11.9.17

La sumisión y la entrega

Carlos Fazio

El 30 de diciembre de 2013, en vísperas de que se cumplieran 20 años del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el entonces presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE, el sindicato de la plutocracia), Gerardo Gutiérrez Candiani, demandó un TLCAN plus en el espacio geopolítico que abarca a Canadá, Estados Unidos (EU) y México. El régimen de Enrique Peña Nieto y los legisladores del Pacto por México (PRI, Verde, PAN, PRD) habían aprobado varias iniciativas del paquete de contrarreformas neoliberales de cuarta generación, y como vocero de la clase capitalista trasnacional, Gutiérrez Candiani dijo que dada la revolución energética que vivían EU y Canadá, México debía entrar en sinergia con sus dos socios (abismalmente asimétricos), y para ello había que mejorar la interconexión eléctrica y de ductos; avanzar en el reconocimiento de normas técnicas, ventanas especiales y trato preferencial recíproco entre agencias de comercio de los tres países; invertir en infraestructura y agilizar el transporte terrestre, marítimo y aéreo.

En la coyuntura, cuando amparadas en cláusulas de confidencialidad y bajo el signo de la opacidad se llevan a cabo las negociaciones para la modernización del tratado, un tema neurálgico ocultado a la opinión pública es la apertura de un nuevo capítulo de lo que llaman la seguridad energética e independencia de Norteamérica. El TLCAN plus, pues, como integración vertical espacial-geográfica de México a EU.

Trascendió que en las primeras dos rondas celebradas en Washington y Ciudad de México no se incluyó el tema de la energía (petróleo, gas natural, minería, agua, electricidad), porque los representantes de las corporaciones trasnacionales del sector, que cabildean en el llamado cuarto de junto los contenidos que aprobarán los negociadores oficiales de los tres países, no han encontrado la forma de asegurar −ante un probable cambio de gobierno en México tras los comicios de julio de 2018− que se protejan las inversiones de firmas como Exxon Mobil, Chevron Texaco, British Petroleum, Sempra Energy (y su subsidiaria mexicana Ienova, de Carlos Ruiz Sacristán), Halliburton, Shell, Total, Repsol, el grupo aurífero canadiense Goldcorp, Sierra&Gas (ligada a Carlos Salinas de Gortari), Grupo Carso Oil&Gas y Minería Frisco (Carlos Slim), Grupo México (Germán Larrea), Petrobal y Grupo Peñoles (Alberto Baillères), Evercore (Pedro Aspe), Monterra Energy/KKR (Luis Téllez), las españolas Gas Natural, Fenosa e Iberdrola y las financieras First Reserve y Black Rock (el fondo de capital privado más grande del mundo), y que no se modifique la contrarreforma energética alcanzada por Peña Nieto y el Pacto por México en 2015.

Esos objetivos, que profundizarán la ruta de la sumisión y la entrega iniciada por el colaboracionista Carlos Salinas de Gortari en 1992, con la contrarreforma al artículo 27 constitucional (en materia de minería y el régimen de tenencia de la tierra), integran el plan A de los quintacolumnistas locales Ildefonso Guajardo (Economía), Luis Videgaray (cancillería), Juan Carlos Baker (comercio exterior), Kenneth Smith (jefe de negociación técnica), Salvador Behar (jefe negociador adjunto), Juan Pablo Castañón (CCE), Valentín Diez Morodo (Comce), Moisés Kalach (coordinador general de rondas de negociación) y Eugenio Salinas (coordinador del secretariado técnico del cuarto de junto).

Vinculado con lo anterior −y como aspecto fundamental de los mecanismos inductores de la última fase de la desnacionalización integral de México, ahora en su versión TLCAN 2.0−, desde su toma de posesión Enrique Peña Nieto había echado a andar el proyecto de las zonas económicas especiales (ZEE), contenido en su Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018.

Desde entonces, la multiplicación de megaproyectos que enlazan a los sectores de los hidrocarburos, minero/extractivista y de la electricidad con maquiladoras y ensambladoras a gran escala, agroindustrias de monocultivos, laboratorios y empresas para la manufactura y transformación de todo tipo de materias primas en clústers o parques industriales en el corredor industrial interoceánico del Istmo de Tehuantepec, ha venido avanzando en su parte formal/legal (la constitucionalización de los intereses corporativos trasnacionales), lo que profundizará el modelo de México como país maquilador dependiente y subordinado a Estados Unidos.

En realidad, bajo la máxima de los neoliberales domésticos de privatizar para desnacionalizar y recolonizar, la infraestructura para la desposesión y el despojo de tierras y recursos geoestratégicos fue diseñada desde el sexenio de Ernesto Zedillo. De la mano de un equipo de neoporfiristas dirigido por el secretario de Comunicaciones y Transportes, Carlos Ruiz Sacristán (el mismo que vía el sistema de la puerta giratoria representa hoy los intereses de Sempra Energy, por conducto de su subsidiaria Ienova), Zedillo, el privatizador de los ferrocarriles y de las redes de comunicación terrestres y aeroportuarias, lanzó el Megaproyecto Integral del Istmo de Tehuantepec, que, retomado ahora por Peña Nieto, busca comunicar y/o articular dos masas de agua (los océanos Atlántico y Pacífico), a través de los nodos conformados por los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz, en un polígono (espacio físico interno) que abarca los estados de Veracruz y Oaxaca, con el objetivo principal de conectar a la parte este de Estados Unidos con el mercado del Asia/ Pacífico (Japón, China, Malasia, Vietnam, Corea del Sur), centro del comercio mundial.

Otros dos puntos clave, definidos como ZEE en función de su posición geopolítica y al servicio de una economía de enclave en el contexto de la territorialización de la contrarreforma energética, son los puertos de Lázaro Cárdenas, con proyección a los municipios colindantes de la Tierra Caliente y la Costa Grande de Michoacán y Guerrero, y Puerto Chiapas, en el municipio de Tapachula, como punto intermedio de un área geográfica que enlazará Salina Cruz con Guatemala.

9.9.17

A 170 años de la ocupación militar estadunidense de la ciudad de México

Gilberto López y Rivas


Este 14 de  septiembre se cumplirán 170 años de un hecho tan oprobioso como desconocido en la historia de nuestra patria, cuando un destacamento de avanzada de soldados estadunidenses, a las órdenes del general John Quitman, se posesiona de Palacio Nacional, en las primeras horas de la mañana, y enarbola en su astil central la bandera de las barras y estrellas, después de que, según Guillermo Prieto, un disparo solitario había segado la vida del primer soldado enemigo que había intentado izar el pabellón extranjero. (Memorias de mis tiempos, Editorial Patria, México, 1948, T.II, p. 173) Alrededor de las nueve de la mañana del mismo día, las tropas enemigas en su conjunto hacen su entrada al centro de la ciudad. A la vista de la soldadesca, de los considerados ya en 1824 por el general mexicano José María Tornel, como barbaros del norte, el pueblo comienza a reunirse en grupos y a organizarse espontáneamente: de balcones, azoteas, bocacalles y plazuelas, parten los primeros disparos contra la vanguardia del general William J. Worth, iniciándose una resistencia desesperada de los patriotas mexicanos que debía durar hasta la noche del día siguiente.

