que a sugerencia del general Keith Kellogg se sumó el envío de dos submarinos nucleares de la clase Ohio “frente a las costas” de Rusia, la reciente visita del enviado de la Casa Blanca al Kremlin, Steve Witkoff, marcó un cambio radical en la actitud de Washington, posibilitando la esperada reunión entre ambos mandatarios.

Como han señalado diversos analistas de información, en los meses anteriores la presión de Trump para un acuerdo de paz parecía un capricho personal, y el llamado ‘Partido de la Guerra’ y los globalistas a ambos lados del Atlántico aún tenían cartas que jugar: el paquete de sanciones del senador republicano de ultraderecha, Lindsey Graham, connotado rusófobo; nuevos envíos de armas estadunidenses a Ucrania, y las iniciativas de la “coalición de los dispuestos”, impulsada por el  presidente francés Emmanuel Macron, el primer ministro británico Keir Starmer y el canciller alemán, Friedrich Merz, para desplegar tropas europeas en Ucrania.

Además de que la situación desfavorable en el frente de batalla para el régimen de Zelenski significa que Trump –atrapado por el caso Epstein y las presiones de un sector de la sociedad estadunidense por su complicidad por el genocidio del régimen de Benjamín Netanyau en Gaza, lo que ha repercutido en su base MAGA, que exhibe signos de desintegración– necesita ahora conversaciones con Putin, no porque personalmente desee la paz, sino porque las realidades en la línea del frente de guerra lo empujan a ello. Como ha repetido el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, Rusia ya “ha ganado” el conflicto y ahora “es el turno de Occidente para reconocerlo”. Desde el punto de vista de Trump, cuanto antes pueda cerrar algún tipo de acuerdo con Moscú, mejor. Y esa urgencia es otra ventaja para Putin, quien, en caso de no alcanzar un acuerdo, no pierde nada. El Ejército ruso puede profundizar su guerra de desgaste y seguir avanzando hasta que se rompa el frente ucraniano, o hasta la próxima iniciativa de paz con Washington.

Desde que resultó electo como presidente de EU en noviembre de 2024, Trump y su enviado especial para el caso ucraniano, el general Keith Kellogg, sugirieron que un futuro acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia implicará un intercambio de territorio entre ambas naciones. Eso lo han repetido ambos en múltiples oportunidades en los últimos ocho meses, incluidos sendos pronunciamientos del secretario de Estado, Marco Rubio y del otro negociador especial de Trump, Steve Witkoff. Incluso, el citado senador Lindsey Graham, representante de Carolina del Sur, declaró en una entrevista con el programa ‘Meet the Press’ emitido el pasado domingo en NBC News, que Ucrania no podrá “expulsar a todos los rusos”, por lo que cree que un hipotético acuerdo de paz contemplará modificaciones territoriales que el régimen de Kiev tendrá que aceptar durante la cumbre entre Trump y Putin. Dijo: “Para ser sincero, Ucrania no expulsará a todos los rusos, y Rusia no tomará Kiev. Así que habrá algunos intercambios de territorios al final”.

En principio, la posición rusa sigue siendo la establecida por el presidente Putin el 14 de junio de 2024. La propuesta de Moscú contempla que Kiev retire completamente sus tropas de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk y de las provincias de Zaporozhie y Jersón (incorporadas a Rusia después de consultas populares en 2022) y reconozca esos territorios, así como Crimea y Sebastopol, como sujetos de la Federación Rusa. Además, debe garantizarse la neutralidad, la no alineación, así como la desnuclearización, desmilitarización y desnazificación de Ucrania, objetivos iniciales de la operación militar especial.

Sin embargo, para el Kremlin no se trata solamente de encontrar una solución pacífica, sino también de concertar un compromiso firme y vinculante, y firmar documentos reconocidos internacionalmente. Aquí surge el problema de la ilegitimidad de los dirigentes del régimen de Kiev. El mandato de Zelenski expiró en mayo del año pasado, por lo que los representantes del Poder Ejecutivo, que son nombrados por él, también son ilegítimos. Además, Putin ha insistido en la necesidad de abordar las “causas profundas” del conflicto y que a la hora de buscar soluciones es necesario basarse en las “realidades sobre el terreno”. Es un dato real que la cumbre se da en un contexto de ampliación de la zona de control militar ruso en la línea de contacto. Por su parte, Zelensky, apoyado por la desdibujada “coalición de los dispuestos”, asegura que nunca reconocerá la soberanía de Rusia en las regiones ‘conquistadas’ por Moscú y especula con la integración de su país en la Alianza Atlántica.

En ese contexto, en el campo mediático se manejan diversas hipótesis. Según la web estadunidense Axios, tras la reunión de Witkoff con Putin, el 6 de julio, el enviado estadunidense habría indicado a Trump, Zelenski y varios líderes europeos que el Kremlin estaría dispuesto a renunciar a los territorios que controla en las regiones de Zaporiyia y Jersón, en el sur, si Kiev cediera Lugansk y Donetsk, en el este, así como Crimea, anexionada por Moscú en 2014.

Sin embargo, al día siguiente la versión de Witkoff al contactar con altos funcionarios europeos y ucranianos en una videollamada fue muy diferente. Según Witkoff, a lo que habría accedido Putin era a “congelar” el avance ruso en esas regiones y no proceder a su total conquista. Una versión que parece más lógica, dado que Rusia difícilmente devolverá a Ucrania la media luna de territorio conquistado con acceso al mar que une Crimea con la zona del Donbás, a la que pertenecen las regiones de Lugansk y Donetsk, y que cuenta en su área con la central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa.

A su vez, sin citar fuentes, el medio de comunicación polaco Onet divulgó la supuesta propuesta estadunidense, que incluiría el reconocimiento de facto de los territorios ocupados por Rusia aplazando la cuestión del estatus durante 49 o 99 años. La iniciativa también incluiría el fin de las sanciones y, a largo plazo, el restablecimiento del comercio en materia de energía. A cambio, el documento presuntamente presentado por Witkoff no aborda la cuestión del veto al ingreso de Ucrania en la OTAN.

Otro informe, publicado el 8 de agosto por la agencia estadunidense Bloomberg, especifica que Rusia podría obtener el control total del Donbás, incluso de las partes que el ejército ucraniano ha conseguido retener. En el caso de Jersón y Zaporiyia, el acuerdo dejaría el control territorial según las líneas de batalla actuales. No está claro en qué situación quedaría Crimea, controlada por Rusia, pero fundamental para Ucrania.

Por su parte, el experto geopolítico ruso Leonid Savin ha comentado que si se produce una división de las esferas de influencia en el territorio de Ucrania, como ocurrió en la Conferencia de Potsdam, entonces entrarán en contacto y, posiblemente, tendrán una zona de amortiguación dos órdenes mundiales: el estadunidense y el ruso. Como ocurrió en la era de la bipolaridad, pero entonces la frontera se extendía mucho más al oeste. Aquí, según Lavin, la cuestión crítica y operativa será dónde se trazará exactamente la línea divisoria. ¿Según las fronteras administrativas y territoriales? ¿Según el Dniéper (teniendo en cuenta la retirada de las Fuerzas Armadas de Ucrania de la parte ocupada de la región de Jersón)? ¿O se extenderá mucho más al oeste, donde se encuentran las tierras históricas del mundo ruso?

Más allá de lo que finalmente se logre en la cumbre, otro punto de presión que tendrá Trump será la “responsabilidad” de asegurarse de que el régimen de Kiev y sus aliados europeos “se alineen” y no torpedeen las líneas generales de un acuerdo como lo hicieron previamente. Acerca de los posibles resultados del encuentro, es probable que sobre el tema ucraniano se logre un conjunto de promesas grandiosas, dramáticas y en última instancia vacías, pero suficientes para que Trump registre la casilla de ‘pacificador’ en su marcador personal, en su ansiada y obcecada carrera hacia la obtención del Premio Nobel.

Petróleo, tierras raras y un corredor geoeconómico en el estrecho de Bering

Paradójicamente, la provocación trumpista de los submarinos clase Ohio en “las cosas rusas”, por absurda que sea, ha dado a Moscú el pretexto para proponer algo que llevaba tiempo en la “mesa de diseño” del presidente Putin: Rusia ha anunciado el levantamiento de las restricciones autoimpuestas en el marco de la moratoria sobre el despliegue de misiles de medio y corto alcance (Tratado INF), justificándolo con las acciones de Estados Unidos, que desde hace tiempo había desplegado sistemas similares en Europa y en la región Asia-Pacífico, violando así el statu quo. Por primera vez, Moscú subraya de manera oficial que la amenaza de los misiles INF estadunidenses no proviene solo de Europa, sino también de la región Asia-Pacífico.

Ése podría ser un tema clave en la cumbre de Alaska. Como ha mencionado Alastair Crooke, a nivel de lógica formal, la revocación de la moratoria sobre el despliegue del INF por parte del Kremlin no es más que una respuesta simétrica a la anterior escalada de Washington. Pero a un nivel más profundo, Rusia no está simplemente “reaccionando”: está creando una “nueva arquitectura estratégica” en ausencia de restricciones internacionales. Y, entre otras cosas, tiene en sus manos la producción en serie del misil balístico hipersónico Oreshnik, así como un aliado directo, Corea del Norte, en la región Asia-Pacífico. Este cambio de paradigma se concibe como estratégico. Mientras que antes Moscú confiaba en los tratados y en el ‘comportamiento normal’ de sus contrapartes, ahora apuesta por “la imprevisibilidad, los frentes interconectados y el equilibrio de amenazas”. En una coyuntura, además, que el enemigo principal declarado de las administraciones de Joe Biden y Donald Trrump, es China, que, a la sazón, se define también como un país “casi del Ártico”.

Según consignó Alfredo Jalife -Rahme en el periódico mexicano La Jornada, Rusia ostenta la mayor flota de rompehielos del mundo que hoy se encuentra en las aguas del Ártico en las cercanías de Alaska, a la que se acaba de unir una armada de cinco rompehielos chinos. ¿Tendrán la capacidad de transportar misiles nucleares los rompehielos rusos y chinos? Adicionalmente, el presidente chino Xi Jinping celebró con los contactos entre Rusia y EU, quizá en preparación de lo que se ha venido vaticinando como una probable cumbre geoestratégica de un G-3 en Beijing, entre Putin, Trump y el mandatario chino, el 3 de septiembre próximo. Lo que podría sentar las bases para un reparto del Ártico entre los tres protagonistas.

En otro orden de ideas, tanto Trump como su enviado especial, Witkoff, han mencionado en varias ocasiones, la oportunidad de hacer negocios con Rusia en materia de petróleo y tierras raras, lo que podría profundizarse por ambos presidentes durante su cita en Anchorage, a la par de avanzar en los detalles para un eventual corredor geoeconómico Rusia/China en el estrecho de Bering, al que podría sumarse China.

 

*Publicado en Mate Amargo el 14 de Agosto de 2025

10.3.25

El proyecto globalista ingresa en su fase porno

SALVADOR GÓMEZ 
eXtramuros

En tres días entre febrero y marzo Zelensky se peleó en vivo con Trump, no firmó el acuerdo sobre minerales, fue echado a patadas de la Casa Blanca y su cena la comieron los periodistas, viajó a Londres donde Starmer lo consoló y prometió “boots on the ground and planes in the air” en apoyo a la inminente victoria ucraniana, y al día siguiente Zelensky dijo que estaba dispuesto a arreglar las cosas, reconocer que Trump es su firme líder, y firmar el acuerdo sobre minerales “en cualquier formato que se considere conveniente”.
Occidente se divide mientras busca un nuevo camino. El poder viejo, que es el globalismo con sede principal en la City de Londres, más los restos del neocon en EEUU, intenta sus penúltimos trucos. Por su parte, el intento de la administración Trump de tomar el poder efectivo en Estados Unidos, luego de haber ganado las elecciones, enfrenta dificultades esperables. Las demoras favorecen a Londres. La administración Trump sigue con su retórica dadaísta mientras da golpes fuera de cámaras al corazón del proyecto anterior. Pero si matan o derriban a Trump antes de que la derrota en Ucrania se produzca con claridad, todo el cambio puede sufrir un retraso de años



En esta nota sugiero un esquema de interpretación para ubicar las líneas principales de lo que estamos viendo ocurrir a nivel internacional. Para ello, me limitaré a ordenar los elementos principales, yendo de lo general a lo particular.

