Fabrizio Mejía Madrid
El maíz es anterior al país y, por eso, como cultura no sólo es
agrícola o gastronómica, sino que es la existencia misma de los
habitantes de México. Es el fundamento del sustento, hasta la fecha. Nos
comemos 27 millones de toneladas al año, 80 kilos por persona en el
campo y 57 kilos por persona en las ciudades.
Arrocillo, Cacahuacintle, Chalqueño, Cónico, Cónico Norteño, Dulce,
Elotes Cónicos, Mixteco, Mushito, Mushito de Michoacán, Negrito,
Palomero de Jalisco, Palomero Toluqueño y Uruapeño, Dzit-Bacal,
Comiteco, Coscomatepec, Motozinteco, Olotillo, Olotón, Tehua, Negro de
Chimaltenango, Quicheño, Serrano, Mixeño y Serrano Mixe, Apachito, Azul,
Complejo Serrano de Jalisco, Cristalino de Chihuahua, Gordo y Mountain
Yellow, Blando de ocho hileras, Onaveño, Harinoso de Ocho, Tabloncillo,
Tabloncillo Perla, Bofo, Elotes Occidentales, Tablilla de Ocho, Jala,
Zamorano Amarillo, Ancho y Bolita, Conejo, Nal-Tel, Ratón y Zapalote
Chico, Celaya, Tepecintle, Tuxpeño, Tuxpeño Norteño, Vandeño, Zapalote
Grande, Nal-Tel de Altura, Pepitilla, Chiquito, Choapaneco y Cubano
Amarillo, Chapalote, Dulcillo del Noroeste, Elotero de Sinaloa y
Reventador. Esos son los 64 nombres de nuestros tipos de maíz. De ellos,
59 son nativos y han dado lugar a una gastronomía de las más variadas
en el planeta. Por ejemplo, sin el maíz bolita, no hay tlayudas, así
como sin el cacahuazintle no habría pozole, sin el maíz dulce, tampoco
hay uchepos.
Mil 500 años antes de nuestra era, los olmecas representaron a la diosa
del maíz con la forma de una “U”, por la manera en cómo las hojas
enmarcan a una mazorca. Esa “U” la vemos por todas las culturas
originarias de México y Centroamérica en la frente de los jaguares
humanizados, porque son deidades de la lluvia. Así, si usted ve una “U”
en cualquier relieve, pintura, códice y escultura prehispánicas está
ante la imagen de una diosa que es nuestro maíz. El maíz es anterior al
país y, por eso, como cultura no sólo es agrícola o gastronómica, sino
que es la existencia misma de los habitantes de México. Es el fundamento
del sustento, hasta la fecha. Nos comemos 27 millones de toneladas al
año, 80 kilos por persona en el campo y 57 kilos por persona en las
ciudades. Nuestros maíces aportan el 38 por ciento de proteínas, el 45
por ciento de calorías y el 50 por ciento del calcio que consumimos los
mexicanos. No hay otro país en el mundo en el que el consumo sea tan
alto, por lo que los estudios comparativos en ese tema nunca son
concluyentes. Eso acaba de sucederle a México en el panel de los
acuerdos de comercio con EU y Canadá: no hay forma de medir el impacto
del maíz modificado genéticamente por las patentes corporativas en un
país como el nuestro en que se cultivan 64 razas de maíz en los 32
estados que lo componen, no importando climas, lluvias, altura, o
catástrofes naturales. No hay comprobación de que el maíz transgénico
haga daño a la salud, pero tampoco de que sea inocuo, es decir, que no
haga daño. Pero el problema real es que, si aceptáramos sembrarlo,
tendería a uniformar los maíces blancos que comemos, a contaminarlos con
trazas de genes manufacturados por la agroindustria de Estados Unidos.
El motivo de esta columna es doble. Por un lado, tratar de explicar qué
diablos es el maíz transgénico y, por el otro, argumentar cómo nuestros
maíces no son una simple mercancía, con un precio, y una forma de
cocinarse, sino que sustentan una veneración que todavía tiene en su
fundamento una traza de espiritualidad. Empecemos por el principio.
Los organismos genéticamente manipulados son los que cambian un gen de
su ADN por el de otro organismo. Por ejemplo, a un maíz le ponen un gen
de una bacteria o de un hongo. ¿Para qué lo hacen? Para hacer al maíz
inmune a una plaga o a una enfermedad o, incluso, a una sequía. En este
último caso, el de la sequía o las heladas, el CINVESTAV del Poli
desarrolló maíces resistentes para proteger a las cosechas de los
campesinos. Esta intervención en los genes se hace de distintas maneras:
hay una en que literalmente se les bombardea de partículas a alta
velocidad, otra en que se utiliza a un virus o una bacteria para que
sirvan de transporte para meterlo a las células. Luego, con un filtro
químico se separa a las células que recibieron el gen de las que no lo
aceptaron, y se pasa a cultivar sólo las modificadas. Así se crea una
nueva variedad resistente a lo que sea el problema que se quería
resolver. Hasta ahí, todo parece una tecnología benigna. El problema y
es esto para el maíz, viene cuando las abejas, moscas, colibríes, es
decir, los polinizadores, o el simple viento se llevan genes modificados
y los van insertando en otras variedades, a través del polen. Como
ustedes saben, el polen es la célula sexual masculina de las plantas con
flores. Lleva por lo tanto los genes del ADN de la planta. Por eso, con
la aparición del maíz transgénico se habla de “deriva del polen” ---no
de la autoritaria--- por la contaminación de una raza manufacturada en
un laboratorio hacia los maíces nativos, como los nuestros. Es decir,
que la raza manufacturada, más resistente, se fija como la dominante en
contra de las demás, tendiendo a que se haga un monocultivo.
Ahora hablemos del maíz como mercancía y de sus rasgos genéticos como
supuestos “derechos de autor”. Resulta que corporativos como Monsanto
patentan las secuencias del ADN que manipulan. De hecho, han logrado que
la segunda generación de sus semillas sean estériles, obligando a los
agricultores a comprarles nuevas semillas cada año. Esto es, por
supuesto, un abuso del supuesto “derecho de autor”. Pienso, para mis
adentros: imagínense que, habiendo leído el libro, ya no lo pudiera uno
releer y tuviera uno que comprarlo otra vez. O una película, como si
tuviera una caducidad, una obsolescencia programada como los focos. Pues
ese es el caso con las semillas de Monsanto que llevó a un grado de
abuso la llamada “privatización de la naturaleza”. Usar los “derechos de
autor” para monopolizar los alimentos humanos es acaso el más infame de
los atropellos contra la historia del planeta. Porque, Monsanto puede
haber modificado una planta de maíz para que sea insensible a una plaga
de hongos, pero no creó el maíz. El maíz se creó en el mundo, es una
cosa que sucedió, simplemente. Y hace unos ocho mil años, unos humanos
que vivían en lo que hoy es México, la cultivaron y la hicieron lo que
es hoy. Se trata, en breve, de todo el patrimonio alimenticio del
planeta en manos de un monopolio de secuencias genéticas privatizadas.
Es de locos, pero es, si nos descuidamos, el futuro que heredaremos a
las siguientes generaciones: monocultivos de una sola variedad, a
precios de monopolio para los campesinos y agricultores. Actualmente,
sólo cuatro corporativos biotecnológicos controlan el 60 por ciento de
las semillas que se siembran en el planeta: la propia Monsanto-Bayer,
Syngenta, Corteva (que es DuPont aliada con Dow), y ChemChina. El 80 por
ciento de las semillas de maíz en los Estados Unidos son de
Bayer-Monsanto. Es decir, es un monopolio. Pero los gobiernos de Estados
Unidos no solamente no han hecho nada contra él, sino que pretenden que
sus semillas se siembren en México, argumentando que es una mercancía
que protege el comercio de América del Norte. Y eso, sembrar maíz
transgénico, como ha dicho la Presidenta Claudia Sheinbaum, estará
prohibido en la Constitución. Si no lo hiciéramos, estaríamos mutilando
la herencia agricultural, el patrimonio alimenticio, la cultura del maíz
para las nuevas generaciones. Aceptarlo sería suicida.
Y aquí viene el segundo motivo de esta columna. Es nuestra relación con
el maíz. Para los antiguos mexicanos, era una diosa. Se le comparaba con
la abundancia, con las lluvias, y con el jaguar, en la tradición más
añeja, que es la Olmeca. Pero todas las civilizaciones que le siguieron
tienen al maíz, no sólo como una divinidad, sino como mito de la
fundación, el relato antes del tiempo, de donde venimos. Como dice
Alfredo López Austin en Los brotes de la milpa: “Los mitos se forman en
los descansos con el sudor refrescante de la sombra; se forman en los
encuentros con el gesto, con la charla, con la lección, con el cruce
indiferente; se forman con todos los enunciados del amor, y con los del
dolor, la duda, el sueño y el ensueño; con saberes y misterios; con las
pautas y con sus violaciones. Se forman, en suma, en las repeticiones y
repeticiones de lo cotidiano; esas repeticiones que se integran con
partículas novedosas, sorpresivas. Los verdaderos creadores de los mitos
nunca saben que siempre están ha- ciéndolos”.
Es en los mitos en que nos reconocemos como mexicanos. ¿Cómo explicarnos
que comamos tanto maíz, en tantísimas formas? Porque estamos hechos de
él, según el mito originario. No es que realmente lo creamos que estamos
hechos de él, sino que nos da una talla cósmica al ser lo que comemos
de la tierra. No es una explicación como tal, sino una sustancia, la
sustancia de la cultura. Así, los mayas en el Popol Vuh relatan que los
dioses en ese tiempo antes de la historia, crearon a los animales.
