La vacunación contra el SARS-CoV-2, causante
del Covid-19, alcanzó en septiembre de 2021 un promedio de 44 por
ciento de la población mundial. En realidad sólo una veintena de
países ha vacunado de 60 a 80 por ciento de su población, mientras
en África no llega a 3 por ciento. Un apartheid de
vacunas, le llaman organizaciones sociales y gobiernos. Refleja
una situación de desigualdad sistémica, ya que las trasnacionales
farmacéuticas, con el apoyo de sus gobiernos sede, principalmente
en Europa y Estados Unidos, han causado la escasez de vacunas para
mantener mercado, altos precios y poder de negociación (https://tinyurl.com/3pcdz88k).
Hay otros aspectos también muy preocupantes. La mayoría de las
vacunas aplicadas son transgénicas, con procesos de elaboración
nóveles, que nunca se habían usado en seres humanos. Por ejemplo
las que usan ARN modificado (Pfizer-BioNTech y Moderna) o ADN
vectorizado por adenovirus modificados (AstraZeneca, Janssen,
Sputnik V y CanSino).
Otras vacunas aplicadas en América Latina son Sinovac y Sinopharm
(chinas, públicas). Esas usan métodos convencionales probados por
décadas. Son nuevas para Covid y tienen algunos efectos
secundarios, pero no conllevan los altos riesgos e incertidumbres
de las vacunas transgénicas. Las vacunas producidas en Cuba (en
instituciones públicas) usan métodos biotecnológicos, pero no son
transgénicas, sino basadas en métodos probados por más de 15 años.
Desde el principio de la pandemia, las trasnancionales
farmacéuticas afirmaron que sus nuevas vacunas genéticas serían
más efectivas y estarían disponibles mucho más rápido que otras.
Sin embargo, a medida que avanzó el experimento sin precedente de
inocular a cientos de millones de personas con vacunas
corporativas transgénicas, varias empresas, ya con su mercado
establecido, reconocieron que sus porcentajes de efectividad son
menores que los alegados. Incluso algunas vacunas transgénicas
podrían tener menor nivel de efectividad que las convencionales.
Por otro lado, la gran diferencia de tiempo para disponer
de vacunas convencionales, que en diciembre 2020 se argumentó esencial
para iniciar la vacunación prometiendo a la gente que sería el
boleto de salida de la pandemia, apenas fue de un par de
meses. Resumiendo, no existió ninguna razón objetiva, salvo
afirmaciones vacuas e intereses comerciales, para exponer a
millones de personas a los riesgos e incertidumbres de vacunas
transgénicas: se podrían haber desarrollado vacunas con métodos
convencionales, tanto públicas como privadas. Algo que habría
facilitado que muchos más países e instituciones nacionales
pudieran producir y distribuir vacunas más ágilmente.
Sobre los riesgos de las vacunas transgénicas, la Unión de
Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza en
América Latina (UCCSNAL) acaba de publicar un pronunciamiento y un
extenso artículo científico de revisión bibliográfica que plantea
elementos que se deben tener en cuenta para la evaluación de
riesgos de las nuevas vacunas de ARN modificado y/o adenovirus
recombinantes contra SARS-CoV-2 (https://tinyurl.com/3b5xcsym).
Entre otros aspectos, el artículo plantea los impactos
potenciales a corto y largo plazos de las vacunas transgénicas. Se
basa en un centenar de artículos científicos y en el análisis de
los efectos adversos a vacunas reportados en Estados Unidos y
otros países. Uno de los efectos graves con vacunas de ADN
vectorizadas son coagulopatías y trombosis, a los que se ha
agregado el síndrome de Guillain-Barré (parálisis) y el aumento
del riesgo de contraer VIH. Las vacunas de ARN se han asociado,
entre otros, a riesgos de efectos inflamatorios multisistémicos y
miocarditis. En el caso de la Pfizer, puede haber también
reacciones posteriores causadas por el uso de nanolípidos como
vectores, que al ser nanopartículas, no son reconocidas por el
sistema inmunológico y se pueden acumular en diferentes órganos.
Estudios científicos han mostrado en ratones de laboratorio la
presencia de ARN modificado en múltiples órganos y no sólo en el
lugar de inoculación. Los reportes de efectos adversos, incluyen
varios miles de muertes que podrían estar relacionadas a vacunas
transgénicas, cuya vinculación causa-efecto es difícil de
establecer, aunque se considera probable si ocurre dentro de los 3
días posteriores a la vacunación y en relación a los efectos antes
mencionados.
Si bien es cierto que el porcentaje de efectos adversos graves
reportados es un porcentaje mínimo en relación con cientos de
millones de personas vacunadas, existiendo alternativas vacunales
y otros tratamientos posibles, no se debería haber expuesto a
nadie, mucho menos a miles de personas, a esos riesgos. Las
estadísticas indican que la vacunación ha reducido la mortalidad y
hospitalización, pero también las vacunas con metodologías
convencionales.
Tampoco está claro cuánto dura la inmunidad con las vacunas, por
lo que de todos modos es un enfoque limitado, que se ha impuesto a
despecho de considerar seriamente tratamientos más integrales y
fuera del control de las empresas. A dos años de la debacle
múltiple que ha provocado esta pandemia, es hora de un debate
mucho más amplio sobre todos sus aspectos, incluso sus causas y
qué ciencia y otros enfoques necesitamos para fortalecer nuestros
sistemas inmunológicos personales, como comunidades y sociedades.
Un resumen de los asuntos principales bajo examen, junio 2021
Por Aldo Mazzucchelli
PARTE 1: ¿Quién está controlando la seguridad de las vacunas Covid19?
En principio las agencias reguladoras, por
ejemplo en Estados Unidos y Canadá, aun no han tomado medidas sobre los
potenciales efectos secundarios negativos que, en diverso volumen, se
han venido conociendo para las vacunas experimentales contra la
Covid-19. Pero esto está comenzando a cambiar.
Por ejemplo, los Centros para el Control y la Prevención de
Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) anunciaron, el 11 de junio de
2021, que se celebraría una reunión de emergencia el 18 de junio de 2021
para discutir los informes de inflamación del corazón resultantes del
uso de las vacunas Pfizer y Moderna en hombres jóvenes de 16 a 24 años
de edad.
Según el experto canadiense Byram Bridle -de quien hablaremos más
adelante- existen diversas razones por las cuales solo ahora estas
revisiones estén ocurriendo. Él las enumera:
«Dificultad nº 1: Es demasiado pronto para saberlo con seguridad
Tanto Pfizer como Moderna iniciaron grandes ensayos de fase 3
aleatorizados, doblemente ciegos y controlados con placebo. El grupo de
placebo es importante porque sirve como grupo de referencia y ayuda a
interpretar los efectos secundarios experimentados en el grupo de la
vacuna.
En el momento en que se concedió la autorización de uso de
emergencia a las vacunas, cada empresa tenía datos de seguridad y
eficacia para una media de sólo dos meses después de la administración
de la segunda dosis de la vacuna; en el estudio de los adolescentes, la
mayoría de los sujetos tenían datos de seguridad y eficacia sólo para
uno o dos meses.
Según los protocolos originales, se supone que cada individuo del
estudio debe recibir seguimiento durante un total de dos años después
de la segunda dosis.
Dificultad nº 2: Abandono del grupo de control
Las vacunas han sido autorizadas bajo uso de emergencia en muchos
países clave, a nivel mundial; y las presiones basadas en el miedo
impuestas por las agencias de salud pública para vacunar a todo el mundo
han desencadenado que los participantes en el estudio quisieran saber a
qué grupo del estudio habían sido asignados, para que los del grupo de
placebo pudieran ser vacunados. Por lo tanto, los estudios se han
desenmascarado, lo que significa que que ya no hay un grupo de placebo.
Esto significa que una evaluación rigurosa de la seguridad en el
contexto de un estudio clínico bien controlado ya no es posible, y hay
que confiar más en sistemas de vigilancia pasiva posteriores a la
aplicación de la vacuna.
Por supuesto, esto, en sí mismo, es un reto, dado que hay
incertidumbre tanto en el numerador (el número de eventos adversos
relacionados con la vacuna) como en el denominador (el número que es
típico para ese evento, también conocido como la«incidencia de
fondo» del acontecimiento). Además, es muy difícil demostrar
definitivamente que un acontecimiento está causado por la vacunación (y
no sólo asociado a ella) cuando se utilizan sistemas de vigilancia
pasiva.
Dificultad nº 3: Notificación insuficiente de los acontecimientos adversos
El problema de los sistemas de notificación pasiva de
acontecimientos adversos, que es el tipo de sistema que tanto Canadá
como los Estados Unidos utilizan, es que existe un problema notorio de
subnotificación de los efectos adversos. Esto se debe a que la
notificación es voluntaria; la gente puede desconocer que hay formas de
notificar los acontecimientos adversos; a menudo se disuade a la gente
de notificar los acontecimientos adversos; la gente (incluidos los
médicos) asumen que la afección no está relacionada con la vacunación; o
las personas pueden no ser capaces de notificar sus efectos adversos
(si están gravemente discapacitados, enfermos o han fallecido).
