20.10.19

Los ejércitos del Cártel de Sinaloa

Zósimo Camacho

Sitiaron y tomaron Culiacán, la capital de Sinaloa, este 17 de octubre. Liberaron a uno de sus líderes (y a decenas de reos más) y replegaron a las Fuerzas Armadas Mexicanas. Militarmente –más allá de las razones sociales y políticas que sustentaron la orden oficial de la retirada– propinaron una derrota al Ejército Mexicano en su propio suelo.


Y es que no solamente fue Culiacán. El sitio se tendió también sobre Los Mochis y El Fuerte, ciudades sinaloenses donde de igual forma ocurrieron enfrentamientos y se cobraron vidas (aunque toda la atención mediática se haya concentrado en la capital del estado).

Son los ejércitos del Cártel de Sinaloa, conformados luego del inicio de la guerra simulada contra el narcotráfico que inició Felipe Calderón en 2006, los más poderosos de todas las fuerzas irregulares que hacen del país un polvorín. Los que sitiaron Culiacán bajaron de la Sierra de Badiraguato y fueron reforzados por los de la sierra de Choix y aún por los del vecino Sonora.

Al parecer, el gabinete de seguridad del gobierno federal sólo esperaba reacción en Badiraguato y evaluó que contaba con la capacidad de contener a los criminales. Se llevó una sorpresa. La decisión de emprender la retirada y dejarle la plaza al Cártel de Sinaloa fue cuando advirtió que Los Mochis ya estaba tomada y desde ahí se preparaba una ofensiva con cientos de elementos del cártel dispuestos a masacrar o ser masacrados.

Estas tropas irregulares rafaguearon la cárcel de El Fuerte e impusieron a la población un toque de queda. Ahí se concentraron provenientes de tres puntos: de Choix y de El Carrizo, Sinaloa, y de Álamos, Sonora. Estos últimos, de la presa Miguel Hidalgo, de la sierra de Sonora, por el rumbo de San Bernardo Quiriego.

Pertrechados con fusiles de asalto (AK47, R15), fusiles Barret, morteros, lanzagranadas, y perfectamente coordinados con alta tecnología de comunicaciones, convergieron en El Fuerte para reforzar Los Mochis. Apenas encontraron resistencia en San Miguel Zapotitlán, la primera caseta ya en territorio de Sinaloa, entre Navojoa y Los Mochis. Además de automóviles incendiados, a su paso dejaron, al menos, cinco muertos.

Sólo en Choix operan tres facciones de Gente Nueva, como se hace nombrar el brazo armado del Cártel de Sinaloa en Chihuahua, Sonora y Sinaloa (tiene otras denominaciones en otros estados de la República). Dichas facciones son: Los Salazares –de los cuales ya hemos dado cuenta de algunas de sus matanzas en este espacio– con sede por los rumbos de El Rodeo; los de Agua Caliente, por el rumbo del río con el mismo nombre, y otros llamados Los Norteños, con origen en Bacayopa y Yecorato. Estos últimos son los “dueños” de la plaza de la cabecera de Choix y los que encabezaron el operativo de sitio a Culiacán.

Gente Nueva fue integrada inicialmente en 2007 por el Cártel de Sinaloa con efectivos de elite del Ejército Mexicano. La supuesta guerra de Felipe Calderón y la profesionalización y militarización de los rivales de la organización encabezada entonces por Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, generó la “necesidad” de contratar a militares de fuerzas especiales con entrenamiento kaibil.

El Cártel de Juárez había formado ya su brazo armado, La Línea. Mientras, el Cártel del Golfo ya tenía a Los Zetas. El más poderoso de los cárteles no podía rezagarse y los entonces tres principales líderes de Sinaloa, Juan José Esparrogoza Moreno, el Azul; Ismael Zambada, el Mayo, y el Chapo, acordaron la integración de Gente Nueva. Un estimado de la entonces Procuraduría General de la República hecho público en 2011, estas tropas irregulares podrían estar integradas con 5 mil efectivos en los tres estados.

La liberación de Ovidio Guzmán (hijo del Chapo) este jueves 17 es probablemente el triunfo más importante de toda la historia de Gente Nueva. Ha participado en muchas masacres contra cárteles rivales y ha derrotado en otras ocasiones a comandos de fuerzas federales. Pero en esta ocasión ocuparon militarmente la capital de un estado de la Republica, obligaron al Estado mexicano a devolverles a uno de sus patrones y consiguieron la retirada del Ejército Mexicano.

Se trata de la primera decepción para muchos de los simpatizantes de la “cuarta transformación”. Es un fracaso redondo porque la inteligencia falló. No pudo prever la capacidad de respuesta del narco. Pero es importante decir que estos cárteles que pueden retar al Estado mexicano se formaron y alcanzaron tal poderío en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, con probable apoyo de funcionarios de estas administraciones. Tal poder no se construyó en estos meses.

Si estas fuerzas del narcotráfico replegaron a las Fuerzas Armadas Mexicanas, cómo se les puede pedir a las comunidades indígenas que no se armen cuando tienen enfrente a los cárteles. Las policías comunitarias, guardias comunales, rondas comunitarias y autodefensas indígenas ya enfrentan desde hace12 años y con sus propios medios a los criminales. Ahora una ciudad vivió un embate como los que desafortunadamente son cotidianos en los territorios de muchos pueblos indígenas.

8.10.19

Felipe Calderón, máximo saqueador de Pemex y México en los últimos 42 años

Adalberto Ruiz Mojica

En el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa (2007-2012), la producción petrolera sexenal ocupó el cuarto lugar en los últimos 42 años. La venta del llamado oro negro fue impresionantemente elevada, con ingresos totales de 545 mil 496 millones de dólares por la comercialización de 5 mil 891.10 millones de barriles en 6 años, a un precio altísimo de 92.56 dólares por barril, el más alto en el periodo.


Con esos astronómicos ingresos, Calderón pudo haber pagado la deuda total de Petróleos Mexicanos (Pemex) con un sobrante de más de 300 mil millones de dólares. Por eso, hasta hoy, este pésimo y corrupto gobernante le debe una explicación al pueblo de México respecto al destino de estos impresionantes ingresos. Con estos datos, posiblemente el expresidente y expanista sea el máximo saqueador de Pemex y del país en los últimos 42 años.

Las estadísticas oficiales de la productividad petrolera anual y sexenal revelan que los ingresos por esta actividad sí permitían pagar la deuda de Pemex en las pasadas administraciones federales panistas de Vicente Fox Quesada y Calderón Hinojosa, y del priísta Enrique Peña Nieto.

Con el análisis de las cifras diarias, anuales y sexenales desde José López Portillo (1977-1982) hasta Peña Nieto –es decir, 7 sexenios (42 años)– se demuestra por ejemplo que el sexenio de López Portillo tuvo la menor producción petrolera promedio, con 3 mil 898.2 millones de barriles durante todo su sexenio, lo que significa un 84 por ciento menos que la producción del sexenio de Vicente Fox, con una producción exorbitante de 7 mil 161.30 millones de barriles. El problema es que Fox exprimió al máximo posible los yacimientos petroleros llegando a extraer 4 millones de barriles diarios en 2004.

En el caso de López Portillo y a pesar de que en su sexenio se empezó a explotar Cantarell, su producción diaria promedio sexenal fue de solamente 1.78 millones de barriles diarios, la más baja en los últimos 42 años.

Con Miguel de la Madrid se elevó la producción diaria a 2.57 millones de barriles, aunque su venta sexenal fue más baja que la de su antecesor, por la caída de los precios internacionales del barril de petróleo crudo con un costo promedio sexenal de 47.43 dólares por barril.

En el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1989-1994) la producción diaria de barriles fue la segunda más alta en 42 años, con 3.07 millones de barriles diarios, pero la venta fue la segunda más baja, ya que la caída de los precios del barril llegó a 28.39 dólares.

Con Ernesto Zedillo Ponce de León (1995-2000) la producción diaria ocupó el tercer lugar en 42 años, con 2.91 millones de barriles diarios vendidos al precio más bajo de 26.43 dólares por barril.

Ya en el sexenio de Fox (2001-2006), la producción sexenal promedio fue de 7 mil 161.30 millones de barriles, la más alta en 42 años con una elevadísima producción diaria de 3.27 millones de barriles diarios (su producción fue desmedida e irresponsable, tratando de agotar rápidamente los yacimientos de la Sonda de Campeche). Sus ventas fueron las segundas más elevadas en el periodo analizado, a pesar de que el precio promedio por barril fue de 48.50 dólares.

Pero, sin duda, el de Calderón Hinojosa (analizado al inicio) fue el más rentable. En el caso de su sucesor, Peña Nieto (2013-2018), la producción diaria promedio sexenal fue de 2.33 millones de barriles diarios, la quinta en 42 años, con ingresos por venta promedio de 331 mil 997 millones de barriles, con el tercer precio más alto –de 65.80 dólares– en el periodo. Este presidente tan corrupto como Fox y Calderón también tuvo los ingresos suficientes para pagar la deuda total de Pemex y posiblemente también la deuda del gobierno federal.

Y es que los números no mienten: en 1999, la deuda de la petrolera era de 12 mil 500 millones de dólares; en 2006, de 51 mil 160 millones de dólares; en 2012, de 58 mil 646 millones de dólares; y en 2018, de 103 mil 761 millones de dólares. En el gobierno de Calderón –el de más ingresos petroleros–, Pemex solicitó créditos por 13 mil 800 millones de dólares.

El descarado robo a Pemex

La ruina, la gran tragedia de Pemex y de México, han sido los grandes yacimientos petroleros descubiertos desde hace más de 120 años, aunque nuestros antepasados mesoamericanos ya utilizaban el crudo para decorar y pintar su cerámica de barro. De muy poco ha servido esa gran riqueza natural, pues quizá sólo un 20 por ciento de esa descomunal riqueza ha llegado a cuenta-gotas al pueblo mexicano.

Es importante recordar que en estos datos estadísticos oficiales no están considerados los robos históricos que desde 1938 han hecho todos los gobernantes, políticos, líderes sindicales, amigos y parientes de presidentes y gobernadores a la principal industria del país: Pemex.

Desde hace más de 50 años, buquetanques propiedad de directores de la petrolera y prestanombres de servidores públicos han robado permanentemente combustible de las plataformas marinas, de cientos de tanques de almacenamiento y de las agencias de ventas a la luz de día con lujo de descaro. El huachicoleo siempre ha existido solapado y en complicidad con la mayoría de los presidentes del país.

Los mexicanos nunca sabremos con certeza la verdadera producción diaria nacional. Difícilmente los mejores técnicos de Pemex podrán conocer la verdadera producción petrolera, por la complejidad de miles de tomas y salidas clandestinas del combustible crudo. Algunos técnicos y perforadores de la empresa del Estado que ahora están jubilados o fallecidos calculaban que las “fugas” representaban entre un 20 y 25 por ciento de su producción diaria, pero por supuesto que de estos datos no existen estadísticas oficiales y es probable que el porcentaje sea mucho mayor en cada sexenio.

Desde hace 42 años, Pemex ha tenido ingresos diarios promedio por la venta de petróleo crudo por 140.43 millones de dólares diarios, que significan 2 mil 808.6 millones de pesos diarios. Con estos recursos se puede pagar en aproximadamente 57 días el costo de la refinería de Dos Bocas, Tabasco, que ascenderá a 8 mil millones de dólares, lo que evitaría el financiamiento de los contribuyentes a esta innecesaria obra sexenal.

Con tanta riqueza petrolera, desde hace 42 años México pudo haber estado entre las primeras 15 potencias económicas del mundo, pero desafortunadamente nuestros gobernantes se robaron el patrimonio y el bienestar de muchas generaciones y sólo nos queda el desprestigio y la vergüenza de tener la empresa petrolera más corrupta e ineficiente del mundo y un pueblo, en su mayoría, devastado por la pobreza e inseguridad.

