Fabrizio Mejía Madrid
"Lo que digo es que no hay victoria posible porque no existen objetivos claros. Tampoco quién encabeza la guerra".
Donald Trump anunció hace unos días que Estados Unidos terminaría su
bombardeo en Irán en “dos o tres semanas”. Se rindió frente al cierre
del Estrecho de Ormuz. Se rindió también ante el supuesto uranio
almacenado. Se rindió ante el cambio de régimen diciendo que el hijo del
asesinado líder supremo es menos radical y más amable. Confunde el
cambio de régimen con el cambio de personas y ni siquiera pudo hacer un
cambio de familia.
Esta es una guerra que nunca tuvo un objetivo claro y tampoco un país
que la encabezara. Veamos. El 28 de febrero dijo que era para que Irán
no produjera un arma nuclear. Era el mismo argumento que había utilizado
en junio de 2025 para, según él, “borrar” las instalaciones
supuestamente nucleares de los iraníes. Según esto, Irán fue capaz de
volver a construir sus reactores en ocho meses. Construir un reactor
nuclear requiere de entre seis y diez años. Según Trump, Irán lo habría
hecho en ocho meses. Ahí hay una primera mentira: o en junio no “arrasó”
con las instalaciones o Irán no iba a producir nada. Las dos cosas no
pueden ser ciertas. Además, Trump se refirió a su guerra con Israel en
Asia Occidental como “un pequeño viaje”.
Hay que recordar que, primero, la administración de Trump trató de hacer
una revolución de colores en Irán aprovechando el casi nulo valor de su
moneda y el desabasto de alimentos. No salió. Luego, hicieron tres
rondas de negociaciones para lo del uranio. Hay que recordar que unas
horas antes del ataque, el ministro de Exteriores de Omán, Badr
Albusaidi, había dicho que la tercera ronda de negociaciones indirectas
entre EU e Irán en Ginebra ---cito---: “era una que alcanzará la paz
porque Irán se ha comprometido a no almacenar uranio enriquecido y que
acepta las inspecciones del órgano internacional de regulación de la
energía nuclear”. Las pláticas habían sido entre el ministro iraní Abbas
Araghchi y los enviados de Trump, incluidos Steve Witkoff y Jared
Kushner, su yerno. Así que muy probablemente la bomba nuclear de Irán
sea como tan real como las “armas de destrucción masiva” de Sadam
Hussein en la última guerra en Iraq. Pero pronto cambió de objetivo.
Tres días después, el 2 de marzo, Trump dijo que era para cambiar el
régimen de Irán y que alentaba a la oposición interna a tomar las
calles. Las mismas calles que estaban siendo bombardeadas. Lo que
sucedió no fue el final del régimen que se había fortalecido con los
ataques de junio, sino el asesinato del líder Supremo de Irán, una
figura sagrada que provocó que los combatientes iraníes vieran su muerte
como un sacrificio. Ya, al final, dijo que era para abrir el Estrecho
de Ormuz y alentó a los países europeos y asiáticos a ayudarle a
destrabarlo. Todos se negaron. Ahora mismo dice que no es su problema
porque Estados Unidos tiene mucho petróleo y, además, se robó el de
Venezuela. Esto, aunque la propia administración gringa dice que Estados
Unidos importó en enero pasado 139 mil barriles de pertróleo por día.
La autosuficiencia petrolera es también una mentira. No dijo nada de su
absoluta dependencia de los fertilizantes que pasan por el Estrecho de
Ormuz. La urea, por ejemplo, ha subido el doble, de 450 la tonelada a
860 dólares. Luego tenemos el caso del helio que no puede ser almacenado
más allá de mes y medio y que sirve para enfriar semiconductores, sean
de las máquinas resonancia magnética en los hospitales o en la
fabricación de chips. Además, el precio del barril aumenta globalmente,
no en lo nacional. Ha aumentado el 33 por ciento la gasolina y el gas en
Estados Unidos.
Pero bueno. Lo que digo es que no hay victoria posible porque no existen
objetivos claros. Tampoco quién encabeza la guerra. Marco Rubio dijo
que había sido Israel quien decidió atacar primero y que EU simplemente
lo secundó. Luego, Trump le echó la culpa a su yerno por malinterpretar
las negociaciones y, todavía después, a su extraño Secretario de Guerra
por no pensar que Irán atacaría a los países del Golfo Pérsico y que
cerraría Ormuz. Ahora él asume la guerra como victoria.
Sigue Trump: “Ésta noche, hace apenas un mes que el ejército de Estados
Unidos inició la Operación Furia Épica, dirigida contra Irán, el
principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo. En estas
últimas cuatro semanas, nuestras fuerzas armadas han logrado victorias
rápidas, decisivas y contundentes en el campo de batalla. Victorias como
pocas personas han visto antes. Esta noche, la armada iraní ha sido
destruida. Su fuerza aérea está en ruinas. Sus líderes, la mayoría de
ellos, el régimen terrorista que dirigían, están muertos. Su mando y
control sobre el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica está
siendo diezmado en este preciso instante. Su capacidad para lanzar
misiles y drones se ha visto drásticamente reducida. Y sus armas,
fábricas y lanzacohetes están siendo destruidos por completo. Quedan muy
pocos”.
Aquí hay varias cosas que decir. La primera es que se pueden ganar todas
las batallas y perder una guerra. Eso ocurrió en Vietnam y Afganistán.
Ni el Frente de Liberación Nacional de Ho Chi Minh y Le Duan ganaron una
sola batalla y, aún así, Estados Unidos fue derrotado. Lo mismo con los
talibanes quienes, diez años después, siguen en el poder en Afganistán.
La segunda es que no son la armada, marina, y guardia lo que sostiene
en este momento la defensa de Irán, sino los misiles, hackeos, radares, y
el cierre del Estrecho de Ormuz.
También dice Trump: “Cancele el acuerdo nuclear con Irán de Barack
Hussein Obama, un desastre. Obama les dio mil 700 millones de dólares en
efectivo. Dinero en efectivo, dinero verde, lo sacó de bancos de
Virginia, Washington D.C. y Maryland. Todo el efectivo que tenían. Lo
transportó en avión en un intento de comprar su respeto y lealtad, pero
no funcionó. Se rieron de nuestro Presidente y siguieron adelante con su
misión de obtener una bomba nuclear. Su acuerdo con Irán habría dado
lugar a un arsenal colosal de armas nucleares para Irán. Las habrían
tenido hace años, las habrían usado y el mundo habría sido diferente. En
mi opinión —y la de muchos expertos—, no existirían ni Oriente Medio ni
Israel ahora mismo si no hubiera cancelado ese terrible acuerdo. Me
sentí muy honrado y orgulloso de hacerlo, pero fue un desastre desde el
principio”.
Aquí habría que decir que Obama no les pagó mil 700 millones de dólares a
los iraníes a cambio de que ya no produjeran una bomba nuclear. Fue una
indemnización que Estados Unidos tenían desde 1979 cuando le prometió
al Sha de Irán 400 millones en armas y no se las entregó. El litigio fue
al Tribunal de La Haya que reconoció la deuda. No fueron mil 700 sino
400. Tampoco fue en dólares en efectivo, sino en euros y francos suizos
porque Irán no tiene acceso al sistema bancario internacional, debido a
las sanciones. Las sanciones se remontan a 1984 cuando Ronald Reagan los
responsabiliza de un atentado en Líbano y les quita el acceso al
sistema financiero. Luego, en 1996, Bill Clinton impide que los
inversionistas de petróleo y gas lleguen a Irán. De 2006 a 2010 la ONU
impone sanciones extras hasta que se llega al acuerdo con Obama en 2015 y
las restricciones se aflojan. Pero es la primera presidencia de Trump
que regresa todas las sanciones hasta hacerlas las más difíciles de
sortear, como en Venezuela y Cuba.