La mayoría de las fuentes bibliográficas estadunidenses, repitiendo lo sostenido por el general en jefe Winfield Scott en su informe al secretario de Guerra de su país del 18 de septiembre de 1847, afirma que la resistencia popular que se inició el 14 de septiembre, fue obra de los leperos y de convictos excarcelados por las autoridades mexicanas, mientras numerosos testimonios de autores mexicanos refutan semejante infundio. José María Roa Bárcenas, en su libro Recuerdos de la invasión norteamericana (1846-1848), por un joven de entonces, afirma que: “posible y probable, en momentos de confusión y desorden, se evadieron algunos criminales, creíble es que hayan tratado de ponerse en salvo antes que pelear con el extranjero. Lo cierto es que las nuevas hostilidades provinieron de la parte resuelta y belicosa del vecindario…” (Edición de 1887, tomo III, p. 141). El relato de un testigo y participante activo de los hechos de estos dos días, contradice también la versión de Scott: Vi corriendo en tropel por la calle, con dirección a la esquina de la Amargura, un pelotón de hombres armados y a cuya cabeza iba un fraile, montado en un brioso caballo, con sus hábitos arremangados y sosteniendo en sus manos nuestro pabellón de las Tres Garantías. El fraile influía aliento e inspiraba entusiasmo a los gritos de ¡Viva México y mueran los yanquis! Así es que los hombres que en el zaguán había, abandonaron éste para unirse al grupo de patriotas, y yo con ellos. (Citado por Guillermo Vigil y Robles. La invasión de México por los Estados Unidos en los años 1846-1847-1848. México, 1923, p. 78) El mismo testigo sigue narrando: Un cuerpo de la división Worth que se había posesionado del edificio de Minería fue hostilizado desde las azoteas del hospital y torres del templo de San Andrés. Los proyectiles de los mexicanos se cruzaban sin cesar con los de los invasores, y cuando estos avanzaban hasta ponerse bajo los muros de los edificios recibían una lluvia de piedras, macetas y cuantos objetos hallaban a mano los defensores, quienes eran individuos del cuerpo de Guardia Nacional Hidalgo, algunos practicantes que, andando el tiempo, fueron médicos distinguidos. (Ibíd., p. 79) Naturalmente, para el jefe de un ejército extranjero que lleva adelante una guerra de agresión y conquista, es necesario denigrar la resistencia popular que encuentra a su paso. Scott no fue una excepción, como no lo fue su conducta brutal en la represión de este movimiento de pobladores de la Ciudad de México. La desigual contienda se prolonga por horas, cayendo numerosas víctimas por parte del pueblo; se combate con entusiasmo aunque sin plan, sin orden, sin auxilio, sin ningún elemento que prometiera un buen resultado; pero lucha sin embargo, terrible y digna de memoria. El ejército de Estados Unidos responde a esta postrer resistencia popular con métodos que casi un siglo después serían de uso familiar para las tropas nazis que suprimieron las insurrecciones populares de muchas ciudades de Europa: se ordena derribar con artillería la casa de donde se dispare un tiro y dar muerte a todos sus habitantes, se fusila a los patriotas en el terreno de lucha, se irrumpe en las casa derribando puertas y se asesina a familias enteras. En la mañana del día 15 de septiembre, cuando toda resistencia parecía haber terminado, se reinician los combates por toda la ciudad y se realizan nuevos actos de represión, jurando Scott, esta vez, con volar la manzana desde la cual fuera disparado un tiro contra sus tropas. Al caer la tarde, agotadas las municiones, con cientos de bajas y heridos, sin esperanza de auxilio por parte del ejército regular mexicano, que había abandonado a su suerte a los habitantes de la ciudad en la noche del 13 de septiembre, la espontánea insurrección popular termina, ante la superioridad de la respuesta enemiga, lo insostenible de la situación y el desmoralizador espectáculo de la colaboración abierta con los invasores del ayuntamiento de la ciudad y los sectores acomodados que se habían opuesto activamente a la insurrección. Como ocurrió a lo largo de esta guerra de conquista, la clase dominante mexicana traicionó el denodado aliento supremo del pueblo por dejar constancia ante las generaciones que vendrían, de que la capital de un país débil y dividido había caído frente a la agresión extranjera, sólo a costa de quienes habían sacrificado sus vidas por defenderla.

¿Cuál puede ser el interés en recordar este episodio de resistencia popular, intencionalmente olvidado por la historiografía oficial? El tema es trascendente no sólo porque es necesario fortalecer nuestra conciencia nacional a partir del estudio de nuestra historia, sin distorsiones de clase, particularmente, el análisis de lo que para los mexicanos ha significado y significa el imperialismo estadunidense, ya que las condiciones del conflicto histórico entre México y Estados Unidos siguen vigentes. También, porque, hoy como ayer, la clase dominante traiciona el interés nacional frente a Estados Unidos. Los colaboracionistas de ayer se dan la mano con los colaboracionistas de hoy.

¿No será que la bandera de las barras y estrellas ondea nuevamente en Palacio Nacional, y el fantasma encarnado de Antonio López de Santa Anna recorre sus oficinas, salones y balcones?

6.9.17

El fiscal, la sucesión y la “protección” a Peña Nieto

 

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En el inicio del periodo más delicado de la sucesión presidencial, los escenarios para el 2018 se le descomponen al primer mandatario. Todo parece indicar que al primer y último presidente del Grupo Atlacomulco le interesa más definir quién le garantizará la protección transexenal y no quién podrá mantener al PRI en la presidencia de la República.

Para lograrlo, está dispuesto lo mismo a sacrificar a su propio partido que a establecer una alianza con su antecesor Felipe Calderón o con quien le garantice lo mismo que él hizo con Arturo Montiel: la impunidad real.

La crisis derivada por la designación de un Fiscal General de la República transexenal sólo revela lo profundo de las divisiones y fracturas al interior del bloque peñista, de sus exaliados (incluyendo a los empresarios y organizaciones que siguen a Claudio X. González), de los panistas que habían apoyado a Peña Nieto en el Pacto por México y de los perredistas que enfrentan con poca dignidad el desfondamiento de su partido ante la imparable “cargada” hacia Morena y hacia Andrés Manuel López Obrador, como se demostró este domingo 3 de septiembre.