Lo más desconcertante es la situación, como vemos en Canadá, en
la que los informes de eventos adversos que intentan presentar los
profesionales médicos son preseleccionados, y a veces rechazados por las
autoridades de preselección. En consecuencia, las bases de datos de
acontecimientos adversos pueden fácilmente no identificar posibles
problemas, o subestimar los problemas en un grado desconocido y, por lo
tanto, no son una fuente de cifras exactas para calcular el verdadero
riesgo.
Por ejemplo, utilizando el VAERS de Estados Unidos, se estimó que
el riesgo de anafilaxia era de 4,7 por millón para la vacuna Pfizer y
de 2,5 por millón para la Moderna; sin embargo, en un estudio de
vigilancia activa de 64.900 trabajadores sanitariosvacunados,
la tasa fue en realidad de 216 por millón , lo que representa una tasa
potencial de subnotificación de 46 a 86 veces. A pesar de estas
limitaciones, los sistemas de vigilancia pasiva son útiles para
identificar posibles riesgos que podrían investigarse enestudiosde seguridad adecuadamente diseñados.
Dificultad nº 4: Falta de consistencia global y de rigor en la definición de los eventos de especial interés
Mediante el VAERS de EE.UU. y otros sistemas similares de
notificación de acontecimientos adversos en todo el mundo, existe un
seguimiento continuo de los acontecimientos adversos de especial
interés. Pero se deja a cada jurisdicción la decisión de decidir qué
acontecimientos adversos de especial interés, si los hay, serán objeto
de un examen más minucioso. Por ejemplo, la Agencia Europea de
Medicamentos (EMA) ha elaborado una lista de eventos médicos importantes
(EMI) que siempre deben clasificarse como graves. Los EMI que se notifican con mayor frecuencia tras la vacunación con COVID-19 (en orden descendente) son:
– Desmayo (síncope)
– Coágulo(s) de sangre en los pulmones
– Reacción anafiláctica
– Trombosis venosa profunda
– Neumonía
– Recuento bajo de plaquetas (trombocitopenia)
– Coágulo(s) de sangre o hemorragia en el cerebro
– Alucinaciones
– Derrame cerebral
– Pérdida de conocimiento
Todavía no se han establecido relaciones definitivas de causa y
efecto para estos acontecimientos; se espera que, con más vigilancia y
tiempo, se comprenda mejor el papel de las vacunas en la causa de estos
acontecimientos. Mientras tanto, dado que la proteína de la espiga está
biológicamente activa y que existen mecanismos que podrían explicar
algunos de estos EMI, hay buenas razones para preocuparse de verdad.»
PARTE 2. Signos preocupantes más allá de la supervisión oficial
Al momento de preparar este reporte, poco más de seis meses después
de iniciada la vacunación en el mundo, algunas de esas señales de
preocupación que menciona Bridle están adquiriendo un volumen y una
visibilidad que los va haciendo discutidos en círculos algo más amplios a
los de los grupos críticos más duros. Esos problemas demandan
explicación. ¿Cuáles son esos problemas, para empezar pues?
Sigamos la recopilación realizada hasta el día 11 de junio por Austin Walters
para Estados Unidos. En ese país de más de 330 millones de habitantes,
aproximadamente la mitad de la población ya está vacunada (53% una
dosis; 47% dos dosis), y sólo están usando vacunas de nueva tecnología
(ARNm o vectorizadas). Por tanto, Estados Unidos, país enorme y diverso,
sirve como una gigantesca muestra de razonable relevancia.
El VAERS (Sistema de Reporte de Efectos Adversos de Vacunas)
norteamericano reporta a esta altura un número de fallecimientos
vinculados a las vacunas contra COVID muy alto, en términos
comparativos, respecto de todas las vacunas conocidas antes en todos los
años de existencia del mecanismo VAERS. Esta es meramente una
comparación interna que no permite extraer conclusiones finales sobre lo
que esté pasando, pero el gráfico inicial es llamativo:
Reportes de muerte en VAERS desde 1990 al 28 de mayo de 2021. Números absolutos.
Estos datos han sido inmediatamente recibidos con una andanada de críticas de parte de los usuales «fact-checkers»
que, lejos de ser fuentes objetivas de verificación, son organizaciones
ideológicas y políticas totalmente comprometidas con la defensa del
discurso ortodoxo relativo a Covid-19. De modo que si el lector intenta
hacer una verificación superficial de cualquier crítica que se haga a
las vacunas, lo primero que encontrará si usa Google será una gran
cantidad de «verificaciones independientes» que dirán lo contrario. Así
funciona la censura y el control mental de las grandes compañías
tecnológicas estos días, de modo que el lector que quiera realmente
avanzar en la veracidad de las cosas deberá ir más allá de esta primera
barrera de desinformación que se le tira encima.
Lo llamativo es que incluso PolitiFact, uno de los fact checkers más conocidos, parciales y comprometidos con la ortodoxia Covid, no puede negar totalmente los hechos.
Lo que hace es relativizarlos, y decir que el VAERS no debe usarse como
mecanismo para «sacar conclusiones definitivas», sino que «es bueno
para detectar patrones de eventos que podrían indicar un problema, lo
que a su vez podría desencadenar una mayor investigación de un posible
problema de seguridad«.
Obviamente, solo un tonto sacaría conclusiones exclusivamente por los datos del VAERS. Pero es justamente el patrón de eventos
que notablemente y sin lugar a muchas dudas emerge del VAERS, lo que
debería «desencadenar una mayor investigación». De modo que, incluso
siguiendo las recomendaciones de cosas como PolitiFact, hay patrones
preocupantes que deberían llamar a la cautela respecto de estas vacunas.
Además de ello, el reporte de efectos indeseados, muchos de ellos graves, es extremadamente alto también.
Hagamos pues una crítica más equilibrada del VAERS y lo que permite
ver, y complementémosla con algunas fuentes más duras. Por ejemplo, con
las muertes reales y oficiales reportadas por el CDC.
2.1 Primero, el VAERS es definitivamente una sub-representación de lo que pasa.
En efecto, el mecanismo VAERS no reporta más que una pequeña fracción
de los eventos (incluidos fallecimientos) reales. Esto es conocido y
admitido por las propias autoridades del VAERS, y ocurre por un conjunto
de causas. El reporte no es obligatorio; el reporte genera
responsabilidades incluso penales -en caso de falsificación- para la
persona que se hace responsable; y el reporte es muy engorroso en
términos del tiempo y detalles que insume llenarlo. De modo que sean
cuales sean las cifras que arroja el VAERS, estas son necesariamente
sólo una fracción de las ocurrencias reales, y de qué fracción se trata
es materia especulativa -algunos indican que es el 1% y otros que es el
25%, por ejemplo. Ver por ejemplo un estudio para el nivel de subreporte
de anafilaxis aquí.
2.2 Segundo, existe un problema de definición conceptual respecto de qué es lo que se está reportando.
En efecto, los problemas y síntomas experimentados por algunos o
muchos de los vacunados tienen un amplio espectro que complica cualquier
panorama simplista. Muchos de ellos -especialmente los más graves-
involucran problemas circulatorios que llegan hasta el infarto
fulminante, o el ACV provocado por coagulación, pasando por diversas
formas de parálisis, inflamaciones y dolores persistentes, miocarditis,
problemas con la coagulación, sangrados, pérdida de la visión y el
habla, y desórdenes de la función menstrual, abortos espontáneos, entre
otros. Pero -y debido al ambiente obviamente enrarecido y las presiones
que son cosa de todos los días en relación al asunto de las vacunas, su
efectividad, sus riesgos relativos, etc.- se desarrolla una verdadera
guerra dialéctica y de «papers» encontrados, de donde es muy difícil
obtener una visión clara.
2.3 Tercero, «correlación no es causalidad», y «cercanía en
el tiempo de dos eventos» no es demostración de que existe conexión
causal entre ellos.
Esto es perfectamente lógico, y debe tenérselo en cuenta. Pero si
nada impotante cambió en el mundo de la vacunación en diciembre de 2020
salvo que se comenzó a vacunar contra COVID-19, y los eventos reportados
en conexión con esta vacuna suben hasta golpear el techo, no es la
hipótesis más plausible decir que ambos hechos no tienen nada que ver,
ni ignorarlo. Es preciso profundizar.
2.4 La mortalidad inexplicada
Veamos pues otra fuente de datos. Sea el CDC, el lugar más oficial y
autorizado de Estados Unidos que lleva el conteo de fallecimientos y sus
causas.
