27.10.24

En la ruta del “desacato”

¿Qué sigue en el acecho a Claudia? La derecha latinoamericana es previsibleSilvina Romano

Este artículo se publica con autorización de la autora Silvina Romano, coordinadora del Observatorio Lawfare e investigadora del Consejo Nacional en Investigaciones Técnicas y Científicas (CONICET) en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad de Buenos Aires (IEALC-UBA).

El texto ahonda en cómo el lawfare, conocido como la guerra judicial, ha sido empleado por la derecha de América Latina como una herramienta de desestabilización. La autora ha señalado a SinEmbargo cómo en México se prepara el terreno para esta embestida judicial contra la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. El primer paso, ha expuesto, es el intento de acusarla de “desacato” a la que seguirán otras causas, algo que ya ha sucedido en el continente.
De esta manera, el siguiente ensayo recurre a la perspectiva histórica y al análisis documental para desentrañar los posibles vínculos del lawfare con procesos de desestabilización de gobiernos y golpes de Estado durante la Guerra Fría, principalmente aquellos donde prevaleció la guerra psicológica y política, el Operativo Éxito (PBSUCCESS) contra Jacobo Árbenz en Guatemala (1951-1954). Se exponen en ese sentido algunos ejemplos sobre la injerencia de EU en el Lava Jato, de Brasil, como caso paradigmático de lawfare en América Latina.

Ciudad de México, 26 de octubre (SinEmbargo).– El lawfare es uno de los temas más polémicos de la agenda política y mediática de América Latina en los últimos cinco años, vinculado a procesos de desestabilización, golpes de Estado “blandos” y cambios en la correlación de fuerza a nivel regional (Romano, 2019 y 2020a). A su vez, ha adquirido particular vigencia con el enfrentamiento de Rusia y Ucrania, siendo el lawfare parte del conflicto. Ejemplos son las múltiples denuncias de Ucrania contra Rusia en foros internacionales, a las que Rusia ha reaccionado; así como las sanciones económicas, que forman parte del repertorio de castigos a Rusia (Goldenziel, 2022; Tropin, 2020). A casos de lawfare internacional, se suman las disputas por el mar del Sur de China, o las demandas de Palestina a Israel (Kittrie, 2016). En estos y otros casos, el lawfare es identificado con la utilización de la ley como un arma para lograr objetivos militares, en el marco de guerras asimétricas, no convencionales, etc. (Dunlap, 2001, 2009; Kittrie, 2016). Se lo plantea como parte de las nuevas guerras híbridas (Andrei Josan, 2015; Munoz Mosquera y Bachmann, 2016), desde una perspectiva que caracteriza el nuevo tipo de amenazas impulsadas por países como China o Rusia (y actores vinculados a ellos) revitalizando el relato de Guerra Fría. Estos enfoques se basan en una noción de relaciones internacionales y derecho internacional en la que EU y las potencias occidentales se ven amenazadas por el uso de estrategias de lawfare por parte de sectores o gobiernos no aliados, como un arma para debilitar el liderazgo de EU.

En América Latina, se retoma la noción de lawfare como “la guerra por la vía legal/judicial”, pero se la articula con aportes críticos realizados desde diversas disciplinas, que terminan por construir una explicación inversa a la concebida por los antecedentes mencionados anteriormente: sería una de las estrategias utilizadas por las potencias occidentales y élites locales para lograr sus objetivos, particularmente en espacios periféricos, como una herramienta de reproducción de la dependencia y la colonialidad (Mutua, 2000; Comaroff y Comaroff, 2006; Irani, 2017). Lo definen como una guerra política por la vía judicial, o como la persecución por la vía judicial-mediática para eliminar al enemigo político (Zaffaroni, Caamaño y Vegh Weis, 2021; Proner, et. al., 2018; León Castro, 2020). Este abordaje guarda un importante vínculo con lo planteado desde los países centrales, en cuanto al significado e impacto de lawfare como parte de procesos de guerras híbridas, pero, en los casos abordados desde América Latina, se focaliza en el rol de esta guerra para la reproducción neoliberal (Ramina, 2022; Dornelles, 2022; Amorim y Proner, 2022). Se trataría de una guerra que articula diversas dimensiones y actores, locales e internacionales, para cubrir intereses económicos, políticos y geopolíticos deliberadamente ocultos a la opinión pública y que, en última instancia, se corresponden con la restauración o refuerzo de la vía neoliberal (Romano 2020b; Vollenweider y Romano, 2017). A su vez, esta multidimensionalidad, diversidad de actores y estrategias propias de la guerra híbrida, emparentan al lawfare con la guerra psicológica y política aplicada en América Latina durante la Guerra Fría (Romano, Tirado y Sojo, 2019) y las estrategias implementadas por EU para ampliar su hegemonía.

Desde este ángulo, suele entenderse al lawfare como componente de los golpes blandos, entendidos como procesos de desestabilización orientados al “cambio de régimen” o el derrocamiento de gobiernos, centrados en herramientas de poder blando (soft power), instrumentos institucionales, legales y burocrático-administrativos que no requieren de la actuación directa de las Fuerzas Armadas que además cuentan con la injerencia directa o indirecta de EU (1) En este vínculo con los golpes blandos, no queda claro si el lawfare es “un tipo de golpe en sí mismo”, o si es una herramienta más de desestabilización, pero incapaz por sí misma de concretar un golpe blando.

Para abordar en parte estas dudas, se propone recurrir a la perspectiva histórica, con el ánimo de identificar continuidades y rupturas del lawfare con procesos de desestabilización y derrocamiento de gobiernos durante la Guerra Fría. Existen pocos antecedentes que afirmen la existencia de lawfare en ese período, y se encuadran en una lectura abiertamente crítica al modo de operar de la Unión Soviética (Bartman, 2009; Deeks, McCubbin y Poplin, 2017). No obstante, ante los numerosos casos de lawfare y la probada injerencia de EU en América Latina y el Caribe, parece pertinente revisar la relevancia de la guerra psicológica y política en la actualidad, revisitando estrategias de intervención durante Guerra Fría, en búsqueda de hilos conductores, principalmente aquellas donde prevaleció la guerra psicológica y política, organizadas en torno al poder blando, pero que no descartan el uso de la fuerza, como el plan de desestabilización y derrocamiento de Jacobo Arbenz (Guatemala, 1951-1954), el Operativo Éxito (PBSUCCESS). Partiendo de ese caso, se expondrán algunos ejemplos sobre la injerencia de EU en el Lava Jato, como caso paradigmático de lawfare en América Latina, considerando el fuerte impacto político-económico generado a partir del derrocamiento de Dilma Rousseff y la prisión de Lula da Silva. Reconociendo los numerosos antecedentes existentes sobre los casos abordados, se privilegiarán las fuentes primarias con contenido sustantivo sobre la injerencia de EU, como documentos desclasificados del Departamento de Estado de EU y documentos filtrados por Wikileaks, The Intercept y Brasil Wire. Se recurrirá también a bibliografía y artículos de prensa. Se concluye señalando las principales diferencias y algunos aspectos que podrían trazar una continuidad entre la Guerra Fría y el derrocamiento de Arbenz y el Lava Jato como caso ejemplar de lawfare; se entiende que el lawfare es una de las estrategias de desestabilización, que, combinada con otras contribuye al “cambio de régimen”, acorde al modo de operar de las guerras híbridas.

EU Y LA GUERRA FRÍA EN AMÉRICA LATINA

Concluida la Segunda Guerra Mundial, EU procedió a liderar el proceso de reorganización del orden mundial occidental. Las principales instituciones internacionales, desde la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hasta el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), formaron parte de la proyección de los intereses de EU a nivel internacional, respaldados por la expansión de una economía organizada en torno a un vasto complejo industrial militar. En el marco de crecientes tensiones con la Unión Soviética, se fue organizando el terreno geopolítico para un enfrentamiento indirecto permanente, calificado de Guerra Fría. América Latina, en la esfera de influencia de EU, tuvo un rol principal como proveedora de recursos estratégicos y materias primas, así como receptora de bienes y servicios en el marco de programas de asistencia para el desarrollo y de seguridad impulsados desde EU. (Romano, 2012). Los procesos emancipadores, que reivindicaban la soberanía y la autodeterminación, el nacionalismo y el anti-imperialismo de posguerra, fueron percibidos como una amenaza, asociados al inminente avance del comunismo en la región (González Casanova, 1979). En ese contexto, se firmaron el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (1947) y la Carta de la Organización de los Estados Americanos (1948), para garantizar una “América para los americanos”.

Como parte de la doctrina de contención del comunismo a nivel internacional, la institucionalidad del Estado estadounidense se reorganizó en torno a un Estado de Seguridad Nacional (ver, por ejemplo, la Ley de Seguridad Nacional (1947) (Wills, 2010). En esta reconfiguración destacó la importancia otorgada a la guerra psicológica, destinada a “facilitar el desarrollo de un entendimiento informado e inteligente a nivel nacional e internacional sobre el rol y el progreso de EU en cuanto a los lineamientos de guerra, sus acciones y las metas del gobierno” (FRUS, Psychological and political warfare, Doc. 270). Este tipo de guerra incorporaba operaciones encubiertas:

Actividades conducidas o financiadas por este gobierno contra Estados o grupos extranjeros hostiles, o a favor de Estados aliados, que se planean y ejecutan de modo tal que el gobierno estadounidense no aparece como responsable, a los fines de poder desentenderse de tales hechos y personas [Incluía] propaganda, guerra económica … asistencia a movimientos insurgentes, guerrillas y grupos de refugiados, así como el apoyo a grupos anticomunistas locales en países [énfasis añadido] que estén amenazados por el comunismo en el mundo libre. (Foreign Relations of the United States 1945–1950, Emergence of the Intelligence Establishment. Doc. 274)

La guerra psicológica formaba parte del aparato de la guerra política, una “guerra por otros medios” (tal como la bautizara el mismo George Kennan del Policy Planning Staff) que abarcaba desde acciones abiertas como alianzas políticas, medidas económicas, y propaganda, hasta acciones encubiertas y apoyo clandestino a socios o amigos en otros países, guerra psicológica, así como el apoyo e incentivo de resistencia de base en países enemigos (Patterson y Holly, 2003, p. 413). 

