17.11.22

Pata rajada

Fabrizio Mejía Madrid

La referencia de la señora a los pies y al calzado no es, pues, ninguna innovación lingüística; es, en cambio, la repetición pública con aplausos y apoyo, del discurso de la blanquitud.


“Es nuestra descendencia la que está en juego”, aseguró una señora vestida de blanco en la marcha que anunció la entrada de la oposición a la elección presidencial de 2024. Gritando, desaforada, describió lo que, para ella, es el Presidente López Obrador: “Indio de Macuspana: tienes unas patas rajadas que ni el mejor zapato que te pongas te quita lo naco, pendejo”. Sobre el Paseo de la Reforma, la señora recibió aplausos. En Twitter, los usuarios como Francisco Goytortúa la llamaron “gran mexicana” o, como Gloria Dávila, dijeron que “las representa”. Ambos retuitean con fruición a Felipe Calderón. La pregunta obligada es: ¿cómo un discurso de odio puede “representar” a alguien y qué tenía que ver el insulto racista hacia el Presidente con marchar supuestamente en defensa del órgano electoral más oneroso y omiso que hemos tenido desde 2006?

Pata rajada es un término del clasismo racializado que se utiliza en toda América Latina para discriminar a los indígenas sin zapatos, a los esclavos y los peones tanto de la colonia como del siglo XIX, que trabajaban descalzos y cuyas plantas de los pies se abrían con el polvo del camino. Se debe hacer notar que no se dice “pie” sino “pata”, porque se animaliza al insultado. Referirse a las heridas de la piel de los pies también hace alusión a que las comunidades indígenas fueron desplazadas geográficamente a las afueras de las ciudades criollas y, por ende, tenían que “bajar del cerro” cuando se les llamaba con tambores. De hecho, tan es un clasisimo racialializado el tipo de racismo mexicano, que no importaba si eran mestizos, se les seguía llamando “indios” a los que vivían en los linderos, en las afueras distantes y que tenían que desplazarse para tratar asuntos con “la gente de razón”. Los indios no sólo caminaban sino que cargaban cosas a cuestas y aun, personas. “Tiene el nopal en la frente”, dicen de alguien que corporalmente lleva el distintivo de una identidad ancestral que es la pobreza.  

La referencia de la señora a los pies y al calzado no es, pues, ninguna innovación lingüística; es, en cambio, la repetición pública con aplausos y apoyo, del discurso de la blanquitud. Blanquitud no es un color de piel sino una actitud mental. La blanquitud cultural no es blancura racial —se puede enarbolar la blanquitud siendo moreno o negro—, sino una violencia sistemática contra un grupo que se siente que no está comportándose como debería. La violencia verbal de la señora de la marcha hace transparente a todo un sistema de apariencias, reglas de vestimenta y del lenguaje, códigos de comportamiento, construido para obligar, para someter a los demás a ser mercancías. Como la describió el filósofo Bolívar Echeverría, “la blanquitud arrasa con todo aquello que se le opone o que amenaza el poder del utilitarismo: las pulsiones de vida, las tendencias lúdicas y creativas, los momentos de ocio, disfrute y libertad, los arrebatos del deseo, las pasiones y la risa, los espacios de encuentro espontáneo y de reflexión crítica”. En el fondo de la blanquitud está el sometimiento de lo Otro que, si no se reprime, merece ser exterminado. La señora de la marcha, al igual que el magnate Claudio X. González o los líderes del PRIAN, reaccionan ante un país que ya no es la totalidad donde ellos creían vivir. Es un país con una mayoría del 80 por ciento que supo, en algún momento de 2006, que el neoliberalismo nunca la iba a beneficiar. Pero los que siguieron comportándose, sometidos a las reglas de ser mercancías —con la “actitud positiva” de la autoayuda, los gestos, la sonrisa perpetua, las formas presentarse como una mercancía que se ofrece para ser comprada—, reclaman ahora su desconcierto. Habría que decirles que no es la 4T la que no cumplió sus expectativas de someterse para lograr un mayor nivel de consumo, sino que esa promesa del neoliberalismo era una mentira. Que debían escuchar a los de abajo, a los pobres, que se dieron cuenta desde hace más de una década. Pero no los han escuchado porque el propio sometimiento a la blanquitud se los impide: ¿cómo los pobres van a saber más que yo? Los zapatos, nos dice la blanquitud, son una identidad espiritual que no se borra.

Pero ¿cuál es esa identidad? Bolívar —y antes Husserl—, aclaran que el “eurocentrismo” no es de los gitanos, los eslavos, o los polacos y españoles, o en el caso de Estados Unidos, los afroamericanos o los judíos. No es geográfico ni cultural, sino de una clase hegemónica, imaginada, fantaseada por los que, desafortunadamente, tuvieron que nacer en México, en la periferia polvorienta, improvisada, narcotraficante, y “horrorosa”, como dijo el excanciller de Vicente Fox del pueblo de Putla. Es la confusión de la universalidad abstracta con el anhelo de pertenecer al centro hegemónico concreto, los blancos de Europa y Estados Unidos. Así, la señora de la marcha siente que la desigualdad con los “indios de Macuspana” se justifica por la superioridad de “saber pensar”, ser útil, y someterse a una racionalidad de ser útil a un discurso de dominación que ella misma repite. La señora, al igual que muchos que de buena fe asistieron a marchar por los privilegios de la burocracia del órgano electoral y su tribunal, están sometidos, sin siquiera estar conscientes de ello, a una forma de juicios, valores, y comportamientos sin la cual no pueden ser “modernos”. Los zapatos serían la metáfora de esa servidumbre que les exige para ser aceptados en la civilización superior. Como ellos mismos se saben obedientes a las reglas de la blanquitud, también le exigen docilidad a los de abajo. Los que tienen trabajadoras domésticas les celebran su docilidad, su sumisión, y les atribuyen una bondad “natural”, que es encajar en su lugar inferior. Pero, cuando exigen sus derechos, vuelven a ser “indios pata rajada”.

