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25.12.24

Sin maíz no hay país

Fabrizio Mejía Madrid

El maíz es anterior al país y, por eso, como cultura no sólo es agrícola o gastronómica, sino que es la existencia misma de los habitantes de México. Es el fundamento del sustento, hasta la fecha. Nos comemos 27 millones de toneladas al año, 80 kilos por persona en el campo y 57 kilos por persona en las ciudades.


Arrocillo, Cacahuacintle, Chalqueño, Cónico, Cónico Norteño, Dulce, Elotes Cónicos, Mixteco, Mushito, Mushito de Michoacán, Negrito, Palomero de Jalisco, Palomero Toluqueño y Uruapeño, Dzit-Bacal, Comiteco, Coscomatepec, Motozinteco, Olotillo, Olotón, Tehua, Negro de Chimaltenango, Quicheño, Serrano, Mixeño y Serrano Mixe, Apachito, Azul, Complejo Serrano de Jalisco, Cristalino de Chihuahua, Gordo y Mountain Yellow, Blando de ocho hileras, Onaveño, Harinoso de Ocho, Tabloncillo, Tabloncillo Perla, Bofo, Elotes Occidentales, Tablilla de Ocho, Jala, Zamorano Amarillo, Ancho y Bolita, Conejo, Nal-Tel, Ratón y Zapalote Chico, Celaya, Tepecintle, Tuxpeño, Tuxpeño Norteño, Vandeño, Zapalote Grande, Nal-Tel de Altura, Pepitilla, Chiquito, Choapaneco y Cubano Amarillo, Chapalote, Dulcillo del Noroeste, Elotero de Sinaloa y Reventador. Esos son los 64 nombres de nuestros tipos de maíz. De ellos, 59 son nativos y han dado lugar a una gastronomía de las más variadas en el planeta. Por ejemplo, sin el maíz bolita, no hay tlayudas, así como sin el cacahuazintle no habría pozole, sin el maíz dulce, tampoco hay uchepos.

Mil 500 años antes de nuestra era, los olmecas representaron a la diosa del maíz con la forma de una “U”, por la manera en cómo las hojas enmarcan a una mazorca. Esa “U” la vemos por todas las culturas originarias de México y Centroamérica en la frente de los jaguares humanizados, porque son deidades de la lluvia. Así, si usted ve una “U” en cualquier relieve, pintura, códice y escultura prehispánicas está ante la imagen de una diosa que es nuestro maíz. El maíz es anterior al país y, por eso, como cultura no sólo es agrícola o gastronómica, sino que es la existencia misma de los habitantes de México. Es el fundamento del sustento, hasta la fecha. Nos comemos 27 millones de toneladas al año, 80 kilos por persona en el campo y 57 kilos por persona en las ciudades. Nuestros maíces aportan el 38 por ciento de proteínas, el 45 por ciento de calorías y el 50 por ciento del calcio que consumimos los mexicanos. No hay otro país en el mundo en el que el consumo sea tan alto, por lo que los estudios comparativos en ese tema nunca son concluyentes. Eso acaba de sucederle a México en el panel de los acuerdos de comercio con EU y Canadá: no hay forma de medir el impacto del maíz modificado genéticamente por las patentes corporativas en un país como el nuestro en que se cultivan 64 razas de maíz en los 32 estados que lo componen, no importando climas, lluvias, altura, o catástrofes naturales. No hay comprobación de que el maíz transgénico haga daño a la salud, pero tampoco de que sea inocuo, es decir, que no haga daño. Pero el problema real es que, si aceptáramos sembrarlo, tendería a uniformar los maíces blancos que comemos, a contaminarlos con trazas de genes manufacturados por la agroindustria de Estados Unidos.

El motivo de esta columna es doble. Por un lado, tratar de explicar qué diablos es el maíz transgénico y, por el otro, argumentar cómo nuestros maíces no son una simple mercancía, con un precio, y una forma de cocinarse, sino que sustentan una veneración que todavía tiene en su fundamento una traza de espiritualidad. Empecemos por el principio.

Los organismos genéticamente manipulados son los que cambian un gen de su ADN por el de otro organismo. Por ejemplo, a un maíz le ponen un gen de una bacteria o de un hongo. ¿Para qué lo hacen? Para hacer al maíz inmune a una plaga o a una enfermedad o, incluso, a una sequía. En este último caso, el de la sequía o las heladas, el CINVESTAV del Poli desarrolló maíces resistentes para proteger a las cosechas de los campesinos. Esta intervención en los genes se hace de distintas maneras: hay una en que literalmente se les bombardea de partículas a alta velocidad, otra en que se utiliza a un virus o una bacteria para que sirvan de transporte para meterlo a las células. Luego, con un filtro químico se separa a las células que recibieron el gen de las que no lo aceptaron, y se pasa a cultivar sólo las modificadas. Así se crea una nueva variedad resistente a lo que sea el problema que se quería resolver. Hasta ahí, todo parece una tecnología benigna. El problema y es esto para el maíz, viene cuando las abejas, moscas, colibríes, es decir, los polinizadores, o el simple viento se llevan genes modificados y los van insertando en otras variedades, a través del polen. Como ustedes saben, el polen es la célula sexual masculina de las plantas con flores. Lleva por lo tanto los genes del ADN de la planta. Por eso, con la aparición del maíz transgénico se habla de “deriva del polen” ---no de la autoritaria--- por la contaminación de una raza manufacturada en un laboratorio hacia los maíces nativos, como los nuestros. Es decir, que la raza manufacturada, más resistente, se fija como la dominante en contra de las demás, tendiendo a que se haga un monocultivo.  

Ahora hablemos del maíz como mercancía y de sus rasgos genéticos como supuestos “derechos de autor”. Resulta que corporativos como Monsanto patentan las secuencias del ADN que manipulan. De hecho, han logrado que la segunda generación de sus semillas sean estériles, obligando a los agricultores a comprarles nuevas semillas cada año. Esto es, por supuesto, un abuso del supuesto “derecho de autor”. Pienso, para mis adentros: imagínense que, habiendo leído el libro, ya no lo pudiera uno releer y tuviera uno que comprarlo otra vez. O una película, como si tuviera una caducidad, una obsolescencia programada como los focos. Pues ese es el caso con las semillas de Monsanto que llevó a un grado de abuso la llamada “privatización de la naturaleza”. Usar los “derechos de autor” para monopolizar los alimentos humanos es acaso el más infame de los atropellos contra la historia del planeta. Porque, Monsanto puede haber modificado una planta de maíz para que sea insensible a una plaga de hongos, pero no creó el maíz. El maíz se creó en el mundo, es una cosa que sucedió, simplemente. Y hace unos ocho mil años, unos humanos que vivían en lo que hoy es México, la cultivaron y la hicieron lo que es hoy. Se trata, en breve, de todo el patrimonio alimenticio del planeta en manos de un monopolio de secuencias genéticas privatizadas. Es de locos, pero es, si nos descuidamos, el futuro que heredaremos a las siguientes generaciones: monocultivos de una sola variedad, a precios de monopolio para los campesinos y agricultores. Actualmente, sólo cuatro corporativos biotecnológicos controlan el 60 por ciento de las semillas que se siembran en el planeta: la propia Monsanto-Bayer, Syngenta, Corteva (que es DuPont aliada con Dow), y ChemChina. El 80 por ciento de las semillas de maíz en los Estados Unidos son de Bayer-Monsanto. Es decir, es un monopolio. Pero los gobiernos de Estados Unidos no solamente no han hecho nada contra él, sino que pretenden que sus semillas se siembren en México, argumentando que es una mercancía que protege el comercio de América del Norte. Y eso, sembrar maíz transgénico, como ha dicho la Presidenta Claudia Sheinbaum, estará prohibido en la Constitución. Si no lo hiciéramos, estaríamos mutilando la herencia agricultural, el patrimonio alimenticio, la cultura del maíz para las nuevas generaciones. Aceptarlo sería suicida.

Y aquí viene el segundo motivo de esta columna. Es nuestra relación con el maíz. Para los antiguos mexicanos, era una diosa. Se le comparaba con la abundancia, con las lluvias, y con el jaguar, en la tradición más añeja, que es la Olmeca. Pero todas las civilizaciones que le siguieron tienen al maíz, no sólo como una divinidad, sino como mito de la fundación, el relato antes del tiempo, de donde venimos. Como dice Alfredo López Austin en Los brotes de la milpa: “Los mitos se forman en los descansos con el sudor refrescante de la sombra; se forman en los encuentros con el gesto, con la charla, con la lección, con el cruce indiferente; se forman con todos los enunciados del amor, y con los del dolor, la duda, el sueño y el ensueño; con saberes y misterios; con las pautas y con sus violaciones. Se forman, en suma, en las repeticiones y repeticiones de lo cotidiano; esas repeticiones que se integran con partículas novedosas, sorpresivas. Los verdaderos creadores de los mitos nunca saben que siempre están ha- ciéndolos”.

Es en los mitos en que nos reconocemos como mexicanos. ¿Cómo explicarnos que comamos tanto maíz, en tantísimas formas? Porque estamos hechos de él, según el mito originario. No es que realmente lo creamos que estamos hechos de él, sino que nos da una talla cósmica al ser lo que comemos de la tierra. No es una explicación como tal, sino una sustancia, la sustancia de la cultura. Así, los mayas en el Popol Vuh relatan que los dioses en ese tiempo antes de la historia, crearon a los animales. Cuando les pidieron que dijeran sus nombres, todo lo que obtuvieron fueron graznidos, ladridos, chillidos, y rugidos. Así que los exiliaron a los montes para servir de alimento. Entonces se propusieron crear algo que pudiera decir su nombre. Primero, intentaron con barro, pero se quebraba y no tenía alma. Luego, hicieron hombre y mujer de distintas maderas, pero anduvieron por ahí sin destino, obnubilados por la falta de entendimiento. Así que, finalmente, enviaron al ocelote, al coyote, a la guacamaya, y al cuervo a traer las mazorcas amarillas y blancas de Paxil y Cayalá. Molieron el maíz, hicieron con la masa nueve bebidas, y con ellas crearon la carne y la sangre del primer varón y la primera mujer, su fuerza y su vigor. Las maravillosas criaturas fueron la primera madre y el primer padre, y tuvieron unos hijos y unos nietos que alabaron y alimentaron con sus ofrendas a los dioses.

Así, también hay entre los nahuas, tepehuanes, purépechas, tzotziles y huastecos una misma historia mítica. El personaje central es el maíz. Su mamá queda preñada de un músico, un flautista, que la abandona y se va al País de los Relámpagos. El niño nace, pero su madre, furibunda por el abandono del músico, lo tira a un río. Cuando el niño nace, busca a la madre y, al enterarse de su desdicha, decide ir tras el padre al País de los Relámpagos. Al principio es atrapado por los rayos y torturado, pero logra escapar. Enfrenta, entonces, al Rayo Mayor y, tras una batalla, lo derrota. Con la victoria se le ofrecen dos regalos: uno, que su papá volverá a vivir cada año y que, también cada año, habrá lluvias. El hijo, entonces, toma la flauta del padre y la repara para que vuelva a tocar. Es este un mito fundador que explica cómo la vida debe regresar de la bodega debajo de la tierra, la de los muertos, cada año, como la lluvia y los músicos itinerantes. Todavía nuestro calendario de fiestas marca el inicio de las lluvias con la Santa Cruz en mayo y el Día de Muertos en noviembre, cuando termina de llover.  