17.9.19

La emboscada

Dolia Estévez

Washington, D.C.— Una noche antes de la reunión para evaluar los 90 días del acuerdo migratorio en la Casa Blanca, a los mexicanos les preocupaba que los estadounidenses fueran a conducirse con la misa insolencia del Comisionado del Servicio de Aduanas y Patrulla Fronteriza (CBP) que acababa de regañar a México por no hacer más. Martha Bárcena se quejó con Kevin McAleena, Secretario de Seguridad Interna, por el tono “inapropiado” de Mark Morgan. Parecía más comentarista de Fox News que funcionario. Marcelo Ebrard rechazó vía Twitter las “presiones” del funcionario para convertir a México en tercer país seguro.

Presidida por Ebrard, con el apoyo de Bárcena, la delegación había sido citada a las 2:30 de la tarde en la Casa Blanca. Ingresaron por el pórtico del West Wing en dos grupos: Francisco Garduño, Comisionado del INM; Alejandro Celorio, Consultor Jurídico de la SRE; Roberto Velasco, Vocero de la SRE; Euclides del Moral (recién nombrado cónsul en Oxnard) y Francisco Anza, funcionarios de la Embajada; seguidos por Ebrard y Bárcena.

Fueron guiados al Salón Roosevelt, muy cerca de la Oficina Oval. Tomaron asiento frente al Vicepresidente Mike Pence, el Secretario de Estado Mike Pompeo, el yerno Jared Kushner, el consejero jurídico Pat Cipollone, y el Embajador en México, Chris Landau. Los retratos de Teddy Roosevelt cabalgando (“Habla suavemente y lleva un gran garrote”), y de FDR en su escritorio, testigos mudos de la tensa escena.

Los mexicanos iban decididos a pintar la raya. Sacar chispas de ser necesario. No iban a tolerar que les tronaran la voz o les dieran ordenes como si fueran súbditos. En el plan original, el altanero de Morgan también estaba en la mesa, pero en ajustes de última hora pusieron a Kushner en su lugar. La queja de Bárcena surtió efecto.

De acuerdo con fuentes mexicanas y estadounidenses que pidieron no ser identificadas, Pence inició la sesión agradeciendo al Presidente López Obrador la cooperación “sin precedente” en reducir los flujos migratorios. Desde su perspectiva, la relación pasa por su mejor momento. No obstante, falta mucho por hacer. El matiz cordial y respetuoso del segundo en la jerarquía de poder empezó a tranquilizarlos.

Procedieron a rendir su informe sobre los 90 días. Tras la introducción de Ebrard, con gráficas, mapas y estadísticas mostraron que las medidas mexicanas están dando resultados y se comprometieron a hacer permanente el despliegue de 25 mil efectivos de la Guardia Nacional en tareas de control migratorio. Pence le preguntó a McAleenan si los números eran correctos. McAleenan dijo que sí, pero insistió en negociar un acuerdo de tercer país seguro que obligue a los centroamericanos a pedir asilo en territorio mexicano. Ebrard respondió que tanto AMLO como el Senado mexicano rechazan el tercer país seguro y que no hay motivo pues la estrategia mexicana está funcionando. Celorio lo secundó recordándoles que el entendido es que sólo se firmaría si no daban resultados las medidas pactadas en junio. McAleenan los vio con mirada escéptica.

Ebrard se quejó de que mientras México cumple, Estados Unidos no. No han agilizado, como prometieron, los procesos de asilo. Respondieron que iban a abrir instalaciones en Laredo y Brownsville, con la capacidad de sostener 64 audiencias simultáneamente, algunas por video, para lo que iban a trasladar jueces de otras partes del país. Garduño, a través de una interprete pues no habla inglés, explicó que por razones de seguridad estaban llevando gente de Tamaulipas a Monterrey. La tensión empezó a aminorar. Kushner y Landau, los más blandos. McAleenan, el más duro. Pence y Pompeo, los árbitros.

Ebrard y Bárcena pidieron combatir el flujo ilícito de armas de fuego a México. Así como migración es prioridad para ustedes, el tráfico de armas es para nosotros. La petición no tuvo tracción. Quizá porque Ebrard no la condicionó a migración o porque los estadounidenses la interpretaron como un intento de nivelar el terreno. Equilibrar un poco la balanza.

Kushner, quien se había ausentado, entró y entregó un papelito a Pence. El Vicepresidente dio por terminada la sesión. Duró 45 minutos. Le dijo a Ebrard que junto con Pompeo, iban a pasar a ver a Trump en la Oficina Oval. Bárcena no recibió señal de Ebrard para que lo acompañara. Se quedó en el salón con el resto. Segundos después vinieron por McAleenan y Cipollone, pero no por Landau. Si no entraba Landau, por protocolo, no podía entrar Bárcena… a menos que Ebrard intercediera. No lo hizo. Al resto de la delegación se le vio salir por la misma puerta por la que entró, checando los celulares que les habían confiscado.

Flanqueado por Pence, Pompeo, McAleenan, Kushner y Cipollone, Ebrard entró a ver a Trump. Seis contra uno. Los diez minutos que duró el “saludo de cortesía” bastaron para emboscarlo; presionarlo entre todos por el tercer país. Trump pidió a McAleenan explicara por qué es esencial para su Gobierno.

Los mexicanos no la vieron venir. Los tomaron desprevenidos. Nadie les avisó. No tuvieron oportunidad de prepararse. El “saludo” vuelto emboscada fue acordado en el almuerzo de Pence con Trump ese mismo día. Querían tener sólo a Ebrard para arrancarle el sí, como ocurrió con el papelito del acuerdo de los 90 días que Trump sacó de su solapa.

A las 5:06 de la tarde, Ebrard soltó vía Twitter: “Tuve oportunidad de saludar al presidente Trump”. La prensa había sido convocada a las 5. Ebrard nos dijo que rechazó el tercer país y que Trump había sido “bastante amable y positivo”. Minimizó las presiones. No informó que Trump pidió hablar con AMLO al día siguiente. Fue una “buena conversación”, tuiteó AMLO.

La jornada que empezó con los mexicanos comiéndose las uñas de nervios, terminó con una copa de vino en la residencia de Bárcena, y de su esposo, el Embajador Agustín Gutiérrez Canet. Superada la etapa de tensión, vino la relajación. Ni victoria ni derrota. Un día más en la era Trump.

7.9.19

IMSS-Robledo: ¿"viabilidad financiera" como con el neoliberalismo?


Hace unos días el director general del IMSS, Zoé Robledo, declaró que durante el primer año de la 4T se reducirá la acumulación de reservas y con disciplina administrativa la viabilidad financiera institucional podrá extenderse más allá de 2030: creemos que podemos subirle dos años teniendo finanzas sanas hasta 2032 ( La Jornada, 2/9/19). Esta visión es la de su antecesor peñista José Antonio González Anaya, autor del fantástico salvamento del IMSS al servicio del PRI. ¿Dónde quedó el cambio 2018 de López Obrador?

Ante Peña, en 2015, González Anaya dijo: señor presidente, con orgullo colectivo le informo que la viabilidad financiera del instituto, está garantizada durante su administración, mientras, lo alcanzaban por minuto las denuncias sobre la calidad de los servicios.

Para Robledo: el secreto es evitar gastar más de lo que ingresa. Y para que los servicios IMSS-4T no prosigan la ruta de profundo deterioro –consolidada por el Prian– Robledo sólo puede establecer una meta menor acumulando reservas que suman 215 mil millones de pesos. Él quiere algo menos excesivo: en 2019 se acumularán sólo 29 mil millones de pesos, no 34 mil. La diferencia brindará margen para invertir en infraestructura y erguir hospitales de tiempo completo.

Este absurdo esquema neoliberal de constituir forzosamente reservas fue impuesto, con Fox, por el tecnócrata Santiago Levy (2001) y luego fue calcado, con Calderón (2007), al Issste. Con ellas se ataban ambas instituciones a la estabilidad macroeconómica: de ser un efecto, los neoliberales convirtieron a las instituciones en una causa macro de esa estabilidad. Ciertamente, aunque la seguridad social expresa el marco económico, no lo genera. Contribuye a él.

Pero Robledo –como el director del Issste, Ramírez Pineda– no entran a este debate de fondo, como debería ser el caso de la 4T. Simplemente le dan la vuelta. Y apremiados por la necesidad de recursos disminuyen la meta de constitución de reservas, porque como dice Robledo de nada sirve tener grandes reservas si, al mismo tiempo, no apostamos por mejorar los servicios médicos.

Robledo y Ramírez Pineda preservan la operación neoliberal para garantizar la viabilidad financiera, pero simultáneamente quieren usar las reservas para mejorar servicios. Nunca ordenan el gran tema pendiente: el que toda institución de seguridad social requiere una caja dorada para garantizar las prestaciones de todos los que han contribuido a los institutos. No distinguen entre constituir reservas tecnocráticas sacrificando servicios y poner los cimientos de la seguridad social de la 4T; cimientos que exigen definir y defender esa caja dorada que garantizan las prestaciones amparadas en sus respectivas leyes. No desmontan definitivamente –como corresponde a la 4T– la aberración de seguir constituyendo reservas para que IMSS-Issste sigan pretendidamente contribuyendo a la estabilidad macro-económica.

En la 4T, Robledo debería establecer que en el IMSS no cabe un concepto como viabilidad financiera, propio al lenguaje neoliberal. El IMSS jamás podrá dejar de tenerla. Por la naturaleza de los compromisos que adquiere con cada retención salarial y aportes patronales, cuenta de facto con el respaldo del Estado para que así cumpla la ley: que sus asegurados reciban justo esas prestaciones de ley. Además, ofrecer mejores servicios no excluye ni contradice establecer reglas claras y transparentes para la caja dorada de reservas que los hace posible.

Sobre el programa de mejora, Robledo refiere consultas y operaciones en fines de semana (ya iniciadas por González Anaya) y alude a los hospitales de tiempo completo ¿los hay de tiempo parcial?

En el fondo del asunto se localiza el impacto de la reforma Zedillo-IMSS-1995 sobre finanzas institucionales y en la nunca cumplida oferta del efímero ex director Germán Martínez para levantar una gran auditoría, rápida y oportuna que deberá estar lista en enero de 2019 con el fin de evitar simulación sindical, vía contratos de protección, o en la entrega de las cuotas obrero-patronales ( La Jornada, 7/12/18). Esa indispensable auditoría debería conducir a Robledo, ya como 4T, a un pronunciamiento sobre los verdaderos determinantes de la situación financiera e, incluso, a cambiar el nombre y diseño del neoliberal Informe al Ejecutivo Federal y al Congreso de la Unión sobre la Situación Financiera y los Riesgos del IMSS impuesto por Santiago Levy.

La operación cosmética fabricada por González Anaya –como la de los panistas– sobre la situación financiera institucional fue una quimera: eludió ajustar el deliberadamente equivocado diagnóstico panista de Fox-Calderón y elaboró otro principio fabulado, tan inverosímil como el previo. Pero ignoró lo principal: el impacto de la reforma Zedillo. El masivo voto de 2018 mandató otro futuro, no priísta, para la seguridad social de la 4T.

6.9.19

Además del tren, proyecto Transístmico incluye parques industriales y un gasoducto

Érika Ramírez

El Corredor Transístmico contempla en su modelo de negocio la instalación de 10 parques industriales, un tren, un gasoducto y el acompañamiento de la Guardia Nacional para garantizar la seguridad a los empresarios. En entrevista, el director del proyecto, Rafael Marín Mollinedo, asegura que ya se realizó la consulta indígena para estos propósitos

El modelo de negocio del llamado Corredor Transístmico contempla no sólo la construcción de un tren, sino también la instalación de 10 parques industriales, un gasoducto y el acompañamiento de la Guardia Nacional para garantizar la seguridad a los empresarios, de acuerdo con el titular del proyecto federal, Rafael Marín Mollinedo. La inversión sexenal será del orden de 250 mil millones de pesos.

