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5.8.24

Fuera manos de Venezuela

Carlos Fazio

 
El 3 de agosto, al dar a conocer el segundo boletín del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela, su titular, Elvis Amoroso, confirmó que con 96.87 por ciento de las actas escrutadas, Nicolás Maduro se impuso en los comicios presidenciales con 6 millones 408 mil 844 votos (51.97 por ciento), frente al opositor Edmundo González, quien obtuvo 5 millones 326 mil 104 sufragios (43.18). Sin embargo, más allá del resultado −que mandata al actual presidente a gobernar por un nuevo periodo de seis años entre enero de 2025 y 2031−, la actual guerra cognitiva comunicacional de saturación contra Maduro y el chavismo en el occidente colectivo, no tiene que ver con los votos y las actas y tampoco con la democracia y las libertades, sino con los intentos de la administración Biden por reditar las fracasadas políticas de cambio de régimen de sus antecesores George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump e imponer en el Palacio de Miraflores a la oligarca María Corina Machado, con posiciones afines a las del capitalismo salvaje del sádico de la motosierra, Javier Milei, figura salida de un Marvel cómics para ejecutar la agenda de la plutonomía en Argentina.

Desde el mismo día de los comicios, 28 de julio, Venezuela había entrado en una nueva fase de una guerra híbrida de espectro completo impulsada por Washington que sigue los manuales de la guerra no convencional del Pentágono, y que dirigida a desconocer el resultado y desestabilizar el país para imponer un gobierno títere, combinó la ciberguerra con la guerra urbana paramilitar, junto con una vasta campaña de intoxicación (des)informativa en los medios hegemónicos y las llamadas redes sociales, que tuvo en Elon Musk, como nuevo actor emergente visible del complejo digital-financiero-militar-industrial de Estados Unidos, a uno de sus principales protagonistas.

La secuencia de un golpe de Estado continuado que se intensificó en junio pasado con sabotajes contra el sistema eléctrico e infraestructura crítica; intentos de magnicidio; un blackout (apagón) informativo sobre la campaña de Maduro y la fabricación de una metarrealidad mediante la difusión de noticias falsas ( fake news) que colocaba urbi et orbi a Edmundo González como seguro vencedor de los comicios, incluyó un intento de sabotaje la madrugada del 27 de julio en la subestación eléctrica de Ureña, que de haber sido volada por sus perpetradores habría afectado el servicio eléctrico en los estados Zulia, Mérida, Yaracuy, Barinas, Apure, Trujillo y Táchira a horas de abrir los centros de votación automatizados: en Venezuela el proceso electoral es digital, no hay boletas de papel, la urna es una máquina electrónica y el conteo es automático; al cierre de los colegios electorales, el software suma los votos y da el resultado, es decir, el acta de escrutinio. De allí que la intentona buscaba generar un apagón eléctrico en el occidente del país para caotizar el proceso el día de los comicios.

Si bien la jornada electoral transcurrió con normalidad, ya se había activado una intensa actividad maligna de bots a favor del candidato Edmundo González, y un masivo ataque cibernético a modo de enjambre contra el sistema de transmisión de datos del CNE, causa de la ralentización en el envío de votos y del proceso de totalización de los mismos, retraso que sirvió de caldo de cultivo para la agenda golpista de María Corina Machado y sus patrocinadores en la Casa Blanca.

Según denunció el presidente Maduro el 29 de julio, el ataque referido se trató de un DOS (denial of service, denegación de servicio) perpetrado desde la República de Macedonia del Norte, que consiste en saturar las redes con una enorme cantidad de tráfico espurio para evitar que se transmita la información. El DOS es un tipo de ataque habitual que se ha registrado en países como Hong Kong (durante las protestas de 2019) y contra grandes corporaciones como Telecom o Amazon. De acuerdo con Misión Verdad, Macedonia, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), comparte información de inteligencia con Estados Unidos y desde 2018 mantienen un programa común en materia cibernética supervisado por el US Cyber Command (Comando Cibernético de EU), rama del Pentágono a cargo del general Timothy Haugh, quien también está al frente de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), institución encargada del dominio cibernético y cuyos escándalos de espionaje y actividades maliciosas han rebasado los límites de su propio país.

En ese contexto entra en escena Musk, activo propagandista de Machado, cuya firma SpaceX −según Reuters y Bloomberg− está construyendo una red de cientos de satélites espías que pueden operar como un enjambre en órbitas bajas, mediante un contrato clasificado de 2021 con la Oficina Nacional de Reconocimiento de EU. A raíz del putsch en Bolivia, el también dueño del consorcio de autos a batería Tesla, dijo en 2020: Daremos un golpe de Estado a quien queramos. Lidiad con eso. De allí que Maduro lo señalara como padrino de la ultraderecha golpista venezolana.

Asimismo, la noche del 28 de julio entraron en acción los llamados comanditos de Machado, fuerza paramilitar integrada por militantes de extrema derecha, grupos de la delincuencia organizada local y narcotraficantes colombianos, que responde al manual de guerra no convencional de fuerzas especiales de EU y al esquema táctico operacional de guerra urbana del Pentágono, que desarrollaron actos de violencia racista y clasista contra el enemigo chavista, incendiando alcaldías, sedes del PSUV y espacios comunitarios, y derribando la estatua del indio Coromoto y también de Hugo Chávez, en un intento por resquebrajar la unidad cívico-militar-policial, cooptar a sectores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y destruir al Estado desde dentro.

Maduro ha repetido en estos días que el fascismo no entiende de diálogo ni de democracia. Por eso aseguró que se le combatirá con la ley y la Constitución en la mano. Y ante un eventual escenario de invasión estadunidense, recordó que la Milicia Popular Bolivariana, integrada por 5 millones 200 mil milicianos, es el arma secreta de una guerra de todo el pueblo inspirada en la doctrina vietnamita. En Venezuela se juega si el subcontinente sigue por el camino de la paz o si se impone el fascismo. De allí, lo del título.

12.4.20

Estados Unidos en Venezuela y Cuba, criminal de lesa humanidad

Zósimo Camacho

Cada vez menos le importa a Estados Unidos maquillarse del sheriff del mundo. Hasta la década de 1990 buscó justificar precariamente sus intervenciones militares, sus guerras económicas, sus asesinatos selectivos, como resultado de una defensa del derecho internacional, la libertad y los derechos humanos. Siempre supimos que lo que buscaba era sacar ventaja, saquear, imponer gobiernos títeres y proteger a su oligarquía, esa que como ninguna otra cree que son suyos los recursos estén donde estén: África, Asia, América Latina…


Siempre fue condenable ese proceder. Pero entonces no se pensaba que podría ser peor. Ahora ya no hay formas que guardar. Y no le importa justificar su de por sí inaceptable papel de sheriff mundial. Abiertamente asume el de la banda que asalta, que actúa por encima de la ley y que se sabe impune porque tiene una capacidad de fuego mayor que cualquiera que le quisiera hacer frente. A nadie ya sorprenden sus bravatas cotidianas y su disposición a violar las leyes internacionales con desparpajo.

En plena emergencia mundial, cuando el planeta vive el mayor reto sanitario desde 1918, profundiza su asfixia económica contra Venezuela, Cuba e Irán. Lejos de la solidaridad que debería imperar entre la humanidad en estos momentos, la pandemia es usada por Estados Unidos como un arma más –oportuna– en sus guerras. Sin detenernos en las particularidades de estos tres países, lo que en realidad los hace enemigos de la Casa Blanca es que no se someten a los intereses estadunidenses y mantienen políticas económicas independientes e incluso contrarias a las de Washington.

Ya son clásicas las violentas monarquías árabes como ejemplos de países violadores de derechos humanos que cuentan con el favor de Estados Unidos. Y que, como sus aliadas, las sostiene, las protege. Con ello se viene abajo cualquier discurso que intente justificar las agresiones estadunidenses en cualquier parte del mundo bajo una supuesta protección de los derechos humanos o en nombre de la libertad.

El caso que más preocupa en estos momentos es el de Venezuela. A los frentes político y económico, Estados Unidos ha agregado –sin atenuantes– el militar. La urgencia de hacerse del petróleo de ese país es proporcional a los recursos invertidos en la consecución de ese propósito. Y no se trata sólo del financiamiento del circo del “presidente interino”, Juan Guaidó, personaje impresentable tan sólo por ser ariete de una potencia extranjera y promotor de la intervención en su propio país. Ahora ya hay movilización de tropas que cercan por mar y tierra a la nación gobernada legal y legítimamente por Nicolás Maduro.

El gobierno de Donald Trump vio en la pandemia de Covid-19, provocada por el virus SARS-cov-2, una oportunidad para asestar un manotazo militar definitivo contra el proyecto de la Revolución Bolivariana. Primero su Departamento de Justicia acusó por “narcotráfico” al presidente Nicolás Maduro. No importa la ausencia de pruebas ni la fragilidad de sus conjeturas. Después vino el inicio de una “operación antinarcóticos ampliada” con el envío de tropas al mar Caribe y al Pacífico oriental. Es decir, un cerco claro contra Venezuela.

De hecho, la declaración del asesor de Seguridad Nacional de la Presidencia estadunidense, Robert O’Brien, declaró sin ambages que lo que se busca es “reducir el soporte financiero para el narcotráfico que provee al régimen corrupto de Maduro en Venezuela y a otros actores perniciosos de los fondos necesarios para realizar sus actividades malignas”.

Luego se sumaron otras declaraciones para señalar que los militares estadunidenses también podrían actuar en Venezuela para “proteger” a la población ante una inminente mala respuesta del gobierno de Maduro frente a la pandemia. Como si el desastre en este terreno no fuera Estados Unidos, convertido en el mayor brote mundial con, al momento de redactar esta entrega, más de medio millón de infectados y 20 mil muertos. Venezuela, con una reacción oportuna y el apoyo cubano, a pesar de la escasez de recursos, registra menos de 200 casos y 12 muertes.

Estados Unidos ve la oportunidad de conseguir el asalto al que le ha invertido dinero durante años. Le urgen los recursos venezolanos. Y en su evaluación geopolítica, asume que el mundo estará muy ocupado atendiendo la pandemia. Y los gobiernos latinoamericanos estarán urgidos de recursos para paliar sus bancarrotas. Bastará con prometer algunas migajas a Brasil, Colombia, Uruguay y Perú para que “acepten” la agresión militar en Venezuela y la propuesta de “transición a la democracia” (faltaba más) en ese país.