Si eres “indio de Macuspana” cuando no reconoces tu lugar inferior en la escala de la blanquitud, eres comunista cuando politizas la desigualdad. Eso también se repitió en la marcha de Claudio X. González y el PRIAN. Un cartel que sostenía un señor maduro en pants y chamarra rosa así lo dejaba ver: “No somos pueblo, somos ciudadanos”. Muchos rechazaron la existencia misma de las clases sociales y prefirieron encubrir la desigualdad tan notoria en México con llamados a que “todos somos mexicanos” y a esta idea de una ciudadanía que son sujetos separados del resto que votan, no pendientes de la situación nacional, sino de sus propios intereses. Pero he ahí otra de sus contradicciones: tomaron una mentira como la desaparición del órgano electoral como parte de sus intereses trastocados. Ellos escuchan “pueblo” en su acepción del siglo XIX, cuando se reconocía la racionalidad de los hombres por separado pero que, a la hora en que se juntaban para protestar en público, se convertían en una masa irracional. ¿Cómo se operaba esa transformación del ciudadano razonable en pueblo impulsivo? Era una cosa diabólica que tenía que ver con la manipulación de un líder carismático. Era una cosa demencial que tenía que ver con el anonimato en una gran concentración de personas que llevaba a que se sintieran impunes en sus arrebatos escondidos en la indefinición. No reconocen las clases sociales sino lo que les han repetido hasta la saciedad: hay ganadores y fracasados. El signo distintivo entre el triunfo y la derrota es el dinero y, por ende, ser pobre es estar estigmatizado por la derrota y el fracaso. No serlo, aunque no se sea rico, es estar, por lo menos, en el camino al éxito. Por eso se han negado a sí mismos la oportunidad, tan humana y universal, de la derrota. Y la esconden con vergüenza o se repiten que es temporal y que debes aprender de ella, cuando todos sabemos que el infortunio es lo más generalizado y que ganar es la excepción. Pero se han sometido a esa otra esclavitud del ánimo: actuar como que es cierta esa gran mentira del neoliberalismo de que el esfuerzo y el talento eran suficientes para triunfar. Me conduelo de su soledad, de sus esfuerzos que no dejan frutos, de enterarse —porque tienen que haberlo escuchado ya— de que los millonarios consiguieron sus fortunas con contratos corruptos, que se les perdonaron los impuestos, que se les regalaron rescates cuando ellos mismos juraban que la valentía de ser empresarios es que existía un riesgo de perderlo todo. Nunca tuvieron riesgos porque los rescatábamos todos. Nunca arriesgaron nada porque se les daba trato de favoritos. Pero ahí siguen los esforzados de la superación personal reivindicando su derecho a esforzarse sin reclamar lo que los de arriba si han tenido: apoyos del Gobierno. Entre los ricos que nos endeudaron a todos con el Fobaproa y los programas sociales, la señora de la marcha cree que la pobreza se reparte, que se contagia, que se invoca si uno la nombra. La pobreza es como un conjuro, una maldición, un hechizo.  

La manta dice: “Me gustan los lujos del capitalismo: comer tres veces al día y que mi perro sea mi mascota y no mi cena”. La marcha sostiene una idea que no tiene asideros en la realidad. El socialismo no existe pero se le llama así a recuperar un poco del Estado de Bienestar. La denominación a la mano es “Así empezó Venezuela”, pero no hay algo palpable a la mano sobre qué significa eso de ser Venezuela. Entonces se recurre a la idea de la dictadura que tampoco existe. Los últimos cuatro años la oposición ha planteado lo que puede ocurrirnos: que nadie tenga vacunas; que se devalúe el peso; que la violencia rebase al Gobierno; que AMLO se reelija e instaure el castrochavismo masónico. Pero no ocurre. Esta vez tampoco: nadie ha planteado la desaparición del órgano electoral, sino que amplíe sus funciones a las consultas populares. Aún así, se insiste en la dictadura porque la libertad sería la de las mercancías y de los hombres y mujeres que se venden como tales, que son medios para un fin, que es el dinero. Han creído durante tres décadas que ejercen su libertad cuando, en realidad, se sometían a un régimen que produce cada vez más pobres, devasta al planeta, somete a las mujeres. A un régimen que se dedicó a justificar con la auto-ayuda una nueva acumulación por despojo. Pero evaden ese resultado y se dedican a mitificar los relojes o los zapatos como objetos que significan valores humanos, que encarnan victorias, cuya posesión te distingue de los otros y te hace pertenecer a un grupo selecto. Por eso creen que no es compatible ser de izquierda y comprarte un vino en City Market. Porque los objetos y lugares ya no son objetos y lugares nada más, sino símbolos de identidad, de complicidad con el capitalismo. Apoyar a la derecha se ha convertido en otra marca más de distinción. Pero deben de alcanzar a notar que la historia ha variado y que lo moderno ya no es el lucro descarado sino que empieza a llegar a muchos países la redistribución de la riqueza. Que la modernidad se hace redistributiva y con responsabilidades de las que el Estado había abjurado. Deben de sentir que su modernidad ya cumplió su ciclo y, una vez más, han quedado fuera, se les traicionó, se les vio la cara, otra vez. Esa frustración se torna en odio y el insulto a los de abajo.