Considerado como uno de los principales proyectos de infraestructura del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, éste presenta discursos contradictorios al interior del gabinete: por un lado, Mollinedo –director del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP)– asegura que la consulta indígena ya está hecha; por el otro, Hugo Aguilar Ortiz, encargado de la Coordinación de Derechos Indígenas del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), dice que se trata “no de una consulta, sino de un proceso de consulta” (edición 653).

En entrevista con Contralínea, el funcionario de Hacienda y empresario quintanarroense, expone que este proyecto pretende ser el “motor de desarrollo” del Sureste mexicano; también, una cortina de contención para que los migrantes centroamericanos tengan empleo.

Él es uno de los militantes de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) que hicieron un trabajo arduo en Quintana Roo para que el presidente López Obrador obtuviera el triunfo en 2018, ahora encargado de ejecutar uno de los cuatro principales proyectos de infraestructura del sexenio: el Corredor Transístmico, que va de Salina Cruz, Oaxaca, a Coatzacoalcos, Veracruz.

Opositores a este megaproyecto han denunciado que aún no se hace una consulta indígena, como lo marca el artículo 169 de la Organización Internacional del Trabajo, de manera previa, libre e informada. Ante ello, el funcionario de la SHCP asegura que ya se llevó a cabo: “La gente, los indígenas ya nos aprobaron el proyecto”.

De acuerdo con el Plan Nacional de Desarrollo 2019, el Programa para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec tiene como objetivo impulsar el crecimiento de la economía regional “con pleno respeto a la historia, la cultura y las tradiciones del Istmo oaxaqueño y veracruzano”.

El documento, publicado en el 12 de julio en Diario Oficial de la Federación expone que este proyecto aprovechará la posición del Istmo para “competir” en los mercados mundiales de movilización de mercancías. Y que está avalado a través de una consulta realizada durante el 30 y 31 de marzo de este año, mediante asambleas regionales, “se obtuvo la autorización del proyecto por parte de los pueblos de la región binnizá o zapoteco, ayuuk o mixe, zoque, ikoots o huave, chontal, chinanteco, mazateco, mixteco, popoluca, náhuatl y afromexicano, de acuerdo con los artículos constitucionales 1 y 133, el artículo 6 del Convenio de la Organización Internacional del Trabajo y los artículos 19 y 32 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas”.

El modelo de negocio

Entrevistado en sus oficinas de Palacio Nacional, Marín Mollinedo expone que el Corredor Transístmico pretende ser la “palanca del desarrollo” en el Sureste para “irradiar” esta región, la más atrasada en este momento.

A esta zona del país, arguye el empresario dedicado a comercialización de frutas y verduras a través de la compañía Tabana Banana, no se le ha invertido en infraestructura desde hace muchos años, se ha priorizado al centro y al Norte del país; entonces, “para tratar de equilibrar estos niveles de desarrollo, el presidente tiene cuatro proyectos estratégicos, principalmente: el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas, en Tabasco, y los programas de caminos de manos de obra, que son 300 caminos que se van a construir en las zonas más marginadas como Guerrero, Oaxaca y Chiapas; y el cuarto es el corredor del Istmo de Tehuantepec”.

Este ha sido uno de los proyectos que han trascendido la historia, sin concluir, pues desde antes del porfiriato, la parte más estrecha entre Salina Cruz, Oaxaca, y Coatzacoalcos, Veracruz, ha sido codiciada y los pueblos originarios han resistido.

Mollinedo expone que el proyecto va a descansar, principalmente, en modernizar la infraestructura que ya se tiene, los dos puertos: el de Salina Cruz y Coatzacoalcos, y unirlos a través de una vía férrea existente: “lo que pasa es que éste es un proyecto ya muy viejo, tiene más de 100 años, lo creó Porfirio Díaz pero ha estado abandonado, y lo que vamos a hacer nosotros es modernizarlo para poder hacer el cruce de mercancías entre un océano y otro”.

Con ello, el gobierno federal acompañado de la aprobación de los gobiernos estatales, pretende abrir una nueva ruta de transporte marítimo, que cruce por el Istmo de Tehuantepec (que es la zona más estrecha de la República), “tenemos algunas ventajas comparativas con el canal de Panamá, en virtud de que estamos más cerca de Asia y de la Costa Este de Estados Unidos”, añade.

“Queremos generar esta nueva ruta y que las empresas vean que van a tener el acceso a cualquier mercado del mundo y que vengan a invertir en 10 parques industriales que vamos a instalar a lo largo de toda la vía del tren”, dice.

Entre los propósitos, indica, está la instalación de empresas para generar empleos y para transformar materias primas; agregar valor a las materias primas nacionales y, que pudieran venir materias primas del extranjero para que se terminen de transformar aquí y seguir su curso al mercado estadunidense, el más demandante.

Rafel Marín Mollinedo expone que el proyecto que se le ha encomendado tiene proyectada una inversión sexenal de 250 mil millones de pesos, aproximadamente, de los cuales el gobierno federal va a aportar alrededor de 100 mil millones y el resto será de la inversión privada.

En esta ruta también se pretende instalar una red de fibra óptica, que va a venir a un lado de la vía del tren, en el derecho de vía del tren, para darle internet a toda la zona, “vamos a detonar porque las empresas necesitan internet y gas, que ese es otro proyecto: un gasoducto”.

Marín Mollinedo enfatiza que la intención es que donde se establezcan los parques industriales y se tenga que arrendar o afectar la tierra los propietarios originales sean socios. “Que queden como socios en estos desarrollos. Si vamos a hacer un gasoducto, que los dueños de la tierra se pudieran considerar como socios para que los beneficios que dejen esos desarrollos, los propietarios los tengan permanentemente”.

Para la creación de los parques industriales, la administración de López Obrador todavía está en la definición de los polígonos, mismos que podrían ubicarse en terrenos particulares y gubernamentales.

Las nuevas ZEE y las consultas

Durante la administración de Enrique Peña Nieto se promovieron las llamadas Zonas Económicas Especiales (ZEE), que también pretendían “impulsar” la economía del Sureste mexicano. Esta estrategia fue cancelada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, al considerar que no funcionaron.

La diferencia entre las ZEE y estos proyectos, comenta Rafael Marín Mollinedo, es que los anteriores se quedaron en “buenas intenciones, tan fácil como eso; y esto es un proyecto que se va a concretar porque ya estamos trabajando, invirtiendo. Es uno de los proyectos prioritarios y el presidente es una gente de palabra, si dijo que va, ¡va!”

Respecto de la consulta a los pueblos originarios refiere: “Estamos colaborando muy estrechamente con el INPI. Nosotros ya llevamos a cabo la consulta indígena. La gente, los indígenas ya nos aprobaron en proyecto. Es parte del proceso que se tiene que llevar a cabo para hacer otro tipo de obras de infraestructura, por mandato de la OIT”.

De las afectaciones que documentó Contralínea en Salina Cruz, por contaminación de Petróleos Mexicanos en la playa y la salinera, el funcionario dice: “Yo he estado ahí en la salinera y no ha habido comentarios al respecto. Nunca he visto un derrame de petróleo ni nada que me digan que les ha afectado. Hay problemas con Pemex, les deben dinero a algunos ejidatarios por los derechos de vía. Nosotros vamos a gestionar para que se resuelvan, es parte del compromiso”.

Otra de las problemáticas que se le plantea a Marín Mollinedo es el rechazo a los parques eólicos en Juchitán. Sobre el tema, el funcionario de la SHCP reconoce que el proyecto que encabeza también tiene contemplada la instalación de este tipo de infraestructura, por lo que están en arreglos con la Comisión Federal de Electricidad, que es la que tiene los proyectos. Pero “donde establezcamos estos parques vamos a ver el mecanismo de que los propietarios originales participen como socios en este proyecto, que no les des una renta sino que de las utilidades generadas, ellos tengan participación”.

El despliegue de la Guardia Nacional

El documento Situación de la Guardia Nacional, presentado en la conferencia de prensa del presidente López Obrador el 13 de agosto, indica que la Guardia Nacional contará con un importante despliegue de sus efectivos, el cual asciende a 10 mil 445.

Al respecto, el encargado de desarrollar el Corredor Transístmico dice que este corresponde, en parte, a la demanda de los empresarios: “Cuando hemos hablado con ellos para invitarlos a participar y a invertir en la zona, la demanda es de seguridad”.

“Tenemos una mesa de trabajo con la Secretaría de Seguridad Pública y ellos nos van a ayudar a diseñar un proyecto de seguridad para la zona. No es tan grave el problema de la seguridad, al menos en Oaxaca; lo duro está en Coatzacoalcos, Minatitlán (Veracruz). La zona del Norte está muy grave, pero en el Sur el problema está más tranquilo.”

El mismo documento indica que Veracruz contará con 13 mil 702 elementos desplegados por todo el estado. “Vamos a diseñar junto con ellos un programa de seguridad porque es lo que piden las empresas, tener seguridad pública para también invertir, sino no hay inversión”, enfatiza el servidor público.

1.9.19

La ignorancia económica


Óscar Enrique Díaz Santos

Desde que tomó posesión Andrés Manuel López Obrador como presidente de la República, ha tenido diversas controversias en materia económica con especialistas, calificadoras, economistas y hasta con las propias instituciones gubernamentales encargadas de medir la actividad económica del país. En forma recurrente, cuando una medición no es del agrado del señor presidente, su argumento es que están equivocadas, ya que sus cifras dicen lo contrario.

Hay algunas cuestiones económicas que son importantes considerar:

  1. Una de las primeras situaciones fue en su toma de posesión cuando expresó que recibía un país quebrado. Técnica y económicamente no era así, ya que se cumplía con todos los compromisos de deuda (principal y su costo) y no se había dejado de pagar. En el artículo que escribí en esta prestigiada revista (“Un país saqueado no es lo mismo que un país en quiebra”), señalé que la quiebra implicaba la insolvencia y la cesación de pagos de las obligaciones. Esto no podía pasar porque sería equivalente a declarar una moratoria de pagos, cuestión que no era saludable ni deseable. Para ese entonces el país contaba con un poco más de 175 mil millones de pesos en reservas internacionales, lo cual soportaba los compromisos adquiridos. Ciertamente la duda pública es de un poco más del 50 por ciento del producto interno bruto (PIB) y ello provoca que una parte importante del gasto público se destine para cubrir, ya no el principal de la deuda sino su costo, lo cual limita el crecimiento y desarrollo económico.

  1. Otro malestar que tuvo el presidente fue la calificación otorgada a la economía y, en concreto, a Petróleos Mexicanos (Pemex) por las calificadoras. Eso lo hizo explotar. Dijo que las mediciones de estas calificadoras obedecían a sus intereses propios. Es cierto que las calificadoras de inversión, en cierto sentido, se manejan por cuestiones políticas, pero también es cierto que a nivel mundial son una referencia para los mercados financieros internacionales y hay que tomar en cuenta las calificaciones que emiten.

  1. Cuando el Banco de México redujo el pronóstico de crecimiento del PIB, lo descalificó y comentó que sus cifras indicaban que se crecería más del 2 por ciento. La primera medición del PIB, en el primer trimestre, hubo un descenso del 2 por ciento en la actividad económica y en el segundo trimestre logró su mejor nivel del 0 por ciento. El dato inicial que publicó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) del 0.1 por ciento fue celebrado por el presidente como si hubiéramos crecido al 2 por ciento pronosticado para 2019. En principio, tener un crecimiento negativo en el primer trimestre no se recupera fácilmente, ya que si se bajó cierto porcentaje no basta con crecer al mismo porcentaje para recuperar lo perdido debido que la medición no es lineal sino exponencial.

