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14.8.25

Hacia la histórica cumbre entre Trump y Putin en Alaska

Por Carlos Fazio

Mientras Zelensky y sus aliados europeos de la “coalición de los dispuestos” observarán a distancia, EU y Rusia discutirán en Anchorage la eventual reconfiguración territorial de Ucrania y negocios bilaterales en materia de petróleo, tierras raras y un corredor geoeconómico en el estrecho de Bering.



Desde hace una semana, cuando el presidente Donald Trump anunció la histórica cumbre con su homólogo ruso Vladimir Putin, a realizarse mañana 15 de agosto, presumiblemente, en la base militar Elmendorf-Richardson ubicada en la ciudad de Anchorage, en el estado estadunidense de Alaska, las especulaciones sobre los objetivos del encuentro no han cesado.

Si bien las versiones predominantes aluden a la posibilidad de un acuerdo para poner fin al conflicto en Ucrania, que contemplaría la pérdida de territorios del país euroasiático a manos de la Federación Rusa, otras indican que lo sustancial de la reunión giraría sobre cinco tópicos: petróleo, tierras raras, la limitación nuclear de ambas superpotencias, el corredor geoeconómico de Rusia y Estados Unidos en el estrecho de Bering –quizás sumando a China para asentar el nuevo orden mundial tripolar (G-3)– y el reparto del Ártico.

El martes 12, mientras se difundían despachos de prensa sobre la posibilidad de que, con apoyo británico, antes de la cumbre el Ejército ucraniano organizara una operación de bandera falsa con drones y misiles contra un barrio densamente poblado o un hospital en la ciudad de Chugúyev, en la región de Járkov –que le permita ganar fuerza de negociación frente a Trump, quien ve en Zelenski el principal obstáculo para alcanzar una negociación medianamente exitosa con Rusia–, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, pareció moderar las expectativas de un rápido acuerdo de alto al fuego, al señalar que para el jefe de la Casa Blanca será un “ejercicio de escucha”, para que “obtenga una comprensión más firme y mejor de cómo podemos, con suerte, llevar este conflicto a su fin”.

Un representante de la administración Trump declaró a Politico que el objetivo del magnate neoyorkino se centra en evaluar a Putin, averiguar si el mandatario ruso tiene serias intenciones y trabajar para lograr, después, una reunión trilateral con el líder del régimen de Kiev, Vladímir Zelenski. Otro funcionario señaló al medio que se trata de “confiar en los instintos de Trump”. El informante expresó que el presidente ruso “ofreció un plan”, y agregó: “Puede que no sea un plan viable, pero había algo sobre el papel, lo que demuestra un avance (…) así que irá a escucharlo”. Después de hablar, “Trump podrá evaluar cuán serio es Putin respecto a la paz”, informó otro funcionario estadunidense y añadió que la reunión es “el comienzo de una nueva fase”.

No obstante, este miércoles, tras una reunión por videollamada con líderes de la Unión Europea y Zelenski, fiel a su contradictorio estilo personal de negociar, Trump prometió que Rusia enfrentará “consecuencias muy graves” si Putin no acepta detener el conflicto después de la reunión en Alaska.

Por su parte, tras del encuentro de Putin con Steve Witkoff la semana anterior, el Kremlin habrá evaluado la verdadera posición de Estados Unidos, en particular sus limitaciones y restricciones, en contraste con las declaraciones grandilocuentes procedentes de Washington ante la expiración del “plazo para la resolución” del conflicto ucraniano y la introducción de nuevas sanciones contra Rusia.

Moscú apoya una cuarta ronda de conversaciones en Estambul, y Putin y sus asesores habrán entendido que el frenesí mediático y el revuelo causado por los submarinos armados con misiles que Trump ordenó acercarse a Rusia, son elementos típicos de sus tácticas de presión antes de las negociaciones. Como observó el ex embajador británico y experto geopolítico, Alastair Crooke, la realidad que se esconde tras este frenesí es que Trump tiene pocas cartas con las que intensificar la presión sobre Rusia (las reservas de armas se han agotado) y el recurso a misiles de mayor alcance provocaría entre los MAGA el clamor de que el líder republicano está llevando a Estados Unidos a la tercera guerra mundial.

Hipótesis sobre el nuevo mapa después de la cumbre

En la coyuntura, Putin parece llegar más fortalecido que Trump a la cita. En un momento en que parecía que la retórica del jefe de la Oficina Oval contra Rusia se volvía más agresiva, con ultimátums de “10 o 12 días” y amenazas de más sanciones, incluido su embargo petrolero contra los clientes de Moscú, a lo que a sugerencia del general Keith Kellogg se sumó el envío de dos submarinos nucleares de la clase Ohio “frente a las costas” de Rusia, la reciente visita del enviado de la Casa Blanca al Kremlin, Steve Witkoff, marcó un cambio radical en la actitud de Washington, posibilitando la esperada reunión entre ambos mandatarios.

Como han señalado diversos analistas de información, en los meses anteriores la presión de Trump para un acuerdo de paz parecía un capricho personal, y el llamado ‘Partido de la Guerra’ y los globalistas a ambos lados del Atlántico aún tenían cartas que jugar: el paquete de sanciones del senador republicano de ultraderecha, Lindsey Graham, connotado rusófobo; nuevos envíos de armas estadunidenses a Ucrania, y las iniciativas de la “coalición de los dispuestos”, impulsada por el  presidente francés Emmanuel Macron, el primer ministro británico Keir Starmer y el canciller alemán, Friedrich Merz, para desplegar tropas europeas en Ucrania.

Además de que la situación desfavorable en el frente de batalla para el régimen de Zelenski significa que Trump –atrapado por el caso Epstein y las presiones de un sector de la sociedad estadunidense por su complicidad por el genocidio del régimen de Benjamín Netanyau en Gaza, lo que ha repercutido en su base MAGA, que exhibe signos de desintegración– necesita ahora conversaciones con Putin, no porque personalmente desee la paz, sino porque las realidades en la línea del frente de guerra lo empujan a ello. Como ha repetido el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, Rusia ya “ha ganado” el conflicto y ahora “es el turno de Occidente para reconocerlo”. Desde el punto de vista de Trump, cuanto antes pueda cerrar algún tipo de acuerdo con Moscú, mejor. Y esa urgencia es otra ventaja para Putin, quien, en caso de no alcanzar un acuerdo, no pierde nada. El Ejército ruso puede profundizar su guerra de desgaste y seguir avanzando hasta que se rompa el frente ucraniano, o hasta la próxima iniciativa de paz con Washington.