En este escenario, el anticomunismo constituyó uno de los ejes ordenadores y legitimadores de la reproducción ideológica y la justificación a nivel nacional e internacional, de las intervenciones de EU durante la Guerra Fría (Chomsky y Herman, 1979). Una división entre “nosotros” y “ellos”, entre “nosotros” y el “enemigo”, que fue mutando a otras formas de nominarlo, incluso después de la implosión de la Unión Soviética: eje del mal, regímenes no democráticos o autoritarios, Estados fallidos, Estados terroristas (Chomsky y Herman, 2000, p. 68-70). En la actualidad, Think Tanks como la Rand Corporation, recomiendan retomar la estrategia de guerra política, frente al avance inminente de China y Rusia (Romano y Lajtman, 2020). Esta guerra es definida como la utilización, a nivel internacional, de una o varias herramientas de poder (diplomático-político, comunicacional/cibernético, militar/de inteligencia y económico) para influenciar o afectar de alguna manera la toma de decisión de un Estado (Rand Corporation, 2019). El eje estaría puesto en el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, incluyendo, como nunca, la guerra cibernética para la persuasión (guerra psicológica) (p. 2). Lo mismo apuntan del Center for Strategic and International Studies (CSIS) (Gompert, Cevallos y Garofala, 2016) y el Congressional Research Service (CRS, 2019), que aconsejan un retorno a la guerra política tal cual fue definida durante la Guerra Fría, poniendo el eje en las herramientas de poder blando, pero sin descartar el uso de la fuerza. Estas herramientas incluyen al lawfare, la guerra por la vía legal.

GUERRA PSICOLÓGICA EN AMÉRICA LATINA

El derrocamiento de Arbenz (2) constituye el ejemplo por excelencia del modo en que, a pesar de las tensiones y diferencias, se articularon el Departamento de Estado, el de Defensa, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Casa Blanca, para fomentar la presión diplomática, económica y política, así como la organización y apoyo a fuerzas paramilitares, en el marco de un plan de guerra psicológica y política contra un gobierno clasificado como comunista. Se consagró como el primer operativo encubierto exitoso de la CIA en América Latina, luego del golpe a Mossadegh en Irán (Acosta Matos, 2006).

​​El gobierno de Arbenz (1951-1954) fue concebido como cabeza de playa del comunismo en la región debido a sus políticas reformistas basadas en los principios de autodeterminación y soberanía, materializadas en lineamientos de control del capital extranjero y redistribución de la tierra mediante una reforma agraria (Gleijeses, 1991). En efecto, el principal conflicto fue por la expropiación de tierras ociosas propiedad de la United Fruit Company (UFCO): “El principal problema que enfrenta el gobierno de Estados Unidos en Guatemala es con relación a los intereses privados estadounidenses. Influenciado por comunistas y nacionalistas, el gobierno de Guatemala comenzó la expropiación de importantes propiedades estadounidenses” (FRUS, 1952–1954, The American Republics, Volume IV, Relations of the United States and Guatemala, Doc. 424).

La UFCO y su equipo de abogados y lobistas (que incluía a los hermanos Allen Dulles, director de la CIA y a John Foster Dulles, secretario de Estado), presionaron al gobierno estadounidense para derrocar a Arbenz y así evitar un “efecto dominó” de reformismo en la región centroamericana (Schlesinger y Kinzer, 1987). De modo tal que no se trataba únicamente de los intereses económicos de una empresa, sino de los objetivos geopolíticos de EU en su esfera de influencia:

La continuación de la tendencia actual en Guatemala pondrá en peligro la unidad del hemisferio occidental contra la agresión soviética, y la seguridad de nuestra posición estratégica en el Caribe, incluyendo el Canal de Panamá … los objetivos inmediatos del comunismo son la eliminación de los intereses económicos estadounidenses (FRUS, 1952–1954, The American Republics, Volume IV, Relations of the United States and Guatemala Doc. 424).

Si bien el gobierno estadounidense estaba decidido a cambiar el rumbo de la política guatemalteca, advertía la necesidad de evitar mayores suspicacias a nivel de la opinión pública internacional. “Nada dañaría más los intereses estadounidenses que la adopción prematura de una política agresiva. Esto proporcionaría una valiosa arma de propaganda para los comunistas” (FRUS, 1951, The United Nations; The Western Hemisphere (1951) Guatemala, p, 1433). En otro documento se refuerza esa misma idea: “Debemos rechazar cualquier acción que tenga la apariencia de intervención unilateral en Guatemala, pues eso podría volver a la gente en contra de Estados Unidos” (FRUS, 1952–1954, The American Republics, Volume IV, Relations of the United States and Guatemala, Doc. 424). En todo momento, se buscaría evitar que quedara en evidencia el involucramiento de EU en los sucesos que estaban ocurriendo en Guatemala. 

Es por eso por lo que se implementaron operativos encubiertos dirigidos por la CIA, involucrando diversas agencias estadounidenses, sectores locales opuestos al gobierno de Arbenz, así como gobiernos de países limítrofes de Guatemala. El primero, el PBFORTUNE, no generó los resultados esperados. Le sucedió entonces el Operativo Éxito (PBSUCCESS), que incluyó cuatro vías que operaron en paralelo y por momentos en simultáneo: la presión diplomática, la presión económica, la propaganda y la intervención armada. A lo largo del operativo, prevalecieron las primeras tres, intentando mantener una fachada de legalidad y de apego a las normas en el contexto de contención del comunismo internacional (Patterson y Holly, 2003, pp. 136-139). 

PRESIÓN DIPLOMÁTICA

Dos reuniones fueron fundamentales para la manufacturación de consenso contraria al gobierno guatemalteco: la Cuarta Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores (1951) y la Décima Conferencia Interamericana de marzo de 1954. Con respecto a la Cuarta Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores (Washington, marzo-abril 1951), la agenda del evento escrita por el secretario de Estado estadounidense, detallaba los temas a abordar:

1.Cooperación política y militar para la defensa de las Américas y para prevenir y rechazar toda agresión en el marco de los acuerdos interamericanos y en concordancia con la Carta de las Naciones Unidas; 2. Reforzar la seguridad interna de las repúblicas americanas; 3. Cooperación económica de emergencia: producción y distribución para asuntos de defensa; producción y distribución de materiales escasos y utilización de los servicios necesarios para satisfacer las necesidades económicas internas de las repúblicas americanas. (FRUS, The United Nations; the Western Hemisphere, Vol, II, Fourth Meeting of Foreign Ministers, p. 937).

Esa agenda contrastaba con el pedido de la mayoría de los Cancilleres de América Latina, que señalaban como problema urgente la necesidad de planes de desarrollo y asistencia económica y no la expansión del comunismo. No obstante, bajo la presión de EU, la resolución más importante surgida del evento fue la relativa a la lucha contra del comunismo (Boersner, 1996, p 191-192). Años después y como parte premeditada del PBSUCCESS, se planeó la Décima Conferencia Interamericana en Caracas (marzo de 1954), según documentos desclasificados:

La amenaza de una conferencia de la OEA o de ministros de relaciones exteriores debe ser realizada y reiterada en el modo debido. El objetivo de la conferencia es proporcionar evidencia de que Guatemala constituye una amenaza para la solidaridad hemisférica y para la seguridad interna de las naciones debido a la agresiva subversión comunista [Traducción]. (Patterson y Holly, 2003, pp. 106).

En dicha Conferencia, efectivamente, se acusó a Guatemala de ser punto de partida de la expansión soviética en América. El secretario de Estado John Foster Dulles sentenció: “La dominación o el control de las instituciones políticas de cualquier Estado americano por parte del movimiento comunista internacional… constituiría una amenaza a la soberanía y la independencia política de los Estados [por lo tanto] exigiría un llamado a implementar las acciones apropiadas de acuerdo con los tratados existentes” (Gleijeses, 1991, p. 272). Esta declaración fue conocida como la “resolución anticomunista N.º 93”, que allanó el camino para la intervención militar (Selser, 2009, p. 87). En otras palabras, se utilizó la reunión como fachada legal para legitimar una intervención con objetivos políticos y geopolíticos.

PRESIÓN ECONÓMICA PARA LA DESESTABILIZACIÓN

La presión económica implicaba entre otras cuestiones, la suspensión de créditos y/o préstamos, boicot, bloqueo, suspensión de compras de productos esenciales para la balanza de pagos de una economía, etc. Esta presión estaba legalizada, por ejemplo, a través de la “enmienda Kent” de julio de 1951, para la suspensión de toda la asistencia económica y financiera a aquellos países que exportaran material estratégico al bloque comunista (FRUS, 1951, The United Nations; the Western Hemisphere (1951) Guatemala, p. 1442).

Desconociendo que la presión económica es calificada como acto de intervención en los Cap. IV art. 19 y 20 de la Carta de la OEA, el gobierno de EE.UU. llevó a cabo una campaña de desestabilización contra el gobierno de Árbenz, presionando por la vía de los términos de intercambio, así como en decisiones financieras que afectaron al país. Entre otras medidas, figuraban las siguientes: “1) no se le dará asistencia prioritaria a Guatemala en las actuales circunstancias; 2) las cuotas de materiales que se hallan bajo el régimen de restricciones cuantitativas serían recortadas…” (FRUS, 1952–1954, The American Republics, Volume IV Relations of the United States and Guatemala, Doc.415). A esto se sumó el recorte de créditos y préstamos en aquellos rubros que no perjudicaran, como efecto colateral, la economía de EU Por ejemplo, el gobierno estadounidense se negó a ayudar a Árbenz en un proyecto para construir una carretera hacia el Atlántico (que amenazaba el monopolio del transporte de la IRCA, empresa de ferrocarriles que formaba parte del Holding de la UFCO) (Jonás, 1979, p. 98), pero cuidando sus intereses:

Considerando la situación en Guatemala, lo ideal es mantener aquellos acuerdos que son convenientes para Estados Unidos, por ejemplo, los programas que proveen de material estratégico para Estados Unidos… se prevé mantener préstamos del Banco Mundial y del ExImbank vinculados con la producción y transporte de material estratégico o que beneficie directamente a Estados Unidos. (FRUS, 1951. The United Nations; The Western Hemisphere (1951) Guatemala,1425-1426; 1438-1439).