Un elemento que parece significativo, entre otros y además del aumento indiscutible y astronómico de reportes VAERS, es el
aumento de muertes desde que se comenzó a vacunar, en Estados Unidos,
por lo que se conoce como «Signos, síntomas y hallazgos clínicos y de
laboratorio anormales, no clasificadas de otra forma» (categoría R00-R99).
Abajo se ve una captura de pantalla con los datos del CDC para esa
categoría al 16 de junio, donde se ve que existe un aumento muy
significativo de esa categoría «R00-R99». En el gráfico se ve la curva (en rojo)
de esas muertes, aumentando abruptamente a partir de la vacunación; se
la compara con un evento estacional que característicamente lleva a un
aumento de fallecimientos en esos meses invernales, la categoría
J09-J18, «Influenza y neumonía», (en azul):
Cuenta provisional de muertos semanales en estsdos de Estados Unidos. Fuente: Centers for Disease, Control and Prevention (CDC)
Las muertes no explicadas trepan a un total muy por encima de lo
normal desde el mes de Febrero 2021, un mes y medio después de comenzar
la vacunación.
Para que se aprecie con claridad cuán anormal este aumento
es, compáreselo con los casos de la misma categoría, R00-R99 en los
últimos 7 años. Las muertes «inexplicables» son la línea azul. En este caso, la línea roja muestra las muertes por influenza:
Serie histórica de muertes atribuidas a la categoría «Signos, síntomas y hallazgos clínicos y de laboratorio anormales, no clasificadas de otra forma«. Fuente: Centers for Disease, Control and Prevention (CDC)
El reporte de muertes asociadas en VAERS directamente a la vacuna es
de casi 6.000 al momento de escribir este reporte . Recuérdese que el
VAERS sub reporta de un modo significativo -pero en este momento
imposible determinar cuán significativo.
El lector puede conectar los dos datos recién brindados
-fallecimientos reportados por el CDC como «no explicados» desde que se
comenzó a vacunar en Estados Unidos, y reporte de muertes en VAERS
asociadas a la vacunación contra COVID-19. Acaso no sea insensato
aventurar que la unión de ambos eventos, y cada uno por sí solo,
alcanzan para plantear la hipótesis de que podría estar habiendo efectos secundarios graves, y muertes, asociadas a las vacunas con aprobación de emergencia contra COVID-19.
Mientras que esos son los datos más relevantes que pueden citarse
para Estados Unidos, hay sistemas similares en Canadá, países de la
Unión Europea o Israel que también podrían consultarse. En todo caso
esta es información suficiente ya para dar una alarma seria, sin contar
los numerosos eventos anecdóticos de fallecimientos con una o dos dosis
de vacunas, a menudo por causas similares a COVID-19 o por muertes
vinculadas a fallas cardiovasculares, que -como casi todo el mundo hoy-
conocemos, y que hemos dejado fuera a propósito y para mantener este
reporte en la mayor neutralidad posible.
PARTE 3. La aprobación de las vacunas y la versión por el momento oficial y autorizada: la proteína espiga no viaja
Como el lector verá si consulta los textos que componen este dossier
-y si quiere profundizar, también le remitimos a otros materiales
fundamentales en inglés, citados en este número- el problema fundamental
reside en el hallazgo -que se ha intentado negar por parte de las
mismas voces de los «fact checkers» y por campañas de ataque personal
llevadas adelante a menudo en base a anónimos, como se verá- de que la
proteína espiga generada por las vacunas, que se creía era
biológicamente inactiva, y que se creía permanecía en la zona de la
inyección, en realidad se acaba de descubrir que se libera y viaja por
todo el cuerpo, instalándose en diversas partes del cuerpo, con un alto
potencial de crear daños a corto, mediano o largo plazo.
El problema por ahora reside, pues, en si es correcto este hallazgo, y
si la proteína espiga se comporta como estaba previsto por quienes
diseñaron las vacunas, o no.
Demos primero el argumento que niega que haya cualquier problema. Derek Lowe, desde su blog en Science Translational Medicine,
afirma que no los hay, apoyando la versión oficial sostenida por las
empresas fabricantes. Traducimos aquí el párrafo fundamental, donde Lowe
explica por qué no puede compararse el comportamiento y efectos de la
proteína espiga generada por la vacunación con la proteína espiga
original del virus:
Ahora llegamos a una diferencia clave: cuando una célula recibe
el efecto de una nanopartícula de ARNm o de un vector de adenovirus, por
supuesto comienza a expresar la proteína Spike (espiga). Pero en lugar
de ensamblarse en más partículas virales infecciosas, como ocurriría en
una infección real por coronavirus, esta proteína se traslada a la
superficie de la célula, donde permanece. Ahí es donde se presenta al
sistema inmunitario, como una proteína intrusa anormal en la superficie
celular. La proteína Spike no se libera para vagar libremente por el
torrente sanguíneo por sí misma, porque tiene una región de anclaje
transmembrana que (como su nombre indica) la deja pegada. Así es como se
asienta en el propio virus, y hace lo mismo en las células humanas.
Véase la discusión en este artículo
sobre el desarrollo de la vacuna Moderna, y lo mismo se aplica a todas
las vacunas de ARNm y vectores que producen la espiga. Ciertamente, no
se da la situación de infección real de los virus cubiertos de Spike que
se arrastran por todas partes a través de la circulación. La proteína
Spike producida por la vacunación no se libera de manera que llegue a
encontrarse con las proteínas ACE2 en la superficie de otras células
humanas en absoluto: está asentada en la superficie de las células
musculares y linfáticas en el hombro, no vagando por los pulmones
causando problemas.
Esa es la versión que dieron por buena las agencias reguladoras, la
FDA norteamericana, la Agencia Europea del Medicamento, etc. al momento
de aprobar las vacunas condicionalmente. Y hasta el momento, esas
reguladoras siguen manteniendo su confianza en que los resultados
anunciados por las empresas eran correctos.
PARTE 4. Los desafíos a la versión oficial sobre la seguridad
de las vacunas. Las opiniones de Robert Malone, el creador de la
tecnología de vacunas ARNm
¿Cuál es el problema con esa versión oficial, que es la que usted
encontrará en la mayoría de narrativas «centrales» u «oficiales» hoy
respecto de la vacuna? Aparentemente, los científicos que crearon la
vacuna creyeron que este sería el caso, e intentaron incluso asegurarse
de que lo sería. Pero, al no haberse realizado los estudios con la
extensión y profundidad requerida, hay acontecimientos científicos que
parecen comenzar a revelar desde hace unas semanas que, en realidad, la
vacuna no se comporta como se esperaba.
¿En quién podemos apoyar esta afirmación? Encontramos una voz que es
considerablemente experta como para escucharla. Se trata del creador
mismo de la tecnología ARNm empleada en estas vacunas, Robert Malone.
Robert Malone ha descrito recientemente su trayectoria profesional así: «Soy
un médico y científico afincado en Estados Unidos con un amplio
historial de innovaciones exitosas en ciencia básica y aplicada,
patología, virología molecular, inmunología, desarrollo de vacunas,
biodefensa, gestión de proyectos, desarrollo clínico, asuntos normativos
y bioética. Llevo trabajando en esta área desde 1984 y he intervenido
en múltiples hallazgos, normalmente apoyando a clientes farmacéuticos o
al Departamento de Defensa de los Estados Unidos. He recibido
autorización de nivel «secreto» para el Departamento de Defensa.
Desempeñé un papel clave en el avance del candidato a vacuna contra el
ébola rVSV-ZEBOV de PHAC y en la participación de Merck en el
desarrollo, lo que dio lugar a la eventual concesión de licencias para
este producto tan importante de la investigación canadiense de PHAC.
También soy el inventor original de las vacunas de ARNm y de ADN.
Esta afirmación está corroborada por publicaciones académicas, así como
por un amplio conjunto de patentes estadounidenses y mundiales con
fecha de presentación de 1989.»
Veamos pues lo que explica Malone al ser entrevistado en el podcast
DarkHorse del biólogo, profesor universitario y divulgador científico
Dr. Bret Weinstein –le pasamos el link a BitChute aquí porque, desde luego, el podcast original en YouTube ha sido censurado.
Aunque el lector puede interesarse en saber que Weinstein está
republicando la conversación (originalmente de 3 horas) en varios y muy
interesantes fragmentos, aquí, aquí, aquí y aquí. Todos son invalorablemente valientes e interesantes -hasta que los censuren de nuevo, ahí están.
Así iba la parte relevante a nuestro asunto de aquella conversación:
Bret Weinstein: La teoría es que la vacuna codifica la
proteína espiga sola (sin el resto del virus). Es decir, el material
genético estabilizado y recubierto por un lípido es enviado a células
del cuerpo y ahí da la orden a la propia célula del cuerpo para que
produzca una proteína, la «espiga». En qué consiste lo que se va
sabiendo: en que la proteína espiga por sí misma es muy peligrosa. Es
citotóxica. ¿Es esta una descripción justa?
