19.4.20

Coronavirus | Las decisiones imposibles que la pandemia nos está obligando a tomar

Dalia Ventura

Poco en esta crisis es sencillo, ni siquiera las preguntas. La de nuestro título, por ejemplo, esconde realidades que hacen imposible encontrar una respuesta correcta.

El primer instinto de la mayoría es que la vida es lo más importante y, por ende, no hay siquiera razón para considerar otra cosa que no sea tratar de salvar la de todos a toda costa.

Para hacerlo, decidimos poner en riesgo al personal sanitario, sin darle mucho lugar a la duda, aunque sí al agradecimiento.

Y, bajo el postulado de que "la economía se recupera, los muertos, no", en varios lugares se suspendió la primera, con altos niveles de aprobación.

No obstante, al hablar de economía no todos están pensando en las pérdidas en la bolsa, las bajas en los precios del petróleo o del poder adquisitivo de los consumidores.

La economía también está ligada a la vida y la muerte de personas.

Las medidas de aislamiento impuestas en gran parte de los países del mundo auguran una recesión, y las recesiones matan, no a decenas de una vez, de una sola enfermedad, ni como parte de un evento dramático que va siendo reportado a diario, sino que van acortándole la vida a individuos, muchos de los cuales forman parte del mismo grupo vulnerable al coronavirus.

Y en lugares como Latinoamérica, no es un riesgo a futuro: el aislamiento no va a matar a gente por la escasez de recursos que está por venir, sino por la de ya mismo.

Al final, podemos fácilmente terminar sacrificando a unos por otros, o a los mismos, con distintas justificaciones.

Estamos en medio de una situación en la que no hay respuestas correctas, lo único a lo que se puede aspirar es a encontrar la mejor de las opciones, pues la pandemia se ajusta con precisión a la definición real de un dilema.

Dilemas
No estamos hablando de esos "dilemas" que enfrentan las chicas en las comedias románticas, en los que tienen que decidir entre un guapo, inteligente, rico y convencional o un guapo, inteligente, no tan rico y menos convencional.

"Esos no son dilemas; el uso común de 'dilema' le quita seriedad e importancia", nos dijo la doctora en filosofía María Lucía Rivera, profesora del Departamento de Bioética de la Universidad El Bosque de Bogotá, Colombia.

La consultamos porque la pandemia nos ha enfrentado a todos a problemas que suelen quitarle el sueño a quienes se dedican a escudriñar la ética normativa, como ella, pues es parte de la Red de Filósofas de América Latina y de la Red de Bioética de la UNESCO.

¿Será que podemos acudir a los filósofos en busca de respuestas?

No precisamente. La filosofía no nos da respuestas.

"La filosofía se distingue de otro tipo de ciencias en tanto que no busca respuestas prácticas o concretas sino que busca ampliar el campo de reflexión", explicó.

Y es por eso que hay quienes la califican de inútil.

"En algún sentido, en su inutilidad radica su valor. Justamente porque no está orientada a dar soluciones, puede darse el tiempo de pensar con mucha cautela y de manera muy crítica las soluciones que se proponen rápidamente".

La filosofía nos ayuda a pensar, y eso es algo que necesitamos mucho en un momento de profundos dilemas... de los de verdad.

"Un dilema es algo...

inevitable -es decir, en el momento en el que se presenta, es imposible sacarle el cuerpo-.
trágico -no hay dilema sobre cosas buenas-; el dilema siempre se presenta sobre opciones que uno no desearía o que no puede justificar.
moralmente irresoluble -y eso es fundamental, pues a veces confundimos la posibilidad práctica de resolverlo, de tomar una decisión, con el hecho de que se resuelva éticamente- el punto de un dilema es que no se resuelve éticamente, por eso es trágico, difícil y complicado".
Estar conscientes de que estamos lidiando con dilemas nos puede ayudar a entender por qué ninguna solución en esta situación nos deja tranquilos, pero también que cualquier propuesta merece consideración pues no tenemos a mano verdades absolutas.

"Una manera que a mí me parece bella para describir un dilema es 'estar sometido a una decisión imposible'", dice Rivera.

Yuval Noah Harari: Las decisiones que estamos tomando para le darán forma a nuestro mundo en los años venideros
Y al participar en esa toma de decisiones, así sea desde un sillón en tu casa, no sólo hay que pensar en cuál es la mejor opción sino también en qué nos estamos convirtiendo al escogerlas.

Porque se vienen más dilemas, pues el coronavirus no es un hecho, es un acontecimiento.

Acontecimiento
Así como el dilema, el acontecimiento es algo específico para los filósofos y entenderlo nos prepara para lo que viene y nos recuerda que la responsabilidad social y la solidaridad no van dejar de ser necesarias cuando finalmente podamos estar a menos de dos metros de distancia de otro ser humano.

Un acontecimiento se distingue de un hecho porque no admite una sola visión.

"Un acontecimiento es algo que tiene una potencia siempre abierta, que no se reduce, que no se deja atrapar bajo una descripción, bajo una sola mirada.

"Fíjate que lo que pasa con el virus -no el virus como identidad, esa capsulita rellena de ARN, sino el fenómeno-: ningún estudio epidemiológico o estadístico te da la dimensión de lo que está pasando.

"Cada día que va pasando, mientras más cuerpos infecta y más fronteras transgrede, lo entendemos de manera distinta y la forma en la que todos nos aproximamos al fenómeno se expande; nos asustamos por otras razones, tenemos expectativas nuevas...".

"Entonces, es un acontecimiento en el sentido de que es algo que excede nuestras capacidades interpretativas y él mismo va cambiando lo que es y el mundo en el que habita".

Por eso, su potencia transformadora política, social y culturalmente es algo que nos dará para pensar durante muchos años, pues para algunas de las consecuencias de la pandemia tampoco hay vacunas.

Las preguntas seguirán flotando en el aire y permanecerán en las superficies, a pesar del jabón y los desinfectantes...

¿Cómo distinguir entre lo bueno y lo malo en una terrible realidad que no es culpa de nadie? ¿Qué podemos esperar de la sociedad y qué puede la sociedad esperar de nosotros? ¿Cuáles sacrificios deben hacer los otros por nosotros y viceversa?

¿Habrá algo que ofrezca respuestas preparadas de antemano para casos de emergencia como este?

Deontología y utilitarismo
Conscientes o no de ello, las decisiones de algunos líderes, y las nuestras, se alinean con alguno de los sistemas de ideas principales que sustentan conceptos competitivos de lo correcto y lo incorrecto.

Entre las muchas dicotomías filosóficas, hay dos que a primera vista nos podrían guiar: la deontología o el utilitarismo o consecuencialismo.

A grandes rasgos, La primera, del idealista alemán Immanuel Kant, nos dice que existen reglas objetivas e incondicionales -como no matar- que debemos seguir sin importar los resultados en situaciones particulares, mientras que los utilitarios postulan que se debe asegurar el máximo bienestar para el máximo número de personas, lo que significa, en un ejemplo extremo, que los pocos deben ser sacrificados por el bien de muchos.

Pero, por supuesto, como ya habíamos dicho, nada es tan sencillo.

"Como muchas de las teorías de ética normativa comparten un interés de formular principios universales sólidos, algo de lo cual uno se pueda colgar ante la incertidumbre, no importa cuán adverso sea el mundo".

Sin embargo, pronto tropiezas con obstáculos.

¿No matar es lo mismo que dejar morir, algo que podría decirse de la decisión de no darle cuidados intensivos a quienes lo necesiten?

Y si abandonas las altas aspiraciones de los deontólogos y te aferras a los utilitarios, ¿cómo calculas quiénes son los sacrificados por el bien de la mayoría?

"Creo que parte de lo que está pasando con la pandemia es que estamos haciendo cualquier cosa -leer compulsivamente, hacer yoga, masticar hojas de guanábana- que nos dé una idea de que esto tiene orden y sentido".

Pero las fuentes de sentido son múltiples y, como nos dice Rivera, lo que le da sentido al mundo son cosas que siempre deben mantenerse sujetas a revisión.

"Tanto la deontología como el utilitarismo ofrecen cosas maravillosas pero tienen limitaciones".

¡Qué vida!
Pensar que la vida o el bienestar de la mayoría está por encima de todo es muy loable, pero a qué nos referimos al hablar de vida y bienestar: a la mera sobrevivencia o a nuestra forma de vida.

Aunque la suspensión de esta última parezca temporal, muchos temen por su supervivencia después de la cuarentena. No se refieren a la posibilidad de ir de compras etc., sino a esas libertades que valoramos al punto que, para defenderlas, enviamos a jóvenes a arriesgar sus vidas, en guerras o en lugares amenazados por extremistas.

"La libertad ha sido a menudo una de las víctimas de las pandemias"
"El gran drama es que esto nos está poniendo a pensar no sólo en qué vale la pena conservar de lo que había -la vida, la economía, los sistemas políticos, la organización social-, sino que nos plantea una pregunta que es mucho más difícil: qué vale la pena construir".

"Esa requiere imaginación: las decisiones que estamos tomando van a tener impacto profundo".

Esa es una de las razones por las que, aunque sintamos que nuestra opinión no cuenta, reflexionar sobre lo que está pasando es tan importante.

¿Cuál es tu valor social?
Los dilemas como los que se enfrentan tras las puertas de los hospitales, por ejemplo, también se pasean por nuestras calles, y resolverlos, ahora y cuando termine la cuarentena, será obra de todos, así sea por omisión.

Piensa en los protocolos éticos, una herramienta para alivianarle la carga a los profesionales de salud.

"Hemos notado -comenta Rivera- que es muy común que se acuda a una noción muy problemática que es la de 'valor social', que asume que hay personas con más valor social que otras y que tienen prioridades en términos de tratamiento".

¿Y no es así? Ante, por ejemplo, la escasez de ventiladores, ¿no es imperativo tener un criterio claro basado en algo como eso?

"La cosa es que hay una serie de presupuestos complicados que hay que revisar. Toma el escenario aquel de que tienes un anciano de 85 años y a un joven de 20, y escoges al de 20 porque el anciano ya vivió".

Una decisión seguida por un silencio que evidencia el vacío que dejó en el alma.

Ahora piénsala a futuro, bajo la óptica del mundo que queremos construir, y probablemente harás al menos una pausa antes de asumir como regla que es mejor sacrificar a quienes tienen el tesoro de la experiencia.

Uno más complejo
¿Qué pasa si se trata de un profesor de medicina brillante de 65 años de edad que puede educar a mucha gente y una persona joven?

Cualquier respuesta es mala, por más necesaria que sea.