Así, también, los mayas, mopanes, choles, tzeltales, tojolabales, mochós, kekchíes, quichés, pokomames, cakchiqueles, mames, jacaltecos, achíes, tzutujiles, chortíes, pipiles, huastecos, totonacos, nahuas, mazatecos, cuicatecos, chinantecos, chatinos y chontales cuentan la historia de cómo el mismo Quetzalcóatl, el dios-gobernante, es el que descubre a una hormiga cargando una semilla de maíz y manda al mandamás de la lluvia, Nanahuatzin, a sacar al maíz de una cueva a la que tiene que entrar con el poder del relámpago. Lo acompañan sus cuatro hermanos, los tlaloque, cada uno de un color distinto. Una vez descubierto el tesoro del maíz, los tlaloque se lo roban y se los llevan a los cuatro puntos cardinales del mundo. Por eso, los colores del maíz son distintos en cada región de este país. Este es un mito que da cuenta de la variedad, eso que hoy llamamos “biodiversidad” y que Monsanto simplemente lo destruiría por vender sus semillas cada año.

La cultura es volver a contarse. Cuando tenemos un mito como el del maíz que nos habla del tiempo cíclico de la vida y la muerte, de la presencia y la ausencia, del brote de la milpa y su descenso a la bodega de lo muerto, ahí tenemos un relato que nos da coherencia. Pero también nos enorgullece de haber, no sólo domesticado a esta planta, sino de haberla hecho fundamento de una cosmovisión que tuvo en la observación astronómica la viabilidad de los cultivos en la tierra, esta tierra, estas tierras. Sin grandes astrónomos, no se hubiera dado la intensidad del cultivo de nuestros maíces. Sin conocimientos de las lluvias y su relación con la órbita de Venus. Sin la pausada selección de granos para la siguiente cosecha. Cada vez que comemos tortillas deberíamos de celebrar, asombrados, de lo que hemos sido capaces. No “autores” como los señores de Monsanto, sino victoriosos sobre el Rayo y la Muerte, como el hijo del músico. Es una historia de resistencia, de ciclos, de muerte y resurrección. Esta es la historia que encierra nuestro maíz que, en efecto, fue anterior al mismo país. Pero ahora le toca al país defender a su planta. Estoy seguro que triunfaremos.

21.12.24

México perdió en panel del T-MEC sobre maíz transgénico

El panel del T-MEC sobre maíz transgénico falló contra México en la disputa que abrió Estados Unidos, luego de que el gobierno del presidente López Obrador publicó un decreto para prohibir el consumo humano de ese grano modificado genéticamente, y con ello proteger el principal reservorio de ese alimento.

Constituido conforme al capítulo 31 (solución de controversias) del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el panel resolvió que algunos elementos del Decreto sobre el glifosato y maíz genéticamente modificado –publicado en el Diario Oficial de la Federación el 13 de febrero de 2023– no pueden aplicarse “al no estar basadas en una evaluación de riesgo adecuada, evidencia científica y en normas internacionales relevantes”.

De acuerdo con el Informe Final sobre el caso México–medidas relacionadas con el maíz genéticamente modificado (MEX-USA-2023-31-01), el panel determinó que las medidas aplicadas por México para la prohibición del consumo humano del maíz transgénico son de carácter sanitario y fitosanitario, en el sentido del Artículo 9.2 del T-MEC, y que las medidas son incompatibles con las siguientes disposiciones del T-MEC:

“a. El Artículo 9.6.3, porque las medidas no se basan en normas, directrices o recomendaciones internacionales relevantes, ni en una evaluación adecuada a las circunstancias del riesgo para la vida o la salud de las personas, los animales o la preservación de los vegetales;

“b. el Artículo 9.6.8, porque México no realizó una evaluación del riesgo tomando en cuenta las normas, directrices y recomendaciones internacionales relevantes de las organizaciones internacionales relevantes;

“c. el Artículo 9.6.7, porque México no llevó a cabo una evaluación del riesgo ni un manejo del riesgo con respecto a las Medidas de manera documentada y brindando a las demás Partes del T-MEC la oportunidad de comentar;

“d. el Artículo 9.6.6(b), porque las medidas no se basan en principios científicos pertinentes;

“e. el Artículo 9.6.6(a), porque las medidas no se aplican sólo en la medida necesaria para proteger la vida o la salud de las personas, los animales o preservar los vegetales;

“f. el Artículo 9.6.10, porque México no seleccionó medidas SFS [sanitarias y fitosanitarias] que no entrañen un grado de restricción del comercio mayor del requerido para lograr el nivel de protección que consideró adecuado; y

“g. el Artículo 2.11, porque México adoptó o mantiene una prohibición o restricción a la importación de un bien de otra Parte.”

Además, el panel se pronunció acerca de la defensa que esgrimió nuestro país para mantener la prohibición del maíz transgénico. Al respecto, los expertos fallaron que:

“a. las medidas no están amparadas por las excepciones previstas en el Artículo XX(a) y (g) del GATT de 1994 y, en consecuencia, no están justificadas de conformidad con el Artículo 32.1.1 del T-MEC; y

“b. las medidas no están justificadas conforme al Artículo 32.5 del T-MEC.”

Por ello, el panel recomendó que “México ponga sus medidas en conformidad con sus obligaciones en el marco del T-MEC en virtud de los Capítulos 2 y 9 del T-MEC. El panel acepta que México está tratando de abordarpreocupaciones genuinas de buena fe, y sugiere que dichaspreocupaciones podrían canalizarse a través de un proceso adecuado de evaluación del riesgo, medidas basadas en principios científicos y un diálogo entre todas las Partes del T-MEC para facilitar un camino constructivo hacia adelante”.

Al respecto, las secretarías de Economía y de Agricultura manifestaron, en un comunicado conjunto, que “el gobierno de México no comparte la determinación del panel, pues considera que las medidas cuestionadas están alineadas con los principios de protección a la salud pública y los derechos de los pueblos indígenas, establecidos en la legislación nacional y en los tratados internacionales de los que es Parte. A pesar de ello, el gobierno de México respetará la determinación, ya que el sistema de solución de controversias del T-MEC es una pieza clave de dicho tratado, como quedó demostrado en el caso sobre Reglas de Origen del sector automotriz que resultó favorable para México”.

Además, reiteró “su compromiso de proteger valores fundamentales como la salud, la moral pública, la conservación de los recursos naturales, la cultura de la población mexicana y los derechos de los pueblos indígenas, los cuales fueron reconocidos por el Panel como preocupaciones legítimas. México, a través de la Secretaría de Economía, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, y sus demás dependencias, seguirá buscando reivindicar los derechos de todos los mexicanos y mexicanas, de conformidad con las obligaciones internacionales que ha adquirido”.

Por su parte, el gobierno estadunidense celebró el fallo. La representante Comercial del vecino país, Katherine Tai, anunció el triunfo en su disputa bajo el T-MEC, que impugna ciertas medidas biotecnológicas mexicanas relacionadas con el maíz genéticamente modificado. Al respecto, expuso que el panel del T-MEC estuvo de acuerdo con Estados Unidos en las siete reclamaciones legales, y concluyó que las medidas de México no se basan en la ciencia y socavan el acceso al mercado que México acordó proporcionar en el T-MEC.

“La decisión del panel reafirma las preocupaciones de larga data de Estados Unidos sobre las políticas biotecnológicas de México y su impacto perjudicial en las exportaciones agrícolas estadounidenses”, dijo Katherine Tai.

23.7.24

México no necesita maíz transgénico: es un peligro para las variedades nativas

Darren García


El maíz transgénico amenaza la biodiversidad mexicana por su potencial de contaminar las variedades nativas con genes que no les corresponden por naturaleza. Además, afecta la cultura y las tradiciones alrededor de este cultivo. Consultadas por Contralínea, científicas y activistas coinciden en que no es necesario que el país corra el riesgo, por lo que se pronuncian a favor de prohibir los organismos genéticamente modificados

Las 64 razas de maíz que se cultivan en México, de las cuales 59 son nativas, se verían amenazadas de permitirse la siembra de maíz transgénico. La batalla, en tribunales desde hace más de una década, se libra entre campesinos, sociedad y académicos contra una voraz industria que busca el control alimentario mexicano.

Una vez que el maíz transgénico se libera al ambiente, se va a cruzar con otros tipos a través del polen, lo que “podría afectar a nuestras variedades nativas de maíz”, y provocaría “que se fueran perdiendo algunas que tuvieran estos genes que no le corresponden”, advierte Michelle Esther Chauvet Sánchez Pruneda, investigadora de Biotecnología y economía agrícola por la UAM Azcapotzalco.

Éste potencial riesgo fue uno de los motivos por los que una de las iniciativas que, el pasado 5 de febrero, el presidente Andrés Manuel López Obrador envió al Congreso para reformar el artículo 4 de la Constitución, en la cual se define al maíz como un “alimento básico y elemento de identidad nacional destinado al consumo humano, [que] debe ser libre de modificaciones genéticas, como las transgénicas. [Por tanto, México] se declara libre de cultivos de maíz genéticamente modificado. [Y] debe priorizarse su manejo ecológico”.

Capital del maíz en riesgo

“El maíz es de polinización abierta”, explica a Contralínea la también doctora en economía por la UNAM, Michelle Chauvet. “Esto quiere decir que una mazorca de maíz se cruza con otra por el viento. En realidad, es un intercambio de polen entre las plantas”, a lo que se conoce como flujo génico; de tal manera que un maíz puede contaminarse con genes que no le corresponden por naturaleza y perder su carácter nativo, con afectación directa a la biodiversidad mexicana de cultivos.

Una de las perspectivas en pro de este tipo de maíz es que “promete ser una tecnología que puede resolver fuertes problemas en la producción de este cultivo, que se exprese en incrementos de productividad y resistencia a plagas”. Sin embargo, añade una publicación de la Revista argumentos ­–de la UAM Xochimilco­­­–, esto presenta un gran desafío para países “que poseen una gran riqueza biológica y una larga tradición cultural en el cultivo del grano, como es el caso de México”.

Diversas investigaciones a nivel internacional coinciden en que el maíz (Zea mays) surgió en México hace 8 mil o 10 mil años. “Este cultivo se originó mediante el proceso de domesticación que llevaron a cabo los antiguos habitantes de Mesoamérica a partir de los ‘teocintles’”, pariente del maíz, cuenta la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad en su página web. “México es el centro de origen del maíz. Aquí se concentra, muy probablemente, la mayor diversidad de maíz del mundo”.

El grano de maíz “es el principal grano cultivado en México” y “se cultiva en todas las entidades del país”, enuncia la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) en el Panorama agroalimentario 2023. En cuatro de las cinco regiones mexicanas es el cultivo dominante. Sólo el sur-sureste tiene otro: la caña.

La centro-occidente fue la región que más maíz produjo en 2022, con 8.46 millones de toneladas (Mt). Por su parte, Sinaloa contribuyó con el 20.8 por ciento del valor total nacional de maíz, con 5.2 millones de toneladas, seguido de Jalisco (3.9 Mt) y Michoacán (2.09 Mt).