  1. En los últimos días el presidente ha señalado que la economía está muy bien y que no importa el crecimiento económico, sino el desarrollo. El sostiene que con sus acciones (no programas) para ayudar a los más necesitados se genera bienestar económico. Creo que no es así. Puede dar recursos económicos para que las personas con escasos o nulos ingresos puedan elevar su consumo, pero no elevan su calidad de vida. Hay un indicador que se denomina Índice de Desarrollo Humano (IDH), el cual mide tres componentes: nivel de ingresos, nivel de salud y grado de escolaridad. Aún existen más de 20 millones de mexicanos en pobreza extrema, los cuales no tiene una buena calidad de vida. Esa es una tarea muy importante que tiene que cumplir.

  1. Para que exista desarrollo económico debe de haber crecimiento económico. Sin no lo hay, sólo se tratará de paliativos que mitigan, pero no reducen la pobreza. Para que se pueda aspirar a tener un desarrollo económico, el crecimiento del PIB debe de estar por encima del nivel de crecimiento de la población. Por ejemplo, si la población creciera al 2 por ciento anual, el PIB lo debería de hacer por lo menos tres veces más. Señor presidente, hay metodologías económicas para hacerlo. Vea usted, China es el país en el mundo que mayor crecimiento económico ha tenido en los últimos 20 años y aún con su poderío comercial y económico, sigue siendo un país subdesarrollado.

  1. Señor presidente, otro beneplácito que tuvo fue cuando el Banco de México anunció una reducción de la tasa de interés de referencia de .25 puntos base para quedar en 8 por ciento y comentó que eso era bueno porque a las personas les aumentaba los ingresos para elevar el consumo. Creo que no es así, porque no necesariamente esta reducción no beneficiará a los usuarios de servicios financieros. Hay una metodología que utilizan los bancos para determinar las tasas activas de interés. La base de la determinación de la tasa de interés que cobran los bancos es la Tasa de Interés Interna de Equilibrio (TIIE), a ésta se suman 28 puntos que son la base de los Certificados de la Tesorería (Cetes) y también se suma la Tasa o Premio de Riesgo que los bancos determinan para cada uno de sus instrumentos. La TIIE es un promedio de los intereses de los tres bancos más grandes del país. En este contexto, el beneficio será en algunos instrumentos, pero en otros no. Finalmente, cada banco lo decide. Obviamente los que no tiene actividad con los bancos, los más pobres, seguirán igual de fregados.

  1. No le gusta a usted la palabra recesión. La recesión es parte del ciclo económico que cada economía, tarde que temprano, sufre. Incluso cuando una economía permanece mucho tiempo en auge, los economistas plantean que se está sobrecalentando y hay que enfriarla, por lo que es necesario una recesión calculada y bien manejada para no caer en crisis económica que traiga consecuencias funestas para la población. Otra cuestión es que, quiera o no quiera, la dependencia que tiene México con los Estados Unidos de entre 70 y 80 por ciento en el comercio, lo hace vulnerable a una recesión internacional. Ojo, hay visos en la economía mundial que puede presentarse una recesión, quizá no en este y el próximo año, pero sí en 2 años.

Señor presidente, en lo particular lo conmino a que haga caso de las señales económicas y no caer en la ignorancia de la economía. Usted mencionó en su conferencia mañanera que la recuperación económica es una tarea que no se ha cumplido. Ciertamente, así como hay economistas malos también los hay brillantes y hay que hacerles caso. También en los presidentes de la República también hay muchos malos y quizá alguno bueno. Hay que buscarlo en un pajar como una aguja.

Óscar Enrique Díaz Santos*
*Doctor en economía por la Universidad Nacional Autónoma de México y especialista en gasto público y presupuesto

19.8.19

Los empresarios se organizan para la toma del poder

Xicoténcatl
Negras tormentas financieras agitan los aires
redes sociales nos impiden ver…


Inicio con este actualizado himno libertario porque a escasos 13 meses de que López Obrador tomara posesión de la silla presidencial con el respaldo de más de 30 millones de votantes, los nubarrones de una severa recesión económica mundial se concentran amenazantes y constatables en la continua desaceleración de economías como las de Alemania y China y el pánico de las Bolsas de Valores a nivel mundial que llevó a la venta masiva de acciones en Wall Street (Ver La Jornada 15 de agosto). La contundente derrota electoral del macrismo en Argentina, el domingo 11 de agosto, arrastró en caída frente al dólar, a casi todas las monedas del continente, peso mexicano incluido.

En la mañanera de ese mismo 15 de agosto Andrés Manuel López Obrador, AMLO, respondió a un reportero sobre el tema en cuestión: “ ¡Toco madera! Nosotros estamos bien y de buenas; la política, decía Maquiavelo es virtud y fortuna, y nosotros hemos tenido fortuna y suerte, y la suerte cuenta y yo estoy seguro que nos irá bien y se van a alejar todos esos riesgos. Hay que tener confianza y actuar con optimismo”.

Es decir, seguimos con la “línea política” de amor y paz en medio de un escenario mundial de guerras comerciales, agresiones imperialistas en forma de bloqueos a países como Venezuela y Cuba, la migración y el tráfico de drogas utilizados para fines político-electorales. El empeño de impulsar megaproyectos que benefician a unos pocos y destruyen comunidades y territorios y la estructura del terror y el crimen políticamente organizado, en ininterrumpida actividad desde que allá por el 2006 y hasta la fecha, se declarará la guerra a los mexicanos con la máscara de lucha contra el narco.

Con una línea y una propuesta más coherente y alejados de tendencias buena onda, el círculo empresarial organizado en la Confederación Patronal de la República Mexicana, COPARMEX, ya está decidido a tomar el poder. Para ello se está coordinando con el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ITESM, y organizaciones sociales como Mexicanos contra la Corrupción (Claudio X. González), Causa en Común, México Unido contra la Delincuencia, Comisión Mexicana de Derechos Humanos y el Colegio de la Abogacía.

En un documento de 39 páginas al que tuvo acceso el periodista de la revista PROCESO, Álvaro Delgado, la denominada “Alternativa por México” impulsará la candidatura a la presidencia de Gustavo de Hoyos, actual presidente de la COPARMEX. Se organizarán 22 foros en otras tantas ciudades para reclutar a 6 mil seiscientos ciudadanos, de los que surjan mil 320 líderes potenciales; de estos 1,320 se seleccionarán 440 líderes en formación y de aquí 220 líderes en acompañamiento para terminar en 110 Agentes Ciudadanos de Cambio, ACC. En 2021, los líderes estarán preparados para el siguiente nivel: la toma del poder político. El primer foro ya tuvo lugar el 15 de agosto en Saltillo, Coahuila. Le seguirán Zacatecas, Culiacán (Sinaloa), Tuxtla (Chiapas) y Acapulco, (Guerrero). Gustavo de Hoyos tiene en su círculo más inmediato al director del Tec de Monterrey, Alejandro Poiré Romero, que fue Secretario de Gobernación durante la guerra de Calderón y hasta el 2011 estuvo al frente de los Servicios de Inteligencia, CISEN. Como responsable del formato y las dinámicas de los 22 foros, el diseño de la metodología y soporte para el proceso de vertebración está Celina Fernández, egresada de la Universidad de Monterrey y que desde octubre pasado trabaja para la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID.

- Rutilio Escandón se reúne con la delegación de la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero, OPIC-.

El martes 13 de agosto el gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón Cadenas, se reunió con representantes de esta agencia del régimen estadunidense.

Fundada en 1971, la OPIC es una agencia de desarrollo del gobierno de Estados Unidos. El financiamiento y los seguros de OPIC ayudan a empresas estadounidenses a invertir en el extranjero y fomentan el desarrollo económico en más de 150 paises en desarrollo y mercados emergentes. Apoya proyectos que refuerzan y se alinean con la actual política exterior de los Estados Unidos. Proyectos que fomentan la estabilidad política y los ideales de libre mercado. La OPIC también ofrece seguros contra riesgos políticos para empresas e inversionistas como protección contra riesgos de expropiación, violencia política y otros riesgos del país. (Página de OPIC)

La reunión con el gobernador de Chiapas tiene su antecedente en julio de este año, cuando una delegación del régimen norteamericano se reunió con funcionarios mexicanos encabezados por el Secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard. Se anunciaron entonces apoyos por más de 80 millones de dólares en beneficio de micro, pequeñas y medianas empresas en el sur sureste de México. OPIC firmó también una carta de intención para apoyar una planta de gas natural licuado con valor de 400 millones de dólares y una planta de energía eólica con valor de 320 millones de dólares. El anuncio de estas inversiones llegó después de la declaratoria hecha por Estados Unidos y por México en diciembre de 2018, en la cual se comprometieron a fortalecer y expandir la cooperación bilateral en apoyo a la inversión del sector privado de Estados Unidos, así como a impulsar el desarrollo del sur de México. (Página de la Embajada de Estados Unidos en México).

No nos vamos a detener en la intención mediática de Rutilio, de dar atole con el dedo a la delegación norteamericana cuando les dijo que Chiapas es de los lugares más seguros para vivir y visitar en México y que Chiapas cuenta con grandes recursos para invertir en cultivos tropicales y turismo, ignorando o pretendiendo ignorar, que cualquier agencia estadounidense para el desarrollo está perfectamente informada de los diarios asaltos y bloqueos carreteros en el estado de Chiapas. Del reciente conflicto en Rio Florido con el Frente de Lucha por el Socialismo FNLS, de los feminicidios, del secuestro del alcalde de Huixtán, de los paramilitares de Chenalhó y los desplazados de Chalchihuitán y Aldama, de los altos niveles de pobreza, analfabetismo y migración, y de que el sistema lagunario que forman Metzabok y Nahá, en la selva Lacandona, se ha secado. Nos vamos a detener en la persona que encabezó la delegación de OPIC: Kristie Pellechia, asesora principal para el Hemisferio Occidental.

Utilizando los más sofisticados medios de navegación nos topamos con Pellechia y la página www.concordia.net/kristie-pellechia.

C O N C O R D I A.- Construyendo alianzas para impacto social. En el verano del 2011 los amigos y socios Nick Logothetis y Mathew Swift convocaron a líderes intelectuales en el décimo aniversario del autoatentado de las Torres Gemelas de Nueva York para discutir la importancia de las alianzas en la lucha contra el extremismo. Se formó el Consejo Directivo de CONCORDIA con 42 personas (14 mujeres y 38 hombres). Entre los nombres más populares que podrían estar entre los más buscados, para alguna organización popular que, no es el caso, llegara a tomar el poder, figuran:

Alvaro Uribe Vélez: ex presidente de Colombia y partidario de la eliminación física de los guerrilleros colombianos. Se opuso a los tratados de Paz y desarme entre gobierno y FARC.

Felipe Calderón Hinojosa: ex presidente de México, dio inicio a su mandato vestido con uniforme militar y desatando la masacre más devastadora de las últimas décadas en América Latina.

José María Aznar López: ex presidente de España (1996-2004) Apoyó activamente al régimen estadounidense en la guerra contra el terrorismo en Irak y Afganistán. Cuando a tres días de las elecciones de 2004 hubo un brutal atentado yihadista en Madrid, inmediatamente acusó a la organización armada vasca ETA, preocupado por la pérdida de votos que implicaría reconocer la verdad. La burda mentira le hizo pasar a mejor vida política.

Muhtar Kent: Presidente y director ejecutivo de Coca Cola.

Carolyn Miles: Presidenta y CEO de Save the children.