Y, para ponernos entre la espada y la pared, como se pone gente como ella al participar en esas discusiones bioéticas que ahora se han vuelto tan relevantes y urgentes, Rivera nos invita a cualificar también a esa persona joven.

"Piensa, por ejemplo, en una persona de la comunidad indígena que no contribuye al capital financiero, a la productividad de un país. Entonces tienes frente a ti a una mujer indígena y a un profesor universitario. Hay que tener mucho cuidado al hacer ese cálculo de valor social, porque con mucha frecuencia lo que se mide es quien aporta más a la sociedad bajo un criterio muy reduccionista de la humanidad a su capacidad productiva".

"Cuando uno se pone a analizar lo que significa el criterio de valor social como toma de decisiones, se da cuenta de que se nos tienen que disparar las alarmas"

¿Vamos a dejar morir a las personas con discapacidad, a las comunidades originarias o a aquellos con un estilo de vida alternativo? De ser así, ¿qué sociedad estaríamos construyendo y qué seríamos nosotros en esa sociedad? ¿Cuánto valor social tendríamos?

Los interrogantes llueven pero, bajándonos al piso, preguntamos si, realmente, hay alguna manera de evitar que las decisiones se tomen así.

"Para eso es que sirve la teoría. Porque lo que pasa cuando lo cuestionas es que, por ejemplo, Rita Laura Segato, que es una antropóloga maravillosa (profesora de antropología y bioética de la Cátedra UNESCO de la Universidad de Brasilia), escribió muy fuertemente en medio de esas discusiones diciendo: '¡Ojo con esto! No se nos puede pasar por alto que son personas que por el sesgo implícito se piensa que valen menos'".

"Si la apuesta política y la apuesta moral a futuro es construir una sociedad de cuidado, de justicia, humanizada, el criterio no puede ser simplemente la productividad y el capital".

"EE.UU. tiene una tradición individualista... Es posible que allí se tomen las primeras decisiones de profundo calado ético y que dividirán a la humanidad"
Recuerda que partimos del supuesto de que estas decisiones son imposibles de tomar.

"Lo único que uno hace -y esto es muy importante- es recomendar: todos los protocolos son recomendaciones y los comités de bioética no dan órdenes.

"Pero parte de lo que uno está recomendando tiene que ir un poco allá. Y vale la pena dar la pelea para que la gente que está desprotegida cuente. Lo mínimo a lo que debemos aspirar es que esas decisiones no sean fáciles, que no sea tan evidente que se salva siempre al profesor de universidad y no a la indígena".

*Fuente: BBC Mundo

16.4.20

«La primera ley social es aquella que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para existir»

2 de diciembre de 1792, en la Convención

Abordamos aquí una de las apuestas mayores del periodo. La Revolución del 10 de agosto de 1792 había, entre otras cosas, puesto en entredicho la política de la libertad ilimitada del comercio y su medio de aplicación, la ley marcial. Las últimas jacqueries de primavera y del otoño de 1792, acompañadas de «motines de subsistencias» de una amplitud in sólita, demostraban el fracaso de esta política. En relación a este tema, se abrió un importante debate a partir de septiembre y Robespierre intervino en el mismo durante los últimos días. Partiendo del fin de la sociedad que es «mantener los derechos del hombre», definió «el primero de esos derechos» como el derecho a la existencia y a los medios para conservarla: este derecho es una «propiedad común de la sociedad», que debe serle garantizada a sus miembros. Robespierre invierte la prioridad acordada exclusivamente hasta aquí a la propiedad privada de los bienes materiales (aristocracia de los propietarios).
NT.1

Hablar a los representantes del pueblo sobre los medios de subvenir a su subsistencia, no es solamente hablarles del más sagrado de sus deberes, sino del más precioso de sus intereses. Puesto que, sin duda, ellos se confunden con el pueblo.

No quiero defender solamente la causa de los ciudadanos indigentes, sino la de los propios propietarios y comerciantes.

Me limitaré a recordar principios evidentes pero que parecen olvidados. Indicaré únicamente medidas simples que ya han sido propuestas, puesto que se trata de retornar a las primeras nociones del buen sentido, más que de crear brillantes teorías.

En todo país en que la naturaleza abastece con prodigalidad las necesidades de los hombres, la escasez sólo puede ser imputada a los vicios de la administración o de las propias leyes. Las malas leyes y la mala administración tienen su fuente en los falsos principios y en las malas costumbres.

Es un hecho generalmente reconocido que el suelo de Francia produce mucho más de lo que es preciso para alimentar a sus habitantes, y la escasez actual es una hambruna artificial. La consecuencia de este hecho y del principio antes establecido quizás pueda ser molesta, pero no es el momento de halagarnos. Ciudadanos, os está reservada a vosotros la gloria de hacer triunfar los principios verdaderos y de dar leyes justas al mundo. No estáis hechos para arrastraros servilmente por el camino trillado de los prejuicios tiránicos, trazado por vuestros antecesores. O mejor dicho, vosotros comenzáis un nuevo curso en el que nadie os ha antecedido. Debéis someter por lo menos a un examen severo todas las leyes hechas bajo el despotismo real, y bajo los auspicios de la aristocracia nobiliaria, eclesiástica o burguesa y hasta aquí no existen otras leyes. La autoridad más importante que se nos cita es la de un ministro de Luis XVI, combatida por otro ministro del mismo tirano. NT.2 He visto nacer la legislación de la Asamblea constituyente sobre el comercio de granos. Era la misma que la del tiempo que le precedía. No ha cambiado hasta ahora porque los intereses y los prejuicios que la sustentaban tampoco han cambiado. He visto, durante el tiempo de dicha Asamblea, los mismos acontecimientos que se renuevan en esta época. He visto a la aristocracia acusar al pueblo. He visto a los intrigantes hipócritas imputar sus propios crímenes a los defensores de la libertad, a los que llamaban agitadores y anarquistas. He visto a un ministro impúdico de cuya virtud estaba prohibido dudar, exigir adorar a Francia, mientras la arruinaba, y surgir a la tiranía del seno de esas criminales intrigas, armada con la ley marcial, para bañarse legalmente en la sangre de los ciudadanos hambrientos. Millones para el ministro al que estaba prohibido pedir cuentas, primas que se convertían en provecho para las sanguijuelas del pueblo, la libertad indefinida de comercio, y bayonetas para calmar la alarma o para oprimir el hambre. Tal fue la política alabada por nuestros primeros legisladores.

Las primas pueden ser discutidas. La libertad del comercio es necesaria hasta el límite en que la codicia homicida empieza a abusar de ella. El uso de las bayonetas es una atrocidad. El sistema es esencialmente incompleto porque no añade nada al verdadero principio.

Lo errores en que se ha caído a este respecto provienen, en mi opinión, de dos causas principales.

1ª Los autores de la teoría no han considerado los artículos de primera necesidad más que como una mercancía ordinaria, y no han establecido diferencia alguna entre el comercio del trigo, por ejemplo, y el del añil. Han disertado más sobre el comercio de granos que sobre la subsistencia del pueblo. Y al omitir este dato en sus cálculos, han hecho una falsa aplicación de principios evidentes para la mayoría; esta mezcla de verdades y falsedades ha dado un aspecto engañoso a un sistema erróneo.

2ª Y aún menos lo han adaptado a las circunstancias tempestuosas que comportan las revoluciones. En su vaga teoría, aunque fuera buena para los tiempos ordinarios, no se encontraría ninguna aplicación ante las medidas urgentes que los momentos de crisis pueden exigir de nosotros. Ellos se han preocupado mucho de los beneficios de los negociantes y de los propietarios y casi nada de la vida de los hombres. ¡Y por qué! Porque eran los grandes, los ministros, los ricos quienes escribían, quienes gobernaban. ¡Si hubiera sido el pueblo, es probable que este sistema hubiera sido modificado!

El sentido común, por ejemplo, indica que la afirmación de que los artículos que no son de primera necesidad para la vida pueden ser abandonados a las especulaciones más ilimitadas del comerciante. La escasez momentánea que pueda sobrevenir siempre es un inconveniente soportable. Es suficiente que, en general, la libertad indefinida de ese negocio redunde en el mayor beneficio del estado y de los individuos. Pero la vida de los hombres no puede ser sometida a la misma suerte. No es indispensable que yo pueda comprar tejidos brillantes, pero es preciso que sea bastante rico para comprar pan, para mí y para mis hijos. El comerciante puede guardar, en sus almacenes, las mercancías que el lujo y la vanidad codician, hasta que encuentre el momento de venderlas al precio más alto posible. Pero ningún hombre tiene el derecho a amontonar el trigo al lado de su semejante que muere de hambre.

¿Cuál es el primer objetivo de la sociedad? Es mantener los derechos imprescriptibles del hombre. ¿Cuál es el primero de estos derechos? El derecho a la existencia.

La primera ley social es pues la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir. Todos los demás están subordinados a este. La propiedad no ha sido instituida o garantizada para otra cosa que para cimentarlo. Se tienen propiedades, en primer lugar, para vivir. No es cierto que la propiedad pueda oponerse jamás a la subsistencia de los hombres.

Los alimentos necesarios para el hombre son tan sagrados como la propia vida. Todo cuanto resulte indispensable para conservarla es propiedad común de la sociedad entera; tan sólo el excedente puede ser propiedad individual, y puede ser abandonado a la industria de los comerciantes. Toda especulación mercantil que hago a expensas de la vida de mi semejante no es tráfico, es bandidaje y fratricidio.

Según este principio, ¿cuál es el problema que hay que resolver en materia de legislación sobre las subsistencias? Pues es este: asegurar a todos los miembros de la sociedad el disfrute de la parte de los productos de la tierra que es necesaria para su existencia; a los propietarios o cultivadores el precio de su industria, y librar lo superfluo a la libertad de comercio.

Desafío al más escrupuloso defensor de la propiedad a contradecir estos principios, a menos que declare abiertamente que entiende por esa palabra el derecho a despojar y asesinar a sus semejantes. ¿Cómo, pues, se ha podido pretender que toda especie de molestia, o mejor dicho, que toda regla sobre la venta del trigo era un atentado a la propiedad, o disfrazar este sistema bárbaro bajo el nombre falsamente engañoso de libertad de comercio? ¿Los autores de este sistema no se percatan de que se contradicen a sí mismos necesariamente?

