Desde que se formó
el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan hemos padecido
espionaje, denostación y difusión de información dolosa y falaz. Vigilan
en todo momento nuestros movimientos y monitorean nuestras reuniones.
Interceptan nuestras llamadas telefónicas y amenazan a las víctimas que
acompañamos, para que se desistan de sus denuncias. Hemos enfrentado
denuncias penales, en que nos señalan como miembros de la guerrilla.
En la década de 1990, por defender los derechos humanos de algunos
maestros democráticos que fueron torturados, acusados de pertenecer a
organizaciones político-militares, nos asociaron con grupos armados y
dijeron que éramos defensores de guerrilleros. Tuvimos acceso a un
documento que llegó a la Secretaría de Desarrollo Social, donde ubicaban
a sacerdotes católicos como promotores de movimientos subversivos. Como
director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, me
señalaron como parte de la línea dura de la teología de la liberación,
que pregonaba que sólo las armas cambiarían la realidad de la Montaña.
Fue un documento auspiciado por los militares y elaborado por el Cisen.
En esos años se trataba de ubicar a las organizaciones sociales y
movimientos religiosos que supuestamente apoyaban al EZLN.
Cuando defendimos a Valentina Rosendo e Inés Fernández, víctimas de
violación y tortura sexual por militares, enfrentamos junto con ellas
amenazas graves, al grado de que debimos cerrar nuestras oficinas en
Ayutla. Valentina con su pequeña hija tuvo que huir del estado. Pese a
las denuncias, los ministerios públicos se negaron a investigar. En
febrero de 2009, criminales, coludidos con el presidente municipal de
Ayutla, desaparecieron y asesinaron a dos defensores del pueblo Tu un
savi, Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce Rosas. En lugar de indagar a las
autoridades, filtraron la información de que Raúl pertenecía a la
guerrilla, justificando su homicidio. Sus ejecuciones se enmarcan dentro de la guerra de contrainsurgencia aplicada en Guerrero contra los luchadores sociales.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió medidas
provisionales para proteger a Inés Fernández, Valentina Rosendo, así
como al equipo de Tlachinollan. En 2010 la Corte Interamericana declaró
por unanimidad que el Estado mexicano resultó internacionalmente
responsable por la violación de los derechos a la integridad personal, a
la dignidad, a la vida privada y a las garantías judiciales de Inés
Fernández y Valentina Rosendo. Varios soldados fueron responsables de
violaciones y torturas sexuales contra Inés y Valentina. El cumplimiento
de las dos sentencias y el castigo a los responsables ha implicado
riesgos y amenazas para las familias de las dos compañeras y para los
miembros de Tlachinollan.
Ante la decisión unilateral de la Comisión Federal de Electricidad
(CFE) de construir una presa hidroeléctrica en el afluente del río
Papagayo, los campesinos opositores del núcleo comunal de Cacahuatepec
se organizaron para defender su río y sus tierras. Crearon el Consejo de
Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa la Parota (Cecop), que bajo
el liderazgo de Marco Antonio Suástegui ejercieron su derecho a la
protesta y públicamente se opusieron a ser despojados y desplazados de
su territorio. Los tres niveles de gobierno criminalizaron su
movimiento. Causaron divisiones, provocaron enfrentamientos y consumaron
varios asesinatos. Encarcelaron a Marco Antonio y lo trasladaron al
penal de alta seguridad en Tepic, Nayarit. Como Tlachinollan asumimos su
defensa y demostramos su inocencia. En los tribunales agrarios ganamos
cinco juicios y echamos abajo los planes aviesos de construir la presa,
que con el apoyo de la Procuraduría Agraria, la presidencia municipal de
Acapulco y los gobernadores en turno, trataron de imponerla utilizando
la fuerza pública.