LA PROPAGANDA

En 1953 la CIA solicitó 2,735 millones de dólares para el PBSUCCESS (Patterson y Holly, 2003, p. 86). Entre las actividades planeadas como parte de la guerra psicológica (septiembre, 1953) se enunciaban: penetración del partido comunista, de los sindicatos y otras organizaciones comunistas; penetración de las fuerzas armadas tanto en el círculo de la alta jerarquía como entre los jóvenes oficiales; estudios de “factores morales” entre los estudiantes, los trabajadores, las fuerzas armadas, los funcionarios, los terratenientes, comerciantes y profesionales; publicación de fotos que mostraran el estatus de vida de los líderes comunistas del país en comparación con los peones y campesinos (Patterson y Holly, 2003, p. 113). En uno de los informes exhaustivos sobre la operación, se especificaban las actividades de guerra psicológica y el presupuesto destinado a cada una:

“Desarrollo de redes de inteligencia, $8,000; organización de redes de rumores $4,000; subversión $10,000; propaganda $5,500; las redes de rumores se están expandiendo al interior de Guatemala, en El Salvador, Nicaragua y Honduras … Se imprime un boletín del CEUAGE (3) en Honduras y se distribuye clandestinamente en Guatemala … también está la estación de radio en El Salvador, desde donde se han iniciado algunas transmisiones… Se han creado comités en México, El Salvador y Nicaragua para organizar la propaganda e introducirla en Guatemala; para comprar espacios de publicidad en prensa y radio en diferentes espacios de América Latina” [Traducción]. (Patterson y Holly, 2003, Doc. 61). 

En otro informe se insiste en apoyar la difusión de artículos que descalifiquen al gobierno de Árbenz en la prensa, o bien la publicación de libros al respecto; así como la compilación de toda la información posible sobre el deterioro de las condiciones económicas, fotos de la reforma agraria fallida, evidencias de que “solo los comunistas son los que ganan dinero”, para esparcirla por toda América Latina (FRUS, Guatemala, 1952-1954, Doc. 63).

LAS FFAA EN EL PBSUCCESS

El rol de las fuerzas armadas en el golpe al gobierno era un asunto esencial, en particular considerando que Árbenz era un excoronel muy respetado. Era central quebrar la moral del Ejército y sembrar la duda y desconfianza en Árbenz. El embajador de EU en Guatemala advertía sobre la necesidad de impedir a toda costa que Árbenz terminara su mandato, evitar que ese proyecto persistiera en próximas elecciones democráticas:

Estoy completamente convencido de que la continuidad de esta administración hasta 1957 resultará en un mayor y peligroso avance del comunismo en este país … Por lo tanto, yo recomendaría al Departamento seleccionar las Fuerzas Armadas Guatemaltecas como la principal área donde debe ser realizado cualquier esfuerzo fructífero en contra del gobierno. (FRUS, Truman Administration. Retrospective Volumes. Guatemala 1952-1954. Doc. 79).

Esto se concretó mediante el entrenamiento y conformación de grupos paramilitares liderados por el coronel guatemalteco Castillo Armas desde el exilio, con la aprobación y apoyo de gobiernos de países limítrofes (FRUS, 1952– 1954, The American Republics, Volume IV, Relations of the United States and Guatemala, Doc. 413). En efecto, la intervención armada, como penúltimo punto del PBSUCCESS, se llevó a cabo con tropas mercenarias entrando por la frontera con Honduras a mediados de junio de 1954, sumada a ataques aéreos aislados. Se generó un escenario de guerra que provocó la renuncia de Jacobo Árbenz y comenzó de inmediato la persecución de los funcionarios de gobierno y sectores afines al gobierno que tuvieron que refugiarse en las embajadas. El último paso del PBSUCCES era que excoronel Castillo Armas asumiera el gobierno de transición anticomunista. Así lo hizo, con el apoyo técnico y financiero del gobierno de EU promoviendo una urgente regresión del proceso reformista (Romano, 2017).

Aunque la intervención directa de grupos mercenarios no fue el pilar del PBSUCCES, se reveló como necesaria. No obstante, es fundamental destacar que el gobierno de EU insistió en cuidar la fachada legal de la intervención. En el marco del gobierno guatemalteco anticomunista de transición, entre septiembre y octubre de 1954 se concretó en el Comité Anticomunista de la Cámara de Representantes de EU una sesión especial sobre la lucha contra el comunismo en Guatemala, a la que asistieron los perpetradores del golpe, brindando testimonios y mostrando supuestas pruebas de la penetración del comunismo en su país a través del gobierno de Jacobo Árbenz (Congreso de Estados Unidos, Subcomité sobre América Latina, 1954). A esto se sumó una compilación sobre la penetración comunista en Guatemala (US Department of State, A case of Communist Penetration, Guatemala. Inter-American Series, Public Service Division, Washington DC, 1957). Tanto las pruebas presentadas ante el Congreso, como la compilación del Departamento de Estado, fueron develadas como testimonios no veraces, pruebas falsas y construidas como parte de la estrategia de propaganda anticomunista.

Rousseff le dio a Lula el Ministerio de la Presidencia, aunque al día siguiente el nombramiento quedó en suspenso por una cascada de demandas ante los tribunales. Foto: AP

EL LAWFARE EN EL SIGLO XXI

En la última década, en el marco de tensiones y desacuerdos con gobiernos y proyectos de corte progresista, varios organismos del gobierno de EU vienen operando activamente en una lucha contra la corrupción que tiene un alto impacto político, económico y geopolítico.

Esta lucha, que cuenta con el apoyo de sectores políticos y económicos de influencia a nivel local, se dirime especialmente en los tribunales, articulada con la desmoralización y criminalización en el ámbito de la opinión pública, se articula asimismo con mecanismos de desestabilización económica, y puede incluir operativos encubiertos organizados en las embajadas de EU.

EL LAVA JATO

El Lava Jato en Brasil es el caso paradigmático de lawfare en América Latina. (4) Se trata de una mega causa judicial que involucra especialmente a funcionarios del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, que implicaba en primera instancia a Petrobras, la estatal de petróleo, y que luego se extendió a la translatina Odebrecht (principal contratista de infraestructura en varios gobiernos de América Latina). Este juicio desató el impeachment contra Dilma Rousseff y logró el encarcelamiento de Lula da Silva previo a las elecciones presidenciales de 2018.

Existen numerosas pruebas del modo en que el gobierno estadounidense y organismos del sector privado de ese país se involucraron en la instrumentalización del aparato judicial con fines políticos en el marco del Lava Jato. A pesar del perfil bajo que mostró el gobierno de Obama al momento del impeachment contra Dilma Rouseff, documentos filtrados muestran una colaboración premeditada y sistemática en la causa judicial, que incluyó la presencia física de funcionarios estadounidenses en Brasil (Barrocal, 2019). En efecto, Sergio Moro (juez a cargo de la causa) y Deltan Dallagnol (fiscal) han sido acusados de “traición” por actuar en conjunto con autoridades de EU Es significativo que, en una de las conversaciones filtradas, Dallagnol bromeara diciendo que “la prisión de Lula es un regalo de la CIA” (Brasil Wire, 2021).

INJERENCIA DE EU EN CASOS JUDICIALES

El grupo de abogados de la defensa de Lula da Silva advirtió tempranamente (2017) que el expresidente era víctima de un caso de lawfare, donde el aparato judicial guiado por intereses políticos determinados se articuló con los medios de comunicación para criminalizar e intentar expulsar de la política al líder del PT. Las sospechas de instrumentalización del aparato judicial con fines políticos fueron ampliamente probadas por los documentos filtrados que muestran que Sergio Moro y Deltan Dallagnol acordaron con otros jueces y funcionarios del aparato judicial para evitar que Lula se presentara a elecciones presidenciales. En el mismo nivel de gravedad, ponen en evidencia la presencia física de personal del Departamento de Justicia de EU en Brasil, sumado a nuevos documentos que dan cuenta de la presencia del Buró Federal de Investigaciones (FBI) antes del impeachment (Fishman, Viana y Sale, 2020).

Una de las claves del Lava Jato, es que resultó “innovador” a nivel regional por su método para obtener pruebas y usar la figura de la delación premiada a amplia escala (sistema en el que se premia al delator con una reducción o anulación de la pena). Esta novedad forma parte de los programas de asesoramiento impartidos por el gobierno estadounidense a miembros del sector judicial de Brasil y la región, como el Programa Puentes, en el marco de las reformas judiciales. Entre los alumnos más destacados encontramos a Sergio Moro, Juez a cargo del Lava Jato (WikiLeaks, 2009).

Sergio Moro, Juez Federal de la 13ra Sala Federal de Curitiba a cargo de la causa, adquirió un rol mediático activo a lo largo del juicio, mostrando una aceitada relación con medios de comunicación concentrados. También existen evidencias sobre su vínculo (y el del aparato judicial de Curitiba) con asesores legales estadounidenses presentes en Curitiba durante el Lava Jato, así como las relaciones institucionales y personales de Moro con burós de abogados, universidades y think tanks estadounidenses en las que dio conferencias afirmando que Lula era culpable, mucho antes de concretarse el debido proceso y la sentencia (Brasil Wire, 2019). Desde EU se afirma: “Brasil se ha transformado en uno de los aliados más cercanos del Departamento de Justicia de EU en la lucha contra la corrupción … es difícil imaginar en la historia reciente una relación de cooperación mejor que la sostenida entre el Departamento de Justicia de EU y los fiscales brasileños” (Departamento de Justicia EE. UU., 2017).

Como muestran los documentos, esta cooperación se llevó a cabo por medio de acciones, contactos y decisiones tomadas incluso por fuera de los acuerdos bilaterales y los canales legales, propiciando la instrumentalización del aparato judicial con fines políticos. Actualmente, está siendo investigada la trama de actores e intereses implicados en la manufacturación del Lava Jato, incluido el propio Juez Sergio Moro (Giuliano, 2021). Como muestran los documentos, esta cooperación se llevó a cabo por medio de acciones, contactos y decisiones tomadas incluso por fuera de los acuerdos bilaterales y los canales legales, propiciando la instrumentalización del aparato judicial con fines políticos. Actualmente, está siendo investigada la trama de actores e intereses implicados en la manufacturación del Lava Jato, incluido el propio Juez Sergio Moro (Giuliano, 2021).