El nombre de la crisis no es Raúl Cervantes Andrade. El actual procurador general de la República ya era una pieza intercambiable como fiscal general transexenal desde que el escándalo Odebrecht demostró lo profundo de la corrupción entre los gobiernos de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto, ambos involucrados en esta red trasnacional de sobornos, así como otros expedientes que entrelazan a ambos mandatarios.

El nombre de la crisis es el “pase automático” hacia la construcción de un Fiscal General controlado por el peñismo. Ni los organismos empresariales, ni las organizaciones civiles firmantes del desplegado #PorUnaFiscalíaQueSirva, ni la corriente articulada en torno al lópezobradorismo aceptarán ningún pase automático. En otras palabras, están vetando una propuesta que surja de Los Pinos sin el consenso de otras fuerzas.

El último golpe mediático contra Raúl Cervantes se lo dio Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad. La revelación del domicilio falso para documentar la propiedad de un Ferrari demostró las mañas y las manías propias de un abogado que debiera ser un auténtico cazador de corruptelas grandes y pequeñas y no parte de las sospechas. Cervantes forma parte, además, de un triángulo de poder familiar que no cuenta con el respaldo de los otros grupos priistas: el formado por sus primos Humberto Castillejos Cervantes, exconsejero jurídico de Los Pinos, y por Alfredo Castillo Cervantes.

Lo difícil en estos momentos de fracturas parlamentarias es lograr la mayoría calificada (dos terceras partes) para realizar la última reforma constitucional necesaria del sexenio: eliminar el transitorio décimo sexto del artículo 102 constitucional (el “pase automático”), así como redactar la ley de la fiscalía general que deberá aterrizar sus funciones y los alcances de sus dos fiscalías: la de delitos electorales (FEPADE) y la de Anticorrupción.

Paradójicamente, Peña Nieto quiso lograr lo que Javier Duarte consiguió antes de salir prófugo del país: nombrar un fiscal a modo que le cubra las espaldas, y las consecuencias en ambos están a la vista.

La paranoia peñista ha generado una profunda crisis coyuntural. El dirigente panista Ricardo Anaya capitalizó la incertidumbre y decidió encarecer su apoyo al gobierno federal, después de las crisis poselectorales del Estado de México y de Coahuila, para relanzar su candidatura.

El PRI y Peña Nieto decidieron endurecerse y las consecuencias se vivieron en estos últimos días: se fracturó el PAN en el Senado y la elección de Ernesto Cordero como presidente de la Mesa Directiva ha degenerado en una crisis constitucional en la Cámara de Diputados que no han podido instalar su Mesa Directiva.

La alianza de facto que el peñismo ha decidido emprender con el calderonismo provocará una peligrosa polarización no sólo en el PAN sino en el propio PRI. Si el nombre del “protector” transexenal es José Antonio Meade –apoyado por Roberto Gil Zuarth y Ernesto Cordero, los mismos calderonistas que crearon la fractura en el Senado- las consecuencias serán muy graves en el partido gobernante.

Al no tener claro quién será el candidato del PRI en el 2018, la incertidumbre se ha trasladado a los dos partidos que acompañaron al peñismo en el Pacto por México: el PRD y el PAN. Esta situación ha beneficiado más al único personaje que tiene hasta ahora el veto político de Peña Nieto para ser su sucesor en el 2018: el exjefe de Gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador.

Este martes 5 de septiembre, en conferencia realizada en Washington, el dirigente y candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador dejó muy claro que sí Peña Nieto impone al actual procurador general como fiscal transexenal, él pedirá al Congreso cambiar la ley para removerlo.

“Si se impone, esto va a ser motivo para llamar a que se tenga mayoría en el Congreso, modificar la ley y remover al fiscal”, afirmó López Obrador. Y “destapó” a Tatiana Clouthier, exdiputada federal del PAN e hija del excandidato presidencial blanquiazul de 1988, como su propuesta para fiscal general porque “es honesta, íntegra e independiente”.

Una vez más, López Obrador podría marcar la agenda en este tema, mientras el PRI en el Senado no toma una posición clara respecto al tema del fiscal, los cinco senadores panistas también se desmarcan del “Fiscal carnal” y Peña Nieto aún pretende deshojar una margarita para definir quién será su sucesor.

5.9.17

Ruptura entre las élites de México



CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Durante décadas, la familia de los Claudios fue indisoluble con el poder político. El padre, Claudio X. González Laporte ha sido pilar en la consolidación del modelo de liberalización económica acelerado por Carlos Salinas, de quien fue asesor para asuntos empresariales.

Su influencia como presidente de lo que fue el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, la élite de la élite empresarial ahora llamado Consejo Mexicano de Negocios, lo ha convertido a pulso en un ideólogo de los empresarios.

Ha sido un entusiasta promotor de la alternancia entre el PRI y el PAN en la Presidencia de la República, y del grupo de altos funcionarios que lo mismo han servido a los gobiernos de un partido que del otro.

Hasta ahí nada nuevo en la relación entre el gran empresariado y el poder político. Desde el régimen autoritario del PRI del siglo pasado, los empresarios se amoldaron al viejo sistema y su economía cerrada aun cuando tuvieran enfrentamientos con Los Pinos, como en la época de Luis Echeverría y José López Portillo, en los años setenta y principios de los ochenta.

Pero nada como la confrontación de fondo que ahora tiene la familia del presidente de Kimberly Clark en México, exconsejero de Televisa y asesor de múltiples empresas e iniciativas con la presidencia de Enrique Peña Nieto.

Esta vez, la batalla es más que coyuntural. Claudio X. González Guajardo, quien durante dos décadas se ha dedicado a promover agendas específicas a través de fundaciones, que han gozado de beneficios fiscales, ha logrado dar el salto de la élite económica heredada de su padre al terreno de la sociedad civil.

Su graduación como activista social se la otorgó hace unos días el diario The New York Times, cuando publicó una alegada persecución a la que estaría sujeto por parte del presidente Enrique Peña Nieto.

Después de impulsar desde los gobiernos del PAN la reforma educativa, desde el año pasado González Guajardo encabeza un sólido proyecto de agenda pública que va más allá del gobierno de Peña, cuya marca de por sí ha sido la de la corrupción.

A través de la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, el empresario ha logrado establecer la agenda pública ante las demandas de transparencia y rendición de cuentas, sin las cuales es imposible la existencia de un Estado democrático moderno.

Auténticas, tales exigencias parecen ser ahora un ariete de un proyecto empresarial que le ha causado graves daños a la imagen del gobierno y sus colaboradores, incluida la excandidata presidencial del PAN y al gobierno del Estado de México, Josefina Vázquez Mota.

