4.6.14

FPIF (de EU) advierte: "riesgoso negocio" de la "privatización del petróleo en México"

Alfredo Jalife-Rahme

De no haber sido por la opinión de Diana Villiers de Negroponte, esposa del poderoso ex embajador de Estados Unidos en México y Honduras (además de zar del espionaje con Baby Bush), no me hubiera detenido en el feroz ataque de Foreign Policy in Focus (FPIF) sobre el riesgoso negocio de la privatización del petróleo en México.

FPIF pertenece al Instituto de Estudios de Política (IPS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington, y es uno de los cinco principales think tanks independientes de EU.

Laura Carlsen, del FPIF, aborda el futuro cuestionable de la privatización del petróleo: “aún si es aprobada la legislación secundaria, una amplia oposición –y la posibilidad de un referéndum para rechazar la privatización– crea un panorama inestable (¡súpersic!) para los inversionistas”.

No serviría así de mucho la cobertura del Mundial de futbol para pasar apresuradamente la reforma de marras por un Congreso supino que vota a contracorriente histórica y en sentido contrario a la voluntad de sus supuestos electores, lo cual, a mi juicio, lo desviste de cualquier legitimidad democrática.

La opinión más nihilista proviene de Diana Villiers de Negroponte, hoy becaria del muy influyente Brookings Institution y una de las notables impulsora de las reformas donde expuso sus dudas de que exista alguna compañía internacional dispuesta a invertir hasta después del referéndum. Se ha de referir a la famosa consulta popular que hasta ahora han eludido los poderes Ejecutivo/Legislativo/Judicial del México neoliberal itamita.

Carlsen considera que existen otras cuestiones (sic) que encapotan el futuro de las reformas y una versa en la habilidad de las trasnacionales para la bursatilización encubierta de las reservas mediante el truco contable del booking para los contratos de Pemex sin tener la propiedad y deja claro que el booking –la bursatilización encubierta que le otorga una propiedad de facto a las trasnacionales– aboliría la propiedad catastral del pueblo mexicano. Cita al respecto el polémico artículo de Forbes en el que el entonces subsecretario de Energía y hoy flamante director de la CFE, Enrique Ochoa Reza, se desvive en formular la bizantina hermenéutica del booking, que resume Carlsen en una frase perentoria: para muchos mexicanos, suena como un eufemismo para la privatización. Pero los inversionistas nunca estarán más cuidadosos.

El día después a la aprobación de las leyes secundarias, mediante la alianza del PRI y el PAN, juzga que la controversia no concluirá, ya que el orgullo (sic) nacional (¡súpersic!), las preocupaciones sobre la pérdida de soberanía, el sentimiento antineoliberal y la aversión a las trasnacionales petroleras se han combinado para conformar una oposición masiva (¡súpersic!) a los planes de privatización del gobierno, que “ha lanzado una campaña multimillonaria de publicidad para promover la inversión privada de energía”.

Si se consigue colocar la consulta popular en la votación federal de julio de 2015 algunas encuestas muestran que gozan de una gran oportunidad de ganar.

Arguye que la privatización y la disolución (sic) de Pemex ha sido desde siempre la aspiración principal de los planificadores neoliberales en Norteamérica (¡súpersic!) cuando los “promotores del modelo de libre mercado y los defensores del TLCAN –incluyendo el Banco Mundial (sic), el Wilson Center financiado (¡súpersic!) por el Departamento de Estado y Coparmex– han celebrado predeciblemente las reformas”. Le faltó mencionar a los mendaces IMCO y Rozental y Asociados.

Expone la declaración de la entrega de lo ajeno del pirata británico Duncan Wood, director del Instituto México (sic) del Wilson Center/ITAM, ante la Cámara de Representantes de EU.

La liberalización energética está resultando un espejismo del BM, ya que la economía sigue más estancada que nunca, mientras su máximo impulsor en el gabinete, Luis Videgaray, ha comentado que los resultados se apreciarán en 30 años (sic), un poco más de los 10 años estimados por Vicente Fox, cuando hasta la revista neoliberal The Economist ha perdido el optimismo sobre el “México’s Moment”.

Carlsen aborda otro argumento especioso (sic) del debate [nota: ¿cuál?] sobre la privatización: la idea de que el sector privado automáticamente reducirá la corrupción, lo que desafía el conocimiento público de cómo operan las trasnacionales en el mundo y en México mismo cuando la misma petrolera Shell enfrenta un juicio de Pemex por la compra del gas contrabandeado por los grupos del crimen organizado, además del caso notable de Oceanografía [nota: donde están implicados las familias de Fox y del ex secretario de Hacienda, el itamita Gil Díaz].

A juicio de Carlsen, el historial ambiental y social de Chevron, Shell, ExxonMobil y Repsol son lúgubres cuando la asociación estratégica de Shell con Pemex en Deer Park –que los funcionarios manejaron como ejemplo para el futuro– ha sido criticada por su falta de transparencia y su mínima transferencia de tecnología.

El problema con los recursos del petróleo en manos foráneas es que México tendrá menos (¡súpersic!) vigilancia directa (sic) y capacidad (¡súpersic!) para intervenir en las operaciones. ¡Cómo!

Otra grave preocupación reside en la entrada de estas poderosas trasnacionales y su significado para la soberanía de México, ya que una vez que han obtenido concesiones masivas para la exploración del petróleo y el gas, tendrán mucho mayor control (¡súpersic!) sobre el territorio mexicano y sus recursos, adquiriendo mayor poder político y económico.

Ni duda quepa que los intereses financieros (sic) y petroleros de EU se beneficiarán de un mayor acceso a los recursos de México cuando “según las filtraciones de Snowden, la Agencia Nacional de Seguridad de EU espía(ba) a Pemex, para otorgarle a las trasnacionales de EU una ventaja competitiva y asistir la planeación estratégica de energía de EU”. ¡Ni más ni menos que la Seguridad Energética de Norteamérica bajo la férula del Comando Norte!

Llama la atención que sectores muy influyentes de la élite del poder en EU se desmarquen del “México’s Moment” antes de las elecciones intermedias de noviembre allá, y aquí, en julio del año entrante.

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