30.7.22

Engordar con el hambre

Persiste la ola de incremento de precios de los alimentos, aumentando las hambrunas. Aunque mediáticamente se insiste en el efecto de la guerra en Ucrania, esto es apenas una parte menor del problema. Ciertamente, los dos años pasados en pandemia son un factor de peso. No obstante, ninguno de éstos son la causa principal de la crisis alimentaria. El factor fundamental es que la cadena agroindustrial de alimentos –que provee gran parte de lo que se vende en supermercados y ventas al menudeo– está fuertemente dominada por unas cuantas trasnacionales, cuyo interés es la ganancia, no la alimentación.

De semillas a supermercados, pasando por el comercio de cereales y el procesamiento de alimentos y bebidas, de cuatro a 10 empresas controlan la mayoría del mercado global en cada eslabón de la cadena. A esto se suma la irrupción en el mercado agro-alimentario de las mayores empresas tecnológicas y las gestoras de inversión.

Como analiza Grain, enfrentamos una crisis de precios, no de escasez de alimentos. Principalmente debida a la especulación financiera de los que controlan la cadena alimentaria industrial, no por falta de producción ni de existencias (Grain, julio 2022, https://tinyurl.com/2f7dtxzt).

En su índice de precios globales, la FAO señala que los precios de los alimentos están en el punto más alto (170 puntos) desde 1990, cuando comenzaron esta estadística. En 2022 el aumento superó incluso el punto más alto de la crisis alimentaria de 2007-2008.

No obstante, señala Grain, las gráficas de la FAO muestran que la producción y las existencias de alimentos almacenados se han mantenido estables, con ligeros aumentos desde 1990, mientras los precios se dispararon a porcentajes absurdamente altos, desvinculados totalmente de la producción y existencias.

Esto es cierto también para el trigo, uno de los cereales que se nombran como crucialmente afectados por la guerra en Ucrania. Aún al día de hoy no faltan existencias, pese a que las poblaciones más pobres en los países que dependen en alto grado de las importaciones de Ucrania y Rusia sufren un fuerte impacto. Esto debido a que las empresas que controlan el comercio de trigo del resto del mundo –cerca del 80 por ciento de las exportaciones de ese cereal– han aumentado oportunistamente los precios, lo cual impacta sobre todo en los más pobres de zonas urbanas, que usan hasta 60 por ciento de sus ingresos en comprar alimentos.

Un reciente informe de Oxfam, muestra que la escalada de aumento de precios de los alimentos coincide con ganancias extraordinariamente elevadas de las mayores empresas del sector de alimentos y de sus dueños. Junto a las empresas tecnológicas, las de energía y las farmacéuticas, estos cuatro son los sectores que más han lucrado durante los años de la pandemia de covid-19 (Oxfam, mayo 2022, Beneficiarse del sufrimiento https://tinyurl.com/mrn4za88).

Reportan que la riqueza conjunta de los mil millonarios del sector alimentario y agroindustrial se incrementó en 45 por ciento en los pasados dos años. Además, 62 accionistas del sector se agregaron al grupo de personas mil millonarias en el mundo.

Cargill, la mayor empresa global de comercio de granos y la tercera más grande en cría industrial de animales, obtuvo en 2021 ingresos netos por 5 mil millones de dólares, la mayor ganancia neta de toda su historia. Se prevé que volverá a obtener ganancias récord en 2022. Louis Dreyfus (LDC), también entre las siete mayores globales del comercio de granos, aumentó sus ganancias 82 por ciento en 2021.

Walmart, la mayor empresa del mundo en ventas y el mayor supermercado a nivel global también reportó ganancias extraordinarias en 2021. La familia Walton, principal accionista de la empresa, aumentó su fortuna en 8 mil 800 millones de dólares desde 2020, un ritmo de 503 mil dólares por hora estimó Oxfam.

Por su parte, la trasnacional Nestlé, la mayor empresa global en procesamiento de alimentos, ganó más de 16 mil millones de dólares, por lo que sus ganancias netas en 2021 fueron 38.2 por ciento mayores que el año anterior (https://tinyurl.com/3bzfdd9u). Apoyar a este gigante de la mala comida, como hizo el presidente de México, aumenta su plataforma para obtener estas ganancias demenciales, mientras somete a pésimas condiciones a las y los productores campesinos (Luis Hernández Navarro, 19/7/22 https://tinyurl.com/36jewzyf).