Ahora, mucho más importante es el acuerdo de Obama con Irán. El único
problema con ese acuerdo fue que no lo firmó Trump. La Comisión de
Energía de la Unión Europea le dio seguimiento y verificó cómo Irán
desmanteló sus plantas y no almacenó más uranio. Así que cuando en 2018,
Trump desbarató el acuerdo, no había nada de malo con él. Pero Trump
descarta toda esa historia y se presenta como el gran salvador. Dice:
“En esencia, hice lo que ningún otro Presidente estuvo dispuesto a
hacer. Cometieron errores y yo los estoy corrigiendo (…) Durante años,
todos han dicho que Irán no puede tener armas nucleares. Pero al final,
son solo palabras. Si no están dispuestos a actuar cuando llegue el
momento.”
Según él este era el momento aunque todo indica que miente. Lo que no
dice es que los únicos motivos para esta guerra eran los intereses de
Israel en la región, su idea de invadir Líbano, y su delirante derecho
divino a quitarle a los demás pueblos el derecho a existir.
Luego, Trump trató de calmar a los consumidores que han visto una
inflación de 2.4 y un desempleo del 4.5. Dice: “Estados Unidos nunca ha
estado mejor preparado económicamente para afrontar esta amenaza. Todos
lo saben. Construimos la economía más fuerte de la historia. Estamos
viviendo ahora mismo la más fuerte de la historia. Y en un año, hemos
transformado un país muerto y debilitado”. Aquí tengo que interrumpir a
Trump y despertar a quien le redacta los discursos. Un país no puede
estar muerto Y debilitado. Si ya está muerto no tiene sentido
preguntarnos por su fortaleza. Sigue Donald: “Me duele decirlo, pero
éramos un país muerto y debilitado tras la administración anterior y lo
hemos convertido en el país más próspero del mundo, con una diferencia
abismal, sin inflación, con inversiones récord en Estados Unidos (más de
18 billones de dólares) y el mercado bursátil más alto de la historia,
con 53 máximos históricos en tan sólo un año. Todo esto nos preparó para
erradicar un cáncer que llevaba mucho tiempo latente. Se le conoce como
el Irán nuclear, y no sabían lo que se les venía encima. Jamás lo
habrían imaginado”. Lo de la inversión de 18 billones de dólares es una
mentira en despoblado. 18 billones de dólares son tres cuartas partes
del PIB total de Estados Unidos en 2024. Es imposible atraer una
inversión de ese tamaño en un año que lleva Trump. La Oficina de
Análisis Económico del Departamento de Comercio de los Estados Unidos ha
dicho que la inversión es de 151 mil millones de dólares, es decir, 133
mil millones de dólares menos de lo que repite Trump.
Pero la mentira no lo detiene en su afán de hablar de sí mismo en
tercera persona. Dice: “Gracias a las políticas de la administración
Trump, producimos más petróleo y gas que Arabia Saudita y Rusia juntas”.
Esto es inexacto porque Estados Unidos produce 13 millones de barriles
diarios y Rusia más Arabia llegan a 20 millones. Pero se le perdona su
inexactitud porque viene lo bueno: su rendición sobre lo que provocó su
guerra junto con Israel, el cierre del Estrecho de Ormuz. Dice: “Estados
Unidos prácticamente no importa petróleo a través del Estrecho de Ormuz
y no lo hará en el futuro. No lo necesitamos. No lo hemos necesitado, y
no lo necesitamos. Hemos derrotado y diezmado por completo a Irán.
Están diezmados militar y económicamente, y en todos los demás aspectos.
Y los países del mundo que reciben petróleo a través del Estrecho de
Ormuz deben cuidar ese paso. Deben valorarlo. Deben aprovecharlo y
valorarlo. Podrían hacerlo fácilmente. Les ayudaremos, pero deberían
tomar la iniciativa para proteger el petróleo del que dependen
desesperadamente. Ármense de valor. Deberían haberlo hecho antes.
Deberían haberlo hecho con nosotros, como les pedimos. Vayan al frente y
simplemente tómenlo, protéjanlo, úsenlo para ustedes. Irán ha sido
prácticamente diezmado. Lo más difícil ya está hecho, así que debería
ser fácil. Y en cualquier caso, cuando termine este conflicto, el
estrecho se abrirá naturalmente. Simplemente se abrirá. Querrán vender
petróleo porque es lo único que tienen para intentar reconstruir. El
flujo se reanudará y los precios del gas bajarán rápidamente. Las
cotizaciones bursátiles volverán a subir rápidamente. Francamente, no
han bajado mucho. Bajaron un poco. Pero han tenido días muy buenos en
los últimos días. De hecho, nos ha ido mucho mejor de lo que pensaba.
Pero tuvimos que hacer ese pequeño viaje a Irán para eliminar esta
terrible amenaza”.
Hasta ahí, Trump le estuvo hablando a los bolseros de Wall Street. Ahora
se dirigió a su base, la del MAGA, que es básicamente guerrerista y
xenófoba. A ellos les dedica su retórica de la crueldad, aunque sepa que
está admitiendo crímenes de lesa humanidad: “Vamos a atacarlos con
extrema dureza durante las próximas dos o tres semanas. Los vamos a
hacer retroceder a la Edad de Piedra, donde pertenecen. Mientras tanto,
las negociaciones continúan. El cambio de régimen no era nuestro
objetivo. Nunca hablamos de un cambio de régimen, pero este se ha
producido debido a la muerte de todos sus líderes originales. Todos
están muertos. El nuevo grupo es menos radical y mucho más razonable.
Sin embargo, si durante este tiempo no se llega a un acuerdo, tenemos la
vista puesta en objetivos clave. Si no hay acuerdo, atacaremos con
fuerza todas y cada una de sus centrales eléctricas, probablemente de
forma simultánea. No hemos atacado sus instalaciones petroleras, aunque
sean el objetivo más fácil, porque no les daría ni la más mínima
posibilidad de sobrevivir o reconstruirse. Pero podríamos atacarlas y
desaparecerían. Y no podrían hacer nada al respecto. No tienen equipo
antiaéreo. Su radar está completamente destruido. Somos una fuerza
militar imparable. Las instalaciones nucleares que arrasamos con los
bombarderos B-2 han sido atacadas con tal intensidad que tardaríamos
meses en acercarnos al polvo nuclear. Además, las mantenemos bajo una
intensa vigilancia y control satelital. Si vemos que hacen algún
movimiento, incluso un intento de ataque, los atacaremos con misiles con
gran contundencia. Tenemos todas las de ganar. Ellos no tienen
ninguna”. Es decir, Trump está amenazando con derruir instalaciones que
está prohibido atacar sin enfrentar un juicio por genocidio en La Haya.
El Presidente de los gringos culminó su discurso con este párrafo
olvidable mañana en el desayuno: “El país ha sido devastado y, en
esencia, ya no representa una amenaza. Eran los matones de Oriente
Medio, pero ya no lo son. Esta es una verdadera inversión en el futuro
de sus hijos y nietos. El mundo entero está observando y no pueden creer
el poder, la fuerza y la brillantez; simplemente no pueden creer lo
que ven. Déjenlo a su imaginación, pero no pueden creer lo que ven: la
brillantez del ejército de Estados Unidos. Esta noche, todos los
estadounidenses pueden esperar con ilusión el día en que finalmente nos
liberemos de la maldad de la agresión iraní y del espectro del chantaje
nuclear. Gracias a las medidas que hemos tomado, estamos a punto de
poner fin a la siniestra amenaza de Irán para Estados Unidos y el mundo.