Al final, el orador, José Woldenberg, está franqueado por una Diputada local de Acción Nacional en Michoacán y un exdiputado del PRD. Habla de un progreso ahistórico y universalista de la democracia mexicana que avanza sin retrocesos, sin caídas, sin fraudes electorales, sin fiscalizaciones inexistentes, con burocracias abusivas. Delinea una relato de acumulación de certezas democráticas que nadie en el país ha vivido. Es un pasado donde reinaba la armonía, donde la pluralidad no era disputa política, sino tolerancia a las diferencias, donde las reglas democráticas existían fuera de la realidad social del país, solas en sus leyes intocables, sin expresar conflictos reales y, a veces, irreductibles. Es una armonía que ya sólo existe en la idealización de un pasado idílico en el que los pata rajadas no bajaban de sus cerros porque nadie hacía sonar sus tambores. 

15.11.22

The Road to Totalitarianism (Revisited)

It feels like it’s finally over, doesn’t it, the whole “apocalyptic pandemic” thing? I mean, really, really over this time. Not like all those other times when you thought it was over, but it wasn’t over, and was like the end of those Alien movies, where it seems like Ripley has finally escaped, but the alien is hiding out in the shuttle, or the escape pod, or Ripley’s intestinal tract.

But this time doesn’t feel like that. This time it feels like it’s really, really over. Go out and take a look around. Hardly anyone is wearing masks anymore (except where masks are mandatory) or being coerced into submitting to “vaccinations” (except where “vaccination” is mandatory), and the hordes of hate-drunk New Normal fanatics who demanded that “the Unvaccinated” be segregated, censored, fired from their jobs, and otherwise demonized and persecuted, have all fallen silent (except for those who haven’t).

Everything is back to normal, right?

Wrong. Everything is not back to normal. Everything is absolutely New Normal. What is over is the “shock-and-awe” phase, which was never meant to go on forever. It was always only meant to get us here.

Where, you’re probably asking, is “here”? “Here” is a place where the new official ideology has been firmly established as our new “reality,” woven into the fabric of normal everyday life. No, not everywhere, just everywhere that matters. (Do you really think the global-capitalist ruling classes care what people in Lakeland, Florida, Elk River, Idaho, or some village in Sicily believe about “reality”?) Yes, most government restrictions have been lifted, mainly because they are no longer necessary, but in centers of power throughout the West, in political, corporate, and cultural spheres, in academia, the mainstream media, and so on, the New Normal has become “reality,” or, in other words, “just the way it is,” which is the ultimate goal of every ideology.

For example, I just happened upon this “important COVID-19 information,” which you need to be aware of (and strictly adhere to) if you want to attend a performance at this Off-Broadway theater in New York City, where “everything is back to normal.”

I could pull up countless further examples, but I don’t want to waste your time. At this point, it isn’t the mask and “vaccination” mandates themselves that are important. They are simply the symbols and rituals of the new official ideology, an ideology that has divided societies into two irreconcilable categories of people: (1) those who are prepared to conform their beliefs to the official narrative of the day, no matter how blatantly ridiculous it is, and otherwise click heels and follow the orders of the global-capitalist ruling establishment, no matter how destructive and fascistic they may be; and (2) those who are not prepared to do that.

Let’s go ahead and call them “Normals” and “Deviants.” I think you know which one you are.

This division of society into two opposing and irreconcilable classes of people cuts across and supersedes old political lines. There are Normals and Deviants on both the Left and the Right. The global-capitalist ruling establishment couldn’t care less whether you are a “progressive,” or a “conservative,” or a “libertarian,” or an “anarchist,” or whatever you call yourself. What they care about is whether you’re a Normal or a Deviant. What they care about is whether you will follow orders. What they care about is whether you are conforming your perceptions and behavior and thinking to their new “reality” … the hegemonic global-capitalist “reality” that has been gradually evolving for the last 30 years and is now entering its totalitarian stage.

I’ve been writing about the evolution of global capitalism in my essays since 2016 — and since the early 1990s in my stage plays — so I’m not going to reiterate the whole story here. Readers who have just tuned into my political satire and commentary during the last two years can go back and read the essays in Trumpocalypse (2016-2017) and The War on Populism (2018-2019).

The short version is, back in 2016, GloboCap was rolling along, destabilizing, restructuring, and privatizing the planet that it came into sole unchallenged possession of when the Soviet Union finally collapsed, and everything was hunky-dory, and then along came Brexit, Donald Trump, and the whole “populist” and neo-nationalist rebellion against globalism throughout the West. So, GloboCap needed to deal with that, which is what is has been doing for last six years … yes, the last six — not just two and a half — years.

The War on Dissent didn’t start with Covid and it isn’t going to end with Covid. GloboCap (or “the Corporatocracy” if you prefer) has been delegitimizing, demonizing, and disappearing dissent and increasingly imposing ideological uniformity on Western society since 2016. The New Normal is just the latest stage of it. Once it gets done quashing this “populist” rebellion and imposing ideological uniformity on urban society throughout the West, it will go back to destabilizing, restructuring, and privatizing the rest of the world, which is what it was doing with the “War on Terror” (and other “democracy”-promoting projects) from 2001 to 2016.

The goal of this global Gleichschaltung campaign is the goal of every totalitarian system, i.e., to render any and all deviance from its official ideology pathological. The nature of the deviance does not matter. The official ideology does not matter. (GloboCap has no fixed ideology. It can abruptly change its official “reality” from day to day, as we have experienced recently). What matters is one’s willingness or unwillingness to conform to whatever the official “reality” is, regardless of how ridiculous it is, and how many times it has been disproved, and sometimes even acknowledged as fiction by the very authorities who nonetheless continue to assert its “reality.”