¿Por qué os veis forzados a aprobar la prohibición de la exportación de granos al extranjero cada vez que la abundancia no está asegurada en el interior? Fijáis vosotros mismos el precio del pan, ¿Fijáis el de las especies, o el de las brillantes producciones de la India? ¿Cuál es la causa de todas esas excepciones, sino la evidencia misma de los principios que acabo de desarrollar? ¿Qué digo? El gobierno incluso somete a veces el propio comercio de objetos de lujo a modificaciones que la sana política aconseja. ¿Por qué aquello que interesa a la subsistencia del pueblo habría de estar necesariamente exento de limitaciones?

Sin duda si todos los hombres fueran justos y virtuosos; si jamás la codicia estuviera tentada a devorar la substancia del pueblo; si dóciles a la voz de la razón y de la naturaleza, todos los ricos se considerasen los ecónomos de la sociedad, o los hermanos del pobre, no se podría reconocer otra ley que la libertad más ilimitada. Pero si es cierto que la avaricia puede especular con la miseria, y la tiranía misma puede hacerlo con el desespero del pueblo; si es cierto que todas estas pasiones declaran la guerra a la humanidad sufriente, ¿por qué no deben reprimir las leyes estos abusos? ¿Por qué no deben las leyes detener la mano homicida del monopolista, del mismo modo que lo hacen con el asesino ordinario? ¿Por qué no deben ocuparse de la existencia del pueblo, tras haberse ocupado durante tanto tiempo de los gozos de los grandes, y de la potencia de los déspotas?

Pero, ¿cuáles son los medios para reprimir estos abusos? Se pretende que son impracticables. Yo sostengo que son tan simples como infalibles. Se pretende que plantean un problema insoluble, incluso para un genio. Yo sostengo que no presentan ninguna dificultad al menos para el buen sentido y para la buena fe. Sostengo que no hieren ni el interés del comercio, ni los derechos de propiedad. Que la circulación a lo largo de toda la extensión de la república sea protegida, pero tomemos las precauciones necesarias para que la circulación tenga lugar. Precisamente me quejo de una falta de circulación. Pues el azote del pueblo, la fuente de la escasez, son los obstáculos puestos a la circulación, con el pretexto de hacerla ilimitada. ¿Circulan las subsistencias públicas cuando los ávidos especuladores las retienen amontonadas en sus graneros? ¿Circulan cuando se acumulan en las manos de un pequeño número de millonarios que las sustraen al comercio, para hacerlas más preciosas y más raras; que calculan fríamente cuántas familias deben perecer antes de que el alimento haya esperado el tiempo fijado por su atroz avaricia? ¿Circulan cuando no hacen sino atravesar las comarcas en que han sido producidas, ante los ojos de los ciudadanos indigentes sometidos al suplicio de Tántalo, para ser engullidas en algún desconocido pozo sin fondo de algún empresario de la escasez pública? ¿Circulan cuando al lado de las más abundantes cosechas languidece el ciudadano necesitado, a falta de poder entregar una pieza de oro, o un trozo de papel suficientemente precioso como para obtener una parcela?

La circulación es lo que pone los artículos de primera necesidad al alcance de todos los hombres y que lleva la abundancia y la vida a las cabañas. ¿Acaso circula la sangre cuando está obstruida en el cerebro o en el pecho? Circula cuando fluye libremente por todo el cuerpo. Las subsistencias son la sangre del pueblo, y su libre circulación no es menos necesaria para la salud del cuerpo social, que la de la sangre para el cuerpo humano. Favoreced pues la libre circulación de granos, impidiendo todas las obstrucciones funestas. ¿Cuál es el medio para conseguir este objetivo? Sustraer a la codicia el interés y la facilidad de crear estas obstrucciones. Ahora bien, tres causas las favorecen: el secreto, la libertad desenfrenada y la certeza de la impunidad.

El secreto, ya que cualquiera puede esconder la cantidad de subsistencias públicas de que priva a la sociedad entera, ya que cualquiera puede hacerlas desaparecer fraudulentamente y transportarlas, sea a países extranjeros, sea a almacenes del interior. Ahora bien, se proponen dos medios simples: el primero es tomar todas las precauciones para comprobar la cantidad de grano que ha producido cada región, y la que cada propietario o cultivador ha cosechado. El segundo consiste en forzar a los comerciantes de grano a venderlo en el mercado y en prohibir todo transporte de mercancías por la no che. No es la posibilidad ni la utilidad de esas precauciones lo que hay que probar, puesto que están todas fuera de discusión. ¿Es legítimo hacer esto? Pero, ¿cómo se pueden entender como un atentado a la propiedad unas reglas de policía general, ordenadas por el interés general de la sociedad? ¿Qué buen ciudadano puede quejarse de ser obligado a actuar con lealtad y a la luz del día? ¿Quién precisa de las tinieblas si no son los conspiradores y los bribones? Por otra parte, ¿no os he probado que la sociedad tenía el derecho de reclamar la porción necesaria para la subsistencia de sus ciudadanos? ¿Qué digo? Es el más sagrado de los deberes. ¿Cómo pueden ser injustas las leyes necesarias para asegurarla?

He dicho que las otras causas de las operaciones desastrosas del monopolio eran la libertad indefinida y la impunidad. ¿Qué otro medio sería más seguro para animar la codicia y para desprenderla de todo tipo de freno, que aceptar como principio que la ley no tiene el derecho de vigilarla, de imponerle las más mínimas trabas? ¿Que la única regla que se le prescriba sea la poder osarlo todo impunemente? ¿Qué digo? El grado de perfección al que ha llegado esta teoría es tal que casi está establecido que los acaparadores son intachables; que los monopolistas son los benefactores de la humanidad; que en las querellas que surgen entre ellos y el pueblo, siempre se equivoca el pueblo. O bien el crimen del monopolio es imposible o bien es real. Si es una quimera, ¿cómo puede ser que siempre se haya creído en esa quimera? ¿Por qué hemos experimentado sus estragos desde el inicio de nuestra revolución? ¿Por qué informes libres de toda sospecha y hechos incontestables nos denuncian sus culpables maniobras? ¿Si es real, por qué extraño privilegio sólo él obtiene el derecho a estar protegido? ¿Qué límites pondrían a sus atentados los vampiros despiadados que especulasen con la miseria pública, si a toda especie de reclamación se opusieran siempre las bayonetas y la orden absoluta de creer en la pureza y la bondad de todos los acaparadores? La libertad indefinida no es otra cosa que la excusa, la salvaguardia y la causa de este abuso. ¿Cómo puede considerarse entonces su remedio? ¿De que nos quejamos? Precisamente de los males que ha producido el sistema actual, o al menos de los males que no ha podido prevenir. ¿Y qué remedio se nos propone? El mismo sistema. Yo os denuncio a los enemigos del pueblo y me respondéis: dejadlos hacer. NT.3 En este sistema todo está contra la sociedad. Todo está a favor de los comerciantes de granos.

Es aquí donde se hace necesaria toda vuestra sabiduría y circunspección, legisladores. Un tema de este estilo siempre es difícil de tratar. Es peligroso redoblar las alarmas del pueblo, y dar a en tender que se autoriza su descontento. Aún más peligroso es callar la verdad y disimular los principios. Pero si queréis seguirlos, todos los inconvenientes desaparecen. Sólo los principios pueden agotar la fuente del mal.

Sé bien que cuando se examinan las circunstancias de un determinado motín, provocado por la escasez real o ficticia del trigo, suele señalarse muchas veces la influencia de causas extrañas. La ambición y la intriga tienen necesidad de provocar disturbios. Algunas veces son estos mismos hombres los que excitan al pueblo para encontrar el pretexto de degollarlo, y para hacer terrible la libertad ante los ojos de los hombres débiles y egoístas. Pero no es menos verdadero que el pueblo es naturalmente recto y apacible. Siempre está guiado por una intención pura. Los malvados no pueden alborotarlo a menos que le presenten un motivo poderoso y legítimo ante su vista. Ellos aprovechan su descontento, no lo crean. Y cuando lo inducen a cometer excesos so pretexto del abastecimiento, es porque está predispuesto por la opresión y por la miseria. Jamás un pueblo feliz fue un pueblo turbulento. Quien conozca a los hombres, quien conoce sobre todo al pueblo francés, sabe que no es posible para un insensato o para un mal ciudadano sublevarlo sin razón contra las leyes que ama y aún menos contra los mandatarios que ha elegido y contra la libertad que ha conquistado. Es tarea de sus representantes devolverle la confianza que él mismo les ha otorgado y desconcertar la malevolencia aristocrática, satisfaciendo sus necesidades y calmando sus alarmas.

Las propias alarmas de los ciudadanos deben ser respetadas. ¿Cómo calmarlas si permanecéis inactivos? Si las medidas que os proponemos no fueran tan necesarias como pensamos, bastaría que él las desease, es suficiente que éstas probaran ante sus ojos vuestra adhesión a sus intereses, para determinaros a adoptarlas. Ya he indicado cuál era la naturaleza y el espíritu de estas leyes. Me contentaré aquí con exigir la prioridad para los proyectos de decreto que proponen precauciones contra el monopolio, reservándome el derecho de proponer modificaciones, si es adoptada. Ya he probado que estas medidas y los principios sobre los que se fundan eran necesarias para el pueblo. Voy a probar que son útiles para los ricos y todos los propietarios.

No quiero arrebatarles ningún beneficio honesto, ninguna propiedad legítima. Sólo les quito el derecho de atentar contra el de otro. No destruyo el comercio sino el bandidaje del monopolista. Sólo les condeno a la pena de dejar vivir a sus semejantes. Sin embargo, nada podría serles más ventajoso. El mayor servicio que el legislador puede rendir a los hombres es el de forzarlos a ser gen te honesta. El mayor interés del hombre no es amasar tesoros y la más dulce propiedad no es devorar la subsistencia de cien familias infortunadas. El placer de aliviar a sus semejantes y la gloria de servir a su patria, bien valen esta deplorable ventaja. ¿Para qué les sirve a los especuladores más ávidos la libertad indefinida de su odioso tráfico? Para ser oprimidos u opresores. Este último destino, sobre todo, es horroroso. Ricos egoístas, sabed prever y prevenir por adelantado los resultados terribles de la lucha del orgullo y de las cobardes pasiones contra la justicia y la humanidad. Que el ejemplo de los nobles y de los reyes os instruya. Aprended a disfrutar de los encantos de la igualdad y de las delicias de la virtud. O, al menos, contentaos con las ventajas que la fortuna os da, y dejadle al pueblo pan, trabajo y sus costumbres. Se agitan en vano los enemigos de la libertad, para desgarrar el seno de su patria. Ellos no pararán el curso de la razón humana, como no pueden parar el curso del sol. La cobardía no triunfará sobre el valor. Es propio de la intriga huir ante la libertad. Y vosotros, legisladores, ¿os acordáis de que no sois los representantes de una casta privilegiada sino los del pueblo francés? No olvidéis que la fuente del orden es la justicia. Que la garantía más segura de la tranquilidad pública es la felicidad de los ciudadanos, y que las largas convulsiones que desgarran los estados no son otra cosa que el combate de los prejuicios contra los principios, del egoísmo contra el interés general, del orgullo y de las pasiones de los hombres poderosos contra los derechos y contra las necesidades de los más débiles.