Tan sólo en 2020, la población mexicana consumió 19 millones 35 mil toneladas de maíz. Para el “ciclo de mercado 2022/2023”, aumentó en más de 200 mil toneladas, según la “Balanza disponibilidad-consumo” del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) de noviembre de 2023. Además, México tiene un consumo anual per cápita de 196.4 kilogramos, sintetiza la Revista mexicana de ciencias agrícolas, en un artículo de marzo de 2023.

Derechos en contra de los agricultores

Otro tipo de tecnologías en la agricultura se dieron a través de químicos sintéticos –como fertilizantes, herbicidas, plaguicidas y maquinaria– a partir de la llamada revolución verde, surgida en la década de 1940, cuando se pensaba que la crisis alimentaria era por “la escasa producción de alimentos” y, para solucionarlo, se llevó a cabo “el aumento de la productividad mediante el desarrollo tecnológico en la industria agrícola, narra un artículo de la revista Veredas de la UNAM.

Luego de los químicos, llegaron los organismos genéticamente modificados (OGM) –o transgénicos–, resistentes a plagas y herbicidas. A esto se le conoce ‘tecnologías como forma de poder’. “En gran parte tiene que ver con un desarrollo de las tecnologías de punta y más específicamente hablando de la biotecnología moderna, […] desde la primera liberación de un organismo genéticamente modificado en la década” de 1990, dice Arcelia González Merino, doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM.

A pesar de que González Merino no niega que la innovación pueda ayudar, acusa que la agroindustria va “en detrimento de posibles beneficios no solo de pequeños productores, campesinos, sino toda la sociedad en general”, pues se priorizan las ganancias. De igual manera, la innovación “generalmente va asociada a la figura de la patente o derechos de obtentor”, dice a Contralínea la doctora González Merino.

La persona obtentora es aquella “física o moral que mediante un proceso de mejoramiento haya obtenido y desarrollado, una variedad vegetal de cualquier género y especie”, define así la Ley Federal de Variedades Vegetales, publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 25 de octubre de 1996, en el gobierno del priísta Ernesto Zedillo.

Esta ley surgió en el marco de la Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV, por su sigla en inglés), organización intergubernamental creada en 1961 con el fin de “proporcionar y fomentar un sistema eficaz para la protección de las variedades vegetales, con miras al desarrollo de nuevas variedades vegetales para beneficio de la sociedad”, pronuncian en su página web. Actualmente hay 79 miembros, de los cuales México es uno de ellos desde agosto de 1997.

La persona obtentora tiene el derecho de “aprovechar y explotar […] una variedad y su material de propagación, para su producción, reproducción, distribución o venta, así como para la producción de otras variedades vegetales e híbridos con fines comerciales” por sí mismo o de terceros, con una duración de 15 a 18 años según la especie, siempre y cuando sea nueva, distinta en sus caracteres, estable después de reproducirse y homogénea, contempla el documento mexicano. Además, no se requiere el permiso del obtentor para uso de otras personas en investigación, autoconsumo o beneficio propio.

De UPOV hay dos figuras, la de 1978 y 1991. México se encuentra en la primera, aunque “hay ahorita presión para que se adscriba a un sistema de protección más riguroso [el segundo] y que, pues hay problemas justo para los campesinos”, menciona la doctora Arcelia González. En esta nueva extiende el plazo de los derechos de obtentor de 20 a 25 años. “Evidentemente en 20 años ellos ya tienen otra innovación, entonces nunca los alcanzamos”, critica la investigadora.

A partir de esto, se atenta contra la tradición campesina de intercambiar semillas con otras personas o guardarlas para posteriores siembras, agravado aún más porque se corre el riesgo de que sus propios maíces se contaminen con transgénicos y llegue un momento en que utilicen alguna variedad que, por ley, no les pertenece. “Si tenemos presencia de esos transgenes, eso permite que reclamen su propiedad intelectual esas grandes empresas” y cobrar regalías a las y los agricultores, señala la doctora.

En su artículo 48, fracción VII, la ley mexicana indica que se multará con “2 mil a 10 mil días de salario mínimo” por “aprovechar o explotar una variedad vegetal protegida, o su material de propagación, para su producción, distribución o venta sin la autorización del titular”.

A partir del 1 de enero de este año, el salario mínimo se ubicó en 374.89 pesos diarios en la “Zona Libre de la Frontera Norte” y 248.93 pesos para el resto del país. Esto significa que las infracciones podrían ser desde 497 mil 860 pesos hasta 2 millones 489 mil 300 pesos en el resto del país y de 749 mil 780 pesos hasta 3 millones 748 mil 900 pesos en el norte.

“El que tú tengas en tu campo o en tu cosecha una variedad transgénica que no plantaste, no te exime de tener que pagar regalías al propietario de la innovación”, explica González Merino en referencia a la llamada “carga de la prueba”. México, “al ser parte de UPOV, hemos adquirido esas disposiciones también como válidas”.

La también investigadora agrega que este sistema se encuentra “en manos de empresas trasnacionales [como Bayer-Monsanto, Dupont o Syngenta] por un lado y, por otro, también algunos gobiernos de países más industrializados, como Estados Unidos, que han intentado promover, utilizar y apoyar el crecimiento y el desarrollo de la industria”. En México, agrega, “el 80 por ciento de la producción de semillas híbridas está en manos” de estas empresas.

Además, cambió radicalmente quién vende las semillas: ahora lo hacen las empresas. “Históricamente no era así […], ahora este poder tiene que ver con la concentración y que tienen muchas estrategias de control: venden la semilla más el fertilizante más el herbicida. Te venden el paquete completo; entones, esa forma de concentrar todo lo que implica la producción y venta de semillas, hace que ellos tengan todo el poder”, y que atenten contra la seguridad alimentaria, enfatiza la doctora Arcelia González.

Lo anterior se ve reflejado en que México cada vez importa más maíz amarillo (transgénico, usado para alimento de animales y otras industrias) de Estados Unidos, “porque hemos dejado en manos de la iniciativa privada la producción de semillas tan importantes”, agrega la investigadora.

De acuerdo con el SIAP, en 2023 México importó 5 mil 872 millones 512 mil dólares de maíz, superior por más de 100 millones de dólares en comparación con el 2022. En cambio, exportó 107 millones de dólares.

El Panorama agroalimentario 2023 de Sader menciona que Estados Unidos generó en 2022 más de 14 veces en maíz que lo generado en el país, y es el principal productor a nivel mundial. México es el séptimo, con 26 millones 553 mil 239 toneladas. Además, importó más de 17 millones de toneladas. Esto a pesar de que en territorio mexicano se consume 10 veces más maíz que en Estados Unidos.

Revolución sin justicia

En México inició la revolución verde, añade la revista Veredas, “con la fundación del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y el Trigo”. Comenzó a la par una serie de modificaciones legales para adaptar la agricultura mexicana a los intereses de la revolución verde, por lo que el Estado disminuyó cada vez más en sus funciones reguladoras y pasó simplemente a ser un espectador.

En 1996 se creó la Ley Federal de Variedades Vegetales para regular el derecho de obtentor de semillas mejoradas y que no fueran a ser usadas de otra forma que la ley no permitiera, contempla la Revista Agricultura, Sociedad y Desarrollo de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

No fue hasta 2007, en el sexenio de Felipe Calderón, que se modifica la ley de 1996, por la cual “se creó un marco de protección a los derechos de obtentor y se sembraron plantas transgénicas”. Dos años antes, en 2005, con Vicente Fox al mando del Ejecutivo, se creó la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, conocida como “Ley Monsanto”, que, en el papel, buscaba “regular específicamente a las tecnologías transgénicas”.

En entrevista con Contralínea, la activista Montserrat Téllez explica que “esos gobiernos vendieron nuestra agricultura básicamente”. La integrante de la organización Semillas de Vida y de la campaña Sin Maíz No Hay País, detalla que desde la década de 1980 sucedió “un giro de la política agrícola hacia una perspectiva neoliberal […] y se dejó vulnerable al sector campesino, que es el que produce la gran mayoría de nuestros alimentos”.

Contrario a lo anterior, “con este gobierno logró llegar gente, posicionarse en distintos espacios dentro, gente que siempre ha estado en la lucha hace muchos años, y esa gente ha sido muy congruente en su labor. Hemos tenido un conjunto de modificaciones al marco normativo que han generado condiciones distintas de lucha”, afirma la integrante de Semillas de Vida; aunque “no podemos ignorar que hay contradicciones”.
Punto de quiebre

El debate sobre el maíz transgénico explota cuando, en 2001, “se detectó la presencia […] en plantaciones de maíz nativo en la Sierra de Oaxaca” por los investigadores Ignacio Chapela y David Quist, publicado en un artículo de la revista Nature, explica el libro El maíz en peligro ante los transgénicos, publicado en 2013, coordinado por la doctora Elena Álvarez-Buylla, actual titular del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt).

Esto derivó en un informe elaborado por la Comisión para la Cooperación Ambiental, creada por los países del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). “No cabe duda que los transgenes están ya presentes en el maíz mexicano y se propagarán”, confirmó el texto de 2004, el cual agregó que la fuente principal de tal presencia “es el grano cultivado en Estados Unidos”, mismo que se importaba a México sin separación, por tanto, se mezclaba con los nativos.

La importación de maíz transgénico, advierte Montserrat Téllez, es una manera de posible contaminación, pues “el maíz entra en grano, y el grano es también semilla. El grano entra vivo a nuestro país. Eso se suma a que no hay trazabilidad, no hay un seguimiento de qué sucede con ese grano nuevo que entra. Se asume que como aquí somos autosuficientes va hacia la industria pecuaria [o] los ultraprocesados, pero se ha demostrado que sí está en nuestros alimentos”.

Si bien concluyeron que “no existe evidencia empírica alguna que el proceso de producir cultivos genéticamente modificados sea dañino o benéfico en sí para la salud animal o humana”, reconocen que estos “no parecen atender” las necesidades “más urgentes” de los campesinos.

Asimismo, indicaron que “la evaluación del riesgo del maíz transgénico en México está inextricablemente ligada al papel central del maíz en la historia y cultura mexicana”, tanto en creencias como valores “culturales, simbólicos y espirituales” que no se presentan en Canadá ni en Estados Unidos.

Se debe considerar “socialmente aceptable” la protección “al campesinado y sus variedades tradicionales de maíz […], resulta claro que la reducción máxima de los riesgos de la introgresión de transgenes en las razas locales de maíz mexicano se lograría mediante la prohibición total de la importación de organismos vivos modificados en la forma de maíz transgénico”, a pesar de sus costos “inaceptablemente elevados”, sugiere el informe.
La presencia se mantiene

En 2019, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), publicó un informe acerca de una revisión de los maíces transgénicos en México. De cinco estados de la República (Veracruz, Oaxaca, Ciudad de México, Michoacán y Chiapas), regiones “que cuentan con la mayor diversidad de maíces”, obtuvieron 1 mil 580 muestras de ADN para revisión.

De éstas, 1 mil 455 (es decir, el 92.1 por ciento) dieron negativo a “presencia de transgenes”; el restante 7.9 por ciento (125 muestras) dio positivo “para tres eventos: MON810, NK603 y TC1507”, describió la investigación. Del total de las positivas, 58 provenían de Chiapas, 13 en Veracruz, 11 en Oaxaca, siete en Michoacán y seis de la Ciudad de México.