En el horizonte latinoamericano, más crímenes de lesa humanidad. El criminal se pasea sin que nada le haga frente. Que de esta emergencia humanitaria salga la solidaridad suficiente para detener una agresión que parece inminente.

8.5.19

Sanciones punitivas contra el pueblo de Venezuela


Los medios televisivos del mundo transmiten el mensaje de que el gobierno de Nicolás Maduro ha provocado una crisis humanitaria. La narrativa es que la mala gestión de la economía que acompaña cualquier proyecto socialista conduce al caos. En muy pocas ocasiones se habla de la historia del régimen que comenzó con Hugo Chávez y de la larga lista de intentos para sabotearlo y derribarlo, comenzando con el frustrado golpe militar de 2002, apoyado por el gobierno estadunidense, como revelan muchos estudios bien documentados.

Venezuela tiene hoy las reservas probadas de petróleo más importantes del planeta: más de 300 mil millones de barriles. Es un crudo pesado, caro de extraer y refinar, pero Estados Unidos no le quita la vista de encima a este recurso. Las exportaciones de crudo generan 98 por ciento de las divisas extranjeras utilizadas por esa economía.

Durante años a nadie pareció preocuparle cuál era el destino de la renta petrolera en Venezuela. El monto del gasto social como proporción del PIB promedió 8 por ciento entre 1990-1998. Cuando accedió Chávez al poder, en 1998, el gasto social se incrementó hasta alcanzar 14.7 por ciento del PIB en 2005. Para entonces todas las alarmas en Washington se habían activado. Desde el principio Chávez fue visto como un enemigo peligroso, en especial porque tuvo apoyo popular masivo.

En 2017 el gobierno de Washington impuso una primera serie de sanciones económicas contra Venezuela. El componente más importante consistía en la prohibición de realizar operaciones financieras en el mercado estadunidense. Como resultado, Venezuela no podía emitir bonos en ese mercado y no podía restructurar su deuda externa. La deuda de la empresa estatal petrolera PDVSA estaba siendo renegociada, pero la restructuración se interrumpió. La empresa venezolana Citgo, con más de 5 mil gasolineras en Estados Unidos, fue impedida de remitir sus ganancias a Venezuela. Se cerraron cuentas de instituciones venezolanas en bancos y entidades financieras estadunidenses, y se terminaron las líneas de crédito. La falta de crédito frenó las operaciones de mantenimiento, compra de refacciones e inversiones que se necesitan para mantener la producción. Estas medidas y sus efectos pasaron casi desapercibidas por el gran público, lo que permite transmitir ahora la impresión de que fue la mala gestión económica del gobierno lo que provocó la crisis. En especial, la caída del flujo de divisas impactó la capacidad de comprar medicinas y alimentos, lo que trajo aparejado un fuerte aumento de la inflación.

El castigo más brutal vino en enero de 2019, cuando Washington cerró a Caracas su mercado más importante de petróleo. Estados Unidos compró un promedio de 586 mil barriles de crudo diariamente en 2018, pero para el 15 de marzo de este año esa cifra se redujo a cero. Y Washington presionó a otros países y empresas para que cancelaran sus operaciones con Venezuela o se hicieran acreedores a sanciones adicionales.

En Venezuela la producción de crudo se colapsó, porque no se puede comercializar el producto y porque ese país carece de instalaciones para almacenar este gigantesco inventario. Pero tanto CNN y MSNBC, como el New York Times y el Washington Post, insisten en que la caída de la producción de crudo revela la incompetencia de Maduro y su gobierno.

Debido a las sanciones de enero de 2019 los activos de PDVSA en Estados Unidos fueron incautados. Con el reconocimiento del señor Juan Guaidó como presidente interino, Washington intensificó la presión y tomó el control de los recursos de Citgo en Estados Unidos. Otras ramificaciones incluyen el embargo de recursos venezolanos por el gobierno de Reino Unido y la suspensión de la cuenta de derechos especiales de giro de Caracas por el Fondo Monetario Internacional.

La falta de divisas impide comprar medicinas y muchos artículos de primera necesidad. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), administrada por tres universidades venezolanas, revela que entre 2017 y 2018 hubo un incremento de 31 por ciento en la tasas de mortalidad general. Este es el resultado directo de la guerra económica contra Venezuela.

Una pregunta clave: ¿son legales las sanciones impuestas por Estados Unidos contra el gobierno de Venezuela? La respuesta es negativa. La Carta de la Organización de Estados Americanos prohíbe en sus artículos 19 y 20 la interferencia en los asuntos internos de otro país y la imposición de medidas coercitivas. Las sanciones son también ilegales desde otro punto de vista: la Ley de Emergencias Nacionales de Estados Unidos establece que para imponer sanciones debe haber una emergencia nacional en ese país. Pero nada de lo que ha sucedido en Venezuela entraña una emergencia para Estados Unidos.

Toda guerra está basada en el engaño, dice Sun Tzu en su Arte de la guerra. El objetivo de las sanciones en contra del gobierno de Caracas no es iniciar una negociación. Lo que busca esta guerra es castigar a la población para doblegar al gobierno.

6.5.19

Economist Jeffrey Sachs: U.S. Sanctions Have Devastated Venezuela & Killed Over 40,000 Since 2017

More than 40,000 people have died in Venezuela since 2017 as a result of U.S. sanctions, according to a new report by the Center for Economic and Policy Research co-authored by economists Jeffrey Sachs and Mark Weisbrot. The report examines how U.S. sanctions have reduced the availability of food and medicine in Venezuela and increased disease and mortality. We speak with Jeffrey Sachs in our New York studio. In the report, he writes, “American sanctions are deliberately aiming to wreck Venezuela’s economy and thereby lead to regime change. It’s a fruitless, heartless, illegal, and failed policy, causing grave harm to the Venezuelan people.”
This is a rush transcript. Copy may not be in its final form.

AMY GOODMAN: This is Democracy Now! I’m Amy Goodman. Our guests are Miguel Tinker Salas, a Venezuelan professor at Pomona College in California; Jeffrey Sachs is with us here in New York, leading economist and director of the Center for Sustainable Development at Columbia University. He’s recently co-authored a report for the Center for Economic and Policy Research headlined “Economic Sanctions as Collective Punishment: The Case of Venezuela.”

So much is being used against the presidency of Maduro, saying he’s brought the country to an economic standstill. You make a different case, Jeffrey Sachs.

JEFFREY SACHS: Well, it’s not an economic standstill. It’s a complete economic collapse, a catastrophe, in Venezuela. There was a crisis, for sure, before Trump came to office, but the idea of the Trump administration, from the start, has been to overthrow Maduro. That’s not a hypothesis. Trump was very explicit in discussions with presidents of Latin America, where he asked them, “Why shouldn’t the U.S. just invade?” He said that already in 2017. So the idea of the Trump administration has been to overthrow Maduro from the start. Well, the Latin leaders said, “No, no, that’s not a good idea. We don’t want military action.” So the U.S. government has been trying to strangle the Venezuelan economy.

It started with sanctions in 2017 that prevented, essentially, the country from accessing international capital markets and the oil company from restructuring its loans. That put Venezuela into a hyperinflation. That was the utter collapse. Oil earnings plummeted. The earnings that are used to buy food and medicine collapsed. That’s when the social, humanitarian crisis went spiraling out of control. And then, in this year, with this idea, very naive, very stupid, in my view, that there would be this self-proclaimed president, which was all choreographed with the United States very, very closely, another round of even tighter sanctions, essentially confiscating the earnings and the assets of the Venezuelan government, took place.

Now Venezuela is in complete, utter catastrophe, a lot of it brought on by the United States deliberately, creating massive, massive suffering. We know there’s hunger. We know there’s a incredible shortage of medical supplies. We can only imagine, because we won’t know really until the dust settles and careful studies are done, how much excess mortality there is, but, surely, in a context like this, this is a catastrophe largely created by the U.S., because, as was said earlier, this is an all-or-nothing strategy. What the U.S.—what Trump just doesn’t understand and what Bolton, of all, of course, never agrees to, is the idea of negotiations. This is an attempt at an overthrow. It’s very crude. It’s not working. And it’s very cruel, because it’s punishing 30 million people.

AMY GOODMAN: How did you come up with the number 40,000 dead as a result of these crippling U.S. sanctions?

JEFFREY SACHS: Let me be clear: Nobody knows. This was a very basic, simple calculation based on estimates of universities in Venezuela that mortality had increased by a certain proportion after the sanctions. I don’t want anyone to think that there is precision in these numbers. What is certain, though, staring us in the face, is that there is a humanitarian catastrophe, deliberately caused by the United States, by what I would say are illegal sanctions, because they are deliberately trying to bring down a government and trying to create chaos for the purpose of an overthrow of a government.

AMY GOODMAN: Why?

JEFFREY SACHS: Why are they doing that? This is normal U.S. right-wing foreign policy, nothing different. This is the same foreign policy that we saw throughout Latin America in the 20th century. It’s the same foreign policy that we saw catastrophically in the Middle East. This is Mr. Bolton. This is Mr. Bolton’s idea of diplomacy. This is Trump’s idea of diplomacy. You punch someone in the face. You crush your opponent. You try whatever way you can to get your way. It’s very simpleminded. It’s very crude. And, Amy, it never works. It just leads to catastrophe.

AMY GOODMAN: I want to bring Miguel Tinker Salas back into this conversation, professor at Pomona College. As these protests were taking place in—or this coup attempt was taking place in Venezuela, in Honduras there were massive protests against privatization, also huge demonstrations in Paris. You certainly don’t get the same kind of coverage.

MIGUEL TINKER SALAS: No, you don’t. And the reality is that what’s happening in Honduras is fundamental. You have an effort at privatization. You have layoffs of doctors and of professors and of teachers. And there’s massive street protests happening in Tegucigalpa and all the major cities. And the attention is all on Venezuela. And the same thing is happening, in other contexts, for Central America, the immigration that’s happening as a result of failed U.S. policies. As a colleague was saying earlier, the reality is this was tried elsewhere. The regime change that’s being tried in Venezuela has been tried elsewhere in Latin America and has led to humanitarian crisis throughout Central America—Honduras, Guatemala, El Salvador, in Mexico until very recently. So, again, we know the formula. We know it doesn’t produce the change that most people want. And what it does is it aggravates conditions for the majority of the population. So, you have, in the case of Venezuela, mistakes made by the Maduro administration that are now exacerbated by the sanctions and that take a toll on humans and on the population of the country.