Desde que resultó electo como presidente de EU en noviembre de 2024, Trump y su enviado especial para el caso ucraniano, el general Keith Kellogg, sugirieron que un futuro acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia implicará un intercambio de territorio entre ambas naciones. Eso lo han repetido ambos en múltiples oportunidades en los últimos ocho meses, incluidos sendos pronunciamientos del secretario de Estado, Marco Rubio y del otro negociador especial de Trump, Steve Witkoff. Incluso, el citado senador Lindsey Graham, representante de Carolina del Sur, declaró en una entrevista con el programa ‘Meet the Press’ emitido el pasado domingo en NBC News, que Ucrania no podrá “expulsar a todos los rusos”, por lo que cree que un hipotético acuerdo de paz contemplará modificaciones territoriales que el régimen de Kiev tendrá que aceptar durante la cumbre entre Trump y Putin. Dijo: “Para ser sincero, Ucrania no expulsará a todos los rusos, y Rusia no tomará Kiev. Así que habrá algunos intercambios de territorios al final”.

En principio, la posición rusa sigue siendo la establecida por el presidente Putin el 14 de junio de 2024. La propuesta de Moscú contempla que Kiev retire completamente sus tropas de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk y de las provincias de Zaporozhie y Jersón (incorporadas a Rusia después de consultas populares en 2022) y reconozca esos territorios, así como Crimea y Sebastopol, como sujetos de la Federación Rusa. Además, debe garantizarse la neutralidad, la no alineación, así como la desnuclearización, desmilitarización y desnazificación de Ucrania, objetivos iniciales de la operación militar especial.

Sin embargo, para el Kremlin no se trata solamente de encontrar una solución pacífica, sino también de concertar un compromiso firme y vinculante, y firmar documentos reconocidos internacionalmente. Aquí surge el problema de la ilegitimidad de los dirigentes del régimen de Kiev. El mandato de Zelenski expiró en mayo del año pasado, por lo que los representantes del Poder Ejecutivo, que son nombrados por él, también son ilegítimos. Además, Putin ha insistido en la necesidad de abordar las “causas profundas” del conflicto y que a la hora de buscar soluciones es necesario basarse en las “realidades sobre el terreno”. Es un dato real que la cumbre se da en un contexto de ampliación de la zona de control militar ruso en la línea de contacto. Por su parte, Zelensky, apoyado por la desdibujada “coalición de los dispuestos”, asegura que nunca reconocerá la soberanía de Rusia en las regiones ‘conquistadas’ por Moscú y especula con la integración de su país en la Alianza Atlántica.

En ese contexto, en el campo mediático se manejan diversas hipótesis. Según la web estadunidense Axios, tras la reunión de Witkoff con Putin, el 6 de julio, el enviado estadunidense habría indicado a Trump, Zelenski y varios líderes europeos que el Kremlin estaría dispuesto a renunciar a los territorios que controla en las regiones de Zaporiyia y Jersón, en el sur, si Kiev cediera Lugansk y Donetsk, en el este, así como Crimea, anexionada por Moscú en 2014.

Sin embargo, al día siguiente la versión de Witkoff al contactar con altos funcionarios europeos y ucranianos en una videollamada fue muy diferente. Según Witkoff, a lo que habría accedido Putin era a “congelar” el avance ruso en esas regiones y no proceder a su total conquista. Una versión que parece más lógica, dado que Rusia difícilmente devolverá a Ucrania la media luna de territorio conquistado con acceso al mar que une Crimea con la zona del Donbás, a la que pertenecen las regiones de Lugansk y Donetsk, y que cuenta en su área con la central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa.

A su vez, sin citar fuentes, el medio de comunicación polaco Onet divulgó la supuesta propuesta estadunidense, que incluiría el reconocimiento de facto de los territorios ocupados por Rusia aplazando la cuestión del estatus durante 49 o 99 años. La iniciativa también incluiría el fin de las sanciones y, a largo plazo, el restablecimiento del comercio en materia de energía. A cambio, el documento presuntamente presentado por Witkoff no aborda la cuestión del veto al ingreso de Ucrania en la OTAN.

Otro informe, publicado el 8 de agosto por la agencia estadunidense Bloomberg, especifica que Rusia podría obtener el control total del Donbás, incluso de las partes que el ejército ucraniano ha conseguido retener. En el caso de Jersón y Zaporiyia, el acuerdo dejaría el control territorial según las líneas de batalla actuales. No está claro en qué situación quedaría Crimea, controlada por Rusia, pero fundamental para Ucrania.

Por su parte, el experto geopolítico ruso Leonid Savin ha comentado que si se produce una división de las esferas de influencia en el territorio de Ucrania, como ocurrió en la Conferencia de Potsdam, entonces entrarán en contacto y, posiblemente, tendrán una zona de amortiguación dos órdenes mundiales: el estadunidense y el ruso. Como ocurrió en la era de la bipolaridad, pero entonces la frontera se extendía mucho más al oeste. Aquí, según Lavin, la cuestión crítica y operativa será dónde se trazará exactamente la línea divisoria. ¿Según las fronteras administrativas y territoriales? ¿Según el Dniéper (teniendo en cuenta la retirada de las Fuerzas Armadas de Ucrania de la parte ocupada de la región de Jersón)? ¿O se extenderá mucho más al oeste, donde se encuentran las tierras históricas del mundo ruso?

Más allá de lo que finalmente se logre en la cumbre, otro punto de presión que tendrá Trump será la “responsabilidad” de asegurarse de que el régimen de Kiev y sus aliados europeos “se alineen” y no torpedeen las líneas generales de un acuerdo como lo hicieron previamente. Acerca de los posibles resultados del encuentro, es probable que sobre el tema ucraniano se logre un conjunto de promesas grandiosas, dramáticas y en última instancia vacías, pero suficientes para que Trump registre la casilla de ‘pacificador’ en su marcador personal, en su ansiada y obcecada carrera hacia la obtención del Premio Nobel.

Petróleo, tierras raras y un corredor geoeconómico en el estrecho de Bering

Paradójicamente, la provocación trumpista de los submarinos clase Ohio en “las cosas rusas”, por absurda que sea, ha dado a Moscú el pretexto para proponer algo que llevaba tiempo en la “mesa de diseño” del presidente Putin: Rusia ha anunciado el levantamiento de las restricciones autoimpuestas en el marco de la moratoria sobre el despliegue de misiles de medio y corto alcance (Tratado INF), justificándolo con las acciones de Estados Unidos, que desde hace tiempo había desplegado sistemas similares en Europa y en la región Asia-Pacífico, violando así el statu quo. Por primera vez, Moscú subraya de manera oficial que la amenaza de los misiles INF estadunidenses no proviene solo de Europa, sino también de la región Asia-Pacífico.

Ése podría ser un tema clave en la cumbre de Alaska. Como ha mencionado Alastair Crooke, a nivel de lógica formal, la revocación de la moratoria sobre el despliegue del INF por parte del Kremlin no es más que una respuesta simétrica a la anterior escalada de Washington. Pero a un nivel más profundo, Rusia no está simplemente “reaccionando”: está creando una “nueva arquitectura estratégica” en ausencia de restricciones internacionales. Y, entre otras cosas, tiene en sus manos la producción en serie del misil balístico hipersónico Oreshnik, así como un aliado directo, Corea del Norte, en la región Asia-Pacífico. Este cambio de paradigma se concibe como estratégico. Mientras que antes Moscú confiaba en los tratados y en el ‘comportamiento normal’ de sus contrapartes, ahora apuesta por “la imprevisibilidad, los frentes interconectados y el equilibrio de amenazas”. En una coyuntura, además, que el enemigo principal declarado de las administraciones de Joe Biden y Donald Trrump, es China, que, a la sazón, se define también como un país “casi del Ártico”.