1) La situación civilizatoria

A nivel de civilizaciones, el esquema sigue totalmente incambiado con respecto a lo que, en diversas notas de esta revista, se ha ya delineado. Mientras que China y Rusia consolidan su alianza estratégica, a la cual zonas del Islam también van integrándose bastante rápido, Occidente ha entrado en una fase de su crisis interna de decadencia, y quizá relanzamiento, que se hace más y más notable por momentos.

Los proyectos civilizatorios occidentales han estado comandados por el mundo anglo en los últimos 210 años, luego de la derrota de Napoleón. La contradicción de base con respecto al rumbo civilizatorio occidental ha estado entre dos proyectos: el proyecto británico, y el proyecto de un Estados Unidos soberano. Londres representa el proyecto globalista, apoyado por determinada proyección universalista de los intereses financieros y corporativos occidentales al resto del mundo. Washington siguió en los últimos 80 años, en los rasgos fundamentales de sus políticas monetaria, financiera y exterior, ese liderazgo británico. Tanto en la creación de la FED, como en la construcción de influencia del Council on Foreign Relations, como en la génesis de la inteligencia americana de posguerra, como en la proyección internacional del mundo financiero “de Wall Street”, entre otros factores, han tenido gran participación y control los británicos. Es inglesa la inspiración para el PNAC neoconservador. Y los lobbies judíos en Estados Unidos, tan influyentes en la política exterior del tiempo de hegemonía global norteamericana, tienen una larga y nunca ocultada vinculación con la City de Londres.

En este momento, lo fundamental que ha cambiado es que, con la segunda administración Trump, ha tomado forma y vuelo el proyecto de un Estados Unidos que se conciba más autónomo del poder, los intereses y la manipulación de Londres. La civilización occidental está, pues, en un momento de quiebre y de redefinición. Las fuerzas de lo viejo, que viene dirigiéndolo todo, especialmente el discurso y la narrativa occidental central desde los inicios de la Guerra Fría, están enfrentando su propia caducidad. Todavía pueden dar un golpe desesperado, que aplace quizá por años su pérdida total de poder, si consiguen derribar la administración Trump o al menos detenerla en todo lo importante, como hicieron ya en 2017.
Mientras tanto, lo que los Estados Unidos están buscando bajo esta nueva y contradictoria administración es retomar un camino propio, que puede ser seguido o no por el resto de Occidente.

2) La situación geopolítica

a) El proyecto globalista de Londres

El proyecto globalista ha ubicado como objetivo estratégico fundamental la guerra en Ucrania, o como se le llama más precisamente a veces, el “Project Ukraine”, que involucra más que el conflicto bélico. Estrictamente, la guerra en Ucrania estuvo perdida por Occidente desde el punto de vista militar desde antes de empezar. Eso no detuvo en absoluto el proyecto de provocarla, pues el objetivo nunca fue ganarla, sino usar a Ucrania, desangrándola por el mayor tiempo posible, para proteger y promover objetivos estratégicos del proyecto globalista. Ucrania es frontera entre civilizaciones. Su destino como escenario de conflicto contra Moscú viene de lejos en la historia. La única guerra directa entre Inglaterra y Rusia ocurrió en Crimea en el siglo XIX, como parte del Great Game, la confrontación de largo plazo entre Londres y Moscú por el control de las conexiones euro-asiáticas. En su última fase, el proyecto Ucrania viene desde que Londres se dio cuenta de que había una “rebelión soberanista” de Putin en curso. “Extending Rusia” (algo así como “estresar a Rusia”), el documento de la RAND de 2019 escrito por viejos halcones guerreristas como James Dobbins o politólogos financiados por la FED como Howard Shatz, no es más que uno de los más notables ejemplos de que el rumbo de acción en política exterior del globalismo (en Washington se los ha llamado neoconservadores) ha sido provocar a Rusia a entrar en conflicto, con el fin de debilitarla, sancionarla, aislarla y, de ser posible, provocar un colapso y un cambio de régimen que abriese las puertas a ciertos recursos rusos en condiciones ventajosas para Occidente. Se intenta volver a los años 90, cuando en conjunción con los oligarcas rusos, el mundo financiero y corporativo globalista se quedaba con enormes tajadas de esos recursos, ante la desaparición de cualquier soberanía rusa. Como continuación de esa línea, en 2022 la RAND publicó otro reporte donde explica por qué hay que “debilitar a Alemania”, objetivo por cierto conseguido ya con total éxito.

Parte importante del asunto han sido pues, y también, los recursos de Ucrania misma, que contienen no solo gas natural y petróleo, sino diversos minerales de gran interés, e inmensos recursos agrícolas. Los acuerdos de Cargill (ej: proyecto Neptuno en el puerto de Pivdenyii en el Mar Negro), Monsanto (ej: inversiones gigantescas en una planta de semillas de maíz) o Dupont (ej: planta de titanio-magnesio en Zaporizhia), o los de consorcios occidentales con Naftogaz por el gas bajo Crimea (gas que los británicos perdieron debido a la vuelta de Crimea a la órbita rusa en 2014, luego de una masiva decisión en plebiscito, que los británicos aun pretenden fue “una invasión”), son ejemplos de todo lo que la intervención rusa destruyó o hizo inviable, y explican, en parte, por qué ese proyecto globalista ha estado peculiarmente obsesionado con la derrota rusa. Ellos lo expresan con frases tremendas del tipo “en Ucrania se juega el futuro de la democracia”. En realidad, lo que ocurre es que por la intervención rusa están perdiendo mucho dinero. Una de las formas de resarcirse ha sido transfiriendo descomunales recursos del contribuyente americano, y/o por vía de la manipulación monetaria, a costa de la destrucción del poder adquisitivo de ese mismo contribuyente. Ucrania no es una nación democrática, sino que está mejor descrita como una dictadura corrupta bajo la fachada de elecciones, también manipuladas por un acoso de años a la población opositora, y una “democracia” que es originalmente fruto de un golpe de estado concretado en febrero/marzo de 2014, con un gobierno títere sumiso a Londres, puesto allí a dedo por los neoconservadores norteamericanos que siempre han respondido a Londres. Gobierno que apenas instalado inició una limpieza étnica contra un tercio de su propia población, de lengua y cultura rusa. Rusia, jugada a la diplomacia y en fase de actualización de su poder militar y sus alianzas estratégicas, demoró mucho en intervenir efectivamente para detener todo esto, pero cuando finalmente lo hizo, estaba claro que iba a salvaguardar sus intereses de seguridad nacional aun frente a la oposición de todo Occidente.

La explicación de por qué nunca creímos en una victoria de Occidente sobre Rusia, tal como lo venimos detallando desde el inicio de esta guerra, es extremadamente simple: ante una Rusia decidida, la única opción es una guerra nuclear.

Si bien es posible que Londres aceptase ir a una guerra nuclear por desesperación, no era fácil obligar a Estados Unidos a inmolarse por el globalismo en una guerra que no tiene el menor interés estratégico para el público norteamericano. Las direcciones anteriores en Washington, en el mismo bote que sus orientadores londinenses, hicieron por cierto sus negocios con la guerra en Ucrania. Entre ambos lograron destruir la industria alemana, al forzar a los alemanes -controlando a su elite política- a suicidarse, abandonando el gas ruso, y mirando para otro lado, cuando la marina británica –según alegación rusa aquí tergiversada por Reuters– hizo volar los gasoductos nordstream. No solo los vendedores de energía en Estados Unidos se vieron beneficiados, sino también los brokers de energía en Londres y Holanda. La transferencia masiva de fondos públicos a las facciones privadas comprometidas con la guerra tomó proporciones épicas en estos tres años, y el negocio financiero de la guerra se vio altamente estimulado. Ni qué hablar del negocio de la reconstrucción. Involucrar a los no muy brillantes políticos que gobiernan Europa en esto garantizó un renovado flujo de fondos europeos hacia el negocio financiero del complejo militar industrial, al aumentar por fuerza el gasto militar de los europeos, y dos nuevos miembros de OTAN, lateralmente, significan más aportes del fisco de esos países a ese casino financiero del complejo militar industrial.
¿Cuál es el rol de la Unión Europea en esto? Prácticamente ninguno, puesto que se trata de una unidad burocrática sin apoyo popular significativo. El día que cese la propaganda que brota de Londres -que ni siquiera forma parte de la Unión-, será difícil para la eurocracia mantenerse en el poder, puesto que la oposición que han suscitado es ya notable en todos lados. Por ejemplo en Grecia o en Rumania estos días.

Para hacer posible esta estrategia, toneladas de propaganda londinense han sido volcadas para sugerir una posible victoria militar ante Rusia, cuya probabilidad es igual a cero. Londres puede aspirar a hacer desaparecer físicamente a Putin, empleando para ello alguna técnica terrorista, o la influencia del lobby occidental en Rusia, pero aun si Putin fuese asesinado o muriese, cosa no imposible, a esta altura hay un rumbo estratégico de Rusia que no cambiaría, y quienes vengan detrás de Putin podrían no tener la firmeza estratégica ni la paciencia del actual líder. Todo esto solo haría la situación más explosiva para Londres.

b) La alternativa americana.

Consciente de que el tiempo de actuar es muy breve, en menos de dos meses la segunda administración Trump ha mostrado con total claridad que tiene una estrategia contraria a la de Londres. Por debajo de una retórica delirante (Groenlandia, Gaza, Canadá, Panamá…) que parece destinada a irritar a la propaganda neocon-londinense y dejarla enredada con su propia ira e indignación, la Casa Blanca procede a toda velocidad a dar golpes al corazón del poder globalista, tanto en suelo americano como a nivel mundial. No solo bloqueó una de las organizaciones principales del soft-power neocon/globalista en el mundo como USAID, sino que le ha puesto la proa al discurso propagandístico exitista sin fundamentos de Londres. Al iniciar conversaciones con Putin, ha hecho varias cosas a la vez. Ha mostrado que el rumbo estratégico que tienen los Estados Unidos de MAGA pasa por la creación de un nuevo orden mundial multipolar que termine de liquidar no solo los mínimos vestigios del orden de la Guerra Fría, sino también el vigente orden neocon de los ’90. Para ello, precisa liquidar la estrategia globalista de una vez para siempre. Y el golpe de gracia a la estrategia globalista pasa por una derrota total de Londres y sus aliados de la UE y de Washington, en Ucrania. Una clara victoria rusa, que no deje el menor lugar a dudas, es la única forma de terminar con cualquier legitimidad para el proyecto futuro del globalismo, de la City de Londres, y de sus seguidores. Desde luego, el globalismo vende una posible derrota en Ucrania como el fin de la democracia, el “mundo libre”, y Occidente entero. Bullshit. Se trata del fin del globalismo y del liderazgo de Londres y los neocon, no del fin de Occidente.

Esa resolución en Ucrania es lo que está en juego aun, y de la resolución de eso, o de su nueva postergación -que es lo que Londres busca- depende el cambio de orden mundial y la apertura a nuevas posibilidades completamente distintas de lo que hemos tenido hasta ahora.
La alternativa americana pasa por un nuevo rumbo en las relaciones internacionales y prioridades del país, un renacimiento industrial y comercial en condiciones más ventajosas para Estados Unidos, una profundización del liderazgo tecnológico americano, la liquidación de los conflictos artificiales promovidos por Londres y el globalismo, una nueva estrategia económica y financiera, y luego probablemente el fin de la OTAN y una reformulación completa del mundo burocrático internacional, eliminando también de él los factores del poder de Londres y neocons, que lo han dominado desde hace décadas.