Y les aseguro que el mundo está observando. Y cuando lo logremos,
cuando todo haya terminado, Estados Unidos será más seguro, más fuerte,
más próspero y más grande que nunca”.
Y todos sabemos que no es más seguro, sino mucho más caro.
3.4.26
La rendición de Trump
19.9.25
Resistencia o vasallaje
Carlos Fazio
El ataque israelí de decapacitación de Hamas en Qatar y la guerra híbrida de EU contra Venezuela, parte de una misma estrategia
En medio de frágiles negociaciones solicitadas por Estados Unidos para un alto el fuego en Gaza, el ataque ilegal y extraterritorial de Israel el pasado 9 de septiembre en Doha, Qatar, tuvo como objetivo decapitar a la cúpula política del Movimiento de Resistencia Islámica de Palestina (HAMAS). Un patrón ya documentado en la guerra de los 12 días, cuando Washington y Teherán mantenían contactos preliminares sobre un posible nuevo acuerdo nuclear, y EU e Israel atacaron a Irán.
En la consecución de sus objetivos geoestratégicos, mutuos y personales -entre ellos consumar el genocidio, la limpieza étnica y aplicar la política de tierra arrasada como parte del plan “Riviera Gaza”-, Donald Trump (China, BRICS, Venezuela, Brasil) y Benjamín Netanyahu (Gran Israel) encarnan al policía bueno y al policía malo. Ambos cometen perfidia (un crimen de guerra), pero mientras Trump finge negociar y atrae a la mesa de negociación al adversario como estrategia de distracción, Netanyahu se encarga de destruirlo con premeditación, alevosía y ventaja. Ambos dinamitaron ahora las hilachas de diplomacia que quedaban.
El impacto simbólico es profundo. La mesa de negociación político-diplomática, tradicionalmente un espacio protegido de los ataques militares, ya no es garantía de nada. Peor: se ha convertido en una trampa para eliminar al enemigo. Quedó claro y lo ratificó Netanyahu al decir que los negociadores de Hamas son un objetivo militar.
De paso, la neutralidad y la soberanía nominales del Estado mediador, Qatar, socio estratégico de Washington que alberga la base aérea de Al Udeid, sede del cuartel general del Mando Central (USCENTCOM) del Pentágono y el mayor enclave militar en la región, han sido vulneradas.
Según el analista de asuntos militares Mohammad Molaei, el régimen israelí desplegó un paquete de aproximadamente 15 cazas furtivos F-35I Adir, complementados con plataformas de ataque F-15I Ra’am, lanzando una salva de 10 bombas dirigidas Rafael Spice-2000 y posiblemente municiones AGM-158 JASSM-ER de alcance extendido. Estos activos, guiados mediante protocolos de supresión de defensas aéreas enemigas (SEAD/DEAD), penetraron el espacio aéreo catarí sin ser detectados, explotando las brechas en los sistemas regionales de defensa aérea integrada del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG, integrado por los países árabes ribereños del Golfo Pérsico).
De acuerdo con Molaei, después del ataque, la invocación de Qatar al artículo 51 de los derechos de autodefensa de la Carta de la ONU sonó vacía, ya que sus radares de banda X AN/TPY-2 de Raytheon, capaces de advertir misiles balísticos, permanecieron inactivos, priorizando la postura diplomática sobre una respuesta cinética. A su juicio, el rol cómplice de Estados Unidos en esta violación merecen un análisis a través del prisma de la logística expedicionaria y el intercambio de inteligencia.
La postura de la administración Trump, simulando sorpresa posterior al hecho, se desmorona bajo el escrutinio de su red de sensores centrada en Al-Udeid. El radar de advertencia temprana AN/FPS-132 del Comando Central del Pentágono, emplazado en la base aérea de Al-Udeid, posee un alcance de detección superior a los 3,000 kilómetros para objetivos de baja observabilidad, fusionando los datos de banda X TPY-2 con las señales satelitales SBIRS GEO para seguimiento persistente de misiles. Esa arquitectura, integrada a través de enlaces de datos Link-16, debería haber iluminado el paquete de la IAF a 500 millas náuticas, activando baterías Patriot PAC-3 MSE o Raptors F-22 del 379th Expeditionary Wing. Sin embargo, no sonó ninguna alerta; los jets del régimen sionista de Israel atravesaron el “ojo de la aguja” sin ser molestados.
En realidad, los activos de Al-Udeid sirven como un nodo militar avanzado israelí. Según Mohammad Molaei, este conducto unidireccional, carente de salvaguardias recíprocas por parte de Qatar, convirtió a la base en cómplice de la vulnerabilidad de Doha, como lo demuestra la ausencia de intervención de EU en el ataque. El silencio de Centcom no solo anuló los pactos de defensa mutua bajo el SOFA (Acuerdo sobre el Estatus de las Fuerzas) firmado en 2002 entre EU y Qatar, sino que amplificó la percepción de la falta de fiabilidad de la administración Trump, erosionando la cohesión del CCG en medio del aumento de las posturas disuasivas iraníes A2/AD (Negación de acceso/Negación de área).
El primer ministro catarí calificó la agresión como “terrorismo de Estado” y prometió represalias. Pero ello oculta una dura realidad: ni Doha ni sus hermanos árabes poseen la autonomía doctrinal o la profundidad material para una respuesta calibrada. La impotencia del CCG está codificada en los anexos de seguridad de los Acuerdos de Abraham, donde Riad y Abu Dabi, a pesar de la adquisición de F-35, ceden al veto de Washington sobre las acciones cinéticas anti-Israel, temiendo represalias a través de los puntos de estrangulamiento de la petrolera saudí Aramco o las vulnerabilidades de desalinizadoras de Taweelah de los Emiratos Árabes Unidos (EAU).
De manera predecible, la retórica inflamada de Qatar y las demás monarquías absolutas del Golfo se disipará en maniobras diplomáticas, tal vez a través de resoluciones de la Organización de la Cooperación Islámica (OCI), mientras el régimen israelí recalibra para nuevos ataques.
El mensaje, pues, es inequívoco: el paraguas de la defensa colectiva voló por los aires; los procesos de normalización basados en principios de equilibrio, mutua legalidad y cooperación militar entre EU y las monarquías del Golfo (Qatar, Arabia Saudita, Emiratos y Bahréin), están regidos por una subordinación propia de protectorados y giran en función de las prioridades bélicas de Israel como portaviones terrestre de Washington en Medio Oriente. Según señaló un editorial del diario británico The Guardian, “para Trump parece que no hay verdaderas líneas rojas cuando se trata del gobierno extremista de Israel”.
Como antes en el caso de Irán, priman el chantaje, la fuerza bruta y la capacidad de imponer hechos consumados. La negociación no se concibe ya como un límite a la violencia, sino como un escenario subordinado a ella. El intento de asesinato de los negociadores de Hamas marca un punto de inflexión. En términos sistémicos, ese cambio remata los fundamentos del viejo orden internacional. Sumados el genocidio y la limpieza étnica en Gaza, el derecho internacional ha terminado de fenecer.
Moraleja: la seguridad no depende de terceros. Los estados se enfrentan a una disyuntiva binaria: aceptar el vasallaje, o como hizo Irán, construir su propia capacidad de disuasión y formas de resistencia que le permitan preservar un mínimo de autonomía y soberanía.