“A nivel mundial existen 229 eventos transgénicos de maíz aprobados para consumo humano y animal, de los cuales el 51.52 por ciento (118 eventos) contienen al menos alguno de los eventos transgénicos analizados en este trabajo”, los cuales también son los más comunes a ser encontrados en alimentos procesados, explicó el texto del INECC.

México no necesita maíz transgénico

En el país se han autorizado dos tipos de transgénicos de maíz. El primero “tiene el gen de la bacteria Bt (Bacillus thuringiensis) que hace que la planta produzca la toxina Bt, que funciona como insecticida”, contra plagas, explica Greenpeace México en un documento junto a la Universidad Autónoma de Chapingo (UAC). El segundo funciona para resistir a herbicidas, como el MON87429.

Las y los campesinos “siembran en el periodo otoño-invierno. No hay tantas hierbas porque no hay las condiciones, entonces el maíz resistente a herbicidas no nos viene a funcionar, y el resistente a plagas tampoco porque, por el invierno, pues tampoco hay plagas”; es por eso que México no necesita de maíz transgénico, aclara la doctora Michelle Chauvet.

“Este maíz que es resistente a este insecto pues no es funcional, porque realmente en México no tenemos ese problema tan grave de esa plaga como en Estados Unidos, donde sí es una plaga muy importante”, concuerda Beatriz Rendón Aguilar, doctora en Ecología por la UNAM.

Por otra parte, “si en el norte se autoriza la siembra de eventos transgénicos para forraje [alimento de animales], pues obviamente no les va a servir la línea transgénica que tiene que ver con gusano, porque se supone que nunca va a llegar a la reproducción de maíz”, añade la doctora en entrevista para Contralínea.

En cambio, “las variedades nativas sobresalen por su resistencia a entornos adversos y otras características como sus colores, texturas y contenido de nutrientes, por ello es importante fomentar su producción y la adopción en su cultivo de prácticas agronómicas sustentables que contribuyan a obtener mejores rendimientos”, sugiere la Sader.
Tensa calma en tribunales

Ante la presión de “corporaciones productoras de semillas transgénicas”, en 1995, científicos del Comité Nacional de Bioseguridad Agrícola (CNBA) “encargados de aprobar los permisos de siembra, propusieron una moratoria de facto a la siembra experimental y comercial de maíz transgénico”, explicaba la revista Metodhos, de la Comisión de Derechos Humanos del entonces Distrito Federal.

Esta moratoria la retomó la hoy extinta Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) a finales de 1998 y se extendió hasta el 6 de marzo de 2009, cuando se reforma la Ley de Bioseguridad y se permite entonces “la entrada de maíz transgénico a suelo mexicano”. Enseguida se dieron 24 permisos en 24 localidades de estados como Sinaloa, Sonora, Chihuahua y Tamaulipas “para experimentar con maíz transgénico”, continúa el texto.

El 8 de marzo de 2011, Sagarpa “otorgó a Monsanto el primer permiso para la siembra piloto de maíz amarillo transgénico (MON603) en una superficie menor a una hectárea” entre Tamaulipas y Nuevo León, advierte la revista. Para 2012 ya eran 248 permisos, de los cuales se aprobaron 195, añade el Laboratorio de estudios sobre empresas transnacionales de la UNAM.

Tal escalada en favor de los intereses del capital urgió a la sociedad organizada a realizar una demanda colectiva. Cincuenta y tres personas ­–desde campesinos hasta investigadores– demandaron el 5 de julio de 2013 a Sagarpa, Semarnat (Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales), “así como [a] empresas transnacionales que buscaban instalarse junto a sus transgénicos en México”.

La demanda buscaba, de acuerdo con la colectiva Semillas de Vida en su página web, la declaración de que “se han liberado al ambiente de forma voluntaria o involuntaria organismos genéticamente modificados de maíz en lugares no permitidos y en actividades no autorizadas”.

De igual manera, que esos OGM afectan “al derecho humano de conservación, utilización sostenible y participación justa y equitativa de la diversidad biológica de los maíces nativos ya que sobrepasa los límites permitidos por la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (LBOGM)”; y que “con mayor razón se afectará la agrobiodiversidad si se liberan a gran escala maíces transgénicos”, puntualiza el texto.

Por tanto, se pretendía que “con base en las propias leyes se nieguen los permisos de liberación o siembra de maíz transgénico en todo el país”, explica la colectiva. Esto a través del juzgado federal doceavo de Distrito en materia Civil del Distrito Federal.

El Consejo de la Judicatura, en el documento DGCS/NI: 41/2013, fechado el 14 de octubre de 2013, confirmó que el 17 de septiembre de ese año, se ordenó a las secretarías “abstenerse de realizar actividades tendentes a otorgar permisos de liberación al ambiente de Organismos Genéticamente Modificados del maíz”, así como liberación comercial, piloto y experimental “sin que esta medida implique revocar los ya dictaminados o concedidos”.

“Esta decisión es en tanto el juicio no acabe”, explica Montserrat Téllez. Entonces [la lógica fue]: como la materia del juicio puede verse afectada si no ponemos este freno, cuando terminemos el juicio ya va a estar contaminado todo el maíz si permitimos que siembre”.

El 13 de octubre de 2021 se negaron cuatro amparos promovidos por Monsanto, Syngenta, Dow AgroSciences y PHI México en la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por unanimidad. El amparo en revisión era el 1023/2019.

El 4 de enero de este año, la Suprema Corte votó en contra de “la resolución de un juicio de amparo a favor de la empresa Bayer-Monsanto contra el decreto presidencial para la sustitución progresiva del uso de glifosato y prohibición de maíz transgénico, presentado por el magistrado Ricardo Gallardo Vara”, lo cual celebró la colectiva.

Sin embargo, la integrante de Semillas de vida alerta que también “el año pasado se dio una primera decisión del juez en la que pues no se nos da la razón a la colectividad demandante”. Y, si bien fueron a otra instancia, tampoco les favoreció la decisión. “Ahora vamos a ver cómo nos va. Se está dando la lucha en otra instancia” junto a un grupo de abogadas y abogados que apoyan.

“Debemos seguir […] apoyando esta demanda de los pequeños productores y de los campesinos para que el maíz se declare casi como un cultivo de seguridad nacional y la base de la alimentación, que lo es, y por lo mismo cuidarlo”, indica la doctora Arcelia González Merino.
La lucha trasciende fronteras

El 31 de diciembre de 2020, el presidente publicó un decreto en el DOF con el fin de establecer los lineamientos de las dependencias para sustituir gradualmente el uso de glifosato y la siembra de maíz transgénico en México, así como su consumo en personas con fecha límite al 31 de enero de 2024.

Para el 13 de febrero de 2023, se remplazó con otro decreto que agrega la prohibición de la importación de ambas tecnologías, sólo que en el caso de maíz transgénico se permite el destinado para alimentación animal y uso industrial, con la promesa de que desaparezca gradualmente; esta vez se fijó el plazo límite al 31 de marzo de 2024. No cumplieron con las fechas establecidas.

A nivel nacional ocasionó una serie de amparos. “Buscaban que el decreto fuera declarado inconstitucional y quedara sin efectos”. Uno fue por parte de Semillas y Agroproductos Monsanto y Monsanto Comercial, filiales de la transnacional Bayer, explica Conahcyt en su comunicado 544, de junio pasado.

El instituto aportó evidencia científica en favor de la postura del gobierno mexicano. Luego de disputas legales, Monsanto Company desistió de la demanda, lo que significó un triunfo “a favor de la vida, la salud, la naturaleza, la riqueza biocultural y la soberanía alimentaria”, celebró Conahcyt.

A nivel internacional, el decreto llevó Estados Unidos a comenzar una controversia en un panel del T-MEC, principalmente por el tema de la prohibición de maíz transgénico en tortillas y masa, bajo el argumento de que las acciones de México “carecen de evidencia científica” y no están acorde los lineamientos del Tratado, así como afectan a los agricultores estadounidenses. Tal controversia comenzó otra etapa a finales de junio pasado.

“Para nosotras, esta controversia es una expresión más de que las grandes corporaciones van por todo. No van a dar ni un paso atrás en su afán imperialista de controlar por completo el mercado de maíz en nuestro país a través de los genéticamente modificados”, exhibe Montserrat Téllez.

5.7.24

Los primeros tropiezos en la guerra de la tortilla con México

Ernesto Hernández López*
   

La semana pasada comenzó una batalla internacional por la tortilla. EU afirma que el gobierno mexicano viola obligaciones comerciales

Estados Unidos ignora las cifras comerciales y tergiversa la política mexicana sobre el maíz.

La semana pasada comenzó una batalla internacional por la tortilla. Por un ingrediente fundamental de los tacos, Estados Unidos inició una disputa comercial con México.

En 2023, mediante un decreto, el gobierno mexicano prohibió el maíz modificado genéticamente (OMG) para consumo humano. Estados Unidos afirma que esto viola las obligaciones comerciales. Preocupado por sus exportaciones de maíz transgénico, formó un panel comercial en el marco del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-mec). La semana pasada se celebraron audiencias durante dos días.

Incluso antes de esto, la controversia estaba sobrecargada; era un lío chapucero. Hasta la fecha, los documentos jurídicos presentados por Estados Unidos y México contienen 586 páginas, 758 pruebas documentales y casi 2 mil notas a pie de página.

Asimismo, los argumentos abarcan más de 20 disposiciones del T-mec y varios anexos. Canadá y las organizaciones no gubernamentales han aportado documentos adicionales. Es difícil de seguir, ya seas un experto en comercio, un científico o simplemente te preocupe la seguridad alimentaria.

La postura estadunidense tiene dos puntos débiles: errores económicos y tergiversaciones sobre el decreto. Se trata de fallas básicas, propias de una clase de introducción al Comercio Internacional, sobre lesiones y política. Las torpezas sobresalen de la jerga jurídica y científica de los expedientes. Estados Unidos debería abandonar el caso.

Un buen lugar para empezar a entender la lucha es el propio decreto. El artículo sexto prohíbe el maíz transgénico para consumo humano, definido precisamente como ingrediente para tortillas o masa. Detiene las aprobaciones de maíz transgénico para estos dos productos; eso es todo. El decreto es explícito al no tocar los OGM para alimentación animal o uso industrial; mercados a los cuales los productores estadunidenses exportan principalmente.

Las motivaciones del decreto incluyen la protección de la salud humana, la biodiversidad y la seguridad alimentaria. La prohibición responde a los riesgos del glifosato, un herbicida necesario para cultivar maíz transgénico. El mismo es considerado como una causa probable de cáncer por las agencias sanitarias internacionales y los tribunales estadunidenses.

Además, México es el centro de origen y diversidad del maíz, una designación científica que indica una vulnerabilidad genética extrema. En 2021, el Tribunal Supremo de México dictaminó que los OMG amenazan con dañar esta biodiversidad. Más inmediato, el maíz proporciona la mitad de la ingesta diaria de proteínas de los ciudadanos.

Con el artículo sexto, el gobierno reduce estas amenazas al prohibir los OMG en las tortillas y la masa que comen millones de personas cada día. Por estos riesgos científicamente establecidos, adaptó el decreto para que sólo afectara a dos alimentos básicos.

De igual manera, Estados Unidos ignora las cifras económicas recientes. Las importaciones mexicanas de maíz han aumentado desde el decreto. La semana anterior a las audiencias, el Departamento de Agricultura estadunidense informó sobre un “récord” de exportaciones para 2023 y 2024. Asimismo, prevé tendencias similares para el próximo año. Esto confirma los informes anteriores que citaban aumentos del 20 por ciento.