3) La realidad de la guerra en Ucrania

Para eso, el reconocimiento de la realidad es lo central. Y la realidad es: la City de Londres y sus aliados norteamericanos y europeos han sido derrotados en Ucrania. El armamento que enviaron ha sido metódicamente destruído por Rusia. Los ucranianos, sobrepasados en tropas y armamento y obligados a lanzarse a la ofensiva para recuperar el territorio perdido inmediatamente al comienzo de la guerra, han tenido que enfrentar esas desventajas, perdiendo entre 5 y 7 hombres por cada ruso muerto, y los rusos muertos en la guerra, según el sitio independiente de ideología pro-ucraniana que es el único confiable en materia metodológica, Meduza-Mediazone, son unos 140.000. Esto significa que Ucrania ha perdido al menos 700.000 hombres hasta ahora, además de haber perdido un 20% de territorio, que probablementre al terminar la guerra será más. Volodimir Zelensky ha sido presentado como un héroe por la propaganda inglesa. Sin embargo, se trata de un asset de Londres en su propio país, que ha jugado el rol de facilitar la estrategia londinense de guerra con Rusia, y con ello, ha enviado -usando el discurso ultranacionalista de siempre y, cuando no funcionó más, el reclutamiento forzoso- a centenares de miles de sus compatriotas a la muerte. Hoy se niega tenazmente a que haya elecciones en su país alegando la guerra.

En suma, la estrategia de Londres y los neocon de “estresar a Rusia” claramente ha fracasado. Pese a las sanciones y debido a las imposibilidades que estas representaron para los vínculos de Rusia con la UE -muy especialmente con Alemania-, los rusos se vieron obligados a pivotar hacia Asia. El acuerdo ruso-chino anunciado ya el 4 de febrero de 2022 fue uno de los mojones de la nueva estrategia, que Rusia obviamente ya tenía concebida antes de intervenir y ser mega-sancionada. En febrero de 2022, al comenzar la guerra, el BRICS tenía cinco miembros. Hoy, luego de un supuesto “aislamiento completo” de la Rusia de Putin, tiene 10, y una importante lista de espera. La población de los 10 países del BRICS es el 46% del total de la tierra, y su PPA es 36%. Esto es porque los nuevos miembros incluyen países estratégicamente decisivos, de inmensa población, o muy ricos, como Irán, Indonesia, Egipto o los Emiratos. Antes de 2022 Rusia era claramente un actor secundario en el escenario mundial, mientras que hoy es, aparte de China e India, un articulador central de la diplomacia y economía de ese “otro lado” respecto de Occidente. La economía rusa no colapsó, el rublo se mantuvo a flote, la inflación existe pero ha sido controlada, y con el lanzamiento del primer oreshnik los rusos mostraron a quienes tuvieron la capacidad de admitirlo como acaso el principal experto en armas nucleares norteamericano, Prof. Theodore Postol, que su tecnología militar está, al menos en algunos aspectos, más avanzada que la de Estados Unidos. En cuanto al poder de guerra, en materia no solo de tecnología sino de industria militar y experiencia bélica, las pretensiones de Keir Starmer de liderar un especie de fuerza europea para enfrentar a Rusia son, con todo respeto, una broma. Inglaterra puede, desde luego, provocar un autoatentado o una agresión nuclear contra Rusia. Si lo hace, sería suicida para cualquier proyecto futuro que su elite quiera seguir imponiendo.

¿Qué significan, pues, todos los últimos acontecimientos de febrero-marzo, las reuniones de diplomáticos americanos y rusos, los viajes desesperados de Macron y Starmer a Washington, el “acuerdo por los minerales ucranianos” fallido, la escena que se montaron Zelensky, Vance y Trump el viernes 28, y la subsiguiente “cumbre europea” en Londres?
Desde el punto de vista simbólico, es la exhibición, en versión porno, de la derrota del liderazgo viejo de Occidente en esa guerra.

Es, también, un sombrío recordatorio de que una guerra mundial que envuelva a Europa, Rusia y Estados Unidos (además probablemente de Israel e Irán) no está totalmente fuera de los planes de Londres. Aunque cabe esperar que no la logren, y no es probable que tengan fuerza como para imponerla, es evidente que las fuerzas de lo viejo siguen intentando hacerle creer a la gente que aun tienen un plan.  

Pero lo único que esperan y desean, es algo más de tiempo. Precisan tiempo para ver cómo salen de esta situación. La nota principal de Foreign Affairs -el órgano norteamericano más importante de bajada de línea profesional que tiene la facción globalista dirigida desde Londres, junto al Financial Times– se pregunta desde el título “Cómo hacemos para no terminar la guerra en Ucrania”. Hábleme de pacifistas. Y dice, en esencia, eso: ‘precisamos tiempo’. ‘No hay que correr a una paz que no sea luego sostenible’, argumentan, criticando los acuerdos de Minsk, que ellos mismos violaron. Lo que saben a ciencia cierta es que, sin Estados Unidos -como incluso Starmer admitió en su delirante discurso luego de la Cumbre “todos detrás de Zelensky” del 3 de marzo- no hay otra alternativa que la derrota. Y con Estados Unidos también, que es lo que ya ocurrió, y de lo que la nueva administración intenta desmarcarse.

4) ¿Habrá una reacción antiTrumpista?

¿Tiempo para qué, entonces, si Estados Unidos bajo Trump no muestra ningún interés en sumarse a ninguna estrategia londinense? Bueno, si el objetivo es abortar el cambio de época y volver al rumbo anterior -control del discurso con el fin de imponer una distopía globalista de reinado de las corporaciones con cero democracia efectiva y una población convertida en rebaño digitalizado- lo que precisa Londres es buenos argumentos para acusar a Trump de “traidor a Occidente” o cosas similares. No me refiero en la prensa, donde se hace todos los días, sino a nivel político efectivo. Desde luego, cualquier fin de la situación en Ucrania que muestre la realidad de la guerra en el terreno, será usado por Londres y quienes aun estén dispuestos a ir con él para fundar esa traición, y tratar de construir el espacio político mínimo como para movilizar a la parte del estado profundo yanqui que aun esté con Londres, que no creo que sea pequeña.

Pero el delirio tiene siempre un límite. Mientras voy escribiendo este informe, lo acontecimientos se precipitan. Bastó que los Estados Unidos anunciasen efectivamente la suspensión de toda ayuda militar a ucrania. Casi de inmediato, de las bravatas absurdas de Keir Starmer y la posición europea de “Trump dio un espectáculo deplorable, estamos todos con Zelensky” de domingo 2 y lunes 3, hacia el mediodía del martes nos enteramos que ahora Zelensky está arrepentido, quiere firmar a como dé lugar, admira y ama a los Estados Unidos y a Trump. Sí usted no lo sabe aun, lea el siguiente viraje sorprendente, que se resume en estas declaraciones del jefe ucraniano del día 4 de marzo: “Mi equipo y yo estamos preparados para trabajar bajo el firme liderazgo del presidente Trump para conseguir una paz duradera. Nuestra reunión en Washington, en la Casa Blanca el viernes, no salió como se esperaba. Es lamentable que haya sucedido así. Es hora de arreglar las cosas. Nos gustaría que la cooperación y la comunicación futuras fueran constructivas. En cuanto al acuerdo sobre minerales y seguridad, Ucrania está dispuesta a firmarlo en cualquier momento y en cualquier formato conveniente.”
Se habla insistentemente de reuniones, acuerdos, encuentros en Ryad, etcétera. Mientras tanto, el 8 de marzo Ucrania anuncia que ha sido derrotada ahora también en su minúscula “invasión de territorio ruso” en Kursk.

En fin, se verá cuál es la reacción de Trump y su equipo. Con estas idas y vueltas de Zelensky, Londres mantiene las cosas en movimiento para comprar ese tiempo que hace falta, y quizá encontrar algún error de Trump para comprometerlo más. Para ello, Londres precisa pues ir y venir, y hacer malabares. Tiene que aparentar estar liderando un proceso que no controla, y al mismo tiempo no alejar del todo a los Estados Unidos -al menos retóricamente-, para luego poder acusarlo de traición cuando las cosas sigan su rumbo real en la guerra. Así, por ejemplo, Starmer declaró que UK iba a poner “boots on the ground and planes in the air” en Ucrania para “garantizar” un supuesto “acuerdo de paz”. O sea quiere paz, pero pretende conseguirla derrotando a Rusia en la guerra con sus propias tropas -al tiempo que aclara que esto no puede hacerse sin respaldo norteamericano. Hoy, las fuerzas completas de la Unión Europea en orden de batalla, con todos los recursos militares -los dos portaaviones, los seis destructores y las once fragatas británicas, por ejemplo- durarían muy poco en el teatro ucraniano de guerra real. Rusia ya anunció que trataría a cualquier fuerza extranjera que entre en Ucrania como un beligerante.

Mientras tanto, la propaganda de Londres en los medios masivos igual que en Foreign Affairs -empleando la pluma de un ucraniano que es analista senior del Atlantic Council y del Centre for Defence Strategies creado en Kiev por los ingleses en 2020- busca convencer al mundo de que, si bien los rusos han mantenido una constante superioridad y las armas enviadas no han surtido ningún efecto, de todos modos bastaría con seguir haciendo lo mismo un poco más, para conseguir que Rusia se derrumbe. Sobre esto, ver la nota sobre rusofrenia en esta misma edición. Starmer, además, dice que Europa está “preparando un acuerdo de cese al fuego”. ¿Cómo puede Europa, o Londres, hablar de que van a crear un cese al fuego, si los rusos tienen planeado seguir disparando? Pero bueno, el mundo delirante del poder viejo es así. Siguen controlando los medios grandes, y siguen haciendo que mucha gente crea en el heroísmo de un comediante comprado para jugar el rol de un combatiente por la democracia.

Mientras tanto, y paradójicamente, Trump es la única carta de relativa supervivencia aun para Londres y el mundo globalista. Porque Trump es el único que puede hablar con los rusos y hacer pasar la derrota militar y estratégica del globalismo como un “acuerdo de paz”.- Cuando ese acuerdo se produzca, observe bien si, como resultado del acuerdo que se alcance, pasa alguna de estas cosas: (a) ¿Ingresa Ucrania a la OTAN? (b) ¿Recupera Crimea o cualquiera de los oblast que plebiscitaron su integración a Rusia? (c) ¿Sigue en pie el régimen ultranacionalista y su ejército? (d) ¿Quedan tropas de combate europeas o americanas como garantes exclusivas del acuerdo?

Si la respuesta a estas cuestiones es “si”, entonces Rusia perdió la guerra. Sino, la ganó, pues estos eran todos lo objetivos de Rusia al intervenir. Y Trump sería alguien capaz de mitigar esa derrota ante la opinión pública europea y norteamericana.

Parte de la distorsión perceptiva llamada “visión occidental del mundo”, que es la que hegemoniza la comunicación mainstream en nuestra civilización, consiste en que toda la discusión sobre Ucrania se lleva adelante sin el menor interés por el punto de vista ruso, tanto antes como durante como ahora. Esta anomalía solo puede ser una debilidad: esconder o invisibilizar aquello que daría realidad a las elucubraciones autosatisfactorias. No es ni siquiera Trump el que puede dar realidad final a todo esto, y con ello hacer un bien a la discusión pública occidental, sino Rusia.

Pero ya lo sabemos: para la dirigencia globalista, toda referencia a la realidad es calificada como un discurso de odio.