De ahí los escándalos que ha documentado sobre la corrupción, principalmente del gobierno federal. El más reciente, el Ferrari hasta ahora desconocido del aspirante a fiscal general de la República, Raúl Cervantes.

Todo lo que abone a la transparencia y a un esperado castigo de la cleptocracia en México es bienvenido periodística y socialmente. Pero una pregunta válida es hasta dónde quiere llegar la familia de Claudio X. González con la gran cantidad de información que posee sobre las élites políticas y económicas del país.

2.9.17

Las “calificadoras” se divierten

Luis Casado*/Prensa Latina
 

Las conclusiones de las calificadoras de riesgo-país poco tienen que ver con criterios económicos. Han demostrado que sus calificaciones no se basan en criterios científicos. Generalmente, tienen un fin político y especulan para obtener ganancias injustificadas



Alarma en los mercados financieros: Standard and Poor’s (S&P) rebaja calificación de riesgo para Chile por primera vez en 25 años. ¿Dónde vamos a parar? ¿Es grave, doctor? ¿Tiene cura? Remedio, digo, visto que la calidad de clérigo es terminal… Eso depende. ¿De qué? De la idea que se haga de las agencias de calificación de riesgo y su ciencia infusa. Para comenzar, ¿sabe qué es una agencia de calificación de riesgo? ¿No? Ya le diremos.

Allá por el siglo XIII las técnicas de la incipiente “comunidad financiera” habían adquirido un pronunciado color a tinta china. La Iglesia Católica fue, al menos parcialmente, responsable de la opacidad que cubrió la actividad de los bancos: la Iglesia condenaba el préstamo con intereses; o sea, el crédito especulativo. El Concilio de Letrán (1179) reforzó las sanciones canónicas contra los usureros laicos. El Concilio de Viena (1311) declaró herético a todo aquel que negase que la usura es un pecado. En esos años, un “herético” era un tipo que difícilmente llegaba a la tercera edad.

La Inquisición sólo tenía que elegir el método de tortura y el modo de cocción, visto que al herético podían asarlo a la parrilla, freírlo en aceite o hervirlo en agua clara. Esta última práctica conoció una divertida variante: o bien te echaban al agua fría que, con la hoguera abajo, se calentaba gradualmente hasta hervir, o bien te zambullían en la marmita con el agua ya hirviendo.

Para los cristianos del siglo XIII hervir al prójimo estaba lejos de ser una novedad. Si bien mis fuentes no precisan si se tomaban la sopa, señalan sin embargo que Constantino, emperador romano convertido al cristianismo (siglo IV), hizo hervir a Fausta Flavia Máxima, su señora esposa (327), por haberle mentido con relación a una supuesta agresión sexual de parte de su hijo Crispus. El emperador, quien sólo apreciaba los cuernos que adornaban los cascos de los guerreros galos, hizo matar a su propio hijo, antes de descubrir el engaño de Fausta y transformarla en un sustancioso consomé.

Junto con fundar el césaro-papismo y convocar el célebre Concilio de Nicea (325), Constantino emitió una moneda destinada a inaugurar las profecías autocumplidas que les gustan a los economistas: la llamó el solidus… Además de crear una ciudad que llevó su nombre –Constantinopla–, y que hoy conocemos como Estambul, capital de Turquía, sus reformas facilitaron el desarrollo del cristianismo a tal punto que fue canonizado por la Iglesia ortodoxa. En esa época el cristianismo era singularmente comprensivo ante el filicidio y el uxoricidio.

En fin, sólo quería contarle que la usura mixtifori era castigada por la justicia laica como un delito, y por la autoridad eclesiástica como un pecado. Hubo tiempos felices un milenio después de la expulsión del paraíso. Aunque no lo crea, la proscripción de los préstamos con intereses fue levantada solo en 1830, y declarada lícita apenas en el año 1917.

Para cobrar intereses y evitar convertirse en caldo, los banqueros medievales los disimularon en la complejidad de las operaciones de cambio, utilizando hábiles fórmulas contables y una amplia serie de artificios: ventas virtuales, testaferros, palos blancos, costos de bienes hipotecados y la clásica “caballería”, que no es sino una “bicicleta” en la que nuevos créditos sirven para pagar créditos anteriores.

No obstante, el truco más utilizado consistía en inscribir en las cuentas una suma a rembolsar, ya inflada con los correspondientes intereses, equivalente al monto supuestamente prestado. ¿Las tasas? En el año 1311 Philippe le Bel intentó limitarlas a un denario por libra, lo que equivale a un 20 por ciento anual, pero su incompetencia monetaria hizo que en el año 1360 los intereses llegasen a 4 denarios, o sea una tasa anual del 80 por ciento. Ya ve, nada nuevo bajo el sol.

La amenaza de la Inquisición incitó los mercados financieros a una sana opacidad que para despistar llamaron “transparencia”. De ahí en adelante, y hasta el día de hoy, saber dónde y cuándo invertir, en qué y cuánto, se transformó en tarea de “expertos”. Las Agencias de Calificación de Riesgo nacieron para iluminar sus decisiones financieras a cambio de una modesta remuneración.

Pongamos que Alsacia, concesionario del Transantiago, necesita capitales. Para obtenerlos se dirige al mercado de capitales de New York, y le paga a una Agencia para que ésta califique el riesgo que representa poner a su disposición los capitales que necesita. Moody’s –en este caso se trata de Moody’s–, les cuenta a los inversionistas que la buena nota adjudicada a Alsacia reposa “en el bien desarrollado y ya maduro esquema de concesiones en Chile, y en la fortaleza del garante, que es el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones (MTT) del Gobierno de Chile” (Moody’s, 7 de febrero de 2011). A Rodrigo Valdés le encantará enterarse…

Gracias a eso, Alsacia levantó 464 millones de dólares en menos tiempo del que tardo en contarlo. Si Moody’s hubiese otorgado una calificación mala o mediocre, Alsacia sólo tenía que atravesar la calle para ver a S&P o a Fitch que, a cambio de la remuneración exigida, le hubiesen dado la buena calificación necesaria: en ese momento Alsacia no tenía ni uno y existía (y existe) sólo gracias a su concesión en el Transantiago.

Luego de algunos problemillas menores, el 3 de marzo del 2014, Moody’s emitió una nueva evaluación de riesgo de Alsacia, modificando su nota a “estable”. ¿Las razones? “La confirmación de la nota refleja a) el pago integral y puntual de la cuota del mes de febrero; b) su reciente estabilización y la esperada mejora de sus resultados financieros gracias a las modificaciones a su contrato de concesión; c) menores riesgos de default (morosidad) de acuerdo a nuestro escenario para los 6 a 12 meses a venir” (Moody’s, 3 de marzo de 2014).