Cuando les pidieron que dijeran sus nombres, todo lo que obtuvieron
fueron graznidos, ladridos, chillidos, y rugidos. Así que los exiliaron a
los montes para servir de alimento. Entonces se propusieron crear algo
que pudiera decir su nombre. Primero, intentaron con barro, pero se
quebraba y no tenía alma. Luego, hicieron hombre y mujer de distintas
maderas, pero anduvieron por ahí sin destino, obnubilados por la falta
de entendimiento. Así que, finalmente, enviaron al ocelote, al coyote, a
la guacamaya, y al cuervo a traer las mazorcas amarillas y blancas de
Paxil y Cayalá. Molieron el maíz, hicieron con la masa nueve bebidas, y
con ellas crearon la carne y la sangre del primer varón y la primera
mujer, su fuerza y su vigor. Las maravillosas criaturas fueron la
primera madre y el primer padre, y tuvieron unos hijos y unos nietos que
alabaron y alimentaron con sus ofrendas a los dioses.
Así, también hay entre los nahuas, tepehuanes, purépechas, tzotziles y
huastecos una misma historia mítica. El personaje central es el maíz. Su
mamá queda preñada de un músico, un flautista, que la abandona y se va
al País de los Relámpagos. El niño nace, pero su madre, furibunda por el
abandono del músico, lo tira a un río. Cuando el niño nace, busca a la
madre y, al enterarse de su desdicha, decide ir tras el padre al País de
los Relámpagos. Al principio es atrapado por los rayos y torturado,
pero logra escapar. Enfrenta, entonces, al Rayo Mayor y, tras una
batalla, lo derrota. Con la victoria se le ofrecen dos regalos: uno, que
su papá volverá a vivir cada año y que, también cada año, habrá
lluvias. El hijo, entonces, toma la flauta del padre y la repara para
que vuelva a tocar. Es este un mito fundador que explica cómo la vida
debe regresar de la bodega debajo de la tierra, la de los muertos, cada
año, como la lluvia y los músicos itinerantes. Todavía nuestro
calendario de fiestas marca el inicio de las lluvias con la Santa Cruz
en mayo y el Día de Muertos en noviembre, cuando termina de llover.
Así, también, los mayas, mopanes, choles, tzeltales, tojolabales,
mochós, kekchíes, quichés, pokomames, cakchiqueles, mames, jacaltecos,
achíes, tzutujiles, chortíes, pipiles, huastecos, totonacos, nahuas,
mazatecos, cuicatecos, chinantecos, chatinos y chontales cuentan la
historia de cómo el mismo Quetzalcóatl, el dios-gobernante, es el que
descubre a una hormiga cargando una semilla de maíz y manda al mandamás
de la lluvia, Nanahuatzin, a sacar al maíz de una cueva a la que tiene
que entrar con el poder del relámpago. Lo acompañan sus cuatro hermanos,
los tlaloque, cada uno de un color distinto. Una vez descubierto el
tesoro del maíz, los tlaloque se lo roban y se los llevan a los cuatro
puntos cardinales del mundo. Por eso, los colores del maíz son distintos
en cada región de este país. Este es un mito que da cuenta de la
variedad, eso que hoy llamamos “biodiversidad” y que Monsanto
simplemente lo destruiría por vender sus semillas cada año.
La cultura es volver a contarse. Cuando tenemos un mito como el del maíz
que nos habla del tiempo cíclico de la vida y la muerte, de la
presencia y la ausencia, del brote de la milpa y su descenso a la bodega
de lo muerto, ahí tenemos un relato que nos da coherencia. Pero también
nos enorgullece de haber, no sólo domesticado a esta planta, sino de
haberla hecho fundamento de una cosmovisión que tuvo en la observación
astronómica la viabilidad de los cultivos en la tierra, esta tierra,
estas tierras. Sin grandes astrónomos, no se hubiera dado la intensidad
del cultivo de nuestros maíces. Sin conocimientos de las lluvias y su
relación con la órbita de Venus. Sin la pausada selección de granos para
la siguiente cosecha. Cada vez que comemos tortillas deberíamos de
celebrar, asombrados, de lo que hemos sido capaces. No “autores” como
los señores de Monsanto, sino victoriosos sobre el Rayo y la Muerte,
como el hijo del músico. Es una historia de resistencia, de ciclos, de
muerte y resurrección. Esta es la historia que encierra nuestro maíz
que, en efecto, fue anterior al mismo país. Pero ahora le toca al país
defender a su planta. Estoy seguro que triunfaremos.
25.12.24
Sin maíz no hay país
21.12.24
México perdió en panel del T-MEC sobre maíz transgénico
El panel del T-MEC sobre maíz transgénico falló contra México en la
disputa que abrió Estados Unidos, luego de que el gobierno del
presidente López Obrador publicó un decreto para prohibir el consumo
humano de ese grano modificado genéticamente, y con ello proteger el
principal reservorio de ese alimento.
Constituido conforme al capítulo 31 (solución de controversias) del
Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el panel resolvió que
algunos elementos del Decreto sobre el glifosato y maíz genéticamente
modificado –publicado en el Diario Oficial de la Federación el 13 de
febrero de 2023– no pueden aplicarse “al no estar basadas en una
evaluación de riesgo adecuada, evidencia científica y en normas
internacionales relevantes”.
De acuerdo con el Informe Final sobre el caso México–medidas
relacionadas con el maíz genéticamente modificado (MEX-USA-2023-31-01),
el panel determinó que las medidas aplicadas por México para la
prohibición del consumo humano del maíz transgénico son de carácter
sanitario y fitosanitario, en el sentido del Artículo 9.2 del T-MEC, y
que las medidas son incompatibles con las siguientes disposiciones del
T-MEC:
“a. El Artículo 9.6.3, porque las medidas no se basan en normas,
directrices o recomendaciones internacionales relevantes, ni en una
evaluación adecuada a las circunstancias del riesgo para la vida o la
salud de las personas, los animales o la preservación de los vegetales;
“b. el Artículo 9.6.8, porque México no realizó una evaluación del
riesgo tomando en cuenta las normas, directrices y recomendaciones
internacionales relevantes de las organizaciones internacionales
relevantes;
“c. el Artículo 9.6.7, porque México no llevó a cabo una evaluación del
riesgo ni un manejo del riesgo con respecto a las Medidas de manera
documentada y brindando a las demás Partes del T-MEC la oportunidad de
comentar;
“d. el Artículo 9.6.6(b), porque las medidas no se basan en principios científicos pertinentes;
“e. el Artículo 9.6.6(a), porque las medidas no se aplican sólo en la
medida necesaria para proteger la vida o la salud de las personas, los
animales o preservar los vegetales;
“f. el Artículo 9.6.10, porque México no seleccionó medidas SFS
[sanitarias y fitosanitarias] que no entrañen un grado de restricción
del comercio mayor del requerido para lograr el nivel de protección que
consideró adecuado; y
“g. el Artículo 2.11, porque México adoptó o mantiene una prohibición o restricción a la importación de un bien de otra Parte.”
Además, el panel se pronunció acerca de la defensa que esgrimió nuestro
país para mantener la prohibición del maíz transgénico. Al respecto, los
expertos fallaron que:
“a. las medidas no están amparadas por las excepciones previstas en el
Artículo XX(a) y (g) del GATT de 1994 y, en consecuencia, no están
justificadas de conformidad con el Artículo 32.1.1 del T-MEC; y
“b. las medidas no están justificadas conforme al Artículo 32.5 del T-MEC.”
Por ello, el panel recomendó que “México ponga sus medidas en
conformidad con sus obligaciones en el marco del T-MEC en virtud de los
Capítulos 2 y 9 del T-MEC. El panel acepta que México está tratando de
abordarpreocupaciones genuinas de buena fe, y sugiere que
dichaspreocupaciones podrían canalizarse a través de un proceso adecuado
de evaluación del riesgo, medidas basadas en principios científicos y
un diálogo entre todas las Partes del T-MEC para facilitar un camino
constructivo hacia adelante”.
Al respecto, las secretarías de Economía y de Agricultura manifestaron,
en un comunicado conjunto, que “el gobierno de México no comparte la
determinación del panel, pues considera que las medidas cuestionadas
están alineadas con los principios de protección a la salud pública y
los derechos de los pueblos indígenas, establecidos en la legislación
nacional y en los tratados internacionales de los que es Parte. A pesar
de ello, el gobierno de México respetará la determinación, ya que el
sistema de solución de controversias del T-MEC es una pieza clave de
dicho tratado, como quedó demostrado en el caso sobre Reglas de Origen
del sector automotriz que resultó favorable para México”.
Además, reiteró “su compromiso de proteger valores fundamentales como la
salud, la moral pública, la conservación de los recursos naturales, la
cultura de la población mexicana y los derechos de los pueblos
indígenas, los cuales fueron reconocidos por el Panel como
preocupaciones legítimas. México, a través de la Secretaría de Economía,
la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, y sus demás
dependencias, seguirá buscando reivindicar los derechos de todos los
mexicanos y mexicanas, de conformidad con las obligaciones
internacionales que ha adquirido”.