Dr. Robert Malone: Más que justa. Y yo alerté a
la FDA acerca de este riesgo hace muchos, muchos meses… Simplemente para
dejarlo bien claro: Ellos sabían. Les mandé los manuscritos, y su
determinación fue que no pensaban que esa documentación fuese suficiente
respecto del riesgo de la que espiga estuviese activa biológicamente.
B. Weinstein: Hoy sabemos que la spike es muy peligrosa.
R. Malone: Si la proteína espiga hiciese lo que los
prospectos de estas vacunas dicen que hace, que es alojarse en la
membrana de la célula que está haciendo la transcripción, sería mucho
menos destructiva. No se trata solo de la literatura que acompaña a la
vacuna, se trata de la literatura publicada por la gente que la
desarrolló -que desarrolló estos clones. Ellos sabían que existía un
riesgo de que la espiga estuviese biológicamente activa y que hubiese
eventos adversos, si no se quedaba adherida a las células que estaban
siendo transfectadas -las que recibieron el ARN y crearon esas proteínas
espiga.
Entonces, usaron un método de ingeniería genética, de poner un
dominio transmembrana en ellas, para asegurarse de que se mantuviese
aislada y se mantuviese quieta en esa célula. Luego hicieron estudios no
clínicos limitados. Y dijeron «parece que se queda quieta. Nosotros la
ingenierizamos para que se quedase quieta». Y publicaron eso.
El problema es que eso, en general, no es considerado
suficientemente bueno. Un paquete de datos no clínicos. Normalmente,
antes de liberar una vacuna para que sea usada en humanos, no nos
apuramos. Tenemos que hacer en animales una serie muy rigurosa de
pruebas.
Revelar que la espiga se separa de la célula en la que se supone
debe permanecer y queda liberada es algo que absolutamente debió ser
conocido y comprendido bien mucho antes de arriesgarse a ponerla en
seres humanos.
Yo soy un regulador profesional, y hablé con la FDA, y tengo
buenos amigos ahí en posiciones de mando. Ellos estaban conscientes, ya
cuando se estaban haciendo los ensayos clínicos al azar, que estaban
ocurriendo estos eventos adversos. Muchos se demoraban de manera
extraña, y eran atípicos para lo que es un estudio para una vacuna. Esta
es una tecnología totalmente nueva, y eso como que va al centro del
problema. Creo que una de las cosas que pasan es que se asume que esta
es una vacuna como cualquier otra. Y no lo es.
Yo no sabía… yo recibí el paquete de datos que los canadienses
obtuvieron via FOIA, dentro de las 24 horas de que se liberó, lo revisé
-en nombre de TrialSite, a pedido- y francamente me alarmé de lo que vi.
Muy inusual. De modo que le pedí a un regulador aun más experimentado y
senior que yo que lo mirase. Y él descubrió más cosas. Como la ausencia
del Reprotox -Paquete de Toxicidad Reproductiva-, que normalmente debe
hacerse e incluirse. Así como la Genotoxicity -que es la toxicidad a los
genes del sistema en prueba. Ese es algo como el Nivel 1 para
genotoxicinomas. Pero, estos son ensayos imperfectos. Si hay un truismo
en la investigación no-clínica es, como siempre decimos, que los ratones
mienten, los monos engañan, y los seres humanos son los únicos que
prueban si algo es seguro y efectivo para humanos. Pero uno debe hacer
algo antes de permitir que un material sea testado inicialmente en
humanos. En fin, lo que fue alarmante, es que lo que se había hecho, al
menos en ese paquete. Y me dijeron… hablé con Peter Marks, el director
de CBER sobre estas preocupaciones, y me dijo que Pfizer había
presentado un nuevo paquete de datos en las últimas dos semanas, y que
estaban evaluándolo. De modo que pienso que tenemos que tomar
esos datos con un poco de cautela, porque están siendo actualizados, y
aun no sabemos lo que hay de nuevo.»
S. Kirsch: ¿Pero estos datos nuevos son sobre humanos?
R. Malone: No, son en roedores
S. Kirsch: Bueno, ¡pero los roedores no tienen la misma afinidad a los receptores ACE2!
R. Malone: Estamos en terreno confuso. Y pienso
que todos podemos estar de acuerdo -Tony Fauci podría estar de acuerdo-
que se tomaron atajos debido a la emergencia, y cuando uno hace eso…
Estos son procesos para confirmar la seguridad que han evolucionado
durante décadas…
PARTE 5. Las alertas de Byram Bridle
El Dr Byram Bridle, de quien hablábamos al principio, es Profesor
Asociado de Inmunología Viral de la Universidad de Guelph, en Canadá. El
Dr. Bridle es exactamente lo contrario a un «antivacunas». Se trata de
un doctor en inmunología viral que ha pasado buena parte de su carrera
investigando y creando… precisamente, vacunas. Él mismo describe lo que
hace: -«Trabajo mucho. He pasado mi carrera desarrollando vacunas.
Nunca he recibido financiación para esta investigación de ninguna fuente
de la industria farmacéutica. He recibido financiación de las agencias
gubernamentales que he enumerado aquí. Así que tenemos dos agencias
federales de financiación, los Institutos Canadienses de Investigación
Sanitaria, y otra, el Consejo de Investigación de Ciencias Naturales e
Ingeniería de Canadá«.
Bridle está en este momento en el ojo de una tormenta que amenaza con
quitarle su trabajo y su título profesional -al final transcribimos la
ejemplar carta de apoyo que, sin conocerlo, le escribió Robert Malone
hoy 19 de junio-, luego de que divulgase y comentase una información que
obtuvo antes que nadie, junto a un grupo de colaboradores
internacionales. Esa información surge de un reporte hecho al gobierno
japonés por Pfizer, que Bridle encontró en una referencia a un reporte
del British Medical Journal que transcribimos también en este número.
Entre la campaña de ataques personales a Bridle se incluye la
creación anónima de un sitio web que usurpa su nombre, donde se intenta
destruir -con argumentos que hemos revisado y no merecen mayor destaque,
pues se limitan a citar un conjunto de trabajos no arbitrados creados
todos en un solo hospital de Israel y sobre un número minúsculo de
casos-, junto a una cita al mismo párrafo de la misma entrada del blog
de Derek Lowe que citamos al comienzo de este reporte, el cual está
cuestionado posteriormente por todo lo nuevo que ha aparecido.
Byram Bridle -preocupado fundamentalmente por las posibles efectos de
las vacunas en la población más joven, que según opinan muchos
expertos, no la necesita- ha reunido su posición en este documento,
titulado «Las Vacunas Covid-19 y los niños: guía de un científico para padres»
Transcribimos a continuación el Resumen Ejecutivo y los capítulos más sustanciales de esta guía.
«Las vacunas Covid-19 y los niños: guía de un científico para padres»
Resumen Ejecutivo
«La vacuna de ARNm COVID-19 de Pfizer BioNTech ha sido autorizada
en virtud de una orden provisional por Health Canadá para su uso en
canadienses a partir de los 12 años, con compromisos obligatorios para
el seguimiento de seguridad y eficacia a largo plazo. La autorización en
virtud de una orden provisional significa que se necesita información
adicional sobre la seguridad, la eficacia y la calidad de la vacuna,
incluso en niños y adolescentes, para para respaldar la futura
autorización completa de la vacuna en el mercado y su licencia.
Existe cierta incertidumbre respecto a la seguridad a largo plazo
de la vacuna COVID-19 de Pfizer BioNTech en todos los en todos los
individuos, y especialmente en niños, jóvenes y adultos jóvenes en edad
fértil. De hecho, algunos estudios de seguridad parecen haberse dejado
de hacer, en la prisa por lanzar las vacunas, y cada día se aprende más
sobre ellas.
Por ejemplo, antes se suponía que la vacunación con las vacunas
de ARNm es segura porque es un evento localizado en el cuerpo, pues la
vacuna queda limitada al músculo del hombro tras la inyección, y
desencadena una respuesta inmunitaria en los nódulos linfáticos locales.
Sin embargo, hay pruebas de que la vacuna COVID-19 de Pfizer no permanece en el lugar de la inyección.
De hecho, una vez inyectada, el contenido de la vacuna parece viajar
ampliamente por todo el cuerpo, hasta el cerebro y otros tejidos
sensibles, como la médula ósea, el bazo, el hígado, las glándulas
suprarrenales, los ovarios etc. No se sabe si estos sitios del cuerpo
están involucrados en la producción de la proteína de la espiga, ya que
esto nunca fue estudiado. No obstante, se han publicado nuevos datos
según los cuales, tras la vacunación con la vacuna Moderna (una vacuna
de ARNm muy similar a la vacuna de ARNm de Pfizer), la proteína de la
espiga puede entrar en el sistema circulatorio. Presumiblemente, esto
significa que la proteína de la espiga puede viajar extensamente por
todo el cuerpo.