En pocas palabras, el decreto no tiene ninguna repercusión real en el comercio de maíz. ¿Por qué? Porque, en su inmensa mayoría, los agricultores estadunidenses exportan maíz para la alimentación animal y no para el consumo humano. Seamos claros, Estados Unidos lucha a medida que aumentan las exportaciones; no tiene sentido.

Además, tergiversa el decreto. Argumenta que México impone una “prohibición de la tortilla de maíz”, lo cual es falso. Sólo suspende las autorizaciones para el consumo humano; el maíz transgénico puede seguir importándose.

México describe esto como una “limitación de uso final”, ya que regula cómo se utiliza el maíz transgénico, lo cual se aplicaría a cualquier lugar, incluidas las granjas nacionales.

Además, Estados Unidos exagera lo que hace el decreto. Asimismo, discute sobre cuestiones que no vienen al caso. Lo que denomina “instrucciones de sustitución” para obligar a sustituir el maíz OGM en la alimentación animal. La queja es que las instrucciones no son claras.

Problema: el decreto no obliga a la sustitución. Lo que hace es describir las acciones futuras y los requisitos previos necesarios, con el objetivo de sustituir los piensos modificados genéticamente.

El artículo séptimo dice que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) seguirá aprobando el maíz transgénico en la alimentación animal, siempre y cuando no sea para tortillas. Aclara que las dependencias federales llevarán a cabo cualquier posible sustitución. Implícitamente, los gobiernos estatales no tienen ningún papel.

El artículo octavo explica los elementos necesarios antes de cualquier sustitución. También, designa los parámetros para sustituir el maíz OGM para animales. Las condiciones previas incluyen determinar la seguridad alimentaria nacional y cualquier impacto en la salud humana. En dos presentaciones, México explica que los prerrequisitos no se han dado. Por lo tanto, no ha fijado ninguna fecha para la sustitución, y mucho menos ninguna orientación.

El decreto no exige en ninguna parte alternativas a los OMG; no afecta al maíz para el ganado. Las quejas estadunidenses no dan en el blanco.

La disputa acaba de empezar a calentar el comal. El informe final del panel llegará en noviembre. Hasta entonces, espere un lío con más argumentos científicos y jurídicos amontonados. En términos más sencillos, Estados Unidos ignora la realidad comercial y tergiversa el decreto. Errores básicos que agravan los obstáculos en las normas de seguridad alimentaria del T-mec.

Esto debería inspirar resolución frente a la repetición de derrotas comerciales para Estados Unidos. Los agricultores estadunidenses y los consumidores mexicanos merecen algo mejor. Poner fin a la disputa asegura un comprador de maíz en un país vecino y promueve la salud pública en México. El rumbo actual sólo produce incertidumbre.

*Profesor de la Facultad de Derecho, de Chapman University, en California, Estados Unidos; investigador de derecho internacional privado

1.3.24

La ciencia justifica la precaución de México sobre el maíz transgénico

Lucy Sharratt

El propósito de las restricciones del maíz genéticamente modificado en México es salvaguardar la integridad del maíz nativo de la contaminación y proteger la salud humana. Lo que busca la impugnación estadounidense y canadiense es defender los intereses de la industria biotecnológica


CIUDAD DE MÉXICO. -En México, un decreto presidencial ha prohibido el uso de maíz genéticamente modificado (GM) para fines alimenticios, pero los gobiernos de Estados Unidos y Canadá están utilizando el acuerdo comercial (T-MEC) para impugnar estas acciones.

El propósito de las restricciones del maíz GM en México es salvaguardar la integridad del maíz nativo de la contaminación GM y proteger la salud humana. Lo que busca la impugnación estadounidense y canadiense es defender los intereses de la industria biotecnológica.

Estados Unidos y Canadá quieren obligar a México a abrir su mercado a todos los alimentos y semillas genéticamente modificados. Canadá respalda la impugnación de EE.UU. (como tercero en la controversia) a pesar de que no exporta maíz a México.

México tiene derecho a restringir el uso del maíz GM. Los Estados Unidos argumentan que las acciones de México no tienen fundamento científico, pero el gobierno cuenta con vasta evidencia científica para justificar sus políticas precautorias.  

Nuestra organización, la Canadian Biotechnology Action Network(Red Canadiense de Acción Biotecnológica), es una amplia red de grupos de agricultores y ecologistas que lleva 15 años vigilando los OGM, y apoyamos las restricciones de México. Fuimos uno de los dos grupos canadienses autorizados para enviar comentarios de expertos sobre los riesgos del maíz GM al panel de arbitraje en esta controversia. Sin embargo, en enero, a petición del gobierno de EE.UU. y con apoyo de Canadá, se les retiró la invitación a los grupos canadienses, basándose en la cuestión técnica de que la controversia es sólo entre EE.UU. y México.

Aun así, publicamos nuestro análisis para demostrar que la restricción de México está sustentada científicamente. Las investigaciones siguen encontrando indicios de daños potenciales para los seres humanos por el consumo de maíz GM resistente a los insectos. La ciencia también sigue advirtiendo acerca de los efectos que la exposición al herbicida glifosato, utilizado en la producción de maíz GM, puede tener en la salud.

La mayoría de las plantas de maíz GM están modificadas genéticamente para matar plagas de insectos. Las plantas GM expresan una toxina de la bacteria del suelo Bacillus thuringiensis (Bt), la cual se sabe que daña los intestinos de determinados tipos de insectos, pero no todos. Los agricultores han utilizado Bt en aerosol durante mucho tiempo para matar a las plagas, pero las toxinas Bt en los cultivos GM son diferentes de las Bt naturales en cuanto a estructura, función y efectos biológicos. De hecho, los estudios revisados por pares en la bibliografía científica demuestran que las toxinas Bt utilizadas en las plantas GM pueden dañar especies de insectos que no son sus objetivos previstos.

Prueba tras prueba quedan demostrados los impactos negativos del Bt donde se suponía que no los había. Por ejemplo, los resultados de una prueba publicada en 2023 por investigadores de Brasil y Colombia, apoyados por el gobierno de Brasil, encontraron [LS1] que el Bt había tenido muchos impactos significativos en la salud de las avispas, afectando incluso a la siguiente generación. Investigadores académicos de China y Pakistan también encontró una menor diversidad en el microbioma del intestino de las arañas lobo expuestas al Bt. Esto se suma a otra prueba de laboratorio publicada en 2023, financiada por el gobierno francés, que encontró que una toxina Bt en particular altera el crecimiento y funcionamiento normal de las células intestinales en las moscas de la fruta, lo que plantea la posibilidad de que las toxinas Bt puedan dañar el revestimiento intestinal de los animales, incluidos los humanos.

Además de estos resultados, varios [LS2] ensayos de alimentación en animales de laboratorio también muestran que las toxinas Bt y los cultivos Bt GM pueden tener efectos tóxicos en los mamíferos. Se han observado diversos efectos tóxicos e indicios de toxicidad en sangre, estómago, intestino delgado, hígado, riñón, bazo y páncreas, así como respuestas inmunitarias, aunque el mecanismo no se ha dilucidado a partir de estos estudios. Resulta un tanto grave que los gobiernos de Estados Unidos y Canadá no exijan estudios sobre alimentación animal para demostrar la seguridad de los alimentos genéticamente modificados. De hecho, existen muy pocas pruebas multigeneracionales y a largo plazo en animales en la bibliografía científica.

Pero la toxicidad de las Bt no es el único problema de seguridad. La producción de maíz GM también está vinculada al uso de glifosato y otros herbicidas relacionados con graves problemas de salud, como enfermedades neurológicas y algunos tipos de cáncer. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud clasifica el glifosato como “probable carcinógeno humano” y, como lo demuestran las demandas exitosas contra Bayer/Monsanto, existe amplia evidencia de que la exposición directa a herbicidas a base de glifosato puede derivar en linfoma no Hodgkin en específico. En esencia, la evidencia también señala el peligro de la exposición a residuos en los alimentos, que es la preocupación destacada por México en relación con el maíz GM.

Esta preocupación es particularmente apremiante porque los mexicanos comen más maíz que nadie en el mundo, en gran parte a manera de harina mínimamente procesada para hacer tortillas. Se trata de una forma de comer maíz GM totalmente diferente a la dieta de ingredientes de maíz en alimentos altamente procesados que se acostumbra en EE.UU. y Canadá. La particular exposición dietética de México al maíz GM requiere que este país determine su propio “nivel aceptable de protección” frente a los riesgos.

En su presentación frente al panel del litigio comercial, el gobierno estadounidense sostiene que no se han encontrado efectos adversos para la salud de los consumidores. No obstante, al no haber un seguimiento de los alimentos modificados genéticamente, no existe fundamento científico para hacer esta afirmación. No se han realizado estudios posteriores a la comercialización en poblaciones de seres humanos para determinar si se han presentado efectos adversos para la salud y, sin un seguimiento o etiquetado de los alimentos GM, dichos estudios no son factibles.

EE.UU. y Canadá argumentan esencialmente que, si ellos han decidido que un alimento modificado genéticamente es seguro, entonces México debería estar de acuerdo.

A principios de marzo se publicará la defensa formal de México para la restricción del maíz GM como parte del proceso de litigio comercial. Poco después escucharemos los argumentos de ocho grupos no gubernamentales autorizados para enviar comentarios. Esos documentos deberían explicitar que las restricciones a este tipo de maíz por parte de México están sustentadas por la ciencia y tienen justificación para defender el futuro del maíz y proteger la seguridad alimentaria.

La Unión Europea contra los campesinos

En toda la Unión Europea, los campesinos se levantan contra la Política Agrícola Común (PAC) a pesar de que esa política los subvenciona. Los gobiernos les responden con medidas de ajuste, simplificando los trámites burocráticos y con discursos para animarlos. En realidad, los gobiernos nacionales son impotentes ante una estructura concebida para aplicar una ideología que resulta absurda.

Desesperación y cólera de los campesinos europeos

En toda Europa occidental y central, los campesinos están protagonizando manifestaciones. Primero fue en Países Bajos, en Italia, Suiza y Rumania. Ahora está sucediendo en España, en Francia, Alemania y Polonia. Esta revuelta campesina a escala continental se levanta contra la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea.

En el momento de la firma del Tratado de Roma, que instituyó la Comunidad Económica Europea, en 1957, los 6 Estados fundadores (Alemania Occidental, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos) aceptaron el principio de la libre circulación de las mercancías. Renunciaban así a toda posibilidad de adoptar políticas agrícolas nacionales.

Para garantizar ingresos a los campesinos, los países instauraron entonces una política agrícola común. Según los Estados miembros se asigna una ayuda de la Unión Europea a las regiones, que a su vez reparten esa ayuda entre los agricultores o la entregan directamente a quienes explotan las tierras –como en el caso de Francia. Este es el «Primer Pilar». La Comisión Europea establece además normas de producción para mejorar la calidad de vida de las poblaciones rurales y la calidad de lo que producen. Este es el «Segundo Pilar».

El Primer Pilar no aguantó la ampliación de la Unión Europea, ni el paso al libre intercambio global –la Unión Europea se hizo miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995– que se tradujo en un desmesurado aumento de las subvenciones de la UE.