Por su parte, el gobierno estadunidense celebró el fallo. La
representante Comercial del vecino país, Katherine Tai, anunció el
triunfo en su disputa bajo el T-MEC, que impugna ciertas medidas
biotecnológicas mexicanas relacionadas con el maíz genéticamente
modificado. Al respecto, expuso que el panel del T-MEC estuvo de acuerdo
con Estados Unidos en las siete reclamaciones legales, y concluyó que
las medidas de México no se basan en la ciencia y socavan el acceso al
mercado que México acordó proporcionar en el T-MEC.
“La decisión del panel reafirma las preocupaciones de larga data de
Estados Unidos sobre las políticas biotecnológicas de México y su
impacto perjudicial en las exportaciones agrícolas estadounidenses”,
dijo Katherine Tai.
23.7.24
México no necesita maíz transgénico: es un peligro para las variedades nativas
Darren García
El maíz transgénico amenaza la biodiversidad mexicana por su
potencial de contaminar las variedades nativas con genes que no les
corresponden por naturaleza. Además, afecta la cultura y las tradiciones
alrededor de este cultivo. Consultadas por Contralínea, científicas y
activistas coinciden en que no es necesario que el país corra el riesgo,
por lo que se pronuncian a favor de prohibir los organismos
genéticamente modificados
Las 64 razas de maíz que se cultivan en México, de las cuales 59 son
nativas, se verían amenazadas de permitirse la siembra de maíz
transgénico. La batalla, en tribunales desde hace más de una década, se
libra entre campesinos, sociedad y académicos contra una voraz industria
que busca el control alimentario mexicano.
Una vez que el maíz transgénico se libera al ambiente, se va a cruzar
con otros tipos a través del polen, lo que “podría afectar a nuestras
variedades nativas de maíz”, y provocaría “que se fueran perdiendo
algunas que tuvieran estos genes que no le corresponden”, advierte
Michelle Esther Chauvet Sánchez Pruneda, investigadora de Biotecnología y
economía agrícola por la UAM Azcapotzalco.
Éste potencial riesgo fue uno de los motivos por los que una de las
iniciativas que, el pasado 5 de febrero, el presidente Andrés Manuel
López Obrador envió al Congreso para reformar el artículo 4 de la
Constitución, en la cual se define al maíz como un “alimento básico y
elemento de identidad nacional destinado al consumo humano, [que] debe
ser libre de modificaciones genéticas, como las transgénicas. [Por
tanto, México] se declara libre de cultivos de maíz genéticamente
modificado. [Y] debe priorizarse su manejo ecológico”.
Capital del maíz en riesgo
“El maíz es de polinización abierta”, explica a Contralínea la también
doctora en economía por la UNAM, Michelle Chauvet. “Esto quiere decir
que una mazorca de maíz se cruza con otra por el viento. En realidad, es
un intercambio de polen entre las plantas”, a lo que se conoce como
flujo génico; de tal manera que un maíz puede contaminarse con genes que
no le corresponden por naturaleza y perder su carácter nativo, con
afectación directa a la biodiversidad mexicana de cultivos.
Una de las perspectivas en pro de este tipo de maíz es que “promete ser
una tecnología que puede resolver fuertes problemas en la producción de
este cultivo, que se exprese en incrementos de productividad y
resistencia a plagas”. Sin embargo, añade una publicación de la Revista
argumentos –de la UAM Xochimilco–, esto presenta un gran desafío
para países “que poseen una gran riqueza biológica y una larga tradición
cultural en el cultivo del grano, como es el caso de México”.
Diversas investigaciones a nivel internacional coinciden en que el maíz
(Zea mays) surgió en México hace 8 mil o 10 mil años. “Este cultivo se
originó mediante el proceso de domesticación que llevaron a cabo los
antiguos habitantes de Mesoamérica a partir de los ‘teocintles’”,
pariente del maíz, cuenta la Comisión Nacional para el Conocimiento y
Uso de la Biodiversidad en su página web. “México es el centro de origen
del maíz. Aquí se concentra, muy probablemente, la mayor diversidad de
maíz del mundo”.
El grano de maíz “es el principal grano cultivado en México” y “se
cultiva en todas las entidades del país”, enuncia la Secretaría de
Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) en el Panorama agroalimentario
2023. En cuatro de las cinco regiones mexicanas es el cultivo dominante.
Sólo el sur-sureste tiene otro: la caña.
La centro-occidente fue la región que más maíz produjo en 2022, con 8.46
millones de toneladas (Mt). Por su parte, Sinaloa contribuyó con el
20.8 por ciento del valor total nacional de maíz, con 5.2 millones de
toneladas, seguido de Jalisco (3.9 Mt) y Michoacán (2.09 Mt).
Tan sólo en 2020, la población mexicana consumió 19 millones 35 mil
toneladas de maíz. Para el “ciclo de mercado 2022/2023”, aumentó en más
de 200 mil toneladas, según la “Balanza disponibilidad-consumo” del
Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) de noviembre
de 2023. Además, México tiene un consumo anual per cápita de 196.4
kilogramos, sintetiza la Revista mexicana de ciencias agrícolas, en un
artículo de marzo de 2023.
Derechos en contra de los agricultores
Otro tipo de tecnologías en la agricultura se dieron a través de
químicos sintéticos –como fertilizantes, herbicidas, plaguicidas y
maquinaria– a partir de la llamada revolución verde, surgida en la
década de 1940, cuando se pensaba que la crisis alimentaria era por “la
escasa producción de alimentos” y, para solucionarlo, se llevó a cabo
“el aumento de la productividad mediante el desarrollo tecnológico en la
industria agrícola, narra un artículo de la revista Veredas de la UNAM.
Luego de los químicos, llegaron los organismos genéticamente modificados
(OGM) –o transgénicos–, resistentes a plagas y herbicidas. A esto se le
conoce ‘tecnologías como forma de poder’. “En gran parte tiene que ver
con un desarrollo de las tecnologías de punta y más específicamente
hablando de la biotecnología moderna, […] desde la primera liberación de
un organismo genéticamente modificado en la década” de 1990, dice
Arcelia González Merino, doctora en ciencias políticas y sociales por la
UNAM.
A pesar de que González Merino no niega que la innovación pueda ayudar,
acusa que la agroindustria va “en detrimento de posibles beneficios no
solo de pequeños productores, campesinos, sino toda la sociedad en
general”, pues se priorizan las ganancias. De igual manera, la
innovación “generalmente va asociada a la figura de la patente o
derechos de obtentor”, dice a Contralínea la doctora González Merino.
La persona obtentora es aquella “física o moral que mediante un proceso
de mejoramiento haya obtenido y desarrollado, una variedad vegetal de
cualquier género y especie”, define así la Ley Federal de Variedades
Vegetales, publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 25
de octubre de 1996, en el gobierno del priísta Ernesto Zedillo.
Esta ley surgió en el marco de la Unión Internacional para la Protección
de Obtenciones Vegetales (UPOV, por su sigla en inglés), organización
intergubernamental creada en 1961 con el fin de “proporcionar y fomentar
un sistema eficaz para la protección de las variedades vegetales, con
miras al desarrollo de nuevas variedades vegetales para beneficio de la
sociedad”, pronuncian en su página web. Actualmente hay 79 miembros, de
los cuales México es uno de ellos desde agosto de 1997.
La persona obtentora tiene el derecho de “aprovechar y explotar […] una
variedad y su material de propagación, para su producción, reproducción,
distribución o venta, así como para la producción de otras variedades
vegetales e híbridos con fines comerciales” por sí mismo o de terceros,
con una duración de 15 a 18 años según la especie, siempre y cuando sea
nueva, distinta en sus caracteres, estable después de reproducirse y
homogénea, contempla el documento mexicano. Además, no se requiere el
permiso del obtentor para uso de otras personas en investigación,
autoconsumo o beneficio propio.
De UPOV hay dos figuras, la de 1978 y 1991. México se encuentra en la
primera, aunque “hay ahorita presión para que se adscriba a un sistema
de protección más riguroso [el segundo] y que, pues hay problemas justo
para los campesinos”, menciona la doctora Arcelia González. En esta
nueva extiende el plazo de los derechos de obtentor de 20 a 25 años.
“Evidentemente en 20 años ellos ya tienen otra innovación, entonces
nunca los alcanzamos”, critica la investigadora.
A partir de esto, se atenta contra la tradición campesina de
intercambiar semillas con otras personas o guardarlas para posteriores
siembras, agravado aún más porque se corre el riesgo de que sus propios
maíces se contaminen con transgénicos y llegue un momento en que
utilicen alguna variedad que, por ley, no les pertenece. “Si tenemos
presencia de esos transgenes, eso permite que reclamen su propiedad
intelectual esas grandes empresas” y cobrar regalías a las y los
agricultores, señala la doctora.
En su artículo 48, fracción VII, la ley mexicana indica que se multará
con “2 mil a 10 mil días de salario mínimo” por “aprovechar o explotar
una variedad vegetal protegida, o su material de propagación, para su
producción, distribución o venta sin la autorización del titular”.
A partir del 1 de enero de este año, el salario mínimo se ubicó en
374.89 pesos diarios en la “Zona Libre de la Frontera Norte” y 248.93
pesos para el resto del país. Esto significa que las infracciones
podrían ser desde 497 mil 860 pesos hasta 2 millones 489 mil 300 pesos
en el resto del país y de 749 mil 780 pesos hasta 3 millones 748 mil 900
pesos en el norte.
“El que tú tengas en tu campo o en tu cosecha una variedad transgénica
que no plantaste, no te exime de tener que pagar regalías al propietario
de la innovación”, explica González Merino en referencia a la llamada
“carga de la prueba”. México, “al ser parte de UPOV, hemos adquirido
esas disposiciones también como válidas”.