Trump exhibe músculo militar en el Caribe
Eso nos lleva al despliegue militar de EU en el Caribe, cuyo objetivo central es un cambio de régimen en Venezuela, instalar un gobierno cipayo y apoderarse de sus hidrocarburos, el oro y otros minerales geoestratégicos.
En sus intentos por imponer un gobierno títere en Venezuela, durante un cuarto de siglo seis sucesivas administraciones de Estados Unidos (Clinton/Bush/Obama/Trump/Biden/Trump) han recurrido a sus manuales de guerra de baja intensidad, híbrida, de colores o de zona gris, incluida la actualización de su tecnología y sus métodos bélicos, pero no han obtenido resultados.
Por eso, ahora, Trump, quien durante años ha fantaseado con el uso promiscuo de la fuerza militar contra el tráfico de drogas, ha vuelo a desempolvar esa estrategia como tapadera para proyectar su dominio militar.
El narcotráfico es un delito, no un acto de guerra. Por eso, para intentar eludir ese obstáculo, su equipo fabricó la forzada asimilación de los cárteles de la droga con el terrorismo, reeditando la vieja matriz utilizada en 1985, con fines propagandísticos injerencistas, por el ex embajador de EU en Colombia Lewis Tambs: la narcoguerrilla, que pocos años después devino, oportunamente, en narcoterrorismo.
En el marco de la renovada política de máxima presión impulsada por el secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, EU busca provocar un incidente o falso positivo, como pretexto para justificar una escalada de agresiones militares contra Venezuela. Se trata de un libreto conocido, entre cuyos precedentes están el incidente del Golfo de Tonkín en 1964, cuando el gobierno de Lyndon Johnson arguyó ataques del Vietcong contra el destructor USS Maddox como excusa para intervenir en la guerra de Vietnam, y la falsa narrativa de la administración Bush Jr. sobre las “armas de destrucción masiva” de Sadam Hussein para intervenir en Irak en 2003.
En la actual coyuntura, The Washington Post ha señalado que el despliegue naval en el Caribe implica una suerte de “militarismo performativo”. No es un plan estratégico coherente sino un gesto escénico para demostrar fuerza, producir imágenes altisonantes y alimentar titulares para consumo interno; una lógica que ya se había visto en ciudades como Los Ángeles o Washington, donde se enviaron tropas contra la voluntad de las autoridades locales. Según el diario estadunidense y la agencia británica Reuters, las operaciones letales y el despliegue naval se ejecutan con fundamentos legales difusos, pruebas débiles y consecuencias diplomáticas imprevisibles. No obstante, las repercusiones en el Caribe son inmediatas.
Como señaló Rosa Miriam Elizalde en Cubadebate, la función de Donald Trump en este engranaje es darle formato de espectáculo. Ha hecho de la política exterior un guion para titulares inmediatos: renombrar simbólicamente el Departamento de Defensa como “Departamento de Guerra”; desplegar cazas supersónicos sobre Puerto Rico; amenazar con derribar aviones venezolanos y ofrecer recompensas millonarias por la captura de Nicolás Maduro. Todo ello compone una puesta en escena destinada a proyectar dureza y control, aunque en realidad genera incertidumbre y desestabilización.
A ello responde la puesta en escena de la narcolancha en el Caribe el 2 de septiembre (ver “El difuso incidente de la narcolancha y otras argucias del intervencionismo de EU en Venezuela”, Mate Amargo 3/IX/2025), con saldo de 11 presuntos muertos, seguida de un segundo ataque cinético el día 15, con otros tres supuestos asesinados (acciones letales que un grupo de expertos de la ONU consideró como ejecuciones extrajudiciales) y del ilegal y hostil abordaje de una embarcación atunera con nueve pescadores por marines del destructor USS Jason Dunham (DDG-109), valorado en miles de millones de dólares y equipado con misiles crucero, mientras operaba en aguas de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) venezolana el viernes 12.
No obstante, esas acciones podrían marcar el inicio de una nueva fase de una guerra no convencional, multidimensional y cinética, bajo el viejo ropaje de la “seguridad hemisférica”. Esa estrategia combina provocaciones y operaciones sicológicas con campañas de intoxicación mediática y narrativas criminales que utilizan al mítico cártel de Los Soles y al extinto Tren de Aragua, con la finalidad de manufacturar a Venezuela como un narco-Estado que “amenaza” la seguridad continental, y justificar así una escalada militarista e incluso la intervención directa del Pentágono.
Una variable es fabricar un escenario tipo Libia, mediante un levantamiento opositor interno que cuente con apoyo aéreo y misilístico de las fuerzas de EU desplegadas en el Caribe. Una fórmula sembrada en el Diario de las Américas por el exmarine Jesús Romero, miembro de un oscuro think tanks al servicio de Marco Rubio (el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami), que busca convencer a Trump de que el sistema de defensa aéreo de Venezuela ha “colapsado” y una operación así sería “pan comido”. (sic) La tesis del levantamiento interno ha estado presente desde las primeras guarimbas de 2007 y se aceleró en 2024 cuando María Corina Machado planteó la opción táctica del enjambramiento (swarming).
Otro opción sería la de la decapitación del gobierno de Maduro, ya utilizada por Trump en el asesinato del general iraní Qassem Soleimani con un dron, en 2020; una táctica replicada por su socio genocida Netanyahu en Yemen; en el devastador ataque de decapitación contra Hezbolá en el Líbano; el igualmente descarado contra los principales líderes iraníes durante su “guerra de doce días” con Teherán, y ahora en Doha, Qatar.
La filtración del Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami en el Diario de las Américas coincide con la denuncia del ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, en el sentido de que los trabajos de inteligencia estadunidenses se han incrementado de manera exponencial en los últimos meses.
El ministro dijo que la noche del sábado 13 se detectó el sobrevuelo de aviones RC-135 (capaces de recopilar inteligencia en tiempo real hasta 200 millas dentro del territorio venezolano), KC-135 (naves cisterna que suministran combustible en pleno vuelo y permiten misiones prolongadas) y E-3 Sentry AWACS (puestos de comando aéreo con radar de largo alcance), lo que implica que no son simples patrullajes rutinarios: son piezas de un despliegue táctico que encaja perfectamente en la definición amplia de “uso de la fuerza”, esto es, presencia disuasiva, recolección de inteligencia estratégica, preparación logística y búsqueda de incidentes que justifiquen una escalada.
Padrino no sólo denunció la frecuencia creciente de estos vuelos, triplicados en agosto y diarios en septiembre, ahora realizados de noche o madrugada, sino también su carácter ilegal y peligroso ya que violan normas operacionales al no notificar planes de vuelo, arriesgando accidentes aéreos en aguas venezolanas. Pero más allá de lo técnico, advirtió sobre su intención política: provocar un casus belli.
En esa variable, ¿es probable un ataque militar seguido de una invasión a Venezuela? Los 4.500 soldados estadunidenses desplegados en el Caribe jamás podrían tomar Venezuela, un país con montañas, selva y múltiples centros urbanos; ni siquiera si se multiplicaran. Sin embargo, el escenario sí insinúa una peligrosa coreografía de amenazas calculadas de la administración Trump, sin cruzar el umbral de la confrontación abierta. Por ahora.