El 8 de diciembre, la Convención, siguiendo a la Gironda, prorrogaba la política de libertad ilimitada del comercio, de defensa de los propietarios y de la ley marcial: en consecuencia, los motines de subsistencias prosiguieron. Esta fue una de las causas que condujeron a la Revolución de los días 31 de mayo a 2 de junio de 1793. El 24 de junio, la ley marcial fue por fin abrogada, después, el 4 de septiembre la libertad ilimitada de comercio dejó sitio a la política del Maximum general.

Notas:
  • 1. La oposición entre «economía política tiránica» y «economía política popular» ha sido expresada por Rousseau en «Economía Política», artículo de l’Enciclopédie, aparecido en 1755. Robespierre conocía bien también la crítica de la economía política de Turgot hecha por Mably, Du commerce des grains, escrito en 1775, publicación póstuma, París, 1790. Sobre la crítica de la economía política en el siglo XVIII ver F. Gauthier, GR. Ikni (ed.) La Guerre du blé au XVIIIè siècle, París, Éditions de la Passion, 1988.
  • 2. Se trata del ministro Turgot, cuya experiencia de libertad ilimitada del comercio de granos, acompañada por vez primera por la ley marcial, produjo la guerra de las harinas de 1775. La acción de Turgot fue criticada por Necker que le sucedió de 1777 a 1781, antes de que fuera vuelto a llamar en 1788. Ver la intervención de Robespierre contra la ley marcial, el 21 de octubre de 1789, en este mismo volumen.
  • 3. Laissez faire, laissez passer (dejad hacer, dejad pasar) era consigna de los fisiócratas. O sea de la economía política a la que Robespierre opondrá la economía popular. Esa mención al «dejar hacer» adquiere en este texto un tinte muy cargado.
(1758-1794), fue uno de los más prominentes líderes de la Revolución francesa, diputado, presidente de la Convención Nacional en dos oportunidades, jefe indiscutible de la facción más radical de los jacobinos y miembro del Comité de Salvación Pública.

Fuente:
Robespierre, Maximilien (2005) Por la felicidad y la libertad, Discursos. Bosc, Yannick,; Gauthier, Florence; Wahnich, Sophie (eds), El Viejo Topo, Barcelona

12.4.20

Estados Unidos en Venezuela y Cuba, criminal de lesa humanidad

Zósimo Camacho

Cada vez menos le importa a Estados Unidos maquillarse del sheriff del mundo. Hasta la década de 1990 buscó justificar precariamente sus intervenciones militares, sus guerras económicas, sus asesinatos selectivos, como resultado de una defensa del derecho internacional, la libertad y los derechos humanos. Siempre supimos que lo que buscaba era sacar ventaja, saquear, imponer gobiernos títeres y proteger a su oligarquía, esa que como ninguna otra cree que son suyos los recursos estén donde estén: África, Asia, América Latina…


Siempre fue condenable ese proceder. Pero entonces no se pensaba que podría ser peor. Ahora ya no hay formas que guardar. Y no le importa justificar su de por sí inaceptable papel de sheriff mundial. Abiertamente asume el de la banda que asalta, que actúa por encima de la ley y que se sabe impune porque tiene una capacidad de fuego mayor que cualquiera que le quisiera hacer frente. A nadie ya sorprenden sus bravatas cotidianas y su disposición a violar las leyes internacionales con desparpajo.

En plena emergencia mundial, cuando el planeta vive el mayor reto sanitario desde 1918, profundiza su asfixia económica contra Venezuela, Cuba e Irán. Lejos de la solidaridad que debería imperar entre la humanidad en estos momentos, la pandemia es usada por Estados Unidos como un arma más –oportuna– en sus guerras. Sin detenernos en las particularidades de estos tres países, lo que en realidad los hace enemigos de la Casa Blanca es que no se someten a los intereses estadunidenses y mantienen políticas económicas independientes e incluso contrarias a las de Washington.

Ya son clásicas las violentas monarquías árabes como ejemplos de países violadores de derechos humanos que cuentan con el favor de Estados Unidos. Y que, como sus aliadas, las sostiene, las protege. Con ello se viene abajo cualquier discurso que intente justificar las agresiones estadunidenses en cualquier parte del mundo bajo una supuesta protección de los derechos humanos o en nombre de la libertad.

El caso que más preocupa en estos momentos es el de Venezuela. A los frentes político y económico, Estados Unidos ha agregado –sin atenuantes– el militar. La urgencia de hacerse del petróleo de ese país es proporcional a los recursos invertidos en la consecución de ese propósito. Y no se trata sólo del financiamiento del circo del “presidente interino”, Juan Guaidó, personaje impresentable tan sólo por ser ariete de una potencia extranjera y promotor de la intervención en su propio país. Ahora ya hay movilización de tropas que cercan por mar y tierra a la nación gobernada legal y legítimamente por Nicolás Maduro.

El gobierno de Donald Trump vio en la pandemia de Covid-19, provocada por el virus SARS-cov-2, una oportunidad para asestar un manotazo militar definitivo contra el proyecto de la Revolución Bolivariana. Primero su Departamento de Justicia acusó por “narcotráfico” al presidente Nicolás Maduro. No importa la ausencia de pruebas ni la fragilidad de sus conjeturas. Después vino el inicio de una “operación antinarcóticos ampliada” con el envío de tropas al mar Caribe y al Pacífico oriental. Es decir, un cerco claro contra Venezuela.

De hecho, la declaración del asesor de Seguridad Nacional de la Presidencia estadunidense, Robert O’Brien, declaró sin ambages que lo que se busca es “reducir el soporte financiero para el narcotráfico que provee al régimen corrupto de Maduro en Venezuela y a otros actores perniciosos de los fondos necesarios para realizar sus actividades malignas”.

Luego se sumaron otras declaraciones para señalar que los militares estadunidenses también podrían actuar en Venezuela para “proteger” a la población ante una inminente mala respuesta del gobierno de Maduro frente a la pandemia. Como si el desastre en este terreno no fuera Estados Unidos, convertido en el mayor brote mundial con, al momento de redactar esta entrega, más de medio millón de infectados y 20 mil muertos. Venezuela, con una reacción oportuna y el apoyo cubano, a pesar de la escasez de recursos, registra menos de 200 casos y 12 muertes.

Estados Unidos ve la oportunidad de conseguir el asalto al que le ha invertido dinero durante años. Le urgen los recursos venezolanos. Y en su evaluación geopolítica, asume que el mundo estará muy ocupado atendiendo la pandemia. Y los gobiernos latinoamericanos estarán urgidos de recursos para paliar sus bancarrotas. Bastará con prometer algunas migajas a Brasil, Colombia, Uruguay y Perú para que “acepten” la agresión militar en Venezuela y la propuesta de “transición a la democracia” (faltaba más) en ese país.

En el horizonte latinoamericano, más crímenes de lesa humanidad. El criminal se pasea sin que nada le haga frente. Que de esta emergencia humanitaria salga la solidaridad suficiente para detener una agresión que parece inminente.

11.4.20

Neoliberalismo, el saldo del desastre

Pablo Gómez 

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El neoliberalismo no es una teoría ni una ideología sino un programa político de contenido social y económico. Es un proyecto para lograr un capitalismo más puro sin que la burguesía tenga que pagar tasas fiscales para financiar las rémoras del sistema.

Para ser neoliberal se requiere una doctrina, un conocimiento, una forma de analizar la realidad y un lugar desde donde ver, cierto, pero el neoliberalismo no busca otra cosa que capitalismo, el original, por decirlo de esa manera. Se quiere volver al pasado. Mas que conservadores, los neoliberales son reaccionarios.

Esa gran corriente internacional no busca eliminar al Estado, claro está, pero ni siquiera quitarle autoridad sino gasto social, lo que es otra cosa complemente diferente. Aún más, el neoliberalismo tiende a un Estado autoritario como forma de disciplinar a los trabajadores y pequeños propietarios, es decir, a todos los demás.

En el mundo, el neoliberalismo avanzó con rapidez ante la caída de los regímenes de socialismo de Estado y de la crisis del Estado social en los países capitalistas. En el llamado Tercer Mundo, los neoliberales se colgaron del desastre de la deuda, las recesiones, las inflaciones y otras muchas calamidades que ellos, en su mayoría, habían gestionado, como fue el célebre Fobaproa, cuyos intereses se siguen pagando a los bancos, mes tras mes, luego de 25 años.

Cancelado en la Constitución mexicana el derecho a la tierra y permitida la privatización legal de ejidos y comunidades, el combate se trasladó a las pensiones, la educación, la salud y la energía, las cuales también deben ser privadas, según el canon neoliberal. En México, esas grandes esferas han estado bajo un fuego cruzado entre quienes buscan su privatización y los que defienden su socialización.

El 1º. de mayo de 1992 (día internacional de los trabajadores) nació el llamado Sistema de Ahorro para el Retiro que privatiza la administración de los fondos de pensión y elimina el sistema solidario. Se condenó a millones a jubilarse para empobrecerse.

También cundió en el Estado mexicano la idea de que éste no debería “impartir” obligatoriamente educación superior. Así quedó en 1993 el nuevo texto en la Constitución, el cual sólo hablaba de “promover y alentar” ese nivel educativo, para dar entrada al cobro generalizado y amplio de colegiaturas.

Ante la imposibilidad de crear universidades privadas rentables, los neoliberales buscaban llevar a las instituciones públicas a operar dentro de un sistema restringido a quienes pudieran pagar y a becarios de escasos recursos y altos promedios. Las colegiaturas universitarias fueron derrotadas por el movimiento estudiantil de 1986-87 y, después, por la prolongada huelga de la UNAM de 1999-2000. Sin embargo, el gobierno respondió con una disminución del ritmo de crecimiento real de la educación superior pública, la cual era considerada como de imposible financiamiento en su totalidad por parte del Estado.