AMY GOODMAN: We’ve been showing, for our radio audience, video, just to let you know, of the tear-gassing of people in Paris and Honduras right now. Of course, Honduras is a U.S. ally. We’re not getting as much coverage of this. Finally, I wanted to ask Jeffrey Sachs about this issue you raise of collective punishment, and saying that collective punishment of a civilian population, as described by both the Geneva and Hague international conventions, to which the U.S. is a signatory—in that way.

JEFFREY SACHS: And, I would say, of the OAS also, which explicitly prohibits this kind of hostile action against another country. U.S. sanctions are now being imposed to bring down governments everywhere. You have, similarly in Iran yesterday, a big announcement of the collapse of the Iranian economy, and the IMF attributed it to U.S. sanctions. So, this is what the Trump administration is trying to do also vis-à-vis Nicaragua. Trump said yesterday, total blockade on Cuba, if they don’t smart up. This is pure bullying. It is completely against international law. It creates havoc. It’s hard enough to achieve economic progress, but when the U.S. is using its political power to break other countries, the results absolutely can be devastating.

And we see it in Venezuela, that it was the kick that pushed Venezuela into this catastrophic, spiraling decline and hyperinflation. It’s always blamed in our press on Maduro, but people don’t even look and understand how the U.S. has the instruments of sanctions blocking access to financial markets, pushing enterprises into default, blocking trade, confiscating the assets owned by the Venezuelan government, precisely to and with the design of creating this kind of crisis, because the idea is, if the pain is enough—in the thinking of people like Bolton—then there will be a military overthrow. So they’re trying to create absolute disaster.

Well, what’s so stupid about these American policies, these neocon policies, is they do create disaster, but they don’t achieve even the political goals of these nasty people like Bolton. It’s not as if they’re effective and nasty; they’re completely ineffective and totally nasty at the same time. But Congress, in our country, nobody looks. It’s unbelievable that you have this basically one-man show of Trump doing damage, rampaging around the world. There is no oversight at all. And in the international institutions, like the IMF, the Inter-American Development Bank, people are scared to even say the truth, that this bully, of the United States, especially with the kind of president we have right now—no one wants to speak the obvious facts of how much damage is being done, how many lives are being lost, how much suffering is being created, how many refugees are being created—deliberately. And then, of course, you get The New York Times or someone else saying it’s Maduro’s whatever, because they don’t even look at the obvious process.

AMY GOODMAN: And you Democratic leaders, as well, in Congress saying the same thing. And so, we’re going to turn right now to a Democrat in Congress. We want to thank Jeffrey Sachs, who is a leading economist, director of the Center for Sustainable Development, Columbia University. We’ll link to your report that you put out with the Center for Economic and Policy Research headlined “Economic Sanctions as Collective Punishment: The Case of Venezuela.” And, Miguel Tinker Salas, thanks for joining us, professor at Pomona College in California.

Tras el fallido golpe, EEUU incrementa amenazas e intenta dividir al chavismo

Aram Aharonian


Nerviosa calma en Venezuela. El terrorismo mediático trasnacional se hace eco de las palabras de Donald Trump –“las próximas medidas contra Maduro serán devastadoras”- mientras bandas paramilitares ultraderechistas amenazan con volver a las “guarimbas” de 2014 y 2017, creando desestabilización y caos, con el único fin conjunto de derrocar al gobierno constitucional.

El presidente de Estados Unidos dijo el miércoles que su gobierno aún cuenta con un amplio arsenal que puede ser usado contra el gobierno de Nicolás Maduro antes de llegar a la intervención militar, "algunas de ellas, no quiero ni siquiera me gustaría, porque son muy duras", al ser consultado por el periodista Trish Regan.

Tras el fallido intento, el mentiroso consuetudinario Elliot Abrams tomó distancia del fracaso e insistió en que EEUU no intervino en el fallido levantamiento y reiteró que altos mandos chavistas, entre ellos el ministro de Defensa Vladimir Padrino, estuvieron implicados, tratando de crear desconfianza entre los miembros del alto gobierno.

Aseguró que miembros del gobierno negociaban desde hace tiempo con la oposición una salida digna para el presidente Nicolás Maduro y que. los oficialistas involucrados en el complot, “en algún momento apagaron sus celulares y dejaron de responder”, dijo, absteniéndose de dar fuentes o mayor desinformación.

Enseguida la trasnacional del terror mediático puso a circular la versión de la inteligencia estadounidense sobre “Zamuro”, el “alto militar traidor” que diseñó el plan junto a funcionarios del Consejo de Seguridad de los Estados Unidos (NSC) - depende directamente de Trump y conduce John Bolton-, que se desmoronó cuando se apresuraron a liberar a Leopoldo López, un día antes de lo previsto. Y la novela, que repiten medios y redes sociales, obviamente ensuhcia a rusos y cubanos.

El canciller español, Josep Borrell, pareció sorprendido por el intento golpista de Guaidó (a quien habían reconocido como “presidente encargado”) y poco más tarde el gobierno de Pedro Sánchez rechazó claramente cualquier acción militar. Era la evidencia de que el golpe fracasó y nadie quiere asumir su cuota-parte. La puesta en escena generó expectativas, pero tuvo resultados mucho más modestos de lo esperado.

Abrams también aseguró que hubo contactos con el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, y el comandante de la guardia de honor presidencial, Iván Rafael Hernández Dala, con el fin de derrocar a Maduro. El consejero de Seguridad de Trump, secundó sus declaraciones, tratando de dividir a las fuerzas oficialistas, creando dudas y resquemores entre los dirigentes y el pueblo chavista..

Mientras, el autoproclamado presidente interino Juan Guidó, quien había anunciado que su Operación Libertad había entrado en su fase final, sigue las instrucciones de Washington, y llama a paros, huelgas y actos vandálicos. La inteligencia venezolana teme que se intente atentar contra el transporte subterráneo de Caracas, medio por el que se movilizan millones de personas a diario.

Guaidó reconoció la falta de apoyo de los mandos militares a su intento de copamiento de la base aérea de La Carlota, en Caracas, el 30 de abril, cuando logró la deserción de una treintena de oficiales menores de la Guardia Nacional y la liberación (de su arresto domiciliario) de su jefe en la formación ultraderechista Voluntad Popular, Leopoldo López, autor intelectual de la muerte de decenas de venezolanos durante el terror callejero de 2014, quien terminó como “huésped” de la embajada española.

El jueves, la Justicia Penal del Área Metropolitana de Caracas, revocó la medida de detención domiciliaria a López “por violarla flagrantemente, además de violar la medida referida a la condición relativa a pronunciamientos políticos por medios convencionales y no convencionales, nacionales e internacionales, demostrando con ello la no sujeción a las medidas”. El tribunal libró orden de aprehensión en contra del fugitivo, para que termine de cumplir más de diez años, en el Centro Nacional de Procesados Militares.

“Nosotros estamos haciendo todo lo que se puede hacer antes de llegar al último paso". Hay gente que quiere que nosotros tomemos el último paso. Pero tenemos muchas opciones abiertas", dijo Trump, al reconocer que estaba al frente de las acciones de Guiadó y sus cómplices. Preguntado Guaidó por Trish Regan de si la tensa situación pudiese desembocar en una guerra civil, éste respondió que ese riesgo es hoy menor que el de hace unos años porque Maduro ha perdido el respaldo total de la población.

A Washington le van quedando dos opciones: la intervención militar directa o por medio de un ejército mercenario (evitando muertes de estadounidenses, sobre todo en época preelectoral), o el diálogo y la negociación que propone el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, junto a Uruguay y agunos países europeos..

Y nuevamente surge la tesis del asesinato de bandera falsa del autoproclamado líder de la oposición: "Ahora vale más muerto que vivo, no solo para la CIA sino también para su propia gente de la oposición", adviertió Daniel McAdams, director ejecutivo del Instituto Ron Paul. "Si hay una [operación de] bandera falsa o si matan a algún funcionario importante de cualquier lado, no se puede decir qué podría pasar", advirtió el político republicano.

Lo importante son las secuelas. Maduro dijo que no habrá impunidad y lo cierto es que Guaidó fue el instigador y responsable máximo. El intento pudo desembocar en un enfrentamiento entre militares, con derramamiento de sangre, grave si los seguidores de Guaidó hubieran acudido a La Carlota. El cálculo de Voluntad Popular era que algunos muertos pudieran servir como campaña publicitaria contra “la dictadura”, pero sobre todo influido en la tan esperada ruptura en las fuerzas militares.

Es evidente que desde su autoproclamación el 23 de enero, Guaidó ha sido teledirigido por el equipo Venezuela de los halcones de la Casa Blanca Bolton, Pompeo, Abrams, Marco Rubio y el vicepresidnte Mike Pence. Esta opisición venezolana ha sido la que solicitó las sanciones, bloqueo y pirateo de EEUU, que tantas penurias ocasionan al pueblo. Guaidó sigu señalando que la intervención militar de EEUU es una opción. ¿Dónde están los otros dirigentes de la oposición, por qué no se manifiestan?

¿El golpe fue?

Se ha difundido la idea de un golpe militar fracasado o evitado y que fue ejecutado por uno de los sectores más radicales de la burguesía venezolana y algunos efectivos militares, situación que fue prontamente controlada por las fuerzas del gobierno utilizando pocas bombas lacrimógenas que causaron la dispersión de los insurrectos, en distintos caminos, sobre todo los que llevaban a refugiarse en algunas embajadas.

Mientras, miles y miles de personas se movilizaron, de inmediato, en defensa del gobierno constitucional, marchando hacia el Palacio de Miraflores, en espera de los dirigentes y las explicaciones sobre los implicados en el complot..

El Primero de mayo, Maduro, ratificó que se hará justicia frente los que promovieron el intento de golpe de Estado “que trató de imponerse con el engaño, la mentira y la manipulación sobre un grupo reducido de oficiales jóvenes y personal de tropa de la Fuerza Armada para atentar contra el orden constitucional” y afirmó que en los próximos días mostrará las pruebas de los implicados.

“Pregunto ¿se acabó la política? ¿Nos vamos a una guerra civil? Eso es lo que buscan una guerra civil. ¿Así debe ser la política en Venezuela? ¿Con disparos, heridos y muertos? ¿Hay necesidad de golpe de Estado?… Acabamos de derrotar un nuevo complot de la derecha. Pretendieron imponerse a traición. Tengo las pruebas en las manos y la justicia los está buscando y más temprano que tarde irán a la cárcel a pagar su traición y su delito”, aseveró.