El Segundo Pilar fue pulverizado por el Pacto Verde para Europa (instaurado en 2019) que tiene como objetivo hacer bajar la temperatura del planeta limitando las emisiones de gases de efecto invernadero.

A falta de una PAC global, no hay solución posible para el fracaso del Primer Pilar –el principio anglosajón de libre intercambio global es incompatible con el libre intercambio europeo, compensado este último por la PAC europea. Los precios mínimos de los productos agrícolas, tal y como han sido anunciados por diferentes ejecutivos nacionales, no salvarán a los campesinos. Al contrario, acabarán con ellos en la medida en que se sigan aceptando productos importados mucho más baratos.

En cuanto al Segundo Pilar, su objetivo ya no es político sino ideológico. En efecto, la afirmación según la cual el calentamiento climático no es local sino global no está confirmada por los registros sobre las temperaturas. Y la afirmación según la cual el calentamiento global no proviene de factores astronómicos sino de la actividad humana no resiste al rigor del debate científico.

Es importante recordar que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIEC) no es un grupo de científicos sino un conjunto de altos funcionarios –sólo algunos son científicos, pero figuran en el GIEC como altos funcionarios. De hecho, el GIEC fue creado en 1988 por iniciativa de la jefa del gobierno británico, Margareth Thatcher, para justificar en su pais la transición del carbón al petróleo y, después, el paso a la energía nuclear [1]. Las conclusiones del GIEC, aprobadas por los gobiernos que tienen la posibilidad de pasar a la energía nuclear, fueron enérgicamente rechazadas por importantes círculos científicos, como la prestigiosa Academia de Ciencias de la Federación Rusa [2]. El supuesto «consenso científico» sobre el cambio climático es tan inexistente como la famosa «comunidad internacional» que emite “sanciones” contra Rusia. En todo caso, lo que sí es seguro es que la ciencia no funciona “por consenso” sino a través del conocidísimo sistema que combina la experimentación y el error.

Los intentos de desarrollar un “turismo verde” en las zonas rurales no salvarán a los campesinos. En el mejor de los casos les permitirían atraer algunos turistas para alquilarles habitaciones en sus granjas… durante algunas semanas al año. El problema no es cambiar de actividad sino permitir a los campesinos vivir decentemente y alimentar a las poblaciones de sus países.

Los campesinos del centro y del este de Europa dependen hoy de las subvenciones que reciben de la Unión Europea. No se oponen a la UE, que les permite sobrevivir, pero denuncian las contradicciones de esa entidad que los ahoga. No se trata entonces de abrogar este o aquel reglamento sino de decidir qué tipo de Europa se quiere construir.

Las próximas elecciones europeas están previstas para junio. De esa consulta saldrán los diputados que representarán a los países en el Parlamento Europeo, los únicos cargos que se someten al veredicto de las urnas en la pesada maquinaria europea. En efecto, el Consejo Europeo se compone de los jefes de Estado y/o de gobierno, que no son electos en el marco de una elección europea, y la Comisión Europea ni siquiera se somete a elecciones, sólo representa los intereses de los “padrinos” de la UE.

Los diferentes proyectos de la construcción europea

Para entender este extraño sistema, y eventualmente modificarlo, es importante que nos remontemos a su origen –entre el corto periodo que separó las dos Guerras Mundiales (1918-1939) y el periodo inmediato al fin de la Segunda Guerra Mundial (1945-1957) hubo 6 proyectos diferentes de unión entre países.

1- El primero llegó del brazo de los republicanos radicales y proponía una unión entre Estados administrados por regímenes comparables. Se hablaba entonces de unir países de Europa y de Latinoamérica gobernados como Repúblicas. Las Repúblicas y las Monarquías no se definían en términos de elección y de sucesiones dinásticas (En Francia, el rey Enrique IV (1589-1610) se había descrito a sí mismo como un “republicano” en la medida en que no actuaba según los intereses de la nobleza sino en función del Bien Común). Nuestra definición de Repúblicas y Monarquías data de la aparición de las Democracias (el gobierno del Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo). Y se focaliza en las reglas que rigen la designación de los dirigentes… en vez de concentrarse en lo que hacen esos dirigentes. Por ejemplo, comúnmente se considera que el Reino Unido contemporáneo es más democrático que Francia y no se tienen en cuenta los increíbles privilegios de la nobleza británica, privilegios que se ejercen en detrimento del pueblo.
En aquel primer proyecto de unión, la Argentina de Hipólito Yrigoyen –Argentina era entonces la principal potencia económica de las Américas– se habría codeado con la Francia de Aristide Briand –cuyo Imperio abarcaba territorios en todos los continentes.
El hecho que se tratara de Repúblicas que ni siquiera estaban en el mismo continente no asustaba a nadie. Al contrario, eso garantizaba que la unión propuesta nunca se transformaría en una estructura supranacional sino que seguiría siendo un órgano de cooperación entre Estados.
Aquel primer proyecto se hundió debido a la crisis económica de 1929 y el subsiguiente ascenso del fascismo, alimentado precisamente por aquella crisis económica.

2- El segundo proyecto buscaba la creación de una unión que garantizaría la paz. El ministro de Finanzas de Francia, Louis Loucheur, aseguraba que Alemania y Francia ya no podrían guerrear entre sí si se unían en un solo complejo militaro-industrial [3].
Aquel proyecto se realizó, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los anglosajones decidieron favorecer el rearme alemán. En 1951, Robert Schumann, quien había sido ministro en el régimen de colaboración con los nazis instaurado en Francia por el mariscal Philippe Petain, creó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA).
La CECA expiró en 2002 y fue integrada, mediante el Tratado de Niza, a la Unión Europea.

3- El tercer proyecto de unión contiene elementos de los dos anteriores. Fue redactado por el conde austrohúngaro Richard de Coudenhove-Kalergi y se trataba de unir todos los Estados del continente europeo –exceptuando el Reino Unido y la URSS– en el seno de una “PanEuropa”. En un primer momento habría sido una federación comparable a Suiza, pero acabaría convirtiéndose en una entidad supranacional, según el modelo de Estados Unidos y de la URSS de los tiempos de Stalin –que defendía las culturas de las minorías étnicas [4].
Ese proyecto llegó más o menos a realizarse con el apoyo de Estados Unidos. Así se creó, en 1949, el Consejo de Europa [no confundir con el Consejo Europeo]. Si escribo que se realizó «más o menos» es porque el Reino Unido es miembro fundador del Consejo de Europa, algo que no estaba previsto inicialmente.
El Consejo de Europa elaboró una Convención de Salvaguardia de los Derechos de los Derechos Humanos y de las Libertados Fundamentales (CSDHLF) y se dotó de un Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), que debía encargarse de velar por la aplicación de la Convención.
Pero, a partir de 2009, numerosos magistrados de ese Tribunal comenzaron a ser “apadrinados” –por no decir sobornados– por el multimillonario estadounidense Georges Soros. Y comenzaron entonces a “interpretar” la Convención de una manera que modifica la jerarquía entre las normas. Por ejemplo, esos magistrados afirman hoy que los tratados internacionales sobre el salvamento marítimo –donde se estipula que los náufragos deben ser trasladados al puerto más cercano– no prevalecen ante el derecho de los migrantes a presentar solicitudes de asilo político en Europa.
Actualmente, ese Tribunal juzga, en ausencia, y condena sistemáticamente a la Federación Rusa, que ya ni siquiera es miembro del Consejo de Europa.

4- El cuarto proyecto de unión, el «Nuevo Orden Europeo», fue el que el III Reich quiso imponer a partir de 1941. Se trataba de unir el continente europeo distribuyendo su población, por regiones, según criterios lingüísticos. Cada lengua regional, como el bretón [5], tendría su propio Estado. Por supuesto, el Estado más importante habría sido el de la lengua alemana, que abarcaría Alemania, Austria, Liechtenstein, Luxemburgo, la Suiza germánica, el Tirol italiano, los Sudetes checoslovacos, los Cárpatos eslovacos, la región rumana de Banat, etc. Además, en aplicación de criterios raciales, ciertas poblaciones –los judíos, los gitanos, y los eslavos– serían “reducidas”, numéricamente hablando, y sus miembros serían utilizados como esclavos.
Este proyecto se negoció inicialmente entre el canciller alemán Adolf Hitler y el Duce Benito Mussolini a través del jurista alemán Walter Hallstein y llegó a realizarse parcialmente durante la Segunda Guerra Mundial. Pero se derrumbó con la caída del III Reich.

5- El quinto proyecto fue formulado, en 1946, por el ex primer ministro británico Winston Churchill [6]. Su objetivo era reconciliar a los franceses y los alemanes ir marginar a los soviéticos. Ese proyecto está inscrito en la visión de la Carta Atlántica (1942). Según ese documento, el mundo de la postguerra debía ser gobernado conjuntamente por Estados Unidos y el Imperio británico. Ese proyecto corresponde incluso a la visión que tiene el Reino Unido de su propio predominio sobre el resto de la Commonwealth. En la dirección del Atlántico, Reino Unido desarrolla una relación privilegiada con Estados Unidos. En la dirección continental, ejerce un papel de supervisor sobre Europa, sin considerarse parte de ella.
Winston Churchill inició varias instituciones al mismo tiempo. Y, en definitiva fue ese el proyecto que se concretó primero, en 1957, bajo la denominación de Comunidad Económica Europea (CEE) y después pasó a llamarse Unión Europea (UE). Ese proyecto toma elementos de 3 de los proyectos anteriores, no contiene ningún elemento de la Unión de Repúblicas.
Los anglosajones siempre han controlado la CEE-UE a través de la Comisión Europea. Es por eso que los miembros de la Comisión no se someten a una elección, son designados y nominados. Por cierto, Londres impuso como primer presidente a Walter Hallstein, el ex consejero de adol Hitler para los asuntos europeos.
Por otro lado, la Comisión disponía inicialmente del poder legislativo, que ahora comparte con el Parlamento Europeo, y utiliza ese poder para proponer normas que el Parlamento Europeo puede aprobar o rechazar. Todas esas normas reproducen al pie de la letra las normas de la OTAN, que, a pesar de la creencia generalizada, no se ocupa solamente de la defensa sino de la organización de las sociedades. Las oficinas de la OTAN, inicialmente en Luxemburgo y actualmente en Bruselas, al lado de la sede de la Comisión Europea, transmiten a esta última sus directivas, que van desde el ancho de las carreteras –para permitir el paso de los blindados de la alianza– hasta la composición del chocolate –conforme a las raciones de los soldados.

6- El sexto proyecto fue desarrollado por el presidente francés Charles de Gaulle, en respuesta al proyecto de los británicos. Se planteaba la construcción de una institución, la “Europa de las Naciones”, que no sería federal sino confederal. Charles de Gaulle deploró el Tratado de Roma, pero lo aceptó. En 1963 y 1967 impidió la incorporación del Reino Unido. Precisó que si había que ampliar la unión tendría que ser «de Brest a Vladivostok», o sea sin el Reino Unido pero con la Unión Soviética. Lo más importante es que Charles de Gaulle luchó con el máximo denuedo para lograr que las decisiones que podían influir sobre la seguridad nacional sólo pudiesen adoptarse por unanimidad.
La visión de Charles de Gaulle se fue con él. En 1973, Reino Unido se convirtió en miembro de la Comunidad Económica Europea y en 2020 abandonaron la Unión Europea. Pero Rusia nunca fue invitada a ser miembro de la unión y actualmente la Unión Europea acumula los paquetes de “sanciones” contra ese país. Como colofón, la reforma de los tratados de la UE incluye un cambio fundamental: que los temas de seguridad se aprueben por mayoría calificada.