Un partidario del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que se tapa la boca con un pañuelo con la bandera de Estados Unidos, asiste una protesta contra el exministro de Justicia Sergio Moro y el Supremo Tribunal, frente al palacio presidencial de Planalto, en Brasilia, Brasil. Foto: Eraldo Peres, AP

CAMPAÑAS MEDIÁTICAS

La desmoralización y criminalización de Dilma Rousseff y Lula da Silva en la opinión pública constituyó el corazón del Lava Jato, junto con la instrumentalización política del aparato judicial y se sostuvo durante años, no solo a nivel nacional, sino a nivel internacional. Es uno de los aspectos más estudiados (5) y con vínculos trazados de forma clara con las características y objetivos de la guerra psicológica (enunciados en la primera parte de este texto). El dato más contundente es que el juez a cargo de la causa, Sergio Moro, entregó a los principales medios de prensa una conversación privada (obtenida de forma ilegal) entre Dilma Rousseff y Lula da Silva que desató un escándalo (Ribeiro, 2018: 576). Aunque al poco tiempo Moro destacó que había sido un acto indebido, el impacto y el consenso negativo generado en la opinión pública en torno a los mandatarios del PT, era difícil de revertir. También destaca el rol de la revista Veja, que publicó una nota de portada culpando a Lula da Silva y Rousseff de todos los escándalos de corrupción, titulada: “Dilma e Lula sabiam de tudo, diz Alberto Youssef a FP” (Bonin, 2014). Basaron esta publicación en la delación premiada de un involucrado en la causa, que negó luego el conocimiento de esta información (Gazeta do Povo, 2014). Otro momento de gran alcance mediático fue la detención de Lula da Silva. Con la prensa y decenas de policías en la puerta de su casa, sin la presencia de sus abogados, lo obligaron a salir y lo transportaron al aeropuerto. Se dedicaron cientos de portadas de diarios y numerosas horas de televisión para mostrar la imagen de Lula conducido por la Policía, reforzando la idea de que la corrupción –como exclusividad del PT– estaba siendo abatida por el juez Sergio Moro (Vollenweider y Romano, 2017).

También desde EU, los medios contribuyeron a la proyección del Lava Jato y la criminalización del Partido de los Trabajadores, a la vez que realzaron el papel “heroico” del juez Moro, como puede apreciarse en los siguientes titulares: “Brazil workers party leader intoxicated power falls from grace” (The New York Times, 2016); “Ex presidente de Brasil sentenciado a casi diez años de cárcel por corrupción” (The New York Times, 2017); “Former Brazilian president Lula convicted of corruption and money laundering” (The Washington Post, 2017); “A Judge´s bid to clean up Brazil from the bench” (The New York Times, 2017); “Lula, once Brazil’s most popular politician, faces ruling that could send him to jail” (The Washington Post 2018); “Brazilian court upholds corruption conviction of former president Lula, potentially ending his political career” (The Washington Post, 2018); “Corruption busters: Sergio Moro” (Americas Quarterly, 2016) “What is the long-term impact of the Petrobras scandal?” (Latin America Advisor, 2017).

Es clave mencionar que esta proyección del Lava Jato en medios internacionales no fue necesariamente articulada de forma deliberada desde el gobierno estadounidense (por ejemplo, una bajada de línea desde el Departamento de Justicia), sino que responde a una pauta ideológica en la que las corporaciones mediáticas, que recurren a voces expertas de Think Tanks de alto impacto, tienden a defender el orden instituido y desmoralizar sectores políticos y gobiernos con tendencias nacionalistas, antiimperialistas, de democracias sustantivas, etc. (Chomsky y Herman, 2000; Romano, 2016).

El Presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva asiste a una reunión ministerial sobre los planes para apoyar al estado de Rio Grande do Sul, afectado por las inundaciones, en el palacio presidencial, en Brasilia, Brasil, el lunes 13 de mayo de 2024.
El Presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva asiste a una reunión ministerial sobre los planes para apoyar al estado de Rio Grande do Sul, afectado por las inundaciones, en el palacio presidencial, en Brasilia, Brasil, el lunes 13 de mayo de 2024. Foto: Eraldo Peres, AP

OPERATIVOS ENCUBIERTOS EN EMBAJADAS

En el marco del Lava Jato, miembros de la diplomacia de EU apoyaron la desestabilización y el impeachment contra Dilma Rousseff. Un dato importante es la presencia de Liliana Ayalde como embajadora al momento del juicio a Rousseff, funcionaria que había sido embajadora en Paraguay durante la preparación del juicio y derrocamiento de Fernando Lugo (2012) (Brasil Wire, 2015b). También destaca que durante la última sesión del impeachment, agentes del FBI intervinieron para desencriptar archivos del gobierno, situación conocida por el Fiscal General, Rodrigo Janot, tal como lo hizo saber en sus reuniones con miembros de la Embajada (Brasil Wire, 2021). Por su parte, Michel Temer (vicepresidente durante el gobierno de Rousseff), quién asumió como presidente de transición luego del impeachment, fue uno de los que se reunía con personal de la Embajada, informando sobre la situación del PT, sus debilidades y principales problemas (WikiLeaks, 2006).

El espionaje y la participación de la Embajada en estas acciones, es previo y encuentra hilos conductores con las tensiones por el monopolio de la estatal Petrobras de las reservas de hidrocarburos de Presal, descubiertas en plataforma submarina brasileña en 2005. En uno de los cables de la Embajada (2009), José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (en ese tiempo candidato a elecciones y luego del impeachment, Canciller de Michel Temer) aseguraba que de llegar a la presidencia cambiaría las leyes que regulaban el sector petrolero (Brasil Wire, 2015a). El tipo de información que manejaba la embajada de EU, sus informantes clave, etc., dan cuenta de verdaderos operativos encubiertos llevados a cabo sin ningún tipo de consideración por la legislación nacional e internacional con respecto a la no injerencia en asuntos políticos internos.

SANCIONES Y GIRO DE TIMÓN

Las sanciones económicas, a individuos o gobiernos son una herramienta de poder blando de EU implementada desde la Guerra Fría, y son consideradas como herramienta de lawfare (Dunlap, 2009). En el Siglo XXI se usan de modo sistemático, especialmente bajo la ley anticorrupción de EU (Foreign Corrupt Practices Act (FCPA) y los mecanismos legales asociados (Koheler, 2015). Las sanciones no tienen por objetivo el daño económico, sino que se orientan a la desestabilización y derrocamiento de gobiernos, bajo la fachada de lucha contra la corrupción (Romano, Tirado y García Fernández, 2017).

El Departamento de Justicia demandó a Odebrecht en diciembre de 2016, otorgando enorme proyección internacional al caso, facilitando la articulación ya existente entre poderes judiciales, organismos de inteligencia e investigación criminal con gobiernos de la región para cooperar con agencias de EU (Romano, Kaplin y Feirman, 2016). La causa Odebrecht se ubica como la mayor sanción monetaria impuesta por las autoridades judiciales de EU en la historia de vigencia de la FCPA, en 3.6 mil millones de dólares. También en el marco del Lava Jato, destaca la multa contra Petrobras, obligada a pagar 1.8 mil millones de dólares (Romano y Britto, 2021).

Pero el impacto del Lava Jato no se limita a las multas a compañías translatinas, sino que implicó un cambio de rumbo de la economía brasileña, con un efecto dominó de quiebra, descapitalización y privatización de empresas nacionales (Campos, 2019) y un mayor involucramiento de EU en seguridad y desarrollo tecnológico. Destaca el caso de la nacional de aviación Embraer, que pasó a manos de la estadounidense Boeing, así como los múltiples acuerdos con EU para compartir o ceder patentes y la presión de EU para obtener un lugar preferencial en las inversiones en infraestructura, en disputa con China y en el vacío dejado por Odebrecht (Romano, 2020a: 359-363). En este sentido, la continuidad con procesos de desestabilización y golpe durante la Guerra Fría es enclave de los intereses geoeconómicos y geopolíticos en juego.

INTERESES GEOPOLÍTICOS Y ANTICOMUNISMO

Los intereses del Lava Jato, ocultos a la opinión pública, se articularon en torno a una importante disputa por la proyección cada vez más significativa de Brasil a nivel internacional. En el centro está el yacimiento de hidrocarburos del Presal. En documentos filtrado por Wikileaks, una empresa estadounidense vinculada a cuestiones de seguridad, Stratfor, advertía:

Brasil ha mencionado varias veces que el Atlántico del Sur es un Amazonas azul y que ningún país del Norte debe ocuparlo … Desde que Lula está en el gobierno, ha mostrado signos de apoyo a la postura de Argentina con respecto a Las Malvinas. No quieren tener al Reino Unido cerca de las reservas del Pres-Sal … Brasil está aumentando su capacidad militar de cara a la próxima década. De modo que cualquier cosa que pueda hacerse respecto del desarrollo de doctrina militar o de industria militar es de interés. (Kozloff, 2013).

En efecto, en documentos previos, se vinculaba también la reserva del PreSal, con el rol de Brasil a nivel internacional y un “peligroso acercamiento a China”, que preocupaba a los socios de la OTAN (Brasil Wire, 2015a). Dos meses después del impeachment, se le quitó a Petrobras el monopolio sobre el Presal y se abrió a licitación. Durante el gobierno de Bolsonaro, se nombró a Brasil como aliado extra-territorial de la OTAN.

Otro ejemplo es el del uso de la base militar de Alcántara (ubicada en el Amazonas brasileño) por parte de fuerzas de seguridad de EU, uso que fue denegado durante el gobierno de Lula da Silva y que fue habilitado bajo la gestión de Temer. Desde entonces, representantes de empresas estadounidenses como Lockheed Martin, Boeing, Vector Space Systems y Microcosm visitaron la instalación y demostraron interés en utilizarla para el lanzamiento de satélites. En efecto, a partir de 2018, se firmaron acuerdos para habilitar lanzamientos espaciales desde esa base, con tecnología estadounidense (Lajtman y Romano, 2018).

El escenario de desestabilización institucional, política y económica generada por la persecución política por la vía judicial contra el PT en una cruzada contra la corrupción, tuvo como principal objetivo la desarticulación del andamiaje institucional del Estado brasileño, articulado en torno a empresas estatales con proyección regional e internacional, en particular aquellas vinculadas a sectores estratégicos: hidrocarburos, energía eléctrica, aviación, etc. El Lava Jato habilitó una “guerra de todos contra todos” (Costa Pinto, et. al, 2019), un vaciamiento de la política, allanando el terreno a la derecha conservadora, con ideales anticomunistas fuertemente arraigados. Esta tendencia también fue impulsada desde EU con Donald Trump y su campaña anticomunista contra Cuba y Venezuela. Al asumir el gobierno, Bolsonaro prometió acabar con la corrupción y “destruir a aquellos que defiendan ideas comunistas” (La Vanguardia, 2019), a la vez que reivindicó el golpe de Estado de 1964 contra Joao Goulart (Página 12, 2019).