4) Incertidumbres

Si Trump concretase definitivamente las siguientes cosas que ya ha esbozado, el mundo se abriría a una perspectiva completamente distinta a la anterior. Enumero esas cosas:
– fin de las guerras artificialmente provocadas (Serbia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Ucrania)  por el globalismo neocon norteamericano y londinense
– normalización diplomática con Rusia y fin de las sanciones
– apertura de EEUU a nuevas relaciones comerciales con China, Rusia y el resto, en base a la estricta competencia por la defensa de los intereses comerciales de cada uno de los participantes
– crecimiento del BRICS y, con ello, oportunidades de crédito y comercio más amplias y menos condicionadas para los países en desarrollo
– destrucción del poder globalista en Naciones Unidas, desfinanciamiento de ONGs globalistas y agendistas, y reformulación de ese poder para que refleje el orden actual (en ese caso, por ejemplo, los británicos y franceses no tienen nada más que hacer en el Consejo de Seguridad, al que deberían agregarse, con derecho a veto, naciones que representen los intereses de África, Asia y América del Sur)
– defensa por principios de la libertad de expresión y otros derechos constitucionales.
– Desarticular los organismos y mecanismos de censura de redes sociales armados en los últimos 8 años
– limpieza del pantano gubernamental via DOGE
– abandono de las estrategias de soft-power imperial norteamericano, como por ejemplo el desmantelamiento de USAID
– liquidación de los programas Bid y Banco Mundial que tengan orientaciones tendientes a mantener el subdesarrollo y destruir la educación de los países dependientes
– tratar a Europa como un mercado posible, no como un vasallo, y tampoco como un aliado estratégico a usar contra terceros
– limpiar los organismos reguladores de salud y alimentación de su dependencia del complejo científico-médico-corporativo
– abandonar los planes del estado profundo de dominio mundial en base a armas químicas y bacteriológicas, etc.
– promover, a largo plazo, un desarme nuclear real
– ¿cuáles serán las relaciones reales entre Trump e Israel? La retórica actual de convertir Gaza en un resort-casino lleno de oro suenan totalmente irreales.
etc.

Con sus decisiones, en menos de dos meses de gobierno la administración americana actual ha mostrado una cara muy distinta a la de la primera administración Trump. Ahora parece tener de su lado no solo un apoyo popular que se manifestó en las urnas, sino ambas cámaras, y está por primera vez interviniendo directamente en los resortes directos del poder del estado profundo: inteligencia, soft-power, burocracia.
Con este enfrentamiento por vez primera al poder real establecido durante décadas, es evidente que Trump arriesga ser asesinado, o un golpe de estado puede ser montado abierta o encubiertamente en los Estados Unidos.

Algo de eso ya ocurrió en 2020 cuando el partido Demócrata robó las elecciones aprovechando la extrema debilidad de aquella primera administración Trump y usando, entre otras cosas, el caos que Covid y las movilizaciones raciales fogoneadas desde el estado profundo causaron. ¿Quién tomaría la posta de Trump, y cómo reaccionaría el pueblo norteamericano a esa eventualidad? Esa pregunta solo puede ser formulada, pero cualquier respuesta hoy sería mera conjetura. El mundo actual y la política actual no son las de 2020 o 2022, cuando las redes sociales estaban totalmente controladas por el discurso globalista y la propaganda neocon- londinense. Hoy los grandes medios siguen -en menor medida- controlados por esa propaganda, simplemente porque el poder político actual en Estados Unidos aun no tuvo tiempo de generar una comprensión política más amplia, que solo se logra en base a resultados palpables por parte de la gente. Pero sí que tuvo tiempo de respaldar la libertad de expresión en el mundo digital, lo cual es de cierta importancia.

Tanto lo es, que con años de atraso, Pedro Sánchez ha reunido a los presidentes de Colombia, Chile, Brasil y Uruguay para animarlos a que comiencen a censurar las redes sociales en sus propios países.
Tal parece que los políticos contemporáneos son incapaces de aprender nada.

Ya fue De Moraes el hazmerreír del Brasil y del mundo entero cuando quiso terminar con Telegram primero, con X/Twitter después. Su orden duró menos de 24 horas, y todo Brasil tuiteaba por VPN desde Manaos a Porto Alegre. Sigilosamente, el gobierno brasileño “llegó a un acuerdo” con Musk, y X (y Starlink) siguen operando en Brasil igual que antes. Pero en verdad “Xandâo” no llegó a ningún acuerdo: fue aplastado por la realidad, pese al respaldo de lo más refinado de la izquierda VIP globalista, como Zuboff o Varoufakis.

Estos gobiernos “de izquierda” -en realidad, gobiernos adeptos al proyecto occidental viejo, dirigido desde la City de Londres y en derrota civilizatoria hoy día- ahora dicen que van a “moderar los contenidos” en redes sociales, dado que esa “moderación” no se produce ya en el Estados Unidos de Trump. No pudieron hacerlo cuando Biden gobernaba, pero lo volverán a intentar ahora. Lo que ellos quieren es imponer la censura de toda la información que avive a la gente respecto de lo estentóreo de su actual debacle, no solo en Ucrania sino como proyecto en sí. No entienden que los viejos conceptos del orden ideológico de la Guerra Fría no tienen más vida ni referencia. Siguen sin entender que no basta con acusar a todo el que vea el mundo distinto a ellos de “ultraderechista”, que es en realidad lo que ellos son: partidarios de un régimen global de eliminación de la libertad individual y los derechos de las personas, en nombre de ideas supuestamente unánimes que deben ser impuestas eliminando las opiniones en contrario, e intentando usar la nueva tecnología para controlar toda esa imposición. Los liberales, el centro socialdemócrata, y buena parte de la derecha, en América del Sur, mientras tanto, siguen en Babia. No han alzado su voz denunciando la conferencia de Pedrito Sánchez y sus acólitos. Son parte del orden viejo y no tienen permitido, por sus propios tabúes internos, comprender el cambio de época, que quien sabe si progresará o se verá aplazado por un tiempo más.

7.3.25

The agony of the “political West”

Last week, I recounted the events concerning the Ukrainian conflict, emphasizing that the French president, Emmanuel Macron, as brilliant as he is, was incapable of adapting to changes in the world.
This week, I take the same elements, and many others that followed, to show that the divorce of Europeans from each other and of the EU from the United States has become a reality.
There is no longer time to procrastinate: the ancient world has just been destroyed. If we do not position ourselves immediately, we will be swept away with him.
However, for the moment, the United Kingdom and France are competing to take the place of the United States on the continent and not to reform.


Christoph Heusgen, former permanent representative of Germany to the United Nations and current president of the Munich Security Conference, cries upon discovering the divorce between the United States and the Europeans.

The last two weeks, we have experienced a turning point in History comparable to that of the Battle of Berlin, in April-May 1945, when the Red Army took Berlin and overthrew the Third Reich: this time, it was the Trump administration which definitively put the European Union back on the ropes.

For the moment, the EU, the G7 and the G20 have not yet been dissolved, but these three structures are already dead. The World Bank and the United Nations could follow.

Let’s look back at these events, which happened so quickly that almost none of us followed them and understood their consequences.

WEDNESDAY, FEBRUARY 12

The major European powers (i.e. Germany, Spain, France, Italy, Poland, the United Kingdom and the European Union), who feared what the Trump administration might decide, met in Paris on February 12 to develop a common position on the Ukrainian conflict. In this case, they agreed to continue what they have been doing for three years:
 deny having violated the commitments made during German reunification not to extend NATO to the East,
- deny that Ukraine is in the hands of “integral nationalists” (i.e. the party of Nazi collaborators)
-and continue the Second World War, no longer against the Nazis, but against the Russians.

Meanwhile, in Kiev, Treasury Secretary Scott Bessent presented the US aid bill: $500 billion and proposed paying it by exploiting the rare earths of which the country is proud. I have already explained that this proposal was only a response from the shepherd to the shepherdess: Ukraine having falsely claimed to ultimately offer Westerners the opportunity to exploit these riches which do not exist. However, from a European point of view, what was going on was frightening: if the United States seized these so-called riches, they excluded the Europeans from benefiting from the sharing they had agreed upon. Without informing their fellow citizens, they shared Ukraine between them during its reconstruction: to the British, the ports, to the Germans, the mines, etc. They had already done this during the invasions of Iraq and Libya and during the war against Syria.

Above all, while Washington and Moscow were exchanging prisoners, the American presidents, Donald Trump, and Russian presidents, Vladimir Putin, spoke by telephone for an hour and a half. This summit was preceded by a conversation, in the Kremlin, between President Putin and Steve Wilkoff, President Trump’s special envoy who came to organize the prisoner exchange. Wilkoff had given his president a report on his mission that shattered everything NATO claimed to know about Ukraine.

Both bosses now had the same information.

The direct line between the White House and the Kremlin had just been reestablished.

THURSDAY, FEBRUARY 14

On February 14, the Vice President of the United States, JD Vance, addressed the diplomatic and military elite of the EU at the Security Conference in Munich. He drew up an indictment against the autism of European leaders: They refuse to respond to the concerns of their fellow citizens in terms of freedom of expression and immigration. However, if they are afraid of their people, the United States will be able to do nothing for them, he asserted, making the president of the conference, the German ambassador Christoph Heusgen, cry.

MONDAY, FEBRUARY 17

A second meeting was held on February 17, still in Paris, with the same participants, plus Ursula von der Leyen, President of the European Commission, and Mark Rutte, Secretary General of NATO. They agreed to stand together against Donald Trump and not to accept any questioning of Western policy towards Russia.

Olaf Scholz, outgoing German chancellor, declared after the summit: “There must be no

division of security and responsibility between Europe and the United States. NATO is built on the fact that we always act together and share risks […]. This should not be questioned. »

Donald Tusk, Prime Minister of Poland, said: “No matter what everyone may say to each other, sometimes in harsh words […], there is no reason why the Allies cannot find a common language among themselves on the most important issues. [It is] in the interest of Europe and the United States to cooperate as closely as possible. »

Also on February 17, the Ukrainian army attacked US, Israeli and Italian interests in Russia. It bombed facilities partially owned by Chevron (15%), ExxonMobil (7.5%) and ENI (2%). Around twenty drones caused serious damage to the Caspian Pipeline Consortium (CPC), which supplies Israel with Russian oil.

The Europeans reacted no more to this operation than when the CIA sabotaged the Nord Stream gas pipeline (September 26, 2022), although it is owned not only by the Russian Gazprom (50%), but also by the Germans BASF/Wintershall and Uniper, the French Engie, the Austrian OMV and the British Royal Dutch Shell. This sabotage has thrown Germany into an economic recession, which continues to spread to the rest of the EU, not to mention increasing energy prices for all EU households.

In both cases (the Nord Stream sabotage and the CPC attack), the Europeans were unable to defend their interests. They successively let their main ally hurt them, then their allies fight each other.

TUESDAY, FEBRUARY 18

The European powers learned with astonishment that, at their first meeting in Riyadh (Saudi Arabia), on February 18, the US and Russian delegations agreed:
 to denazify and neutralize Ukraine,
 to respect the commitments made during German reunification and to withdraw NATO troops from all countries that joined the Atlantic Alliance after 1990.

President Trump had suddenly abandoned the plan of General Keith Kellogg, his special envoy for Ukraine, as it had been published in April 2024 by the America First Foundation. On the contrary, he had used the plan of his friend Steve Witkoff, special envoy for the Middle East, who had met Vladimir Putin in Moscow through the Saudi Crown Prince Mohamed bin Salman (known as “MBS”), hence the choice of Riyadh for these negotiations. Kellogg reasoned with NATO’s ideas, while Witkoff listened, heard and verified the validity of the Russian position.

The European powers were quickly able to verify that the order to withdraw had been transmitted to certain US troops, in the Baltic countries and in Poland. The security architecture in Europe, that is to say the system ensuring peace, was destroyed. Of course, there is no immediate threat of invasion, Russian or Chinese, but in the long term and given the time required for rearmament, everyone must immediately prepare for the best or the worst.

WEDNESDAY, FEBRUARY 19

On February19, EU ambassadors approved the 16th package of unilateral coercive measures (misleadingly called “sanctions” by Atlantic propaganda) against Russia. It was to be officially approved on 24 February by the Foreign Affairs Council on the occasion of the third anniversary of the Russian special military operation in Ukraine. In addition, the EU decided to disconnect 13 banks from the Swift system and to ban three financial institutions from trading. In addition, 73 ships of the Russian “ghost fleet” were sanctioned, and 11 Russian ports and airports that circumvent the oil price cap were banned from trading. Finally, 8 Russian media outlets also had their broadcasting licenses in the EU suspended.