Los ejercicios UNITAS y una Guerra en Zona Gris
Previamente, Reuters había reportado que cinco cazas estadounidenses F-35 aterrizaron el sábado pasado en Puerto Rico después que Trump ordenara que 10 aviones furtivos se unieran como refuerzo militar en el Caribe para supuestamente contrarrestar los cárteles de la droga. Y no está de más consignar, que el 15 de septiembre iniciaron los megaejercicios navales UNITAS 2025 con la participación de buques de 25 países y más de 8 mil efectivos frente a las costas de Miami, en la retaguardia del despliegue de la Armada estadunidense en el Caribe.
Según el sitio oficial America’s Navy, los ejercicios, organizados por el Comando Sur (SOUTHCOM) de EU, incluyen múltiples navíos de superficie, submarinos, aeronaves y sistemas de flota no tripulados, junto a ejercicios en tierra, cercana a estaciones navales en los estados de la Florida, Carolina del Norte y Virginia. Las maniobras, que concluirán el 6 de octubre, incluyen defensa aérea, guerra antisubmarina, interdicción marítima, desembarcos anfibios, ejercicios con fuego real -incluido un SINKEX (hundimientos de barcos)- y la integración de sistemas no tripulados e híbridos.
Además de buques de Argentina, Belice, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y del país anfitrión, Estados Unidos, en los ejercicios participan navíos de Alemania, Países Bajos, Canadá, España, Francia, Grecia, Italia, Marruecos, Japón, Portugal y Singapur. Para el investigador venezolano José Negrón Valera, UNITAS “no es más que la fachada para imponer de la manera menos traumática posible un bloqueo marítimo a Venezuela”.
En ese contexto, el despliegue de buques estadunidenses listos para entrar en acción frente a las costas venezolanas, además de enmarcarse en una típica estrategia de operaciones psicológicas (PsyOp) para generar temor al interior del país sudamericano y tratar de “quebrar” los sectores de apoyo del gobierno de Maduro, plantea el escenario de una “guerra en zona gris”, entendida como un conflicto por aproximación en un espacio ambiguo o difuso, donde se amplían los márgenes de acción para el atacante sin entrar en enfrentamiento militar directo. Se trata de una variante de la guerra híbrida difícil de visualizar, porque la frontera entre la guerra y la paz se difumina en un espacio intermedio donde no hay una confrontación abierta.
Como señaló un reporte de Telesur, básicamente, esta modalidad bélica no respeta las reglas de juego establecidas y abre varios frentes de batalla al mismo tiempo, pero donde no exhibe una fuerza militar tangible que responda a las leyes previstas de la guerra convencional. Sus amenazas están pensadas para imposibilitar o confundir los cálculos de riesgo tradicionales, provocando la paralización del oponente incapaz de decidirse entre la inacción o la acción, ya que la primera puede implicar una derrota y la segunda un uso desproporcionado de la fuerza. Se apela a la utilización únicamente de medios que permitan tanto la “negación plausible”, como la “no atribución”, de ahí el recurso a los ataques cibernéticos, que dificultan sobremanera la inculpación de sus responsables -si es que llega a conocerse el origen de los mismos- o de unidades paramilitares.
En la coyuntura, Venezuela enfrenta una nueva agresión multidimensional que forma parte de la agenda de cambio de régimen de la administración Trump 2.0, encubierta bajo la pantomima de la lucha contra el narcotráfico. En este contexto, Vladimir Padrino ha alertado que Estados Unidos busca fabricar un casus belli mediante acciones de bandera falsa o falsos positivos. Su denuncia no debe leerse como una reacción aislada, sino como una alerta temprana dentro de un patrón histórico documentado: el de un poder hegemónico en decadencia, pero que lejos de retirarse sigue expandiendo su presencia militar en el Gran Caribe (considerado históricamente como el Mediterráneo estadunidense), incluso en tiempos de paz declarada.
Otro patrón histórico documentado son los montajes. Al respecto, ayer, el ministro de Relaciones Interiores de Venezuela, Diosdado Cabello, informó sobre el desmantelamiento de una operación de falsa bandera, que estaría a cargo de la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), para vincular al país suramericano con el tráfico de drogas.
En una rueda de prensa, Cabello informó que el lunes 16 de septiembre, con información previa de inteligencia, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana monitoreó durante 20 horas el traslado de una pequeña embarcación que salió de Puerto López, en La Guajira colombiana, pasó por la península de Paraguaná, en el estado venezolano de Falcón, y fue interceptada cerca del Puerto de Cumarebo, en la costa de esa entidad con salida al Caribe.
Cabello detalló que le hicieron todos los llamados de alto a los cuatro tripulantes, cumpliendo con los protocolos de interdicción de drogas, y que finalmente “al verse rodeados, se rindieron”. Entre el material incautado se encuentran una embarcación tipo ‘Go fast’ con cuatro motores fuera de borda, un teléfono satelital, 100 sacos de clorhidrato de cocaína, dos teléfonos inteligentes, dos radiotransmisores, un GPS y 2.400 litros de combustible en 28 bidones.
Cabello dijo que el operador de la droga es Levi Enrique López Bati, quien posee estrechos vínculos con Gersio Parra Machado, quien opera en el Catatumbo y en La Guajira colombiana. Y aseveró que, con conocimiento de causa, López “es agente de la DEA, un narcotraficante” y que el movimiento de esa droga iba a ser parte de una operación de falsa bandera de EU contra Venezuela. Llamó la atención que los cuatro detenidos portaban cédula de identidad venezolana.
Maduro y la Guerra de Todo el Pueblo
El 15 de septiembre, el presidente Nicolás Maduro reiteró que en caso de una agresión militar al país, Venezuela pasará a una fase de lucha armada de carácter popular, con eje en la concepción de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de “Guerra de todo el pueblo”; una estrategia en base a la unidad popular, civil y militar, y la movilización política-territorial del Partido Socialista Unificado de Venezuela. Ergo, una combinación de movilización militar y disuasión popular, que remite en el imaginario histórico a un “Vietnam recargado” (reloaded) para Washington.
Venezuela ha desplegado una respuesta multifacética. Militarmente, la FANB ha reforzado sus defensas aéreas y costeras con 25 mil soldados desde la semana pasada, anticipando posibles ataques aéreos. Pero más allá de lo táctico, ha lanzado el Plan Independencia 200, que combina el despliegue de la FANB en 284 puntos estratégicos con la movilización de la Milicia Nacional Bolivariana.
En teoría, la resistencia cívico-militar se desarrollaría en el escenario físico y virtual, en las calles, en las redes y en la mar, articulada por las fuerzas armadas y ocho millones de milicianos. Este último elemento es clave: en lenguaje militar, se trata de “disuasión por costo”. El despliegue miliciano en una estructura de resistencia eleva el precio de cualquier intervención, recordando a Estados Unidos el trauma de Vietnam: una guerra de desgaste y prolongada; impopular y políticamente insostenible para Washington.
Ayer, miércoles 17, al anunciar la activación de la maniobra de campaña ‘Caribe Soberano 200’ en el marco de ejercicios militares en el mar venezolano, el ministro de Defensa Padrino dijo que la FANB activó milicias especiales de pescadores, tropas élites, así como diversas embarcaciones de la Armada, entre ellas, buques con artillería antiaérea. Los ejercicios también son acompañados con sobrevuelos en altamar de aviones de combate Sukhoi, tanques anfibios en las costas, entre otros elementos para la defensa del territorio, dispuestos a expulsar cualquier amenaza como tropas extranjeras, mercenarios y/o delincuentes vinculados al narcotráfico internacional o planes sediciosos.