John D. Negroponte: Oficial a cargo del Consejo de Seguridad Nacional, estuvo a las órdenes de Henry Kissinger durante la guerra del Viet Nam. Embajador de Estados Unidos en Honduras (1981-1985) responsable de la política estadounidense de violaciones a derechos humanos. Supervisó la creación de la base aérea El Aguacate, donde el régimen Imperial entrenaba a la contra nicaragüense para atacar a los sandinistas. La base fue utilizada como centro clandestino de detención y torturas. Fue embajador de Estados Unidos en Irak en 2004 . Primer Director de Inteligencia Nacional en 2005, estuvo al frente de todos los organismos de espionaje de Estados Unidos. Fue nombrado por George W. Bush como embajador ante la ONU. (fuentes: El Pais y La Haine.org).

Cuando Rutilio Escandón Cadenas estaba sentado al lado de Kristie Pellechia, para impulsar el desarrollo del sureste mexicano, ¿sabía que esta mujer es la directora general para Latinoamerica de CONCORDIA? ¿En tan filosa pista baila López Obrador que con tal de mostrar resultados macroeconómicos positivos, da luz verde para colaborar con personajes maquiavélicos y dantescos, incluido Felipe Calderón que tan activo y empeñado está en tumbar la denominada Cuarta Transformación?.

En oposición al amor y paz lopezobradorista y la confianza en la buena suerte para las cuestiones económicas de México podemos repasar las declaraciones del conocido líder judío en MATEO 10:35: “No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa”. Salud.
 
Este es el vínculo para conocer el reportaje de PROCESO publicado el 4 de agosto:
https://www.youtube.com/watch?v=xO3wQcqwumY

18.8.19

Christopher Landau: la ley del imperio

Alberto Betancourt Posada*

El pasado 18 de marzo, Donald Trump postuló al doctor en derecho Christopher Landau como embajador de Estados Unidos en México. La designación ocurrió en el contexto de una creciente hibridación de lo militar y lo diplomático. Mike Pompeo, quien ha sido sucesivamente comandante de un batallón de tanques (que patrullaba la Cortina de Hierro), empresario de equipos para la industria petrolera, integrante del comité de inteligencia del Congreso estadunidense, director de la CIA y actual secretario del Departamento de Estado, ha sido el impulsor del apelmazamiento entre misiones diplomáticas y operaciones especiales.

El pasado 15 de abril, en Dallas, Texas, el diplomático egresado de la academia militar de West Point y la Universidad Harvard aseveró que lo diplomático y lo militar se entrelazan y se complementan: Yo sé que la diplomacia no suena tan emocionante como disparar armas antitanque, volar un F16 o arrastrarse por el barro, no hay series de televisión sobre diplomáticos... pero los soldados y los diplomáticos dependemos unos de otros. Pompeo recordó una escena de la posguerra, durante un viaje en tren, Harry S. Truman mostró a Winston Churchill un nuevo diseño del emblema presidencial, en el cual el águila volteaba a la derecha hacia un olivo, símbolo de la diplomacia, en vez de mirar a la izquierda, hacia la flecha que funge como alegoría de lo militar; según Pompeo, Churchill replicó: el águila debería voltear permanentemente hacia ambos lados.

En medio de ese ovillo diplomático-militar, el pasado 21 de mayo el abogado Christopher Landau se presentó ante el poderoso Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadunidense, a solicitar su ratificación como embajador de Estados Unidos en México. Durante su breve discurso, quizá por carecer de una mínima experiencia diplomática, evocó la carrera de su padre, el embajador George Landau, como muestra de las actividades realizadas por su familia para promover las buenas relaciones entre su país y América Latina. Sin embargo, cuando uno revisa la carrera en el servicio exterior de George Landau aparecen algunos episodios escabrosos. Por ejemplo, de acuerdo con el libro de Stella Calloni, Operación Cóndor. Pacto criminal (Caracas, El Perro y la Rana, 2016) en 1976 George Landau, quien en ese entonces era embajador de Estados Unidos en Paraguay, respondiendo a una petición de la CIA, otorgó las visas de ingreso a la Unión Americana a Michael Townley y Armando Fernández Lario, agentes de la Dirección Nacional de Inteligencia de Chile. Fernández había participado personalmente en el golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende y combatió en el ataque al Palacio de la Moneda, en el que perdió la vida el mandatario. Ambos militares viajaron a Washington con pasaportes paraguayos regalados por el dictador Stroessner. El 21 de septiembre de 1976 los agentes asesinaron a Orlando Letelier, ex canciller de Salvador Allende, mediante una bomba que instalaron en su coche y que fue detonada alrededor de las 9 de la mañana en la céntrica avenida Massachusetts de la capital estadunidense.

El primero de agosto el Senado estadunidense ratificó a Christopher Landau como embajador en nuestro país. El nuevo titular ha dedicado su vida a defender empresas trasnacionales y poderosas contra clientes débiles o instituciones ambientalistas. Se graduó como doctor en derecho por la Universidad de Harvard y recibió la distinción magna cum laude. Ha sido abogado de los poderosos despachos internacionales Kirkland & Ellis y Quinn Emanuel, litigantes globales de los derechos empresariales. Ocupa lugares prominentes en el ranking de los mejores abogados de apelaciones. Representó y defendió a jueces que exigían el pago de un bono, que había sido suspendido por el Congreso. Como abogado se especializa en echar abajo sentencias que obligan a grandes empresas a pagar indemnizaciones por daños ambientales, laborales o por incumplimiento de obligaciones con sus clientes. Entre sus casos más notables consiguió demoler un dictamen de daño biológico emitido por el Servicio Nacional de Pesca y Marina que exigía a la empresa Dow Agroscience respetar ciertos límites en el uso de pesticidas. En el juicio de Leonard contra Nationwide Mut. Ins. salvó a la aseguradora de pagar a sus clientes daños provocados por el huracán Katrina.

En noviembre de 2010 defendió a las empresas Dow Chemical Corporation y Rockwell International Corporation, acusadas de causar daños ambientales e hipotecarios ocasionados por la contaminación radiactiva generada por la planta de armas nucleares de Rocky Flats, cercana a Denver, Colorado. Defendió a la empresa Con Agra Food ante una demanda presentada por tres trabajadores lastimados durante una explosión en uno de sus almacenes en Chester, Illinois. Ha tenido como clientes a varias empresas mexicanas, entre las cuales se encuentran Conmebol, Rimsa, Televisa, Grupo Salinas, Grupo Empresarial Ángeles y la compañía Oro Negro, a la que representó en un juicio contra Pemex. Es plausible inferir que fue enviado a México para imponer la ley del imperio y acotar al gobierno mexicano.

*Historiador y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

31.7.19

¡Alerta México! El neocolonialismo se reinventa en el T-MEС

María Luisa Ramos Urzagaste*


"Los textos del T-MEC y sus anexos conforman cientos de páginas, donde el capítulo de propiedad intelectual es apenas una parte, pero suficiente para constatar que EEUU ha logrado imponer sus reglas neocoloniales, constituyéndose esto en un peligroso antecedente".

El nuevo Tratado México-EEUU-Canadá, T-MEC, que reemplazará al TLCAN, tendrá un impacto positivo en el PIB real y el empleo de EEUU. Para defender su mercado interno y lograr sus metas de exportación, Trump aprobó la Ley de mejora de la agricultura, que prevé 867.000 millones de dólares en subsidios.

A decir de Trump, el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) fue un pésimo acuerdo para EEUU, pues ocasionó la pérdida de 4 millones de empleos en el sector manufacturero, un déficit de más de 2 billones de dólares. Además, el sector automovilístico habría perdido un 25% de puestos de trabajo.

Por su parte, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, remitió el T-MEC al Congreso para su aprobación. "Consideramos que nos conviene, que es benéfico para que haya más inversión extranjera, que se estimule la participación de las empresas, para la creación de empleos bien pagados en el país", afirmó.
La pobreza no se redujo con el TLCAN
Durante los 20 años de vigencia del TLCAN, las exportaciones totales de México han crecido un 525%, siendo el sector de maquila el más dinámico. No obstante, el Senado mexicano reconoce que el bajo costo de la mano de obra sigue siendo un factor fundamental para la instalación de empresas manufactureras norteamericanas en México.

En el periodo de vigencia del TLCAN, las maquiladoras han creado apenas 700.000 empleos, en un país con una población económicamente activa de 54 millones de personas, de las cuales 30,5 millones tienen trabajos informales y las subocupadas suman 3,8 millones.

Un informe gubernamental afirma que México exporta a sus socios del TLCAN por un valor de 36 millones de dólares cada hora. Pero más allá de los millones, es más que curioso que casi la mitad de los mexicanos aún continúan viviendo en la pobreza.
Un acuerdo para eliminar el déficit de EEUU
Según el Gobierno de EEUU, con la firma del T-MEC han logrado "un acuerdo del siglo XXI de alto estándar" que les permitirá eliminar el déficit de 71.000 millones de dólares en comercio de bienes y mejorar el superávit de casi 7.000 millones de dólares en servicios.

La Comisión de Comercio Internacional de los EEUU (USITC, por sus siglas en inglés), hizo una evaluación del posible impacto del T-MEC que arrojó como resultado que las exportaciones estadounidenses a Canadá y México aumentarán en 19.000 y 14.000 millones de dólares, respectivamente.

En cuanto a las importaciones estadounidenses desde Canadá y México, aumentarán en un 5% y un 3,8%, respectivamente. El modelo usado por la USITC estima que el acuerdo tendrá un impacto positivo en todos sus sectores industriales.

Estados Unidos entiende que debe preparar a sus empresas para defender su mercado interno y conquistar nuevos. Para ello, el presidente Trump promulgó la Ley de mejora de la agricultura 2018, que dispone 867.000 millones dólares en ayuda al sector para los próximos cinco años.
Las trampas del T-MEC: propiedad intelectual
Uno de los pilares del T-MEC es el referido a la propiedad intelectual, que, entre otros aspectos, define procedimientos judiciales para "evitar la divulgación de secretos comerciales" de las compañías transnacionales en casos de litigio.

Esto le vendrá muy bien a los contaminadores, pues estarán protegidos de no difundir información de los químicos que utilizan. También podrá favorecer a los productores de transgénicos que no estarán obligados a informar, amparándose en el 'secreto comercial'.

Según el Gobierno de EEUU, el capítulo de propiedad intelectual "moderniza y proporciona una protección sólida y efectiva" a sus innovadores y creadores.
Estado Gendarme para proteger a las transnacionales
La oficina para el comercio de EEUU informó que, por primera vez, un acuerdo comercial establece que, 'de oficio', las autoridades deberán impedir la circulación de las mercancías falsificadas o pirateadas en cada fase de entrada, salida y tránsito por el territorio de cualquiera de los países parte del T-MEC.

El Estado mexicano deberá crear una gran infraestructura legal y policíaca para proteger las inversiones de sus socios.

De este modo, el Estado se convierte en gendarme defensor de los intereses de empresas transnacionales, pues de no hacerlo sufrirá sanciones y demandas por no proteger la inversión.

Es sabido que la piratería es una plaga internacional y para combatirla no bastan leyes o policías, pues es también un problema de pobreza, que por lo visto en el TLCAN no solucionará tampoco el T-MEC.
UPOV 1991, la trampa de la 'letra chica'
El T-MEC establece que los países deberán ratificar varios tratados internacionales sobre propiedad intelectual, entre ellos UPOV 1991, que es el tratado de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales.

UPOV 1991 ha sido foco de críticas y resistencia en el mundo porque establece derechos de monopolio muy amplios a favor de los obtentores de variedades vegetales, a quienes define como "aquella persona que haya creado o descubierto y puesto a punto una variedad vegetal".

Esos nuevos derechos abarcan toda la cadena productiva y reproductiva del vegetal en cuestión, incluyendo la producción, reproducción, venta, exportación e importación, que deberá ser autorizada por el obtentor. Dicha 'autorización' implica el pago por el uso.

Este nuevo acuerdo constituye una amenaza para la propiedad colectiva del conocimiento tradicional y abre las puertas de par en par a la biopiratería, pues equipara el concepto de 'descubrimiento' con el de 'invención', que no son lo mismo.