Para contrarrestar la presencia del Cecop en las comunidades pobres
del Acapulco rural, las autoridades municipales se coludieron con
empresarios corruptos y grupos criminales. La extracción ilegal de los
recursos pétreos y el trasiego de la droga en la región son los
problemas que más afectan a los campesinos que en todo momento han
pedido la intervención de las autoridades. En lugar de proteger sus
tierras comunales se ha incrementado el despojo y la violencia, al grado
que en la región la disputa territorial es sangrienta por la presencia
del grupo delincuencial Los Rusos y la UPOEG. Las dos
organizaciones junto con elementos de la policía ministerial de Acapulco
tienen que ver con la desaparición de Vicente Suástegui, defensor del
territorio y hermano de Marco Antonio.
La documentación divulgada en las últimas semanas como resultado del hackeo
contra la Sedena, evidencia que se ha espiando a los defensores y
líderes sociales del Cecop y de Tlachinollan. Sus informes están
plagados de mentiras. Falsamente y sin fundamento, se nos acusa de una
amenaza para el gobierno. Nos tratan como delincuentes. Por el
contrario, no se investiga con seriedad a los grupos criminales que han
devastado el río Papagayo, los que están vinculados con el negocio de la
droga y la venta de armas y han causado terror en la población del
Acapulco rural.
Los aparatos de inteligencia se han convertido en fábrica de
mentiras, en enemigos de las organizaciones sociales y los defensores de
derechos humanos. Las falsas acusaciones en nuestra contra señalándonos
como promotores de la ingobernabilidad en la región, desacreditan
nuestra labor y nos colocan en alto riesgo. La criminalización contra
los defensores y luchadores sociales debe cesar.
Durante años el gobierno mexicano ha usado una poderosa
herramienta cibernética para espiar a los ciudadanos. En teoría
nadie escapó al fisgoneo de sus cuentas de correo, redes sociales,
llamadas telefónicas, mensajes de texto. Y esa herramienta la
maneja una compañía, Hacking Team, que tiene entre sus clientes,
además de la federal, a muchas administraciones estatales. Pero la
empresa del superespionaje fue espiada y vulnerada, así que la
información ilegal –política, financiera e incluso personal– de
sus espiados está ahora al alcance de casi cualquiera en internet.
El ataque cibernético en contra de la empresa italiana Hacking
Team –asunto que se hizo público el domingo 5– fue catastrófico
para el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y una docena de
gobernadores. La intervención y filtración de las bases de datos
de la empresa productora de programas y desarrollos informáticos
puso al descubierto que desde el sexenio pasado las autoridades
mexicanas espían a sus ciudadanos.
Aunque la información se refiere sólo a una empresa proveedora de
ese tipo de software, las bases de datos hackeadas (es decir,
vulneradas, descifradas y robadas) demuestran la intensidad de los
gobernantes mexicanos en materia de espionaje. La referencia
principal es que, hasta antes del ataque, México era la principal
fuente de ingresos de Hacking Team. Por entidades, el Centro de
Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) era su tercer cliente
más importante en el mundo.
La puerta de entrada de Hacking Team a México fue el propio Peña
Nieto. Cuando era gobernador del Estado de México, su
administración contrató en 2009 a esa empresa de Milán. El
propósito fue equipar a los Cuerpos de Seguridad Auxiliares del
Estado de México (Cusaem) con un software que le permitiera hacer
el seguimiento de personas, instituciones y organizaciones
consideradas “objetivos” de su gobierno.
Computadoras, teléfonos celulares y otros dispositivos, cuentas
de correo, redes sociales, contactos, mensajes escritos o de voz,
chats, conversaciones por Skype, imágenes… toda la información de
esos “objetivos” ha sido hurgada desde entonces no sólo por el
gobierno del Estado de México, sino por el federal y, desde hace
dos años, por otros gobiernos estatales y hasta por Petróleos
Mexicanos (Pemex).
Abierto así el camino en México, Hacking Team es desde hace seis
años proveedor del gobierno federal, y desde hace dos, de una
creciente lista de administraciones estatales.