En un contexto global donde Estados Unidos se encuentra involucrado de lleno en varios frentes de guerra (Ucrania, Medio Oriente, estrecho de Taiwán), Trump podría tener que pensarlo dos veces y evitar aventuras sin retorno. El apresto operacional venezolano indica que puede hacer peligrosamente costosa una intervención militar estadunidense.
En la rueda de prensa del pasado lunes, Maduro catalogó a Marco Rubio como “el señor de la muerte y de la guerra, del odio”. No obstante, dejó una puerta abierta. Aunque reconoció que los canales diplomáticos con EU se encuentran en un estado de degradación profunda: “No están en cero, pero están deshechos”, dijo que Caracas mantiene “comunicación mínima con el señor (John) Mc Namara por la liberación de nuestros migrantes”.
La concentración de fuerzas del Pentágono en la región caribeña confirma que los canales diplomáticos bilaterales se encuentran “deshechos”, como dijo Maduro, en gran medida por la ambición de Marco Rubio y el afán de destruir cualquier alternativa política viable.
El martes, durante su participación en la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), celebrada en Asunción, Paraguay, el enviado especial del presidente Trump para el caso Venezuela, embajador Richard Grenell (el otro interlocutor de Maduro), dio una entrevista donde defendió la diplomacia y la búsqueda de un acuerdo con el gobierno de Maduro. Y en un mensaje indirecto a su enemigo interno (Marco Rubio) en el seno de la administración trumpista, dijo: “Siempre me oirán como alguien que aboga por el diálogo. He ido a ver a Nicolás Maduro. Me he sentado frente a él. He expresado la postura de América Primero. Entiendo lo que quiere (…) Creo que aún podemos llegar a un acuerdo. Creo en la diplomacia. Creo en evitar la guerra”.
Según Grenell, “Trump odia la guerra”.
En un momento de máxima hostilidad entre Washington y Caracas, Grenell abrió una rendija para el diálogo y la paz. Hasta ahora, Trump ha manejado la incertidumbre como variable estratégica. En el caso venezolano, aunque acicateado por Marco Rubio, toda la escalada militar depende de él en última instancia. Su pragmatismo oscila entre el instinto de línea dura y el temor al costo político. La moneda está en el aire.
(*) Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones.
28.6.25
El mendaz y marrullero Trump se desdobla entre su pulsión exterminadora y su Yo mesiánico
Por Carlos Fazio
En sólo tres días, del 21 y 23 de junio, una alocada y frenética sucesión de hechos que incluyó el bombardeo de tres centrales nucleares pacíficas iraníes, puso al mundo al borde de una gran conflagración bélica y culminó con un inestable y transitorio cese al fuego entre Irán y el eje Estados Unidos/Israel que podría derivar en una guerra de desgaste con implicaciones geopolíticas de signo incierto. No obstante ‑y más allá del reality show protagonizado urbi et orbi por el presidente Donald Trump, que incluyó una histriónica campaña de intoxicación propagandística‑, el análisis de la coyuntura, tras derrumbarse algunos mitos y mentiras, deja varias conclusiones de tipo provisional.
En particular, que Irán y el régimen de los ayatolás son un hueso duro de roer para la potencia imperial y sus vasallos; el tan cacareado Domo de Hierro que garantizaba la seguridad de Israel resultó un fiasco, y según una evaluación temprana de la Agencia de Inteligencia de Defensa y el Comando Central de EU ‑presuntamente filtrada por Israel y difundida por CNN, NBC News y The New York Times‑, los ataques a las instalaciones de Fordo, Natanz e Isfahán no lograron destruir los componentes centrales del programa atómico de Teherán y probablemente solo lo retrasaron seis meses, lo que contradice los categóricos dichos de Trump y el Pentágono de que la operación militar tuvo un “éxito abrumador” y efectos similares a los de… ¡Hiroshima y Nagasaki!
Trump, Netanyahu y la ruptura limpia
El 21 de junio la guerra infinita del Estado imperial dio un nuevo giro. Como adelantó Seymour Hersh dos días antes de los hechos, tras sucumbir a las presiones del Estado profundo (deep state) y ordenar atacar de manera artera e ilegal tres instalaciones nucleares pacíficas de Irán, el presidente Donald Trump escaló la guerra de agresión iniciada, con su consentimiento, por el subimperialismo israelí en Medio Oriente.
Ya entonces, el canciller alemán Friedrich Merz, un halcón y exCEO de BlackRock, había dicho sin sutilezas que el régimen expansionista de Benjamín Netanyahu hacía el “trabajo sucio” (Drecksarbeit) “para todos nosotros”, en implícita alusión a las potencias del Occidente colectivo. Y ahora, asesorado por el director de la CIA, John Ratcliffe, y el comandante general del Comando Central (CENTCOM) del Pentágono, Michael Kurilla ‑vehículos del Mossad y del complejo militar-industrial de Israel, y financiados, como él, por el Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC), que se describe a sí mismo como un “lobby pro-israelí” ante el Congreso y la Casa Blanca‑, usando como distractor el señuelo “nuclear” iraní, Trump repite el esquema de George W. Bush en su ataque a Irak, en 2003. En la agresión a Irak, Washington esgrimió que Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva, lo que en tiempo real advertimos que era falso; ahora, Trump usó como excusa que Irán está cerca de alcanzar el arma nuclear, otra mentira fabricada por las usinas de propaganda de EU, Reino Unido e Israel, reiterada durante 30 años una veintena de veces (la estrategia de Goebbels de repetir la misma patraña muchas veces) ‑según consignaron The Intercept y otros medios‑, por el cínicamente psicótico Netanyahu, quien ha recurrido de manera sistemática a esa narrativa para manipular la mentalidad paranoica del fundamentalismo judío a fin de fortalecer el ultranacionalismo del gobierno de extrema derecha que él lidera.
Cabe remarcar que tampoco es una guerra preventiva ni defensiva. Estados Unidos y su proxy en Medio Oriente son dos potencias nucleares (según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo [SIPRI], el arsenal nuclear de Israel cuenta con unas 90 ojivas en el reactor de Dimona y un escuadrón nuclear de 125 cazas) que, al margen de la Carta de la ONU y el derecho internacional, atacaron a un país soberano (lo que da a Irán el derecho a la legítima defensa). Se consumó, así, la revelación del excomandante supremo de la OTAN, el general Wesley Clark, en 2003, poco después del 11-S: para dominar Medio Oriente, EU planeaba atacar y destruir los gobiernos de siete países, empezando por Irak, luego Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y culminando con Irán.
Con un antecedente: en 1996, Netanyahu y sus asesores estadunidenses (entre los que se encontraban Paul Wolfowitz, Douglas Feith, Victoria Nuland, Hillary Clinton, Joe Biden, Richard Perle y Elliott Abrams, entre otros), idearon una estrategia denominada “Clean Break” (ruptura limpia), que definía que Israel no se retiraría de los territorios palestinos conquistados en la guerra de 1967 a cambio de la paz en la región. En su lugar, Israel remodelaría Medio Oriente a su antojo. En septiembre de 2023, Netanyahu presentó en la Asamblea General de la ONU un mapa del “Nuevo Medio Oriente” que borraba por completo el Estado palestino. Y en septiembre de 2024 dio más detalles sobre ese plan mostrando dos mapas: una parte de Medio Oriente era una “bendición”, y la otra, que incluía a el Líbano, Siria, Irak e Irán, una maldición. El plan abogaba por un cambio de régimen en esos últimos países, por lo que la guerra de Israel y EU contra Irán es el movimiento final de una estrategia que lleva décadas.