La también investigadora agrega que este sistema se encuentra “en manos
de empresas trasnacionales [como Bayer-Monsanto, Dupont o Syngenta] por
un lado y, por otro, también algunos gobiernos de países más
industrializados, como Estados Unidos, que han intentado promover,
utilizar y apoyar el crecimiento y el desarrollo de la industria”. En
México, agrega, “el 80 por ciento de la producción de semillas híbridas
está en manos” de estas empresas.
Además, cambió radicalmente quién vende las semillas: ahora lo hacen las
empresas. “Históricamente no era así […], ahora este poder tiene que
ver con la concentración y que tienen muchas estrategias de control:
venden la semilla más el fertilizante más el herbicida. Te venden el
paquete completo; entones, esa forma de concentrar todo lo que implica
la producción y venta de semillas, hace que ellos tengan todo el poder”,
y que atenten contra la seguridad alimentaria, enfatiza la doctora
Arcelia González.
Lo anterior se ve reflejado en que México cada vez importa más maíz
amarillo (transgénico, usado para alimento de animales y otras
industrias) de Estados Unidos, “porque hemos dejado en manos de la
iniciativa privada la producción de semillas tan importantes”, agrega la
investigadora.
De acuerdo con el SIAP, en 2023 México importó 5 mil 872 millones 512
mil dólares de maíz, superior por más de 100 millones de dólares en
comparación con el 2022. En cambio, exportó 107 millones de dólares.
El Panorama agroalimentario 2023 de Sader menciona que Estados Unidos
generó en 2022 más de 14 veces en maíz que lo generado en el país, y es
el principal productor a nivel mundial. México es el séptimo, con 26
millones 553 mil 239 toneladas. Además, importó más de 17 millones de
toneladas. Esto a pesar de que en territorio mexicano se consume 10
veces más maíz que en Estados Unidos.
Revolución sin justicia
En México inició la revolución verde, añade la revista Veredas, “con la
fundación del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y el Trigo”.
Comenzó a la par una serie de modificaciones legales para adaptar la
agricultura mexicana a los intereses de la revolución verde, por lo que
el Estado disminuyó cada vez más en sus funciones reguladoras y pasó
simplemente a ser un espectador.
En 1996 se creó la Ley Federal de Variedades Vegetales para regular el
derecho de obtentor de semillas mejoradas y que no fueran a ser usadas
de otra forma que la ley no permitiera, contempla la Revista
Agricultura, Sociedad y Desarrollo de la Universidad Autónoma del Estado
de México (UAEM).
No fue hasta 2007, en el sexenio de Felipe Calderón, que se modifica la
ley de 1996, por la cual “se creó un marco de protección a los derechos
de obtentor y se sembraron plantas transgénicas”. Dos años antes, en
2005, con Vicente Fox al mando del Ejecutivo, se creó la Ley de
Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, conocida como “Ley
Monsanto”, que, en el papel, buscaba “regular específicamente a las
tecnologías transgénicas”.
En entrevista con Contralínea, la activista Montserrat Téllez explica
que “esos gobiernos vendieron nuestra agricultura básicamente”. La
integrante de la organización Semillas de Vida y de la campaña Sin Maíz
No Hay País, detalla que desde la década de 1980 sucedió “un giro de la
política agrícola hacia una perspectiva neoliberal […] y se dejó
vulnerable al sector campesino, que es el que produce la gran mayoría de
nuestros alimentos”.
Contrario a lo anterior, “con este gobierno logró llegar gente,
posicionarse en distintos espacios dentro, gente que siempre ha estado
en la lucha hace muchos años, y esa gente ha sido muy congruente en su
labor. Hemos tenido un conjunto de modificaciones al marco normativo que
han generado condiciones distintas de lucha”, afirma la integrante de
Semillas de Vida; aunque “no podemos ignorar que hay contradicciones”.
Punto de quiebre
El debate sobre el maíz transgénico explota cuando, en 2001, “se detectó
la presencia […] en plantaciones de maíz nativo en la Sierra de Oaxaca”
por los investigadores Ignacio Chapela y David Quist, publicado en un
artículo de la revista Nature, explica el libro El maíz en peligro ante
los transgénicos, publicado en 2013, coordinado por la doctora Elena
Álvarez-Buylla, actual titular del Consejo Nacional de Humanidades,
Ciencias y Tecnologías (Conahcyt).
Esto derivó en un informe elaborado por la Comisión para la Cooperación
Ambiental, creada por los países del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN). “No cabe duda que los transgenes están ya
presentes en el maíz mexicano y se propagarán”, confirmó el texto de
2004, el cual agregó que la fuente principal de tal presencia “es el
grano cultivado en Estados Unidos”, mismo que se importaba a México sin
separación, por tanto, se mezclaba con los nativos.
La importación de maíz transgénico, advierte Montserrat Téllez, es una
manera de posible contaminación, pues “el maíz entra en grano, y el
grano es también semilla. El grano entra vivo a nuestro país. Eso se
suma a que no hay trazabilidad, no hay un seguimiento de qué sucede con
ese grano nuevo que entra. Se asume que como aquí somos autosuficientes
va hacia la industria pecuaria [o] los ultraprocesados, pero se ha
demostrado que sí está en nuestros alimentos”.
Si bien concluyeron que “no existe evidencia empírica alguna que el
proceso de producir cultivos genéticamente modificados sea dañino o
benéfico en sí para la salud animal o humana”, reconocen que estos “no
parecen atender” las necesidades “más urgentes” de los campesinos.
Asimismo, indicaron que “la evaluación del riesgo del maíz transgénico
en México está inextricablemente ligada al papel central del maíz en la
historia y cultura mexicana”, tanto en creencias como valores
“culturales, simbólicos y espirituales” que no se presentan en Canadá ni
en Estados Unidos.
Se debe considerar “socialmente aceptable” la protección “al campesinado
y sus variedades tradicionales de maíz […], resulta claro que la
reducción máxima de los riesgos de la introgresión de transgenes en las
razas locales de maíz mexicano se lograría mediante la prohibición total
de la importación de organismos vivos modificados en la forma de maíz
transgénico”, a pesar de sus costos “inaceptablemente elevados”, sugiere
el informe.
La presencia se mantiene
En 2019, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC),
publicó un informe acerca de una revisión de los maíces transgénicos en
México. De cinco estados de la República (Veracruz, Oaxaca, Ciudad de
México, Michoacán y Chiapas), regiones “que cuentan con la mayor
diversidad de maíces”, obtuvieron 1 mil 580 muestras de ADN para
revisión.
De éstas, 1 mil 455 (es decir, el 92.1 por ciento) dieron negativo a
“presencia de transgenes”; el restante 7.9 por ciento (125 muestras) dio
positivo “para tres eventos: MON810, NK603 y TC1507”, describió la
investigación. Del total de las positivas, 58 provenían de Chiapas, 13
en Veracruz, 11 en Oaxaca, siete en Michoacán y seis de la Ciudad de
México.
“A nivel mundial existen 229 eventos transgénicos de maíz aprobados para
consumo humano y animal, de los cuales el 51.52 por ciento (118
eventos) contienen al menos alguno de los eventos transgénicos
analizados en este trabajo”, los cuales también son los más comunes a
ser encontrados en alimentos procesados, explicó el texto del INECC.
México no necesita maíz transgénico
En el país se han autorizado dos tipos de transgénicos de maíz. El
primero “tiene el gen de la bacteria Bt (Bacillus thuringiensis) que
hace que la planta produzca la toxina Bt, que funciona como
insecticida”, contra plagas, explica Greenpeace México en un documento
junto a la Universidad Autónoma de Chapingo (UAC). El segundo funciona
para resistir a herbicidas, como el MON87429.
Las y los campesinos “siembran en el periodo otoño-invierno. No hay
tantas hierbas porque no hay las condiciones, entonces el maíz
resistente a herbicidas no nos viene a funcionar, y el resistente a
plagas tampoco porque, por el invierno, pues tampoco hay plagas”; es por
eso que México no necesita de maíz transgénico, aclara la doctora
Michelle Chauvet.
“Este maíz que es resistente a este insecto pues no es funcional, porque
realmente en México no tenemos ese problema tan grave de esa plaga como
en Estados Unidos, donde sí es una plaga muy importante”, concuerda
Beatriz Rendón Aguilar, doctora en Ecología por la UNAM.
Por otra parte, “si en el norte se autoriza la siembra de eventos
transgénicos para forraje [alimento de animales], pues obviamente no les
va a servir la línea transgénica que tiene que ver con gusano, porque
se supone que nunca va a llegar a la reproducción de maíz”, añade la
doctora en entrevista para Contralínea.
En cambio, “las variedades nativas sobresalen por su resistencia a
entornos adversos y otras características como sus colores, texturas y
contenido de nutrientes, por ello es importante fomentar su producción y
la adopción en su cultivo de prácticas agronómicas sustentables que
contribuyan a obtener mejores rendimientos”, sugiere la Sader.
Tensa calma en tribunales
Ante la presión de “corporaciones productoras de semillas transgénicas”,
en 1995, científicos del Comité Nacional de Bioseguridad Agrícola
(CNBA) “encargados de aprobar los permisos de siembra, propusieron una
moratoria de facto a la siembra experimental y comercial de maíz
transgénico”, explicaba la revista Metodhos, de la Comisión de Derechos
Humanos del entonces Distrito Federal.