El sistema alimentario agroindustrial controlado por oligopolios trasnacionales es la principal causa estructural de las crisis alimentarias, de las hambrunas y también de la crisis de debilidad inmunológica debido a la proliferación de comida chatarra y comida de baja calidad nutricional.

Salir de la espiral viciosa de crisis alimentarias y de salud, así como de la dependencia de las corporaciones trasnacionales, es urgente, viable y posible. Requiere construir soberanía alimentaria, no como aislamiento ni cierre de fronteras, sino como plantea La Vía Campesina, con reconocimiento a los derechos y apoyo real y en sus términos a la producción campesina, sostenible, agroecológica, a mercados locales y nacionales, en sistemas solidarios y responsables socialmente, que impidan el control y la especulación de las corporaciones en algo tan vital como la comida de todas y todos.

26.7.22

Todo es según el color de clase con que se mira

Gilberto López y Rivas

El análisis marxista de una coyuntura socioeconómica y política determinada pasa por no quedarse en lo epidérmico, anecdótico y fenoménico, sino destacar lo esencial y estructural.

Evitar que los personajes y, sobre todo, sus narrativas –impuestas por los grandes medios de comunicación y las redes sociales– prevalezcan frente al peso que tienen la correlación de clases, los sistemas hegemónicos, las formas de acumulación, explotación y dominación capitalistas, imperialistas y neocoloniales, así como los procesos de lucha y resistencia antisistémicos de los pueblos y las clases trabajadoras.

Por ello el reciente viaje de AMLO a Estados Unidos y sus resultados deben observarse a partir de la histórica relación de dependencia estructural de México con respecto a nuestros buenos vecinos, misma que no ha sido superada por el gobierno de la Cuarta Transformación, que, en la reunión bilateral de presidentes, se comprometió a fortalecer el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, Estados Unidos y Canadá, que el Tribunal Permanente de los Pueblos considera –en su histórica Audiencia Final: sentencia, fiscalías y relatorías– como marcado por la profunda desigualdad entre las economías de los países que lo firmaron, y que, como otras instituciones neoliberales, no está diseñado para promover el bien social, y, por el contrario, “son acuerdos que elevan el estatus legal de los grandes inversionistas y, simultáneamente, vinculan el poder económico del Estado a sus intereses, a la par de que erosionan el compromiso y las opciones de los estados nacionales para proteger a la ciudadanía (…) La impunidad trasnacional que el TLCAN regula permite afirmar que es un tratado tremendamente violento. La violencia estructural del sistema capitalista –que permite la acumulación de la riqueza de unos pocos a costa de la pobreza y la destrucción ambiental y cultural de los pueblos– se incorpora de manera trasversal a lo largo de todo el tratado” (Editorial Ítaca, 2016). Esta caracterización contrasta con la perspectiva sobre el TLCAN en el comunicado conjunto, en el cual se sostiene que: “la base de la competitividad de América del Norte es el Tratado entre México, Estados Unidos, Canadá y reafirmamos nuestro compromiso con su plena implementación en beneficio de las familias trabajadoras […] Al coordinar nuestras políticas económicas, podemos hacer que nuestras cadenas de suministro sean más resilientes y expandir la producción en América del Norte”. En el comunicado conjunto se hacen realidad las pretensiones de Donald Trump de que México debía de pagar el muro, al dar a conocer que México se ha comprometido a invertir mil 500 millones de dólares en infraestructura fronteriza entre 2022 y 2024.

También es significativo que, en el contexto de una reiterada imposición de megaproyectos en los territorios por el gobierno actual, que recientemente declaró de seguridad nacional las obras del Tren Maya, se afirme en ese comunicado: Enfocaremos nuestros esfuerzos de desarrollo en soluciones climáticas y el desarrollo del sur de México, con su vasto potencial humano e importantes oportunidades para el comercio, la conservación y la energía limpia.