Es importante entender qué órganos producen la proteína de la
espiga, qué factores hacen que la que la proteína de la espiga entre en
la circulación, cuánto tiempo circula la proteína de la espiga y en qué
fluidos corporales (por ejemplo, el semen, la saliva, la leche materna,
la orina) la proteína de la espiga está presente. Esta información es
increíblemente importante porque recientemente se ha descubierto que la
proteína de la espiga es «biológicamente activa».
Esto significa que la proteína de la espiga no es sólo un
antígeno que el sistema inmunitario reconoce como extraño. Significa que
la proteína de la espiga, por sí misma, puede interactuar con
receptores en todo el cuerpo, llamados receptores ACE2, causando
potencialmente efectos indeseables como daños al corazón y al sistema
cardiovascular, coágulos de sangre, hemorragias y efectos neurológicos.
Aunque algunos podrían argumentar que el riesgo de que la
proteína de la espiga cause este tipo de daños es sólo un riesgo
teórico, cuando estamos vacunando en masa a una población
predominantemente sana, incluidos niños, adolescentes y adultos en edad
fértil, no tenemos absolutamente ningún margen de error.
Las incertidumbres científicas actuales exigen que sea
interrumpida la administración de la vacuna COVID-19 de Pfizer a niños,
adolescentes y adultos jóvenes en edad fértil hasta que se realicen
estudios científicos adecuados que se centren en la seguridad, la
farmacocinética y la biodistribución de las vacunas y de la proteína de
espiga codificada en la vacuna. La interrupción de la vacunación puede hacerse de forma segura porque:
– El riesgo de COVID-19 grave y potencialmente letal en estas
poblaciones específicas es tan bajo que necesitamos estar muy seguros de
que los riesgos asociados a la vacunación masiva no son mayores;
– Los miembros asintomáticos de esta población no representan un riesgo sustancial de transmitir el COVID-19 a otros; y
– Existen estrategias eficaces de tratamiento precoz para los
pocos niños, adolescentes y jóvenes adultos en edad fértil que pueden
estar en riesgo de desarrollar COVID-19 grave, como la ivermectina,
fluvoxamina y budesonida.
No es apropiado utilizar una vacuna «experimental» en un grupo de
población a menos que el beneficio de la vacunación supere el riesgo de
la misma en ese grupo de población. Siendo ya tan bajo el riesgo de
COVID-19 grave en niños, adolescentes y adultos jóvenes en edad fértil,
no se puede concluir que el beneficio de vacunar a estos grupos de
población con una vacuna de la que no se conoce ni la seguridad ni la
eficacia a largo plazo supere el riesgo. En otras palabras, el riesgo de
COVID-19 grave es tan bajo en niños adolescentes y adultos jóvenes en
edad fértil que los estándares de seguridad deben ser mucho más altos
para ellos.
Pruebas de que las vacunas COVID-19 basadas en ARNm pueden distribuirse por todo el cuerpo
Cuando se diseñaron las vacunas COVID-19, no se apreció que la proteína spikepodría dañar las células del cuerpo. Como consecuencia, la administración de las actuales vacunas COVID-19
puede poner a las personas en riesgo de dañar sus células,
especialmente si la expresión de la proteína spike no se limita al lugar
de inyección de la vacuna. Se hizo una suposición con estas vacunas que
ha demostrado ser incorrecta. La suposición era que las vacunas de
ARNm, que son una nueva tecnología, se comportarían igual que las
vacunas tradicionales. Muchos pensaron que las vacunas de ARNm se
quedarían en el lugar de la inyección y que el único lugar al que irían
es a los nódulos linfáticos de drenaje en las inmediaciones del lugar de
la inyección. Más concretamente, se pensaba que las células del sistema
inmunitario llegarían al lugar de la inyección y crearían trozos del
virus y llevarían estos trozos a los ganglios linfáticos donde se
mostrarían a las células B y T (es decir, a los linfocitos B y T). Los
linfocitos B y T se activarían, se multiplicarían en gran número
(por eso los ganglios linfáticos se hinchan cuando una persona
está montando una respuesta inmune) y luego se dirigen a buscar el
patógeno en el cuerpo. En particular, las células B son la fuente de los
anticuerpos.
Por desgracia, los investigadores han llegado a saber que las
vacunas de ARNm no se quedan en el músculo del hombro. De hecho, tienen
el potencial de extenderse por todo el cuerpo a través de la sangre.
Obviamente, esta es una conclusión muy seria, así que vamos a repasar la
sólida evidencia científica que demuestra este potencial de
biodistribución.
Un informe que Pfizer proporcionó al gobierno japonés (véase el Apéndice 2) fue publicadocomo referencia #25 en un artículo publicado en BMJ
que se puede encontrar en este enlace. En la sección 2.6.5.5B del
informe al gobierno japonés hay una tabla que contiene datos de
biodistribución de las nanopartículas lipídicas.
Esta tabla muestra dónde se encuentra su «vacuna» sustituta (es decir, representada enlaboratorio
por pequeñas burbujas de grasa sustitutiva que contienen un marcador de
detección analítico) acabó en el cuerpo de las ratas inmunizadas,
utilizadas en el laboratorio como sustitutos de los humanos. A
continuación se reproduce una parte dela tabla se reproduce a
continuación. Por favor, revise los datos para que pueda obtener la
imagen completa. Me gustaría destacar algunas observaciones. En primer
lugar, como se muestra en el rectángulo azul que he añadido a la tabla,
una gran parte de la dosis de la vacuna sustitutiva permaneció en el
lugar de la inyección, como era de esperar.
Notablemente, sin embargo, la mayor parte de la dosis de vacuna se había ido a otra parte.
Cuadro del estudio de biodistribución de vacuna Pfizer, reporte a la agencia reguladora japonesaCuadro del estudio de biodistribución de vacuna Pfizer, reporte a la agencia reguladora japonesa (continuación)
La parte derecha de la tabla (mostrada en el informe al gobierno
japonés) enseña que entre el 50 y el 75% de la dosis de vacuna no
permaneció en el lugar de la inyección. La gran pregunta es, ¿a dónde
fue a parar?
Mirando los otros tejidos se muestran algunos de los lugares a
los que fue y se acumuló. El rectángulo rojo muestra que la vacuna
sustituta circulaba en la sangre. También hay pruebas de que una
cantidad sustancial de la vacuna fue a lugares como el bazo (rectángulo
verde), el hígado (rectángulo marrón), los ovarios (amarillo
rectángulo), las glándulas suprarrenales (rectángulo morado) y la médula
ósea (rectángulo naranja). La vacuna también llegó a otros lugares,
como los testículos, los pulmones, los intestinos, los riñones, la
glándula tiroides, la hipófisis, pituitaria, el útero, etc. La vacuna
sustituta probada en un laboratorio se distribuyó ampliamente por todo
el cuerpo de los animales de laboratorio.
Basándose en los resultados de esta prueba de biodistribución,
deberían haberse realizado más pruebas para evaluar los impactos en más
tejidos y durante un tiempo antes de que se autorizara el uso de la
vacuna, especialmente en niños en crecimiento, adolescentes y adultos
jóvenes en edad fértil. El fabricante de la vacuna, los investigadores y
las autoridades reguladoras deberían haber examinado de forma más
exhaustiva la posibilidad de que los animales de prueba eliminaran la
vacuna mediante la evaluación de la saliva, la orina y las heces. Hay
que tener en cuenta que hubo evidencia de cierto tráfico de la vacuna
hacia la glándula salival y la vejiga, lo que indica que existe la
posibilidad de que la vacuna se desprenda del cuerpo. Además, la
biodistribución de la proteína de la espiga creada por el cuerpo después
de la vacunación debió ser determinada cuidadosamente. Estos estudios
deben realizarse en al menos dos modelos animales, uno de los cuales no
debe ser un roedor, ya que los roedores tienen niveles de afinidad de
unión al receptor ACE2 que es mucho menor que la de los humanos y puede,
como resultado, subestimar el impacto de la proteína de la espiga en
los seres humanos. También debería haber habido una evaluación de dónde
iban la vacuna y la proteína de espiga en humanos en un ensayo clínico
de seguridad de fase 1 muy limitado.
Esto podría no haber importado tanto si la proteína
codificada por el ARNm fuese inerte, aunque los riesgos de autoinmunidad
con la deposición de los nanomateriales lipídicos en diferentes órganos
son ciertamente dignos de consideración. Pero ahora que sabemos que la
proteína codificada por el ARNm tiene de sus propias actividades
biológicas, existe un potencial aún mayor de daño a los órganos y
tejidos derivados del material vacunal en circulación.