El principal producto que han comprado es un potente sistema
llamado Remote Control System, capaz de penetrar de manera
simultánea “miles” de celulares y computadoras, desde donde
infiltra las cuentas personales en Facebook, Google, Yahoo, Gmail,
etcétera, para extraer imágenes, correos, chats y mensajes de
texto con archivos adjuntos de voz. También puede extraer datos y
multimedia y hacer inútil la encriptación.
Con México como uno de sus principales compradores, hasta antes
del ataque cibernético Hacking Team tenía planeado expandirse.
Para octubre próximo está anunciado como uno de los patrocinadores
del encuentro internacional Telestrategias, que se realizará en la
Ciudad de México organizado por ISS World Latin America, empresa
dedicada a los sistemas de apoyo de inteligencia para intercepción
legal, vigilancia electrónica y obtención de ciberinteligencia.
Pero más importantes eran las intenciones de compra que le habían
manifestado tanto el gobierno federal como algunos estatales, una
vez que pasaran las elecciones del pasado 7 de junio.
Tierra de oportunidades
En el gobierno federal, los programas de la empresa italiana han
sido comprados desde el sexenio pasado para las secretarías de
Gobernación (Cisen y Policía Federal), de la Defensa Nacional
(Sedena), de Marina, la Procuraduría General de la República (PGR)
y hasta para Pemex.
Entre la información de la empresa hecha pública el lunes 6, está
el plan estratégico de Hacking Team para México, al cual la
empresa caracteriza como clave para sus ventas en el Continente
Americano.
Además del gobierno federal, el plan identifica como clientes a
los del Estado de México, Querétaro, Puebla, Campeche, Tamaulipas,
Yucatán, Durango, Jalisco y Baja California. La peculiaridad común
es que la agencia responsable ante la empresa italiana es, en
todos los casos, la “oficina del gobernador”. Por el tiempo en que
esos gobiernos compraron los equipos se trata de los actuales
mandatarios estatales.
En el caso del Estado de México, los equipos han sido para los
Cusaem y la Procuraduría General de Justicia.
Además, según la información intervenida, Sonora y Nayarit eran
considerados el año pasado por la empresa como “oportunidades”,
mientras que los actuales gobiernos de Chihuahua, Guerrero y
Zacatecas, además de la Sedena y la Policía Federal (PF), tenían
prometidas compras para el tercer trimestre del año pasado. En el
caso de la Defensa, por 510 mil euros, y en el de los gobiernos,
350 mil cada uno.
Desde 2009 la inversión conjunta del gobierno federal y los
estatales ha sido de 5 millones 808 mil euros, que al tipo de
cambio actual equivalen a unos 100 millones de pesos, que han
salido de los presupuestos públicos. Un costo relativamente bajo
para las ganancias que las autoridades federales y estatales han
obtenido en el conocimiento de sus blancos a seguir.
Pero 2015 iba a disparar esa cifra. Pasadas las elecciones, los
vendedores de Hacking Team respondieron a solicitudes de
cotizaciones por parte de varias instituciones y entidades para
adquirir la última versión de su sistema Galileo.
Días antes del hackeo y de la exhibición de la base de datos de
la empresa, sus intermediarios advertían que los contratos estaban
prácticamente ganados. Otra vez, para el gobierno federal y otros
gobiernos estatales. Para la PF se elevaba a 785 mil euros. Para
la Sedena, a más de 1 millón 500 mil euros. Para la Unidad
Antisecuestro de Jalisco, a 925 mil euros. La propuesta para
Guerrero, fechada al 21 de enero de 2014 y calificada de
“extremadamente confidencial”, se elevaba a 610 mil euros.
Las bases de datos de Hacking Team incluyen listas e historial de
sus clientes, las empresas intermediarias que colocaron el equipo
en México y otros países, nombres de ejecutivos y operadores,
correos electrónicos, facturas, cartas de crédito, bitácoras y
todo tipo de información que muestra las relaciones comerciales de
la empresa.
En total, más de 400 gigabytes de la empresa italiana y sus
clientes, entre los que destaca México. Otros de los compradores
de software de intrusión son Marruecos, Arabia Saudita, Malasia,
Etiopía, los Emiratos Árabes Unidos, Singapur y Chile, además de
Italia y Estados Unidos.