I’ll give you one more concrete example.

After I happened upon the “Covid restrictions” (i.e., the social-segregation system) still being enforced by that Off-Broadway theater, I stumbled upon this article in Current Affairs about the oracle Yuval Noah Harari, the writer of which article mentions in passing that somewhere between 6 million and 12 million people have “died of Covid,” as if this were a fact, a fact that no one in their right mind would question. Which it is, officially, in our new “reality,” despite the fact (i.e., the actual fact) that — as even the “health authorities” have admitted — anyone who died of anything in a hospital after testing positive was recorded as a “Covid-19 death.”

This is how “reality” (i.e., official “reality,” consensus “reality”) is manufactured and policed. It is manufactured and policed, not only by the media, corporations, governments, and non-governmental governing entities, but also (and, ultimately, more effectively) by the constant repetition of official narratives as unquestionable axiomatic facts.

In our brave new totalitarian global-capitalist “reality,” anyone who questions or challenges such “facts” immediately renders oneself a “Deviant” and is excommunicated from “Normal” society. Seriously, just for fun, try to get a job at a corporation, or a university, or a part in a movie or a Broadway play, or a book deal, or a research grant, etc., while being honest about your beliefs about Covid. Or, if you’re a “respectable” journalist, you know, with literary and public-speaking agents, and book deals, and personal managers, and so on, go ahead, report the facts (i.e., the actual facts, which you know are there, but which you have been avoiding like the plague for the last two years), and watch your career get violently sucked down the drain like a turd in an airplane toilet.

That last bit was meant for “urban professionals,” who still have careers, or are aspiring to careers, or are otherwise still invested in remaining members in good standing of “Normal” society, i.e., not you folks in Florida and Idaho, or my fellow literary and artistic “Deviants.”

We have pretty much burned our bridges at this point. Unless you’re prepared to mindfuck yourself, and gaslight yourself, and confess, and convert, there’s no going back to “normal” society (which we couldn’t go back to anyway, on account of how it doesn’t exist anymore).

I realize that a lot of folks have probably been looking forward to that … to the day when the Normals finally “wake up” and face the facts, and truth prevails, and we return to something resembling normality. It’s not going to happen. We’re not going back. The Normals are never going to “wake up.” Because they’re not asleep. They’re not hypnotized. They’re not going to “come to their senses” one day and take responsibility for the damage they have done. Sure, they will apologize for their “mistakes,” and admit that possibly they “overreacted,” but the official narrative of the Covid pandemic and the new “reality” it has ushered into being will remain in force, and they will defend both with their lives.

Or, rather, they will defend both with our lives.

If you think I’m being hyperbolic, well, consider the epithets GloboCap has conditioned the Normals to use to demonize us … “conspiracy theorist,” “science denier,” “insurrectionist,” “extremist,” “violent domestic terrorist.” None of which signify a political ideology or any political or critical position whatsoever. They signify deviation from the norm. Any type of deviation from the norm. They are tactical terms, devoid of meaning, designed to erase the political character of the diverse opposition to global-capitalism (or “globalism,” if you are touchy about the word “capitalism”), to lump us all into one big bucket of “deviance.”

It is usually not a very good omen when nations — or totally unaccountable, supranational global-power systems — suddenly break out the “deviance bucket.” It is usually a sign that things are going to get ugly, ugly in a totalitarian fashion, which is precisely what has been happening for the past six years.

Back in July of 2021, at the height of the fascistic New Normal hate frenzy, with the military enforcing “Covid restrictions,” a global segregation system being implemented, and people threatening to decapitate me for refusing to get “vaccinated,” I published a piece called The Road to Totalitarianism. We are still on that road. Both the Normals and we Deviants. We’ve been on that road for quite some time, longer than most of us probably realize. The weather has improved, slightly. The scenery out the window has changed. The destination has not. I haven’t seen any exits. Let me know if you do, will you?

Camarada Ricardo

Pedro Salmerón Sanginés


Tu nombre es sinónimo de coherencia. De intolerancia, en el mejor sentido del término (el que definió Slavoj Zizek en En defensa de la intolerancia). Nunca negociaste, nunca te rendiste, ni ante la muerte. Luchaste contra todo y contra todos, a veces con miles de compañeros, a veces con un puñado de irreductibles. Desde la tribuna, el balcón, el exilio y la cárcel… ¿Cuántos años a la sombra, sumando todas tus condenas?

Eres mítico desde la cuna: cuentan que naciste en la Mixteca alta, dos años después que Jesús, cuatro antes que Enrique, y que tus padres eran héroes. Margarita, una poblana de ojos grandes que arengaba a los patriotas en la lucha contra el francés; Teodoro, un caudillo mixteco de fina estampa que cuando ustedes eran niños les contó que la tierra debería ser de todos. Así crecieron, entre el liberalismo radical, más cercano a Francisco Zarco e Ignacio Ramírez que a tu paisano Benito Juárez, y la tradición de resistencia comunitaria y el apego a la tierra de los mixtecos.

¿Qué fue para ustedes mudarse a la lejana, gran ciudad, para estudiar en las aulas del positivismo y el darwinismo social, discriminador y racista? No lo sé, pero apostaría que aunque aprobabas con buenas notas (no tanto como Jesús, que sí se tituló; ni como Enrique, al que premió en persona el tirano), detestabas la escuela, aunque guardaste la rebeldía para mejores causas… no por mucho tiempo: naciste rebelde. Desde estudiantes se involucraron en la oposición y muy pronto destacaste como poderoso periodista de combate. Antes de cumplir 27 años fundaste el emblemático, definitivo Regeneración.