Esta moratoria la retomó la hoy extinta Secretaría de Agricultura,
Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) a finales de
1998 y se extendió hasta el 6 de marzo de 2009, cuando se reforma la
Ley de Bioseguridad y se permite entonces “la entrada de maíz
transgénico a suelo mexicano”. Enseguida se dieron 24 permisos en 24
localidades de estados como Sinaloa, Sonora, Chihuahua y Tamaulipas
“para experimentar con maíz transgénico”, continúa el texto.
El 8 de marzo de 2011, Sagarpa “otorgó a Monsanto el primer permiso para
la siembra piloto de maíz amarillo transgénico (MON603) en una
superficie menor a una hectárea” entre Tamaulipas y Nuevo León, advierte
la revista. Para 2012 ya eran 248 permisos, de los cuales se aprobaron
195, añade el Laboratorio de estudios sobre empresas transnacionales de
la UNAM.
Tal escalada en favor de los intereses del capital urgió a la sociedad
organizada a realizar una demanda colectiva. Cincuenta y tres personas
–desde campesinos hasta investigadores– demandaron el 5 de julio de
2013 a Sagarpa, Semarnat (Secretaría del Medio Ambiente y Recursos
Naturales), “así como [a] empresas transnacionales que buscaban
instalarse junto a sus transgénicos en México”.
La demanda buscaba, de acuerdo con la colectiva Semillas de Vida en su
página web, la declaración de que “se han liberado al ambiente de forma
voluntaria o involuntaria organismos genéticamente modificados de maíz
en lugares no permitidos y en actividades no autorizadas”.
De igual manera, que esos OGM afectan “al derecho humano de
conservación, utilización sostenible y participación justa y equitativa
de la diversidad biológica de los maíces nativos ya que sobrepasa los
límites permitidos por la Ley de Bioseguridad de Organismos
Genéticamente Modificados (LBOGM)”; y que “con mayor razón se afectará
la agrobiodiversidad si se liberan a gran escala maíces transgénicos”,
puntualiza el texto.
Por tanto, se pretendía que “con base en las propias leyes se nieguen
los permisos de liberación o siembra de maíz transgénico en todo el
país”, explica la colectiva. Esto a través del juzgado federal doceavo
de Distrito en materia Civil del Distrito Federal.
El Consejo de la Judicatura, en el documento DGCS/NI: 41/2013, fechado
el 14 de octubre de 2013, confirmó que el 17 de septiembre de ese año,
se ordenó a las secretarías “abstenerse de realizar actividades
tendentes a otorgar permisos de liberación al ambiente de Organismos
Genéticamente Modificados del maíz”, así como liberación comercial,
piloto y experimental “sin que esta medida implique revocar los ya
dictaminados o concedidos”.
“Esta decisión es en tanto el juicio no acabe”, explica Montserrat
Téllez. Entonces [la lógica fue]: como la materia del juicio puede verse
afectada si no ponemos este freno, cuando terminemos el juicio ya va a
estar contaminado todo el maíz si permitimos que siembre”.
El 13 de octubre de 2021 se negaron cuatro amparos promovidos por
Monsanto, Syngenta, Dow AgroSciences y PHI México en la Primera Sala de
la Suprema Corte de Justicia de la Nación por unanimidad. El amparo en
revisión era el 1023/2019.
El 4 de enero de este año, la Suprema Corte votó en contra de “la
resolución de un juicio de amparo a favor de la empresa Bayer-Monsanto
contra el decreto presidencial para la sustitución progresiva del uso de
glifosato y prohibición de maíz transgénico, presentado por el
magistrado Ricardo Gallardo Vara”, lo cual celebró la colectiva.
Sin embargo, la integrante de Semillas de vida alerta que también “el
año pasado se dio una primera decisión del juez en la que pues no se nos
da la razón a la colectividad demandante”. Y, si bien fueron a otra
instancia, tampoco les favoreció la decisión. “Ahora vamos a ver cómo
nos va. Se está dando la lucha en otra instancia” junto a un grupo de
abogadas y abogados que apoyan.
“Debemos seguir […] apoyando esta demanda de los pequeños productores y
de los campesinos para que el maíz se declare casi como un cultivo de
seguridad nacional y la base de la alimentación, que lo es, y por lo
mismo cuidarlo”, indica la doctora Arcelia González Merino.
La lucha trasciende fronteras
El 31 de diciembre de 2020, el presidente publicó un decreto en el DOF
con el fin de establecer los lineamientos de las dependencias para
sustituir gradualmente el uso de glifosato y la siembra de maíz
transgénico en México, así como su consumo en personas con fecha límite
al 31 de enero de 2024.
Para el 13 de febrero de 2023, se remplazó con otro decreto que agrega
la prohibición de la importación de ambas tecnologías, sólo que en el
caso de maíz transgénico se permite el destinado para alimentación
animal y uso industrial, con la promesa de que desaparezca gradualmente;
esta vez se fijó el plazo límite al 31 de marzo de 2024. No cumplieron
con las fechas establecidas.
A nivel nacional ocasionó una serie de amparos. “Buscaban que el decreto
fuera declarado inconstitucional y quedara sin efectos”. Uno fue por
parte de Semillas y Agroproductos Monsanto y Monsanto Comercial,
filiales de la transnacional Bayer, explica Conahcyt en su comunicado
544, de junio pasado.
El instituto aportó evidencia científica en favor de la postura del
gobierno mexicano. Luego de disputas legales, Monsanto Company desistió
de la demanda, lo que significó un triunfo “a favor de la vida, la
salud, la naturaleza, la riqueza biocultural y la soberanía
alimentaria”, celebró Conahcyt.
A nivel internacional, el decreto llevó Estados Unidos a comenzar una
controversia en un panel del T-MEC, principalmente por el tema de la
prohibición de maíz transgénico en tortillas y masa, bajo el argumento
de que las acciones de México “carecen de evidencia científica” y no
están acorde los lineamientos del Tratado, así como afectan a los
agricultores estadounidenses. Tal controversia comenzó otra etapa a
finales de junio pasado.
“Para nosotras, esta controversia es una expresión más de que las
grandes corporaciones van por todo. No van a dar ni un paso atrás en su
afán imperialista de controlar por completo el mercado de maíz en
nuestro país a través de los genéticamente modificados”, exhibe
Montserrat Téllez.
5.7.24
Los primeros tropiezos en la guerra de la tortilla con México
Ernesto Hernández López*
La semana pasada comenzó una batalla internacional por la tortilla. EU
afirma que el gobierno mexicano viola obligaciones comerciales
Estados Unidos ignora las cifras comerciales y tergiversa la política mexicana sobre el maíz.
La semana pasada comenzó una batalla internacional por la tortilla. Por
un ingrediente fundamental de los tacos, Estados Unidos inició una
disputa comercial con México.
En 2023, mediante un decreto, el gobierno mexicano prohibió el maíz
modificado genéticamente (OMG) para consumo humano. Estados Unidos
afirma que esto viola las obligaciones comerciales. Preocupado por sus
exportaciones de maíz transgénico, formó un panel comercial en el marco
del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-mec). La semana pasada se
celebraron audiencias durante dos días.
Incluso antes de esto, la controversia estaba sobrecargada; era un lío
chapucero. Hasta la fecha, los documentos jurídicos presentados por
Estados Unidos y México contienen 586 páginas, 758 pruebas documentales y
casi 2 mil notas a pie de página.
Asimismo, los argumentos abarcan más de 20 disposiciones del T-mec y
varios anexos. Canadá y las organizaciones no gubernamentales han
aportado documentos adicionales. Es difícil de seguir, ya seas un
experto en comercio, un científico o simplemente te preocupe la
seguridad alimentaria.
La postura estadunidense tiene dos puntos débiles: errores económicos y
tergiversaciones sobre el decreto. Se trata de fallas básicas, propias
de una clase de introducción al Comercio Internacional, sobre lesiones y
política. Las torpezas sobresalen de la jerga jurídica y científica de
los expedientes. Estados Unidos debería abandonar el caso.
Un buen lugar para empezar a entender la lucha es el propio decreto. El
artículo sexto prohíbe el maíz transgénico para consumo humano, definido
precisamente como ingrediente para tortillas o masa. Detiene las
aprobaciones de maíz transgénico para estos dos productos; eso es todo.
El decreto es explícito al no tocar los OGM para alimentación animal o
uso industrial; mercados a los cuales los productores estadunidenses
exportan principalmente.
Las motivaciones del decreto incluyen la protección de la salud humana,
la biodiversidad y la seguridad alimentaria. La prohibición responde a
los riesgos del glifosato, un herbicida necesario para cultivar maíz
transgénico. El mismo es considerado como una causa probable de cáncer
por las agencias sanitarias internacionales y los tribunales
estadunidenses.
Además, México es el centro de origen y diversidad del maíz, una
designación científica que indica una vulnerabilidad genética extrema.
En 2021, el Tribunal Supremo de México dictaminó que los OMG amenazan
con dañar esta biodiversidad. Más inmediato, el maíz proporciona la
mitad de la ingesta diaria de proteínas de los ciudadanos.
Con el artículo sexto, el gobierno reduce estas amenazas al prohibir los
OMG en las tortillas y la masa que comen millones de personas cada día.
Por estos riesgos científicamente establecidos, adaptó el decreto para
que sólo afectara a dos alimentos básicos.
De igual manera, Estados Unidos ignora las cifras económicas recientes.