En el ambiente político quedaron varias interrogantes sin respuesta. Quizás Guaidó y López se lanzaron a esa aventura, quemando sus cartuchos, sin el respaldo de los partidos de la oposición e inclusive sin la presencia y/o respaldo de los dirigentes históricos de Voluntad Popular y Primero Justicia; sin una masiva base de apoyo opositora movilizada. Incluso, Guaidó apareció "solo" convocando a la población a una movilización “definitiva” para el día siguiente, Día de los Trabajadores. Sabía que su respaldo no era el pueblo, sino Washington.

Otras interrogantes son por qué teniendo poder de fuego en el Distribuidor de Altamira (seis tanquetas artilladas) no fueron utilizadas por los insurrectos, y por qué el gobierno reprimió a los insurrectos apenas con gases lacrimógenos, con métodos no letales. Tampoco aparecen respuestas al hecho de que el presidente Maduro apenas apareció a las nueve de la noche (doce horas después de finalizada la intentona), ante una población expectante, pese a tratarse de una persona que se suele sobreexponerse rutinariamente en la televisión.

Desde el exterior, la inteligencia estadounidense insiste en un gobierno de transición que se estaría negociando y anticipa que el hombre a sacrificar –de oponerse- sería el de Diosdado Cabello, exmilitar que comanda no solo el Partido Socialista Unidos de Venezuela (Psuv) sino también la Asamblea Nacional Constituyente, cuyas labores se darían por finalizadas. Demostró el lunes 30, su gran influencia sobre la FANB, al darle instrucciones de lo que se debe hacer como contragolpe y llamando al pueblo a Miraflores, bajándole el fuego a la olla del golpe, reduciéndole a una mera escaramuza.

Antecedente

Dos meses antes del derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende, hubo un intento de golpe militar, pequeño, fácilmente desarticulado por las FFAA "leales" a Allende. Uno de esos generales "leales" era el comandante del ejército, Augusto Pinochet.

Años después, en un libro de sus memorias, Pinochet declaró que el Tanquetazo fue mentalizado y dirigido por él mismo, con el fin de recabar información de inteligencia, ensayando un escenario simulado..

Crearon el Tanquetazo para medir la capacidad real de reacción de la Unidad Popular, la reacción de Allende, y observar hasta dónde estaba dispuesto a llegar el presidente, además de medir las capacidades de comunicación entre los dirigentes, las bases y la ciudadanía y cómo se movían las lealtades de las estructuras.

¿Improvisación?

Para una operación política y militar de este tipo se requieren un mando político estructurado y afiatado con una estrategia y una táctica a desarrollar; un aparato militar y paramilitar con sus respectivos mandos y canales de inteligencia; un aparato de agitación y propaganda y difusión mediática; una logística militar y financiera, y un complejo plan de comunicaciones tanto civiles como militares, señala la Coordinadora Simón Bilívar..

Más allá de todo esto, la realidad es que no tienen un apoyo militar ni popular, lo que deja en claro que no se trató de un golpe militar sino escaramuzas que le dan un sustento “social” a un accionar terrorista mayor como es el asalto a cuarteles, atentados de todo tipo, homicidios y el intento de magnicidio contra Nicolás Maduro.

No se trató solo del establecimiento de un perímetro operativo de seguridad para la liberación y posterior libre circulación de Leopoldo López, sino que sirvió para que algunos militares,que como el general Manuel Cristopher Figueroa -director del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin)-, venían conspirando y que habían quedado al descubierto luego de la captura de Marrero y de otros conjurados- pudieran buscar refugio en representación diplomáticas extranjeras (España, Chile, Brasil).

No fue una acción de unos “loquitos”, ya que tanto el gobierno estadounidense como el de otros países cómplices de la región apoyaron y se involucraron directamente en esta acción terrorista. Es de suponer, también, que no han desertado ni sublevado todos los que militares comprometidos, ni han aparecido todos los que están conspirando y que hay altos mandos centre ellos.

El problema es creerse sus propias mentiras. Por ejemplo, que las incendiarias proclamas por las redes sociales se materializarían en que la población (o al menos los seguidores del autoproclamado presidente interino) irían a poner el pecho en un posible combate sin final asegurado.

Y que, al ver a sus colegas alzados y respaldados por centenares de miles, los oficiales y soldados de la base aérea les iban a abrir las puertas para atrincherarse allí y generar un efecto dominó en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Nada de esto ocurrió. La mayoría de los militares participantes escaparon pronto de allí y dijeron haber sido engañados por algunos de sus superiores con una supuesta operación en un establecimiento penal.

Nadie quiere hablar de cobardía, pero ni López ni Guaidó entraron a la base de La Carlota. Leopoldo López, en lugar de ponerse a la vanguardia de la «gran Operación Libertad», se introdujo a la misión diplomática chilena como «huésped. Algunos piensan que todo el operativo no tuvo otro fin que el de rescatar a López y hacerlo retomar su liderazgo de la extrema derecha, donde Guaidó había comenzado a tomarse en serio su papel de presidente imaginario.

La Operación Libertad era la libertad de López, dicen con cierta sorna en las redes sociales chavistas

La prensa trasnacional no quiso enterarse de la realidad y prosiguió repitiendo las consignas de Guaidó sobre la fase final de la Operación Libertad, que en todo el país se estaba movilizando el pueblo, que 90% de la Fuerza Armada repudiaba a la «dictadura» y que su victoria era cuestión de horas, que en la mayoría de los estados del país los cuarteles apoyaban a Guiadó, mientras desempolvaban videos de años anteriores para engañar a la opinión pública.

Poco ayudan a entender la situación los militantes mediáticos, dirigiendo sus mensajes y análisis a los convencidos, sobre las similitudes inexistentes entre el golpe de 2002 contra Hugo Chávez y éste del 2019. En 2002 el pueblo, constitución en mano, se subió a las tanquetas y reclamó airadamente en las calles el regreso de su presidente constitucional, derrocado por 47 horas por un golpe militar-empresarial, junto a la derecha vernácula y el apoyo de los gobiernos de EEUU, España y Colombia. Ah, y el sacrosanto Estado del Vaticano.

Quedan varias interrogantes. Una, ante la actitud de los militares colombianos y brasileños de participar en una aventura invasora ¿apelará Trump a intentarla con un ejército mercenario, evitando victimas estadounidenses, en vísperas electorales? Otra, la ofensiva discursiva para deteriorar la cohesión del mando chavista, involucrando nuevos actores internacionales a la ecuación, como Cuba y Rusia, ¿llevará a una confrontación mayor?

Y la última: ¿Tendrá el gobierno de Maduro la capacidad de tomar medidas reales para combatir la hiperinflación y el desabastecimiento, más allá de responsabilizar a las sanciones estadounidenses de la situación crítica del país?

3.5.19

Trump, émulo de Hitler

Atilio A Boron

Los acontecimientos de estos últimos días en Venezuela corroboran, por enésima vez pero ahora con total descaro, la intención de Washington de apoderarse de aquel país estableciendo allí un protectorado neocolonial a cualquier precio. La rueda de prensa de John Bolton del 30 de abril es prueba fehaciente de lo que decimos. Mentiroso serial, actuó y habló con absoluto desprecio por la Carta de las Naciones Unidas que establece claramente el principio de la autodeterminación de las naciones y condena toda tentativa de someter una de ellas a la voluntad de otra. Lo que dijo ese cobarde hampón de opereta -de quien se puede decir lo que Jorge Luis Borges dijera de los militares argentinos: "no oyó en su vida silbar una sola bala"- reposa sobre una premisa excluyente: “Maduro debe irse” y Juan Guaidó, que según Washington es el presidente legítimo de Venezuela, debe asumir sus funciones cuanto antes.

Según este turbio Consejero de Seguridad Nacional de Donald Trump los días de Maduro están contados y apenas se sostiene en el poder gracias a una constelación de fuerzas internacionales completamente ajenas al juego democrático y a la voluntad de la ciudadanía venezolana. En su exposición este despreciable supremacista señaló a los tres actores que según él sostienen a Maduro: las tropas cubanas, unas 22 o 25.000 y que son las que realmente controlan a las Fuerzas Armadas Bolivarianas, transformando a los médicos cubanos en tropa de combate; los Colectivos, esas “pandillas de matones en motocicleta”, también ellos creación de La Habana y “otras fuerzas externas” que, poco más adelante, sugeriría que entre ellas sobresale Rusia. “Nosotros necesitamos” –dijo en su declaración inicial antes de las preguntas- “una Venezuela gobernada por su pueblo y no por fuerzas externas, y eso es lo que estamos buscando”.

En su intervención Bolton mencionó once veces a Cuba o “los cubanos”, algo absolutamente inusual y que revela que el objetivo de esta escalada de agresiones y de intervencionismo trasciende la patria de Bolívar y Chávez y tiene objetivos múltiples que incluyen a la isla rebelde y Nicaragua, explícitamente fulminadas como “la troika de las tiranías” en las Américas. El presidente Trump, dijo Bolton, “quiere ver una transferencia de poder pacífica de Maduro a Guaidó” sin más dilaciones. Quienes apoyen a Maduro, y muy particularmente los que no son venezolanos, deben saber que “todas las opciones están sobre la mesa.” Al día siguiente Mike Pompeo, otro hampón - que por su apellido y hasta por su apariencia física parece un sobreviviente de la banda de Al Capone- que para vergüenza de EEUU funge como Secretario de Estado avanzó en su ataque a otro de los “factores externos”, Rusia. Esto motivó la contundente respuesta de la Cancillería de ese país que le recordó que “la injerencia de Washington en los asuntos de Venezuela es una violación flagrante del derecho internacional …. esta influencia destructiva no tiene nada que ver con la democracia. ” Su mente crecientemente ofuscada por sus palabras hizo que Bolton tornara cada vez más frecuentes sus ataques a Cuba. Los Colectivos supuestamente creados por los cubanos fueron mencionados cinco veces en la rueda de prensa, y también dijo otro disparate mayúsculo: que el General Padrino López y el Estado Mayor de las FAB reportan a La Habana y que es desde allí donde reciben las órdenes para actuar. Rusia también fue objeto de críticas y comentó que se le había advertido al impertérrito Vladimir Putin que su involucramiento con el “régimen” venezolano era motivo de enorme preocupación en Estados Unidos. Ya mencionamos la respuesta del gobierno ruso a esta sarta de dislates.