El 18 de agosto de 2014 –5 meses después–, Alsacia hizo pública su incapacidad para servir las cuotas del crédito obtenido: “… cumplo con informar a usted que Alsacia ha decidido, con esta fecha, no efectuar el pago de la cuota del bono con vencimiento al día de hoy”. En otras palabras, se declaró en default. Este bello ejemplo muestra la seriedad de las calificaciones de riesgo emitidas por las agencias que viven de eso. No es el único.

El viernes 12 de julio de 2013, la Agencia Fitch le retiró a Francia la calificación AAA, también llamada triple A, y la rebajó a AA+. ¿Por qué? En razón de “su elevado nivel de deuda pública” que alcanzaría, según Fitch, el 96 por ciento del producto interno bruto (PIB) a fines del año siguiente (2014). Lo curioso es que después de esta “dura” sanción, Francia siguió obteniendo dinero en los mercados financieros a tasas… ¡negativas! O sea que a Francia le pagaban por prestarle plata. Pedía 100 y rembolsaba 99. ¿De qué sirvió la degradación de la calificación de Fitch? You tell me

De modo que cuando Standard & Poor’s rebaja el rating soberano de Chile (país cuya deuda pública es prácticamente nula) de A+ a AA- puede prescindir de cortarse las venas, tomar veneno o, en estricto rigor, comerse una paila marina [1]. No puedo decir lo mismo de las instituciones financieras que S&P cubrió con el vergonzoso baldón de su reprobación. Con los bancos y la comunidad financiera nunca se sabe.

Banco Estado, Banco Chile, Banco Santander-Chile, BCI, Itaú CorpBanca, BICE, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria Chile y filiales, Banco Security, Cooperativa del Personal de la Universidad de Chile Ltda (Coopeuch Ltda); Tanner Servicios Financieros; Larraín Vial SA Corredores de Bolsa; y LQ Inversiones Financieras SA, sufrieron una degradación de la calidad de su riesgo, y/o quedaron con la cerviz aplastada bajo un credit Watch con perspectivas negativas, o sea bajo un humillante y sospechoso escrutinio.

Lo que no quiere decir absolutamente nada, como cuando el gobierno de Chile “mantiene su monitoreo” sobre tal o cual catástrofe en cierne. El miércoles 7 de junio pasado, el Banco Popular de España fue vendido al Banco Santander por un euro simbólico para evitar su quiebra y las consiguientes consecuencias. Más de 300 mil accionistas, entre ellos el muy avezado empresario chileno Andrónico Luksic, perdieron hasta la camisa. Puede que no lo sepa, pero el Banco Popular había pasado con éxito todos los stress tests [2] al que fue sometido por el Banco Central Europeo.

Los ratings de las Agencias de Calificación de Riesgo no podían ser mejores. Si no fuese el caso, ¿cómo explicar que un lince como Luksic perdiese 100 millones de dólares en un abrir y cerrar de ojos? Días antes de hundirse, el Banco Popular publicaba, en su sitio web, lo que sigue:

“Las calificaciones crediticias otorgadas a Banco Popular Español por las grandes agencias de rating (Moody’s, Fitch, S&P, DBRS) reflejan la solidez de los fundamentales de Popular, soportados por la fortaleza de su franquicia minorista, su elevada rentabilidad y liderazgo internacional en términos de solvencia, apalancamiento y eficiencia, así como por sus buenos indicadores de liquidez. Los ratings asignados a Popular igualmente ponen de manifiesto su elevada importancia sistémica dentro del Sistema Financiero Español.”

Pobre Luksic: todavía cree en Papá Noel, la virginidad de María y el libre mercado… No es el único: los “expertos” del Banco Central de España ni siquiera vieron venir la quiebra y aseguraban a quién quisiera oírles que estaban dispuestos a seguir procurándole liquidez a un Banco que ya no valía ni la pena.

De modo que ya verá usted cómo toma la degradación del riesgo país chilensis, o las sospechas que recaen sobre los bancos del campo de flores bordado. Este servidor, que de esas cosas entiende poco, es extremadamente renuente a los consejos de las agencias de calificación de riesgo. Mayormente porque entiende que el peor riesgo es el que representan las agencias de calificación.

Notas
[1] Pruebas de resistencia de la banca ante un posible deterioro fuerte de la economía.
[2] Caldo chileno preparado con todo tipo de mariscos

*Ingeniero por el Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI-París), profesor e informático chileno

28.8.17

Los comisarios del pensamiento único II

Carlos Fazio

Para Noam Chomsky, la tarea de los corporativos mediáticos consiste en crear un público pasivo y obediente, no un participante activo en la toma de decisiones. Se busca crear una comunidad atomizada y aislada, de forma que no pueda organizarse y ejercer sus potencialidades para convertirse en una fuerza poderosa e independiente que pueda hacer saltar por los aires todo el tinglado de la concentración del poder. (Un ejemplo de cómo ejercer la fuerza organizada en una democracia participativa y protagónica, son los 8 millones 89 mil 320 votantes que el 30 de julio, a despecho de las amenazas militaristas de D. Trump y la ofensiva terrorista paramilitar, decidieron empoderar a las/os nuevos constituyentes venezolanos).

Para que el mecanismo que genera un público sumiso y obsecuente funcione, es necesario, también, el adoctrinamiento de los medios. Su domesticación; generar una mentalidad de manada. Hacer que los periodistas y la comentocracia huyan de todo imperativo ético y caigan en las redes de la propaganda o el doble pensar. Es decir, que se crean su propio cuento y lo justifiquen por autocomplacencia, pragmatismo puro, individualismo exacerbado o regodeo nihilista. Y que, disciplinados, escudados en la razón de Estado, asuman la ideología del patrioterismo reaccionario.

En definitiva, el miedo a manifestar el desacuerdo termina trastocando la prudencia en asimilación, sometimiento y cobardía. A su vez, el pensamiento reaccionario se refuerza bajo un discurso de desprecio y odio xenófobo, racista y clasista: siete jóvenes fueron quemados en Venezuela por parecer chavistas.

No se vale, pues, discrepar con el consenso. Sólo se debe pensar en la dirección presentada por el sistema de dominación capitalista. Y si para garantizar el consentimiento es necesario aplicar las herramientas de la guerra sicológica para el control de masas (azuzar el miedo y generar un terror paralizantes), los vigilantes del Gran Hermano entran en operación bajo el paraguas de lo políticamente correcto, amparados por todo un sistema de dádivas y premios que brindan migajas de confort y poder acomodaticio.