Desde el sexenio pasado
El sofisticado ataque cibernético llevó días, incluso semanas,
superando nuestras defensas, explica a Proceso Eric Rab, jefe de
marketing y oficial de comunicaciones de Haking Team. “Hemos
hablado con nuestros clientes, les hemos explicado lo que sabemos
del ataque y les hemos pedido suspender cualquier investigación
que tengan en curso. Todos los clientes han acordado hacer eso”,
respondió vía electrónica.
En esa condición se encuentran por lo menos una veintena de
compradores mexicanos, a decir de la información consultada por
este semanario. Después de las compras en 2009 del gobierno de
Peña Nieto en el Estado de México, se desató la adquisición de
equipo por parte del entonces gobierno de Felipe Calderón y luego
de gobiernos estatales.
En 2010 el gobierno federal empezó a comprar a través del Cisen y
de la PF. Al siguiente año, la Marina se convirtió en nuevo
cliente. Según lo reportado por las propias dependencias a la
empresa italiana, el Cisen tenía 140 “objetivos”; la Marina, 100,
y los Cusaem, 100.
A cargo entonces de Guillermo Valdés Castellanos, el Cisen ha
sido el principal comprador de software intrusivo y ofensivo a
Hacking Team.
Entre los gobiernos de Calderón y de Peña Nieto, la agencia de
seguridad del Estado mexicano ha comprado a la empresa italiana
equipos y software por 1 millón 390 mil euros.
El Cisen y los Cusaem han sido los únicos adquirientes mexicanos
directos de ese tipo de programas informáticos. Las demás
autoridades mexicanas han adquirido el llamado software
“defensivo” y lo han hecho a través de empresas privadas.
Las empresas identificadas como intermediarias son Teva Tech de
México, Sym Servicios Integrales, Elite by Carga y Dynamic Trading
Exchange, con contratos firmados. También están como
distribuidores oficiales Neolinx, Grego y Cloudsec, aunque hasta
donde indica la información no habían concretado ventas en el
momento del hackeo.
El empresario de seguridad Eduardo Margolis, implicado por
Florence Cassez en su caso judicial en México, también intentó
convertirse en intermediario de Hacking Team con su empresa Epel,
al ofrecer a los ejecutivos italianos sus “relaciones de alto
nivel con el gobierno mexicano” y sus contactos con el de Israel.
De acuerdo con las facturas exhibidas, esas empresas
intermediarias adquirieron entre 2012 y 2014 licencias para
explotar el Remote Control System, en sus sucesivas versiones,
primero Da Vinci y luego el más sofisticado Galileo, capaces de
penetrar varios targets (objetivos) al mismo tiempo.
Mina mexiquense
Después del Cisen, la entidad que más ha gastado en el software
de la empresa italiana es el Estado de México. Con Peña Nieto, en
2009, gastó 400 mil euros; después, en 2012, ya en el actual
gobierno de Eruviel Ávila, 783 mil euros para la Procuraduría
General de Justicia (PGJ).
En el primer caso, el responsable de los Cusaem era Ciro Mendoza
Becerril, considerado protegido del entonces gobernador Peña
Nieto. El organismo dependía de la Agencia de Seguridad Estatal
–hoy Secretaría de Seguridad Ciudadana–, a cargo entonces de David
Garay Maldonado, actual responsable de la Unidad de Gobierno de la
Secretaría de Gobernación.
Por lo que hace a la PGJ mexiquense, la primera vez que entró en
contacto con la empresa de Milán fue en 2012. Ese año la
procuraduría tuvo dos titulares: Alfredo Castillo, excomisionado
del gobierno de Peña Nieto en Michoacán y actual director de la
Comisión Nacional del Deporte; y Miguel Ángel Contreras Nieto,
actual secretario de Medio Ambiente del gobierno de Eruviel Ávila
y procurador de Protección Ambiental del gobierno estatal de Peña
Nieto.