Meanwhile, on the same day, February 19, President Donald Trump vented his anger at his unelected Ukrainian counterpart, calling him a “modestly successful comedian” and an “unelected dictator,” and then accusing him of provoking the war. Meanwhile, General Kellogg, the White House’s special envoy to Kiev, canceled his press conference with Volodymyr Zelensky. The Trump administration had broken with the Kiev government that the Biden administration had praised to the skies.

THURSDAY, FEBRUARY 20

Libertarian Senator Mike Lee (Utah) introduced a bill in the Senate on February 20 to completely withdraw the United States from the United Nations. Representative Chip Roy (Texas) introduced the same bill in the House of Representatives the following day.

While President Donald Trump is a “Jacksonian” (i.e., a disciple of Andrew Jackson, who wanted to replace war with business), Washington has now embraced “American exceptionalism.” This is a political theology according to which the United States is a chosen people who must bring the light they have received to the rest of the world. As such, they do not have to negotiate anything with others and especially not be accountable to them.

“American exceptionalism” should not be confused with the “isolationism” that led the Senate to refuse to join the League of Nations in 1920. This organization, unlike the UN that succeeded it, had provided for military solidarity between states that recognized international law. Consequently, the United States would have had to maintain troops to maintain peace in Europe and the Europeans could have intervened in Latin America (Washington’s “backyard” according to the “Monroe Doctrine”) to maintain peace there.

SATURDAY, FEBRUARY 22

Without waiting, Polish President Andrzej Duda went to Washington uninvited on February 22. He managed to meet President Donald Trump for ten minutes, not at the White House, but on the sidelines of the Conservative Political Action Conference (CPAC). He asked him not to withdraw US troops from his country, giving Poland time to complete its military restructuring. Since Warsaw has already initiated a profound internal revolution by reestablishing universal military service and building a very large army, he managed to get him to postpone, not cancel, his order.

Andrzej Duda is Polish President, at least until the May elections. Constitutionally, he does not exercise executive power, but he is nonetheless the head of the armed forces. His Prime Minister, Donald Tusk, had promised in Paris not to negotiate separately with the United States.

So, whatever one might say, the united front of the Europeans was broken. It had only lasted ten days.

MONDAY, FEBRUARY 24

On the third anniversary of the Russian special military operation in Ukraine, on 24 February, Roberta Metsola, President of the European Parliament, António Costa, President of the European Council and Ursula von der Leyen, President of the European Commission, issued a completely out-of-place joint statement. In it, they called for “a comprehensive, just and lasting peace based on the Ukrainian peace formula”, meaning they stuck to the old narrative: there are no Nazis in Ukraine and Russia is the aggressor. In doing so, they contradicted not only the facts, but also the recent statements of their economic and military overlord, the United States.

On the same day, French President Emmanuel Macron travelled to Washington, on behalf of all Atlanticist Europeans. Before receiving him, President Donald Trump had his chief of staff take him to a wing of the White House to participate in a G7 video conference that he was chairing… from another room.

For two hours, the heads of state and government of the G7, plus the Spanish Prime Minister and the unelected Ukrainian president, tried in vain to make their overlord relent. He would not budge: the Ukrainian conflict was not started by Russia, but by the Ukrainian fundamentalist nationalists hiding behind Zelensky alone. In any case, as a matter of principle, it is not possible to defend people who have just attacked US interests, even if they are located in Russia. To make himself clearly understood, Donald Trump refused to sign the final communiqué prepared by the Europeans and announced to them that, if this text were published (it had already been distributed under embargo to journalists), he would deny it and his country would leave the G7.

Only after this scandal did he receive President Emmanuel Macron. The latter chose not to confront him, but to celebrate transatlantic friendship. At the joint press conference, he interrupted his host when the latter repeated that Ukraine, not Russia, had provoked the war, but ultimately did not dare contradict him.

Meanwhile, in New York, the UN General Assembly was debating a resolution proposed by Ukraine. It denounced “the total invasion of Ukraine by the Russian Federation” and demanded that it withdraw “immediately, completely and unconditionally all its military forces from the territory of Ukraine within the internationally recognized borders of the country and that the hostilities conducted by the Russian Federation against Ukraine, in particular all attacks against civilians and civilian objects, cease immediately.”

For the first time in history since World War II, the US delegation voted against a text, along with that of Russia, against those of Canada, the Europeans and Japan who approved it.

Then, the United States presented a second resolution itself so that “the conflict be ended as soon as possible.” This text aimed to align the General Assembly with the position of the US negotiators in Riyadh. But Russia voted against it because the text “advocates for a lasting peace between Ukraine and the Russian Federation” and not for a “lasting peace within Ukraine.” As a result, the United States, considering that it had poorly drafted its proposal, abstained on its own text, while Canada, the Europeans and Japan condemned it.

TUESDAY, FEBRUARY 25

Kaja Kallas, EU High Representative for Foreign Affairs and Security Policy, travelled to Washington to meet with Secretary of State Marco Rubio. The meeting, which had been announced for a long time, was cancelled at the last minute by Mr Rubio’s secretariat, officially due to his overbooked schedule.

Ms Kallas said that instead, she would meet “with senators and (…) members of Congress to discuss Russia’s war against Ukraine and transatlantic relations”.

After EU members voted against the US at the UN, the Secretary of State refused to meet his European counterpart.

WEDNESDAY, FEBRUARY 26

At a press conference in kyiv, Volodymyr Zelensky assured on February 26 that without security guarantees from the United States and NATO, any peace agreement would be unfair and there would be no real ceasefire.

THURSDAY 27 FEBRUARY

Before leaving Washington, Kaja Kallas, High Representative of the EU for Foreign Affairs and Security Policy, gave a lecture at the Hudson Institute on February 27. She said: “We need to put pressure on Russia to also want peace. It is in a position where it does not want peace.”

Keir Starmer, British Prime Minister, went to the White House, carrying an invitation from King Charles III for a second state visit to the United Kingdom. Her Majesty’s diplomats believe that President Trump greatly enjoyed the premiere and that, given his pride, he would be sensitive to the pomp of the Crown.

During the two leaders’ press conference, President Trump claimed not to remember calling Volodymyr Zelensky a “dictator” (“Did I say that? I can’t believe I said it!”). In addition, he expressed openness to the idea of the 25% tariff hike not affecting the United Kingdom and to London returning the Chagos Islands (including the Diego Garcia base) to Mauritius.

On the substance, Keir Starmer managed to renew his country’s "special relationship" with the United States. This includes the "Five Eyes" global interception and espionage system and the delegation of the strike force (remember that the British atomic bomb could not work without the support of US military scientists).

Meanwhile, US and Russian negotiators met for six and a half hours at the US Consulate General in Istanbul for a second round of negotiations, at a "technical level". It was not a question of progress on the substance, but of resolving problems that had been addressed by the ministers in Riyadh. Namely, the operating conditions of the respective embassies in Washington and Moscow, which President Joe Biden had considerably supervised and to which Moscow had responded identically.

FRIDAY, FEBRUARY 28

The unelected Ukrainian President, Volodymyr Zelensky, visited the White House on February 28. President Trump and Vice President Vance received him, not to listen to his version of events, but to sign an agreement on rare earths that Ukraine claims to possess. Of course, he could not have done so, since they do not exist, but it was a way for the Trump administration to show the man who is no longer known whether it considers him a “democrat” or a “dictator” that he no longer had any cards in his hand.

The welcome press briefing will be remembered. The Western press was shocked by the altercation between President Trump and his guest. We must be wary of images here: they do not say the same thing at all if we stick to a selected excerpt or if we listen to the entire exchange. In an excerpt, we remember the arguments that are stated, while overall, we understand why they are stated.

During the fifty minutes of this press briefing, President Donald Trump constantly recalled that he was not aligned with either party, Russian or Ukrainian, but that he was negotiating with Russia to defend the interests of his country and, ultimately, for all of Humanity. As President of the United States, he speaks with everyone, is careful not to insult anyone and recognizes the positive points of each. On the contrary, Volodymyr Zelensky has constantly accused Russia of aggression since 2014, of murders, kidnappings and torture. He even claimed that President Vladimir Putin had violated his own signature 15 times.

Contrary to what the Western press saw, this press briefing did not focus on military aid, rare earths and even less on a division of territories. It escalated when Vice President Vance noted that his host’s narrative was “propaganda,” then returned to the charge, declaring of both versions of the facts: “We know you’re wrong!” Ultimately, President Trump noted that Ukraine was in bad shape and that his guest not only was not grateful for U.S. support, but did not want a ceasefire. Exasperated, he observed that Vladimir Putin had never violated his signature, neither with Barack Obama nor with him, but only with Joe Biden because of what the latter did to him. He then recalled the repeated false accusations made against Russia by President Biden.

SUNDAY, MARCH 2

British Prime Minister Keir Starmer said Europe is “at a crossroads of history” as he welcomed to Downing Street the leaders of Ukraine, France, Germany, Denmark, Italy, the Netherlands, Norway, Poland, Spain, Canada, Finland, Sweden, the Czech Republic and Romania, as well as the Turkish foreign minister, the NATO secretary general and the presidents of the European Commission and European Council.

The UK and France are competing to replace the US and guarantee peace on the European continent. Both countries are said to be prepared to guarantee the security of others with their nuclear weapons. However, no one seriously considers that these would be sufficient to ensure peace in the absence of serious conventional forces, which neither London nor Paris has. At most, Warsaw began reorganising its armies and generalising conscription for its young people more than two years ago, but it still does not have enough weapons.

After the meeting, which aimed to create a “coalition of the willing”, Keir Starmer said on behalf of all participants:

“Today I welcomed to London counterparts from across Europe, including from Türkiye, as well as the Secretary General of NATO and the Presidents of the European Commission, the Council of the EU and Canada, to discuss our support for Ukraine.

Together, we reaffirmed our determination to work towards a permanent peace in Ukraine, in partnership with the United States. Europe’s security is our primary responsibility. We will tackle this historic task and increase our investment in our own defence.

We must not repeat the mistakes of the past when weak agreements allowed President Putin to invade again. We will work with President Trump to secure a strong, just, and lasting peace that ensures Ukraine’s future sovereignty and security. Ukraine must be able to defend itself against future Russian attacks. There must be no talks on Ukraine without Ukraine. We agreed that the United Kingdom, France, and others will work with Ukraine on a plan to end the fighting that we will discuss further with the United States and move forward together (…) In addition, many of us have expressed our readiness to contribute to Ukraine’s security, including through a force of European and other partners, and will intensify our planning. We will continue to work closely together to advance next steps and make decisions in the weeks ahead.”

The participants in this summit have not changed their analysis of the Ukrainian conflict at all. They remain deaf to the United States and, as a result, no longer understand it. They managed to unite not to deploy a peace stabilisation force in Ukraine, but to protect critical infrastructure in western Ukraine or in similar strategic areas. They agreed not to make fragmented national efforts, but to take advantage of the economic power of the European Union (EU) by redirecting its recovery funds. They therefore convened a special European Council on March 6. However, to transform the EU from a common market to a military alliance, they will need not a majority, but the unanimity of the 27 Member States, including Hungary and Slovakia.

And yet, already, Viktor Orbán, the Hungarian Prime Minister, has responded to the draft final declaration of the European Council by stressing that there are “strategic differences” between the EU states. He therefore advocates that there should be no written conclusions, because "any attempt to do so would project the image of a divided European Union."

Translation
Roger Lagassé

2.3.25

Trump y Vance acusan a Zelensky de provocar la tercera guerra mundial: ¿suicidio europeo o "síndrome de Masada"?

 Alfredo Jalife-Rahme

En el encontronazo del presbiteriano Trump y su vicepresidente, el católico J. D. Vance, con el clepto-porno-comediante jázaro (https://bit.ly/3QqemJr) Zelensky resaltó lo que verdaderamente está en juego: una tercera guerra mundial (TGM) contra Rusia instigada por los cuatro jinetes BlackRock/Banca Rothschild/George Soros/Bloomberg, amos del ilegítimo presidente ucranio quien finiquitó su mandato en mayo del año pasado.