¿Y cómo quedan los campesinos en todo esto?

Ante el panorama de la Política Agrícola Común que se describe más arriba, nada, en las estructuras de la Unión Europea, anunciaba la actual crisis. La causa de esa crisis es la ideología británica inconfesa de la Unión Europea.

Al convertirse en miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Unión Europea abandonó, pero sin decirlo, la libre circulación europea y pasó a la libre circulación global. Al dar ese paso, inscrito en su ADN, la Unión Europea seguía el objetivo de Winston Churchill. Las ayudas de la Unión Europea nunca podrán compensar la competencia extranjera, que obedece a otras reglas. Poco a poco nos dirigimos hacia una especialización del trabajo a escala global. El espacio de los campesinos europeos en esa especialización del trabajo a escala global será cada vez más reducido y llegará el día en que el comercio internacional se verá interrumpido y en que los europeos se verán obligados a reconstruir su agricultura o morirse de hambre.

Idénticamente, el Pacto Verde para Europa, formulado por la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no es una respuesta al cambio climático sino a la ideología construida alrededor de esa cuestión. Con el Pacto Verde para Europa, la Unión Europea se implica en el programa de la ex jefa de gobierno británica Margaret Thatcher. El objetivo ya no es producir más con una industria y una agricultura fuertes sino con… servicios financieros. En Reino Unido esa política ha traído prosperidad únicamente a la minúscula City of London, pero ha ocasionado el derrumbe económico del Gran Manchester.

Para salvar a los campesinos europeos no basta con oponerse a la deriva supranacional de la Unión Europea. Primero que todo habrá que liberar a la UE de su ideología. Pero esa ideología no proviene de los tratados fundacionales. Es resultado de la historia misma de la Unión.

 
 

[1«1982-1996: La ecología de mercado», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia), Red Voltaire, 25 de abril de 2010.

[2Voltaire, actualité internationale - N°44 - 9 de junio de 2023

[3Carnets secrets, 1908-1932, Louis Loucheur, Brepols, 1962.

[4Praktischer Idealismus, Richard de Coudenhove-Kalergi, 1925. Se publicó en francés bajo el título Idéalisme Pratique: Le plan Kalergi pour détruire les peuples européens, Omnia Verita, 2018.

[5Se refiere a la lengua regional de la Bretaña francesa. Nota del Traductor.

[6«Discours de Winston Churchill sur les États-Unis d’Europe», por Winston Churchill, Réseau Voltaire, 19 de septiembre de 1946.

30.7.22

Engordar con el hambre

Persiste la ola de incremento de precios de los alimentos, aumentando las hambrunas. Aunque mediáticamente se insiste en el efecto de la guerra en Ucrania, esto es apenas una parte menor del problema. Ciertamente, los dos años pasados en pandemia son un factor de peso. No obstante, ninguno de éstos son la causa principal de la crisis alimentaria. El factor fundamental es que la cadena agroindustrial de alimentos –que provee gran parte de lo que se vende en supermercados y ventas al menudeo– está fuertemente dominada por unas cuantas trasnacionales, cuyo interés es la ganancia, no la alimentación.

De semillas a supermercados, pasando por el comercio de cereales y el procesamiento de alimentos y bebidas, de cuatro a 10 empresas controlan la mayoría del mercado global en cada eslabón de la cadena. A esto se suma la irrupción en el mercado agro-alimentario de las mayores empresas tecnológicas y las gestoras de inversión.

Como analiza Grain, enfrentamos una crisis de precios, no de escasez de alimentos. Principalmente debida a la especulación financiera de los que controlan la cadena alimentaria industrial, no por falta de producción ni de existencias (Grain, julio 2022, https://tinyurl.com/2f7dtxzt).

En su índice de precios globales, la FAO señala que los precios de los alimentos están en el punto más alto (170 puntos) desde 1990, cuando comenzaron esta estadística. En 2022 el aumento superó incluso el punto más alto de la crisis alimentaria de 2007-2008.

No obstante, señala Grain, las gráficas de la FAO muestran que la producción y las existencias de alimentos almacenados se han mantenido estables, con ligeros aumentos desde 1990, mientras los precios se dispararon a porcentajes absurdamente altos, desvinculados totalmente de la producción y existencias.

Esto es cierto también para el trigo, uno de los cereales que se nombran como crucialmente afectados por la guerra en Ucrania. Aún al día de hoy no faltan existencias, pese a que las poblaciones más pobres en los países que dependen en alto grado de las importaciones de Ucrania y Rusia sufren un fuerte impacto. Esto debido a que las empresas que controlan el comercio de trigo del resto del mundo –cerca del 80 por ciento de las exportaciones de ese cereal– han aumentado oportunistamente los precios, lo cual impacta sobre todo en los más pobres de zonas urbanas, que usan hasta 60 por ciento de sus ingresos en comprar alimentos.

Un reciente informe de Oxfam, muestra que la escalada de aumento de precios de los alimentos coincide con ganancias extraordinariamente elevadas de las mayores empresas del sector de alimentos y de sus dueños. Junto a las empresas tecnológicas, las de energía y las farmacéuticas, estos cuatro son los sectores que más han lucrado durante los años de la pandemia de covid-19 (Oxfam, mayo 2022, Beneficiarse del sufrimiento https://tinyurl.com/mrn4za88).

Reportan que la riqueza conjunta de los mil millonarios del sector alimentario y agroindustrial se incrementó en 45 por ciento en los pasados dos años. Además, 62 accionistas del sector se agregaron al grupo de personas mil millonarias en el mundo.

Cargill, la mayor empresa global de comercio de granos y la tercera más grande en cría industrial de animales, obtuvo en 2021 ingresos netos por 5 mil millones de dólares, la mayor ganancia neta de toda su historia. Se prevé que volverá a obtener ganancias récord en 2022. Louis Dreyfus (LDC), también entre las siete mayores globales del comercio de granos, aumentó sus ganancias 82 por ciento en 2021.

Walmart, la mayor empresa del mundo en ventas y el mayor supermercado a nivel global también reportó ganancias extraordinarias en 2021. La familia Walton, principal accionista de la empresa, aumentó su fortuna en 8 mil 800 millones de dólares desde 2020, un ritmo de 503 mil dólares por hora estimó Oxfam.

Por su parte, la trasnacional Nestlé, la mayor empresa global en procesamiento de alimentos, ganó más de 16 mil millones de dólares, por lo que sus ganancias netas en 2021 fueron 38.2 por ciento mayores que el año anterior (https://tinyurl.com/3bzfdd9u). Apoyar a este gigante de la mala comida, como hizo el presidente de México, aumenta su plataforma para obtener estas ganancias demenciales, mientras somete a pésimas condiciones a las y los productores campesinos (Luis Hernández Navarro, 19/7/22 https://tinyurl.com/36jewzyf).

El sistema alimentario agroindustrial controlado por oligopolios trasnacionales es la principal causa estructural de las crisis alimentarias, de las hambrunas y también de la crisis de debilidad inmunológica debido a la proliferación de comida chatarra y comida de baja calidad nutricional.

Salir de la espiral viciosa de crisis alimentarias y de salud, así como de la dependencia de las corporaciones trasnacionales, es urgente, viable y posible. Requiere construir soberanía alimentaria, no como aislamiento ni cierre de fronteras, sino como plantea La Vía Campesina, con reconocimiento a los derechos y apoyo real y en sus términos a la producción campesina, sostenible, agroecológica, a mercados locales y nacionales, en sistemas solidarios y responsables socialmente, que impidan el control y la especulación de las corporaciones en algo tan vital como la comida de todas y todos.

9.12.20

La tierra en México: tres etapas del mismo proceso expropiatorio

La Colonia.- En el México colonial el desarrollo de las ciudades estuvo estrechamente ligado a la producción minera. El Camino de la Plata (Real del Monte, Zacatecas, San Luis Potosí, Taxco, Santa Fe de Nuevo México) partía del centro hacia el Norte y en esa geografía se iban creando los centros mineros que serán más tarde las futuras ciudades.

Transformación y remodelación del territorio donde se fundan los presidios militares y las Misiones de la Compañía de Jesús a lo largo y ancho del Septentrión de la Nueva España constituyendo una cadena de fortificaciones para proteger el transporte de mercancías, la extracción de plata y las comunicaciones entre el centro y las explotaciones mineras recién descubiertas.

La línea de avance española se protegía con la creación de más presidios dentro de territorio chichimeca (nómadas), en la meseta central y en ambos lados de la Sierra Madre Occidental. Estas eran las directrices de la política para el poblamiento y colonización del Nuevo Reino de León (actual estado de Nuevo León) y de la colonia del Nuevo Santander (actual estado de Tamaulipas, una parte del estado de Nuevo León y una parte del sur de Texas). Misiones y presidios se volvieron polo de atracción de colonos para el establecimiento de nuevas misiones, pueblos, haciendas y villas.

La iglesia católica con sus diferentes Órdenes era la Institución más poderosa en la Nueva España, dueña de grandes propiedades, tenía un gran poder económico por la recaudación de diezmos, obtenciones parroquiales, donaciones piadosas y legados testamentarios; se calcula un capital disponible de 45 millones de pesos, empleados en realizar préstamos a agricultores, mineros y empresarios como hipoteca. Este poder junto con su adoctrinamiento evangelizador, se traducía en control político. Pero la tierra no existía aún como mercancía en sí misma; en el Antiguo Régimen dependía de los vínculos. Estaba vinculada a:

Los mayorazgos; el clero regular, secular y capellanías; las comunidades indígenas y los Ayuntamientos.

Las minas arrebataban la tierra a los pueblos, creando un entorno agrícola para la producción de alimentos. Destrucción del entorno para la creación de una economía monoexportadora y extractivista que, al entrar en crisis (siglo XVIII, hacia 1780), arrastró tras de sì la industria y el comercio de la Nueva España. En el siglo XVIII se volvió cada vez más difícil obtener “repartimientos de indios” y se favoreció el “trabajo libre”; el precio del trabajo aumentó. La extracción minera se realizaba cada vez a mayor profundidad y esto lógicamente encarecía los costos de producción; había un problema adicional: las minas frecuentemente se inundaban de agua. Cuando el movimiento insurgente contra el dominio español paralizó la producción minera (1811) la crisis de la minería mexicana ya arrastraba 30 años de decadencia y explotación extrema.

Perìodo liberal.- Entrado el siglo XIX el capitalismo moderno condiciona y regula las relaciones sociales; los latifundios implican el control de la propiedad, de la gente (ahora con una demografía en ascenso) y los mercados. La Hacienda posee la tierra y los pueblos la mano de obra.

El ideal de aquella generación de liberales (José María Luis Mora, Benito Juárez, Lerdo de Tejada, Gómez Farías…) era crear una clase de pequeños propietarios y emprendedores. En la concepción de aquellos líderes y gobernantes, la situación de miseria en la cual se encontraban los indígenas, se debía a su propia naturaleza, a su falta de espíritu empresarial y a su falta de individualismo. A principios del siglo XIX la tenencia comunal de la tierra denotaba un principio retrógrado, sobrevivencia de la época colonial, en la cual el indígena, segregado del resto de la población, había estado sujeto a una legislación especial. Consideraban que las tierras comunales de los pueblos eran las peor trabajadas y en las que no se aplicaba adelanto alguno ni en maquinaria ni en técnicas de cultivo. Era necesario pues un amplio proceso de privatización de la tierra y terminar así con el “vicio comunal”.