A su vez, la operación militar-ideológica-propagandística coordinada y puesta en marcha por el binomio Trump/Netanyahu, alegando que lo que estaba en juego era la propia “existencia” del Estado israelí, es deshonesta y falsa. Las negociaciones sobre el tema nuclear propuesta por Trump a Teherán fueron una trampa y un engaño diplomático distractivo para permitir a Israel atacar. Además, al agitar el arma nuclear iraní como casus belli, Trump cometió perfidia, ya que al exigir negociar al régimen de los ayatolás apeló a la buena fe del adversario con intención de traicionarlo, práctica considerada prohibida por el derecho internacional consuetudinario y los Convenios de Ginebra de 1977, que constituye un crimen de guerra grave en los conflictos armados internacionales.
Los informes del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no han aportado prueba alguna al respecto, con independencia de que su director, el argentino Rafael Grossi, con base en los datos del algoritmo de contrainteligencia Mosaic de Palantir (la plataforma de sofware de Peter Thiel, uno de los mecenas de Trump), había filtrado información sensible sobre las plantas nucleares iraníes al régimen de Netanyahu para facilitar los bombardeos, mancillando la neutralidad del organismo de la ONU. Así, sin mediar declaración de guerra, los ataques a las centrifugadoras nucleares iraníes por EU e Israel no fueron más que un pretexto. Más allá de los propios intereses expansionistas del régimen sionista de Tel Aviv, el objetivo de la guerra fue consolidar el dominio de Israel como enclave de los imperialismos occidentales en Medio Oriente, un plan indisociable de la estrategia estadunidense de mantener su hegemonía mundial frente a China y los países miembros del BRICS.
Es la geopolítica, estúpido!
Según escribió Michael Hudson sobre los motivos de Trump para atacar a Irán, lo que está en juego es el intento de Washington de controlar Medio Oriente y su petróleo como piedra angular del poder económico estadunidense durante un siglo, e impedir que otros países avancen hacia la creación de su propia autonomía frente al orden neoliberal centrado en la Casa Blanca, el Capitolio y el Departamento del Tesoro a través del FMI, el Banco Mundial y otras instituciones internacionales. Hudson denunció, asimismo, que desde mediados de los años 70s., cuando se hablaba de la creación de un Nuevo Orden Económico Internacional, la estrategia militar del Pentágono ya contemplaba derrocar al gobierno de Irán y dividir al país en partes étnicas, como vía para establecer una dictadura cliente potencial, clave para remodelar la orientación política tanto iraní como pakistaní en caso necesario (la estrategia seguida después en la exYugoslavia, Afganistán, Libia y Siria).
Trump, como su antecesor, Joe Biden, definieron a China como el enemigo principal. Desde el punto de vista de los estrategas neoconservadores, el surgimiento del socialismo industrial impulsado por el Partido Comunista chino (el coloso asiático dejó de ser la fábrica barata del orbe y la fuerza de su economía se centra hoy en la densidad tecnológica, la escala productiva, la automatización, la eficacia logística y la capacidad de innovación aplicada), supone un peligro existencial para el control unipolar de EU, al proporcionar un modelo al que países como Rusia, India, Irán, Venezuela y otros han comenzado a seguir como alternativa estratégica, con el objetivo de recuperar la soberanía nacional, desafiando la hegemonía del dólar al utilizar sus monedas nacionales en el intercambio comercial bilateral, evadiendo el sistema de pagos interbancario SWIFT.
En ese sentido, no se trata de la guerra a Irán, sino ‑en una lógica geoestratégica estructural, por vía indirecta‑ contra China y los países del BRICS, que han venido consolidando un orden multipolar con eje en la Carta de la ONU y el derecho internacional. Por su ubicación geográfica y sus materias primas (en particular el petróleo), Irán es una de las piezas críticas del ajedrez global. De allí que no sea baladí que los primeros misiles disparados por Israel contra el territorio iraní el 13 de junio, se hicieron poco después de la llegada del primer tren desde Xi’an, en China, a Aprin, un centro logístico en Irán, el 25 de mayo pasado, lo que constituye un logro geoeconómico de Pekín en la carrera de los corredores de conectividad multimodal estratégicos del siglo XXI con EU y Europa.
China e Irán son dos países miembros del BRICS, vinculados además por un Tratado de Asociación Estratégica Amplia con Rusia, e Irán es miembro de la Organización de Cooperación de Shanghai. Así, la esencia de la nueva ruta ferroviaria entre ambos, construida desde 2021 en el marco de la iniciativa “Una Franja y una Ruta”, es simple: los productos industriales chinos llegan ahora a Irán directamente por tierra, eludiendo todas las zonas de influencia, bases militares y el control de las sanciones de Estados Unidosy la Comunidad Europea.
Pero Irán no solo recibe suministros, sino que se convierte en un nodo logístico clave que conecta, al sur, el corredor Norte-Sur, desde San Petersburgo en el Báltico, a través a través de Rusia, el Mar Caspio y la India; al oeste, el acceso terrestre a Irak, Siria, Turquía y el Mediterráneo; al este, el acceso directo a las cadenas de suministro chinas. Además, la ruta terrestre erosiona el monopolio del tráfico marítimo, especialmente, en condiciones donde dos áreas clave, los estrechos de Ormuz y Suez, están controlados y monitoreados por Estados Unidos y sus aliados. Irán ha superado gradualmente su aislamiento logístico, convirtiéndose en un enlace entre China, Rusia, India y Oriente Medio, y esa integración de la nación persa en la logística transasiática disparó el intento de la administración Trump de destruirla sistémicamente. Si Estados Unidos logra bloquear a Irán y convertirlo en un Estado cliente, se interrumpe el largo corredor de transporte que China espera construir y, también, para bloquear el desarrollo ruso a través del Caspio.
Visto así, la motivación de los ataques de EU e Israel no tiene nada que ver con el intento de Irán de proteger su soberanía nacional desarrollando una bomba atómica. El problema de fondo es que EU tomó la iniciativa intentando adelantarse a Irán y a otros países para que no rompan con la hegemonía del dólar, pero además, en el caso iraní, Trump y Netanyahu mencionaron, explícitamente, la intención de un cambio de régimen, no necesariamente democrático secular, sino quizás una extensión de los terroristas wahabitas sirios de ISIS-Al Qaida.
¿Las “bombas rompe búnkeres”, realidad o fantasía?
Por otra parte, la táctica de decapitación selectiva instrumentada por Israel en el marco de la blitzkrieg del 13 de junio, con base en la doctrina militar de Shock and awe (Conmoción y pavor) ‑que combinó el ataque de saturación de 200 cazas con el accionar de agentes clandestinos de sus servicios de espionaje (el Mossad y la Dirección de Inteligencia Militar, incluidos elementos de la Unidad 8200) y células dormidas de colaboracionistas iraníes diseminados en el territorio iraní (que siguiendo la agenda terrorista del gabinete de guerra de Netanyahu, con carros bomba, sabotajes y asesinatos callejeros, sembraron caos y destrucción en Teherán y otras ciudades)‑, estaba dirigida a desarticular la cadena de mando y provocar confusión en sus fuerzas armadas. Pero no dio resultado; Irán había previsto sucesivos mandos de remplazo, y en múltiples rondas de la Operación Promesa Verdadera III, sometió a Israel a una destrucción con misíles balísticos y drones nunca antes vista, que, sorteando el “impenetrable” Domo de Hierro, impactó bases y centros de mandos militares y de inteligencia y de varias corporaciones del complejo militar industrial en Tel Aviv, el puerto de Haifa ocupada y otras ciudades; lo que puso al régimen de Netanyahu en un callejón sin salida y demostró que las capacidades ofensivas iraníes no se vieron afectadas por los ataques israelíes.