Aunque no son tan detallados como los datos del informe al
gobierno japonés, el informe de Pfizer a la Agencia Europea del
Medicamento establece conclusiones similares en cuanto a la amplia
distribución de su plataforma de vacunas por todo el cuerpo. El informe
se encuentra en el Apéndice 3. Es muy preocupante el siguiente extracto
de la sección 2.3.2 en la página 45: «No se han realizado estudios tradicionales de farmacocinética o biodistribución con la vacuna candidata BNT162b2«.
Si esta es la primera vez que esta plataforma tecnológica de vacunas se
ha puesto en marcha para su amplia distribución a los humanos, y si los
datos de biodistribución japoneses mostraron evidencia de la
propagación de la vacuna sustituta, hay que preguntarse ¿por qué se permitió el uso de esta vacuna experimental sin haber sido sometida primero a un estudio crucial de biodistribución? Esto nos habría dicho a dónde iba la vacuna en el cuerpo antes de su uso en las personas.
Apoyando la necesidad de abordar las incertidumbres y
preocupaciones relativas a la biodistribución de la vacuna y la proteína
resultante existe un artículo científico revisado por pares que acaba
de ser aceptado para su publicación. En él se describe un estudio en el
que se evaluó a 13 trabajadores sanitarios para la presencia de la
proteína de la espiga en su sangre después de recibir la vacuna de
Moderna (una vacuna de ARNm con una tecnología de plataforma
esencialmente idéntica a la de la vacuna de Pfizer-BioNTech). En
particular,la proteína de la espiga, (o la parte que se une al receptor ACE2), pudo encontrarse en lacirculación
en 3 de las 13 personas (y en 11 de las 13 personas),
respectivamente42. La proteína de la proteína se pudo detectar en la
sangre hasta dos semanas después de la vacunación en la mayoría de los
individuos, y a los 28 días post-vacunación en un individuo. Algunos
pueden argumentar que la concentración de la proteína era baja en la
mayoría de las personas estudiadas. Sin embargo, una proteína que
circula a una bajaconcentración durante dos o más semanas
podría acumularse en las células a lo largo del tiempo, ya que la sangre
perfunde constantemente (es decir, fluye a través de) los tejidos
corporales. Además, los estudios de biodistribución en los apéndices
sugieren que la proteína de la espiga podría concentrarse en muchos
tejidos que que no serían evidentes si se observara sólo la sangre.
También existe la posibilidad de que haya proteínas de espigade la ACE2 en las células que recubren los vasos sanguíneos, pero esto no se investigó.
En cualquier caso, en este estudio a pequeña escala cabría
esperar bajas concentraciones de la proteína de espiga en la
circulación. Las altas concentraciones de una proteína que puede causar
daños en los vasos sanguíneos en un gran número de personas no sería
consistente con una baja incidencia de eventos adversos severos.
Recuérdese que el programa de vacunación de AstraZeneca fue
suspendido en Canadá debido a una incidencia de 1:55.000 de coágulos de
sangre. Si las proteínas de espiga en la sangre fueran responsables de
un efecto secundario severo, uno esperaría ver altas concentraciones de
esta proteína en sólo una entre muchas miles de personas; un fenómeno
que probablemente no se detectaría en un análisis de sólo 13 personas.
Es evidente quees necesario trabajar más para evaluar la
biodistribución de las proteínas de la espiga en el cuerpo humano
después de la vacunación.
Leche materna
En un artículo pre-impreso
(nota: esto significa que el artículo aún no ha sido sometido a una
revisión revisión científica independiente), hay datos que indican que
el ARNm puede detectarse incluso en la leche materna después de la
vacunación. Este aspecto del estudio fue minimizado, pero proporciona
una prueba de principio de que esto puede ocurrir. Sabiendo lo que
sabemos ahora, no sería sorprendente tener la proteína de la espiga
en la leche materna de algunas mujeres lactantes si se vacunaran.
Las proteínas que circulan en la sangre suelen concentrarse en la leche
materna. En particular, se han notificado algunos acontecimientos
adversos de sangrado en el tracto gastrointestinal después de mamar de
madres que habían recibido la vacuna COVID-19.
Estos son algunos ejemplos del VAERS de EE.UU. (no he buscado más desde mayo de 2021):
Acontecimientos adversos graves relacionados con la lactancia después de recibir una vacuna COVID-19:
– VAERS ID #945282; una madre de 32 años hizo que su hija de 2
meses que estaba amamantando murió 7 días después de que la madre
recibiera la vacuna de Pfizer-BioNTech
– VAERS ID #949926; una madre de 34 años hizo que su hijo de 4
meses en periodo de lactancia expulsara sangre y mucosidad en las heces a
partir de 2 días después de que la madre recibiera la vacuna Moderna
– VAERS ID #992676; una madre de 30 años en período de lactancia,
su hijo de 2 meses de edad experimentó anorexia, regurgitación, heces
sanguinolentas descoloridas, vómitos de sangre, ulceración del estómago y
hemorragia en el tracto gastrointestinal a partir de 2 días después de
que la madre recibió la vacuna Moderna
También se produjeron otros tipos de acontecimientos adversos en
lactantes asociados a la lactancia materna de madres que habían recibido
recientemente la vacuna COVID-19. En aras de la brevedad, aquí he
enumerado los números de identificación del VAERS; cualquiera puede
buscarlos en la base de datos del VAERS disponible al público.
También hay un artículo preimpreso que describe cómo una vacuna
basada en el adenovirus puede resultar en proteínas de espiga que dañan
el sistema vascular. Este tipo de vacunas actualmente no se
administradas a los niños en Canadá. El mecanismo es diferente al de las
vacunas basadas en ARNm, pero el resultado es similar. Los autores de
este artículo han acuñado un término interesante para describir el
efecto de una vacuna contra el COVID-19 que causa el mismo daño en el
cuerpo que el SARS-CoV-2; lo llamaron «síndrome de imitación de COVID-19
inducido por la vacuna»
PEG (Polietilenglicol)
Resulta que la sugerida amplia distribución de las vacunas de ARNm en todo el cuerpotiene
un precedente histórico, como la inmunización contra la gripe, por
ejemplo. Sin embargo mucha gente no se da cuenta de que las
nanopartículas lipídicas no fueron diseñadas para funcionar como
vacunas.Fueron diseñadas para servir como terapias genéticas, o
para transportar cargas de medicamentos por todo el cuerpo, incluso al
cerebro, donde se podría intentar tratar enfermedades como el Alzheimer,
la enfermedad de Parkinson y los cánceres cerebrales. El uso de PEG, se
ha asociado a un shock anafiláctico en algunas personas tras recibir
una vacuna de ARNm.
El PEG se añadió a las nanopartículas lipídicas en los primeros
días del desarrollo de fármacos para promover una distribución mucho más
amplia en el cuerpo. En concreto, cuando el PEG se añade a las
nanopartículas lipídicas, ayuda a las partículas evitan ser consumidas
por las células en todo el cuerpo, especialmente las células del sistema
inmunitario, lo que limitaría la distribución de la carga de ARNm. De
hechola adición de PEG a las nanopartículas lipídicas fue
aclamada como un avance porque «este efecto es sustancialmente mayor que
el observado anteriormente con los liposomas convencionales y está
asociado a una prolongación de más de 5 veces del tiempo de circulación
del liposoma en sangre «.
En retrospectiva, parece que se ha cometido otro error en la
prisa por administrar estas vacunas a las personas: Podría decirse que
el componente PEG debería haberse eliminado de la formulación de
nanopartículas lipídicas. Esto probablemente habría dado lugar a
nanopartículas lipídicas con una mayor tendencia a permanecer en el
lugar de la inyección y ser captadas por las mismas células del sistema
inmunitario que queremos inducir una respuesta inmunitaria.
Conclusión: La suposición de que las vacunas
COVID-19 permanecen en el lugar de la inyección (es decir, el músculo
del hombro) no está respaldada por las pruebas. Los estudios de
laboratorio han demostrado que la propia vacuna, y la proteína de la
espiga que codifica, pueden llegar a la sangre y distribuirse
ampliamente por todo el cuerpo. Las vacunas dirigidas a la proteína pico
del SARS-CoV-2 fueron diseñadas para inducir anticuerpos que se unieran
a esta proteína para evitar que el virus pudiera infectar nuestro
cuerpo. Se suponía que la proteína de la espiga era la «primera cosa»
que debía proporcionar una vacuna; un objetivo para el sistema
inmunitario. No nos dimos cuenta del potencial de la proteína de la
espiga por sí sola para causar daño a las células del cuerpo. Ahora
entendemos que las actuales vacunas de ARNm de COVID-19 tienen el
potencial de distribuirse por todo el cuerpo, inoculando potencialmente e
inadvertidamenteinoculando muchos tejidos con una proteína
que es posiblemente dañina. Si se está causando daños desconocidos a
algunos órganos, éstos podrían no ser claramente evidentes hasta años
después de la vacunación. Los datos presentados aquí no proporcionan
pruebas de daños a largo plazo. Sin embargo, proporcionan la
justificación para plantear una serie de cuestiones de seguridad. Estas
cuestiones deben ser investigadas a fondo en estudios de seguridad antes
de utilizar las vacunas COVID-19 en niños, adolescentes y adultos
jóvenes en edad fértil.»