Además, está en juego el vellocino de oro del siglo 21: US$13 billones (trillones en anglosajón) de tierras raras en Ucrania y su inigualable “tierra negra ( chernozem)”, donde los cuatro jinetes apostaron pletóricos capitales y quienes, al parecer, prefieren una TGM antes de que estalle la burbuja financiera de los “derivados financieros (https://bit.ly/3D5i6gw)” que se manejan fuera de los balances contables tradicionales (off-balance-sheet) y que pueden alcanzar la aterradora cifra de US$2 mil billones (¡ megasic!), inherentes al modelo especulativo de la globalización financierista, cuya explosión sería peor a una conflagración termonuclear. Poco se presta atención a la grave situación financiera en Occidente cuando nada menos que Elon Musk reconoce la inviabilidad de la deuda de EU con el pago de sus intereses que exceden su gasto militar anual (https://bit.ly/41zEzvE). That’s the name of the game!

Más allá de la folclórica expulsión de Zelensky de la Casa Blanca (https://bit.ly/3QEQ3Yz), The Telegraph expone su grave error por haber interpelado al vicepresidente Vance (https://bit.ly/3XmtRWW), como parte de su desastre diplomático, cuando Trump conminó al ilegítimo presidente ucranio a “regresar cuando esté listo para hacer la paz (https://bit.ly/4hXNNHR)”. Se suicidó Europa –en particular la triada bélica Londres/París/Berlín– transmutada en el clepto-porno-comediante jázaro Zelensky, quien practica el clásico “síndrome de Masada (https://bit.ly/4iepUfz)” de sus correligionarios. The Economist, de los banqueros Rothschild, reconoce el doble desastre de Zelensky y Ucrania en la Casa Blanca (https://bit.ly/3XpLSUh).

Más allá de que los neonazis (literal) de la facción Bandera hoy festejen en los bares de Kiev que Zelensky confrontó a Trump y a J. D. Vance en la Casa Blanca, lo real es que Ucrania se quedó huérfana del relevante apoyo de su otrora principal aliado EU. Ahora los omnipotentes multimedia que controlan los cuatro jinetes jázaros se han lanzado en nado sincrónico a la yugular de Trump al tildarlo, en la revista gala Le Point, de “agente de la KGB (https://bit.ly/4bpNR0Q)” con el mote de Krasnov, y tanto The Economist (https://bit.ly/43hgKdu) como el jázaro Thomas Freedman, del NYT, lo injurian de “gánster (https://bit.ly/4h2j23l)”. ¡No, bueno!

El problema es que los dos bandos que hoy chocan por el alma de Occidente –Trump/Vance/Musk vs los cuatro jinetes BlackRock/Banca Rothschild/George Soros/Bloomberg– se tildan mutuamente de gánsteres, como es el caso notorio de Kash Patel, hoy flamante director de la FBI con Trump, quien publicó hace año y medio su estrujante libro Los gánsteres del gobierno: el DeepState, la verdad y la batalla por nuestra democracia (https://bit.ly/4gYrVuR)”.

El muy influyente senador republicano Lindsey Graham descuartizó al ya despellejado Zelensky al reclamar su renuncia o defenestración expeditas (https://bit.ly/41CZxtR). Seguirá resonando la frase de Trump cuando interrumpió a Zelensky para decirle que carecía de cartas para jugar frente a Rusia sin la ayuda de EU. En efecto, el destino de Ucrania y Zelensky se definieron hace mucho en el campo de batalla.

Hoy Putin detenta y ostenta las cartas, quien, por cierto, se entrevistó largamente por teléfono con el mandarín Xi Jinping, otro gran triunfador del nuevo orden mundial que cada vez más se asienta que será tripolar o no será. En la fase post-Zelensky (https://bit.ly/4hYgjt4), Trump/Vance ya pueden cooperar con Putin sobre las pletóricas tierras raras que detenta Rusia en su propio territorio y que conquistó en la misma Ucrania (https://bit.ly/3EZPu97).

24.2.25

El ocaso del "proyecto Ucrania": ¿qué le espera a Europa y al mundo?

Nikolay Sofinskiy*

La crisis ucrania, que no comenzó ayer sino mucho antes, fue el resultado de la miopía estratégica de Occidente y de la traición a las promesas dadas. Rusia advirtió en repetidas ocasiones que la expansión de la OTAN y los intentos de arrastrar a Ucrania a un proyecto antirruso llevarían a una tragedia. Sin embargo, en Washington y Bruselas prefirieron ignorar estas señales.

El régimen neonazi de Kiev, que llegó al poder como resultado de un golpe de Estado inconstitucional en febrero de 2014, apostó por la represión violenta de quienes no aceptaron la nueva realidad. Los Acuerdos de Minsk, que podrían haber evitado la catástrofe, fueron utilizados por el régimen de Kiev y sus tutores occidentales sólo como una pantalla para preparar a Ucrania para la guerra. Esto ya ha sido reconocido hace tiempo por los ex líderes de Alemania y Francia.

Desde el golpe de Estado, Kiev ha seguido un camino sistemático de desmantelamiento de todo lo ruso: el idioma, la cultura, la historia. El cierre de medios de comunicación en ruso, la prohibición de la educación en ruso y la persecución de la Iglesia ortodoxa ucrania son signos de una política nacionalista que, en última instancia, sólo ha profundizado la división interna. Además, los ataques contra la población civil han continuado todos estos años.

En febrero de 2022, Rusia se vio obligada a tomar la única decisión posible en esas circunstancias: iniciar una operación militar especial (basándose en el artículo 51 de la Carta de la ONU) para proteger a los habitantes de Donbás y cambiar el equilibrio de poder que amenazaba la propia existencia del Estado ruso.

¿Y qué está ocurriendo ahora? Ucrania se encuentra en una situación sin salida. Las élites occidentales están cansadas de la guerra, su economía está estancada. En Washington y Bruselas comprenden que el "proyecto Ucrania" se ha convertido en una carga insoportable. Incluso dentro de la propia Ucrania, el estado de ánimo está cambiando: la movilización forzosa masiva de soldados, la corrupción y la división en las élites están debilitando las posiciones del líder ilegítimo Zelensky. En realidad, Ucrania ya ha perdido como Estado y se ha convertido en un Estado fallido, que lo sacrificó todo en favor de los juegos geopolíticos ajenos.

Hoy día, ya es evidente que la crisis ucrania es parte de una reconfiguración global del mundo. Moscú ya no jugará según las reglas impuestas, y el mundo avanza rápidamente hacia la multipolaridad, donde Occidente colectivo ya no es el hegemón indiscutible. Sin embargo, en esta nueva realidad surge un desafío: ¿es posible el diálogo?

Espero que sí. En este contexto, las recientes negociaciones entre Rusia y Estados Unidos son una señal importante. Washington, que hasta hace poco rechazaba categóricamente la posibilidad de discutir una solución pacífica con Moscú, ha cambiado su posición. El presidente Trump es el único líder occidental que ha declarado pública y abiertamente que una de las causas fundamentales de la situación en Ucrania fue la línea agresiva de la administración anterior para arrastrar a Ucrania a la OTAN.

¿Está Rusia preparada para el diálogo? Sin duda. Nuestro país ha afirmado durante todos estos años que es necesario resolver el problema de la seguridad mundial. En estas condiciones, Rusia propone crear en Eurasia un nuevo sistema de seguridad que tenga en cuenta los intereses de todos los estados de este vasto continente, basado no en una estructura de bloques, sino en garantías de seguridad colectiva bilaterales y multilaterales. Proponemos un modelo basado en los principios del diálogo, la cooperación y el respeto por las decisiones soberanas de sus participantes.

Es importante que esta nueva arquitectura esté abierta para todos: tanto para los países de Europa como para los miembros de la OTAN. Es evidente que esto no puede lograrse de inmediato, pero en un futuro previsible se podría acercar a una discusión con los europeos sobre posibles formas de establecer en el continente euroasiático un marco de seguridad equitativo e indivisible. Esto responde objetivamente a los intereses de Europa, si desea mantenerse como uno de los centros independientes del desarrollo mundial. Sin garantías de seguridad confiables y buenas relaciones con Rusia, este objetivo difícilmente será alcanzable.

*Embajador de Rusia en México

1.10.24

Kursk, las elecciones, y el desesperado plan ‘neocon’ para provocar la 3era Guerra Mundial

SALVADOR GÓMEZ / Tras la ofensiva ucraniana en Kursk, el conflicto empieza a discutirse a nivel nuclear. La sombría perspectiva ucraniana es ahora reconocida unánimemente por los medios occidentales. Los dos escenarios ante la elección norteamericana son opuestos. ¿Cuáles son las remotas posibilidades de salida negociada?

GLOBO

Veamos los hechos significativos de los últimos dos meses. El día 6 de agosto, Ucrania lanzó una ofensiva por sorpresa en la región rusa limítrofe de Kursk.

La zona tenía apenas unos guardias fronterizos, y nadie en Rusia aparentemente esperaba ese movimiento -tal vez porque militarmente tenga tan poco sentido, y de hecho trabaje contra las posibilidades estratégicas de Ucrania, como se verá. Las tropas ucranianas avanzaron unos 10 o 15 km dentro del territorio rural ruso, escasamente habitado, separadas, en un frente de unos 20 km de ancho. La incursión afectó a la villa de Sudhza, de 5000 habitantes, pero no consiguió en los primeros días su objetivo aparentemente principal de ponerse en situación de atacar instalaciones nucleares rusas en la región. 

La incursión generó una ola de entusiasmo en los medios occidentales, los que la informaron como una prueba de que el ejército ucraniano estaba tomando la delantera en la guerra. Según el general Syrskyi, comandante en jefe ucraniano desde febrero, entrevistado por CNN, si bien “Rusia tiene ventaja en aviación, en misiles, en artillería, en la cantidad de munición que utilizan, por supuesto, en personal, tanques, vehículos de combate de infantería“, los ucranianos han logrado con esta ofensiva mostrar que “a pesar de la ventaja de Rusia en términos de hombres y blindados, su ejército tiene vulnerabilidades“.

La ubicación y dimensión de la presencia ucraniana al día 14 de setiembre, en un mapa pro-Ucrania en el sitio que hemos usado como estándar en todos estos análisis, liveuamap.com,  puede observarse abajo. La zona de la incursión ucraniana es la mancha azul violeta aproximadamente donde indica la flecha. El territorio en rojo, mientras tanto, es el que tiene controlado y ocupado Rusia dentro de Ucrania. Los puntos marcados son lugares con actividad militar el día correspondiente.

Durante algunas semanas, en agosto, las tropas ucranianas fueron siendo rodeadas por un contingente de unos 10.000 soldados rusos enviados a la zona.

Desde el punto de vista militar, la ofensiva no era fácil de explicar. Para realizarla, Ucrania debió destinar parte de las ya exiguas tropas que tenía desplegadas en el frente de batalla principal, en el Donbas, debilitando con ello un frente en el cual lleva todas las de perder desde el comienzo mismo de la guerra. La única posibilidad de éxito consistía en establecer defensas fortificadas con la suficiente rapidez como para hacer más difícil el trabajo del ejército ruso una vez llegase. Syrskyi justifica la invasión diciendo que tenían información de que los rusos iban a lanzar una ofensiva desde esa zona, y que esto la demoró, al establecer una zona segura que aleja los puntos de lanzamiento ruso de drones o misiles.

Casi dos meses después de la incursión, con un retroceso ucraniano total en Kursk, y la presencia de algunos contingentes todavía en escaramuzas en la zona del detalle encima -véase la escala adjunta en el mapa ampliado sobre la zona, correspondiente al 29 de setiembre, para tener una idea de la dimensión territorial actual-, la incursión no ha traído otra cosa a la guerra que lo previsible: la destrucción de más personal y material ucraniano, y el debilitamiento de Ucrania allí donde es más necesario que se mantenga lo más fuerte que sea posible, que es los puntos de más actividad en el frente de Donbas. Debido a la gran superioridad de personal ruso, es muy distinto movilizar 10.000 soldados para un bando y para el otro.