Las importaciones mexicanas de maíz han aumentado desde el decreto. La
semana anterior a las audiencias, el Departamento de Agricultura
estadunidense informó sobre un “récord” de exportaciones para 2023 y
2024. Asimismo, prevé tendencias similares para el próximo año. Esto
confirma los informes anteriores que citaban aumentos del 20 por ciento.
En pocas palabras, el decreto no tiene ninguna repercusión real en el
comercio de maíz. ¿Por qué? Porque, en su inmensa mayoría, los
agricultores estadunidenses exportan maíz para la alimentación animal y
no para el consumo humano. Seamos claros, Estados Unidos lucha a medida
que aumentan las exportaciones; no tiene sentido.
Además, tergiversa el decreto. Argumenta que México impone una
“prohibición de la tortilla de maíz”, lo cual es falso. Sólo suspende
las autorizaciones para el consumo humano; el maíz transgénico puede
seguir importándose.
México describe esto como una “limitación de uso final”, ya que regula
cómo se utiliza el maíz transgénico, lo cual se aplicaría a cualquier
lugar, incluidas las granjas nacionales.
Además, Estados Unidos exagera lo que hace el decreto. Asimismo, discute
sobre cuestiones que no vienen al caso. Lo que denomina “instrucciones
de sustitución” para obligar a sustituir el maíz OGM en la alimentación
animal. La queja es que las instrucciones no son claras.
Problema: el decreto no obliga a la sustitución. Lo que hace es
describir las acciones futuras y los requisitos previos necesarios, con
el objetivo de sustituir los piensos modificados genéticamente.
El artículo séptimo dice que la Comisión Federal para la Protección
contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) seguirá aprobando el maíz
transgénico en la alimentación animal, siempre y cuando no sea para
tortillas. Aclara que las dependencias federales llevarán a cabo
cualquier posible sustitución. Implícitamente, los gobiernos estatales
no tienen ningún papel.
El artículo octavo explica los elementos necesarios antes de cualquier
sustitución. También, designa los parámetros para sustituir el maíz OGM
para animales. Las condiciones previas incluyen determinar la seguridad
alimentaria nacional y cualquier impacto en la salud humana. En dos
presentaciones, México explica que los prerrequisitos no se han dado.
Por lo tanto, no ha fijado ninguna fecha para la sustitución, y mucho
menos ninguna orientación.
El decreto no exige en ninguna parte alternativas a los OMG; no afecta
al maíz para el ganado. Las quejas estadunidenses no dan en el blanco.
La disputa acaba de empezar a calentar el comal. El informe final del
panel llegará en noviembre. Hasta entonces, espere un lío con más
argumentos científicos y jurídicos amontonados. En términos más
sencillos, Estados Unidos ignora la realidad comercial y tergiversa el
decreto. Errores básicos que agravan los obstáculos en las normas de
seguridad alimentaria del T-mec.
Esto debería inspirar resolución frente a la repetición de derrotas
comerciales para Estados Unidos. Los agricultores estadunidenses y los
consumidores mexicanos merecen algo mejor. Poner fin a la disputa
asegura un comprador de maíz en un país vecino y promueve la salud
pública en México. El rumbo actual sólo produce incertidumbre.
*Profesor de la Facultad de Derecho, de Chapman
University, en California, Estados Unidos; investigador de derecho
internacional privado
1.3.24
La ciencia justifica la precaución de México sobre el maíz transgénico
Lucy Sharratt
El propósito de las restricciones del maíz genéticamente
modificado en México es salvaguardar la integridad del maíz nativo
de la contaminación y proteger la salud humana. Lo que busca la
impugnación estadounidense y canadiense es defender los intereses
de la industria biotecnológica
CIUDAD DE MÉXICO. -En México, un decreto presidencial ha prohibido
el uso de maíz genéticamente modificado (GM) para fines
alimenticios, pero los gobiernos de Estados Unidos y Canadá están
utilizando el acuerdo comercial (T-MEC) para impugnar estas
acciones.
El propósito de las restricciones del maíz GM en México es
salvaguardar la integridad del maíz nativo de la contaminación GM y
proteger la salud humana. Lo que busca la impugnación estadounidense
y canadiense es defender los intereses de la industria
biotecnológica.
Estados Unidos y Canadá quieren obligar a México a abrir su mercado
a todos los alimentos y semillas genéticamente modificados. Canadá
respalda la impugnación de EE.UU. (como tercero en la controversia)
a pesar de que no exporta maíz a México.
México tiene derecho a restringir el uso del maíz GM. Los Estados
Unidos argumentan que las acciones de México no tienen fundamento
científico, pero el gobierno cuenta con vasta evidencia científica
para justificar sus políticas precautorias.
Nuestra organización, la Canadian Biotechnology Action Network(Red
Canadiense de Acción Biotecnológica), es una amplia red de grupos de
agricultores y ecologistas que lleva 15 años vigilando los OGM, y
apoyamos las restricciones de México. Fuimos uno de los dos grupos
canadienses autorizados para enviar comentarios de expertos sobre
los riesgos del maíz GM al panel de arbitraje en esta controversia.
Sin embargo, en enero, a petición del gobierno de EE.UU. y con apoyo
de Canadá, se les retiró la invitación a los grupos canadienses,
basándose en la cuestión técnica de que la controversia es sólo
entre EE.UU. y México.
Aun así, publicamos nuestro análisis para demostrar que la
restricción de México está sustentada científicamente. Las
investigaciones siguen encontrando indicios de daños potenciales
para los seres humanos por el consumo de maíz GM resistente a los
insectos. La ciencia también sigue advirtiendo acerca de los efectos
que la exposición al herbicida glifosato, utilizado en la producción
de maíz GM, puede tener en la salud.
La mayoría de las plantas de maíz GM están modificadas genéticamente
para matar plagas de insectos. Las plantas GM expresan una toxina de
la bacteria del suelo Bacillus thuringiensis (Bt), la cual se sabe
que daña los intestinos de determinados tipos de insectos, pero no
todos. Los agricultores han utilizado Bt en aerosol durante mucho
tiempo para matar a las plagas, pero las toxinas Bt en los cultivos
GM son diferentes de las Bt naturales en cuanto a estructura,
función y efectos biológicos. De hecho, los estudios revisados por
pares en la bibliografía científica demuestran que las toxinas Bt
utilizadas en las plantas GM pueden dañar especies de insectos que
no son sus objetivos previstos.
Prueba tras prueba quedan demostrados los impactos negativos del Bt
donde se suponía que no los había. Por ejemplo, los resultados de
una prueba publicada en 2023 por investigadores de Brasil y
Colombia, apoyados por el gobierno de Brasil, encontraron [LS1] que
el Bt había tenido muchos impactos significativos en la salud de las
avispas, afectando incluso a la siguiente generación. Investigadores
académicos de China y Pakistan también encontró una menor diversidad
en el microbioma del intestino de las arañas lobo expuestas al Bt.
Esto se suma a otra prueba de laboratorio publicada en 2023,
financiada por el gobierno francés, que encontró que una toxina Bt
en particular altera el crecimiento y funcionamiento normal de las
células intestinales en las moscas de la fruta, lo que plantea la
posibilidad de que las toxinas Bt puedan dañar el revestimiento
intestinal de los animales, incluidos los humanos.
Además de estos resultados, varios [LS2] ensayos de alimentación en
animales de laboratorio también muestran que las toxinas Bt y los
cultivos Bt GM pueden tener efectos tóxicos en los mamíferos. Se han
observado diversos efectos tóxicos e indicios de toxicidad en
sangre, estómago, intestino delgado, hígado, riñón, bazo y páncreas,
así como respuestas inmunitarias, aunque el mecanismo no se ha
dilucidado a partir de estos estudios. Resulta un tanto grave que
los gobiernos de Estados Unidos y Canadá no exijan estudios sobre
alimentación animal para demostrar la seguridad de los alimentos
genéticamente modificados. De hecho, existen muy pocas pruebas
multigeneracionales y a largo plazo en animales en la bibliografía
científica.
Pero la toxicidad de las Bt no es el único problema de seguridad. La
producción de maíz GM también está vinculada al uso de glifosato y
otros herbicidas relacionados con graves problemas de salud, como
enfermedades neurológicas y algunos tipos de cáncer. La Agencia
Internacional para la Investigación del Cáncer de la Organización
Mundial de la Salud clasifica el glifosato como “probable
carcinógeno humano” y, como lo demuestran las demandas exitosas
contra Bayer/Monsanto, existe amplia evidencia de que la exposición
directa a herbicidas a base de glifosato puede derivar en linfoma no
Hodgkin en específico. En esencia, la evidencia también señala el
peligro de la exposición a residuos en los alimentos, que es la
preocupación destacada por México en relación con el maíz GM.
Esta preocupación es particularmente apremiante porque los mexicanos
comen más maíz que nadie en el mundo, en gran parte a manera de
harina mínimamente procesada para hacer tortillas. Se trata de una
forma de comer maíz GM totalmente diferente a la dieta de
ingredientes de maíz en alimentos altamente procesados que se
acostumbra en EE.UU. y Canadá. La particular exposición dietética de
México al maíz GM requiere que este país determine su propio “nivel
aceptable de protección” frente a los riesgos.
En su presentación frente al panel del litigio comercial, el
gobierno estadounidense sostiene que no se han encontrado efectos
adversos para la salud de los consumidores. No obstante, al no haber
un seguimiento de los alimentos modificados genéticamente, no existe
fundamento científico para hacer esta afirmación. No se han
realizado estudios posteriores a la comercialización en poblaciones
de seres humanos para determinar si se han presentado efectos
adversos para la salud y, sin un seguimiento o etiquetado de los
alimentos GM, dichos estudios no son factibles.