Tal vez eso fue lo que obligó a Trump ordenar el ataque contra Irán el 21 de junio. Como señaló el jefe de Estado Mayor del Pentágono, general John Daniel Caine, alrededor de las 5 p.m. ET del sábado, justo antes de que aeronaves de EU entraran en el espacio aéreo iraní, un submarino estadunidense lanzó más de dos docenas de misiles de crucero Tomahawk contra objetivos dentro de Irán. A medida que las aeronaves se acercaban a sus objetivos, EU desplegó diversas tácticas de engaño, incluyendo señuelos… Los bombarderos lanzaron dos bombas “rompe búnkeres”, conocidas como Penetradores de Artillería Masiva GBU-57 (MOP), sobre el sitio de Fordo alrededor de las 6:40 p.m. ET. Durante los siguientes 25 minutos, según Caine, se lanzaron un total de 14 MOP sobre dos zonas objetivo.
Esa bomba de 13,6 toneladas de peso se utilizó por primera vez en un ataque. Se dice que tiene la capacidad de penetrar 60 metros en el interior de la tierra antes de explotar, logrando así lo que los israelíes no han logrado con sus armas en los últimos días: destruir las instalaciones nucleares de Irán, ubicadas en las profundidades de las montañas. Según los iraníes, eso no ha sucedido, al parecer, porque sus instalaciones nucleares están, al menos, a 80 metros bajo la superficie terrestre. Por el contrario, según Trump, el ataque fue un “éxito militar espectacular” y las tres instalaciones nucleares atacadas fueron “completa y totalmente destruidas”.
Horas después de la represalia iraní a la base aérea estadunidense Al Udeid en Catar y los mensajes que transmitió basados en el principio de “reciprocidad”, Trump anunció un alto al fuego entre Irán e Israel al amanecer del martes 24 de junio, que entró en vigor a las 7:00 am. de ese mismo día. Así, la guerra iniciada por Israel, con ataques aéreos concentrados contra instalaciones militares y estratégicas iraníes, dirigidos contra líderes militares y científicos nucleares, fue decidida por Irán, que, según reconoció el general de reserva israelí Yom Tov Samia, fue quien controló y determinó el momento del alto al fuego.
Algunas conclusiones preliminares permiten aventurar que los objetivos bélicos de EU e Israel fracasaron. De acuerdo con un reporte de la página web árabe Al Mayadeen, datos políticos y de campo revelaron el fracaso de la agresión en lograr sus objetivos más importantes, en particular, el derrocamiento del régimen del ayatolá Sayyed Ali Khamenei; la destrucción del programa nuclear iraní, y la eliminación de su capacidad misilística. Citado por el medio, el miembro del Likud en la Kneset, Amit Halevy, reconoció al respecto que “el régimen iraní llegó para quedarse, y aún posee misiles y la capacidad de disparar contra Israel”.
A su vez, y más allá de la bruma de la guerra, según publicó en su blog el analista de inteligencia canadiense Patrick Armstrong, citado por la página venezolana Misión Verdad, Irán es mucho más poderoso de lo que mucha gente pensaba; los sistemas de defensa aérea occidentales no son muy eficaces; los misiles hipersónicos iraníes son invulnerables y muy aterradores y Teherán sabe ahora qué misiles de su arsenal son más efectivos y cuáles absorben con mayor efectividad la defensa aérea del enemigo y construirá en consecuencia; Israel ha agotado las células durmientes y la penetración de inteligencia que había desarrollado en Irán.
No está de más apuntar que quien disparó el tiro final fue Irán, que emergió de la guerra imponiendo nuevas reglas de combate y demostrando que la disuasión no es una teoría, sino una realidad sobre el terreno. En ese sentido, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní comentó que Irán había logrado una victoria y “obligado a los enemigos a solicitar un alto al fuego”. A su vez, el periódico israelí Maariv también reconoció que “Irán emergió de la guerra fortalecido”, y el exministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, consideró que “el resultado de la guerra contra Irán fue discordante y amargo para Israel”.
En otro giro no previsto, el domingo 22, el líder supremo de Irán, Alí Jamenei, habría delegado todo su poder en la Cámara Suprema de la Guardia Revolucionaria, la que, de confirmarse, podrá ahora tomar una decisión nuclear sin consultarlo ni obtener una fatwa religiosa, lo que supondría un cambio estratégico importante en la estructura del gobierno iraní. Además, esa decisión sentaría las bases para la era post-Jamenei: ante su eventual asesinato, la Guardia controlaría temporalmente el país hasta que se nombre al nuevo líder, sin crear un vacío de poder ni el colapso de la cadena de mando. En lo que podría ser el comienzo de una nueva fase en el gran juego geopolítico en Medio Oriente, Irán tendría temporalmente un gobierno militar, lo que aumentará la probabilidad de una toma de decisiones menos conciliadoras y posturas más duras hacia Israel, el Golfo, EU e, incluso, el programa nuclear iraní.
En ese contexto, y superando el cinismo de Joe Biden, en su confabulación con Netanyahu, Trump acaba de ejecutar una rutina barata del policía bueno y el policía malo, de consecuencias imprevisibles: según expresidente ruso, Dmitri Medvédev, una serie de países están dispuestos a suministrar directamente armas nucleares a Irán y, de persistir en sus propósitos bélicos, EU podría ser arrastrado a una nueva guerra con perspectiva de operación terrestre.
A manera de colofón, cabe consignar que entre los analistas militares persisten las dudas sobre el éxito de los bombardeos de EU. A manera de ejemplo, el exoficial de inteligencia del Cuerpo de Marines, Scott Ritter, calificó los ataques del Pentágono contra instalaciones nucleares iraníes como “maniobras para salvar las apariencias” que no lograron ningún objetivo estratégico. A su vez, como mencionamos al principio, el martes 24, CNN, NBC News y The New York Times, difundieron una evaluación temprana de la Agencia de Inteligencia de Defensa y el Comando Central de EU ‑presuntamente filtrada por Israel‑, que señala que los ataques a las instalaciones de Fordo, Natanz e Isfahán no lograron destruir los componentes centrales del programa atómico de Teherán y probablemente solo lo retrasaron seis meses, lo que contradice los categóricos dichos de Trump y el Pentágono de que la operación militar tuvo un “éxito abrumador” y efectos similares a los de las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial.
Ayer, miércoles 25, durante la cumbre de la OTAN en La Haya, Trump dijo a los periodistas: “Ese golpe (a Irán) puso fin a la guerra. No quiero usar el ejemplo de Hiroshima. No quiero usar el ejemplo de Nagasaki. Pero fue esencialmente lo mismo. Aquel impacto acabó con aquella guerra y este con esta”. También arremetió contra los medios y periodistas que citaron la versión preliminar del Pentágono, en particular, citó a Allison Cooper, de CNN; Brian L. Roberts, director de ‘Con-cast’ en NBC; y Johnny Karl, de la cadena ABC. En el mismo escrito, tachó de “tonto” a Roberts y de “perdedores” al equipo de ‘Con-cast’. Y concluyó: “Nunca termina con los corruptos de los medios y por eso sus índices de audiencia están en mínimos históricos: ¡cero credibilidad!” Al respecto, el secretario de Defensa de EU, Pete Hegseth, anunció este miércoles la apertura de una investigación por el FBI sobre la filtración de ese informe confidencial.