CONTINUIDADES Y RUPTURAS

Considerando los mecanismos de desestabilización contra el gobierno de Jacobo Arbenz en el marco de los objetivos de guerra psicológica y política, se expuso que una de las vías fue la presión diplomática, en particular a través de las Organización de Estados Americanos, para otorgar un marco aparentemente legal y de apego a la norma para justificar una posible intervención (que en los hechos ya estaba operando), con el objetivo de fabricar un consenso en contra de Guatemala a nivel de organismos regionales y con proyección en organismos internacionales. La otra estrategia fue la presión económica, desestabilizando y debilitando a una economía dependiente de EU, propiciando, por un lado, la desmoralización y la pérdida de apoyo de grupos económicos y políticos locales comprometidos con los proyectos del gobierno. Asimismo, en términos más profundos, condujo a la criminalización de las políticas nacionalistas y antiimperialistas promovidas a partir de la intervención del Estado en la economía. No obstante, fue la propaganda uno de los componentes clave del PBSUCCESS, estructurada en torno al relato anticomunista y proyectada en prensa y radio para desmoralizar, dividir y quebrar el apoyo al gobierno y proyectar esa imagen a nivel internacional. Contó con campañas de noticias falsas (hoy, fake news), relatos de enriquecimiento de miembros del gobierno (similar al relato de la corrupción en la actualidad), la presencia sistemática de noticias negativas o críticas con respecto al gobierno en medios locales e internacionales, repetidas por diversos medios (hoy denominadas campañas mediáticas). También se reveló como fundamental el rol de las Fuerzas Armadas.

Retomando lo anterior, en términos generales, podrían señalarse algunas diferencias relevantes entre los procesos abordados. Mientras el Lava Jato, como caso ejemplar de lawfare se apoyó principalmente en el aparato judicial y su articulación con los medios de comunicación, en el operativo de derrocamiento de Árbenz, la fachada legal estuvo presente, pero no fue determinante. El intento de legalizar la intervención en Guatemala, en la Décima Conferencia Interamericana, o la presentación de pruebas (falsas) contra el gobierno de Árbenz, iba en esa dirección. Pero el pilar del PBUSCCESS fue la guerra psicológica, otorgando un lugar clave a la propaganda y mecanismos de desestabilización dentro del gobierno y sectores afines mediante operativos abiertos y encubiertos, incluida la desestabilización económica. En aquel momento, las campañas o programas de guerra psicológica y política implicaban una articulación deliberada y premeditada de los Departamentos de Estado y Defensa, operativos encubiertos y propaganda coordinada entre agencias del Estado y periódicos o radios locales e internacionales. En los procesos de lawfare actuales, sigue siendo fundamental el linchamiento mediático para la desmoralización y criminalización de líderes políticos en medios de comunicación y redes sociales. La diferencia es que, en virtud de la reproducción ideológica del capitalismo neoliberal, no se requiere necesariamente de un plan premeditado (aunque en ocasiones pueda generarse) para que el gobierno de EU articule con los medios de prensa más renombrados o las voces expertas consideradas como legítimas. Esto, porque en general comparten una línea político-ideológica en la que cualquier gobierno o sector político que promueva la nacionalización de recursos, reclame soberanía y autodeterminación y ponga en evidencia las asimetrías del sistema liberal internacional, es caracterizado como autoritario, antidemocrático, antiliberal, etc.

Otra gran diferencia, es el rol activo, y en última instancia indispensable, de las FFAA en el golpe de Estado de 1954. Durante la Guerra Fría las FFAA tenían presencia “natural” en la política y fueron parte clave para concretar el derrocamiento del gobierno y organizar el gobierno de transición. En la actualidad, en países como Brasil, las FFAA tienen una gravitación indudable, pero, salvo acciones concretas en contra del PT, (6) no parecen aspirar (todavía) a un lugar privilegiado o más protagónico en la esfera política formal, y el papel jugado en el Lava Jato ha sido subsidiario en comparación al del aparato judicial.

Lo que se presenta como una continuidad importante es el modo en que tanto el gobierno, como el sector privado estadounidense, llevan a cabo diversas estrategias de presión política y diplomática, desestabilización y presión económica, desprestigio y desmoralización en la opinión pública, con el aditivo del rol protagónico otorgado a procesos judiciales, para dar un aspecto de apego a las normas y resguardo del Estado de derecho y la democracia. En este ámbito, es de relevancia el rol adoptado por los medios de comunicación articulados deliberadamente o no con el aparato judicial, clave para la desmoralización, criminalización e incluso eliminación del enemigo de la esfera política formal. Preocupa el rol asumido por las embajadas estadounidenses, que persisten en llevar a cabo operativos encubiertos, atentando contra todo tipo de legislación vigente, y con un fuerte impacto en la política local.

A modo de síntesis, el lawfare forma parte de “una guerra por otros medios” contra cualquier alternativa al orden instituido que provenga de una izquierda organizada y con importante gravitación en la política, identificada en última instancia como una “amenaza comunista”. El anticomunismo aparece como un hilo conductor con la Guerra Fría, momento en el que constituía una de las premisas y razón de ser de la guerra psicológica y que, con el paso de las décadas, en particular luego de la implosión soviética, se fue naturalizando al punto de concebirse como algo “correcto” o incluso “necesario”.

Los métodos y objetivos de la guerra psicológica y la guerra política se condensan hoy en los procesos de lawfare y operan contra cualquier gobierno o sector político que intente reclamar autodeterminación y soberanía, u otorgar centralidad al Estado frente al mercado, tal como ocurrió en Guatemala. Esta dinámica busca ser obstaculizada o neutralizada por la vía del encumbramiento del aparato judicial en reemplazo del rol activo y directo de las FFAA durante la Guerra Fría, y que, a pesar de la diferencia, logra efectos similares en términos de propagación de miedo y tendencias anti-políticas, siendo el Poder Judicial el menos democrático, el más elitista y con mayores conexiones sociológicas, históricas e ideológicas con las derechas golpistas de la Guerra Fría. El lawfare se muestra como una continuidad de la implementación de guerra psicológica, operando en el marco de las denominadas guerras híbridas. Constituye una de las herramientas de desestabilización para el cambio de régimen, en contextos políticoeconómicos de disputa real, con una hegemonía estadounidense en decadencia.

NOTAS

  1. Sobre golpes blandos, ver Boron (2013) y Roitman (2017) y el modo en que retoman el concepto de Gene Sharp para aplicarlo en América Latina. Sobre poder blando ver Nye (2004). Entre otros debates y posturas, destaca la propuesta de reemplazar la noción de golpe blando por la de neogolpismo (Soler y Prego, 2019).
  2. Sobre este caso, existen numerosos antecedentes, entre ellos: García Ferreira 2010, Mobil, 2010; Valdés Ugalde, 2004; Cullather, 2002; Immerman, 1982; Tobis y Jonas, 1979.
  3. CEUAGE (Unión de Estudiantes Universitarios Guatemaltecos en el Exilio).
  4. Hay numerosos análisis y antecedentes que se enumeran en Romano, 2021. Ver entre otros: Proner et. al, 2018; Zanin, Teixeira y Valim, 2018.
  5. Algunos artículos, entre muchos, que abordan el tema: Féres y Sássara, 2016; Damgaard, 2018; Callegari; Fernandes Dias y Guerra Zaghlout, 2020; Lacerda, 2018; Cioccari, 2015; Gomes, 2016, etc.

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4.10.24

Ministras Batres y Esquivel alertan golpe de Estado de la Suprema Corte

Nancy Flores
  

En la sesión del pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ocho ministros y ministras –encabezados por la presidenta Norma Lucía Piña Hernández– aprobaron revisar la reforma constitucional al Poder Judicial de la Federación, a pesar de no tener competencia y de que eso implicaría un conflicto de interés. Por ello, las ministras Lenia Batres Guadarrama y Yasmín Esquivel Mossa advirtieron, en sus votos particulares en contra, que se trata de un golpe de Estado en curso.

Para la ministra Lenia Batres, “si la Suprema Corte se arroga atribuciones que no tiene, viola el principio de supremacía constitucional, así como la división de poderes y el Estado Constitucional de Derecho. La Suprema Corte estaría dando un auténtico golpe de Estado al pretender someter a controlconstitucional el trabajo del poder reformador [el Congreso], que ha participado en el proceso de reforma constitucional en materia del Poder Judicial en estricto cumplimiento a lo ordenado en el artículo 39 constitucional, que establece que todo poder público dimana del pueblo y se instituye en beneficio de éste, quien en todo momento tiene el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

La juzgadora señaló ante sus pares que ningún poder constituido puede pasar por encima de la Constitución, que es la que sitúa su esfera de competencias. “Por ello, resulta inaceptable la pretensión de atribuir facultades metaconstitucionales a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a efecto de subordinar a los otros Poderes de la Unión; incluso, al poder reformador, emergiendo como un auténtico ‘supremo poder conservador’, que ni en los mejores tiempos del conservadurismo del siglo XIX concentró tal poder, soslayando completamente el principio de separación de poderes y de supremacía constitucional como fundamentos de la República”.

Por su parte, la ministra Esquivel manifestó su preocupación porque, con esta resolución, la Suprema Corte desconoce el poder reformador de la Constitución, al darle trámite en un ‘expediente varios’ si es constitucional o no una reforma constitucional.

Por eso, cuestionó si aprobar el proyecto para revisar la reforma judicial “es preámbulo esto de un golpe de Estado constitucional de derecho”. Asimismo, la doctora en derecho inquirió si, con esta resolución, “la Corte quiere desconocer el poder reformador de la Constitución, quiere crear una crisis constitucional inaceptable mandando el mensaje de que esta Corte puede echar abajo una reforma constitucional en un procedimiento administrativo previsto en la ley orgánica al Poder Judicial de la Federación”. Por lo cual anunció un voto particular en contra del proyecto.

Minutos antes, la ministra Yasmín Esquivel expuso que “por mandato constitucional, el pasado 23 de septiembre ya inició el proceso electoral extraordinario 2024-2025, para la elección de un gran número de juzgadores federales; por lo que estamos en plena etapa de preparación de un procedimiento complejo que –me parece– ya no podemos detenernos a revisar, por las implicaciones que tendría para la sociedad dejar en la incertidumbre si habrá o no comicios el primer domingo de junio de 2025, a pesar de lo que establece con toda claridad la Constitución”.