Según consignó Alfredo Jalife -Rahme en el periódico mexicano La Jornada, Rusia ostenta la mayor flota de rompehielos del mundo que hoy se encuentra en las aguas del Ártico en las cercanías de Alaska, a la que se acaba de unir una armada de cinco rompehielos chinos. ¿Tendrán la capacidad de transportar misiles nucleares los rompehielos rusos y chinos? Adicionalmente, el presidente chino Xi Jinping celebró con los contactos entre Rusia y EU, quizá en preparación de lo que se ha venido vaticinando como una probable cumbre geoestratégica de un G-3 en Beijing, entre Putin, Trump y el mandatario chino, el 3 de septiembre próximo. Lo que podría sentar las bases para un reparto del Ártico entre los tres protagonistas.

En otro orden de ideas, tanto Trump como su enviado especial, Witkoff, han mencionado en varias ocasiones, la oportunidad de hacer negocios con Rusia en materia de petróleo y tierras raras, lo que podría profundizarse por ambos presidentes durante su cita en Anchorage, a la par de avanzar en los detalles para un eventual corredor geoeconómico Rusia/China en el estrecho de Bering, al que podría sumarse China.

 

*Publicado en Mate Amargo el 14 de Agosto de 2025

10.3.25

El proyecto globalista ingresa en su fase porno

SALVADOR GÓMEZ 
eXtramuros

En tres días entre febrero y marzo Zelensky se peleó en vivo con Trump, no firmó el acuerdo sobre minerales, fue echado a patadas de la Casa Blanca y su cena la comieron los periodistas, viajó a Londres donde Starmer lo consoló y prometió “boots on the ground and planes in the air” en apoyo a la inminente victoria ucraniana, y al día siguiente Zelensky dijo que estaba dispuesto a arreglar las cosas, reconocer que Trump es su firme líder, y firmar el acuerdo sobre minerales “en cualquier formato que se considere conveniente”.
Occidente se divide mientras busca un nuevo camino. El poder viejo, que es el globalismo con sede principal en la City de Londres, más los restos del neocon en EEUU, intenta sus penúltimos trucos. Por su parte, el intento de la administración Trump de tomar el poder efectivo en Estados Unidos, luego de haber ganado las elecciones, enfrenta dificultades esperables. Las demoras favorecen a Londres. La administración Trump sigue con su retórica dadaísta mientras da golpes fuera de cámaras al corazón del proyecto anterior. Pero si matan o derriban a Trump antes de que la derrota en Ucrania se produzca con claridad, todo el cambio puede sufrir un retraso de años



En esta nota sugiero un esquema de interpretación para ubicar las líneas principales de lo que estamos viendo ocurrir a nivel internacional. Para ello, me limitaré a ordenar los elementos principales, yendo de lo general a lo particular.

1) La situación civilizatoria

A nivel de civilizaciones, el esquema sigue totalmente incambiado con respecto a lo que, en diversas notas de esta revista, se ha ya delineado. Mientras que China y Rusia consolidan su alianza estratégica, a la cual zonas del Islam también van integrándose bastante rápido, Occidente ha entrado en una fase de su crisis interna de decadencia, y quizá relanzamiento, que se hace más y más notable por momentos.

Los proyectos civilizatorios occidentales han estado comandados por el mundo anglo en los últimos 210 años, luego de la derrota de Napoleón. La contradicción de base con respecto al rumbo civilizatorio occidental ha estado entre dos proyectos: el proyecto británico, y el proyecto de un Estados Unidos soberano. Londres representa el proyecto globalista, apoyado por determinada proyección universalista de los intereses financieros y corporativos occidentales al resto del mundo. Washington siguió en los últimos 80 años, en los rasgos fundamentales de sus políticas monetaria, financiera y exterior, ese liderazgo británico. Tanto en la creación de la FED, como en la construcción de influencia del Council on Foreign Relations, como en la génesis de la inteligencia americana de posguerra, como en la proyección internacional del mundo financiero “de Wall Street”, entre otros factores, han tenido gran participación y control los británicos. Es inglesa la inspiración para el PNAC neoconservador. Y los lobbies judíos en Estados Unidos, tan influyentes en la política exterior del tiempo de hegemonía global norteamericana, tienen una larga y nunca ocultada vinculación con la City de Londres.

En este momento, lo fundamental que ha cambiado es que, con la segunda administración Trump, ha tomado forma y vuelo el proyecto de un Estados Unidos que se conciba más autónomo del poder, los intereses y la manipulación de Londres. La civilización occidental está, pues, en un momento de quiebre y de redefinición. Las fuerzas de lo viejo, que viene dirigiéndolo todo, especialmente el discurso y la narrativa occidental central desde los inicios de la Guerra Fría, están enfrentando su propia caducidad. Todavía pueden dar un golpe desesperado, que aplace quizá por años su pérdida total de poder, si consiguen derribar la administración Trump o al menos detenerla en todo lo importante, como hicieron ya en 2017.
Mientras tanto, lo que los Estados Unidos están buscando bajo esta nueva y contradictoria administración es retomar un camino propio, que puede ser seguido o no por el resto de Occidente.

2) La situación geopolítica

a) El proyecto globalista de Londres

El proyecto globalista ha ubicado como objetivo estratégico fundamental la guerra en Ucrania, o como se le llama más precisamente a veces, el “Project Ukraine”, que involucra más que el conflicto bélico. Estrictamente, la guerra en Ucrania estuvo perdida por Occidente desde el punto de vista militar desde antes de empezar. Eso no detuvo en absoluto el proyecto de provocarla, pues el objetivo nunca fue ganarla, sino usar a Ucrania, desangrándola por el mayor tiempo posible, para proteger y promover objetivos estratégicos del proyecto globalista. Ucrania es frontera entre civilizaciones. Su destino como escenario de conflicto contra Moscú viene de lejos en la historia. La única guerra directa entre Inglaterra y Rusia ocurrió en Crimea en el siglo XIX, como parte del Great Game, la confrontación de largo plazo entre Londres y Moscú por el control de las conexiones euro-asiáticas. En su última fase, el proyecto Ucrania viene desde que Londres se dio cuenta de que había una “rebelión soberanista” de Putin en curso. “Extending Rusia” (algo así como “estresar a Rusia”), el documento de la RAND de 2019 escrito por viejos halcones guerreristas como James Dobbins o politólogos financiados por la FED como Howard Shatz, no es más que uno de los más notables ejemplos de que el rumbo de acción en política exterior del globalismo (en Washington se los ha llamado neoconservadores) ha sido provocar a Rusia a entrar en conflicto, con el fin de debilitarla, sancionarla, aislarla y, de ser posible, provocar un colapso y un cambio de régimen que abriese las puertas a ciertos recursos rusos en condiciones ventajosas para Occidente. Se intenta volver a los años 90, cuando en conjunción con los oligarcas rusos, el mundo financiero y corporativo globalista se quedaba con enormes tajadas de esos recursos, ante la desaparición de cualquier soberanía rusa. Como continuación de esa línea, en 2022 la RAND publicó otro reporte donde explica por qué hay que “debilitar a Alemania”, objetivo por cierto conseguido ya con total éxito.