Fue como director de Regeneración que te invitaron a San Luis Potosí en 1901, al Congreso fundacional del Partido Liberal Mexicano (PLM)… No estoy seguro de que hayas iniciado tu participación en el congreso con el exordio "¡Lo que debemos atacar es al gobierno de Díaz, porque el gobierno de Díaz es una madriguera de ladrones!", ni que del abucheo el Congreso haya pasado al más estruendoso aplauso, pero sí sé que en muy buena medida fue gracias a ti que el PLM emergió de San Luis como un partido de oposición a la tiranía y que Regeneración, bajo tu dirección, se convirtió en su órgano de combate.

¿Cuántas cárceles pisaste, cuántas veces fue destruida la imprenta hasta que tuviste que exiliarte? Quizá el punto de inflexión fue el abierto desafío de aquel 5 de febrero de 1903, cuando Enrique, tú y tus compañeros colgaron en su balcón aquel cartel: "La Constitución ha muerto".

Exiliados en Estados Unidos, Enrique y tú (junto con Práxedis, Librado, Antonio, Anselmo y otros camaradas) se acercaron al movimiento obrero y fueron conectando su tradición comunitaria con la demanda de "¡tierra y libertad!" Y en 1906 rompieron con el núcleo fundador del PLM (incluido tu hermano mayor, Jesús) ¡y llamaron a derrocar al tirano mediante la revolución armada!

La ruptura se sembró en aquel espectacular documento que recordamos como El programa de 1906, que aunque era un programa eminentemente liberal, se asomaban ya al anarcosindicalismo que asumirían abiertamente desde 1908 quizá, sin duda desde 1911: la convicción de que la solución de los problemas del mundo y de la humanidad pasan por eliminar el gobierno y la propiedad privada de los medios de producción, y que las vías para alcanzar esos objetivos eran la organización de los trabajadores y la revolución armada.

Los intentos de 1906 y 1908 fracasaron, pero sé de cierto que la mitad de los generales y jefes de las grandes revoluciones de 1910 y 1913 se formaron políticamente en las filas de eso que desde 1906 se llamó magonismo, en las fábricas, las conspiraciones, la defensa de la tierra, los intentos de lucha armada contra la tiranía, ¡la libertad! Y sé de cierto que te sentiste traicionado por muchos de ellos, los que para ti transigieron, los que se sumaron al maderismo y al carrancismo. Y también sé que te acercaste a la verdadera revolución social, la derrotada, la del jefe Zapata, el coco de los tiranos.

Fuiste enemigo de todos los gobiernos y de todo sistema de opresión, fuiste enemigo de las fronteras entre los países y además de impulsar la revolución en México colaboraste estrechamente con la organización obrera en Estados Unidos, cuando los obreros allá eran casi todos migrantes europeos expulsados por el hambre, y que encontraban en el paraíso de la democracia hambre y opresión. Y en 1918 fuiste condenado a 21 años de cárcel junto con Librado.

Tras cuatro años de durísima prisión estabas enfermo y casi ciego. Entonces, los sindicalistas, agraristas, anarquistas y comunistas mexicanos surgidos de la gran revolución social exigieron tu libertad. El gobierno que se decía emanado de esa revolución intercedió por ti, aunque tú, coherente siempre, rechazaste su mediación. Por fin se ordenó tu liberación y, casualmente, "te ahorcaste". Hace 100 años te asesinaron por órdenes del imperio.

¿Te digo una última cosa? Sé que hoy no estarías con nosotros (me refiero a la #4T y Morena); pero estarías con nosotros, con las zapatistas, los comuneros, las buscadoras de desaparecidos, los familiares de los 43, las que luchan contra los feminicidios, los defensores del bosque y del agua, los altermundistas…

A 100 años estás vivo, camarada ­Ricardo.

14.11.22

De Ricardo Flores Magón a Julian Assange

Carlos Fazio


De la muerte de Ricardo Flores Magón en la penitenciaría de Leavenworth, en Kansas, Estados Unidos, el 21 de noviembre de 1922 −donde purgaba una pena de 22 años por el "delito" de anarquismo, pero formalmente sentenciado por la violación del Acta de Espionaje y el Acta de Enemigos−, al régimen de aislamiento que sufre hoy Julian Assange en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, en Londres, Inglaterra, en espera de ser extraditado a EU para ser sometido a acusaciones por conspiración y espionaje, han transcurrido 100 años.

Dicho lapso marca el intervalo desde el naciente imperio estadunidense de finales del siglo XIX y comienzos del XX, y su declive actual como hegemón del sistema capitalista, con una constante: el uso faccioso de la justicia clasista estadunidense, con la consiguiente vulneración del estado de derecho y la libertad de expresión y de prensa.

A finales del siglo XIX, debilitado por las deudas de guerra y las disputas entre los liberales, el Estado demócrata-burgués mexicano dejó paso a otro oligárquico-dictatorial, dirigido por Porfirio Díaz, quien administró el país como reserva capitalista para sus amigos me­xicanos y extranjeros. Su dictadura de 35 años (1876-1911) desarrolló las comunicaciones, la electrificación, los transportes, la industria y la agricultura comercial mediante concesiones a intereses comerciales extranjeros y nacionales, y el uso de mano de obra asalariada y forzada, aun tiendas de raya. Como auténtica guardia pretoriana del capital privado y del Estado, la policía rural de élite (los rurales) patrullaba el país, mientras un ejército fuerte aplastaba las huelgas.