Agregó que el tribunal constitucional tiene la obligación de garantizar la estabilidad de las instituciones, no de pretender socavarlas desde sus cimientos, como lo “sería pretender que seamos nosotras y nosotros mismos quienes determinemos cuál es el mejor mecanismo para alcanzar la legitimidad de nuestros nombramientos”.

Agregó que tras la aprobación y publicación de la reforma constitucional al PJF, “que nos convoca a renovar nuestros cargos por la vía del voto popular, no podemos detenernos a examinar las peticiones de quienes consideran que esto significa un retroceso en la vida democrática, o un atentado al principio de división de poderes; pues ello sería tanto como someter al órgano autor de las reformas a la Constitución al ‘control de calidad’ de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Lo cual sería abiertamente antidemocrático, atentatorio a dicho principio, al invadir las competencias del Poder revisor de la Constitución [el Congreso], que es precisamente quien nos otorgó la legitimidad a nuestros actuales cargos como depositarios de la soberanía popular”.

Para la juzgadora, es evidente que hay resistencias alcambio, “pero debemos tomar en cuenta que la dinámica social nos ha impuesto –nos guste o no– nuevos retos a los que debemos atender sin demora, porque nosotros somos quienes servimos a la sociedad y no a la inversa”.

Esquivel Mossa también declaró que “la Constitución nos entregó la delicada función de hacerla cumplir y es la que nos brinda la legitimidad para juzgar, pero nunca nos confirió la facultad para enjuiciarla a ella misma, y mucho menos a la forma en que se procesan sus adiciones o reformas, porque eso agregaría una etapa más al procedimiento legislativo previsto en el artículo 135, el cual para mí concluye en forma definitiva e inatacable con la promulgación correspondiente”.

La ministra Batres acusó que el proyecto que se les presentó es incongruente, al proponer “interpretar, de manera ilógica, que en el caso de la fracción XVII del artículo 11 de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, es intrascendente que sea el mismo Poder Judicial quien promueva y resuelva este tipo de controversias; es decir, reconoce carecer de legitimación en los medios de control constitucional vigentes en la Constitución Política, pero de manera absurda considera que sí la tiene para promover ante sí mismo, un procedimiento administrativo de revisión a las reformas constitucionales”.

A esta reflexión, se sumó el posicionamiento –también en contra– de la ministra Loretta Ortiz, quien advirtió ante sus pares que se está forzando la interpretación de las leyes en este caso.

“Respetuosamente, estoy en contra del proyecto que se pone a nuestra consideración. Al respecto, en un primer término coincido con la primera parte del proyecto, en el sentido de que la petición de las personas, relativa a este tribunal pleno efectúen control judicial de contenido de la Constitución federal, no actualiza el supuesto de procedencia del artículo 11, fracción 22ª, de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación. Dicha fracción otorga la atribución a esta Suprema Corte para conocer sobre la interpretación y resolución de los conflictos que se deriven de contratos o cumplimiento de obligaciones contraídas por particulares, o dependencias y entidades públicas con la Suprema Corte o con el Consejo de la Judicatura Federal, con base en los criterios emitidos por este pleno 2010. Cierto es que esta Suprema Corte puede resolver los conflictos que surgen con otros poderes públicos, órdenes de gobierno o particulares, en aras de asegurar que tanto el máximo tribunal como el Consejo de la Judicatura Federal les sean respetadas sus atribuciones constitucionales y legales. Así, en este tipo de controversias pueden analizarse normas generales que,eventualmente, pudieran restringir su esfera de competencia o imponer limitaciones u obligaciones que inciden o alteren su orden jurídico; sin embargo, no debe perderse de vista que en dicho precedente, la Corte resolvió si a partir del ordenado en la Constitución federal estaba obligada a realizar el pago de impuestos sobre nóminas regulado en la normativa local; de modo que criterio aislado 18/2010 no resulta aplicable para resolver el presente asunto”.

1.10.24

Kursk, las elecciones, y el desesperado plan ‘neocon’ para provocar la 3era Guerra Mundial

SALVADOR GÓMEZ / Tras la ofensiva ucraniana en Kursk, el conflicto empieza a discutirse a nivel nuclear. La sombría perspectiva ucraniana es ahora reconocida unánimemente por los medios occidentales. Los dos escenarios ante la elección norteamericana son opuestos. ¿Cuáles son las remotas posibilidades de salida negociada?

GLOBO

Veamos los hechos significativos de los últimos dos meses. El día 6 de agosto, Ucrania lanzó una ofensiva por sorpresa en la región rusa limítrofe de Kursk.

La zona tenía apenas unos guardias fronterizos, y nadie en Rusia aparentemente esperaba ese movimiento -tal vez porque militarmente tenga tan poco sentido, y de hecho trabaje contra las posibilidades estratégicas de Ucrania, como se verá. Las tropas ucranianas avanzaron unos 10 o 15 km dentro del territorio rural ruso, escasamente habitado, separadas, en un frente de unos 20 km de ancho. La incursión afectó a la villa de Sudhza, de 5000 habitantes, pero no consiguió en los primeros días su objetivo aparentemente principal de ponerse en situación de atacar instalaciones nucleares rusas en la región. 

La incursión generó una ola de entusiasmo en los medios occidentales, los que la informaron como una prueba de que el ejército ucraniano estaba tomando la delantera en la guerra. Según el general Syrskyi, comandante en jefe ucraniano desde febrero, entrevistado por CNN, si bien “Rusia tiene ventaja en aviación, en misiles, en artillería, en la cantidad de munición que utilizan, por supuesto, en personal, tanques, vehículos de combate de infantería“, los ucranianos han logrado con esta ofensiva mostrar que “a pesar de la ventaja de Rusia en términos de hombres y blindados, su ejército tiene vulnerabilidades“.

La ubicación y dimensión de la presencia ucraniana al día 14 de setiembre, en un mapa pro-Ucrania en el sitio que hemos usado como estándar en todos estos análisis, liveuamap.com,  puede observarse abajo. La zona de la incursión ucraniana es la mancha azul violeta aproximadamente donde indica la flecha. El territorio en rojo, mientras tanto, es el que tiene controlado y ocupado Rusia dentro de Ucrania. Los puntos marcados son lugares con actividad militar el día correspondiente.

Durante algunas semanas, en agosto, las tropas ucranianas fueron siendo rodeadas por un contingente de unos 10.000 soldados rusos enviados a la zona.

Desde el punto de vista militar, la ofensiva no era fácil de explicar. Para realizarla, Ucrania debió destinar parte de las ya exiguas tropas que tenía desplegadas en el frente de batalla principal, en el Donbas, debilitando con ello un frente en el cual lleva todas las de perder desde el comienzo mismo de la guerra. La única posibilidad de éxito consistía en establecer defensas fortificadas con la suficiente rapidez como para hacer más difícil el trabajo del ejército ruso una vez llegase. Syrskyi justifica la invasión diciendo que tenían información de que los rusos iban a lanzar una ofensiva desde esa zona, y que esto la demoró, al establecer una zona segura que aleja los puntos de lanzamiento ruso de drones o misiles.

Casi dos meses después de la incursión, con un retroceso ucraniano total en Kursk, y la presencia de algunos contingentes todavía en escaramuzas en la zona del detalle encima -véase la escala adjunta en el mapa ampliado sobre la zona, correspondiente al 29 de setiembre, para tener una idea de la dimensión territorial actual-, la incursión no ha traído otra cosa a la guerra que lo previsible: la destrucción de más personal y material ucraniano, y el debilitamiento de Ucrania allí donde es más necesario que se mantenga lo más fuerte que sea posible, que es los puntos de más actividad en el frente de Donbas. Debido a la gran superioridad de personal ruso, es muy distinto movilizar 10.000 soldados para un bando y para el otro.

Conscientes de la situación, que se deterioró a toda velocidad para Ucrania a consecuencias del debilitamiento que trajo la invasión, los medios occidentales comenzaron, ya al principio de setiembre, a advertir la posibilidad de un colapso. La lucha es especialmente importante alrededor de las ciudades -y nudos logísticos- de Kupyansk y Kramatorsk, aun fuera del alcance ruso. De comprometerse la resistencia ucraniana en ellas, todo el Donbas y todo el Este del país terminaría de caer en manos rusas. Antes de llegar a ellas, el punto neurálgico de los combates está ahora hacia la dirección de Pokrovsk, y algunas villas a su alrededor. Es allí donde se está reportando la mayor presión del ejército ruso. 

La ciudad de Pokrovsk -centro, abajo, en el lado ucraniano- es el principal punto de riesgo hoy para Ucrania en el Donbas. De tomar los rusos este nudo logístico, se debilitaría significativamente la posición de Sloviansk y Kramatorsk -más al norte en el mapa. Obsérvese la escala. La guerra se produce de modo territorialmente muy lento, como guerra de desgaste entre dos ejércitos fortificaados uno frente al otro

“Peligro en el Donbas, al debilitarse el frente ucraniano” titulaba el Economist el 8 de setiembre.

En los mismos días, BBC comunicaba “Los ucranianos advierten que pueden quedar rodeados, a medida que Rusia avanza en el Este”, refiriéndose justamente al “caldero” que los rusos estaban montando alrededor de la mencionada Pokrovsk. 

Una catarata de reportes similares, que el correr del mes de setiembre ha profundizado, muestran la conciencia de la fragilidad de la situación ucraniana en el punto donde la guerra se determina, que es precisamente el que estamos mencionando.

La propia CNN ya admitía el 8 de setiembre: “Superada en armamento y personal, el ejército ucraniano lucha contra la baja moral y la deserción”

Ahora bien, si este ha sido, en el campo de batalla, el resultado de la decisón de Zelenski y su mando, ¿qué sentido pudo tener la invasión de Kursk, con estas catastróficas consecuencias? 

Un intento desesperado

La principal respuesta, que es bastante obvia, es la siguiente. El mando ucraniano sabe que vienen las elecciones en Estados Unidos el día 5 de noviembre, y que estas serán decisivas para la continuación del apoyo a Ucrania y una posible escalada en la situación (si gana Harris), o al contrario (si ganase Trump) un corte del apoyo a Ucrania, y una fuerte presión norteamericana sobre Kiev para un final de la guerra que, hoy, implicaría una victoria rusa de hecho. Retención por Rusia de los territorios tomados, y Ucrania fuera de OTAN, serían condiciones mínimas a las que Ucrania debería ceder si quiere que la guerra termine ahora.