Parte importante del asunto han sido pues, y también, los recursos de Ucrania misma, que contienen no solo gas natural y petróleo, sino diversos minerales de gran interés, e inmensos recursos agrícolas. Los acuerdos de Cargill (ej: proyecto Neptuno en el puerto de Pivdenyii en el Mar Negro), Monsanto (ej: inversiones gigantescas en una planta de semillas de maíz) o Dupont (ej: planta de titanio-magnesio en Zaporizhia), o los de consorcios occidentales con Naftogaz por el gas bajo Crimea (gas que los británicos perdieron debido a la vuelta de Crimea a la órbita rusa en 2014, luego de una masiva decisión en plebiscito, que los británicos aun pretenden fue “una invasión”), son ejemplos de todo lo que la intervención rusa destruyó o hizo inviable, y explican, en parte, por qué ese proyecto globalista ha estado peculiarmente obsesionado con la derrota rusa. Ellos lo expresan con frases tremendas del tipo “en Ucrania se juega el futuro de la democracia”. En realidad, lo que ocurre es que por la intervención rusa están perdiendo mucho dinero. Una de las formas de resarcirse ha sido transfiriendo descomunales recursos del contribuyente americano, y/o por vía de la manipulación monetaria, a costa de la destrucción del poder adquisitivo de ese mismo contribuyente. Ucrania no es una nación democrática, sino que está mejor descrita como una dictadura corrupta bajo la fachada de elecciones, también manipuladas por un acoso de años a la población opositora, y una “democracia” que es originalmente fruto de un golpe de estado concretado en febrero/marzo de 2014, con un gobierno títere sumiso a Londres, puesto allí a dedo por los neoconservadores norteamericanos que siempre han respondido a Londres. Gobierno que apenas instalado inició una limpieza étnica contra un tercio de su propia población, de lengua y cultura rusa. Rusia, jugada a la diplomacia y en fase de actualización de su poder militar y sus alianzas estratégicas, demoró mucho en intervenir efectivamente para detener todo esto, pero cuando finalmente lo hizo, estaba claro que iba a salvaguardar sus intereses de seguridad nacional aun frente a la oposición de todo Occidente.

La explicación de por qué nunca creímos en una victoria de Occidente sobre Rusia, tal como lo venimos detallando desde el inicio de esta guerra, es extremadamente simple: ante una Rusia decidida, la única opción es una guerra nuclear.

Si bien es posible que Londres aceptase ir a una guerra nuclear por desesperación, no era fácil obligar a Estados Unidos a inmolarse por el globalismo en una guerra que no tiene el menor interés estratégico para el público norteamericano. Las direcciones anteriores en Washington, en el mismo bote que sus orientadores londinenses, hicieron por cierto sus negocios con la guerra en Ucrania. Entre ambos lograron destruir la industria alemana, al forzar a los alemanes -controlando a su elite política- a suicidarse, abandonando el gas ruso, y mirando para otro lado, cuando la marina británica –según alegación rusa aquí tergiversada por Reuters– hizo volar los gasoductos nordstream. No solo los vendedores de energía en Estados Unidos se vieron beneficiados, sino también los brokers de energía en Londres y Holanda. La transferencia masiva de fondos públicos a las facciones privadas comprometidas con la guerra tomó proporciones épicas en estos tres años, y el negocio financiero de la guerra se vio altamente estimulado. Ni qué hablar del negocio de la reconstrucción. Involucrar a los no muy brillantes políticos que gobiernan Europa en esto garantizó un renovado flujo de fondos europeos hacia el negocio financiero del complejo militar industrial, al aumentar por fuerza el gasto militar de los europeos, y dos nuevos miembros de OTAN, lateralmente, significan más aportes del fisco de esos países a ese casino financiero del complejo militar industrial.
¿Cuál es el rol de la Unión Europea en esto? Prácticamente ninguno, puesto que se trata de una unidad burocrática sin apoyo popular significativo. El día que cese la propaganda que brota de Londres -que ni siquiera forma parte de la Unión-, será difícil para la eurocracia mantenerse en el poder, puesto que la oposición que han suscitado es ya notable en todos lados. Por ejemplo en Grecia o en Rumania estos días.

Para hacer posible esta estrategia, toneladas de propaganda londinense han sido volcadas para sugerir una posible victoria militar ante Rusia, cuya probabilidad es igual a cero. Londres puede aspirar a hacer desaparecer físicamente a Putin, empleando para ello alguna técnica terrorista, o la influencia del lobby occidental en Rusia, pero aun si Putin fuese asesinado o muriese, cosa no imposible, a esta altura hay un rumbo estratégico de Rusia que no cambiaría, y quienes vengan detrás de Putin podrían no tener la firmeza estratégica ni la paciencia del actual líder. Todo esto solo haría la situación más explosiva para Londres.

b) La alternativa americana.

Consciente de que el tiempo de actuar es muy breve, en menos de dos meses la segunda administración Trump ha mostrado con total claridad que tiene una estrategia contraria a la de Londres. Por debajo de una retórica delirante (Groenlandia, Gaza, Canadá, Panamá…) que parece destinada a irritar a la propaganda neocon-londinense y dejarla enredada con su propia ira e indignación, la Casa Blanca procede a toda velocidad a dar golpes al corazón del poder globalista, tanto en suelo americano como a nivel mundial. No solo bloqueó una de las organizaciones principales del soft-power neocon/globalista en el mundo como USAID, sino que le ha puesto la proa al discurso propagandístico exitista sin fundamentos de Londres. Al iniciar conversaciones con Putin, ha hecho varias cosas a la vez. Ha mostrado que el rumbo estratégico que tienen los Estados Unidos de MAGA pasa por la creación de un nuevo orden mundial multipolar que termine de liquidar no solo los mínimos vestigios del orden de la Guerra Fría, sino también el vigente orden neocon de los ’90. Para ello, precisa liquidar la estrategia globalista de una vez para siempre. Y el golpe de gracia a la estrategia globalista pasa por una derrota total de Londres y sus aliados de la UE y de Washington, en Ucrania. Una clara victoria rusa, que no deje el menor lugar a dudas, es la única forma de terminar con cualquier legitimidad para el proyecto futuro del globalismo, de la City de Londres, y de sus seguidores. Desde luego, el globalismo vende una posible derrota en Ucrania como el fin de la democracia, el “mundo libre”, y Occidente entero. Bullshit. Se trata del fin del globalismo y del liderazgo de Londres y los neocon, no del fin de Occidente.