No pasaron desapercibidos otros hechos recientes que dan cuenta de la relación subalterna de México ante Estados Unidos. Uno, por demás polémico, fue el ejercicio militar multinacional del Comando Sur estadunidense, en el mar Caribe mexicano, del 7 al 21 de mayo pasado, denominado Tradewinds, y el otro fue la sexta Reunión de Estados Mayores de la Secretaría de Marina (Semar) y la Marina de Guerra de Estados Unidos, en la cual se alcanzaron 26 acuerdos sobre operaciones, adiestramiento, educación, investigación y desarrollo tecnológico, inteligencia, vigilancia y reconocimiento, guerra electrónica y tráfico marítimo. La Semar declaró que su relación con el país del norte es prioritaria y estratégica. Ya en enero pasado, Jorge Alejando Medellín anunciaba que el Ejército y la Armada de México estrechaban sus nexos con el Comando Norte de Estados Unidos, con grupos operativos conjuntos del más alto nivel, para afinar mecanismos de cooperación en áreas de seguridad de interés bilateral. Recordamos al respecto la obra pionera de Carlos Fazio, El tercer ­vínculo: de la teoría del caos a la militarización (Joaquín Mortiz-Planeta, 1996), donde se expone cómo México se involucra de manera directa en el proyecto de seguridad hemisférica encabezado por Estados Unidos. Es posible considerar que, con las políticas de militarización del actual gobierno y el visible papel subalterno de las fuerzas armadas con respecto a las estrategias del Pentágono, se ha completado ese tercer vínculo de la dependencia en el ámbito militar, además del económico y el político.

25.7.22

EU, México y la geopolítica del petróleo

Al despuntar el siglo XXI, tras los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, el presidente de Estados Unidos George W. Bush y sus consejeros buscaron sostener el declinante poder político global del imperio con base en un potente aparato militar, una economía y diplomacia de guerra permanentes y la perpetuación de un clima de inestabilidad caótica con eje en el miedo. Ya entonces, la caída relativa de la capacidad industrial de EU exhibía la erosión de la hegemonía imperial en el mundo. No obstante, el grupo de neoconservadores que rodeaba a Bush Jr. (Rumsfeld, Wolfowitz, Armitage, Perle et al.) desempolvó el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano de 1997 y The NewYork Times Magazine y The Wall Street Journal amplificaron la idea de que cierta dosis de imperialismo y expansionismo estadunidense podía ser la mejor respuesta al terrorismo. Como señaló entonces Michael Ignatieff, la guerra de EU contra el terror era un ejercicio de imperialismo ( Times Magazine). La invasión a Afganistán (2001) fue seguida del golpe de Estado frustrado del Pentágono y la CIA en Venezuela (2002) y la invasión militar a Irak (2003), ambos países productores de hidrocarburos y miembros de la OPEP. Se repetía la vieja historia iniciada por EU en Irán en 1953, con el derrocamiento de Mossadegh, siempre con el señuelo de establecer la democracia.

Más allá de las teorías conspiracionistas (los intereses del clan Bush y el vicepresidente Dick Cheney en la industria petrolera), todo tiene que ver con los afanes geopolíticos y los hidrocarburos. Por esos días, M. Klare dijo en La Jornada que quien controle Oriente Próximo controlará el grifo global del petróleo en el futuro próximo. Ya antes Henry Kissinger había sentenciado: Controlad el petróleo y controlaréis las naciones; controla la comida y controlarás a la gente (la actual agenda de Davos). El petróleo mantiene en movimiento a los ejércitos y la infraestructura industrial del mundo. Para EU el acceso al hidrocarburo era cuestión de seguridad nacional. De allí los intentos por derrocar a Hugo Chávez y Saddam Hussein; por estabilizar o reformar al régimen saudita, y consolidar su posición en Turquía y Uzbekistán para controlar las reservas de petróleo de la cuenca del Caspio. Objetivo: cerrarles el grifo a Europa, Japón y China.