EE.UU. y Canadá argumentan esencialmente que, si ellos han decidido
que un alimento modificado genéticamente es seguro, entonces México
debería estar de acuerdo.
A principios de marzo se publicará la defensa formal de México para
la restricción del maíz GM como parte del proceso de litigio
comercial. Poco después escucharemos los argumentos de ocho grupos
no gubernamentales autorizados para enviar comentarios. Esos
documentos deberían explicitar que las restricciones a este tipo de
maíz por parte de México están sustentadas por la ciencia y tienen
justificación para defender el futuro del maíz y proteger la
seguridad alimentaria.
25.9.21
Vacunas transgénicas: experimento masivo en favor de trasnacionales
Hay otros aspectos también muy preocupantes. La mayoría de las vacunas aplicadas son transgénicas, con procesos de elaboración nóveles, que nunca se habían usado en seres humanos. Por ejemplo las que usan ARN modificado (Pfizer-BioNTech y Moderna) o ADN vectorizado por adenovirus modificados (AstraZeneca, Janssen, Sputnik V y CanSino).
Otras vacunas aplicadas en América Latina son Sinovac y Sinopharm (chinas, públicas). Esas usan métodos convencionales probados por décadas. Son nuevas para Covid y tienen algunos efectos secundarios, pero no conllevan los altos riesgos e incertidumbres de las vacunas transgénicas. Las vacunas producidas en Cuba (en instituciones públicas) usan métodos biotecnológicos, pero no son transgénicas, sino basadas en métodos probados por más de 15 años.
Desde el principio de la pandemia, las trasnancionales farmacéuticas afirmaron que sus nuevas vacunas genéticas serían más efectivas y estarían disponibles mucho más rápido que otras. Sin embargo, a medida que avanzó el experimento sin precedente de inocular a cientos de millones de personas con vacunas corporativas transgénicas, varias empresas, ya con su mercado establecido, reconocieron que sus porcentajes de efectividad son menores que los alegados. Incluso algunas vacunas transgénicas podrían tener menor nivel de efectividad que las convencionales.
Por otro lado, la gran diferencia de tiempo
para disponer
de vacunas convencionales, que en diciembre 2020 se argumentó esencial
para iniciar la vacunación prometiendo a la gente que sería el
boleto de salida de la pandemia
, apenas fue de un par de
meses. Resumiendo, no existió ninguna razón objetiva, salvo
afirmaciones vacuas e intereses comerciales, para exponer a
millones de personas a los riesgos e incertidumbres de vacunas
transgénicas: se podrían haber desarrollado vacunas con métodos
convencionales, tanto públicas como privadas. Algo que habría
facilitado que muchos más países e instituciones nacionales
pudieran producir y distribuir vacunas más ágilmente.
Sobre los riesgos de las vacunas transgénicas, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza en América Latina (UCCSNAL) acaba de publicar un pronunciamiento y un extenso artículo científico de revisión bibliográfica que plantea elementos que se deben tener en cuenta para la evaluación de riesgos de las nuevas vacunas de ARN modificado y/o adenovirus recombinantes contra SARS-CoV-2 (https://tinyurl.com/3b5xcsym).
Entre otros aspectos, el artículo plantea los impactos potenciales a corto y largo plazos de las vacunas transgénicas. Se basa en un centenar de artículos científicos y en el análisis de los efectos adversos a vacunas reportados en Estados Unidos y otros países. Uno de los efectos graves con vacunas de ADN vectorizadas son coagulopatías y trombosis, a los que se ha agregado el síndrome de Guillain-Barré (parálisis) y el aumento del riesgo de contraer VIH. Las vacunas de ARN se han asociado, entre otros, a riesgos de efectos inflamatorios multisistémicos y miocarditis. En el caso de la Pfizer, puede haber también reacciones posteriores causadas por el uso de nanolípidos como vectores, que al ser nanopartículas, no son reconocidas por el sistema inmunológico y se pueden acumular en diferentes órganos. Estudios científicos han mostrado en ratones de laboratorio la presencia de ARN modificado en múltiples órganos y no sólo en el lugar de inoculación. Los reportes de efectos adversos, incluyen varios miles de muertes que podrían estar relacionadas a vacunas transgénicas, cuya vinculación causa-efecto es difícil de establecer, aunque se considera probable si ocurre dentro de los 3 días posteriores a la vacunación y en relación a los efectos antes mencionados.
Si bien es cierto que el porcentaje de efectos adversos graves reportados es un porcentaje mínimo en relación con cientos de millones de personas vacunadas, existiendo alternativas vacunales y otros tratamientos posibles, no se debería haber expuesto a nadie, mucho menos a miles de personas, a esos riesgos. Las estadísticas indican que la vacunación ha reducido la mortalidad y hospitalización, pero también las vacunas con metodologías convencionales.
Tampoco está claro cuánto dura la inmunidad con las vacunas, por lo que de todos modos es un enfoque limitado, que se ha impuesto a despecho de considerar seriamente tratamientos más integrales y fuera del control de las empresas. A dos años de la debacle múltiple que ha provocado esta pandemia, es hora de un debate mucho más amplio sobre todos sus aspectos, incluso sus causas y qué ciencia y otros enfoques necesitamos para fortalecer nuestros sistemas inmunológicos personales, como comunidades y sociedades.
15.6.19
El neocolonialismo se reinventa en el T-MEС
El nuevo Tratado México-EEUU-Canadá, T-MEC, que reemplazará al TLCAN, tendrá un impacto positivo en el PIB real y el empleo de EEUU. Para defender su mercado interno y lograr sus metas de exportación, Trump aprobó la Ley de mejora de la agricultura, que prevé 867.000 millones de dólares en subsidios.
A decir de Trump, el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) fue un pésimo acuerdo para EEUU, pues ocasionó la pérdida de 4 millones de empleos en el sector manufacturero, un déficit de más de 2 billones de dólares. Además, el sector automovilístico habría perdido un 25% de puestos de trabajo.
Por su parte, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, remitió el T-MEC al Congreso para su aprobación. "Consideramos que nos conviene, que es benéfico para que haya más inversión extranjera, que se estimule la participación de las empresas, para la creación de empleos bien pagados en el país", afirmó.
La pobreza no se redujo con el TLCAN
Durante los 20 años de vigencia del TLCAN, las exportaciones totales de México han crecido un 525%, siendo el sector de maquila el más dinámico. No obstante, el Senado mexicano reconoce que el bajo costo de la mano de obra sigue siendo un factor fundamental para la instalación de empresas manufactureras norteamericanas en México.
En el periodo de vigencia del TLCAN, las maquiladoras han creado apenas 700.000 empleos, en un país con una población económicamente activa de 54 millones de personas, de las cuales 30,5 millones tienen trabajos informales y las subocupadas suman 3,8 millones.
Un informe gubernamental afirma que México exporta a sus socios del TLCAN por un valor de 36 millones de dólares cada hora. Pero más allá de los millones, es más que curioso que casi la mitad de los mexicanos aún continúan viviendo en la pobreza.
Un acuerdo para eliminar el déficit de EEUU
Según el Gobierno de EEUU, con la firma del T-MEC han logrado "un acuerdo del siglo XXI de alto estándar" que les permitirá eliminar el déficit de 71.000 millones de dólares en comercio de bienes y mejorar el superávit de casi 7.000 millones de dólares en servicios.
La Comisión de Comercio Internacional de los EEUU (USITC, por sus siglas en inglés), hizo una evaluación del posible impacto del T-MEC que arrojó como resultado que las exportaciones estadounidenses a Canadá y México aumentarán en 19.000 y 14.000 millones de dólares, respectivamente.
En cuanto a las importaciones estadounidenses desde Canadá y México, aumentarán en un 5% y un 3,8%, respectivamente. El modelo usado por la USITC estima que el acuerdo tendrá un impacto positivo en todos sus sectores industriales.
Estados Unidos entiende que debe preparar a sus empresas para defender su mercado interno y conquistar nuevos. Para ello, el presidente Trump promulgó la Ley de mejora de la agricultura 2018, que dispone 867.000 millones dólares en ayuda al sector para los próximos cinco años.
Las trampas del T-MEC: propiedad intelectual
Uno de los pilares del T-MEC es el referido a la propiedad intelectual, que, entre otros aspectos, define procedimientos judiciales para "evitar la divulgación de secretos comerciales" de las compañías transnacionales en casos de litigio.
Esto le vendrá muy bien a los contaminadores, pues estarán protegidos de no difundir información de los químicos que utilizan. También podrá favorecer a los productores de transgénicos que no estarán obligados a informar, amparándose en el 'secreto comercial'.
Según el Gobierno de EEUU, el capítulo de propiedad intelectual "moderniza y proporciona una protección sólida y efectiva" a sus innovadores y creadores.
Estado Gendarme para proteger a las transnacionales
La oficina para el comercio de EEUU informó que, por primera vez, un acuerdo comercial establece que, 'de oficio', las autoridades deberán impedir la circulación de las mercancías falsificadas o pirateadas en cada fase de entrada, salida y tránsito por el territorio de cualquiera de los países parte del T-MEC.
El Estado mexicano deberá crear una gran infraestructura legal y policiaca para proteger las inversiones de sus socios.
De este modo, el Estado se convierte en gendarme defensor de los intereses de empresas transnacionales, pues de no hacerlo sufrirá sanciones y demandas por no proteger la inversión.