Esa resolución en Ucrania es lo que está en juego aun, y de la resolución de eso, o de su nueva postergación -que es lo que Londres busca- depende el cambio de orden mundial y la apertura a nuevas posibilidades completamente distintas de lo que hemos tenido hasta ahora.
La alternativa americana pasa por un nuevo rumbo en las relaciones internacionales y prioridades del país, un renacimiento industrial y comercial en condiciones más ventajosas para Estados Unidos, una profundización del liderazgo tecnológico americano, la liquidación de los conflictos artificiales promovidos por Londres y el globalismo, una nueva estrategia económica y financiera, y luego probablemente el fin de la OTAN y una reformulación completa del mundo burocrático internacional, eliminando también de él los factores del poder de Londres y neocons, que lo han dominado desde hace décadas.

3) La realidad de la guerra en Ucrania

Para eso, el reconocimiento de la realidad es lo central. Y la realidad es: la City de Londres y sus aliados norteamericanos y europeos han sido derrotados en Ucrania. El armamento que enviaron ha sido metódicamente destruído por Rusia. Los ucranianos, sobrepasados en tropas y armamento y obligados a lanzarse a la ofensiva para recuperar el territorio perdido inmediatamente al comienzo de la guerra, han tenido que enfrentar esas desventajas, perdiendo entre 5 y 7 hombres por cada ruso muerto, y los rusos muertos en la guerra, según el sitio independiente de ideología pro-ucraniana que es el único confiable en materia metodológica, Meduza-Mediazone, son unos 140.000. Esto significa que Ucrania ha perdido al menos 700.000 hombres hasta ahora, además de haber perdido un 20% de territorio, que probablementre al terminar la guerra será más. Volodimir Zelensky ha sido presentado como un héroe por la propaganda inglesa. Sin embargo, se trata de un asset de Londres en su propio país, que ha jugado el rol de facilitar la estrategia londinense de guerra con Rusia, y con ello, ha enviado -usando el discurso ultranacionalista de siempre y, cuando no funcionó más, el reclutamiento forzoso- a centenares de miles de sus compatriotas a la muerte. Hoy se niega tenazmente a que haya elecciones en su país alegando la guerra.

En suma, la estrategia de Londres y los neocon de “estresar a Rusia” claramente ha fracasado. Pese a las sanciones y debido a las imposibilidades que estas representaron para los vínculos de Rusia con la UE -muy especialmente con Alemania-, los rusos se vieron obligados a pivotar hacia Asia. El acuerdo ruso-chino anunciado ya el 4 de febrero de 2022 fue uno de los mojones de la nueva estrategia, que Rusia obviamente ya tenía concebida antes de intervenir y ser mega-sancionada. En febrero de 2022, al comenzar la guerra, el BRICS tenía cinco miembros. Hoy, luego de un supuesto “aislamiento completo” de la Rusia de Putin, tiene 10, y una importante lista de espera. La población de los 10 países del BRICS es el 46% del total de la tierra, y su PPA es 36%. Esto es porque los nuevos miembros incluyen países estratégicamente decisivos, de inmensa población, o muy ricos, como Irán, Indonesia, Egipto o los Emiratos. Antes de 2022 Rusia era claramente un actor secundario en el escenario mundial, mientras que hoy es, aparte de China e India, un articulador central de la diplomacia y economía de ese “otro lado” respecto de Occidente. La economía rusa no colapsó, el rublo se mantuvo a flote, la inflación existe pero ha sido controlada, y con el lanzamiento del primer oreshnik los rusos mostraron a quienes tuvieron la capacidad de admitirlo como acaso el principal experto en armas nucleares norteamericano, Prof. Theodore Postol, que su tecnología militar está, al menos en algunos aspectos, más avanzada que la de Estados Unidos. En cuanto al poder de guerra, en materia no solo de tecnología sino de industria militar y experiencia bélica, las pretensiones de Keir Starmer de liderar un especie de fuerza europea para enfrentar a Rusia son, con todo respeto, una broma. Inglaterra puede, desde luego, provocar un autoatentado o una agresión nuclear contra Rusia. Si lo hace, sería suicida para cualquier proyecto futuro que su elite quiera seguir imponiendo.

¿Qué significan, pues, todos los últimos acontecimientos de febrero-marzo, las reuniones de diplomáticos americanos y rusos, los viajes desesperados de Macron y Starmer a Washington, el “acuerdo por los minerales ucranianos” fallido, la escena que se montaron Zelensky, Vance y Trump el viernes 28, y la subsiguiente “cumbre europea” en Londres?
Desde el punto de vista simbólico, es la exhibición, en versión porno, de la derrota del liderazgo viejo de Occidente en esa guerra.

Es, también, un sombrío recordatorio de que una guerra mundial que envuelva a Europa, Rusia y Estados Unidos (además probablemente de Israel e Irán) no está totalmente fuera de los planes de Londres. Aunque cabe esperar que no la logren, y no es probable que tengan fuerza como para imponerla, es evidente que las fuerzas de lo viejo siguen intentando hacerle creer a la gente que aun tienen un plan.  

Pero lo único que esperan y desean, es algo más de tiempo. Precisan tiempo para ver cómo salen de esta situación. La nota principal de Foreign Affairs -el órgano norteamericano más importante de bajada de línea profesional que tiene la facción globalista dirigida desde Londres, junto al Financial Times– se pregunta desde el título “Cómo hacemos para no terminar la guerra en Ucrania”. Hábleme de pacifistas. Y dice, en esencia, eso: ‘precisamos tiempo’. ‘No hay que correr a una paz que no sea luego sostenible’, argumentan, criticando los acuerdos de Minsk, que ellos mismos violaron. Lo que saben a ciencia cierta es que, sin Estados Unidos -como incluso Starmer admitió en su delirante discurso luego de la Cumbre “todos detrás de Zelensky” del 3 de marzo- no hay otra alternativa que la derrota. Y con Estados Unidos también, que es lo que ya ocurrió, y de lo que la nueva administración intenta desmarcarse.

4) ¿Habrá una reacción antiTrumpista?

¿Tiempo para qué, entonces, si Estados Unidos bajo Trump no muestra ningún interés en sumarse a ninguna estrategia londinense? Bueno, si el objetivo es abortar el cambio de época y volver al rumbo anterior -control del discurso con el fin de imponer una distopía globalista de reinado de las corporaciones con cero democracia efectiva y una población convertida en rebaño digitalizado- lo que precisa Londres es buenos argumentos para acusar a Trump de “traidor a Occidente” o cosas similares. No me refiero en la prensa, donde se hace todos los días, sino a nivel político efectivo. Desde luego, cualquier fin de la situación en Ucrania que muestre la realidad de la guerra en el terreno, será usado por Londres y quienes aun estén dispuestos a ir con él para fundar esa traición, y tratar de construir el espacio político mínimo como para movilizar a la parte del estado profundo yanqui que aun esté con Londres, que no creo que sea pequeña.