En 2003, la política de EU hacia Irak generó brotes de resistencia de Alemania, Francia, Japón y China, y asomaron los perfiles borrosos del bloque de poder euroasiático que Halford Mackinder había previsto como candidato al dominio geopolítico del orbe, tan temido por Kissinger. De allí que junto a su poder militar (con sus guerras de baja intensidad, sus revoluciones de color y sus operaciones encubiertas), las sanciones (castigos) y los bloqueos económico-financieros y el terrorismo mediático, el imperialismo cultural se convirtió en un arma importante para asentar la hegemonía de EU mediante una combinación variable de consentimiento y coerción (incluidas invasiones y la eliminación de enemigos), a fin de afianzar la dominación y el liderazgo intelectual y moral de Washington.

Dominación que en América Latina se había impuesto en los dos siglos anteriores al amparo de la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, mediante una combinación de relaciones comerciales privilegiadas, patronazgo, clientelismo, coerción encubierta y golpes de Estado, y en su último tramo, vía la financiarización de la economía a través del Consenso de Washington (1989), como ejercicio de poder del complejo Wall Street-Departamento del Tesoro-FMI/Banco Mundial/BID, que, a través del Estado neoliberal, impulsó una serie de megaproyectos a escala continental, que profundizó lo que David Harvey ha denominado acumulación por desposesión, remedo contemporáneo de la acumulación primitiva u originaria descrita por Marx en El capital, basada en la violencia, el saqueo, el fraude, la usurpación y el despojo de bienes comunales.

En 1992, con la mira puesta en la privatización de Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, EU había logrado negociar con México el Tratado de Libre Comercio de América del Norte: la alianza entre el tiburón y la sardina (que entró en vigor en 1994), al unísono de la contrarreforma energética de Carlos Salinas que abrió el camino a la enajenación de los recursos gaseros, petroleros y mineros del subsuelo.

Durante la presidencia de Vicente Fox (2000-06), y a la par del diseño de nuevos corredores económicos en el mundo (como el acuerdo Rusia-Irán-India para instaurar una ruta comercial euroasiática más corta y barata a través del mar Caspio, en lugar del Canal de Suez), EU lanzó el Plan Puebla-Panamá, como parte de un proyecto de reordenamiento territorial de facto que introdujo a México de manera furtiva en la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (2005). La ASPAN incluyó una integración energética transfronteriza (gasoductos y tendidos de redes de electricidad desde EU al Canal de Panamá a través de México) subordinada a Washington y megaproyectos del capital trasnacional que subsumieron los criterios económicos a los de la seguridad de la potencia hegemónica, con una normativa supranacional que hizo a un lado el control legislativo en el socio más débil del eslabón: México. Mientras, se impusieron leyes contrainsurgentes que criminalizaron la protesta y la pobreza y acentuaron el disciplinamiento social.

Con Felipe Calderón (2006-12), el PPP mutó a Proyecto Mesoamericano, incorporando la seguridad democrática del autócrata colombiano Álvaro Uribe en clave de Iniciativa Mérida, que de la mano de la CIA, la DEA y el Pentágono militarizó y paramilitarizó a México, y se convirtió en zonas económicas especiales con Enrique Peña Nieto (2012-18). Hoy, bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el viejo anhelo decimonónico del imperialismo estadunidense de controlar el Istmo de Tehuantepec, cobra vida a través de un corredor interoceánico que enlazará Coatzacoalcos, en el Golfo de México (océano Atlántico) con Salina Cruz, Oaxaca (océano Pacífico), interrelacionado de manera dinámica con otros dos megaproyectos: el Tren Maya en la península de Yucatán y la refinería Olmeca, en Dos Bocas, Tabasco. Los tres, como nuevos enclaves para la acumulación de capital por despojo.

10.7.22

Se fue Johnson, principal impulsor de la guerra en Ucrania ¿Qué sigue?

Davos sabe que o termina una guerra que Ucrania ya perdió, o Europa pierde su base industrial

Por Tom Luongo

Para sorpresa de nadie, Boris Johnson está fuera como Primer Ministro británico.  Es el tercero en caer en Europa, después de Letonia y Bulgaria.  Vamos a analizar un poco más este asunto.

Johnson fue el elegido de la gente que quería crear una nueva alianza unificada y más fuerte entre EE.UU. y el Reino Unido.  La formación de AUKUS -Australia, Reino Unido, EE.UU.- pretendía ser un desafío directo a la OTAN y un intento de restablecer ese eje como director de la política exterior de Occidente.