Es sabido que la piratería es una plaga internacional y para combatirla no bastan leyes o policías, pues es también un problema de pobreza, que por lo visto en el TLCAN no solucionará tampoco el T-MEC.
UPOV 1991, la trampa de la 'letra chica'
El T-MEC establece que los países deberán ratificar varios tratados internacionales sobre propiedad intelectual, entre ellos UPOV 1991, que es el tratado de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales.
UPOV 1991 ha sido foco de críticas y resistencia en el mundo porque establece derechos de monopolio muy amplios a favor de los obtentores de variedades vegetales, a quienes define como "aquella persona que haya creado o descubierto y puesto a punto una variedad vegetal".
Esos nuevos derechos abarcan toda la cadena productiva y reproductiva del vegetal en cuestión, incluyendo la producción, reproducción, venta, exportación e importación, que deberá ser autorizada por el obtentor. Dicha 'autorización' implica el pago por el uso.
Este nuevo acuerdo constituye una amenaza para la propiedad colectiva del conocimiento tradicional y abre las puertas de par en par a la biopiratería, pues equipara el concepto de 'descubrimiento' con el de 'invención', que no son lo mismo.
Es aún más preocupante que el artículo 20 del T-MEC establece que cada país "dispondrá que las patentes puedan obtenerse para cualquier invención, ya sea un producto o un procedimiento, en todos los campos de la tecnología".
Se podrá patentar vegetales, genes, microorganismos, etc., etc., de la misma forma que se patentan las invenciones industriales.
Es la típica visión colonialista, donde el descubridor, por el mero hecho de haber encontrado algo, se lo apropia, lo patenta y se lucra sin límites. Se trata incluso de una imposición de paradigma, que elimina el conocimiento colectivo de libre acceso y promueve la apropiación y lucro privado.
Según el Instituto de Política Agrícola y Comercial, con el TLCAN los agricultores mexicanos fueron devastados por el maíz barato de los EEUU y casi dos millones de ellos fueron expulsados de la agricultura, muchos se convirtieron en subcontratados y otros se vieron obligados a emigrar.
Los textos del T-MEC y sus anexos conforman cientos de páginas, donde el capítulo de propiedad intelectual es apenas una parte, pero suficiente para constatar que EEUU ha logrado imponer sus reglas neocoloniales, constituyéndose esto en un peligroso antecedente.
UPOV 91 y T-MEC violan los derechos campesinos
La reciente Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que trabajan en las zonas rurales instituye que los Estados respetarán, protegerán y harán efectivos los derechos de los campesinos.
El artículo 19 establece el derecho a proteger los conocimientos tradicionales relativos a los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura; el derecho a conservar, utilizar, intercambiar y vender las semillas o el material de multiplicación que hayan conservado después de la cosecha.
¿Podrá AMLO hacer cumplir estos derechos luego de la entrada en vigor del T-MEC y UPOV 91?
It's just business!
Para el año 2050 se prevé que la población mundial alcance los 10.000 millones. Eso conlleva que la demanda mundial de alimentos aumente en un 70%.
La creciente demanda de granos, aceites y vegetales es un motor importante para el mercado mundial de semillas, que está valuado en 59.000 millones de dólares y se prevé que llegue a 90.000 millones de dólares en 2024. Este es precisamente el negocio que ahora EEUU y sus transnacionales pretenden monopolizar.
Ocho empresas representan alrededor del 50% del mercado mundial de semillas, entre ellas Monsanto, Vilmorin & Cie., Syngenta (ahora china, ChemChina-Syngenta), DowDupont Inc., Bayer y DLF Seeds.
Paradójicamente, son los campesinos los principales proveedores de alimentos para más del 70% de la población mundial, que producen con reducidos recursos.
¿Se acordará AMLO del plan de Ayala Siglo XXI 2.0?
Durante la campaña electoral, AMLO comprometió con su firma incorporar en su plan de Gobierno el Plan de Ayala Siglo XXI 2.0, que tuvo el respaldo de más de 100 organizaciones agrícolas mexicanas.
Dicho documento definió prohibir la siembra de transgénicos y suspender el uso de pesticidas prohibidos.
El plan precisa que "es necesario renegociar el TLCAN y sustituirlo por un Acuerdo Trinacional de Cooperación para el Desarrollo que, a diferencia de aquel no sacrifique nuestra soberanía alimentaria, además de que incluya la legalización de los indocumentados y el derecho a la movilidad transfronteriza".
¿Tan pronto se habrá olvidado AMLO del Plan Ayala siglo XXI?
24.6.17
Edición genómica, mutaciones y armas de destrucción masiva
precisasy controlables, al grado que incluso actores del sector agrobiotecnológico afirman que no sería necesario pasar por evaluaciones de bioseguridad.
Es útil recordar que James Clapper, ex director de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA), declaró que la agencia considera a las nuevas tecnologías de edición genómica (nuevas formas de hacer transgénicos y otros productos de ingeniería genética) como potenciales armas de destrucción masiva. La declaración fue dada a la revista del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) y refiere a las conclusiones de un informe realizado entre la CIA, la NSA y otros agente de seguridad de Estados Unidos en 2016. (Technology Review, 9/2/16, http://tinyurl.com/h76cq6b)
Aunque Clapper no nombró específicamente la tecnología CRISPR Cas9, queda claro que está muy alta en la lista de preocupaciones. La razón para ello es que las nuevas tecnologías de edición genómica, particularmente CRISPR Cas9, son baratas, fácilmente accesibles y tienen un amplio espectro de aplicaciones posibles. Por ejemplo, dijo Clapper, podría usarse para crear
insectos asesinoscontra humanos y animales, microorganismos que sean plagas fatales en las cosechas o virus que se inserten en el ADN humano. En particular, los sistemas de impulsores genéticos (gene drives), una construcción de CRISPR Cas9 diseñada para asegurar que una modificación genética permanezca en toda la progenie de una especie silvestre y se disemine agresivamente en el medio ambiente está en la agenda de la Convención sobre Armas Biológicas de Naciones Unidas. (https://tinyurl.com /hp2 gph5). A estas consideraciones hay que agregar que la tecnología tiene un vasto espectro de impactos inesperados e impredecibles, que se suman a los intencionales.
Son consideraciones que contrastan fuertemente con el intento de la industria biotecnológica de burlar incluso las insuficientes normas de bioseguridad, con la propaganda que vende que son tecnologías exactas, que solamente se trata de una mínima
edicióndel genoma, que no necesariamente introduce nuevo material genético, sino que solamente silencia genes o elimina pequeñas partes de las secuencias. En realidad, en todos los casos se trata de ingeniería genética, de manipular genomas sobre los que hay enormes incertidumbres, se ignora una gran parte de las funciones de los genes y de las interacciones de éstos entre sí, con el organismo completo y el medioambiente.
No obstante, la industria ha conseguido introducir esta absurda discusión de que no pasen por aprobación de bioseguridad, en Europa, Estados Unidos, Argentina, Brasil, México y varios otros países. El argumento siempre es similar: se trata de
edición, son mucho más precisos que los transgénicos (¡por fin reconocen que los otros transgénicos no lo son!), son
pequeñasmodificaciones.
El artículo publicado en la revista Nature Methods da cuenta de un experimento que usó CRISPR Cas9 para corregir ceguera en ratones. Para evaluar efectos secundarios, realizaron una secuenciación de genoma completo de los ratones manipulados. Para su sorpresa, encuentran cientos de mutaciones no intencionales e inesperadas, no solamente en las regiones del genoma donde los algoritmos usados para el experimento contemplaban que podía haber mutaciones, sino en mucho lugares donde no estaba previsto. Mahajan, V. et al, Nature Methods, 30/5/2017 (https://tinyurl.com/y9kbfjmv)
Uno de los autores del artículo, Alexander Bassuk, de la Universidad de Iowa, explica que consideran estos resultados alarmantes, porque aún una sola mutación puede producir efectos graves e inesperados y aquí se trata de cientos de mutaciones.
Como este artículo afectó directamente a empresas que han invertido enormes sumas de dinero para la aplicación comercial de CRISRP Cas9, los científicos de dos de ellas, Editas Medicines e Intellia Therapeutics enviaron cartas criticando al artículo y demandando a Nature que se retracte de su publicación. Entre las críticas que hacen los científicos de las empresas que es que se usaron pocos animales y que deberían haber hecho secuenciación de genoma completo de los progenitores para descartar otras variaciones.
Un serio problema que las empresas fingen ignorar, es que más allá de este experimento –que no ha sido demostrado que sea erróneo– la mayoría de los experimentos con Crispr Cas9 producen efectos fuera de objetivo y mutaciones no intencionales, pese a que en general no se hace secuenciación de genoma completo para buscarlas. Ahora las empresas afirman que se debe hacer este tipo de secuenciación no sólo en los organismos manipulados, sino también en los progenitores para demostrar que son válidas. O sea, se necesitan no sólo las reglas de bioseguridad existentes, sino todo un nuevo aparato, normativas y estándares de bioseguridad y evaluación de riesgo mucho más complejos y que ni siquiera existen. Y que además, no pueden ser generalizados, porque las formas de ingeniería genética con CRISPR Cas9 en vegetales y su posterior multiplicación son muy diferentes que en animales u otros organismos.
Lo único sensato ante el océano de riesgos e incertidumbres a que nos quieren someter, es no permitir la liberación de ningún organismo (cultivos, insectos, animales) manipulado con ingeniería genética.