El turno le llegó también a los servicios de salud cuando en la primera Presidencia panista se creó el Seguro Popular como vía de canalizar recursos a los estados que se hacían cargo de las unidades médicas con un sistema de aseguración de tipo privado y cuotas familiares. El planteamiento neoliberal era que el sistema de gastos médicos privados podía funcionar en el campo de la medicina pública. Los resultados fueron muy malos, incluyendo la reducción en términos reales de la capacidad del Estado de prestar atención médica.

Pero la intervención neoliberal en la medicina fue más lejos. Los hospitales debían en alguna medida contratar servicios médicos con empresas privadas y, además, hacer subrogaciones, como aquellas realizadas en masa por el IMSS para el servicio de “guarderías infantiles”. La venta al Estado de medicamentos e insumos quedó en manos de unos cuantos comerciantes quienes imponían sus precios.

No estaba permitido a las empresas privadas la distribución de energía eléctrica, pero el gobierno autorizó a productores privados que se instalaran para vender fluido a la Comisión Federal de Electricidad, la cual se encarga de distribuirlo prácticamente por cuenta de aquellos. Así fue como se profundizó la privatización de esta rama estratégica y la ruina del organismo público.

El último presidente panista intentó una reforma petrolera para entregar en concesión los nuevos yacimientos de crudo y gas del Golfo de México. Durante meses, el Congreso discutió nuevas leyes sin que al final hubiera una clara victoria de nadie. El presidente priista que llegó al relevo, puesto de acuerdo con el PAN, logró la reforma de la Constitución para la privatización de la industria petrolera, sueño dorado de los neoliberales.

El saldo de las principales reformas del neoliberalismo difícilmente podría ser más deficitario. Todo está en crisis o a punto de estarlo.

El sistema de retiro no será capaz de otorgar una pensión mayor al 70% del salario que hoy recibe cada trabajador y trabajadora; muchas y muchos no alcanzarán siquiera un salario mínimo y tendrá que haber subsidio público. La jubilación ya no será un descanso y una recreación después de una vida de trabajo sino el momento de una aguda depauperación de los trabajadores de México.

La educación superior no abarca más del 30% de los jóvenes y, por tanto, sigue estancada, por lo que hay muchos miles de rechazados cada año, legiones de jóvenes hacia el resentimiento social.

El sistema de salud tiene que ser reconstruido en sus bases organizativas y en muchas de sus unidades médicas. Lograr una medicina universal tardará todavía unos diez años.

Los concesionarios de petróleo y gas no han hecho las inversiones a las que se comprometieron y ahora será peor por la baja del precio del crudo; mientras, Pemex ha sido saqueada y arruinada, por lo cual durante un tiempo será una carga sobre las finanzas públicas. La CFE, por otro lado, tiene que recuperar su función de organismo productivo rector de la industria eléctrica.

El neoliberalismo mexicano hizo muchas promesas al país, pero no cumplió ninguna como no fuera despojar, entregar, desmantelar, arruinar.

Mas, a diferencia de otros países, los gobernantes neoliberales en México han sido unos corruptos que robaron y desfalcaron lo que pudieron, convirtiendo en negocio la función pública.

Después de 40 años, México tiene una sociedad más desigual y con mayor número de personas en pobreza y en pobreza extrema. A esto se le puede llamar el saldo del desastre neoliberal.

El país en su mayoría ha dicho no más; ahora faltaría que pudiera decir nunca más.

8.4.20

Pandemia: 16 millones de indígenas en vulnerabilidad absoluta

Zósimo Camacho

Hambre, desnutrición crónica y precaria infraestructura médica, la constante en las geografías de los pueblos originarios. No cuentan siquiera con información clara de la llegada de la enfermedad Covid-19. En el horizonte indígena podrían ocurrir los mayores estragos de la pandemia y la crisis económica


La Montaña de Guerrero es la región más depauperada del país y del Continente. Es netamente indígena, mayoritariamente monolingüe. A 550 mil na’saavi, me’phaa y nahuas de 19 municipios se les viene la pandemia encima. En toda la región hay sólo un hospital de segundo nivel con 30 camas –ya saturadas por mujeres en labores de parto y por pacientes con enfermedades crónico-degenerativas– y tres respiradores mecánicos, de los cuales sólo uno funciona.

Es la artillería hospitalaria con la que la Montaña espera el paso de la pandemia de Covid-19, causada por el virus SARS-CoV-2, la mayor emergencia sanitaria mundial en más de 100 años.
“Viene una ola gigante y nuestro sistema de salud está desmantelado, obsoleto, sin personal médico suficiente”, advierte el antropólogo Abel Barrera Hernández desde Tlapa de Comonfort, el corazón de la Montaña, la única ciudad de la región que cuenta con 70 mil habitantes.

Pobres entre los pobres, el panorama es similar en la mayoría de las geografías indígenas del país, que según estimaciones del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) suman 16 millones de personas. En localidades remotas no hay siquiera conciencia de lo que les llegará en las próximas semanas y meses. Y es que para ellos no hay ni mensajes informativos en su lengua.

“En este abismo de la desigualdad de nuestro país, estamos en el sótano de la miseria”, señala Barrera Hernández, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. La pandemia viene a complicar “un laberinto donde de por sí parece que no hay salida, no hay forma de solucionar el problema del hambre”.

Carlos González, concejal nahua del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) e integrante de la Comisión de Coordinación del Congreso Nacional Indígena (CNI), coincide: “Los pueblos indígenas son los más vulnerables en cuanto a infraestructura clínica hospitalaria y en cuanto a la atención médica en general. Hay mucha desnutrición y muchos rezagos”.

La respuesta indígena organizada

Abogado especialista en derecho agrario, González señala que la amenaza de la enfermedad Covid-19 ha activado las alertas entre los pueblos indígenas del CNI, toda vez que golpea con más severidad a los viejos.

“En la sociedad [mexicana], pero marcadamente en los pueblos indígenas, los ancianos y las ancianas juegan un rol fundamental, vital, para la pervivencia de las comunidades y su reproducción. Es una preocupación muy seria”, explica.

Por ello, por ejemplo, el pueblo wirrárika (o huichol) de San Andrés Cohamiata, Tatei Kie, decidió suspender el ritual de Semana Santa, es decir, las celebraciones más importantes del ciclo anual de la comunidad.

La tribu yaqui, por su parte, considera no cancelar el ritual –también fundamental para su cultura– pero sí cerrar su territorio y no permitir el ingreso de los yoris (mestizos) a sus comunidades. Misma medida se está aplicando ya en algunas otras geografías indígenas como las del Istmo y los Valles Centrales de Oaxaca, y en algunas comunidades mayas de Yucatán.

Otro caso que se destaca es el de las comunidades guerrerenses del Concejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata (Cipog-EZ), del Frente Nacional de Liberación del Pueblo (FNLP) y de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), que de manera conjunta han ordenado un repliegue externo y un despliegue interno para enfrentar la pandemia y tomar el control del territorio.

Se trata de cientos de comunidades na’saavi (o mixtecas), me’phaa (o tlapanecas), ñamnkue (o amuzgas), nahuas, afromexicanas y mestizas que se declaran alertas y anuncian que no darán tregua a los oportunistas que quieran sacar ventaja de la emergencia.

En un documento emitido de manera conjunta, las tres organizaciones se reivindican integrantes del CNI y del CIG y denuncian “la falta de presupuesto de salud” en las regiones de Montaña, Costa Chica, Costa Grande y Tierra Caliente.

Para Carlos González, con todo y la pobreza y el despojo, las comunidades indígenas organizadas y en rebeldía podrán generar algún tipo de defensa en sus geografías, gracias a su propia vida comunitaria.

La capacidad de respuesta será distinta conforme el grado de organización, la orografía y el contexto social de la región donde se encuentran las comunidades. No será lo mismo, por ejemplo, en la Sierra Tarahumara que las Cañadas tsotsiles zapatistas.

Algunas comunidades podrán organizarse para que el contagio sea lento y podrán incluso hacer frente a la crisis económica con sus propios medios y recursos.

“Hay comunidades que resisten en condiciones muy difíciles, muy precarias, en sus regiones porque han sido desplazadas por el desarrollo urbano, industrial, la contaminación. Y hay otras comunidades, regiones, donde todavía hay buena cantidad de medios y hay una armonía con la Madre Tierra mucho mayor”, explica Carlos González.

El CNI prevé, por ello, que la peor situación para los indígenas se presentará, paradójicamente, en las ciudades, donde se encuentran los migrantes en trabajos precarios y sin ningún tipo de apoyo. Lejos de su comunidad, los indígenas son más vulnerables.

Es el caso de la comunidad ñäñho (u otomí) originaria de Santiago Mexquititlán, Querétaro, que se encuentra en la Ciudad de México. Ya le han prohibido vender en las calles y no tiene acceso a alimentos, agua ni un lugar donde pernoctar. El propio CNI está realizando una colecta para apoyar a estas familias.

El activista y asesor de la comunidad, Diego García, señala que son 130 familias otomíes las que se encuentran en precariedad en la capital de República. Esta situación se agudizó luego del terremoto de 2017, cuando tuvieron que desalojar los edificios que ocupaban. Durante más de 18 meses, estas familias pernoctaron a las afueras dichos inmuebles, sin las condiciones mínimas de habitabilidad, salud, seguridad, trabajo y alimentación. El Programa de Reconstrucción de la Ciudad de México no las contempló.

Peor aún, a los inmuebles les salieron “dueños” y el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo ordenó desalojar a las familias otomíes, hecho que se consumó violentamente el año pasado con más de 200 elementos del “desaparecido” cuerpo de granaderos.

Hoy en las calles, y a través de Diego García, adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, las familias señalan que no tienen manera de protegerse de la pandemia. “Para evitar el contagio, la OMS [Organización Mundial de la Salud] y los gobiernos recomiendan lavarse las manos, y nosotros no tenemos agua potable para el consumo; sana distancia, y nosotros vivimos hacinados y en campamentos; resguardarse en casa, y nosotros no tenemos casa: vivimos en la calle, fuimos desalojados; hacer cuarentena, y somos desempleados, trabajamos en la calle y vivimos al día”.

El CNI tomó en serio la amenaza de la pandemia semanas antes de que el gobierno federal pusiera en marcha la Jornada Nacional de Sana Distancia. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) cerró en Chiapas sus Juntas de Buen Gobierno y sus Caracoles. Llamó a sus filas y bases de apoyo a prepararse para la pandemia con medias aplicadas internamente.

A nivel nacional, el CNI canceló las asambleas que estaban ya programadas en 10 sedes de todo el país para impulsar la defensa de territorios ante los megaproyectos. Dos de esas asambleas canceladas serían de carácter nacional e internacional. Las anfitrionas serían comunidades indígenas de Campeche.