Aduladores de los poderes fácticos que actúan en zonas de penumbra, los social-conformistas de los medios practican el lenguaje operacional del orden sistémico, reproduciendo de forma expansiva la lógica de la dominación de clase. Cada día en Ciudad de México, Madrid, Bogotá o Buenos Aires, el pensamiento reaccionario apuntala la contrarrevolución en Venezuela. Y ello es así porque el poder real ha creado un ejército de paraperiodistas dedicados a mantener y reproducir la ideología neoliberal y desarticular el pensamiento crítico; a frenar el cambio social y democrático de los de abajo mediante la mentira del silencio (Sader). Es decir, negando la existencia de lo que no se quiere que se conozca: por ejemplo, silenciando la formidable victoria del chavismo bravío el 30/J.

Los saberes políticamente correctos forman parte del modelo de dominación y marcan el ritmo de la pulsión del poder: quienes levanten la voz y se aparten de la manada serán denigrados, hostigados y/o castigados. El poder reclama una única racionalidad. Por eso, como la división de un ejército vasallo en el frente externo −y dado que toda intervención militar es precedida por una campaña de intoxicación mediática con eje en la guerra sicológica−, los paraperiodistas tienen la misión de vigilar, hostigar y presionar a quienes, como Luis Hernández y la línea editorial de La Jornada, se apartan del consenso de la elite reaccionaria.

Los hornos crematorios del nazismo funcionaron a plena luz del día; el genocidio de Hitler fue un acto consentido por el pueblo alemán. Con distintas modalidades y ante un mundo pasivo, el horror y la solución final de Auschwitz, Dachau y Treblinka se replican hoy en Afganistán, Irak, Libia, Siria, Colombia y el México de la necropolítica y las fosas clandestinas.

En pleno siglo XXI, las víctimas mortales de las aventuras coloniales del Pentágono y la OTAN en Afganistán, Pakistán e Irak ascienden a cuatro millones. Los escombros de Damasco y Palmira, en Siria, exhiben los horrores de la guerra. La seguridad democrática de Álvaro Uribe generó 6.5 millones de desplazados internos. La prensa libre de Occidente ha apoyado, distorsionado o justificado esas atrocidades. Es fácil predecir qué ocurrirá en caso de estallar una intervención humanitaria en Venezuela auspiciada por Estados Unidos.

El uso de la mentira, el fanatismo y la histeria de guerra, y los ataques difamatorios con fines de explotación política son de vieja data. En 1950, el informe de la Comisión Tydings sobre el macartismo y el senador Joseph McCarthy, señaló: “Hemos visto utilizar por primera vez en nuestra historia la técnica de ‘la gran mentira’. Hemos visto cómo, mediante la insistencia y la mezcla de falsedades (simples habladurías, tergiversaciones, murmuraciones y mentiras deliberadas), es posible engañar a un gran número de gente”. Los periodistas, editores y directores de la prensa estadunidense sabían que McCarthy mentía y divulgaron sus dichos, dejando que el lector, que no tenía ningún medio de averiguarlo, intentara deducir la verdad. El senador republicano John Bricker le dijo a McCarthy: Joe, usted es realmente un hijo de puta. Pero a veces es conveniente tener hijos de puta a nuestro alrededor para que se encarguen de los trabajos sucios.

El propósito del macartismo fue destruir las instituciones de Estados Unidos, minar la Declaración de Derechos y revertir el pacto social keynesiano (el Estado benefactor) que redistribuía parte de las ganancias del capital hacia abajo. La revolución conservadora de Ronald Reagan profundizó el proyecto neoliberal, con epicentro en la liquidación de los bienes del Estado y la esfera pública y la mercantilización y privatización radical de todo. El macartismo hizo escuela y el trabajo sucio lo practican hoy legiones de paraperiodistas en el caso Venezuela… pero sus madres no tienen culpa.

22.8.17

Los negociadores del TLCAN en Washington, sin estrategia



En 1993, cuando se firmó el TLCAN, se prometía para México un generoso crecimiento económico con una fuerte creación de empleos, salarios mejor remunerados. Mayor bienestar social, en suma. Pero en más de 23 años esos objetivos no se cumplieron. Y ahora que los representantes de los tres países firmantes se reúnen en Washington para actualizar, mejorar o modernizar ese espíritu original, llama la atención que los negociadores mexicanos no lleven en sus documentos y estrategias una propuesta para lograrlo.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En 1990 México, Estados Unidos y Canadá anunciaron su decisión de iniciar pláticas formales, al año siguiente, para establecer un tratado de libre comercio, que a la postre sería una renovación y complemento del acuerdo que desde hacía años tenían los dos segundos.

México, encabezado por un reformador e hiperactivo presidente Carlos Salinas de Gortari –que devendría, por muchas razones, en uno de los mandatarios más denostados en la historia del país–, no se quería quedar fuera del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que se convertiría en una poderosa región comercial, económica y financiera.

Con el TLCAN, aseguraba el gobierno, México no sólo será “potencia exportadora, en el marco de la globalización económica” sino, por fin, un país moderno, integrante del mayor bloque comercial del mundo, con suficiente empleo, una industria dinámica y eficiente usufructuaria de la tecnología de punta, con un crecimiento explosivo de las exportaciones, mejores niveles de ingreso, una economía altamente competitiva, sin fugas de mano de obra ni de capitales, el mejor de los tratos con los colosos del norte.

Fueron tres años de arduas y complicadas negociaciones. Finalmente, el TLCAN se firmó a finales de 1993 y entró en vigor el 1 de enero de 1994.

De ser una economía cerrada y poco competitiva a finales de los ochenta, México es hoy una de las economías más abiertas al mundo. Algunos aranceles se cancelaron al momento de entrada en vigor del tratado, otros fueron sujetos a periodos de transición desde cinco y hasta 15 años (el maíz, por ejemplo). Hoy en día no hay producto, al menos de los que están incluidos en el tratado, que no esté libre de aranceles.

Las pláticas entre los tres países que iniciaron en Washington el pasado miércoles 16 para “renegociar” el TLCAN, “modernizarlo”, “actualizarlo”, “mejorarlo”, se realizan bajo los peores augurios.

Pero los malos augurios vienen porque los negociadores estadunidenses tienen la encomienda casi única de cumplir el capricho de su presidente, Donald Trump, de reducir el déficit comercial que tiene Estados Unidos con México, de más de 63 mil millones de dólares.

Déficit que –según su miopía y poco entendimiento de la economía y el comercio internacional– le parece “injusto”, “abusivo”, de parte de México, que le “roba” empleos a Estados Unidos y que sólo podrá reducir obligando a México a comprarle más bienes a Estados Unidos o imponiéndole aranceles a las exportaciones mexicanas que van a Estados Unidos… aun a costa de que los consumidores estadunidenses compren productos más caros.