Desde la colonia el gobierno español otorgó a las comunidades indígenas la personalidad jurídica como propietarias y le concedió ciertas extensiones de tierra bajo la condición de ser usadas exclusivamente para el beneficio de sus miembros y no podían ser vendidas ni enajenadas. A pesar de esta protección legal en muchas ocasiones los campesinos perdieron el acceso a la tierra. La escasez de alimentos en épocas de malas cosechas o la necesidad de dinero por cualquier emergencia llevaba al campesino a ceder en arrendamiento su porción de tierra a cualquier cacique de la localidad a cambio de un préstamo que ya nunca le sería posible devolver.

Naturalmente el enemigo principal a tumbar era la Iglesia católica, por su condición de terrateniente y porque financiaba a los conservadores en sus agresivas pugnas contra la política liberal.

Se promulga la Ley Lerdo (1856) que decretaba la venta a particulares de las propiedades rurales de la iglesia católica y de las corporaciones civiles. La idea era fomentar la actividad económica para crear una clase media rural. Además de la iglesia la desamortización también aplicaba para las comunidades indígenas. En definitiva se trataba de una confrontación radical entre pasado y modernidad y de poner las bases para el fomento de una conciencia nacional y un Estado moderno (en el marco de reglas capitalistas). No hay que olvidar que la invasión norteamericana (1846-1848) y la pérdida de más de la mitad del territorio fueron el origen de una toma de conciencia por parte de los liberales en cuanto a la necesidad de transformar y modernizar a México o desaparecer como país.

Los liberales tenían el concepto de la tierra como fundamento de la vida económica y política de la nación y el impulso de sus ideas en la práctica desorganizó la vida de las comunidades y proletarizó a sus miembros favoreciendo el establecimiento de haciendas. La afectación continua por parte de los grupos de poder locales se tradujo en rebeliones de gran calado, como las que se produjeron en el Istmo de Tehuantepec, en la Sierra Gorda de Querétaro y en la península de Yucatán.

En 1824 se expide la Ley General de Colonización que invitaba a inversores extranjeros a establecerse dentro del territorio nacional, a condición de respetar y acatar las leyes mexicanas. Se autorizó a las Compañías deslindadoras para delimitar y redistribuir la tierra entre quienes carecían de ella o lo solicitaban. El resultado fue al revés. De los 58 millones de hectáreas deslindadas, un tercio quedó en poder de las Compañías deslindadoras como pago por sus trabajos. Los dos tercios restantes fueron adquiridos a bajo precio por las mismas empresas o por individuos vinculados a ellas. Un individuo utilizando los nombres de sus familiares podía concentrar varias fincas de enorme extensión. En Baja California se otorgaron 12 millones de hectáreas a cinco concesionarios y en Chihuahua las Compañías deslindaron 14 millones de hectáreas que se repartieron entre 4 familias. Una fiesta que se prolongó todo el Porfiriato y que terminó en noviembre de 1910.

Extenderme en todo el siglo XX sería exceder los límites de este artículo y alejarme de la idea original, que es anotar algunas semejanzas entre aquella situación histórica que enfrentaron con decisión, pero con resultados contradictorios, los liberales encabezados por Benito Juárez y el actual presidente Andrés Manuel López Obrador en su concepción de desarrollo para México con un enfoque que deja de lado la importancia de recuperar la soberanía alimentaria y apoyar a los ejidos y la producción campesina local. Esto es compatible con la aplicación de modernas técnicas de cultivo, el aprovechamiento racional de los recursos y la defensa de una economía campesina. Pero parece claro que la apuesta del actual gobierno mexicano es por los megaproyectos.

Nomás apuntar la importancia del siglo de las drogas, como le llamó el sociólogo mexicano Luis Astorga al siglo pasado, en la redistribución del uso de la tierra en amplias regiones de México para la siembra de enervantes en perjuicio de la producción de alimentos. La aprobación en 1994 del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá y la reforma al Artículo 27 de la Constitución, que desmontaron agresivamente la economía familiar campesina y provocaron un éxodo masivo de mexicanos en busca de altos salarios a cambio de explotación laboral, racismo y discriminación en los Estados Unidos.

Por último y muy importante, resaltar que la declaración de guerra contra las drogas y su impulso mediante la llamada Iniciativa Mérida aplicados durante el calderonato (2006-2012) y el sexenio siguiente (2012-2018) fueron el equivalente de la guerra contra México lanzada en 1846 por los Estados Unidos. López Obrador se sienta en la silla presidencial de un país destrozado en lo social, saqueado en lo económico por una deuda que compromete las necesidades básicas de varias generaciones y condicionado por presiones internas (el ejército) y externas (renovación del TLC, inversiones condicionadas y corrupción a derecha e izquierda, arriba y abajo).

Tercera etapa del proceso expropiatorio.- El siglo XXI presenta en México un panorama semejante para todos los países de economía dependiente, suministradores de materias primas y condicionados por Tratados de libre Comercio que son los nuevos instrumentos de imposición colonial para impedir el desarrollo de la investigación y la tecnología necesaria para beneficio de sus poblaciones.

Ligado con la exposición inicial sobre la minería en la colonia es necesario conocer el dato: Según cifras oficiales al mes de mayo de 2010 se habían otorgado 26 mil 559 concesiones mineras que abarcaban una superficie aproximada de 21.1 millones de hectáreas equivalentes al 13.8 % del territorio nacional. La Ley de Inversiones Extranjeras permite inversiones foráneas en minería del 100%. Las empresas mineras extranjeras y las nacionales pagan al erario mexicano cantidades simbólicas no en función del mineral extraído sino por hectárea de tierra concesionada (más de la cuarta parte del territorio nacional está concesionado a las mineras. El presidente López Obrador declaró en agosto de 2019 que durante su gobierno no se entregarían más concesiones mineras.

También se ha pronunciado contra el fracking, pero la Alianza Mexicana contra el Fracking confirma que continúan las actividades de perforación hidráulica. Según datos de Cartocrítica, Investigación mapas y datos para la sociedad civil, al menos 924 pozos han sido perforados mediante esta contaminante técnica, en los estados de Coahuila, Nuevo León, Veracruz, Tamaulipas y Tabasco.

En lo que a ganadería se refiere la llamada “revolución ganadera” llegó a México con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994), aprovechando las facilidades que se otorgan en México con salarios bajos y poca o ninguna regulación ambiental y acaparamiento de tierras rurales. El crecimiento de la demanda de proteínas animales fue aprovechado por las corporaciones trasnacionales que controlan la producción mundial de ganado. En 2017, 99% de las granjas familiares que producían carne habían desaparecido en favor de las granjas industriales propiedad de grandes corporaciones. La comunidad de Homún (Yucatán) con menos de 8 mil habitantes recién ganó la batalla contra la empresa Producción Alimentaria Porcícola que no cuenta con la planta de tratamiento de aguas residuales prometida a la gente. Este viernes 6 de noviembre las magistradas que integran el Tribunal Colegiado en materia del Trabajo y Administrativa de Yucatán, determinaron mantener la suspensión de las operaciones de la mega granja (más de 49 mil cerdos), por los riesgos que su funcionamiento representa para el medio ambiente, la salud y la niñez de las comunidades mayas de la zona.

Conflicto de intereses: la empresa Enerall fundada por Alfonso Romo, hasta hace unos días Jefe de la Oficina de la Presidencia destruyó impunemente un cenote de 5 mil 500 metros cuadrados y apenas en marzo de este año utilizó la expresión “muertos de hambre” para referirse a los pobladores de Yucatán que no saben ni manejar sus propias tierras y a los que la empresa Enerall, que ahora administra su familia, les llevará el progreso. Para ello además del cenote destruido hubo que deforestar la zona, acabar con la fauna y obtener grandes márgenes de ganancias a costa de pagar sueldos miserables a los trabajadores en el acuífero más importante de México cuya disponibilidad ha disminuido en un 43%.

Los monocultivos de soya transgénica, la producción de cereales con agrotóxicos, la palma aceitera son un capítulo aparte (o integrado) a esa concepción del desarrollo que López Obrador comparte con los liberales del siglo XIX. Sí, López Obrador es pragmático e ideológicamente incoherente tal y como señalan en entrevista publicada en el diario La Jornada el 30 de noviembre pasado, el académico de la Facultad de Economía en la Universidad Autónoma de México Enrique Rajchenberg y Nicolás Loza Otero investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso.

TREN MAYA: Un pragmatismo e incoherencia que se concretan en el proyecto estrella denominado TREN MAYA, que cambiará para siempre la fisonomía de una de las últimas selvas de México y de América Latina, impulsará el turismo de masas y utilizará la mano de obra barata con trabajos de baja cualificación a los pobladores de la zona. El proyecto está ligado al gigantesco movimiento de mercancías que, a nivel mundial se conectará con la transformación del Istmo de Tehuantepec para construir modernas vías de comunicación que faciliten las exportaciones e importaciones hacia Asia y América del Norte. Se calcula que el 70% de los ingresos de este mega negocio será por transporte de carga. Participan en esta transformación radical del territorio en el sureste mexicano y de los usos agrícolas del suelo empresas de Carlos Slim, la española FCC Construcción, S.A., la china Communications Construction Company Ltd. y también la Secretaría de la Defensa Nacional a la que se le ha asignado la construcción de los tramos 6 y 7. Pero la mega corporación que destaca como interesada en el proyecto es la banca de gestión de inversiones Blackrock, con sede en Nueva York, y considerada la banca más grande del mundo en gestión de activos. Controla 7.8 billones de dólares, o sea, el equivalente a más de 6 veces el PIB de México. Además de su participación en el Tren Maya, Tiene inversiones en 12 proyectos energéticos en la península de Yucatán.

López Obrador le apunta a una recuperación económica de México y a retomar la función del Estado como agente de desarrollo. Se mueve con las reglas del capitalismo y tiene unos claros límites de acción impuestos por el ejército mexicano y la oligarquía internacional.

El sociólogo de Flacso Loza Otero remata en la entrevista:

“Tiene apego a una economía mixta que se practicó después del cardenismo en México y que implica cierta intervención del Estado, cierta regulación de la actividad de la empresa privada. No tiene realmente una ideología coherente, sólida; puede parecer un señalamiento muy crítico, pero en realidad tampoco deberíamos pensar que la gente anda por la vida con una ideología muy coherente y sólida”.

Fuentes:

  • La agricultura en tierras mexicanas desde sus orígenes hasta
    nuestros días. Teresa Rojas y María de los Angeles Romero Frizzi.
    Editorial Grijalbo
  • Ana de Ita. Directora del Centro de Estudios para el Campo Mexicano
    (La Jornada 5 de junio 2020)
  • Silvia Ribeiro. Investigadora del grupo ETC (La Jornada 5 de
    diciembre 2020)
  • Greenpeace.org México. Los costos de una industria muy puerca en
    la península de Yucatán.
  • José Luis Ríos Vera. La superexplotación del trabajo en México en
    el corazón de BlackRock. Revista Rebelión.