El descobijo gubernamental

Al final, los casos anteriores son de pueblos, tribus y naciones indígenas organizadas en lucha por sus derechos. Articularán una respuesta. Caso distinto es la de las comunidades en precariedad absoluta, como las de la Montaña alta de Guerrero, las rarámuris de la Sierra Tarahumara, las chichimeca jonaz de Guanajuato y San Luis Potosí o las ñäñho del semidesierto queretano.

La estrategia gubernamental en la región de la Montaña de Guerrero es dar instrucciones que son casi imposibles de cumplir: lavarse constantemente las manos, donde apenas hay agua para beber, y usar gel antibacterial, donde ni siquiera se vende.

Pero no hay alguna acción gubernamental para que, ante la emergencia, se garantice el acceso de las comunidades al agua. Persiste la desigualdad económica, que se traduce en desigualdad de acceso a los servicios y desigualdad informativa, explica Abel Barrera.

Sin política comunicativa gubernamental efectiva para los pueblos indígenas, son las propias organizaciones las que tratan de prevenir la pandemia. El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan ha realizado mensajes auditivos en las lenguas maternas de la región: nahua, t’un saavi y me’phaa.

En la zona, los gobiernos federal y estatal han difundido mensajes escritos que, aunque estén redactados en lenguas indígenas, la mayoría no sabe leer, además de que son sociedades de tradición oral. También hay difusión de mensajes a través de una radiodifusora pero resultan muy técnicos para la población y no generan conciencia alguna sobre lo que está por venir.

“No vemos acciones orientadas a establecer una comunicación acorde con la idiosincrasia de los pueblos, sus idiomas, su cultura; que mínimamente se garantice una información accesible, no tan técnica”, explica Abel Barrera, defensor de derechos humanos.

Contralínea solicitó entrevista con el director del INPI, Adelfo Regino Montes. El funcionario, máxima autoridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para la atención a los pueblos originarios, declinó hablar con este medio de comunicación.

En su página de internet, el INPI sólo tiene como acciones contra el coronavirus en los pueblos indígenas la traducción a 10 idiomas (de las 68 que se hablan en el país) de carteles informativos para prevenir el contagio. Según se observa en la página, no habría alguna otra política para los pueblos originarios ante la pandemia.

La enfermedad no podía llegar en peor momento a la Montaña de Guerrero. Paupérrimas y con desnutrición crónica, las familias indígenas padecen un recrudecimiento de su situación económica. Las tres fuentes de dinero se colapsaron en el último año, meses y semanas: la siembra ilegal de amapola, las remesas y la asistencia gubernamental.

La primera de ellas, la venta de goma de opio que se obtiene del cultivo de la amapola. Los precios cayeron en el mercado negro internacional porque los consumidores estadunidenses de droga prefieren ahora el fentanilo. Han cambiado este estupefaciente por la heroína.

“Lamentablemente la venta de este producto ilícito pasó a ser parte de la economía precaria de los pueblos indígenas. Y se desfondó. Lo que costaba el kilo de goma en el mercado negro aquí en la región, pasó de 25 mil a 5 mil pesos. Eso vino a dar al traste con lo poquito que a veces lograban cosechar algunas personas que se atrevían a sembrar en las barrancas de la Montaña”, explica Abel Barrera.

Una segunda fuente de ingresos son las remesas. Y por la llegada de la pandemia a Estados Unidos, gran parte de los trabajadores migrantes en ese país han perdido sus empleos. Muchos se encuentran sin trabajo alguno y por ello han dejado de enviar dinero a sus familias. Incluso hay reportes del regreso de cientos que llegan a sus comunidades sin que sean objeto de revisión médica alguna.

La tercera fuente de ingresos son los programas de asistencia gubernamental. Con la llegada del nuevo gobierno se redujeron los apoyos. Antes las familias recibían recursos por número de hijos. Ahora es la misma cantidad para cada familia, independientemente de los integrantes.

Abel Barrera explica que la reconfiguración de los programas sociales llevados a cabo por el gobierno federal desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador no benefició a las familias montañeras. Por el contrario, devino en un recorte de recursos para los indígenas de la región.

Y es que programas como Jóvenes Construyendo el Futuro o de Apoyo a las Personas Discapacitadas, que podrían ser exitosos en otros lugares, no tienen aplicación alguna en las comunidades de la Montaña donde no hay trabajo remunerado. Otros que sí podrían tener aplicación práctica, como el de fertilizantes, sólo llegaron a las cabeceras municipales y a algunas comunidades, de acuerdo con datos de Tlachinollan.

Además, recuerda Barrera Hernández, acaba de pasar un año de catástrofes naturales –granizadas, deslaves, vientos– que acabaron con las cosechas de quienes sí pudieron sembrar.

El panorama es de emergencia. La pandemia viene a agudizar estas condiciones. Lo que podría ocurrir es “un caos, una situación crítica de malestar, de protesta… que no se pueda controlar; eso es lo que nos preocupa en un horizonte no muy lejano, como de 2 o 3 meses. Si ya es grave la situación, será peor. Puede haber un contexto de mayor polarización y violencia”.

Y es que desde las esferas gubernamentales no se prevé ninguna política que mitigue los estragos causados específicamente en las regiones más empobrecidas. Abel Barrera señala que no bastarán fórmulas generales. Deben diseñarse políticas dirigidas especialmente a determinadas regiones.

No bajarán la guardia

El CNI, por su parte, descarta suspender las luchas que libra. Que se suspendan reuniones masivas no significa que se abandonen las demandas. “Seguiremos en las luchas estratégicas que estamos llevando”, señala Carlos González.

Se refiere a la organización en defensa de la tierra y el territorio; el apoyo a la lucha de las mujeres, y a la de los trabajadores. Las actividades continuarán, pero con acciones locales y regionales cuando sean necesarias; se seguirán impulsando los procesos de lucha legal donde es posible.

“Ante la caída estrepitosa de las economías de los países ricos y de los pobres, es necesario insistir en que la vía de solución perdurable y de largo plazo es destruir al capitalismo. Es finamente éste el que nos está llevando a estas crisis. El deterioro de la Tierra y de la naturaleza van a seguir creciendo si como humanidad no ponemos un alto a este sistema”, considera el concejal nahua.

6.4.20

Covid-19: modelo matemático revela que sistema sanitario de México estará rebasado entre mayo y junio

Víctor Ricardo Ruiz Llamas

Con una modelación SIR, el matemático Ruiz Llamas estima que en México un 12 por ciento de la población se contagiará del virus SARS-CoV-2 y que la epidemia de Covid-19 terminará a inicios de febrero de 2021. También expone tres escenarios posibles; en todos, el sistema sanitario se verá rebasado entre mayo y junio, pero en el primero –similar al de China– la saturación hospitalaria duraría menos días y habrían menos casos graves (7 mil 366 en total)



Evaluar y medir el fenómeno de la difusión de la infección del coronavirus SARS-CoV-2 para su mejor gestión (algo que resulta de suma urgencia), se torna extremadamente difícil: es un fenómeno altamente complejo, en donde diversas variables que lo forman son de naturaleza estocástica [1]: en algunas regiones pueden ser muy estables pero en otras se presentan altamente inestables; las variables que conforman el sistema son de tipo no lineal (modelo caracterizado por un sistema de ecuaciones diferenciales de tipo reacción-difusión o el modelo SIR): es un fenómeno en donde el comportamiento colectivo de agentes con información asimétrica y racionalidad limitada conforman un sistema sensiblemente caótico difícil de evaluar en una situación de emergencia.

Otro factor que interviene es el sistema organizacional de la movilidad (el grado de la actividad), en gran parte determinada por el sistema transporte que en situaciones particulares puede ser una variable instrumental. Otra problemática que se agrega está en el campo, es decir, las maneras con las que se hacen las mediciones con diversos instrumentos (test rápidos, con diversas especificaciones y criterios, test que diagnostican el anticuerpo y otros que diagnostican la presencia del virus), la escasez de datos y las dificultades para muestrear de manera sistemática con criterios homogéneos. Todos estos elementos dificultan diseñar modelos y estrategias para la gestión con mayor precisión.

Condiciones de la infraestructura sanitaria mexicana

Hagamos números: de acuerdo con Ruy López Ridaura, director general del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (Cenaprece), México cuenta con una infraestructura sanitaria con 120 mil 435 camas para emergencias (éstas se podrán utilizar para personas con necesidad de hospitalización sin terapia intensiva), 2 mil 53 ventiladores pulmonares (en proceso de adquirir 3 mil más).

El número de ventiladores mecánicos, las mascarillas e indumentaria para seguridad individual  de quienes atienden a las personas infectadas serán claves para combatir la enfermedad Covid-19. La escasez dispositivos de protección personal y el equipo médico podrán determinar a qué tipo de escenario nos podremos enfrentar.

Otros datos de la infraestructura con la que se cuenta en México son: 1 mil 553 camas de cuidados intensivos (Italia tiene 5 mil 200 y Alemania, 38 mil); 952 camas de terapia intermedia; 82 mil 892 consultorios en 33 mil 119 unidades (distribuidos en la República) incluidos centros privados; 61 consultorios de infectología (no se menciona su equipamiento: su función será de acuerdo con la estrategia adoptada al monitorear la intensidad y velocidad del flujo epidémico); 643 salas de choque; 1 mil consultorios en el área de urgencias.

La estrategia a la mexicana para gestionar la emergencia sanitaria

Se pueden distinguir diversas estrategias instrumentadas para gestionar la crisis sanitaria. México se aparta de los países que decidieron seguir la estrategia ortodoxa (data 1652, Cipolla), tales como China, Italia, Francia, España, caracterizada desde un punto de vista organizacional por las restricciones de movilidad obligadas y un órgano central que dicta las prescripciones normativas con un flujo de información vertical.

Igualmente, México se distingue del caso de Corea del Sur, Japón, Singapur, países cuya estrategia (con gran éxito) se apoya en las tecnologías de la información, con una estructura organizacional de tipo horizontal (a la Aoki, 1986, Horizontal vs Vertical Estructure of the firm): el sistema de alertas nacionales para teléfonos móviles avisa a los habitantes de distritos o localidades cuando se ha detectado un caso en su zona y enlaza a información detallada sobre los últimos lugares por los que pasó el contagiado.

En esos tres casos se trata de países pequeños que logran tener un control sobre la movilidad, el territorio y sus fronteras, difícil de aplicar en naciones con grandes extensiones territoriales y una heterogeneidad de infraestructura sanitaria, con una población con grandes problemas de acceso a la salud pública y a internet, como es el caso de México.