De lo anterior se infiere que estamos aproximándonos a una situación decisiva para el futuro de las luchas emancipatorias en América Latina y el Caribe. No sólo Venezuela sino Cuba y también Nicaragua están bajo la mira y son ya un objetivo militar de Estados Unidos. La complicidad de los “demócratas” de la región con este intento de apoderarse de Venezuela es repugnante, como también lo es el silencio cómplice y cobarde de los gobiernos europeos, vasallos indignos de un Calígula desquiciado y su entorno de fanáticos criminales dispuestos a lo que sea. Mienten impúdicamente y a sabiendas, pero mentir y difamar es un capítulo crucial del manual de operaciones de desestabilización que la Casa Blanca ha leído y aplicado en innumerables ocasiones. Recuérdese que hablaban del sofisticado armamento que Cuba y la URSS habían introducido en República Dominicana durante el corto gobierno de Juan Bosch. Cuando en Abril de 1965 se produjo la invasión los 44.000 marines se encontraron con un ejército dominicano munido de armas obsoletas, rezagos de la Segunda Guerra Mundial, y un pueblo que los repelía con machetes, piedras y palos. Mintieron para crear un clima de opinión favorable al golpe contra Joao Goulart en Brasil en 1964, contra Salvador Allende en 1973, contra Maurice Bishop y el Movimiento Nueva Joya en Granada en 1983, cuando también se habló de la presencia cubana y de sofisticados armamentos cuidadosamente ocultos en casas especialmente adaptadas para tal fin. Nunca se las encontró. Y mintieron también cuando denunciaron la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, que jamás fueron halladas. Y antes, en 1945, cuando dijeron que no había rastros de radioactividad en Hiroshima y Nagasaki luego del bombardeo atómico. Por lo tanto, el gobierno de Estados Unidos, maldición de todos los pueblos libres del mundo, miente por default.

Y ahora están mintiendo alevosamente sobre la situación en Venezuela y el papel de Cuba en ese país. Cuentan para ello con la complicidad de los medios hegemónicos, convertidos en pestilentes cloacas donde se dice cualquier cosa que pueda destruir la reputación de un enemigo del imperio. Día y noche sin parar excretan sus mentiras con indignante impunidad y con total desprecio de lo que debería ser un juramento hipocrático de periodistas (y también de académicos e intelectuales) que no puede ser otro que “decir las verdades y denunciar las mentiras”, en la sucinta enunciación hecha por Noam Chomsky. Pero no. Las voces de tantos y tantas vestales de la república y la democracia que han acosado a cuanto gobierno progresista se haya asomado en esta parte del mundo permanecen en ignominioso silencio. Revelan de ese modo su deshonrosa condición de lenguaraces a sueldo del imperio. Desnudan que su independencia y profesionalismo no es tal y que sus palabras están fatalmente contaminadas con el sucio dinero del gangster de la Casa Blanca que quiere culminar el latrocinio que ya ha comenzado en Venezuela apropiándose de sus activos internacionales (oro en Inglaterra, la CITGO en Estados Unidos, etcétera). Y lo mismo vale para los responsables de los organismos internacionales. ¿Qué dice el señor Antonio Gutérrez, Secretario General de la ONU ante groserías como las pronunciadas por Bolton? Para ni hablar de Luis Almagro, el Secretario General de la OEA que compite cabeza a cabeza con Lenín (a) “Donald” Moreno en la torva disputa para establecer quién es el traidor y el corrupto mayor de Nuestra América. La lista sería interminable.

Cómplices todos: el periodismo “serio”, los intelectuales sofisticados y de refinados modales que hacen gala de una falsa objetividad, los domesticados académicos del mainstream, los burócratas internacionales y los gobernantes de aquí y de Europa nada dicen de una operación que cada día más se asemeja a la anexión de Austria y de los Sudetes por Hitler en 1938, ante la pasividad -y con la complicidad- de la “comunidad internacional”, eufemismo para evitar hablar de los lacayos del emperador. Partícipes necesarios y encubridores de un crimen porque lo que ya ha ocurrido en Venezuela con las sanciones económicos, el despojo de sus riquezas en el exterior y la agresión a la vida cotidiana de venezolanas y venezolanos, privados de energía eléctrica, agua, transporte y otros bienes básicos configura un crimen de lesa humanidad. Martí, en su deslumbrante clarividencia, denunció la adicción de la Casa Blanca el saqueo y el pillaje. Los norteamericanos, aseguraba el Apóstol, “creen en la necesidad, en el derecho bárbaro como único derecho: esto es nuestro, porque lo necesitamos.” Necesitamos el petróleo de Venezuela porque es un insumo irremplazable de nuestra maquinaria militar y cuando en el mundo no haya una gota de ese recurso, cuando nuestros enemigos se queden sin él, nosotros lo tendremos y podremos imponer nuestro dominio mundial sin contrapesos. Como lo necesitamos, será nuestro, por las buenas o por las malas. Esta y no otra es la razón excluyente por la que el noble y bravo pueblo venezolano está sufriendo la agresión del imperialismo. En su célebre libro Hegemonía o Supervivencia, Noam Chomsky sentó la tesis de que Washington tiene un proyecto de dominación mundial aún más ambicioso que el Tercer Reich de Hitler. Muchos pensaron en su momento que el gran lingüista norteamericano deliraba. Sin embargo, los hechos posteriores le dieron la razón. Contra ese plan que hoy lideran Trump y sus compinches se enfrentan los pueblos libres de todo el mundo, con el de Venezuela en la primera línea de combate. Por consiguiente, la solidaridad internacional con su lucha es un imperativo moral inescapable para todas las mujeres y todos los hombres de buena voluntad.

27.3.19

Rusia y China respaldan a Venezuela y cambian el juego

Álvaro Verzi Rangel

Rusia y China dejaron claro esta semana que hay que tomarlos en cuenta y son básicos para la solución de la crisis de Venezuela. La línea de fuego la corrió Rusia, que hoy está en frente del patio trasero de EEUU y el fantasma de la Crisis de los Misiles de octubre de1962 atemoriza al mundo entero.
Los analistas y los diplomáticos se mantienen alertas: EEUU perdió a Venezuela ya que Rusia corrió la línea de fuego a Suramérica y el Caribe y la llevó al propio territorio de los aliadosde Washington, tras obligar a salir a los estadounidenses de Siria.

 Desviando la atención de Venezuela, EEUU rompió con décadas de consenso mundial y se convierte en el primer país en reconocer la soberanía de Israel sobre una área siria que ocupa desde 1967. El presidente Donald Trump, firmó un decreto por el que reconoce oficialmente la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, medida que justificó por lo que calificó como las agresivas acciones de Irán y de grupos terroristas contra Israel.

“Esto es algo que debería haberse hecho hace muchas décadas”, dijo Trump al rubricar la proclamación presidencial, junto al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en la Casa Blanca. La ONU advirtió, sin embargo, que la decisión estadounidense no cambia en absoluto el estatus internacional de esta zona arrebatada a Siria en 1967.

Volviendo a la crisis latinoamericano-caribeña, el gobierno chino replicó al consejero de Seguridad Nacional estadounidense, John Bolton: "América Latina no es propiedad de ningún país ni tampoco es el patio trasero de ningún Estado", dijo el portavoz de la cancillería chinal Geng Shuang. Bolton había declarado que "EEUU no tolerará la injerencia de potencias militares extranjeras hostiles en los objetivos compartidos del hemisferio occidental" en alusión a dos aviones de Rusia que llegaran a Venezuela.

Washington insiste en que Latinoamérica y el Caribe es su patio trasero y necesita a la región porque va perdiendo la competición contra China y Rusia. Desconoce que los países son soberanos e independientes y pueden decidir por ellos mismos con qué naciones cooperar.

El gobierno estadounidense mantiene desde 2017 un bloqueo financiero contra Venezuela que prohíbe las transacciones con el gobierno de ese país y la petrolera estatal PDVSA (le congeló siete mil millones de dólars yh bloqueó todas los pagos de empresas estadounidenses por el petróleo venezolano) y en noviembre de 2018, la Casa Blanca prohibió a sus compañías realizar transacciones con el oro venezolano.

Sin dudas, la crisis en Venezuela responde a intereses económicos y geopolíticos de EEUU, que usa al autoproclamado presidente interino Juan Guaidó para llevar adelante sus apetencias, recurriendo incluso a sanciones secundarias a países que no están en conflicto con el gobierno constitucional de Caracas.

Estados Unidos trató de dividir el mundo en una reunión en Roma entre su asesor, el genocida Elliott Abrams y el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia Serguéi Riabkov, en busca de una “solución para Venezuela”, que pasó a ser protagonista en esta lucha por la hegemonía mundial. Pero no hubo acuerdo alguno.

Riabkov, tras señalar la "inadmisibilidad" de una intervención militar en Venezuela, dijo que “la conversación fue difícil, pero franca” y agregó que “por nuestra parte tenemos una mejor comprensión de la postura de EEUU al respecto”. Rusia ya ha manifestado que no aceptaría una intervención militar en Venezuela: esa misma semana arribaron a Venezuela dos aviones rusos que transportaban personal y equipo técnico militar.

EEUU comprendió que deberá sentarse con Putin a negociar y en ese diálogo Venezuela estará en el medio. La ONU volvió a reconocer a Maduro como el legítimo presidente y Washington debió llamar al jefe de las fuerzas militares venezolanas para pedirle permiso para retirar a los últimos funcionarios de lo que era su embajada y pidió ser escoltados hacia el aeropuerto .

Los analistas señalan recientes hechos mundiales relacionados con Venezuela que dejan claro que el país es hoy protagonista de un resurgimiento de la llamada Guerra Fría entre las potencias, solo que esta vez no son dos bloques, sino tres: Estados Unidos, Rusia y China., con una tensión creciente alimentada por las políticas agresivas del gobierno de Donald Trump.

En la reunión de la Organización de Países Productores de Petróleo en Bakú, Arzebaijian, el ministro de Petróleo declaraba que Venezuela dejaba de vender crudo a India concentrándose únicamente en la venta de petróleo a China y Rusia. Lo cierto es que India recibió un ataque desde Paquistán, orquestado por la CIA estadounidenses, para “convencerlos” de no comerciar con Venezuela.