Pero como fue una promesa de campaña y no quiere que se le caiga como muchas otras y siga haciendo el ridículo ante su electorado –como el impuesto de ajuste fronterizo, el tambaleante muro en la frontera o el fracaso con el Obamacare y otros–, los negociadores pondrán toda la carne en el asador para bajar el déficit comercial con México… y hacerle ganar a Trump algunos puntos en su vapuleado nivel de aprobación pública.

Las expectativas

Si bien las actuales negociaciones apenas se inician, no se sabe realmente cuándo terminen ni en qué términos. La delegación mexicana, independientemente de que lleva la consigna de levantarse de la mesa si Estados Unidos insiste en imponer aranceles o cualquier tipo de impuestos o trabas a las exportaciones mexicanas –medidas proteccionistas, pues–, tienen el tiempo encima y saben que todo esto debe terminar antes del proceso sucesorio de la Presidencia.

Lo que llama la atención de estas nuevas pláticas es que si bien son muchos los temas por incluir, actualizar, mejorar o modernizar, los negociadores mexicanos no llevan en sus carpetas, en sus estrategias, en sus escenarios y mucho menos en sus mentes ni en sus propósitos un TLCAN renovado que recupere el espíritu del tratado original, que prometía para México un generoso crecimiento económico, con una fuerte creación de empleos, salarios mejor remunerados y, en suma, mayor bienestar social. Y que no se cumplieron.

Sí, el TLCAN le cambió el rostro al país, le dio una nueva imagen, una nueva presencia… pero el alma se la dejó intacta. Con el tratado México se volvió una potencia exportadora. Si antes lo fue de petróleo, ahora es de manufacturas, principalmente en el sector automotriz. En 1993, el año previo a la entrada en vigor del TLCAN, México no aparecía ni siquiera entre los primeros 30 países con el mayor comercio exterior.

Según el informe 2016 de la Organización Mundial de Comercio (OMC), en 2015 México era el país número uno en exportaciones e importaciones en América Latina; estaba en la posición 13 de los grandes exportadores del mundo y en el 12 entre los importadores.

Ese mismo año, la OMC registró un valor total de las exportaciones mexicanas por 381 mil millones de dólares, equivalentes a 2.3% del total de exportaciones de todo el mundo, apenas abajo de 2.5% de Canadá, y muy por debajo de Estados Unidos, que hizo exportaciones por 1 billón 505 mil millones de dólares (9.1% del total mundial) y muy lejos de los 2 billones 275 mil millones de dólares que exportó China en 2015 y que la llevaron al primer lugar en exportaciones en el mundo, con 13.8% de las exportaciones totales.

Arriba de México, entre los 12 que lo superaban por el monto de sus exportaciones, estaban, en ese orden, China, Estados Unidos, Alemania, Japón, Holanda, Hong Kong, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá y Bélgica. Pero debajo de México había, en la lista de la OMC en su reporte de 2016, 37 países con menor capacidad exportadora, entre ellos potencias como Rusia, Suiza, España, India, Emiratos Árabes Unidos, Polonia, Brasil, entre otros.

En particular, las exportaciones manufactureras dieron un salto espectacular. En el primer año del TLCAN se exportaron productos manufacturados por 49 mil 84.2 millones de dólares. Casi 50 mil millones. En 2016, ese monto ascendió a 336 mil 81 millones de dólares. Un brinco, “nada más”, de casi 585%.

Y dentro de la industria manufacturera, que es el gran motor de la economía mexicana, la joya de la corona es la industria automotriz, que sin duda será uno de los temas de discusión más fuertes en las recién iniciadas pláticas para la renegociación del TLCAN.

Una vez que ganó las elecciones presidenciales, Trump empezó a presionar a las grandes armadoras automotrices para que abandonaran México y regresaran a Estados Unidos.

Trump y sus negociadores tienen la mira puesta en la industria automotriz mexicana que, gracias al tratado ha descollado. En 1994 dicha industria representaba 1.9% del PIB nacional; hoy supera el 3%. También, en el primer año del TLCAN, significaba 10.9% del PIB manufacturero y ahora está más cerca de 20%.

Lo que no le gusta a Trump

Datos de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) señalan que en 1994 México produjo poco más de 1 millón de vehículos, sobre todo ligeros, y para 2015 la producción superó los 3 millones y medio. Un brinco espectacular que permitió al país convertirse en el séptimo productor mundial de vehículos y primero en América Latina durante 2015, que son los datos consolidados más recientes.

Por delante de México están China, Estados Unidos, Japón, Alemania, Corea e India; y atrás, España, Brasil y Canadá.

También, dice la AMIA, de cada 100 vehículos producidos en el mundo, en 2015, casi cuatro fueron ensamblados en México, y 80% de la producción de vehículos está destinado a los mercados del exterior.

Es más, dice el organismo empresarial, la industria automotriz es el principal generador de divisas netas para el país. En 2015 la balanza comercial automotriz generó un superávit de 52 mil 503 millones de dólares; el saldo de esa balanza duplica los ingresos por remesas y contribuye con más de una cuarta parte del valor de las exportaciones manufactureras.

Una industria automotriz mexicana, pues, cada vez más competitiva, que no le gusta a Trump, a la que le quiere cambiar las reglas del juego, para que las armadoras se instalen en su país y se lleven los empleos que México le ha “robado”.

En el campo la historia no es muy diferente. Resulta que el TLCAN, pese a los gritos y pataleos –justos en muchos casos– de las organizaciones campesinas, ha significado una transformación que poco se conoce.

Información de la compañía Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, que dirige el experto Juan Carlos Anaya Castellanos –asesor de organismos empresariales, de empresas agropecuarias, dependencias federales y gobiernos de los tres niveles–, señala que México es el décimo productor agroalimentario en el mundo, después de Estados Unidos, China, la Unión Europea, India, Brasil y otros.

Advierte que entre 1994 y 2017 han cambiado mucho las cosas. No tanto la superficie cosechada, pues en el primer año del TLC había 18 millones 370 mil hectáreas cosechadas y en este 2017 son 20 millones 710 mil. No es mucha la diferencia. Pero sí la productividad: en 1994 hubo 154.5 millones de toneladas de productos agroalimentarios y este año van 273 millones. En 1994 el valor de la producción fue de 28 mil 177 millones de dólares y ahora es de 52 mil 212, un aumento nominal de 85.3% en el valor de la producción.