Una última estrategia (laisser faire) seguida por Inglaterra, Países Bajos y los países nórdicos, que no prescribirán medidas que restrinjan eventos multitudinarios ni recomendarán medidas extremas de distanciamiento social. En su lugar se desea que su población desarrolle la inmunidad.

La estrategia de México en gran parte se determina por su pobreza, sus diversidades demográficas, el acceso a los servicios de salud, su infraestructura y organización sanitaria (concentrada en los grandes centros urbanos), donde más de la mitad de su población económicamente activa se encuentra en el sector informal y sin prestaciones de seguridad social. La estrategia (caracterizada a la mexicana) se basa en la “vigilancia para fenómenos generalizados” (tipo la contaminación de la Ciudad de México y su gestión en horarios críticos). Al igual que los países nórdicos, se parte del principio de que una epidemia no se puede contener, se puede mitigar la velocidad y controlar.

Al respecto, México tiene una experiencia en vigilancia epidemiológica desde 2009. La estrategia se centra en tener información de estaciones de monitoreo de casos de Covid-19 distribuidas en el país (tales como consultorios de infectología); y mediante flujo de datos diarios, se dedicarán a obtener información sobre los brotes epidémicos a lo largo del país, por eso es intrascendente que se hiciera un testeo masivo desde la Fase 1, ya que eso está modelado para la Fase 2 y se irá focalizando en los lugares donde la epidemia tenga casos crecientes de contagio, para movilizar los recurso de acuerdo a las necesidades del flujo epidémico.

La configuración de la epidemia por parte de las autoridades sanitarias mexicanas

En el contagio comunitario y de acuerdo con los datos de Cenaprece, se estima que la población infectada en la Fase 2 será de 258 mil individuos aproximadamente (sin mencionar el margen de error, que en ciertas situaciones esto puede ser crucial). Esta población se estimó pensando que el número de infectados en México será el doble de la proporción que ocurrió en China –el 0.1 por ciento–, según Ricardo Cortés Alcalá, director general de Promoción de la Salud. Pero es difícil sostener estas previsiones por las asimetrías de las estrategias adoptadas.

De esas estimaciones, unas 10 mil 528 personas caerían en un estado crítico: necesitarán terapia intensiva. Esa cifra equivale al 4.1 por ciento de los posibles infectados por el coronavirus. Del resto, se prevé que 140 mil 367 presentarán infección leve sin necesidad de tratamiento (servicio ambulatorio), y 24 mil 564 necesitarán un tratamiento hospitalario sin terapia intensiva.

¿Cuáles pueden ser los escenarios para México?

Las condiciones de la infraestructura sanitaria, la posible configuración epidémica junto con la estrategia adoptada determina los escenarios posibles para México. Un último elemento que resalta de acuerdo con la emergencia sanitaria tanto italiana como española, es la falta de personal sanitario preparado, la escasez de materiales o dispositivos de protección individual (IPD), el número de camas para terapia intensiva y los ventiladores mecánicos. Estos elementos determinan en gran medida el número de fallecimientos (desafortunadamente, sobre algunos de estos elementos en México no se cuenta con información precisa).

Con la información con la que sí se cuenta se pueden distinguir tres escenarios (el bueno, el malo y el feo): el chino, en el que se diseña el escenario de acuerdo con los parámetros que se están relevando en China; un segundo escenario es caracterizado por las autoridades sanitarias mexicanas; y un último escenario, diseñado con parámetros obtenidos con el caso epidémico italiano, muy similar a como está evolucionando a nivel mundial.

La estimación de las personas que necesitarán terapia intensiva para el escenario chino como italiano se estima de acuerdo con los porcentajes entre casos activos y el número de personas en terapia intensiva.

Las autoridades sanitarias mexicanas –a través del titular de la Secretaría de Salud– señalan que para el mes de junio se tendrá el mayor número de casos en terapia intensiva; pero, de acuerdo con la evolución en distintos lugares, a partir del tercer mes de la evolución de la epidemia los países se encontraban en una grave emergencia sanitaria. Es decir que para México (de acuerdo con los cálculos hechos), la situación grave de emergencia podría ser para el mes de mayo, dependiendo del tipo de escenario epidémico.

En el escenario con características similares a la epidemia China, se estiman más de 7 mil casos de pacientes que tendrán necesidad de terapia intensiva, a partir de la última semana de mayo. Esta demanda sobrepasará la capacidad del servicio sanitario, durando esta situación 3 semanas; es decir que después de la segunda semana de junio comenzará un lento decrecimiento de la presión por el servicio de terapia intensiva.

En el escenario mexicano, la demanda sobrepasará la capacidad del servicio sanitario en la segunda semana de mayo, es decir una semana antes que el escenario chino, con un número de pacientes con necesidad de terapia intensiva aproximadamente de 10 mil 528. La duración de esta situación –en donde el sistema de salud no logrará atender a todos los pacientes– durará aproximadamente cinco semanas; es decir que iniciará en la segunda semana de mayo y la emergencia de sobrecupo terminará para la tercera semana de junio.

El último escenario de tipo italiano es el más agresivo: las capacidades del sistema sanitario serán rebasadas en la primera semana de mayo y su duración será casi de siete semanas. Esto es que para el inicio de mayo y hasta la penúltima semana de junio el sistema de salud se verá rebasado en sus capacidades.


Supuestos y parámetros para estimar la población contagiada

Los escenarios hipotéticos presentados aquí tienen supuestos importantes, por ejemplo, que quienes se recuperan de un contagio se vuelven inmunes. El virus SARS-CoV-2 se está extendiendo actualmente por todo el mundo, suponiendo que las personas recuperadas no pueden volver a infectarse (los expertos creen actualmente esto), el modelo más simple para calcular la dinámica de las infecciones por este virus es el SIR [2].

Tratamos de estimar el porcentaje de personas infectadas en México con base en los siguientes supuestos: 1. El número total de personas en México es constante (es decir, sin tasas de mortalidad y tasas de migración): 120 millones de personas. 2. Cualquier mexicano es susceptible a contagiarse del virus, excepto aquellos que se han recuperado. 3. La propagación del virus en México se originó en una sola persona. Las tasas de infección y recuperación son constantes durante toda la epidemia.

Utilizamos el modelo SIR para argumentar que las medidas preventivas deben iniciarse lo antes posible para retrasar el pico de infección máxima. Dos semanas de retraso resultan en una pérdida de un mes de tiempo de preparación.

Una persona infectada parece recuperarse en terapia intensiva aproximadamente después de 14 días y, a partir de ese momento, ya no puede infectar a otras personas. Por lo tanto, la tasa de recuperación se elige para ser:

Por supuesto, esto no es del todo exacto, pero es lo suficientemente bueno para nuestro propósito. Técnicamente.

El coeficiente de contagio 0.145. Coeficiente beta. Tasa de reproducción (Ro) 2,2

De lo anterior, se estima que aproximadamente el 12 por ciento de la población estará contagiada. Después de 350 días la epidemia habrá terminado, contabilizando desde el mes del primer caso (27 febrero 2020).

Víctor Ricardo Ruiz Llamas*
* Matemático. Colaborador del centro de investigación italiano GRAPE. Actualmente asiste a un programa de doctorado en matemática aplicada en el Departamento MEMOTEF (Universidad La Sapienza, Roma); obtuvo su licenciatura en economía por la Universidad de Guadalajara (México), y maestría en matemáticas. Estudió inteligencia de datos y decisiones estratégicas en la Universidad de Roma, La Sapienza. Trabajó para la UDI académica administrativa (Unidad de Desarrollo Institucional). Ocupó un cargo como jefe del departamento de Análisis Estadístico del Centro de Estudios Estratégicos para el Desarrollo (CEED) y enseñó economía y estadística en el Politécnico de Jalisco. Sus intereses de investigación incluyen el modelo basado en agentes, en particular la difusión e innovación del conocimiento, la teoría de juegos, la economía de la información, los estudios y escenarios futuros y el desarrollo económico.

Notas de la editora:
[1] Teoría estadística de los procesos cuya evolución en el tiempo es aleatoria, tal como la secuencia de las tiradas de un dado (Real Academia de la Lengua Española).
[2] El matemático Manuel de León, del Instituto de Ciencias Matemáticas, explica que SIR “es el modelo compartimental de Kermack-McKendrick, inspirado a su vez en el de Ronald Ross –que en 1911 modelizó la propagación de la malaria–. La idea del modelo compartimental es dividir la población en compartimentos y ver cómo se pasa de uno a otro, en este caso de S [susceptible al contagio] a I [infectado] y luego a R [recuperado]”. Ver en: https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Un-modelo-un-teorema-y-teoria-de-juegos-contra-el-coronavirus

1.4.20

La pandemia y el fin de la era neoliberal

Atilio A. Boron



Simpatizo mucho con la obra y la persona de Slavoj Zizek pero esto no me alcanza para otorgarle la razón cuando sentencia que la pandemia le propinó “un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista” luego de lo cual, siguiendo la metáfora cinematográfica, éste debería caer muerto a los cinco segundos. No ha ocurrido y no ocurrirá porque, como lo recordara Lenin en más de una ocasión, “el capitalismo no caerá si no existen las fuerzas sociales y políticas que lo hagan caer.” El capitalismo sobrevivió a la mal llamada “gripe española”, que ahora sabemos vio la luz en Kansas, en marzo de 1918, en la base militar Fort Riley, y que luego las tropas estadounidenses que marcharon a combatir en la Primera Guerra Mundial diseminaron el virus de forma incontrolada.

Los muy imprecisos cálculos de su letalidad oscilan entre 20, 50 y 100 millones de personas, por lo cual no es necesario ser un obsesivo de las estadísticas para desconfiar del rigor de esas estimaciones difundidas ampliamente por muchas organizaciones, entre ellas la National Geographical Magazine . El capitalismo sobrevivió también al tremendo derrumbe global  producido por la Gran Depresión, demostrando una inusual resiliencia –ya advertida por los clásicos del marxismo- para procesar las crisis e inclusive salir fortalecido de ellas. Pensar que en ausencia de aquellas fuerzas sociales y políticas señaladas por el revolucionario ruso (que de momento no se perciben ni en Estados Unidos ni en los países europeos) ahora se producirá el tan anhelado deceso de un sistema inmoral, injusto y predatorio, enemigo mortal de la humanidad y la naturaleza, es más una expresión de deseos que producto de un análisis concreto.