Conscientes de la situación, que se deterioró a toda velocidad para Ucrania a consecuencias del debilitamiento que trajo la invasión, los medios occidentales comenzaron, ya al principio de setiembre, a advertir la posibilidad de un colapso. La lucha es especialmente importante alrededor de las ciudades -y nudos logísticos- de Kupyansk y Kramatorsk, aun fuera del alcance ruso. De comprometerse la resistencia ucraniana en ellas, todo el Donbas y todo el Este del país terminaría de caer en manos rusas. Antes de llegar a ellas, el punto neurálgico de los combates está ahora hacia la dirección de Pokrovsk, y algunas villas a su alrededor. Es allí donde se está reportando la mayor presión del ejército ruso. 

La ciudad de Pokrovsk -centro, abajo, en el lado ucraniano- es el principal punto de riesgo hoy para Ucrania en el Donbas. De tomar los rusos este nudo logístico, se debilitaría significativamente la posición de Sloviansk y Kramatorsk -más al norte en el mapa. Obsérvese la escala. La guerra se produce de modo territorialmente muy lento, como guerra de desgaste entre dos ejércitos fortificaados uno frente al otro

“Peligro en el Donbas, al debilitarse el frente ucraniano” titulaba el Economist el 8 de setiembre.

En los mismos días, BBC comunicaba “Los ucranianos advierten que pueden quedar rodeados, a medida que Rusia avanza en el Este”, refiriéndose justamente al “caldero” que los rusos estaban montando alrededor de la mencionada Pokrovsk. 

Una catarata de reportes similares, que el correr del mes de setiembre ha profundizado, muestran la conciencia de la fragilidad de la situación ucraniana en el punto donde la guerra se determina, que es precisamente el que estamos mencionando.

La propia CNN ya admitía el 8 de setiembre: “Superada en armamento y personal, el ejército ucraniano lucha contra la baja moral y la deserción”

Ahora bien, si este ha sido, en el campo de batalla, el resultado de la decisón de Zelenski y su mando, ¿qué sentido pudo tener la invasión de Kursk, con estas catastróficas consecuencias? 

Un intento desesperado

La principal respuesta, que es bastante obvia, es la siguiente. El mando ucraniano sabe que vienen las elecciones en Estados Unidos el día 5 de noviembre, y que estas serán decisivas para la continuación del apoyo a Ucrania y una posible escalada en la situación (si gana Harris), o al contrario (si ganase Trump) un corte del apoyo a Ucrania, y una fuerte presión norteamericana sobre Kiev para un final de la guerra que, hoy, implicaría una victoria rusa de hecho. Retención por Rusia de los territorios tomados, y Ucrania fuera de OTAN, serían condiciones mínimas a las que Ucrania debería ceder si quiere que la guerra termine ahora.

Ante esa situación, Ucrania ha decidido jugar el todo por el todo para obtener algún tipo de posibilidad propagandística, a efectos de volver a la carga por más apoyo. 

El problema es que, vacíos los arsenales occidentales -como lo denuncia aquí el propio Washington Post- y -sobre todo- carente Ucrania de medios para movilizar muchos más contingentes, ese apoyo implica una escalada del conflicto. Dicho de otro modo, en la desesperación de Ucrania y de los neocon norteamericanos, puesto que como repiten a diario, “Putin no puede ganar”, la opción de provocar una guerra nuclear total está ahora sobre la mesa.

Es por eso que hemos visto a Keir Starmer, el Primer Ministro británico, viajar a Washington con un plan para autorizar a Kiev a lanzar misiles de largo alcance Storm Shadow (franco-británicos) y ATACMS (norteamericanos) dentro del territorio ruso (por el momento, el permiso ha sido negado por Washington), es por eso que hemos visto a Zelenski peregrinar nuevamente por la televisión y los gabinetes norteamericanos en ocasión de la Asamblea de las Naciones Unidas a fines de setiembre, y es por eso que los medios en Europa y el mundo entero estuvieron discutiendo, durante setiembre, la posibilidad de que la guerra nuclear estallase.

“Enfrentamos un peligro sin precedentes. El Pentágono y el Congreso deben cambiar de actitud. America no puede fabricar las armas que precisa en el tiempo en que las precisa. Eso debe cambiar”

Hoy, por tanto, podría decirse que el resultado de la ofensiva de Kursk ha sido previsible en dos sentidos. Primero, ha servido para dar lugar a una nueva ofensiva propagandística de la OTAN y Estados Unidos. Como lo dicen los ideólogos que escriben en Foreign Affairs Kaufman y Lee, la interpretación victoriosa que se le dio a la incursión “permitió cambiar la narrativa sombría anterior ….“. Si bien, como vimos, esta propaganda solo duró un par de semanas, y luego colapsó en los propios medios occidentales. 

En segundo lugar, era previsible que un ejército que está en sus últimas fuerzas, si destinaba parte de sus escasos recursos a abrir un nuevo frente, debilitaría zonas de la línea de contacto que son fundamentales. Es lo que, también, pasó.

Una vez más: el territorio no es el criterio

La lectura que persiste en Occidente, centrada en interpretar lo que está pasando en función de cuánto territorio toman los rusos, ha tenido una nueva demostración de que es equivocada. Ucrania “tomó” una cantidad ínfima de territorio ruso, lo cual fue magnificado por Occidente siguiendo su propia lógica territorial, solo para, unas pocas semanas más tarde, tener que admitir la catástrofe, y realizar que no tuvo ninguna importancia, en absoluto, para la marcha real del conflicto, salvo en el sentido de debilitar aun más las defensas ucranianas en el Donbas.

Lo hemos dicho en casi todos nuestros informes previos: esta no es una guerra territorial, sino una guerra de desgaste. Esa es la estrategia rusa, y así es que se está peleando esta guerra, y esa es la única manera lógica y razonable de evaluarla. En esa línea, lo que ha ocurrido desde el comienzo mismo, es que el mando ruso ha elegido una aproximación cautelosa, lenta, que al mismo tiempo se ha demostrado efectiva. Sentados tras las líneas defensivas que construyeron luego de tomar, en pocas semanas, todo el territorio pro-ruso del Donbas que estaba originalmente bajo ataque de Kiev, han comenzado a emplear la superioridad aérea, de comunicaciones, de armamento, y la ventaja logística de pelear con su propio territorio a la espalda, para demoler lentamente la resistencia ucraniana. Han avanzado, con mucho criterio y muy despacio, sin arriesgar personal y equipo, en determinados puntos de la línea de contacto -recordar la lenta toma de Bajmut, por ejemplo-, pero el objetivo ruso claramente no es territorial, sino la destrucción de la capacidad bélica ucraniana y occidental. 

Uno de los puntos neurálgicos de esta red defensiva ucraniana está en la pequeña ciudad de Vugledar, cerca de ciudad Donetsk, la que está en territorio controlado por los rusos. Vugledar es importante porque protege el territorio que lleva a Pokrovsk, el punto neurálgico de la guerra hoy. 
Se ha informado en las últimas horas del 28 de setiembre que los rusos están ya en control de Vugledar.

Ante la inminencia de la rendición oficial de Vugledar, medios ucranianos en Telegram acusan a la 72 Brigada de ser responsable por la pérdida de la ciudad

Mientras los ucranianos pierden fuerzas, hombres y tiempo en la aventura de Kursk, los rusos han aprovechado para hacer un nuevo avance en el punto que es más importante, probablemente, en toda la línea de contacto, que es hacia la ciudad de Pokrovsk. Pokrovsk es un importante nudo logístico, y el control de esa ciudad -también fortificada- implicaría un muy importante paso hacia la destrucción final de las defensas ucranianas en el este, y prácticamente el derrumbe de toda la situación defensiva ucraniana más allá del Dnieper.

Pokrovsk con sus carreteras y vías férreas convergiendo desde varias direcciones

La invasión ha tenido otro efecto negativo para Ucrania, al permitir a la propaganda rusa subir un paso más en la retórica nacionalista. Ante la opinión pública rusa, el pequeño contingente ucraniano aislado en los montes y zonas rurales de Kursk se ha presentado como una suerte de nueva violación nazi del territorio patrio, según la retórica tradicional rusa vigente desde la Segunda Guerra Mundial, lo que ha dado pie a los sectores más guerreristas en Moscú para presionar por una intensificación de la agresividad con la que Rusia conduzca las operaciones. Esto se ha traducido, por lo menos, en una renovada lluvia de misiles y drones sobre puntos clave de la infraestructura energética y militar en todo el territorio de Ucrania en las últimas semanas. 

La respuesta de Rusia

Inmediatamente que se supiera que la idea de Zelenski y los británicos era escalar el conflicto de cara a las elecciones, Moscú respondió de dos modos. Primero, advirtiendo que cualquier ataque sobre su territorio que representase una amenaza a “la supervivencia de Rusia” sería contestado empleando armas nucleares. Y luego, mucho más concretamente el día 25 setiembre, ante el Consejo de Seguridad de Rusia, Vladimir Putin informó que se habían hecho cambios en la doctrina de uso de armas nucleares del país. El cambio más importante es: mientras que hasta ahora solo se usarían armas nucleares contra otro estado que tuviese bombas nucleares y atacase primero a Rusia con ellas, ahora, si Rusia es atacada por un estado no nuclear apoyado por uno con armas nucleares, de tal modo que pusiese en cuestión la supervivencia del estado ruso, Rusia lo tratará como si fuese un estado nuclear, y puede responder con armas nucleares.
Por supuesto este cambio está dirigido a Ucrania. Pero podría ser Polonia o Finlandia o un estado báltico, o, por ejemplo, un ataque a Kaliningrado de los países vecinos (Polonia, Lituania, etc.). Además, Moscú anunció que desde ahora considera a Bielorrusia como parte de Rusia, a los efectos de la aplicación de estos criterios, en virtud de la alianza que existe entre ambos países. Eso es, si alguien tuviese la intención de atacar Bielorrusia para conseguir un nuevo frente que obligue a los rusos a ocuparse de ello, Rusia misma respondería.

¿Cuál sería la efectividad real del armamento de “largo alcance” que pretende usar Zelenski?

La noción norteamericana, presente en el citado artículo de Foreign Affairs, de que los misiles de largo alcance occidentales, “si se permitiese que Ucrania los usase” cambiarían el curso de la guerra, es una nueva fantasía, semejante a cuando se decía que los lanzamisiles norteamericanos, o los tanques Leopard alemanes, iban a ser el “game changer“. Se dieron esas armas a Ucrania, y hoy han sido destruidas por los rusos, y la guerra luce peor que nunca.

El objetivo declarado de este armamento de mayor alcance sería que Ucrania impactase aeródromos rusos para prevenir que la fuerza aérea rusa siguiese usándolos para lanzar las bombas planeadoras que tanto estrago han causado en las defensas y fortificaciones ucranianas, Pero el propio Lloyd Austin, jefe militar supremo de Estados Unidos, ha admitido que los rusos ya han movido esas bases aéreas más allá del alcance de este tipo de armamento, y como informa Reuters, aun si esas armas fuesen usadas por Ucrania, “no sería un game changer“, no cambiaría el curso de la guerra. Por tanto, ¿cuál sería el propósito de permitirles usar estas armas a los ucranianos? ¿Se trata de otro esfuerzo propagandístico para ganar tiempo y dar la sensación de que se tienen posibilidades que en realidad no se tienen?