Una preocupación más allá de las proteínas de espiga circulantes: el potencial de inducción de autoinmunidad
Algunos científicos han propuesto que la proteína pico del SARS-CoV-2 podría tenerporciones
que son muy similares a las proteínas de nuestro propio cuerpo47. De
ser cierto, inducir la inmunidad contra la proteína de la espiga podría,
en teoría, promover trastornos autoinmunes. De hecho, dos
investigadores descubrieron que existía una reactividad cruzada entre
los anticuerpos inducidos contra la proteína de la espiga y varias
proteínas «propias «. Esto llevó a recomendar, hace casi un año, que se
evitara atacar la totalidad de la proteína de la espiga en las vacunas
y, en su lugar, dirigirse sólo a las porciones de la proteína que no son
similares a las proteínas de nuestro propio cuerpo. Por desgracia, las
enfermedades autoinmunes pueden ser insidiosas y tardan años en
manifestarse.
La amplia distribución de una vacuna de ARNm por todo el cuerpo implica otrosmecanismos
que podrían conducir a una enfermedad autoinmune. En primer lugar, las
vacunas de ARNm promueven una fuerte inflamación. Esta es la razón por
la que muchas personas tienen dolores en los hombros después de ser
inmunizadas. Promociónde la inflamación en tejidos críticos,
como los ovarios, después de ser sembrados con la vacuna podría tener
consecuencias nefastas. Se supone que tejidos como los ovarios no deben
inflamarse. Esto es así porque la inflamación causa mucho daño a los
tejidos normales, lo que es indeseable en un órgano diseñado para la
reproducción. Además, la proteína espiga codificada por la vacuna está
diseñada para permanecer anclada en la superficie de la célula que la ha
fabricado. Si los anticuerpos están presentes, como sería el caso de
varios días después de la vacunación o la infección natural, podrían
unirse alas proteínas de espiga en las células de todo el
cuerpo, lo que provocaría su destrucción. Tomemos los los ovarios, de
nuevo, como escenario teórico. Si fueran a sufrir cualquier tipo de
destrucción de tejido, existe la posibilidad de que se liberen proteínas
que el sistema inmunológico nunca ha visto antes.
Esto se debe a que nuestro sistema inmunitario aprende a tolerar
lo «propio» a una edad muy temprana. Sin embargo, los órganos como los
ovarios y los testículos comienzan a expresar nuevas proteínas durante
la pubertad que el sistema inmunitario no ha sido enseñado a tolerar. Si
éstas se liberan debido a un daño en el tejido, esto podría
proporcionar las las mismas dos señales que necesita una vacuna para
activar el sistema inmunitario: la señal 1 (proteína diana) y la señal 2
(señales de peligro asociadas al daño). Esto podría dar lugar a una
respuesta autoinmune contra el órgano. En este ejemplo (ovarios), este
daño podría no hacerse evidente hasta años años después, al intentar
tener un bebé. Esto es una especulación, pero se basa en una gran
cantidad de literatura científica que estudia cómo se inician las
enfermedades autoinmunes. En particular, esto podría ocurrir en
cualquiera de los tejidos sembrados con la vacuna si empiezan a expresar
la proteína de la espiga.
Esto es ciertamente digno de investigación antes de la vacunación
masiva de niños, adolescentes y adultos jóvenes en edad fértil.
Incluso el hecho de que las actuales vacunas COVID-19 hagan que
las células musculares del hombro expresen la proteína de la espiga, es
un problema potencial. Esto podría dar lugar a respuestas inmunitarias
contra el tejido muscular. Esto es especialmente preocupante, porque
Israel sospecha de una relación entre las vacunas COVID-19 y la
inflamación del músculo cardíaco (una enfermedad conocida como
miocarditis). De hecho, la Agencia Europea del Medicamento está
investigando activamente esta posible relación.
Una vez más, con este tipo de preocupación en la comunidad
mundial, uno debe preguntarse por qué estas vacunas se imponen con tanta
fuerza a los jóvenes canadienses que no corren un alto riesgo de
contraer la COVID-19. Será una tragedia si repetimos algo similar o
incluso peor que el fiasco de la vacuna de AstraZeneca con nuestros
jóvenes.»
¿Por qué no todos los que se vacunan experimentan un efecto secundario grave?
Es probable que la proteína de la espiga no entre en circulación
en todas las personas. De hecho, en el estudio de 13 personas vacunadas
con la vacuna Moderna, diez no tenían evidencia de la proteína de la
espiga y dos no tenían evidencia de la subunidad S1 (un fragmento de la
proteína de la espiga) en su sangre. Además, es importante recordar que,
tras la vacunación, las personas fabrican la proteína de la espiga en
sus propias células. La cantidad y la calidad del ARNm en cada dosis de
la vacuna puede variar de un lote a otro.
La estabilidad del ARNm también depende de su manipulación, ya
que es muy temperatura. Por lo tanto, diferentes personas recibirán
diferentes cantidades de ARNm activo. Las personas que reciben la misma
cantidad de ARNm pueden producir diferentes cantidades de la proteína de
espiga dependiendo de lo metabólicamente activas que sean sus células. Y
es probable que haya muchos otros factores, como el tamaño del cuerpo,
etc. Todo esto podría contribuir a una variabilidad sustancial en la
concentración de proteínas de espiga que produce una persona. En
particular, cabe esperar que una inyección de vacuna estándar tenga un
impacto diferente en un joven de 75 libras que en un adulto de 200
libras. Los efectos adversos que conocemos que conocemos parecen ser
relativamente raros. Algunos efectos adversos pueden pasar
desapercibidos. Por ejemplo,sabiendo que la proteína del pico
entra en la circulación y sabiendo que puede matar las plaquetas, no
sería no sería sorprendente que la mayoría de las personas tuvieran
alguna pérdida de plaquetas después de vacunarse. Además, las plaquetas
podrían captar el ARNm de las nanopartículas lipídicas circulantes y
luego mostrar la de la proteína de la espiga en su superficie, lo que
las marcaría para su destrucción por la consiguiente respuesta de los
anticuerpos. Sin embargo, el recuento de plaquetas no se controla de
forma rutinaria después de de las clínicas de vacunación, ni las
empresas de vacunas han hecho públicos sus datos sobre el de plaquetas
después de la vacunación. De hecho, en un primer estudio en humanos de
BNT162b1, un prototipo anterior de la vacuna BNT162b2 de Pfizer que se
utiliza actualmente, que codifica la subunidad S1 de la proteína (que
contiene la porción de la proteína spike que se une a los receptores
ACE2, llamada dominio de unión al receptor), el número de plaquetas
disminuyó tras la vacunación tanto en los adultos jóvenes como en los
mayores estudiados.
Lamentablemente, los valores de química clínica y hematología
tras de la vacunación con la vacuna BNT162b2, que es la que se utiliza
actualmente para vacunar personas, no se publicaron en el primer estudio
en humanos de Pfizer.
Uno no sabría si está experimentando una pérdida de plaquetas a
menos que su recuento de plaquetas fuera peligrosamente bajo y sufriera
un traumatismo que provocara una hemorragia. Más preocupante es la
posibilidad de que se creen efectos de los que podríamos no saber
durante mucho tiempo. Por ejemplo, el daño a los ovarios o a los
testículos podría provocar una infertilidad que no se manifestaría hasta
que se intentara tener hijos. Los ovocitos presentes en los ovarios de
las recién nacidas representan el suministro fijo de ovocitos de esa
mujer para toda la vida, que son los precursores de los óvulos. Estos
ovocitos no pueden reproducirse ni regenerarse si se dañan o destruyen.
Los daños en el útero podrían potenciar los abortos espontáneos o los abortos involuntarios durante el embarazo.
El hecho es que existe un conjunto de mecanismos biológicos
claramente establecidos que plantean numerosas preocupaciones
científicas legítimas sobre las vacunas COVID-19. No podemos confiar
simplemente en que ninguna de estas preocupaciones termine por hacerse
realidad. Por el contrario, debemos volver a seguir el método
científico.
Debemos detener el despliegue del programa de vacunación para
niños, jóvenes y adultos jóvenes en edad fértil, y pedir a los
fabricantes de las vacunas COVID-19 que se tomen el tiempo necesario
para realizar los estudios de biodistribución y seguridad adecuados para
responder a estas preguntas emergentes, y luego realizar una
reevaluación precisa del riesgo de COVID-19 frente a los riesgos
asociados a las vacunas experimentales de COVID-19.