Zizek confía en que a consecuencia de esta crisis para salvarse la humanidad tendrá la posibilidad de recurrir a “alguna forma de comunismo reinventado”. Es posible y deseable, sin dudas. Pero, como casi todo en la vida social, dependerá del resultado de la lucha de clases; más concretamente de si, volviendo a Lenin, “los de abajo no quieren  y los de arriba no pueden seguir viviendo como antes”, cosa que hasta el momento no sabemos. Pero la bifurcación de la salida de esta coyuntura presenta otro posible desenlace, que Zizek identifica muy claramente: “la barbarie”.  O sea, la reafirmación de la dominación del capital recurriendo a las formas más brutales de explotación económica, coerción político-estatal y manipulación de conciencias y corazones a través de su hasta ahora intacta dictadura mediática. “Barbarie”, István Mészarós solía decir  con una dosis de amarga ironía, “si tenemos suerte.”

Pero, ¿por qué no pensar en alguna salida intermedia, ni la tan temida “barbarie” (de la cual hace tiempo se nos vienen administrando crecientes dosis en los capitalismos realmente existentes”) ni la igualmente tan anhelada opción de un “comunismo reinventado”? ¿Por qué no pensar que una transición hacia el postcapitalismo será inevitablemente “desigual y combinada”, con avances profundos en algunos terrenos: la desfinanciarización de la economía, la desmercantilización de la sanidad y la seguridad social, por ejemplo y otros más vacilantes, tropezando con mayores resistencias de la burguesía, en áreas tales como el riguroso control del casino financiero mundial, la estatización de la industria farmacéutica (para que los medicamentos dejen de ser una mercancía producida en función de su rentabilidad), las industrias estratégicas y los medios de comunicación, amén de  la recuperación pública de los llamados “recursos naturales” (bienes comunes, en realidad)? ¿Por qué no pensar en “esos muchos socialismos” de los que premonitoriamente hablaba el gran marxista inglés Raymond Williams a mediados de los años ochenta del siglo pasado?

Ante la propuesta de un “comunismo reinventado” el filósofo sur-coreano de Byung-Chul Han salta al ruedo para refutar la tesis del esloveno y se arriesga a decir que «tras la pandemia, el capitalismo continuará con más pujanza.” Es una afirmación temeraria porque si algo se dibuja en el horizonte es el generalizado reclamo de toda la sociedad a favor de una mucho más activa intervención del estado para controlar los efectos desquiciantes de los mercados en la provisión de servicios básicos de salud, vivienda, seguridad social, transporte, etcétera y para poner fin al escándalo de la híperconcentración de la mitad de toda la riqueza del planeta en manos del 1 por ciento más rico de la población mundial. Ese mundo post-pandémico tendrá mucho más estado y mucho menos mercado, con poblaciones “concientizadas” y politizadas por el flagelo a que han sido sometidas y propensas a buscar soluciones solidarias, colectivas, inclusive “socialistas” en países como Estados Unidos, nos recuerda Judith Butler, repudiando el desenfreno individualista y privatista exaltado durante cuarenta años por el neoliberalismo y que nos llevó a la trágica situación que estamos viviendo. Y además un mundo en donde el sistema internacional ya ha adoptado, definitivamente, un formato diferente ante la presencia de una nueva tríada dominante, si bien el peso específico de cada uno de sus actores no es igual.

Si Samir Amin tenía razón hacia finales del siglo pasado cuando hablaba de la  tríada formada por Estados Unidos, Europa y Japón hoy aquella la constituyen Estados Unidos, China y Rusia. Y a diferencia del orden tripolar precedente, en donde Europa y Japón eran junior partners (por no decir peones o lacayos, lo que suena un tanto despectivo pero es la caracterización que se merecen) de Washington, hoy éste tiene que vérselas con la formidable potencia económica china, sin duda la actual locomotora de la economía mundial relegando a Estados Unidos a un segundo lugar y que, además, ha tomado la delantera en la tecnología 5G y en Inteligencia Artificial.

A lo anterior se suma la no menos amenazante presencia de una Rusia que  ha vuelto a los primeros planos de la política mundial: rica en petróleo, energía y agua; dueña de un inmenso territorio (casi dos veces más extenso que el estadounidense) y un poderoso complejo industrial que ha producido una tecnología militar de punta que en algunos rubros decisivos aventaja a la norteamericana, Rusia complementa con su fortaleza en el plano militar la que China ostenta en el terreno de la economía. Difícil que, como dice Han, el capitalismo adquiera renovada pujanza en este tan poco promisorio escenario internacional. Si aquél tuvo la gravitación y penetración global que supo tener fue porque, como decía Samuel P. Huntington, había un “sheriff solitario” que sostenía el orden capitalista mundial con su inapelable primacía económica, militar, política e ideológica. Hoy la primera está en manos de China y el enorme gasto militar de EEUU no puede con un pequeño país como Corea del Norte ni para ganar una guerra contra una de las naciones más pobres del planeta como Afganistán. La ascendencia política de Washington se mantiene prendida con alfileres apenas en su “patio interior”: Latinoamérica y el Caribe, pero en medio de grandes convulsiones. Y su prestigio internacional se ha visto muy debilitado: China pudo controlar la pandemia y Estados Unidos no; China, Rusia y Cuba ayudan a combatirla en Europa, y Cuba, ejemplo mundial de solidaridad, envía médicos y medicamentos a los cinco continentes mientras que lo único que se les ocurre a quienes transitan por la Casa Blanca es enviar 30.000 soldados para un ejercicio militar con la OTAN e intensificar las sanciones contra Cuba, Venezuela e Irán, en lo que constituye un evidente crimen de guerra. Su antigua hegemonía ya es cosa del pasado. Lo que hoy se discute en los pasillos de las agencias del gobierno estadounidense no es si el país está en declinación o no, sino la pendiente y el ritmo del declive. Y la pandemia está acelerando este proceso por horas.

El surcoreano Han tiene razón, en cambio, cuando afirma que “ningún virus es capaz de hacer la revolución” pero cae en la redundancia cuando escribe que “no podemos dejar la revolución en manos del virus.” ¡Claro que no! Miremos el registro histórico: la Revolución Rusa estalló antes que la pandemia de la “gripe española”, y la victoria de los procesos revolucionarios en China, Vietnam y Cuba no fueron precedidos por ninguna pandemia. La revolución la hacen las clases subalternas cuando toman conciencia de la explotación y opresión a las que son sometidas; cuando vislumbran que lejos de ser una ilusión inalcanzable un mundo post-capitalista es posible y, finalmente, cuando logran darse una organización a escala nacional e internacional eficaz para luchar contra una “burguesía imperial” que antaño entrelazaba con fuerza los intereses de los capitalistas en los países desarrollados. Hoy, gracias a Donald Trump, esa férrea unidad en la cúspide del sistema imperialista se ha resquebrajado irreparablemente y la lucha allá arriba es de todos contra todos, mientras China y Rusia continúan pacientemente y sin altisonancias construyendo las alianzas que sostendrán un nuevo orden mundial.

Una última reflexión. Creo que hay que calibrar la extraordinaria gravedad de los efectos económicos de esta pandemia que hará de una vuelta al pasado una misión imposible. Los distintos gobiernos del mundo se han visto obligados a enfrentar un cruel dilema: la salud de la población o el vigor de la economía. Las recientes declaraciones de Donald Trump (y otros mandatarios como Angela Merkel y Boris Johnson) en el sentido de que él no va a adoptar una estrategia de contención del contagio mediante la puesta en cuarentena de grandes sectores de la población porque tal cosa paralizaría la economía pone de relieve la contradicción basal  del capitalismo. Porque, conviene recordarlo, si la población no va a trabajar se detiene el proceso de creación de valor y entonces no hay ni extracción ni realización de la plusvalía. El virus salta de las personas a la economía, y esto provoca el pavor de los gobiernos capitalistas que están renuentes a imponer o mantener la cuarentena porque el empresariado necesita que la gente salga a la calle y vaya a trabajar aún a sabiendas de que pone en riesgo su salud.

Según Mike Davis en Estados Unidos  un 45 por ciento de la fuerza de trabajo “no tiene acceso a licencia paga por causa de una enfermedad y está prácticamente obligada a ir a su trabajo y transmitir la infección o quedarse con un plato vacío.”  La situación es insostenible por el lado del capital, que necesita explotar a su fuerza de trabajo y que le resulta intolerable se quede en su casa; y por el lado de los trabajadores, que si acuden a su trabajo o se infectan o hacen lo propio con otros, y si se quedan en casa no tienen dinero para subvenir sus más elementales necesidades. Esta crítica encrucijada explica la creciente beligerancia de Trump contra Cuba, Venezuela e Irán, y su insistencia en atribuir el origen de la pandemia a los chinos. Tiene que crear una cortina de humo para ocultar las nefastas consecuencias de largas décadas de desfinanciamiento del sistema público de salud y de complicidad con las estafas estructurales de la medicina privada y la industria farmacéutica de su país. O para achacar la causa de la recesión económica a quienes aconsejan a la gente quedarse en sus casas.

En todo caso, y más allá de si la salida a esta crisis será un “comunismo renovado” como quiere Zizek o un experimento híbrido pero claramente apuntando en la dirección del poscapitalismo, esta pandemia (como lo explican claramente Mike Davis, David Harvey, Iñaki Gil de San Vicente, Juanlu González, Vicenç Navarro, Alain Badiou, Fernando Buen Abad, Pablo Guadarrama, Rocco Carbone, Ernesto López, Wim Dierckxsens y Walter Formento en diversos artículos que circulan profusamente en la web)  ha movido las placas tectónicas del capitalismo global y ya nada podrá volver a ser como antes. Además nadie quiere, salvo el puñado de magnates que se enriquecieron con la salvaje rapiña perpetrada durante la era neoliberal, que el mundo vuelva a ser como antes. Tremendo desafío para quienes queremos construir un mundo post-capitalista porque, sin duda, la pandemia y sus devastadores efectos ofrecen una oportunidad única, inesperada, que sería imperdonable desaprovechar. Por lo tanto, la consigna de la hora para todas las fuerzas anticapitalistas del planeta es: concientizar, organizar y luchar; luchar hasta el fin, como quería Fidel cuando en un memorable encuentro con intelectuales sostenido en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana, en febrero del 2012, se despidió de nosotros diciendo: “si a ustedes les afirman: tengan la seguridad de que se acaba el planeta y se acaba esta especie pensante, ¿qué van a hacer, ponerse a llorar? Creo que hay que luchar, es lo que hemos hecho siempre.” ¡Manos a la obra!