Europa quedaría como vasallo bajo tal acuerdo.  Esto fue posible gracias al Brexit.  Davos nunca estuvo de acuerdo con esto, pero podría usarlo igual, para animar a los neoconservadores de AUKUS a tomar la delantera en los objetivos compartidos por todos en Ucrania: una guerra allí para desangrar a los rusos y forzarlos a un conflicto mayor del que pueden permitirse.

Gonzalo Lira ha hecho un gran hilo en Twitter sobre esto, que estoy de acuerdo con era la intención de Occidente todo el tiempo:

De hecho – EE.UU. / OTAN está contando con el hecho de que Rusia tendrá que destruir todas las Fuerzas Armadas de Ucrania, y tomar toda Ucrania.

La OTAN cree que esto abrumaría a Rusia, y debilitaría a Putin hasta el punto de ser derrocado.

Así, la propia Ucrania será sacrificada.

Johnson fue el mayor facilitador de esta estrategia.  Ahora se ha ido.   ¿Por qué se ha ido? ¿Y qué significa esto?  

Significa mucho, en realidad.  Recuerde que Davos, como he dicho desde antes de la guerra, quiere :

-Una Europa independiente con su propia arquitectura de defensa y seguridad

-Gran Bretaña y el Reino Unido dentro de esa nueva arquitectura europea que no es la OTAN

-Un EEUU destruido y humillado

Johnson siendo el mayor animador neocon de la guerra con Rusia para desangrarla, se ha ido, y Davos está pisoteando alegremente su tumba política.  

Esto me indica que entienden que la estrategia es perdedora.  Rusia lanzó una guerra contra Ucrania para la que la OTAN no estaba preparada, en un momento en el que les dejó confundidos y en apuros. 

Aunque creen que “defendieron” con éxito a Kiev, ahora parece que lo hicieron para llevar a cabo esta estrategia de “desangrar a Rusia”.  Pero Rusia pasó con éxito de una estrategia de guerra de “maniobras”, a una de artillería.  

Ucrania estaba preparada para librar una guerra aérea en el Donbass.  En cambio, fue bombardeada hasta hacerla pedazos.

Con la mayoría de los soldados bien entrenados de Ucrania (entrenados por la OTAN) fuera de servicio, no hay manera de que ganen, sólo pueden intentar alargar el conflicto y, como señala Lira, obligar a Rusia a tomar/ocupar todo el país.

Aquí no estoy de acuerdo con él.  Creo que lo que ocurre es que Rusia ha acortado el frente del Donbass tomando Slavyansk y Kramatorsk, y luego simplemente avanza desde allí, mientras despliega sus tropas hacia el sur para trabajar en Nikolaev y Odessa.  

Sin un Reino Unido/Estados Unidos juntos, presionando para que la guerra siga adelante a todo pulmón, y con una Europa que ahora empieza a señalar que necesita terminar las hostilidades con Rusia o perderá su base industrial, el FAU se derrumbará rápidamente.

La guerra debería resolverse rápido en una derrota para Ucrania a partir de aquí, si estoy en lo cierto al pensar que Davos ve ahora la guerra como lo que es: no una guerra que desangrará a los rusos, sino una que los desangrará a ellos.

Tienen que contrarrestar esto.  Y al hacerlo también pueden romper la alianza entre EE.UU. y el Reino Unido, matar a AUKUS en su infancia y comenzar a construir una nueva arquitectura energética y de seguridad para Europa.

¿Alguien se ha dado cuenta de que el vicecanciller y ministro de Energía Robert Haback está suplicando a Canadá que devuelva las turbinas de Siemens para Nordstream 1?  

¿Alguien se ha dado cuenta de que Alemania habla ahora de abrir Nordstream 2, en lugar de nacionalizar la parte que se encuentra en sus aguas?  Habeck sigue diciendo que no, pero ¿hasta cuándo?  Está sintiendo el calor, o la falta de él, ahora.  Por cierto, la corona pesa mucho, Berlín Bob.

Habeck lo dice porque la nueva estrategia de Davos se centra en hacer caer los precios de la energía.  Pero cantará una melodía diferente cuando esta nueva estrategia fracase.  Solo para que lo anotes: Putin se almuerza a los tontos como Habeck.    