Pero el delirio tiene siempre un límite. Mientras voy escribiendo este informe, lo acontecimientos se precipitan. Bastó que los Estados Unidos anunciasen efectivamente la suspensión de toda ayuda militar a ucrania. Casi de inmediato, de las bravatas absurdas de Keir Starmer y la posición europea de “Trump dio un espectáculo deplorable, estamos todos con Zelensky” de domingo 2 y lunes 3, hacia el mediodía del martes nos enteramos que ahora Zelensky está arrepentido, quiere firmar a como dé lugar, admira y ama a los Estados Unidos y a Trump. Sí usted no lo sabe aun, lea el siguiente viraje sorprendente, que se resume en estas declaraciones del jefe ucraniano del día 4 de marzo: “Mi equipo y yo estamos preparados para trabajar bajo el firme liderazgo del presidente Trump para conseguir una paz duradera. Nuestra reunión en Washington, en la Casa Blanca el viernes, no salió como se esperaba. Es lamentable que haya sucedido así. Es hora de arreglar las cosas. Nos gustaría que la cooperación y la comunicación futuras fueran constructivas. En cuanto al acuerdo sobre minerales y seguridad, Ucrania está dispuesta a firmarlo en cualquier momento y en cualquier formato conveniente.”
Se habla insistentemente de reuniones, acuerdos, encuentros en Ryad, etcétera. Mientras tanto, el 8 de marzo Ucrania anuncia que ha sido derrotada ahora también en su minúscula “invasión de territorio ruso” en Kursk.

En fin, se verá cuál es la reacción de Trump y su equipo. Con estas idas y vueltas de Zelensky, Londres mantiene las cosas en movimiento para comprar ese tiempo que hace falta, y quizá encontrar algún error de Trump para comprometerlo más. Para ello, Londres precisa pues ir y venir, y hacer malabares. Tiene que aparentar estar liderando un proceso que no controla, y al mismo tiempo no alejar del todo a los Estados Unidos -al menos retóricamente-, para luego poder acusarlo de traición cuando las cosas sigan su rumbo real en la guerra. Así, por ejemplo, Starmer declaró que UK iba a poner “boots on the ground and planes in the air” en Ucrania para “garantizar” un supuesto “acuerdo de paz”. O sea quiere paz, pero pretende conseguirla derrotando a Rusia en la guerra con sus propias tropas -al tiempo que aclara que esto no puede hacerse sin respaldo norteamericano. Hoy, las fuerzas completas de la Unión Europea en orden de batalla, con todos los recursos militares -los dos portaaviones, los seis destructores y las once fragatas británicas, por ejemplo- durarían muy poco en el teatro ucraniano de guerra real. Rusia ya anunció que trataría a cualquier fuerza extranjera que entre en Ucrania como un beligerante.

Mientras tanto, la propaganda de Londres en los medios masivos igual que en Foreign Affairs -empleando la pluma de un ucraniano que es analista senior del Atlantic Council y del Centre for Defence Strategies creado en Kiev por los ingleses en 2020- busca convencer al mundo de que, si bien los rusos han mantenido una constante superioridad y las armas enviadas no han surtido ningún efecto, de todos modos bastaría con seguir haciendo lo mismo un poco más, para conseguir que Rusia se derrumbe. Sobre esto, ver la nota sobre rusofrenia en esta misma edición. Starmer, además, dice que Europa está “preparando un acuerdo de cese al fuego”. ¿Cómo puede Europa, o Londres, hablar de que van a crear un cese al fuego, si los rusos tienen planeado seguir disparando? Pero bueno, el mundo delirante del poder viejo es así. Siguen controlando los medios grandes, y siguen haciendo que mucha gente crea en el heroísmo de un comediante comprado para jugar el rol de un combatiente por la democracia.

Mientras tanto, y paradójicamente, Trump es la única carta de relativa supervivencia aun para Londres y el mundo globalista. Porque Trump es el único que puede hablar con los rusos y hacer pasar la derrota militar y estratégica del globalismo como un “acuerdo de paz”.- Cuando ese acuerdo se produzca, observe bien si, como resultado del acuerdo que se alcance, pasa alguna de estas cosas: (a) ¿Ingresa Ucrania a la OTAN? (b) ¿Recupera Crimea o cualquiera de los oblast que plebiscitaron su integración a Rusia? (c) ¿Sigue en pie el régimen ultranacionalista y su ejército? (d) ¿Quedan tropas de combate europeas o americanas como garantes exclusivas del acuerdo?

Si la respuesta a estas cuestiones es “si”, entonces Rusia perdió la guerra. Sino, la ganó, pues estos eran todos lo objetivos de Rusia al intervenir. Y Trump sería alguien capaz de mitigar esa derrota ante la opinión pública europea y norteamericana.

Parte de la distorsión perceptiva llamada “visión occidental del mundo”, que es la que hegemoniza la comunicación mainstream en nuestra civilización, consiste en que toda la discusión sobre Ucrania se lleva adelante sin el menor interés por el punto de vista ruso, tanto antes como durante como ahora. Esta anomalía solo puede ser una debilidad: esconder o invisibilizar aquello que daría realidad a las elucubraciones autosatisfactorias. No es ni siquiera Trump el que puede dar realidad final a todo esto, y con ello hacer un bien a la discusión pública occidental, sino Rusia.

Pero ya lo sabemos: para la dirigencia globalista, toda referencia a la realidad es calificada como un discurso de odio.

4) Incertidumbres

Si Trump concretase definitivamente las siguientes cosas que ya ha esbozado, el mundo se abriría a una perspectiva completamente distinta a la anterior. Enumero esas cosas:
– fin de las guerras artificialmente provocadas (Serbia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Ucrania)  por el globalismo neocon norteamericano y londinense
– normalización diplomática con Rusia y fin de las sanciones
– apertura de EEUU a nuevas relaciones comerciales con China, Rusia y el resto, en base a la estricta competencia por la defensa de los intereses comerciales de cada uno de los participantes
– crecimiento del BRICS y, con ello, oportunidades de crédito y comercio más amplias y menos condicionadas para los países en desarrollo
– destrucción del poder globalista en Naciones Unidas, desfinanciamiento de ONGs globalistas y agendistas, y reformulación de ese poder para que refleje el orden actual (en ese caso, por ejemplo, los británicos y franceses no tienen nada más que hacer en el Consejo de Seguridad, al que deberían agregarse, con derecho a veto, naciones que representen los intereses de África, Asia y América del Sur)
– defensa por principios de la libertad de expresión y otros derechos constitucionales.
– Desarticular los organismos y mecanismos de censura de redes sociales armados en los últimos 8 años
– limpieza del pantano gubernamental via DOGE
– abandono de las estrategias de soft-power imperial norteamericano, como por ejemplo el desmantelamiento de USAID
– liquidación de los programas Bid y Banco Mundial que tengan orientaciones tendientes a mantener el subdesarrollo y destruir la educación de los países dependientes
– tratar a Europa como un mercado posible, no como un vasallo, y tampoco como un aliado estratégico a usar contra terceros
– limpiar los organismos reguladores de salud y alimentación de su dependencia del complejo científico-médico-corporativo
– abandonar los planes del estado profundo de dominio mundial en base a armas químicas y bacteriológicas, etc.
– promover, a largo plazo, un desarme nuclear real
– ¿cuáles serán las relaciones reales entre Trump e Israel? La retórica actual de convertir Gaza en un resort-casino lleno de oro suenan totalmente irreales.
etc.