Hacia finales del porfiriato fue surgiendo un importante proletariado industrial con creciente conciencia de clase, que protagonizó docenas de huelgas mineras, ferroviarias, textiles entre 1906 y 1908, que fueron estimuladas por el ilegal Partido Liberal Mexicano (PLM), organizado oficialmente en 1905 por los anarquistas Ricardo y Enrique Flores Magón y Antonio Díaz Soto y Gama, quienes radicalizaron el anticlericalismo en pro de la democracia y avanzaron sus demandas en una dirección clasista campesina y proletaria, al tiempo que crearon una organización político-militar con una ideología revolucionaria antimperialista, que impulsó revueltas armadas en estados del país.

Aunque reprimidas con gran costo de vidas humanas, las huelgas y esas acciones armadas infructuosas desempeñaron un papel principal en las victorias militares que arrojaron a Díaz del poder en 1910-11. (La huelga en la mina de Cananea, Sonora, cerca de la frontera con EU, reprimida por rangers y 2 mil soldados mexicanos, dejó cerca de mil muertos, saldo similar a la matanza de las tropas federales durante la huelga textil de Río Blanco-Orizaba, Veracruz).

A través del periódico clandestino Regeneración, el PLM –también conocido como el partido de "los magonistas"−, hizo circular su programa reformista en México y el sur de EU, una parte significativa del cual se incorporaría en la Constitución de 1917. El programa exigía la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo, acabar con el trabajo infantil y el fin del latifundismo. Su grito de guerra: "¡Tierra y libertad!", fue recogido por Emiliano Zapata, un pequeño agricultor que había sido despojado de sus tierras en Morelos. Junto con la consigna "tierra para el que la trabaja", los magonistas abogaron por la protección de los derechos de los migrantes mexicanos en EU, el fin de la injerencia de Washington en los asuntos internos de México y un solo periodo presidencial.

En ese contexto debemos ubicar al dirigente revolucionario Ricardo Flores Magón, nacido en San Antonio Eloxochitlán, Oaxaca, en 1874, y emigrado joven a la Ciudad de México, donde cursó estudios en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. No había cumplido 20 años cuando participó en una protesta estudiantil contra la tercera relección de Díaz. Su osadía fue grande al denunciar que el dictador había "perdido" la memoria respecto de su famoso lema de "no relección" y que, por su obsesión de perpetuarse, los trabajadores eran amenazados y los campesinos idiotizados con "pulque y mezcal para ser arreados como ganado a las urnas". Esa audacia le costó su primer ingreso a las galeras de la cárcel de Belén.

A los 27 años, luego de incursionar en el periodismo en El Demócrata como corrector de pruebas, y de otro encarcelamiento, junto con su hermano Jesús y Antonio Horcasitas, Ricardo Flores Magón fundan Regeneración el 7 de agosto de 1900, publicación considerada proyecto precursor de la Revolución Mexicana, además de referencia para la clase obrera de la época en México, EU y Europa, y emblema del anarquismo y del socialismo mexicano de principios del siglo XX. Regeneración se publicó durante 18 años, la mayor parte desde el exilio en EU, con interrupciones forzadas por la censura, la persecución y la tiranía. Varias veces la policía destruyó sus imprentas, y sus editores, encarcelados.

El 5 de febrero de 1901 Ricardo Flores Magón participó en el primer Congreso Liberal en San Luis Potosí, vinculándose así a la organización política en ciernes de la que llegó a ser el dirigente indiscutible: el Partido Liberal Mexicano. En el Congreso expresó su mítica frase: "La administración de Díaz es una madriguera de bandidos". De regreso a la Ciudad de México, la represión al movimiento liberal lo alcanzó el 21 de mayo y fue encarcelado junto con su hermano Jesús. El 7 de octubre, Regeneración publicó el que sería su último número en México.

Tras su salida de la cárcel, el 30 de abril de 1902, Flores Magón se incorporó a la redacción de El Hijo del Ahuizote, publicación satírica cargada de crítica política y con temática antirreleccionista, que través de la caricatura funcionó como arma de doble filo: informar y burlarse de la dictadura porfirista. El 5 de febrero de 1903, de las oficinas de El Hijo del Ahuizote se descolgó una manta con la leyenda "La Constitución ha muerto". En la fotografía del momento aparece Ricardo Flores Magón. El 16 de abril, las oficinas de la publicación fueron intervenidas y sus redactores, entre ellos Ricardo Flores Magón, encarcelados.

 Liberado en octubre de 1903 y sin posibilidad de continuar su actividad organizativa y propagandística en México, Ricardo Flores Magón se exilió en Laredo, Texas, y luego en San Luis, Misuri, refugio de disidentes y rebeldes anarquistas y marxistas y migrantes anarcosindicalistas. Allí estrechó ligas con los libertarios españoles Florencio Basora, Jaime Vidal y Pedro Esteve, y la rusa Emma Goldman. Estudió y difundió las obras de teóricos anarquistas, como Pietro Kropotkin y Miguel Bakunin, lo que radicalizó sus reflexiones en el periódico Regeneración sobre la transformación social en México.

Influido por los métodos del movimiento libertario ruso contra la autocracia zarista, Flores Magón planteó una revolución social del pueblo pobre por la vía armada; México sólo podría cambiar a través de la derrota político-militar del general Díaz. Desde San Luis, Misuri, manejó la red de contactos de los grupos liberales en México, dirigió la formación de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano (28/11/1905) y definió su línea política. Acosado por agentes de EU y México, se exilió en Toronto, Canadá, y en julio de 1906 redactó el Programa del PLM (ya ilegal) y diseñó el proyecto insurreccional revolucionario, que incluyó la depuración y restructuración de los clubes liberales en una organización política clandestina (conspirativa) con un mando centralizado en la junta, preparando las condiciones técnicas para el levantamiento (entrenamiento, acopio de armas) y la publicación de Regeneración como correa de transmisión política-ideológica y propagandística para la lucha contra el "déspota, ladrón y sanguinario" Porfirio Díaz.