Paralelamente, el gobierno chino negó la visa a Ricardo Hausmann, representante de Venezuela designado por Guaido ante el Banco Interamericano de Desarrollo, para participar en la asamblea del organismo en China. Más allá del desconocimiento a Guidó, la reunión fue suspendida.

Hay que recordar que los principales socios en el Banco Interamericano de Desarrollo, dirigido por el neoliberal colombiano Moreno Ocampo, son EEUU con 30%, Argentina y Brasil con 11 cada uno, la Unión Europea con 10% : todos ellos habían manifestado el apoyo incondicional a Guaidó y Hausmann, un exministro de Carlos Andrés Pérez (depuesto por corrupción) y funcionario de organismo internacionales..

En este ajedrez geopolítico mundial, no se puede olvidar que en EEUU existe una gran polémica interna por la supuesta intervención de Rusia en las elecciones del 2016 –las investigaciones del fiscal no hayan encontrado pruebas de la presunta conspiración- y que luego del fracaso de las reuniones con Corea del Norte y el tema del muro fronterizo con México, Trump arriesga mucho en un acuerdo comercial con China.

Venezuela firmó con Rusia un contrato de casi 300 mil millones de dólares para el suministro de petróleo pagado por adelantado y otro por 40 mil millones de dólares con los chinos por el petróleo.

Obviamente, a Washington poco le interesa el pueblo venezolano. De lo intenta es el asalto de los más de 300.000 millones de barriles de la reserva petrolera prioritaria del mundo. Pero la historia reciente muestra que EEUU no han podido ganar una intervención solos (lo han hecho con aliados y al momento de repartir el botín el fracaso fue nefasto, ejemplo en Irak y Libia).

Estados Unidos perdió la vía diplomática que desechó desde el principio y, siguiendo la lógica geopolítica, sólo le resta la guerra. No tiene margen de maniobra mayor de Naciones Unidas, y donde Rusia y China cuentan con poder de veto y también suma en contra a los países que han sufrido impacto por intervenciones de la OTAN.

Colombia (socia de la OTAN), que hasta intentó coparticipar en una invasión a Venezuela, es la más preocupada hoy. El poder militar venezolano, superior al colombiano, se ve ahora reforzado por el apoyo ruso, y Bogotá teme que el conflicto se desplace de la frontera norte a la retaguardia colombiana, explotando eventualmente en alguna base propia o estadounidense.

Estados Unidos es consciente que Venezuela con el apoyo ruso y chino, no es Panamá, Granada, Irak o Libia.
 
Álvaro Verzi Rangel: Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

28.8.17

Los comisarios del pensamiento único II

Carlos Fazio

Para Noam Chomsky, la tarea de los corporativos mediáticos consiste en crear un público pasivo y obediente, no un participante activo en la toma de decisiones. Se busca crear una comunidad atomizada y aislada, de forma que no pueda organizarse y ejercer sus potencialidades para convertirse en una fuerza poderosa e independiente que pueda hacer saltar por los aires todo el tinglado de la concentración del poder. (Un ejemplo de cómo ejercer la fuerza organizada en una democracia participativa y protagónica, son los 8 millones 89 mil 320 votantes que el 30 de julio, a despecho de las amenazas militaristas de D. Trump y la ofensiva terrorista paramilitar, decidieron empoderar a las/os nuevos constituyentes venezolanos).

Para que el mecanismo que genera un público sumiso y obsecuente funcione, es necesario, también, el adoctrinamiento de los medios. Su domesticación; generar una mentalidad de manada. Hacer que los periodistas y la comentocracia huyan de todo imperativo ético y caigan en las redes de la propaganda o el doble pensar. Es decir, que se crean su propio cuento y lo justifiquen por autocomplacencia, pragmatismo puro, individualismo exacerbado o regodeo nihilista. Y que, disciplinados, escudados en la razón de Estado, asuman la ideología del patrioterismo reaccionario.

En definitiva, el miedo a manifestar el desacuerdo termina trastocando la prudencia en asimilación, sometimiento y cobardía. A su vez, el pensamiento reaccionario se refuerza bajo un discurso de desprecio y odio xenófobo, racista y clasista: siete jóvenes fueron quemados en Venezuela por parecer chavistas.

No se vale, pues, discrepar con el consenso. Sólo se debe pensar en la dirección presentada por el sistema de dominación capitalista. Y si para garantizar el consentimiento es necesario aplicar las herramientas de la guerra sicológica para el control de masas (azuzar el miedo y generar un terror paralizantes), los vigilantes del Gran Hermano entran en operación bajo el paraguas de lo políticamente correcto, amparados por todo un sistema de dádivas y premios que brindan migajas de confort y poder acomodaticio.

Aduladores de los poderes fácticos que actúan en zonas de penumbra, los social-conformistas de los medios practican el lenguaje operacional del orden sistémico, reproduciendo de forma expansiva la lógica de la dominación de clase. Cada día en Ciudad de México, Madrid, Bogotá o Buenos Aires, el pensamiento reaccionario apuntala la contrarrevolución en Venezuela. Y ello es así porque el poder real ha creado un ejército de paraperiodistas dedicados a mantener y reproducir la ideología neoliberal y desarticular el pensamiento crítico; a frenar el cambio social y democrático de los de abajo mediante la mentira del silencio (Sader). Es decir, negando la existencia de lo que no se quiere que se conozca: por ejemplo, silenciando la formidable victoria del chavismo bravío el 30/J.

Los saberes políticamente correctos forman parte del modelo de dominación y marcan el ritmo de la pulsión del poder: quienes levanten la voz y se aparten de la manada serán denigrados, hostigados y/o castigados. El poder reclama una única racionalidad. Por eso, como la división de un ejército vasallo en el frente externo −y dado que toda intervención militar es precedida por una campaña de intoxicación mediática con eje en la guerra sicológica−, los paraperiodistas tienen la misión de vigilar, hostigar y presionar a quienes, como Luis Hernández y la línea editorial de La Jornada, se apartan del consenso de la elite reaccionaria.

Los hornos crematorios del nazismo funcionaron a plena luz del día; el genocidio de Hitler fue un acto consentido por el pueblo alemán. Con distintas modalidades y ante un mundo pasivo, el horror y la solución final de Auschwitz, Dachau y Treblinka se replican hoy en Afganistán, Irak, Libia, Siria, Colombia y el México de la necropolítica y las fosas clandestinas.

En pleno siglo XXI, las víctimas mortales de las aventuras coloniales del Pentágono y la OTAN en Afganistán, Pakistán e Irak ascienden a cuatro millones. Los escombros de Damasco y Palmira, en Siria, exhiben los horrores de la guerra. La seguridad democrática de Álvaro Uribe generó 6.5 millones de desplazados internos. La prensa libre de Occidente ha apoyado, distorsionado o justificado esas atrocidades. Es fácil predecir qué ocurrirá en caso de estallar una intervención humanitaria en Venezuela auspiciada por Estados Unidos.

El uso de la mentira, el fanatismo y la histeria de guerra, y los ataques difamatorios con fines de explotación política son de vieja data. En 1950, el informe de la Comisión Tydings sobre el macartismo y el senador Joseph McCarthy, señaló: “Hemos visto utilizar por primera vez en nuestra historia la técnica de ‘la gran mentira’. Hemos visto cómo, mediante la insistencia y la mezcla de falsedades (simples habladurías, tergiversaciones, murmuraciones y mentiras deliberadas), es posible engañar a un gran número de gente”. Los periodistas, editores y directores de la prensa estadunidense sabían que McCarthy mentía y divulgaron sus dichos, dejando que el lector, que no tenía ningún medio de averiguarlo, intentara deducir la verdad. El senador republicano John Bricker le dijo a McCarthy: Joe, usted es realmente un hijo de puta. Pero a veces es conveniente tener hijos de puta a nuestro alrededor para que se encarguen de los trabajos sucios.

El propósito del macartismo fue destruir las instituciones de Estados Unidos, minar la Declaración de Derechos y revertir el pacto social keynesiano (el Estado benefactor) que redistribuía parte de las ganancias del capital hacia abajo. La revolución conservadora de Ronald Reagan profundizó el proyecto neoliberal, con epicentro en la liquidación de los bienes del Estado y la esfera pública y la mercantilización y privatización radical de todo. El macartismo hizo escuela y el trabajo sucio lo practican hoy legiones de paraperiodistas en el caso Venezuela… pero sus madres no tienen culpa.

14.8.17

Los comisarios del pensamiento único

Carlos Fazio

Hoy, cuando la canalla mediática está desatada en el mundo occidental, no está de más recordar que como otros términos del discurso político, la palabra “democracia” tiene un significado técnico orwelliano cuando se usa en exaltaciones retóricas o en el “periodismo” habitual, para referirse a los esfuerzos de Estados Unidos y de sus aliados para imponer la democracia liberal representativa a Estados considerados “forajidos” como la Venezuela actual.

En ese contexto, se ha convertido en un lugar común que cuando más democracia y libertades se dice reconocer y defender, más se reprime la facultad de pensar; sobre todo, la actividad de pensar a contracorriente. Con la novedad de que en la persecución del pensamiento crítico ya no hay fronteras. Pero sucede, además, que en el nuevo panóptico planetario y en el marco de la guerra de espectro completo en curso, quienes cuestionan el orden hegemónico o no se ajustan al marco del dogma establecido por los amos del universo, pueden convertirse en un objetivo político-militar.

Pensar entraña riesgos y trae consecuencias. Ello ocurre en las ciencias sociales y las humanidades, pero también en el periodismo. En la actual coyuntura, bien lo saben, entre otros, Atilio Borón (Página 12, Rebelión.org,) y Luis Hernández (coordinador de Opinión de La Jornada), quienes por practicar el ejercicio crítico de pensar con cabeza propia, son objeto de mofa, presiones y campañas de estigmatización y criminalización por un puñado de diletantes vigilantes del pensamiento único neoliberal que responden a un mismo y nauseabundo guión de Washington.

“Nicolás Maduro dictador” emite la voz del amo desde las usinas del poder mundial, y el eco es amplificado urbi et orbi por una cohorte de amanuenses subvencionados y tarifados. El esquema es simple: para el periodismo mercenario, el “Maduro dictador” sustituye hoy a “las armas de destrucción masivas” de Sadam Hussein, en 2003. El saldo de la mentira del Pentágono como arma de guerra costó más de un millón de muertos; pero eran iraquíes.