Es aún más preocupante que el artículo 20 del T-MEC establece que cada país "dispondrá que las patentes puedan obtenerse para cualquier invención, ya sea un producto o un procedimiento, en todos los campos de la tecnología".

Se podrá patentar vegetales, genes, microorganismos, etc., etc., de la misma forma que se patentan las invenciones industriales.

Es la típica visión colonialista, donde el descubridor, por el mero hecho de haber encontrado algo, se lo apropia, lo patenta y se lucra sin límites. Se trata incluso de una imposición de paradigma, que elimina el conocimiento colectivo de libre acceso y promueve la apropiación y lucro privado.

Según el Instituto de Política Agrícola y Comercial, con el TLCAN los agricultores mexicanos fueron devastados por el maíz barato de los EEUU y casi dos millones de ellos fueron expulsados de la agricultura, muchos se convirtieron en subcontratados y otros se vieron obligados a emigrar.

Los textos del T-MEC y sus anexos conforman cientos de páginas, donde el capítulo de propiedad intelectual es apenas una parte, pero suficiente para constatar que EEUU ha logrado imponer sus reglas neocoloniales, constituyéndose esto en un peligroso antecedente.
UPOV 91 y T-MEC violan los derechos campesinos
La reciente Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que trabajan en las zonas rurales instituye que los Estados respetarán, protegerán y harán efectivos los derechos de los campesinos.

El artículo 19 establece el derecho a proteger los conocimientos tradicionales relativos a los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura; el derecho a conservar, utilizar, intercambiar y vender las semillas o el material de multiplicación que hayan conservado después de la cosecha.

¿Podrá AMLO hacer cumplir estos derechos luego de la entrada en vigor del T-MEC y UPOV 91?
It's just business!
Para el año 2050 se prevé que la población mundial alcance los 10.000 millones. Eso conlleva que la demanda mundial de alimentos aumente en un 70%.

La creciente demanda de granos, aceites y vegetales es un motor importante para el mercado mundial de semillas, que está valuado en 59.000 millones de dólares y se prevéque llegue a 90.000 millones de dólares en 2024. Este es precisamente el negocio que ahora EEUU y sus transnacionales pretenden monopolizar.

Ocho empresas representan alrededor del 50% del mercado mundial de semillas, entre ellas Monsanto, Vilmorin & Cie., Syngenta (ahora china, ChemChina-Syngenta), DowDupont Inc., Bayer y DLF Seeds.

Paradójicamente, son los campesinos los principales proveedores de alimentos para más del 70% de la población mundial, que producen con reducidos recursos.
¿Se acordará AMLO del plan de Ayala Siglo XXI 2.0?
Durante la campaña electoral, AMLO comprometió con su firma incorporar en su plan de Gobierno el Plan de Ayala Siglo XXI 2.0, que tuvo el respaldo de más de 100 organizaciones agrícolas mexicanas.

Dicho documento definió prohibir la siembra de transgénicos y suspender el uso de pesticidas prohibidos.

El plan precisa que "es necesario renegociar el TLCAN y sustituirlo por un Acuerdo Trinacional de Cooperación para el Desarrollo que, a diferencia de aquel no sacrifique nuestra soberanía alimentaria, además de que incluya la legalización de los indocumentados y el derecho a la movilidad transfronteriza".

¿Tan pronto se habrá olvidado AMLO del Plan Ayala siglo XXI?

 *Biodiversidad.org

24.7.19

Anatomía del nuevo neoliberalismo

Pierre Dardot y Christian Laval

  Desde hace una decena de años viene anunciándose regularmente el fin del neoliberalismo: la crisis financiera mundial de 2008 se presentó como el último estertor de su agonía, después le tocó el turno a la crisis griega en Europa (al menos hasta julio de 2015), sin olvidar, por supuesto, el seísmo causado por la elección de Donald Trump en EE UU en noviembre de 2016, seguido del referéndum sobre el Brexit en marzo de 2017. El hecho de que Gran Bretaña y EE UU, que fueron tierras de promisión del neoliberalismo en tiempos de Thatcher y Reagan, parezcan darle la espalda mediante una reacción nacionalista tan repentina, marcó los espíritus debido a su alcance simbólico. Después, en octubre de 2018, se produjo la elección de Jair Bolsonaro, quien promete tanto el retorno de la dictadura como la aplicación de un programa neoliberal de una violencia y una amplitud muy parecidas a las de los Chicago boys de Pinochet. 

El neoliberalismo no solo sobrevive como sistema de poder, sino que se refuerza. Hay que comprender esta singular radicalización, lo que implica discernir el carácter tanto plástico como plural del neoliberalismo. Pero hace falta ir más lejos todavía y percatarse del sentido de las transformaciones actuales del neoliberalismo, es decir, la especificidad de lo que aquí llamamos el nuevo neoliberalismo.

La crisis como modo de gobierno
Recordemos de entrada qué significa el concepto de neoliberalismo, que pierde gran parte de su pertinencia cuando se emplea de forma confusa, como sucede a menudo. No se trata tan solo de políticas económicas monetaristas o austeritarias, de la mercantilización de las relaciones sociales o de la dictadura de los mercados financieros. Se trata más fundamentalmente de una racionalidad política que se ha vuelto mundial y que consiste en imponer por parte de los gobiernos, en la economía, en la sociedad y en el propio Estado, la lógica del capital hasta convertirla en la forma de las subjetividades y la norma de las existencias.

Proyecto radical e incluso, si se quiere, revolucionario, el neoliberalismo no se confunde, por tanto, con un conservadurismo que se contenta con reproducir las estructuras desigualitarias establecidas. A través del juego de las relaciones internacionales de competencia y dominación y de la mediación de las grandes organizaciones de gobernanza mundial (FMI, Banco Mundial, Unión Europea, etc.), este modo de gobierno se ha convertido con el tiempo en un verdadero sistema mundial de poder, comandado por el imperativo de su propio mantenimiento.

Lo que caracteriza este modo de gobierno es que se alimenta y se radicaliza por medio de sus propias crisis. El neoliberalismo solo se sostiene y se refuerza porque gobierna mediante la crisis. En efecto, desde la década de 1970, el neoliberalismo se nutre de las crisis económicas y sociales que genera. Su respuesta es invariable: en vez de poner en tela de juicio la lógica que las ha provocado, hay que llevar todavía más lejos esa misma lógica y tratar de reforzarla indefinidamente. Si la austeridad genera déficit presupuestario, hay que añadir una dosis suplementaria. Si la competencia destruye el tejido industrial o desertifica regiones, hay que agudizarla todavía más entre las empresas, entre los territorios, entre las ciudades. Si los servicios públicos no cumplen ya su misión, hay que vaciar esta última de todo contenido y privar a los servicios de los medios que precisan. Si las rebajas de impuestos para los ricos o las empresas no dan los resultados esperados, hay que profundizar todavía más en ellas, etc.

Este gobierno mediante la crisis solo es posible, claro está, porque el neoliberalismo se ha vuelto sistémico. Toda crisis económica, como la de 2008, se interpreta en los términos del sistema y solo recibe respuestas que sean compatibles con el mismo. La ausencia de alternativas no es tan solo la manifestación de un dogmatismo en el plano intelectual, sino la expresión de un funcionamiento sistémico a escala mundial. Al amparo de la globalización y/o al reforzar la Unión Europea, los Estados han impuesto múltiples reglas e imperativos que los llevan a reaccionar en el sentido del sistema.

Pero lo que es más reciente y sin duda merece nuestra atención es que ahora se nutre de las reacciones negativas que provoca en el plano político, que se refuerza con la misma hostilidad política que suscita. Estamos asistiendo a una de sus metamorfosis, y no es la menos peligrosa. El neoliberalismo ya no necesita su imagen liberal o democrática, como en los buenos tiempos de lo que hay que llamar con razón el neoliberalismo clásico. Esta imagen incluso se ha convertido en un obstáculo para su dominación, cosa que únicamente es posible porque el gobierno neoliberal no duda en instrumentalizar los resentimientos de un amplio sector de la población, falto de identidad nacional y de protección por el Estado, dirigiéndolos contra chivos expiatorios.

En el pasado, el neoliberalismo se ha asociado a menudo a la apertura, al progreso, a las libertades individuales, al Estado de derecho. Actualmente se conjuga con el cierre de fronteras, la construcción de muros, el culto a la nación y la soberanía del Estado, la ofensiva declarada contra los derechos humanos, acusados de poner en peligro la seguridad. ¿Cómo es posible esta metamorfosis del neoliberalismo?

Trumpismo y fascismo
Trump marca incontestablemente un hito en la historia del neoliberalismo mundial. Esta mutación no afecta únicamente a EE UU, sino a todos los gobiernos, cada vez más numerosos, que manifiestan tendencias nacionalistas, autoritarias y xenófobas hasta el punto de asumir la referencia al fascismo, como en el caso de Matteo Salvini, o a la dictadura militar en el de Bolsonaro. Lo fundamental es comprender que estos gobiernos no se oponen para nada al neoliberalismo como modo de poder. Al contrario, reducen los impuestos a los más ricos, recortan las ayudas sociales y aceleran las desregulaciones, particularmente en materia financiera o ecológica. Estos gobiernos autoritarios, de los que forma parte cada vez más la extrema derecha, asumen en realidad el carácter absolutista e hiperautoritario del neoliberalismo.

Para comprender esta transformación, primero conviene evitar dos errores. El más antiguo consiste en confundir el neoliberalismo con el ultraliberalismo, el libertarismo, el retorno a Adam Smith o el fin del Estado, etc. Como ya nos enseñó hace mucho tiempo Michel Foucault, el neoliberalismo es un modo de gobierno muy activo, que no tiene mucho que ver con el Estado mínimo pasivo del liberalismo clásico. Desde este punto de vista, la novedad no consiste en el grado de intervención del Estado ni en su carácter coercitivo. Lo nuevo es que el antidemocratismo innato del neoliberalismo, manifiesto en algunos de sus grandes teóricos, como Friedrich Hayek, se plasma hoy en un cuestionamiento político cada vez más abierto y radical de los principios y las formas de la democracia liberal.

El segundo error, más reciente, consiste en explicar que nos hallamos ante un nuevo fascismo neoliberal, o bien ante un momento neofascista del neoliberalismo 2/. Que sea por lo menos azaroso, si no peligroso políticamente, hablar con Chantal Mouffe de un momento populista para presentar mejor el populismo como un remedio al neoliberalismo, esto está fuera de toda duda. Que haga falta desenmascarar la impostura de un Emmanuel Macron, quien se presenta como el único recurso contra la democracia iliberal de Viktor Orbán y consortes, esto también es cierto. Pero, ¿acaso esto justifica que se mezcle en un mismo fenómeno político el ascenso de las extremas derechas y la deriva autoritaria del neoliberalismo?

La asimilación es a todas luces problemática: ¿cómo identificar si no es mediante una analogía superficial el Estado total tan característico del fascismo y la difusión generalizada del modelo de mercado y de la empresa en el conjunto de la sociedad? En el fondo, si esta asimilación permite arrojar luz, centrándonos en el fenómeno Trump, sobre cierto número de rasgos del nuevo neoliberalismo, al mismo tiempo enmascara su individualidad histórica. La inflación semántica en torno al fascismo tiene sin duda efectos críticos, pero tiende a ahogar los fenómenos a la vez complejos y singulares en generalizaciones poco pertinentes, que a su vez no pueden sino dar lugar a un desarme político.

Para Henry Giroux 3/, por ejemplo, el fascismo neoliberal es una “formación económico-política específica” que mezcla ortodoxia económica, militarismo, desprecio por las instituciones y las leyes, supremacismo blanco, machismo, odio a los intelectuales y amoralismo. Giroux toma prestada del historiador del fascismo Robert Paxton (2009) la idea de que el fascismo se apoya en pasiones movilizadoras que volvemos a encontrar en el fascismo neoliberal: amor al jefe, hipernacionalismo, fantasmas racistas, desprecio por lo débil, lo inferior, lo extranjero, desdén por los derechos y la dignidad de las personas, violencia hacia los adversarios, etc.