PARTE 6. Bridle amenazado
Una vez que Byram Bridle -junto a los doctores, también canadienses,
Dr. Patrick Philips y Dr. Don Welsh- hizo públicas estas preocupaciones,
éstas no fueron tomadas como la razonable alarma de alguien experto y
preocupado por la salud de los canadienses y de todo el mundo, sino como
un ataque -uno debería preguntarse a qué o a quiénes- que merecía ser
respondido con violencia institucional.
Bridle ha ofrecido recientemente una conferencia de prensa
en donde, entre otras cosas, dice algunos conceptos que merecen ser
reproducidos. Dice, por ejemplo, que aunque es un individuo introvertido
al que no le gusta estar expuesto a audiencias, es, sin embargo, «un
servidor público. Mi trabajo es financiado por ustedes, canadienses,
con sus dólares de impuestos, trabajo en una institución académica que
es financiada públicamente, y veo por tanto que es mi responsabilidad
ante los canadienses que, cuando tienen preguntas, puedan dirigirse a mi
y preguntar, si son pertinentes a las áreas en que soy experto, y es mi
responsabilidad dar la respuesta más informada que pueda.«
«Fui entrevistado cinco minutos por un programa radial expresé
lo que pienso yo y una conjunto internacional de colegas expertos en
vacunas como yo, y luego de esos cinco minutos mi vida quedó patas
arriba, probablemente para siempre.
En menos de 24 horas alguien había montado un sitio usando mi
nombre de dominio, se abrió una cuenta falsa de Twitter, para
enchastrarme, y empecé a sufrir toda clase de ataques, por email, por
teléfono, y definitivamente en las redes sociales.
Yo nunca tuve una presencia en las redes sociales, hasta hace
unos días, en que tengo una presencia falsa en redes montada por otros.
Debo mencionar también que estoy experimentando acoso, mucho acoso, en mi lugar de trabajo.»
Las autoridades de la universidad Guelph, dice Bridle, lo han apoyado
y han honrado el principio de libertad académica y de expresión. «Pero ha habido colegas que me han estado acosando, tanto en las redes sociales como en el lugar de trabajo.
Esto ha ido tan lejos como para tener a uno de los miembros del
Comité Científico Covid 19 de Ontario publicando por primera vez el link
al sitio web falso que se armó para insultarme, y llegaron tan lejos
como a divulgar información médica confidencial sobre mis padres. Esto
es un acto inconcebible. Se trata de un médico. Un médico practicante
debería saber que no debe comunicar información médica confidencial
sobre personas.
Formo parte de un grupo que actualmente ya tiene 100
profesionales, siendo muy nuevo aun, cuyo propósito es hablar libremente
sobre la ciencia subyacente al Covid19. y Solamente nos sentimos
seguros dentro de ese grupo. De los 100, solamente yo y otra persona
estamos dispuestos a hablar en los medios abiertamente. El resto tiene
miedo por sus trabajos, los médicos tienen miedo de perder sus
licencias, y los demás tienen miedo de perder el trabajo.»
Es muy posible que por expresar estas cosas mi carrera ya haya
quedado destruida. Y yo no entiendo esto. Como canadienses deben
preguntarse, ¿quieren que sean suprimidas las voces de médicos y
científicos? Estamos polarizados en Canadá ahora. Tenemos gente en dos
bandos. Tenemos que entender que somos todos apasionados por igual.
Estamos todos buscando lo mejor. Estamos haciendo nuestros análisis de
riesgo. Por ejemplo, en mi caso, con los niños. Y honestamente siento
que seguir adelante con la vacunación ahora, sin hacer los estudios que
corresponden, podríamos estar haciendo más daño que bien. Yo soy
apasionado de esta posición, pero respeto a los que tienen la posición
contraria. Lo único que pido es el mismo respeto para mí y mis colegas«.
La carta de Robert Malone en apoyo al Dr. Byram Bridle
19 de junio de 2021
De: Robert W. Malone, MD, MS 357 Hebron Valley Rd,
Madison, VA 22727
A quien corresponda
Escribo esta carta para apoyar al buen Dr. Bridle y su derecho a
expresar libremente su opinión científica, que está respaldada por la
literatura y un razonamiento deductivo bien informado.
Soy un médico y científico residente en Estados Unidos con un amplio
historial de innovaciones exitosas en ciencia básica y aplicada,
patología, virología molecular, inmunología, desarrollo de vacunas,
biodefensa, gestión de proyectos, desarrollo clínico, asuntos
regulatorios y bioética. Llevo trabajando en esta área desde 1984 y he
pasado por múltiples brotes, normalmente apoyando a clientes
farmacéuticos o al Departamento de Defensa de los Estados Unidos. He
recibido autorización a nivel «secreto» para el Departamento de Defensa.
Desempeñé un papel clave en el avance del candidato a vacuna contra el
ébola rVSV-ZEBOV de PHAC y en la participación de Merck en el
desarrollo, lo que dio lugar a la eventual concesión de licencias para
este producto tan importante de la investigación canadiense de PHAC.
También soy el inventor original de las vacunas de ARNm y de ADN.
Esta afirmación está corroborada por publicaciones académicas, así como
por un amplio conjunto de patentes estadounidenses y mundiales con fecha
de presentación de 1989.
He evaluado de forma independiente la mayor parte de los datos que
sirven de base a las comunicaciones del Dr. Bridle en relación con los
riesgos de seguridad asociados a las vacunas genéticas COVID-19,
coincido con sus conclusiones y he planteado de forma independiente mis
preocupaciones a la FDA de EE.UU., incluso hablando directamente con el
director del CBER, Peter Marks.
Estoy particularmente alarmado y sorprendido por las posiciones
bioéticas que está adoptando el gobierno de Canadá en relación con estas
vacunas en fase experimental. Muy sorprendido. Siempre he considerado
que el gobierno y el pueblo de Canadá son eminentemente razonables, casi
hasta el exceso. Estas políticas parecen contrarias a lo que me han
enseñado como los principios básicos de la investigación clínica y la
bioética en seres humanos.
Y luego está la censura del discurso académico legítimo, lo que nos
lleva de nuevo al caso concreto del Dr. Bridle. En resumen, ¿sus
acusadores no tienen vergüenza? Estoy verdaderamente sorprendido. Una
vez más, esto va en contra de todo lo que siempre había creído sobre el
pueblo y la cultura de Canadá. Supongo que tendré que replantearme mis
suposiciones sobre la sensatez fundamental de los canadienses.
Además, estos ataques le convertirán en un mártir mundial y
amplificarán su mensaje. ¿Es eso realmente una buena política pública?
Por favor, detente un momento. Piensa en lo que está pasando aquí.
Esto no es justo. Esto no es correcto. Esto no es adecuado. El Dr.
Bridle ha examinado los datos de que dispone y ha sacado conclusiones
razonables sobre el significado de esos datos en su totalidad. No se
está beneficiando de esto. No hay conflictos de intereses financieros.
No es alguien que busque fama y fortuna. Está haciendo lo que puede, de
buena fe, para ayudar a proteger a la población de Canadá y del mundo, y
en particular a los adolescentes y los niños.
En resumen, en lo que respecta al COVID-19, considero que la censura
general del gobierno de Canadá, los errores bioéticos, y este ejemplo
específico en el que está involucrado el Dr. Bridle, son particularmente
atroces, e inconsistentes con todo lo que había creído anteriormente en
cuanto a la razonabilidad fundamental y el compromiso con la equidad de
la cultura política y social canadiense.
El proceso científico requiere la disensión y el debate para llegar a
la verdad. Este es un principio fundamental. El Dr. Bridle ha dicho la
verdad tal como la ve. Otros pueden interpretar los datos de manera
diferente. Mi evaluación está muy alineada con la del Dr. Bridle. Eso no
significa que esté bien o mal. El tiempo lo resolverá. Pero estoy
seguro de que los intentos de silenciar al Dr. Bridle y de dañar su
carrera y su reputación son fundamentalmente erróneos.
Independientemente de cuáles sean sus juicios y opiniones, o las
mías, por favor, dejemos que la ciencia y el proceso científico sean
quienes resuelvan esto. Estos ataques a la credibilidad del Dr. Bridle y
a sus esfuerzos de buena fe por alertar sobre las señales de
inseguridad asociadas a estas vacunas son muy inapropiados y
contraproducentes. Es de suponer que la historia no verá esto con buenos
ojos. Los canadienses no siempre han estado en el lado correcto de la
historia -sirvan de testigos los pueblos indígenas. Pero, según mi
experiencia, intentan hacer lo correcto.
Hagan lo correcto en este caso.
Sinceramente
Robert W Malone, MD, MS
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