El modelo “comunicacional” está bien engrasado. Permite debates, críticas y discrepancias, en tanto se permanezca fielmente dentro del sistema de presupuestos y principios que constituyen el consenso de la elite. Es un sistema tan poderoso que puede ser interiorizado en su mayor parte, sin tener conciencia de ello. En general, quien tiene ideas equivocadas o intenta romper el molde es apartado o ignorado; pero en ocasiones puede ser satanizado por los llamados intelectuales públicos, los pensadores políticamente correctos, la gente que escribe editoriales y cosas así, y es colocado frente al paredón de la “prensa libre”.

 Recuerda Marcos Roitman que los ideólogos del actual sistema de dominación han reinterpretado los saberes y el conocimiento bajo una única racionalidad: la del capital. El capital niega su carácter totalitario. En su dimensión política, el capitalismo socializa la violencia y deslastra la historia que le resulta incómoda. Bajo los criterios de la “colonialidad del saber”, es capaz de eliminar al nazismo y al fascismo −también al franquismo, al somocismo, al duvalierismo y el pinochetismo− como fenómenos inherentes a su racionalidad.

W. Lippmann y la ingeniería del consenso

Hace más de un cuarto de siglo, en Los guardianes de la libertad (Grijalbo Mondadori, 1990), Noam Chomsky y Edward S. Herman develaron el uso operacional de los mecanismos de todo un modelo de propaganda al servicio del “interés nacional” (de EU) y la dominación imperial. Nos enseñaron a examinar la estructura de los medios (la riqueza del propietario) y cómo se relacionan con otros sistemas de poder y de autoridad. Por ejemplo, el gobierno (que les da publicidad, fuente principal de ingresos), las corporaciones empresariales, las universidades.

Asimismo, diseccionaron a los medios de elite (The New York Times, The Washington Post, CBS y otros) que marcan “la agenda” de los gestores políticos, empresariales y doctrinarios (profesores universitarios), pero también la de otros periodistas, analistas y “expertos” de los medios de difusión masiva que se ocupan de organizar el modo en que la gente debe pensar y ver las cosas.

Demostraron, en síntesis, cómo mediante la violencia psicológica o simbólica e indignantes campañas de intoxicación lingüística (des)informativas y supresiones (“las peores mentiras son las que niegan la existencia de lo que no se quiere que se conozca”, nos alerta a su vez Emir Sader); manipulaciones, normas doble-estándares y duplicidades; sesgos sistemáticos, matizaciones, énfasis y tonos, y de la selección del contexto, las premisas y el orden del día general, se lleva a cabo el control elitista de la sociedad mediante lo que Walter Lippmann denominó “la ingeniería del consenso”.

Ese modelo de propaganda −por lo general dicotómico o maniqueo: verbigracia “Maduro dictador vs. la oposición democrática de la MUD”; las hordas chavistas vs. los luchadores de la libertad de D. Trump− deja entrever que el “propósito social” de los medios es inculcar y defender el orden del día económico, social y político de los grupos privilegiados. Para ello, la fórmula es sencilla: los dueños de la sociedad utilizan a una “clase especializada” −conformada por “hombres responsables” y “expertos” que tienen acceso a la información y a la comprensión, en particular, académicos, intelectuales y periodistas− para que regule las formas de organización del rebaño desconcertado; para manufacturar el consentimiento y mantener a la chusma a raya.

Todo el sistema de ideas políticas del imperialismo tiende a argumentar su derecho a la dominación, a la supeditación del Estado a los monopolios en todas las esferas de la vida; a la manipulación de las masas y la desinformación de la “opinión pública. Según Lippmann, la labor del público es limitada. El público no razona, no investiga, no convence, no negocia o establece. Por ese motivo, “hay que poner al público en su lugar”. La multitud aturdida, que da golpes con los pies y ruge, “tiene su función: ser el espectador interesado de la acción”. No el participante.

Medios domesticados: la mentira del silencio

Para Chomsky, la tarea de los medios privados que responden a los intereses de sus propietarios, consiste en crear un público pasivo y obediente, no un participante en la toma de decisiones. Se trata de crear una comunidad atomizada y aislada, de forma que no pueda organizarse y ejercer sus potencialidades para convertirse en una fuerza poderosa e independiente que pueda hacer saltar por los aires todo el tinglado de la concentración del poder. ¿Ejemplo? Los 8.089.320 votantes que a despecho de las amenazas imperiales y la ofensiva terrorista paramilitar decidieron empoderar a los/as nuevos constituyentes.

Sólo que para que el mecanismo funcione, es necesaria, también, la domesticación de los medios; su adoctrinamiento. Es decir, generar una mentalidad de manada. Hacer que los periodistas y columnistas huyan de todo imperativo ético y caigan en las redes de la propaganda o el doble pensar. Es decir, que se crean su propio cuento y lo justifiquen por autocomplacencia, pragmatismo puro, individualismo exacerbado o regodeo nihilista. Y que, disciplinados, escudados en la “razón de Estado” o el “deber patriótico”, asuman –por intereses de clase o por conservar su estabilidad laboral− la ideología del patrioterismo reaccionario. En definitiva, el miedo a manifestar el desacuerdo termina trastocando la prudencia en asimilación, sumisión y cobardía.

Moraleja: no se vale discrepar con el consenso. Solo se debe pensar en una sola dirección, la presentada por el sistema de dominación capitalista. Y si para garantizar el consentimiento es necesario aplicar las herramientas de la guerra psicológica para el control de las masas (como azuzar el miedo, fomentar la sumisión y generar un pánico y terror paralizantes), los comisarios del gran hermano entran en operación bajo el paraguas de lo políticamente correcto, amparados por todo un sistema de dádivas y premios que brindan un poco de confort y poder acomodaticio.

La no noticia y el Consenso de Lima

Ya encarrerado, el pensamiento reaccionario se refuerza bajo un discurso de desprecio y odio clasista, xenófobo y racista. Siete jóvenes han sido quemados por parecer “chavistas” por los “demócratas” que defienden los 12 presidentes latinoamericanos del “Consenso de Lima”.

En consecuencia, aduladores de los poderes fácticos que actúan en las zonas de penumbra, los social-conformistas de los grandes medios –con el periódico El País de Madrid como buque insignia de la prensa en español− practican a diario el lenguaje operacional del orden sistémico, reproduciendo la lógica de la dominación de manera expansiva.

Así, casi cada día durante los últimos cuatro meses, en Ciudad de México, Madrid, Bogotá o Buenos Aires, el pensamiento reaccionario apuntala la contrarrevolución en Venezuela. Y ello es así porque el poder real ha creado un ejército de hombres y mujeres dedicados a mantener y reproducir la ideología dominante y desarticular el pensamiento crítico; dedicados a frenar el cambio social y democrático de los de abajo mediante “la mentira del silencio” (Sader). Es decir, negando la existencia de lo que no se quiere que se conozca, por ejemplo, en la coyuntura, la formidable victoria del chavismo bravío y los nuevos constituyentes antisistémicos (anticapitalistas y antimperialistas). O, como señala Ángeles Díez, sustituyendo la información principal por la “no noticia”: un atentado de los violentos de la MUD se atribuyó mágicamente a la “represión” de Maduro (aderezado con titulares que reforzaban una matriz de opinión con eje en el autogolpe de Estado, la violencia, el caos y la emergencia humanitaria), para difuminar la verdadera noticia: que el 30/J ocho millones respaldaron la Constituyente.

El poder reclama una única racionalidad, un solo orden, una sola intransigencia verdadera. Es por eso, también, que a la manera de divisiones y/o francotiradores de un ejército vasallo en el frente externo −y dado que toda intervención militar es precedida por una campaña de intoxicación mediática con eje en la guerra psicológica−, los paraperiodistas tienen la misión de vigilar, hostigar y presionar a quienes, como Atilio Borón y Luis Hernández, se apartan del consenso de la elite reaccionaria.

A la biopolítica del cuerpo se suma hoy la psicopolítica de la mente (Roitman). Y así, los saberes políticamente correctos forman parte del modelo de dominación y marcan el ritmo de la pulsión del poder: quienes levanten la voz y se aparten de la manada serán denigrados, hostigados y/o castigados. En sentido contrario, y en el marco de la guerra no convencional y asimétrica que libran el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra el gobierno constitucional y legítimo de Nicolás Maduro y el pueblo de Venezuela, una agenda con la atención constante hacia las víctimas de la represión de la “dictadura” venezolana, ayuda a convencer al público de la maldad del enemigo y prepara el terreno para justificar la subversión de la MUD y una eventual intervención “humanitaria” del Pentágono.

Auschwitz, el trabajo sucio y los neomaccarthistas

El genocidio de Hitler y la Alemania nazi fue un acto consentido por el pueblo alemán; los hornos crematorios funcionaron a plena luz del día. Con distintas modalidades, el horror de Auschwitz y Treblinka se replica hoy en Afganistán, Irak, Libia, Siria, Colombia y en el México de las fosas comunes. Las víctimas mortales de las guerras coloniales del Pentágono y la OTAN en Afganistán, Pakistán e Irak ascienden a cuatro millones. En general, la “buena prensa” de Occidente ha apoyado o justificado todas esas atrocidades. Es fácil predecir qué ocurriría en caso de estallar una intervención “humanitaria” o una guerra civil auspiciada por Estados Unidos en Venezuela.

El uso de la mentira con fines políticos es de vieja data. En 1950, el informe de la Comisión Tydings sobre el senador Joseph McCarthy y el maccarthismo, señaló: “Hemos visto utilizar aquí por primera vez en nuestra historia la técnica de ‘la gran mentira’. Hemos visto cómo, mediante la insistencia y la mezcla de falsedades (simples habladurías, tergiversaciones, murmuraciones y mentiras deliberadas), es posible engañar a un gran número de gente”.

Los periodistas, editores y directores de la gran prensa estadunidense, que con frecuencia sabían que McCarthy estaba mintiendo, escribían y divulgaron lo que él decía y dejaban que el lector, que no tenía ningún medio de averiguarlo, intentara deducir la verdad. Un día, el senador republicano John Bricker, le dijo a McCarthy: “Joe, usted es realmente un hijo de puta. Pero a veces es conveniente tener hijos de puta a nuestro alrededor para que se encarguen de los trabajos sucios”.