Si bien hallamos todos estos ingredientes en el trumpismo y más todavía en el bolsonarismo brasileño, ¿acaso no se nos escapa su especificidad con respecto al fascismo histórico? Paxton admite que “Trump retoma varios motivos típicamente fascistas”, pero ve en él sobre todo los rasgos más comunes de una “dictadura plutocrática” 4/. Porque también existen grandes diferencias con el fascismo: no impone el partido único ni la prohibición de toda oposición y de toda disidencia, no moviliza y encuadra a las masas en organizaciones jerárquicas obligatorias, no establece el corporativismo profesional, no practica liturgias de una religión laica, no preconiza el ideal del ciudadano soldado totalmente consagrado al Estado total, etc. (Gentile, 2004).

A este respecto, todo paralelismo con el final de la década de 1930 en EE UU es engañoso, por mucho que Trump haya hecho suyo el lema de America first, el nombre dado por Charles Lindbergh a la organización fundada en octubre de 1940 para promover una política aislacionista frente al intervencionismo de Roosevelt. Trump no convierte en realidad la ficción escrita por Philip Roth (2005), quien imaginó que Lindbergh triunfaría sobre Roosevelt en las elecciones presidenciales de 1940. Ocurre que Trump no es a Clinton o a Obama lo que fue Lindbergh a Roosevelt y que en este sentido toda analogía es endeble. Si Trump puja cada vez más en la escalada antiestablishment para halagar a su clientela electoral, no trata, sin embargo, de suscitar revueltas antisemitas, contrariamente al Lindbergh de la novela, inspirada directamente en el ejemplo nazi.

Pero, sobre todo, no estamos viviendo un momento polanyiano, como cree Robert Kuttner (2018), caracterizado por la recuperación del control de los mercados por los poderes fascistas ante los estragos causados por el no intervencionismo. En cierto sentido ocurre todo lo contrario, y el caso es bastante más paradójico. Trump pretende ser el campeón de la racionalidad empresarial, incluso en su manera de llevar a cabo su política tanto interior como exterior. Vivimos el momento en que el neoliberalismo segrega desde el interior una forma política original que combina autoritarismo antidemocrático, nacionalismo económico y racionalidad capitalista ampliada.
 
Una crisis profunda de la democracia liberal
Para comprender la mutación actual del neoliberalismo y evitar confundirla con su fin es preciso tener una concepción dinámica del mismo. Tres o cuatro decenios de neoliberalización han afectado profundamente a la propia sociedad, instalando en todos los aspectos de las relaciones sociales situaciones de rivalidad, de precariedad, de incertidumbre, de empobrecimiento absoluto y relativo. La generalización de la competencia en las economías, así como, indirectamente, en el trabajo asalariado, en las leyes y en las instituciones que enmarcan la actividad económica, ha tenido efectos destructivos en la condición de los personas asalariadas, que se han sentido abandonadas y traicionadas. Las defensas colectivas de la sociedad, a su vez, se han debilitado. Los sindicatos, en particular, han perdido fuerza y legitimidad.

Los colectivos de trabajo se han descompuesto a menudo por efecto de una gestión empresarial muy individualizadora. La participación política ya no tiene sentido ante la ausencia de opciones alternativas muy diferentes. Por cierto, la socialdemocracia, adherida a la racionalidad dominante, está en vías de desaparición en un gran número de países. En suma, el neoliberalismo ha generado lo que Gramsci llamó monstruos mediante un doble proceso de desafiliación de la comunidad política y de adhesión a principios etnoidentitarios y autoritarios, que ponen en tela de juicio el funcionamiento normal de las democracias liberales. Lo trágico del neoliberalismo es que, en nombre de la razón suprema del capital, ha atacado los fundamentos mismos de la vida social, tal como se habían formulado e impuesto en la época moderna a través de la crítica social e intelectual.

Por decirlo de manera un tanto esquemática, la puesta en práctica de los principios más elementales de la democracia liberal comportó rápidamente bastantes más concesiones a las masas que lo que podía aceptar el liberalismo clásico. Este es el sentido de lo que se llamó justicia social o también democracia social, a las que no cesó de vituperar precisamente la cohorte de teóricos neoliberales. Al querer convertir la sociedad en un orden de la competencia que solo conocería hombres económicos o capitales humanos en lucha unos contra otros, socavaron las bases mismas de la vida social y política en las sociedades modernas, especialmente debido a la progresión del resentimiento y de la cólera que semejante mutación no podía dejar de provocar.

¿Cómo extrañarse entonces ante la respuesta de la masa de perdedores al establecimiento de este orden competitivo? Al ver degradarse sus condiciones y desaparecer sus puntos de apoyo y de referencia colectivos, se refugian en la abstención política o en el voto de protesta, que es ante todo un llamamiento a la protección contra las amenazas que pesan sobre su vida y su futuro. En pocas palabras, el neoliberalismo ha engendrado una crisis profunda de la democracia liberal-social, cuya manifestación más evidente es el fuerte ascenso de los regímenes autoritarios y de los partidos de extrema derecha, respaldados por una parte amplia de las clases populares nacionales. Hemos dejado atrás la época de la posguerra fría, en la que todavía se podía creer en la extensión mundial del modelo de democracia de mercado.

Asistimos ahora, y de forma acelerada, a un proceso inverso de salida de la democracia o de desdemocratización, por retomar la justa expresión de Wendy Brown. A los periodistas les gusta mezclar en el vasto marasmo de un populismo antisistema a la extrema derecha y a la izquierda radical. No ven que la canalización y la explotación de esta cólera y de estos resentimientos por la extrema derecha dan a luz un nuevo neoliberalismo, aún más agresivo, aún más militarizado, aún más violento, del que Trump es tanto el estandarte como la caricatura.
 
El nuevo neoliberalismo
Lo que aquí llamamos nuevo neoliberalismo es una versión original de la racionalidad neoliberal en la medida que ha adoptado abiertamente el paradigma de la guerra contra la población, apoyándose, para legitimarse, en la cólera de esa misma población e invocando incluso una soberanía popular dirigida contra las élites, contra la globalización o contra la Unión Europea, según los casos. En otras palabras, una variante contemporánea del poder neoliberal ha hecho suya la retórica del soberanismo y ha adoptado un estilo populista para reforzar y radicalizar el dominio del capital sobre la sociedad. En el fondo es como si el neoliberalismo aprovechara la crisis de la democracia liberal-social que ha provocado y que no cesa de agravar para imponer mejor la lógica del capital sobre la sociedad.

Esta recuperación de la cólera y de los resentimientos requiere sin duda, para llevarse a cabo efectivamente, el carisma de un líder capaz de encarnar la síntesis, antaño improbable, de un nacionalismo económico, una liberalización de los mecanismos económicos y financieros y una política sistemáticamente proempresarial. Sin embargo, actualmente todas las formas nacionales del neoliberalismo experimentan una transformación de conjunto, de la que el trumpismo nos ofrece la forma casi pura. Esta transformación acentúa uno de los aspectos genéricos del neoliberalismo, su carácter intrínsecamente estratégico. Porque no olvidemos que el neoliberalismo no es conservadurismo. Es un paradigma gubernamental cuyo principio es la guerra contra las estructuras arcaicas y las fuerzas retrógradas que se resisten a la expansión de la racionalidad capitalista y, más ampliamente, la lucha por imponer una lógica normativa a poblaciones que no la quieren.

Para alcanzar sus objetivos, este poder emplea todos los medios que le resultan necesarios, la propaganda de los medios, la legitimación por la ciencia económica, el chantaje y la mentira, el incumplimiento de las promesas, la corrupción sistémica de las élites, etc. Pero una de sus palancas preferidas es el recurso a las vías de la legalidad, léase de la Constitución, de manera que cada vez más resulte irreversible el marco en el que deben moverse todos los actores. Una legalidad que evidentemente es de geometría variable, siempre más favorable a los intereses de las clases ricas que a los de las demás. No hace falta recurrir, al estilo antiguo, a los golpes de Estado militares para poner en práctica los preceptos de la escuela de Chicago si se puede poner un cerrojo al sistema político, como en Brasil, mediante un golpe parlamentario y judicial: este último permitió, por ejemplo, al presidente Temer congelar durante 20 años los gastos sociales (sobre todo a expensas de la sanidad pública y de la universidad). En realidad, el brasileño no es un caso aislado, por mucho que los resortes de la maniobra sean allí más visibles que en otras partes, sobre todo después de la victoria de Bolsonaro como punto de llegada del proceso. El fenómeno, más allá de sus variantes nacionales, es general: es en el interior del marco formal del sistema político representativo donde se establecen dispositivos antidemocráticos de una temible eficacia corrosiva.
 
Un gobierno de guerra civil
La lógica neoliberal contiene en sí misma una declaración de guerra a todas las fuerzas de resistencia a las reformas en todos los estratos de la sociedad. El lenguaje vigente entre los gobernantes de todos los niveles no engaña: la población entera ha de sentirse movilizada por la guerra económica, y las reformas del derecho laboral y de la protección social se llevan a cabo precisamente para favorecer el enrolamiento universal en esa guerra. Tanto en el plano simbólico como en el institucional se produce un cambio desde el momento en que el principio de competitividad adquiere un carácter casi constitucional. Puesto que estamos en guerra, los principios de la división de poderes, de los derechos humanos y de la soberanía del pueblo ya solo tienen un valor relativo. En otras palabras, la democracia liberal-social tiende progresivamente a vaciarse para pasar a no ser más que la envoltura jurídico-política de un gobierno de guerra. Quienes se oponen a la neoliberalización se sitúan fuera del espacio público legítimo, son malos patriotas, cuando no traidores.

Esta matriz estratégica de las transformaciones económicas y sociales, muy cercana a un modelo naturalizado de guerra civil, se junta con otra tradición, esta más genuinamente militar y policial, que declara la seguridad nacional la prioridad de todos los objetivos gubernamentales. El neoliberalismo y el securitarismo de Estado hicieron buenas migas desde muy temprano. El debilitamiento de las libertades públicas del Estado de derecho y la extensión concomitante de los poderes policiales se han acentuado con la guerra contra la delincuencia y la guerra contra la droga de la década de 1970. Pero fue sobre todo después de que se declarara la guerra mundial contra el terrorismo, inmediatamente después del 11 de septiembre de 2001, cuando se produjo el despliegue de un conjunto de medidas y dispositivos que violan abiertamente las reglas de protección de las libertades en la democracia liberal, llegando incluso a incorporar en la ley la vigilancia masiva de la población, la legalización del encarcelamiento sin juicio o el uso sistemático de la tortura.

Para Bernard E. Harcourt (2018), este modelo de gobierno, que consiste en “hacer la guerra a toda la ciudadanía”, procede en línea directa de las estrategias militares contrainsurgentes puestas a punto por el ejército francés en Indochina y en Argelia, transmitidas a los especialistas estadounidenses de la lucha anticomunista y practicadas por sus aliados, especialmente en América Latina o en el sudeste asiático. Hoy, la “contrarrevolución sin revolución”, como la denomina Harcourt, busca reducir por todos los medios a un enemigo interior y exterior omnipresente, que tiene más bien cara de yihadista, pero que puede adoptar muchas otras caras (estudiantes, ecologistas, campesinos, jóvenes negros en EE UU o jóvenes de los suburbios en Francia, y tal vez, sobre todo en estos momentos, migrantes ilegales, preferentemente musulmanes). Y para llevar a buen término esta guerra contra el enemigo, conviene que el poder, por un lado, militarice a la policía y, por otro, acumule una masa de informaciones sobre toda la población con el fin de conjurar toda rebelión posible. En suma, el terrorismo de Estado se halla de nuevo en plena progresión, incluso cuando la amenaza comunista, que le había servido de justificación durante la Guerra Fría, ha desaparecido.