Esos mismos misiles -los Storm Shadow ingleses y aun los ATACM norteamericanos- ya están en poder de Ucrania, y ya han sido experimentados sobre Crimea. Tienen entre 250 y 300 km de alcance máximo respectivamente. Ucrania los ha usado, y nada ha ocurrido digno de nota. No han superado las defensas rusas, y no han cambiado la direccion de la guerra. Los pocos que Ucrania aun tiene, si fueran empleados hacia dentro del territorio continental ruso, no tienen tampoco el alcance para llegar ni siquiera a 200 km de Moscú, ni hay existencias en ninguna cantidad apreciable, como para cambiar el curso de la guerra. Washington tampoco está en condiciones de fabricar una cantidad significativa en el tiempo necesario. Mucho menos la escuálida industria armamentística europea. ¿Entonces?

Es más, los ucranianos han logrado un éxito al colocar al menos un dron en un depósito de armamentos en la región de Tver, relativamente cerca de Moscú, provocando una explosión de grandes proporciones que obligó incluso a la evacuación de civiles de las inmediaciones, debido a los incendios que siguieron a la conflagración. La información sobre este evento ha sido censurada dentro de Rusia por el Ministerio de Defensa, que sigue una estricta -y obviamente equivocada- política en ese sentido.

Pese a estos eventos aislados, ninguno ha logrado cambiar el fondo del asunto. La clave es siempre la misma, y ya la hemos publicado desde marzo de 2022: esta es una guerra de desgaste, peleada por Rusia con medios militares -y una extraordinariamente pobre propaganda-, frente a una guerra política y propagandística, peleada por Occidente colectivo con gran talento y medios propagandísticos. Ucrania y Europa son las víctimas, con los ucranianos poniendo la gran mayoría de la sangre.

Por tanto, y dado que esa es la lógica -palabrerío occidental contra balas rusas-, los medios occidentales -ahora más explícitos en cuál es su verdadero juego- siguen insistiendo en la necesidad de cambiar “la percepcion de que Ucrania va perdiendo que se ha instalado“, como dijo creo que fue el New York Times en una de las tantas notas de propaganda falsa que publica a diario.

El problema, claro, es que no es solo ‘una percepción’. El problema es que, luego de dos años de una lucha muy valerosa, Ucrania va terminando de gastar sus hombres y sus municiones y material, y ha estado en una evidente desventaja desde que la guerra empezó. Y no hay mucho que pueda hacerse para cambiar eso. La percepción es totalmente secundaria al final, aunque parezca de vida o muerte en el durante. Si bien la propaganda anglo ha sido espectacular durante toda la guerra, los porfiados hechos siempre ganan. Y los porfiados hechos son que Ucrania, al comienzo, durante, y ahora mismo, no puede obtener sus objetivos en esta guerra. Ni puede retener su territorio, ni podrá ingresar a la OTAN. E incluso si la locura y desesperación de los ideólogos neocon que han provocado todo este desastre para Ucrania y Europa lograsen escalar la situación hasta que se llegue a un punto en el que Rusia arriesgase algo serio en materia de supervivencia, el resultado indudable será la 3era Guerra Mundial, intercambio de golpes nucleares intercontinentales, y “destrucción mutua asegurada”. Eso no significará, tampoco, una victoria sobre Rusia, sino el fin de la vida en el hemisferio nor-occidental, como mínimo.

Lo que viene ahora, siendo más realistas, es el invierno, que caerá sobre una Ucrania a la que los constantes ataques con misiles rusos a la infraestructura energética, que han arreciado mucho luego de la aventura de Kursk, han dejado ya con muy serios problemas para proveer la energía necesaria para hacer funcionar el país. Esta situación de la infraestructura ucraniana comienza a plantear ahora una seria interrogante sobre la poblacion civil que vive lejos del territorio de confiucto, de Kiev a oeste. La guerra ha ocasionado a Ucrania ya más de 6 millones de emigrados a Europa y USA, y 1 millon y medio a Rusia. Si las condiciones de vida en el oeste empeoran, la catástrofe humanitaria se profundizará.

¿Cuáles son las opciones de salida de la guerra?

Según la lectura que hemos hecho aquí, los Estados Unidos -al igual que Rusia, y a diferencia de Ucrania y de Europa- han obtenido en esta guerra una serie de objetivos que tenían planteados. Para Rusia, ha sido impedir que Ucrania entre en la OTAN, defender a la población étnica rusa que estaba siendo atacada desde 2014 en Ucrania, y apropiarse de valiosos territorios en materia de recursos naturales -además de haber abortado los planes de Occidente de quedarse con los recursos energéticos inmensos que están debajo de Crimea.

Los Estados Unidos, por su parte, han conseguido romper la conexión energética entre Rusia y Europa, que amenazaba el predominio geopolítico americano sobre el viejo continente, y representaba la amenaza de un crecimiento en la independencia técnica, económica y por consiguiente política de Alemania. Ha conseguido con ello quedarse con parte significativa del mercado energético europeo. Ha debilitado todo reflejo o intento de independencia política y económica de Europa. Ha metido dentro de la OTAN a algunos nuevos estados europeos, y pasará a usarlos como territorio para nuevas bases militares desde las que seguir intentando estorbar a Rusia -Finlandia ya ha anunciado que colocará una base OTAN a 130 km de su frontera con Rusia.

La clase política norteamericana actual, además de lo anterior, ha asegurado gracias a esta guerra una fuente de recursos para ellos y para el complejo militar industrial y sus lobistas, que parece ser un barril sin fondo, y sería ocioso calcular aquí los centenares de miles de millones de dólares que ya se aprobaron -debo decir, se robaron- en el Congreso bajo el pretexto de “ayuda a Ucrania”, mientras Ucrania se desangra y el senador Lindsay Graham sigue declarando que habrá que insistir en seguir la guerra “hasta el último ucraniano”, y que Estados Unidos “nunca hizo un mejor negocio”, pues los que mueren en una guerra como esta son “ucranianos y rusos, y no norteamericanos”.

Rusia ha asegurado ya la mayoría de sus objetivos declarados -agregados otros como su giro al Este y su crecimiento económico y en relevancia política global, que creo no eran esperados del todo ni siquiera por los rusos-. Y si no se negocia pronto, los obtendrá todos.

Las opciones norteamericanas para hacer que termine el conflicto sin que se reconozca que es una victoria rusa en toda la línea, por otro lado -es decir, de maquillar propagandísticamente una derrota final- son escasas, en la medida en que la narrativa de una victoria ucraniana es más y más increíble y desprestigiada con cada nuevo revés. La euforia imaginaria por el avance en Kursk duró menos de un mes.

Más breve: las opciones norteamericanas para cambiar la victoria rusa en derrota, no existen -salvo un conflicto nuclear generalizado que termine con el hemisferio norte, incluidos los EEUU.

Para peor, la posibilidad de un “plan de paz” suena difícil ante las posiciones irreductibles de Kiev y Moscú. Con motivo de la reciente Asamblea General de la ONU, Lula convocó a una reunión paralela donde -según se informó- Brasil, con el apoyo de China, propuso un alto al fuego inmediato y una serie de puntos de negociación para encarar luego, y poner fin al conflicto. Solo diecisiete países asistieron a la convocatoria. Antes incluso que se reuniese, Zelenski ya había salido a decir que no le interesaba lo que en esa reunión se propusiese, y que la única posibilidad de negociación es que los rusos se retiren de todos los territorios que ocupan… También acusó a China de ser aliado de Rusia. Los Estados Unidos, por las mismas horas, advirtieron a China que es contra el derecho internacional enviar armas a Rusia -al tiempo que Blinken anunciaba que, en virtud de la autoridad que tenía, destinaba 5.000 millones más en apoyo a Kiev. El “derecho internacional” depende, pues, del bando en que cada país esté. 

Ante esta situación, los rusos, que tienen todas las de ganar, simplemente pueden quedarse callados ante el plan de paz -que en otro contexto les resultaría incómodo-, o incluso decir vagamente que estarían interesados…: Ucrania ya les está garantizando que ese plan no avanzará, y Rusia no se verá emplazada por sus propios aliados a conceder nada.

Al mismo tiempo que esto ocurría, Zelenski se reunió con Trump, en una última y deprimente situación para la agenda del líder ucraniano en New York. Mientras esperaban las fotografías, con Zelenski al lado, Trump declaró que sabe que Putin -de quien se declaró allí mismo muy amigo- quiere una “solución justa”, y que él, Trump, terminaría con la guerra en “minutos” si ganase la elección. La cara de Zelenski mientras sufría esta nueva humillación quedó registrada por los fotógrafos.
Luego de la reunión, que duró menos de una hora, Zelenski se mostró profesional, dijo que le había enseñado a Trump su “Plan de Victoria”, y que todo iría bien. Aquí la foto -con un comentario sarcástico del periódico alemán Der Spiegel.

“La expresión de horror de Selenskyj ante el juego perverso de Trump”, es el título. En el copete “La helada reunión entre Donald Trump y Zelensky lo demuestra: La química entre los dos hombres no es nada buena. Pero el presidente ucraniano ha tenido su buena dosis de experiencia con la humillación”

La verdad parece ser que en Washington -único y exclusivo lugar, además de Moscú, donde algo real puede ocurrir en materia de esta guerra- a Zelenski ya se lo evita. Ya hay poco que darle y sacarle, y todo el mundo comprende que, sea cual sea el resultado de las elecciones, el futuro estrictamente militar de Ucrania no existe. Pero sí existe la opción de aniquilación total para los fanáticos rusófobos que han lanzado el “proyecto Ucrania” -Victoria Nuland, Robert Kagan, Bill Kristol, Anthony Blinken, Biden cuando estaba en sus cabales, y otros de la misma índole-. Para ellos, una última opción de máxima, que es intentar lograr una provocación a la que Putin -que no parece reaccionar ante ninguna, pese a la presión de sus propios ultranacionalistas y guerreristas internos- reaccione con algún uso de la capacidad nuclear rusa. Quienes piensan que esto es imposible por irracional y estúpido, no conocen la historia humana, y en particular la historia de Europa, especialmente antes de la Primera Guerra Mundial -cuya secuela casi inevitable fue luego también la Segunda Guerra Mundial. 

Si esto por fin ocurriese, incluso aunque terminase rápido y tuviese un alcance limitado, significaría un paso más en el proceso en curso de autodestrucción civilizatoria de Europa y Estados Unidos -además de la destrucción parcial de Rusia-. Algo que, en la mentalidad desesperada de los sectores más fanáticos del globalismo occidental, suena a mejor opción que una lenta, inevitable, trágica y aburrida a la vez victoria rusa. Esta sería demasiado insoportable para toda la visión del presente y el futuro que los neocon y su prensa siguen presentando. Del Washington Post y el New York Times al Guardian, no importa cuan “liberales” se presenten, son todos neocon a la Rumsfeld-Cheney hasta los huesos. Esa visión se resume en una ominosa y casi misteriosa ya frase, que Occidente repite: “Putin no puede ganar“. El correr de las semanas indicará exactamente qué alcance tiene ese mantra, pronunciado por los sujetos que controlan uno de los dos arsenales nucleares más grandes en el planeta.


Posdata: A la hora de cerrar este número, se confirma el asesinato por parte de Israel del líder máximo de Hezbollah, Hassan Nasrallah, luego del lanzamiento de misiles desde aviones F-15 de la Fuerza Aérea Israelí que perforaron el bunker donde se encontraba, en Dahiya, Beirut. Con este golpe, Israel afirma haber destruido a “toda” la dirigencia de Hezbollah.
El evento llega en un momento en que recrudece la violencia de Israel sobre la frontera libanesa, y se anuncia una invasión terrestre.
Estados Unidos ha celebrado oficialmente la muerte de Nasrallah.

Aunque también ha declarado -junto a sus aliados ingleses y europeos- su oposición a la apertura por parte de Israel de un nuevo frente de guerra convencional en Líbano, lo que se presume que podría provocar el involucramiento directo de Irán, y tal vez de otros aliados. Al contrario, llamaron a un cese al fuego inmediato.

Voceros norteamericanos han declarado que Estados Unidos no está en condiciones de iniciar una nueva guerra a un mes de las elecciones y a la vista de las complicaciones de la actual situación en Ucrania.