Después del Estado de México y el gobierno federal, a partir de
2013 los gobiernos estatales empezaron a comprar el software y su
actualización. Ese año fueron Querétaro, Puebla y Campeche; además
de Pemex, con Emilio Lozoya Austin como director.
En 2014 se sumaron Tamaulipas, la Secretaría de Planeación y
Finanzas de Baja California, Yucatán, Durango y Jalisco. De
acuerdo con los reportes, durante 2015 esas entidades han hecho o
tienen que hacer pagos de mantenimiento.
En cuanto se conoció que México era un importante comprador de
software para espiar, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel
Osorio Chong, de quien depende el actual director del Cisen,
Eugenio Ímaz, aseguró que la adquisición había ocurrido en el
sexenio pasado. Pero las bases de datos demuestran que el gobierno
de Peña Nieto ha pagado 410 mil euros para mantenimiento y
actualización del software.
En México Hacking Team enfrenta a la competencia del programa
FinFischer –desarrollado por la alemana Gamma Group– y del oneroso
sistema Pegaso, producido por la israelí NSO Group y que
distribuye aquí Security Tracking Devices.
Durante las administraciones panistas, el Cisen y la PF
adquirieron, mediante esa empresa, equipo de espionaje de Estados
Unidos, según contratos del Departamento de Estado publicados por
este semanario en 2013 (Proceso 1915).
Uno de los operadores fue el entonces secretario de Seguridad
Pública federal, Genaro García Luna, quien antes ya se había hecho
de equipos de espionaje también a través de esa oficina del
gobierno estadunidense, cuando era director de la entonces Agencia
Federal de Investigaciones (AFI), en el gobierno de Vicente Fox.
En ese entonces, García Luna pidió “la intercepción de llamadas
objetivo y sesiones” de Telmex, Telcel, Nextel, Telefónica,
Unefon, Iusacell, Cisco y Prodigy.
La sucesora de la AFI en la PGR es la Agencia de Investigación
Criminal, a cargo de Tomás Zerón de Lucio, quien aparece en las
comunicaciones internas de Hacking Team como uno de los
principales negociadores por parte de México.
Con García Luna como secretario de Seguridad Pública, la PF
estaba a cargo de Facundo Rosas cuando Hacking Team vendió
software a la corporación en 2010. De él dependían los programas
informáticos de espionaje, pero debió salir de la institución en
2012 tras un fallido operativo en la normal rural de Ayotzinapa,
que dejó dos estudiantes muertos.
En abril siguiente fue rescatado por su paisano, el gobernador de
Puebla, Rafael Moreno Valle, quien lo designó secretario de
Seguridad Pública estatal. En 2013 Moreno Valle compró por primera
vez el software de Hacking Team para “10 objetivos”. Según las
bases de datos intervenidas, hasta agosto del año pasado la
administración de Moreno Valle había pagado 428 mil 835 euros,
entre compra, mantenimiento y actualización de los programas.
En el caso de Querétaro, la compra fue hecha también en 2013 por
el gobierno de José Calzada mediante la empresa Teva, y manifestó
sólo cinco “objetivos”. El gobierno de Fernando Ortega Barnés, en
Campeche, adquirió el software a través de Servicios Integrales
para 25 “objetivos”.
En el caso de Tamaulipas, ya en 2014, el equipo fue a parar a la
Secretaría de Seguridad Pública, a cargo del general de brigada
Arturo Gutiérrez García, quien relevó a Rafael Lomelí Martínez. En
Yucatán, el software lo compró la administración de Rolando Zapata
Bello; en Durango, la de Jorge Herrera Caldera, y en Jalisco, la
de Aristóteles Sandoval.
Entrevistado por Proceso, Eric Rab aseguró que con su “código
fuente imprudentemente puesto en internet, ahora está disponible a
cualquiera que le quiera dar un uso bueno o malo. Consideramos que
subir este código a la red mundial es un acto impactante e
intolerable que debe ser castigado por cualquier medio legal
posible”.