La imbricación de estas dos dimensiones, la radicalización de la estrategia neoliberal y el paradigma militar de la guerra contrainsurgente, a partir de la misma matriz de guerra civil, constituye actualmente el principal acelerador de la salida de la democracia. Este enlace solo es posible gracias a la habilidad con que cierto número de responsables políticos de la derecha, aunque también de la izquierda, se dedican a canalizar mediante un estilo populista los resentimientos y el odio hacia los enemigos electivos, prometiendo a las masas orden y protección a cambio de su adhesión a la política neoliberal autoritaria.

El neoliberalismo de Macron
Sin embargo, ¿no es exagerado meter todas las formas de neoliberalismo en el mismo saco de un nuevo neoliberalismo? Existen tensiones muy fuertes a escala mundial o europea entre lo que hay que calificar de tipos nacionales diferentes de neoliberalismo. Sin duda no asimilaríamos a Trudeau, Merkel o Macron con Trump, Erdogan, Orbán, Salvini o Bolsonaro. Unos todavía permanecen fieles a una forma de competencia comercial supuestamente leal, cuando Trump ha decidido cambiar las reglas de la competencia, transformando esta última en guerra comercial al servicio de la grandeza de EE UU (“America is Great Again”); unos invocan todavía, de palabra, los derechos humanos, la división de poderes, la tolerancia y la igualdad de derechos de las personas, cuando a los otros todo esto les trae sin cuidado; unos pretenden mostrar una actitud humana ante los migrantes (algunos muy hipócritamente), cuando los otros no tienen escrúpulos a la hora de rechazarlos y repatriarlos. Por tanto, conviene diferenciar el modelo neoliberal.

El macronismo no es trumpismo, aunque solo fuera por las historias y las estructuras políticas nacionales en las que se inscriben. Macron se presentó como el baluarte frente al populismo de extrema derecha de Marine Le Pen, como su aparente antítesis. Aparente, porque Macron y Le Pen, si no son personas idénticas, en realidad son perfectamente complementarias. Uno hace de baluarte cuando la otra acepta ponerse los hábitos del espantajo, lo que permite al primero presentarse como garante de las libertades y de los valores humanos. Si es preciso, como ocurre hoy en los preparativos para las elecciones europeas, Macron se dedica a ensanchar artificialmente la supuesta diferencia entre los partidarios de la democracia liberal y la democracia iliberal del estilo de Orbán, para que la gente crea más fácilmente que la Unión Europea se sitúa como tal en el lado de la democracia liberal.

Sin embargo, tal vez no se haya percibido suficientemente el estilo populista de Macron, quien ha podido parecer una simple mascarada por parte de un puro producto de la élite política y financiera francesa. La denuncia del viejo mundo de los partidos, el rechazo del sistema, la evocación ritual del pueblo de Francia, todo esto era quizá suficientemente superficial, o incluso grotesco, pero no por ello ha dejado de hacer gala del empleo de un método característico, precisamente, del nuevo neoliberalismo, el de la recuperación de la cólera contra el sistema neoliberal. No obstante, el macronismo no tenía el espacio político para tocar esta música durante mucho tiempo. Pronto se reveló como lo que era y lo que hacía.

En línea con los gobiernos franceses precedentes, pero de manera más declarada o menos vergonzante, Macron asocia al nombre de Europa la violencia económica más cruda y más cínica contra la gente asalariada, pensionista, funcionaria y la asistida, así como la violencia policial más sistemática contra las manifestaciones de oponentes, como se vio, en particular, en Notre-Dame-des-Landes y contra las personas migrantes. Todas las manifestaciones sindicales o estudiantiles, incluso las más pacíficas, son reprimidas sistemáticamente por una policía pertrechada hasta los dientes, cuyas nuevas maniobras y técnicas de fuerza están pensadas para aterrorizar a quienes se manifiestan e intimidar al resto de la población.

El caso de Macron está entre los más interesantes para completar el retrato del nuevo neoliberalismo. Llevando más lejos todavía la identificación del Estado con la empresa privada, hasta el punto de pretender hacer de Francia una start-up nation, no cesa de centralizar el poder en sus manos y llega incluso a promover un cambio constitucional que convalidará el debilitamiento del Parlamento en nombre de la eficacia. La diferencia con Sarkozy en este punto salta a la vista: mientras que este último se explayaba en declaraciones provocadoras, al tiempo que afectaba un estilo relajado en el ejercicio de su función, Macron pretende devolver todo su lustre y toda su solemnidad a la función presidencial. De este modo conjuga un despotismo de empresa con la subyugación de las instituciones de la democracia representativa en beneficio exclusivo del poder ejecutivo. Se ha hablado con razón de bonapartismo para caracterizarle, no solo por la manera en cómo tomó el poder acabando con los viejos partidos gubernamentales, sino también a causa de su desprecio manifiesto por todos los contrapoderes. La novedad que ha introducido en esta antigua tradición bonapartista es justamente una verdadera gobernanza de empresa. El macronismo es un bonapartismo empresarial.

El aspecto autoritario y vertical de su modo de gobierno encaja perfectamente en el marco de un nuevo neoliberalismo más violento y agresivo, a imagen y semejanza de la guerra librada contra los enemigos de la seguridad nacional. ¿Acaso una de las medidas más emblemáticas de Macron no ha sido la inclusión en la ley ordinaria, en octubre de 2017, de disposiciones excepcionales del estado de emergencia declarado tras los atentados de noviembre de 2015?

La aplicación de la ley en contra de la democracia
No cabe descartar que se produzca en Occidente un momento polanyiano, es decir, una solución verdaderamente fascista, tanto en el centro como en la periferia, sobre todo si se produce una nueva crisis de la amplitud de la de 2008. El acceso al poder de la extrema derecha en Italia es un toque de advertencia suplementario. Mientras tanto, en este momento que prevalece hasta nueva orden, estamos asistiendo a una exacerbación del neoliberalismo, que conjuga la mayor libertad del capital con ataques cada vez más profundos contra la democracia liberal-social, tanto en el ámbito económico y social como en el terreno judicial y policial. ¿Hay que contentarse con retomar el tópico crítico de que el estado de excepción se ha convertido en regla?

Al argumento de origen schmittiano del estado de excepción permanente, retomado por Giorgio Agamben, que supone una suspensión pura y simple del Estado de derecho, debemos oponer los hechos observables: el nuevo gobierno neoliberal se implanta y cristaliza con la promulgación de medidas de guerra económica y policial. Dado que las crisis sociales, económicas y políticas son permanentes, corresponde a la legislación establecer las reglas válidas de forma permanente que permitan a los gobiernos responder a ellas en todo momento e incluso prevenirlas. De este modo, las crisis y urgencias han permitido el nacimiento de lo que Harcourt denomina un “nuevo estado de legalidad”, que legaliza lo que hasta ahora no eran más que medidas de emergencia o respuestas coyunturales de política económica o social. Más que con un estado de excepción que opone reglas y excepciones, nos las tenemos que ver con una transformación progresiva y harto sutil del Estado de derecho, que ha incorporado a su legislación la situación de doble guerra económica y policial a la que nos han conducido los gobiernos.

A decir verdad, los gobernantes no están totalmente desprovistos para legitimar intelectualmente semejante transformación. La doctrina neoliberal ya había elaborado el principio de esta concepción del Estado de derecho. Así, Hayek subordinaba explícitamente el Estado de derecho a la ley: según él, la ley no designa cualquier norma, sino exclusivamente el tipo de reglas de conducta que son aplicables a todas las personas por igual, incluidos los personajes públicos. Lo que caracteriza propiamente a la ley es, por tanto, la universalidad formal, que excluye toda forma de excepción. Por consiguiente, el verdadero Estado de derecho es el Estado de derecho material (materieller Rechtsstaat), que requiere de la acción del Estado la sumisión a una norma aplicable a todas las personas en virtud de su carácter formal. No basta con que una acción del Estado esté autorizada por la legalidad vigente, al margen de la clase de normas de las que se deriva. En otras palabras, se trata de crear no un sistema de excepción, sino más bien un sistema de normas que prohíba la excepción. Y dado que la guerra económica y policial no tiene fin y reclama cada vez más medidas de coerción, el sistema de leyes que legalizan las medidas de guerra económica y policial ha de extenderse por fuerza más allá de toda limitación.

Por decirlo de otra manera, ya no hay freno al ejercicio del poder neoliberal por medio de la ley, en la misma medida que la ley se ha convertido en el instrumento privilegiado de la lucha del neoliberalismo contra la democracia. El Estado de derecho no está siendo abolido desde fuera, sino destruido desde dentro para hacer de él un arma de guerra contra la población y al servicio de los dominantes. El proyecto de ley de Macron sobre la reforma de las pensiones es, a este respecto, ejemplar: de conformidad con la exigencia de universalidad formal, su principio es que un euro cotizado otorga exactamente el mismo derecho a todos, sea cual sea su condición social. En virtud de este principio está prohibido, por tanto, tener en cuenta la penosidad de las condiciones de trabajo en el cálculo de la cuantía de la pensión. También en esta cuestión salta a la vista la diferencia entre Sarkozy y Macron: mientras que el primero hizo aprobar una ley tras otra sin que les siguieran sendos decretos de aplicación, el segundo se preocupa mucho de la aplicación de las leyes.

Ahí se sitúa la diferencia entre reformar y transformar, tan cara a Macron: la transformación neoliberal de la sociedad requiere la continuidad de la aplicación en el tiempo y no puede contentarse con los efectos del anuncio sin más. Además, este modo de proceder comporta una ventaja inapreciable: una vez aprobada una ley, los gobiernos pueden esquivar su parte de responsabilidad so pretexto de que se limitan a aplicar la ley. En el fondo, el nuevo neoliberalismo es la continuación de lo antiguo en clave peor. El marco normativo global que inserta a individuos e instituciones dentro de una lógica de guerra implacable se refuerza cada vez más y acaba progresivamente con la capacidad de resistencia, desactivando lo colectivo. Esta naturaleza antidemocrática del sistema neoliberal explica en gran parte la espiral sin fin de la crisis y la aceleración ante nuestros ojos del proceso de desdemocratización, por el cual la democracia se vacía de su sustancia sin que se suprima formalmente.

Pierre Dardot es filósofo y Christian Laval es sociólogo. Ambos son coautores, entre otras obras, de La nueva razón del mundo y Común
Traducción: viento sur
 
Referencias
Gentile, Emilio (2004) Fascismo: historia e interpretación. Madrid: Alianza.
Harcourt, Bernard E. (2018) The Counterrevolution, How Our Government Went to War against its Own Citizens. Nueva York: Basic Books.
Kuttner, Robert (2018) Can democracy survive Global Capitalism? Nueva York/Londres: WW. Norton & Company.
Paxton, Robert O. (2009) Anatomía del fascismo. Madrid: Capitán Swing.
Roth, Philip (2005) La conjura contra América. Barcelona: Mondadori.
 
Notas:
1/ Prefacio a la traducción en inglés, publicada por la editorial Verso, de La pesadilla que no acaba nunca (Gedisa, 2017), obra publicada originalmente por La Découverte, París, en 2016.
2/ Éric Fassin, “Le moment néofasciste du néolibéralisme”, Mediapart, 29 de junio de 2018, https://blogs.mediapart.fr/eric-fassin/blog/290618/le-moment-neofasciste-du-neoliberalisme .
3/ Henry Giroux, Neoliberal Fascism and the Echoes of History, https://www.truthdig.com/articles/neoliberal-fascism-and-the-echoes-of-history/ , 08/09/2018.
4/ Robert O. Paxton, “Le régime de Trump est une ploutocratie”, Le Monde, 6 de marzo de 2017.