Con sus decisiones, en menos de dos meses de gobierno la administración americana actual ha mostrado una cara muy distinta a la de la primera administración Trump. Ahora parece tener de su lado no solo un apoyo popular que se manifestó en las urnas, sino ambas cámaras, y está por primera vez interviniendo directamente en los resortes directos del poder del estado profundo: inteligencia, soft-power, burocracia.
Con este enfrentamiento por vez primera al poder real establecido durante décadas, es evidente que Trump arriesga ser asesinado, o un golpe de estado puede ser montado abierta o encubiertamente en los Estados Unidos.

Algo de eso ya ocurrió en 2020 cuando el partido Demócrata robó las elecciones aprovechando la extrema debilidad de aquella primera administración Trump y usando, entre otras cosas, el caos que Covid y las movilizaciones raciales fogoneadas desde el estado profundo causaron. ¿Quién tomaría la posta de Trump, y cómo reaccionaría el pueblo norteamericano a esa eventualidad? Esa pregunta solo puede ser formulada, pero cualquier respuesta hoy sería mera conjetura. El mundo actual y la política actual no son las de 2020 o 2022, cuando las redes sociales estaban totalmente controladas por el discurso globalista y la propaganda neocon- londinense. Hoy los grandes medios siguen -en menor medida- controlados por esa propaganda, simplemente porque el poder político actual en Estados Unidos aun no tuvo tiempo de generar una comprensión política más amplia, que solo se logra en base a resultados palpables por parte de la gente. Pero sí que tuvo tiempo de respaldar la libertad de expresión en el mundo digital, lo cual es de cierta importancia.

Tanto lo es, que con años de atraso, Pedro Sánchez ha reunido a los presidentes de Colombia, Chile, Brasil y Uruguay para animarlos a que comiencen a censurar las redes sociales en sus propios países.
Tal parece que los políticos contemporáneos son incapaces de aprender nada.

Ya fue De Moraes el hazmerreír del Brasil y del mundo entero cuando quiso terminar con Telegram primero, con X/Twitter después. Su orden duró menos de 24 horas, y todo Brasil tuiteaba por VPN desde Manaos a Porto Alegre. Sigilosamente, el gobierno brasileño “llegó a un acuerdo” con Musk, y X (y Starlink) siguen operando en Brasil igual que antes. Pero en verdad “Xandâo” no llegó a ningún acuerdo: fue aplastado por la realidad, pese al respaldo de lo más refinado de la izquierda VIP globalista, como Zuboff o Varoufakis.

Estos gobiernos “de izquierda” -en realidad, gobiernos adeptos al proyecto occidental viejo, dirigido desde la City de Londres y en derrota civilizatoria hoy día- ahora dicen que van a “moderar los contenidos” en redes sociales, dado que esa “moderación” no se produce ya en el Estados Unidos de Trump. No pudieron hacerlo cuando Biden gobernaba, pero lo volverán a intentar ahora. Lo que ellos quieren es imponer la censura de toda la información que avive a la gente respecto de lo estentóreo de su actual debacle, no solo en Ucrania sino como proyecto en sí. No entienden que los viejos conceptos del orden ideológico de la Guerra Fría no tienen más vida ni referencia. Siguen sin entender que no basta con acusar a todo el que vea el mundo distinto a ellos de “ultraderechista”, que es en realidad lo que ellos son: partidarios de un régimen global de eliminación de la libertad individual y los derechos de las personas, en nombre de ideas supuestamente unánimes que deben ser impuestas eliminando las opiniones en contrario, e intentando usar la nueva tecnología para controlar toda esa imposición. Los liberales, el centro socialdemócrata, y buena parte de la derecha, en América del Sur, mientras tanto, siguen en Babia. No han alzado su voz denunciando la conferencia de Pedrito Sánchez y sus acólitos. Son parte del orden viejo y no tienen permitido, por sus propios tabúes internos, comprender el cambio de época, que quien sabe si progresará o se verá aplazado por un tiempo más.

26.9.22

Europe’s Energy Armageddon From Berlin and Brussels, Not Moscow

By F. William Engdahl

September 02, 2022: Information Clearing House -- On August 22 the exchange-traded market price for natural gas in the German THE (Trading Hub Europe) gas hub was trading more than 1000% higher than a year ago. Most citizens are told by the Scholz regime that the reason is Putin and Russia’s war in Ukraine. The truth is quite otherwise. EU politicians and major financial interests are using Russia to cover what is a Made in Germany and Brussels energy crisis. The consequences are not accidental.

It is not because politicians like Scholz or German Green Economy Minister Robert Habeck, nor EU Commission Green Energy Vice President Frans Timmermans are stupid or clueless. Corrupt and dishonest, maybe yes. They know exactly what they are doing. They are reading a script. It is all part of the EU plan to deindustrialize one of the most energy-efficient industrial concentrations on the planet. This is the UN Green Agenda 2030 otherwise known as Klaus Schwab’s Great Reset.

EU Gas Market Deregulated

What the EU Commission and government ministers in Germany and across the EU are carefully hiding is the transformation they have created in how the natural gas price is determined today. For almost two decades the EU Commission, backed by the mega banks such as JP MorganChase or large speculative hedge funds, began to lay the basis for what is today a complete deregulation of the market for natural gas. It was promoted as the “liberalization” of the European Union’s natural gas market. What it now allows is for unregulated real-time free market trading to fix prices rather than long-term contracts.

Beginning around 2010 the EU began to push a radical change in rules for pricing natural gas. Prior to that point most gas prices were set in fixed long-term contracts for pipeline delivery. The largest supplier, Russia’s Gazprom, provided gas to the EU, most especially to Germany, in long-term contracts pegged to the price of oil. Until the last several years almost no gas was imported by LNG ships. With a change in US laws to allow export of LNG from the huge shale gas production in 2016 US gas producers began a major expansion of LNG export terminal construction. The terminals take an average of 3 to 5 years to build. At the same time Poland, Holland and other EU countries began to build LNG import terminals to receive the LNG from abroad.

Emerging from World War II as the world leading oil supplier, the Anglo-American oil giants, then called the Seven Sisters, created a global oil price monopoly. As Henry Kissinger noted during the oil shocks of the 1970s, “Control the oil and you control entire nations.” Since the 1980s Wall Street banks, led by Goldman Sachs, created a new market in “paper oil,” or futures and derivative trading of future oil barrels. It created a huge casino of speculative profits that was controlled by a handful of giant banks in New York and the City of London.

Those same powerful financial interests have been working for years to create a similar globalized “paper gas” market in futures they could control. The EU Commission and their Green Deal agenda to “decarbonize” the economy by 2050, eliminating oil, gas and coal fuels, provided the ideal trap that has led to the explosive spike in EU gas prices since 2021. To create that “single” market control, the EU was lobbied by the globalist interests to impose draconian and de facto illegal rule changes on Gazprom to force the Russian owner of various gas distribution pipeline networks in the EU to open them to competitor gas.