Participó en la intentona por tomar Ciudad Juárez, Chihuahua, se incorporó a la insurrección liberal que comenzó con la toma de Jiménez, Coahuila, y anduvo a salto de mata entre Los Ángeles, San Francisco y Sacramento. Clausurado Regeneración , Flores Magón y sus compañeros crearon el periódico Revolución. Ya entonces Porfirio Díaz ofrecía 25 mil dólares por su captura. En agosto de 1907 Flores Magón fue detenido en Los Ángeles y se le inició juicio por violaciones a las Leyes de Neutralidad y conspiración. Permaneció preso 18 meses en la penitenciaría de Florence, Arizona. En mayo de 1908, el presidente T. Roosevelt declaró ante el Congreso de EU que “el ácrata es el enemigo de la humanidad […] el más profundo grado de criminalidad”, y pidió prohibir el uso del correo por publicaciones anarquistas y aumentar el poder del Servicio Secreto. Liberado en agosto de 1910, en un mitin en Los Ángeles, Flores Magón gritó: "¡Viva la revolución social!"

En 1910 existía en México una explosiva confrontación de clase: grandes terratenientes y capitalistas vs el proletariado y el campesinado (96.6 por ciento de las familias rurales carecía totalmente de tierras). Al frente de una fracción "moderna" de industriales, hacendados, empresarios y caciques regionales norteños, Francisco I. Madero lanzó en octubre el Plan de San Luis, y el 5 de noviembre el Partido Liberal señaló sus diferencias políticas con el Partido Antirreleccionista. Considerando "personalista" el levantamiento insurreccional armado maderista, decidió privilegiar las tareas clandestinas y la reorganización del partido. El 19 de noviembre de 1910, en Regeneración, Flores Magón rei­teró que los dos conceptos de su consigna "¡tierra y libertad!" eran la esencia de las reivindicaciones populares en la Revolución que se avecinaba.

El 20 de noviembre se inició el levantamiento. Con apoyo de la Standard Oil y algunas traiciones, triunfó Madero, quien pidió a Zapata y Francisco Villa desarmar sus tropas. Díaz marchó al exilio. Los magonistas fueron perseguidos en México y EU. El 23 de septiembre de 1911, en un manifiesto, RFM levantó la bandera anarcocomunista, apoyó las huelgas revolucionarias de peones en Yucatán y las tomas de tierras de Zapata en Morelos, de los yaquis en Sonora y Chihuahua contra las fuerzas de Madero, de los pueblos de Sotavento de Veracruz y las comunidades indígenas en Jalisco, y llamó a tomar posesión de fábricas, talleres, minas y fundiciones. Para el PLM, "la autoridad y el clero" eran "el sostén de la inequidad del capital". Por eso les declaró la guerra. Y mientras Zapata establecía la "comuna de Morelos" con base en tradiciones campesinas de autogobierno, los magonistas establecieron su comuna en Baja California según los principios anarquistas del igualitarismo y la democracia directa.

A comienzos de 1912 Flores Magón criticó la política agraria de Madero. Y en un artículo titulado "A tomar la tierra", utilizó la autoridad de Kropotkin −quien apoyó la revolución mexicana− para insistir en que "la tierra es la base de toda revolución, del advenimiento del socialismo" y que “el problema agrario en México […] constituye la espina dorsal del movimiento revolucionario”. RFM y el PLM apoyaron a Emiliano Zapata. Existen documentos públicos del Ejército Libertador del Sur y comunicaciones personales de Zapata a Flores Magón.

Entre 1913 y 1917 RFM fue encarcelado varias veces en California. En 1917 Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial; el carrancismo se consolidó en México con la Constitución de Querétaro y en Rusia triunfó la revolución bolchevique saludada entusiastamente por RFM, quien denunció la práctica del terrateniente Carranza de reintegrar a los latifundistas tierras tomadas por los campesinos. Zapata fue asesinado en 1919, Carranza en 1920 y seguiría Villa. En Los Ángeles, la euforia antirroja fue combinada con la xenofobia antimexicana y antiasiática y la paranoia antialemana, y los magonistas no escapaparon al acoso antianarquista y racista.

En el número 262 de Regeneración, que fue el último, RFM y Librado Rivera publicaron un Manifiesto que les costaría la vida. Ambos fueron acusados de sedición. Considerado un "anarquista peligroso" por el Departamento de Justicia de EU, Ricardo Flores Magón es sentenciado a 22 años de cárcel. El 21 de noviembre de 1922, el prisionero número 14,596 de la penitenciaría de Leavenworth, en Kansas, muere en circunstancias extrañas en su celda. Tenía 49 años. En México, la derrotada revolución se convertiría en la bandera ideológica que legitimaría el gobierno de la burguesía en el siglo XX. Hoy, la tierra sigue concentrada en pocas manos y la guerra de clase continúa.

 Con sus singularidades y en la era del ciberespacio, el caso de Julian Assange se entrelaza con el de Flores Magón 100 años después, al ser acusados ambos por Estados Unidos de espionaje y sedición. En 2010, Assange y sus compañeros de WikiLeaks humillaron al Comando Ciberespacial de EU al filtrar más de 250 mil documentos oficiales secretos del Departamento de Estado y el Pentágono, que exhibieron la delgada línea que separa la diplomacia del espionaje −es decir, el uso de las embajadas de EU para recopilar información útil para la CIA−, y videos de 2007 de pilotos de helicópteros estadunidenses que dispararon a civiles iraquíes, incluidos niños, y dos periodistas de la agencia británica Reuters. También 2 mil 80 cables enviados desde la Oficina de Intereses de EU en La Habana sobre la práctica de la tortura a prisioneros en el Campamento Rayos X de la base naval de Guantánamo.