El propósito del maccarthismo fue revertir el pacto social keynesiano (el Estado benefactor) que redistribuía parte de las ganancias del capital hacia abajo. Ronald Reagan profundizó el proyecto conocido hoy como neoliberalismo, con epicentro en la liquidación de los bienes y la esfera pública y la mercantilización y privatización radical de todo. El macartismo hizo escuela y lo practican ahora muchos periodistas en el caso Venezuela (¡estúpidos, es el petróleo!), pero las madres no tienen la culpa…

1.8.17

México y Venezuela: la diferencia entre dictadura y contrarrevolucion


Arsinoé Orihuela

Para Rubén Espinosa y Nadia Vera (In Memoriam)


México y Venezuela atraviesan un período de intensa crisis política. Eso nadie lo puede objetar. Lo que sí es objeto de discusión es la génesis o causa de esa crisis. Y es allí donde el analista y el público deben concentrar la atención.

Con frecuencia se dice que el problema en México es de carácter extrainstitucional; es decir, que la causa de la crisis es el narcotráfico (entendido como un agente extraño a las instituciones). Esta consigna admite matices, y generalmente acaba reconociendo que se trata de un problema que entraña “complejidad”, no sin deslizar los argumentos hacia una neutralidad inocua. En el caso de Venezuela, y sólo con escasas excepciones, las opiniones (sólo eso, “opiniones” desprovistas del imperativo de la evidencia empírica) profesan a ultranza la univocidad: todas coinciden en resaltar la responsabilidad primordial de un “gobierno autoritario” que lacera al país, dirigido por el “dictador” Nicolás Maduro. Esta consigna no admite concesiones, e irreductiblemente acaba por alentar la primitiva idea de que el problema es de una sola variable, cuya única solución es el derrocamiento por la fuerza (para la “oposición” venezolana eso significa “democracia”).

Y como el léxico es absolutamente determinante en el campo de la lucha política, cabe hacer acá algunas apreciaciones, sostenidas en hechos susceptibles de comprobación.

México es una dictadura a su modo. Una “nueva dictadura”, advierte el poeta Javier Sicilia, líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Y no es la única ocasión que alguien lo dice públicamente. Los resultados de la guerra contra el narcotráfico permiten hacer esta conjetura; y más de una organización civil comulga con el testimonio de Sicilia. En enero de 2016, Estela de Carlotto, presidenta de la organización argentina Abuelas de Plaza de Mayo, declaró, durante la presentación de un reporte de Amnistía Internacional, que “el narcotráfico es la dictadura de México”. Y agregó: “México nos duele, es el dolor de América Latina que aún tiene abierta la herida de los años más sangrientos de nuestra historia reciente”.

La hipótesis de que el narcotráfico es la dictadura en México se sostiene en indicadores que reproducen el comportamiento de las dictaduras militares en Sudamérica. Por ejemplo: las desapariciones forzadas, la tortura atribuida a efectivos militares, el encarcelamiento de opositores políticos, la eliminación física de estudiantes-defensores de derechos humanos-periodistas, y la multiplicación de ejecuciones sumarias extrajudiciales. En suma, un conjunto de acciones que por definición perfilan y constituyen una dictadura. (Glosa marginal: en mayo del año en curso, el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, presentó un informe que reporta que México es el segundo país más violento del mundo, sólo detrás de Siria).

De acuerdo con Amnistía Internacional, más de 30 mil personas han sido desaparecidas desde 2006 en México. Organizaciones civiles estiman que se trata por lo menos del doble (60 mil desapariciones). En relación con esta modalidad de crimen, se calcula que cerca de 78 por ciento involucra a agentes estatales, lo que configura desaparición forzada, y, por consiguiente, crímenes de lesa humanidad. Amnistía Internacional destaca que “sólo se han dictado siete condenas a escala federal por desaparición forzada, todas ellas entre 2005 y 2010” ( La Jornada 25-II-2015). Prácticamente un 100 por ciento de impunidad.

Sobre Venezuela, la prensa hegemónica nunca acude a ese indicador, acaso porque allí la estadística es incluso menor a la de algunos países desarrollados. Cabe destacar que antes de la llegada de Hugo Chávez al poder, en ese país se registraron más de 10 mil personas desaparecidas. Y desde el inicio de la Revolución Bolivariana hasta 2013, la organización Provea tan sólo recopiló 114 casos de desaparición ( El Universal 30-IV-2015), en las que, por cierto, no está probada la participación de agentes estatales en la comisión de esos delitos. Por añadidura, cabe recordar que, tras la promulgación de la Constitución Bolivariana en 1999, por iniciativa del comandante Hugo Chávez, “Venezuela se convirtió en el primer país de América Latina en calificar la desaparición forzada como un delito de lesa humanidad” ( Correo del Orinoco 21-I-2017).

También en materia de tortura, la incidencia en México es alarmante. En octubre de 2015, Amnistía Internacional condenó la virulencia de ese delito en el país: “La epidemia de tortura en México ha alcanzado niveles catastróficos” (La Jornada 23-X-2015). Y advirtió que lo más preocupante es la rutinaria participación de la fuerza pública en la violación de un derecho humano básico (i.e. anulación de toda protección jurídica del detenido). Según datos de la Procuraduría General de la República, el número de denuncias por tortura a nivel federal aumentó más del doble entre 2012 y 2014, ya que registró un aumentó de mil 165 a 2 mil 403.

Sobre los presuntos casos de tortura contra “opositores” en Venezuela, Luis Hernández Navarro recoge un episodio ilustrativo: “Durante meses, Lilian Tintori aseguró que su esposo, Leopoldo López, estaba siendo torturado en prisión. Incluso se dijo que había fallecido. Multitud de medios dieron por buena esta versión sin corroborarla. Sin embargo, cuando el pasado 8 de julio López pasó a prisión domiciliaria, parecía más un instructor de fisicoculturismo que un reo martirizado” ( La Jornada 25-VII-2017). Por cierto, el pasado abril, la Corte Penal Internacional (CPI) desechó la denuncia por supuestas torturas sufridas por los hermanos Alejandro y José Sánchez, afiliados al partido derechista Primero Justicia, y detenidos el jueves 13 de abril ( Telesur 19-IV-2017).

De acuerdo con cálculos del senador Alejandro Encinas, en México suman alrededor de 800 presos políticos. Elena Arzaola, investigadora de l Centro de Investigación y Estudios en Antropología Social (CIESAS) estima que “cuatro de cada 10 presos en México están en la cárcel sin sentencia” ( La Opinión 22-III-2016).

Hasta antes de la escalada de violencia opositora en Venezuela en abril de este año, la propia Organización de Estados Americanos (OEA) reconoció que en ese país había 117 presos políticos, no pocos de ellos acusados por delitos graves que tienen poca o nula relación con un quehacer político legítimo. Entre ellos, el tristemente célebre Leopoldo López, actualmente libre, pero inhabilitado políticamente por hechos de corrupción, vinculado a instituciones financiadas por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), y responsable confeso de acciones desestabilizadoras. El repunte del terror inoculado por la derecha en las calles de Venezuela elevó la cifra de detenidos a 359 ( El Nacional 17-VI-2017). Pero difícilmente alguien puede argüir que se trate de “presos políticos”.

A propósito de persecuciones políticas, en México la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas sigue impune. La singularidad de este delito de lesa humanidad es que involucró a la totalidad de las instituciones de Estado: fuerza pública, corporaciones policiales, instituciones de justicia, partidos políticos, y los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal). Toda una extraordinaria acción concertada para la comisión material del crimen, y la ulterior operación de ocultamiento, con el único propósito de proteger los negocios del narcotráfico. Ayotzinapa encierra una verdad políticamente inconfesable: que México es una narco dictadura.

También en Venezuela persiguen y matan bestialmente a civiles. Pero no es exactamente el gobierno el autor de esos crímenes. Otra vez Hernández Navarro relata un incidente representativo de la violencia en ese país: “Carlos Eduardo Ramírez salió a buscar empleo el jueves 18 de mayo. Alrededor de las 3 de la tarde caminaba por una de las calles cercanas a la estación del Metro de Altamira, en Caracas, cuando un grupo de unos 20 opositores al gobierno encapuchados lo abordó. De inmediato comenzaron a golpearlo con palos y piedras. Uno llevaba una pistola. ‘¡Mátalo, mátalo, mátalo! ¡Se tiene que morir ese chavista!’, le gritaron… Desde entonces, los enemigos de la revolución bolivariana no han parado de quemar a seres humanos por el delito de ser chavistas. Los fanáticos han prendido fuego a 19 personas, en su inmensa mayoría negros, pobres o funcionarios gubernamentales” ( Ibidem ).

México es uno de los peores países en el mundo para ejercer el periodismo. Hasta la fecha, hay registro de 123 periodistas asesinados desde el año 2000, y otros 25 están desaparecidos. “En la lista de los lugares más mortíferos para ser reportero, México está ubicado entre Afganistán, un país devastado por la guerra, y Somalia, categorizado como Estado fallido. El año pasado [2016] fueron asesinados once periodistas mexicanos, la mayor cifra durante este siglo” ( The New York Times 29-IV-2017). En México, “prevalece un 99.75 por ciento de impunidad en casos de violencia contra comunicadores” ( Telesur 3-V-2017).

De acuerdo con el balance cuatrimestral (enero-abril 2017) de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas de la Federación Latinoamericana de Periodistas, catorce periodistas fueron asesinados en cinco países de Latinoamérica: siete asesinatos ocurrieron en México, dos en, Perú, dos en República Dominicana, uno en Guatemala, uno en Honduras y uno más en Venezuela ( Resumen Latinoamericano I-IV-2017).

En el folio de Venezuela del sitio oficial de Reporteros Sin Frontera, las estadísticas de los últimos años sobre el periodismo en ese país registran: “cero periodistas muertos”; “cero periodistas ciudadanos asesinados”; “cero colaboradores muertos” (https://rsf.org/es/venezuela).

Cuando se le preguntó acerca de la crisis venezolana en la Conferencia de Seguridad de Aspen el pasado 20 de julio, el director de la CIA, Mike Pompeo, contestó: "Cada vez que tienes un país tan grande, y con la capacidad económica de un país como Venezuela, Estados Unidos tiene profundos intereses… Basta señalar que estamos muy optimistas de que puede haber una transición en Venezuela… Acabo de estar en Ciudad de México en Bogotá, la semana antepasada, hablando sobre este tema precisamente, intentando ayudarles a entender las cosas que podrían hacer para lograr un mejor resultado para su rincón del mundo y nuestro rincón del mundo (¡sic!)" ( El Nuevo Herald 26-VII-2017).

¿Está clara la diferencia entre una dictadura y una contrarrevolución?