Ante esa situación, Ucrania ha decidido jugar el todo por el todo para obtener algún tipo de posibilidad propagandística, a efectos de volver a la carga por más apoyo. 

El problema es que, vacíos los arsenales occidentales -como lo denuncia aquí el propio Washington Post- y -sobre todo- carente Ucrania de medios para movilizar muchos más contingentes, ese apoyo implica una escalada del conflicto. Dicho de otro modo, en la desesperación de Ucrania y de los neocon norteamericanos, puesto que como repiten a diario, “Putin no puede ganar”, la opción de provocar una guerra nuclear total está ahora sobre la mesa.

Es por eso que hemos visto a Keir Starmer, el Primer Ministro británico, viajar a Washington con un plan para autorizar a Kiev a lanzar misiles de largo alcance Storm Shadow (franco-británicos) y ATACMS (norteamericanos) dentro del territorio ruso (por el momento, el permiso ha sido negado por Washington), es por eso que hemos visto a Zelenski peregrinar nuevamente por la televisión y los gabinetes norteamericanos en ocasión de la Asamblea de las Naciones Unidas a fines de setiembre, y es por eso que los medios en Europa y el mundo entero estuvieron discutiendo, durante setiembre, la posibilidad de que la guerra nuclear estallase.

“Enfrentamos un peligro sin precedentes. El Pentágono y el Congreso deben cambiar de actitud. America no puede fabricar las armas que precisa en el tiempo en que las precisa. Eso debe cambiar”

Hoy, por tanto, podría decirse que el resultado de la ofensiva de Kursk ha sido previsible en dos sentidos. Primero, ha servido para dar lugar a una nueva ofensiva propagandística de la OTAN y Estados Unidos. Como lo dicen los ideólogos que escriben en Foreign Affairs Kaufman y Lee, la interpretación victoriosa que se le dio a la incursión “permitió cambiar la narrativa sombría anterior ….“. Si bien, como vimos, esta propaganda solo duró un par de semanas, y luego colapsó en los propios medios occidentales. 

En segundo lugar, era previsible que un ejército que está en sus últimas fuerzas, si destinaba parte de sus escasos recursos a abrir un nuevo frente, debilitaría zonas de la línea de contacto que son fundamentales. Es lo que, también, pasó.

Una vez más: el territorio no es el criterio

La lectura que persiste en Occidente, centrada en interpretar lo que está pasando en función de cuánto territorio toman los rusos, ha tenido una nueva demostración de que es equivocada. Ucrania “tomó” una cantidad ínfima de territorio ruso, lo cual fue magnificado por Occidente siguiendo su propia lógica territorial, solo para, unas pocas semanas más tarde, tener que admitir la catástrofe, y realizar que no tuvo ninguna importancia, en absoluto, para la marcha real del conflicto, salvo en el sentido de debilitar aun más las defensas ucranianas en el Donbas.

Lo hemos dicho en casi todos nuestros informes previos: esta no es una guerra territorial, sino una guerra de desgaste. Esa es la estrategia rusa, y así es que se está peleando esta guerra, y esa es la única manera lógica y razonable de evaluarla. En esa línea, lo que ha ocurrido desde el comienzo mismo, es que el mando ruso ha elegido una aproximación cautelosa, lenta, que al mismo tiempo se ha demostrado efectiva. Sentados tras las líneas defensivas que construyeron luego de tomar, en pocas semanas, todo el territorio pro-ruso del Donbas que estaba originalmente bajo ataque de Kiev, han comenzado a emplear la superioridad aérea, de comunicaciones, de armamento, y la ventaja logística de pelear con su propio territorio a la espalda, para demoler lentamente la resistencia ucraniana. Han avanzado, con mucho criterio y muy despacio, sin arriesgar personal y equipo, en determinados puntos de la línea de contacto -recordar la lenta toma de Bajmut, por ejemplo-, pero el objetivo ruso claramente no es territorial, sino la destrucción de la capacidad bélica ucraniana y occidental. 

Uno de los puntos neurálgicos de esta red defensiva ucraniana está en la pequeña ciudad de Vugledar, cerca de ciudad Donetsk, la que está en territorio controlado por los rusos. Vugledar es importante porque protege el territorio que lleva a Pokrovsk, el punto neurálgico de la guerra hoy. 
Se ha informado en las últimas horas del 28 de setiembre que los rusos están ya en control de Vugledar.

Ante la inminencia de la rendición oficial de Vugledar, medios ucranianos en Telegram acusan a la 72 Brigada de ser responsable por la pérdida de la ciudad

Mientras los ucranianos pierden fuerzas, hombres y tiempo en la aventura de Kursk, los rusos han aprovechado para hacer un nuevo avance en el punto que es más importante, probablemente, en toda la línea de contacto, que es hacia la ciudad de Pokrovsk. Pokrovsk es un importante nudo logístico, y el control de esa ciudad -también fortificada- implicaría un muy importante paso hacia la destrucción final de las defensas ucranianas en el este, y prácticamente el derrumbe de toda la situación defensiva ucraniana más allá del Dnieper.

Pokrovsk con sus carreteras y vías férreas convergiendo desde varias direcciones

La invasión ha tenido otro efecto negativo para Ucrania, al permitir a la propaganda rusa subir un paso más en la retórica nacionalista. Ante la opinión pública rusa, el pequeño contingente ucraniano aislado en los montes y zonas rurales de Kursk se ha presentado como una suerte de nueva violación nazi del territorio patrio, según la retórica tradicional rusa vigente desde la Segunda Guerra Mundial, lo que ha dado pie a los sectores más guerreristas en Moscú para presionar por una intensificación de la agresividad con la que Rusia conduzca las operaciones. Esto se ha traducido, por lo menos, en una renovada lluvia de misiles y drones sobre puntos clave de la infraestructura energética y militar en todo el territorio de Ucrania en las últimas semanas. 

La respuesta de Rusia

Inmediatamente que se supiera que la idea de Zelenski y los británicos era escalar el conflicto de cara a las elecciones, Moscú respondió de dos modos. Primero, advirtiendo que cualquier ataque sobre su territorio que representase una amenaza a “la supervivencia de Rusia” sería contestado empleando armas nucleares. Y luego, mucho más concretamente el día 25 setiembre, ante el Consejo de Seguridad de Rusia, Vladimir Putin informó que se habían hecho cambios en la doctrina de uso de armas nucleares del país. El cambio más importante es: mientras que hasta ahora solo se usarían armas nucleares contra otro estado que tuviese bombas nucleares y atacase primero a Rusia con ellas, ahora, si Rusia es atacada por un estado no nuclear apoyado por uno con armas nucleares, de tal modo que pusiese en cuestión la supervivencia del estado ruso, Rusia lo tratará como si fuese un estado nuclear, y puede responder con armas nucleares.
Por supuesto este cambio está dirigido a Ucrania. Pero podría ser Polonia o Finlandia o un estado báltico, o, por ejemplo, un ataque a Kaliningrado de los países vecinos (Polonia, Lituania, etc.). Además, Moscú anunció que desde ahora considera a Bielorrusia como parte de Rusia, a los efectos de la aplicación de estos criterios, en virtud de la alianza que existe entre ambos países. Eso es, si alguien tuviese la intención de atacar Bielorrusia para conseguir un nuevo frente que obligue a los rusos a ocuparse de ello, Rusia misma respondería.

¿Cuál sería la efectividad real del armamento de “largo alcance” que pretende usar Zelenski?

La noción norteamericana, presente en el citado artículo de Foreign Affairs, de que los misiles de largo alcance occidentales, “si se permitiese que Ucrania los usase” cambiarían el curso de la guerra, es una nueva fantasía, semejante a cuando se decía que los lanzamisiles norteamericanos, o los tanques Leopard alemanes, iban a ser el “game changer“. Se dieron esas armas a Ucrania, y hoy han sido destruidas por los rusos, y la guerra luce peor que nunca.

El objetivo declarado de este armamento de mayor alcance sería que Ucrania impactase aeródromos rusos para prevenir que la fuerza aérea rusa siguiese usándolos para lanzar las bombas planeadoras que tanto estrago han causado en las defensas y fortificaciones ucranianas, Pero el propio Lloyd Austin, jefe militar supremo de Estados Unidos, ha admitido que los rusos ya han movido esas bases aéreas más allá del alcance de este tipo de armamento, y como informa Reuters, aun si esas armas fuesen usadas por Ucrania, “no sería un game changer“, no cambiaría el curso de la guerra. Por tanto, ¿cuál sería el propósito de permitirles usar estas armas a los ucranianos? ¿Se trata de otro esfuerzo propagandístico para ganar tiempo y dar la sensación de que se tienen posibilidades que en realidad no se tienen?

Esos mismos misiles -los Storm Shadow ingleses y aun los ATACM norteamericanos- ya están en poder de Ucrania, y ya han sido experimentados sobre Crimea. Tienen entre 250 y 300 km de alcance máximo respectivamente. Ucrania los ha usado, y nada ha ocurrido digno de nota. No han superado las defensas rusas, y no han cambiado la direccion de la guerra. Los pocos que Ucrania aun tiene, si fueran empleados hacia dentro del territorio continental ruso, no tienen tampoco el alcance para llegar ni siquiera a 200 km de Moscú, ni hay existencias en ninguna cantidad apreciable, como para cambiar el curso de la guerra. Washington tampoco está en condiciones de fabricar una cantidad significativa en el tiempo necesario. Mucho menos la escuálida industria armamentística europea. ¿Entonces?

Es más, los ucranianos han logrado un éxito al colocar al menos un dron en un depósito de armamentos en la región de Tver, relativamente cerca de Moscú, provocando una explosión de grandes proporciones que obligó incluso a la evacuación de civiles de las inmediaciones, debido a los incendios que siguieron a la conflagración. La información sobre este evento ha sido censurada dentro de Rusia por el Ministerio de Defensa, que sigue una estricta -y obviamente equivocada- política en ese sentido.

Pese a estos eventos aislados, ninguno ha logrado cambiar el fondo del asunto. La clave es siempre la misma, y ya la hemos publicado desde marzo de 2022: esta es una guerra de desgaste, peleada por Rusia con medios militares -y una extraordinariamente pobre propaganda-, frente a una guerra política y propagandística, peleada por Occidente colectivo con gran talento y medios propagandísticos. Ucrania y Europa son las víctimas, con los ucranianos poniendo la gran mayoría de la sangre.