Asociado con cinco grandes periódicos: The New York Times (NYT) , The Guardian, El País, Le Monde y Der Spigel −y utilizar leaks (fugas, rendijas) como estrategia−, el golpe de Assange y WikiLeaks a la política imperial de EU fue demoledor, erosionando su capacidad de domesticar y silenciar a los medios hegemónicos en que se ha fundado siempre su hegemonía y dominación. WikiLeaks ganó entonces la primera gran batalla de la "era de la información" contra los mecanismos propagandísticos que desde la época de la guerra fría habían usado EU y sus aliados para influir, controlar y coaccionar a todo el planeta.

Ante el tsunami global de comentarios alrededor del cablegate (el Watergate de los cables), EU atacó al mensajero para que todos se olvidaran del mensaje y convirtió a Assange en "villano". Desde entonces EU ha tratado de silenciar, extraditar y eliminar a Assange, acusándolo de conspiración para cometer intrusión de computadora, en complicidad con Chelsea Manning, porque aceptó conseguir la contraseña de un ordenador del gobierno de EU para obtener documentos clasificados, acusación por la que Assange podría ser condenado a 175 años de prisión.

Tras publicar los documentos, el NYT , The Guardian y los otros tres medios se sumaron a una campaña de propaganda negra contra Assange y WikiLeaks, según los lineamientos asentados en un documento filtrado del Pentágono preparado por el área de Evaluación de Contrainteligencia Cibernética. El documento instruyó al gobierno de EU destruir el "sentimiento de confianza" que era –y es− el "centro de gravedad" de WikiLeaks, con el objetivo de silenciar y criminalizar al medio y a Assange. El Departamento de Justicia elaboró acusaciones de "espionaje", "conspiración para cometer espionaje", "robo de propiedad del Estado" y "fraude y abuso informativo" (pirateo de archivos)”, y en 2015, un tribunal federal de Washington bloqueó la difusión de cualquier información sobre la investigación de WikiLeaks por razones de "seguridad nacional".

Además de exponer los crímenes de guerra y las mentiras y manipulaciones criminales de la administración de George W. Bush, Assange se ganó la ira del Partido Demócrata al publicar 70 mil correos electrónicos pirateados pertenecientes al Comité Nacional Demócrata y funcionarios de la administración de Barack Obama, como de John Podesta, presidente de la campaña de Hillary Clinton. Los co­rreos develaron la donación de millones de dólares de Saudiarabia y Qatar −dos de los principales financiadores del Estado Islámico− a la Fundación Clinton; los 657 mil dólares que Goldman Sachs pagó a Clinton para dar conferencias (una suma que sólo puede considerarse soborno), y correos que la exhibieron como la principal arquitecta de la guerra en Libia. Con la intención de culpar a Rusia por su pérdida electoral ante Donald Trump en 2016, el liderazgo demócrata acusó que los correos de Podesta fueron obtenidos por piratas informáticos de Moscú, aunque James Comey, ex director de la FBI, admitió que probablemente fueron entregados a WikiLeaks por un intermediario.

WikiLeaks también divulgó las herramientas de piratería usadas por la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional y su interferencia en elecciones extranjeras como la francesa. Otro colaborador de WikiLeaks, Edward Snowden, exhibió la vigilancia general del público estadunidense por las agencias de inteligencia de EU. Sus filtraciones también revelaron que Assange estaba en una "lista de objetivos de caza" de EU. Es decir, era un objetivo militar a exterminar del Pentágono y la CIA. En 2021, Yahoo News reveló un complot de la CIA y la Casa Blanca (en 2017), para "secuestrar o matar a Assange", que fue ratificado por el director de WikiLeaks, Kristinn Hrafn­sson. En agosto de 2022, periodistas y abogados de Assange demandaron a la CIA y a su ex director Mike Pompeo por haberlos espiado durante sus conversaciones con él en la embajada de Ecuador en Londres. Alegaron que sus conversaciones fueron grabadas y los contenidos de sus teléfonos y computadoras portátiles copiados en secreto.

En el caso Assange la verdad juega un papel importante. Cuando el ex analista de Defensa Daniel Ellsberg entregó a 17 periódicos de EU los llamados Documentos del Pentágono −un informe de la administración Johnson relacionado con la guerra de Vietnam clasificado top secret−, el NYT, afirmó que "demostraban", entre otras cosas, que ésta "había mentido sistemáticamente al público y al Congreso" sobre "un tema de interés nacional trascendente e importante". La Corte Suprema permitió que el periódico publicara los Pentagon Papers, fallo que ha sido llamado "pilar moderno de los derechos de la Primera Enmienda" a la Constitución de EU, que prohíbe la creación de cualquier ley que reduzca la libertad de expresión o vulnere la libertad de prensa. El caso Assange es casi idéntico.

Tras permanecer siete años asilado en la embajada de Ecuador en Londres, Assange fue detenido en 2019 por la policía británica y trasladado a la prisión de Belmarsh (el Guantánamo inglés), donde ha sido sometido a tortura sicológica. En 2022 la Corte británica aceptó los alegatos de EU para su extradición, y de consumarse deberá enfrentar cargos de espionaje. Como el de Flores Magón, el caso Assange exhibe el uso del Poder Judicial de EU y Gran Bretaña para perseguir, encarcelar y condenar a los rebeldes y los críticos del sistema de dominación capitalista. En sendos casos la libertad de expresión fue criminalizada.