El tema para idiotas lanzado por el G-7, sobre ponerle un tope al precio del barril de petróleo ruso, 40-65 dólares, es su pista.  ¿Adivina qué?  Ese es su objetivo de precio para el petróleo en el mercado de futuros.

Esta gente siempre te dice sus planes antes de ejecutarlos. 

Son tan arrogantes que creían que podían subir los precios del petróleo hasta la luna y aún así hacer caer el rublo respaldado por el petróleo.  Llevo más de dos años comentando esto y todavía no deja de sorprenderme.

Por fin están volviendo a la realidad, porque políticamente tienen verdaderos problemas en lugares que creían tener totalmente controlados: Italia, Holanda, Alemania, etc. 

La revuelta de los agricultores se está convirtiendo en algo paneuropeo.  Habrá un buen negocio para los estadounidenses que contrabandean armas a Europa para luchar contra la policía en unas semanas.

Nadie está dispuesto a pagar el equivalente a 400 dólares de petróleo para calentar sus casas y “eet ze bugz” o morirse de hambre por el “cambio climático”, esto incluye a Habeck, que sabes que no “eet ze bugz”.

No soy el único que ve que hay algo raro en el petróleo.  También hay un esfuerzo concertado ahora para fabricar el consentimiento en contra de que la Fed suba más los tipos.  

Los titulares gritan: ¡RECESIÓN GLOBAL!

El petróleo está condenado porque la demanda está destruida.

Mientras tanto, los verdaderos analistas del petróleo siguen mirando hacia el futuro y descalificando a un Sur Global que no se preocupa por la demanda de petróleo en Europa o en los Estados Unidos cuando ese mundo ya no está encerrado y no ve más que déficits estructurales en la producción y en la futura inversión de reemplazo de reservas.

China está señalando claramente que se abrirá y aflojará la política monetaria para hacerlo (220.000 millones de dólares de estímulo), según mis Munchings del 28 de junio y la entrada de ayer en el blog. 

Por lo tanto, está claro que estamos viendo a Davos establecer una falsa operación con el petróleo que los verá bombardear el mercado de futuros para hacer bajar el precio ahora que Rusia ha levantado todos los controles de capital y está permitiendo que el rublo flote de nuevo.

Esto podría ser una repetición del colapso del petróleo de 2014, también un asunto totalmente impulsado por los futuros dirigido al tipo de cambio del rublo.  Sin embargo, esta vez hay una diferencia.  Entonces teníamos a los saudíes dispuestos a ampliar la producción para arrebatarles cuota de mercado a los rusos.  En los ocho años transcurridos, Rusia y Arabia Saudí lideran ahora la OPEP+.  

Juntos forman la vanguardia que se declara independiente de la guerra de Davos contra el carbono.  ¿Y quién ha sido el más notorio a la hora de no atender las llamadas de Joe Biden? Arabia Saudí.

¿Quién se ha mantenido firme en el apoyo a las cuotas de producción de la OPEP+ frente a los 120 dólares por barril de petróleo y las exigencias de Occidente de bajar los precios?  Arabia Saudí.

Entonces, ¿quién cree usted que es el verdadero objetivo de este próximo ataque a los precios del petróleo? 

Arabia Saudí.  

Puede que finalmente tengamos ese momento en el que los saudíes hagan voluntariamente lo que Rusia hizo a finales de 2014, dejar de defender su moneda frente al dólar estadounidense.  La forma en que los saudíes compensan esta estrategia es simplemente liquidar el “peg” del precio mientras el petróleo está por encima de sus costos reales de producción y necesidades presupuestarias.

Si hacen eso, este giro que intenta Davos también fracasará.

Sí, todo esto se ha puesto en marcha con la dimisión de Boris Johnson como primer ministro del Reino Unido.  Davos recupera al Reino Unido, replantea su estrategia antirrusa, humilla a Estados Unidos y ahora consigue atacar las divisas de los dos mayores exportadores de petróleo del mundo.

Las cosas apenas comienzan a calentarse mientras nos dirigimos a las elecciones de medio término en Estados Unidos.