Por tanto, y dado que esa es la lógica -palabrerío occidental contra balas rusas-, los medios occidentales -ahora más explícitos en cuál es su verdadero juego- siguen insistiendo en la necesidad de cambiar “la percepcion de que Ucrania va perdiendo que se ha instalado“, como dijo creo que fue el New York Times en una de las tantas notas de propaganda falsa que publica a diario.

El problema, claro, es que no es solo ‘una percepción’. El problema es que, luego de dos años de una lucha muy valerosa, Ucrania va terminando de gastar sus hombres y sus municiones y material, y ha estado en una evidente desventaja desde que la guerra empezó. Y no hay mucho que pueda hacerse para cambiar eso. La percepción es totalmente secundaria al final, aunque parezca de vida o muerte en el durante. Si bien la propaganda anglo ha sido espectacular durante toda la guerra, los porfiados hechos siempre ganan. Y los porfiados hechos son que Ucrania, al comienzo, durante, y ahora mismo, no puede obtener sus objetivos en esta guerra. Ni puede retener su territorio, ni podrá ingresar a la OTAN. E incluso si la locura y desesperación de los ideólogos neocon que han provocado todo este desastre para Ucrania y Europa lograsen escalar la situación hasta que se llegue a un punto en el que Rusia arriesgase algo serio en materia de supervivencia, el resultado indudable será la 3era Guerra Mundial, intercambio de golpes nucleares intercontinentales, y “destrucción mutua asegurada”. Eso no significará, tampoco, una victoria sobre Rusia, sino el fin de la vida en el hemisferio nor-occidental, como mínimo.

Lo que viene ahora, siendo más realistas, es el invierno, que caerá sobre una Ucrania a la que los constantes ataques con misiles rusos a la infraestructura energética, que han arreciado mucho luego de la aventura de Kursk, han dejado ya con muy serios problemas para proveer la energía necesaria para hacer funcionar el país. Esta situación de la infraestructura ucraniana comienza a plantear ahora una seria interrogante sobre la poblacion civil que vive lejos del territorio de confiucto, de Kiev a oeste. La guerra ha ocasionado a Ucrania ya más de 6 millones de emigrados a Europa y USA, y 1 millon y medio a Rusia. Si las condiciones de vida en el oeste empeoran, la catástrofe humanitaria se profundizará.

¿Cuáles son las opciones de salida de la guerra?

Según la lectura que hemos hecho aquí, los Estados Unidos -al igual que Rusia, y a diferencia de Ucrania y de Europa- han obtenido en esta guerra una serie de objetivos que tenían planteados. Para Rusia, ha sido impedir que Ucrania entre en la OTAN, defender a la población étnica rusa que estaba siendo atacada desde 2014 en Ucrania, y apropiarse de valiosos territorios en materia de recursos naturales -además de haber abortado los planes de Occidente de quedarse con los recursos energéticos inmensos que están debajo de Crimea.

Los Estados Unidos, por su parte, han conseguido romper la conexión energética entre Rusia y Europa, que amenazaba el predominio geopolítico americano sobre el viejo continente, y representaba la amenaza de un crecimiento en la independencia técnica, económica y por consiguiente política de Alemania. Ha conseguido con ello quedarse con parte significativa del mercado energético europeo. Ha debilitado todo reflejo o intento de independencia política y económica de Europa. Ha metido dentro de la OTAN a algunos nuevos estados europeos, y pasará a usarlos como territorio para nuevas bases militares desde las que seguir intentando estorbar a Rusia -Finlandia ya ha anunciado que colocará una base OTAN a 130 km de su frontera con Rusia.

La clase política norteamericana actual, además de lo anterior, ha asegurado gracias a esta guerra una fuente de recursos para ellos y para el complejo militar industrial y sus lobistas, que parece ser un barril sin fondo, y sería ocioso calcular aquí los centenares de miles de millones de dólares que ya se aprobaron -debo decir, se robaron- en el Congreso bajo el pretexto de “ayuda a Ucrania”, mientras Ucrania se desangra y el senador Lindsay Graham sigue declarando que habrá que insistir en seguir la guerra “hasta el último ucraniano”, y que Estados Unidos “nunca hizo un mejor negocio”, pues los que mueren en una guerra como esta son “ucranianos y rusos, y no norteamericanos”.

Rusia ha asegurado ya la mayoría de sus objetivos declarados -agregados otros como su giro al Este y su crecimiento económico y en relevancia política global, que creo no eran esperados del todo ni siquiera por los rusos-. Y si no se negocia pronto, los obtendrá todos.

Las opciones norteamericanas para hacer que termine el conflicto sin que se reconozca que es una victoria rusa en toda la línea, por otro lado -es decir, de maquillar propagandísticamente una derrota final- son escasas, en la medida en que la narrativa de una victoria ucraniana es más y más increíble y desprestigiada con cada nuevo revés. La euforia imaginaria por el avance en Kursk duró menos de un mes.

Más breve: las opciones norteamericanas para cambiar la victoria rusa en derrota, no existen -salvo un conflicto nuclear generalizado que termine con el hemisferio norte, incluidos los EEUU.

Para peor, la posibilidad de un “plan de paz” suena difícil ante las posiciones irreductibles de Kiev y Moscú. Con motivo de la reciente Asamblea General de la ONU, Lula convocó a una reunión paralela donde -según se informó- Brasil, con el apoyo de China, propuso un alto al fuego inmediato y una serie de puntos de negociación para encarar luego, y poner fin al conflicto. Solo diecisiete países asistieron a la convocatoria. Antes incluso que se reuniese, Zelenski ya había salido a decir que no le interesaba lo que en esa reunión se propusiese, y que la única posibilidad de negociación es que los rusos se retiren de todos los territorios que ocupan… También acusó a China de ser aliado de Rusia. Los Estados Unidos, por las mismas horas, advirtieron a China que es contra el derecho internacional enviar armas a Rusia -al tiempo que Blinken anunciaba que, en virtud de la autoridad que tenía, destinaba 5.000 millones más en apoyo a Kiev. El “derecho internacional” depende, pues, del bando en que cada país esté. 

Ante esta situación, los rusos, que tienen todas las de ganar, simplemente pueden quedarse callados ante el plan de paz -que en otro contexto les resultaría incómodo-, o incluso decir vagamente que estarían interesados…: Ucrania ya les está garantizando que ese plan no avanzará, y Rusia no se verá emplazada por sus propios aliados a conceder nada.

Al mismo tiempo que esto ocurría, Zelenski se reunió con Trump, en una última y deprimente situación para la agenda del líder ucraniano en New York. Mientras esperaban las fotografías, con Zelenski al lado, Trump declaró que sabe que Putin -de quien se declaró allí mismo muy amigo- quiere una “solución justa”, y que él, Trump, terminaría con la guerra en “minutos” si ganase la elección. La cara de Zelenski mientras sufría esta nueva humillación quedó registrada por los fotógrafos.
Luego de la reunión, que duró menos de una hora, Zelenski se mostró profesional, dijo que le había enseñado a Trump su “Plan de Victoria”, y que todo iría bien. Aquí la foto -con un comentario sarcástico del periódico alemán Der Spiegel.

“La expresión de horror de Selenskyj ante el juego perverso de Trump”, es el título. En el copete “La helada reunión entre Donald Trump y Zelensky lo demuestra: La química entre los dos hombres no es nada buena. Pero el presidente ucraniano ha tenido su buena dosis de experiencia con la humillación”

La verdad parece ser que en Washington -único y exclusivo lugar, además de Moscú, donde algo real puede ocurrir en materia de esta guerra- a Zelenski ya se lo evita. Ya hay poco que darle y sacarle, y todo el mundo comprende que, sea cual sea el resultado de las elecciones, el futuro estrictamente militar de Ucrania no existe. Pero sí existe la opción de aniquilación total para los fanáticos rusófobos que han lanzado el “proyecto Ucrania” -Victoria Nuland, Robert Kagan, Bill Kristol, Anthony Blinken, Biden cuando estaba en sus cabales, y otros de la misma índole-. Para ellos, una última opción de máxima, que es intentar lograr una provocación a la que Putin -que no parece reaccionar ante ninguna, pese a la presión de sus propios ultranacionalistas y guerreristas internos- reaccione con algún uso de la capacidad nuclear rusa. Quienes piensan que esto es imposible por irracional y estúpido, no conocen la historia humana, y en particular la historia de Europa, especialmente antes de la Primera Guerra Mundial -cuya secuela casi inevitable fue luego también la Segunda Guerra Mundial. 

Si esto por fin ocurriese, incluso aunque terminase rápido y tuviese un alcance limitado, significaría un paso más en el proceso en curso de autodestrucción civilizatoria de Europa y Estados Unidos -además de la destrucción parcial de Rusia-. Algo que, en la mentalidad desesperada de los sectores más fanáticos del globalismo occidental, suena a mejor opción que una lenta, inevitable, trágica y aburrida a la vez victoria rusa. Esta sería demasiado insoportable para toda la visión del presente y el futuro que los neocon y su prensa siguen presentando. Del Washington Post y el New York Times al Guardian, no importa cuan “liberales” se presenten, son todos neocon a la Rumsfeld-Cheney hasta los huesos. Esa visión se resume en una ominosa y casi misteriosa ya frase, que Occidente repite: “Putin no puede ganar“. El correr de las semanas indicará exactamente qué alcance tiene ese mantra, pronunciado por los sujetos que controlan uno de los dos arsenales nucleares más grandes en el planeta.


Posdata: A la hora de cerrar este número, se confirma el asesinato por parte de Israel del líder máximo de Hezbollah, Hassan Nasrallah, luego del lanzamiento de misiles desde aviones F-15 de la Fuerza Aérea Israelí que perforaron el bunker donde se encontraba, en Dahiya, Beirut. Con este golpe, Israel afirma haber destruido a “toda” la dirigencia de Hezbollah.
El evento llega en un momento en que recrudece la violencia de Israel sobre la frontera libanesa, y se anuncia una invasión terrestre.
Estados Unidos ha celebrado oficialmente la muerte de Nasrallah.

Aunque también ha declarado -junto a sus aliados ingleses y europeos- su oposición a la apertura por parte de Israel de un nuevo frente de guerra convencional en Líbano, lo que se presume que podría provocar el involucramiento directo de Irán, y tal vez de otros aliados. Al contrario, llamaron a un cese al fuego inmediato.

Voceros norteamericanos han declarado que Estados Unidos no está en condiciones de iniciar una nueva guerra a un mes de las elecciones y a la vista de las complicaciones de la actual situación en Ucrania.