The big banks and energy interests that control EU policy in Brussels had created a new independent price system parallel to the long-term, stable prices of Russian pipeline gas which they did not control.

By 2019 the series of bureaucratic energy directives of the Brussels EU Commission allowed fully deregulated gas market trading to de facto set the prices for natural gas in the EU, despite the fact that Russia was still by far the largest gas import source. A series of virtual trading “hubs” had been established to trade gas futures contracts in several EU countries. By 2020 the Dutch TTF (Title Transfer Facility) was the dominant trading center for EU gas, the so-called EU gas benchmark. Notably, TTF is a virtual platform of trades in futures gas contracts between in trades between banks and other financial investors, “Over-The-Counter.” That means it is de facto unregulated, outside any regulated exchange. This is critical to understand the game being run in the EU today.

In 2021 only 20% of all natural gas imports to the EU were LNG gas, whose prices were largely determined by futures trades in the TTF hub, the EU de facto gas benchmark, owned by the Dutch Government, the same government destroying its farms for a fraudulent nitrogen pollution claim. The largest import share of European gas came from Russia’s Gazprom supplying more than 40% of EU imports in 2021. That gas was via long term pipeline contracts whose price was vastly lower than today’s TTF speculation price. In 2021 EU states paid an estimated penalty cost around $30 billion more for natural gas in 2021 than if they had stuck with Gazprom oil-indexation pricing. The banks loved it. US industry and consumers not. Only by destroying the Russian gas market in the EU could financial interests and the Green Deal advocates create their LNG market control.

Closing EU Pipeline Gas

With full EU backing for the new gas wholesale market, Brussels, Germany and NATO began systematically to close stable, long-term pipeline gas to the EU.

After she broke diplomatic ties with Morocco in August, 2021 over disputed territories, Algeria announced the Maghreb-Europe (MGE) gas pipeline, which was launched in 1996, would cease operation on October 31, 2021, when the relevant agreement expired.

In September 2021 Gazprom completed its multibillion dollar undersea Nord Stream 2 gas pipeline from Russia across the Baltic Sea to northern Germany. It would double the capacity of Nord Stream 1 to 110 billion cubic meters annually, allowing Gazprom to be independent of interference with gas deliveries via its Soyuz pipeline going through Ukraine. The EU Commission, backed by the Biden Administration, blocked opening of the pipeline with bureaucratic sabotage, and finally German Chancellor Scholz imposed sanction on the pipeline on February 22 over Russian recognition of Donetsk People’s Republic and Luhansk People’s Republic. With the growing gas crisis since, the German government has refused to open Nord Stream 2 despite the fact it is finished.

Then on May 12, 2022 although Gazprom deliveries to the Soyuz gas pipeline through Ukraine were uninterrupted for almost three months of conflict, despite Russia’s military operations in Ukraine, the NATO-controlled Zelenskyy regime in Kiev closed a major Russian pipeline through Lugansk, that was binging Russian gas both to his Ukraine as well as EU states, declaring it would remain closed until Kiev gets full control of its pipeline system that runs through the two Donbass republics. That section of the Ukraine Soyuz line cut one-third of gas via Soyuz to the EU. It certainly did not help the EU economy at a time Kiev was begging for more weapons from those same NATO countries. Soyuz opened in 1980 under the Soviet Union bringing gas from the Orenburg gas field.

Next came the Jamal Russian gas pipeline through Belarus and through Poland to Germany. In December 2021, two months before the Ukraine conflict, the Polish government closed the Polish part of the pipeline cutting Gazprom gas delivery at low prices to Germany as well as Poland. Instead Polish gas companies bought Russian gas in the storage of German gas companies, via the Polish-German section of the Jamal pipeline at a higher price in a reverse flow. The German gas companies got their Russian gas via long-term contract for a very low contract price and resold to Poland at a huge profit. This insanity was deliberately downplayed by the Green Economics Minister Habeck and Chancellor Scholz and German media, even though it forced German gas prices even higher and worsened the German gas crisis. The Polish government refused to renew its gas contract with Russia, and instead buys gas on the free market for vastly higher prices. As a result no more Russian gas to Germany via Jamal is flowing.

Finally gas delivery via Nord Stream 1 undersea pipeline has been interrupted because of needed repair of a Siemens-made gas turbine. The turbine was sent to a special facility of Siemens in Canada where the anti-Russian Trudeau regime held it for months before finally releasing it on request of German government. Yet they deliberately refused to grant the delivery to its Russian owner, but instead to Siemens Germany, where it sits, as the German and Canadian governments refuse to grant a legally binding sanctions exemption for the transfer to Russia. By this means Gazprom gas through Nord Stream 1 is also dramatically reduced to 20% of normal.

In January, 2020 Gazprom began sending gas from its TurkStream pipeline through Turkey and on to Bulgaria and Hungary. In March 2022 Bulgaria unilaterally, with NATO backing, cut its gas supplies from TurkStream. Hungary’s Viktor Orban, by contrast, secured continuation with Russia of TurkStream gas. As a result today Hungary has no energy crisis and imports Russian pipeline gas at contract very low fixed prices.

By systematically sanctioning or closing gas deliveries from long-term, low cost pipelines to the EU, gas speculators via the Dutch TTP have been able to use every hiccup or energy shock in the world, whether a record drought in China or the conflict in Ukraine, to export restrictions in the USA, to bid the EU wholesale gas prices through all bounds. As of mid-August the futures price at TTP was 1,000% higher than a year ago and rising daily.

German Highest Price Madness

The deliberate energy and electricity price sabotage gets even more absurd. On August 28, German Finance Minister Christian Lindner, the sole cabinet member from the Liberal Party (FDP), revealed that under the opaque terms of the complex EU Electricity Market Reform measures, the producers of electricity from solar or wind automatically receive the same price for their “renewable” electricity they sell to the power companies for the grid as the highest cost, i.e. natural gas!

Lindner called for an “urgent” change to the German energy law to decouple different markets. The fanatical Green Economics Minister Robert Habeck immediately replied that, “We are working hard to find a new market model,” but cautioning that the government must be mindful not to intervene too much: “We need functioning markets and, at the same time, we need to set the right rules so that positions in the market are not abused.”

Habeck in fact is doing all possible to build the Green Agenda and eliminate gas and oil and nuclear, the only reliable energy sources at present. He refuses to consider re-opening three nuclear plants closed a year ago or to reconsider closing the remaining three in December. While declaring in a Bloomberg interview that, ”I will not approach this question ideologically,” in the next breath he declared, “Nuclear power is not the solution, it is the problem.” Habeck as well as the EU Commission President Ursula von der Leyen have repeatedly declared more investment in unreliable wind and solar is the answer to a gas price crisis that their policies have deliberately created. In every respect the suicidal energy crisis ongoing in Europe has been “Made in Germany,” not in Russia.

F. William Engdahl is strategic risk consultant and lecturer, he holds a degree in politics from Princeton University and is a best-selling author on oil and geopolitics, exclusively for the online magazine “New Eastern Outlook”.