Entre enero y mayo de este año, el sector agroalimentario ocupó el tercer lugar en las exportaciones totales del país; el primer lugar lo ocupa el sector manufacturero, con 94 mil 237 millones de dólares; el segundo, el sector automotriz, con 39 mil 10 millones de dólares; el tercero, el sector agroalimentario, con 14 mil 346 millones de dólares, y en cuarto lugar el sector petrolero, con 8 mil 326 millones de dólares. Es decir, el sector agroalimentario exportó, entre enero y mayo de 2017, 72% más que el sector petrolero.

Además, según la información del Grupo Consultor en Mercados Agrícolas, mientras que en los primeros 20 años del TLC la balanza comercial agropecuaria siempre fue deficitaria, desde 2016 es superavitaria. Entre enero y mayo de este año el comercio exterior agroalimentario arrojó un saldo superavitario de 3 mil 979 millones de dólares, producto de exportaciones por 14 mil 346 millones de dólares e importaciones por 10 mil 367 millones.

Los desajustes

Lo que no se ve en el discurso del gobierno mexicano ni en las estrategias del equipo negociador es cómo hacer para que el TLCAN y su cauda de deslumbrantes éxitos lleguen al común de la gente. Porque de poco ha servido que el comercio exterior, particularmente las exportaciones, hayan crecido, en la era del tratado, a un ritmo promedio anual de entre 10% y 12%, mientras que la economía apenas lo hizo en 2.5%, que lo único que dejó en claro es que la orientación exportadora del modelo económico no creó los necesarios lazos y encadenamientos productivos con el resto de la economía nacional.

Y eso quiere decir que no tenemos una industria nacional fuerte. Sí una industria manufacturera exportadora potente pero muy concentrada. Son pocas las que realizan la mayor parte de las exportaciones. Es una industria exportadora excluyente, que prefiere tener en México a proveedores extranjeros antes que mexicanos.

Y los indicadores socioeconómicos de hoy no son diferentes de los que había antes del TLCAN. Por ejemplo, los salarios. De acuerdo con la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, dependiente de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, el salario mínimo real a mayo de 2017 (en pesos de la segunda quincena de diciembre de 2010) era de 63 pesos con 69 centavos (63.69), mientras en enero de 1994, mes de entrada en vigor del TLC, el salario mínimo real era de 81 pesos con 26 centavos (81.26).

Es decir, con todo y que el salario mínimo nominal es 80.04 pesos, en términos reales es de (en mayo pasado) 63.69 pesos, o 17.57 pesos menos que en enero de 1994. O lo que es lo mismo, el salario mínimo real de mayo de 2017 vale 22% menos que el de enero de 1994. O también, con un salario de mayo de 2017 se podía comprar un 22% menos que con un salario de 1994.

De los empleos ni qué decir. Apenas la semana pasada el Instituto Nacional de Estadística y Geografía dio a conocer los indicadores estratégicos de ocupación y empleo en el segundo trimestre de 2017. Sólo por mencionar algunos datos dramáticos: 70% de quienes tienen un empleo perciben entre cero pesos y tres salarios mínimos (240.12 pesos al día).

De las 52.2 millones de personas ocupadas 19.6 millones (38%) tienen acceso a instituciones de salud, pero la mayoría –32.4 millones (62%)– no.

En materia de pobreza, muy a pesar del 25 aniversario de la Sedesol y de los sexenales programas para abatirla, seguimos tablas. En 1992, en plenas negociaciones del TLCAN original, había 46 millones de mexicanos en condiciones de pobreza. En 2012 se llegó al extremo de 53.3 millones de pobres, de los cuales 11.5 millones estaban en pobreza extrema. Y en 2014, según el último dato consolidado del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, había 46.2 millones de pobres, de los cuales 35.6 millones vivían en pobreza moderada y 9.8 en pobreza extrema.

En suma, el espectacular desempeño del sector exportador parece haber pasado de largo para el grueso de la población… y de la propia economía, que no se vio impactada positivamente en más de 23 años de TLCAN.

14.8.17

Los comisarios del pensamiento único

Carlos Fazio

Hoy, cuando la canalla mediática está desatada en el mundo occidental, no está de más recordar que como otros términos del discurso político, la palabra “democracia” tiene un significado técnico orwelliano cuando se usa en exaltaciones retóricas o en el “periodismo” habitual, para referirse a los esfuerzos de Estados Unidos y de sus aliados para imponer la democracia liberal representativa a Estados considerados “forajidos” como la Venezuela actual.

En ese contexto, se ha convertido en un lugar común que cuando más democracia y libertades se dice reconocer y defender, más se reprime la facultad de pensar; sobre todo, la actividad de pensar a contracorriente. Con la novedad de que en la persecución del pensamiento crítico ya no hay fronteras. Pero sucede, además, que en el nuevo panóptico planetario y en el marco de la guerra de espectro completo en curso, quienes cuestionan el orden hegemónico o no se ajustan al marco del dogma establecido por los amos del universo, pueden convertirse en un objetivo político-militar.

Pensar entraña riesgos y trae consecuencias. Ello ocurre en las ciencias sociales y las humanidades, pero también en el periodismo. En la actual coyuntura, bien lo saben, entre otros, Atilio Borón (Página 12, Rebelión.org,) y Luis Hernández (coordinador de Opinión de La Jornada), quienes por practicar el ejercicio crítico de pensar con cabeza propia, son objeto de mofa, presiones y campañas de estigmatización y criminalización por un puñado de diletantes vigilantes del pensamiento único neoliberal que responden a un mismo y nauseabundo guión de Washington.

“Nicolás Maduro dictador” emite la voz del amo desde las usinas del poder mundial, y el eco es amplificado urbi et orbi por una cohorte de amanuenses subvencionados y tarifados. El esquema es simple: para el periodismo mercenario, el “Maduro dictador” sustituye hoy a “las armas de destrucción masivas” de Sadam Hussein, en 2003. El saldo de la mentira del Pentágono como arma de guerra costó más de un millón de muertos; pero eran iraquíes.

El modelo “comunicacional” está bien engrasado. Permite debates, críticas y discrepancias, en tanto se permanezca fielmente dentro del sistema de presupuestos y principios que constituyen el consenso de la elite. Es un sistema tan poderoso que puede ser interiorizado en su mayor parte, sin tener conciencia de ello. En general, quien tiene ideas equivocadas o intenta romper el molde es apartado o ignorado; pero en ocasiones puede ser satanizado por los llamados intelectuales públicos, los pensadores políticamente correctos, la gente que escribe editoriales y cosas así, y es colocado frente al paredón de la “prensa libre”.

 Recuerda Marcos Roitman que los ideólogos del actual sistema de dominación han reinterpretado los saberes y el conocimiento bajo una única racionalidad: la del capital. El capital niega su carácter totalitario. En su dimensión política, el capitalismo socializa la violencia y deslastra la historia que le resulta incómoda. Bajo los criterios de la “colonialidad del saber”, es capaz de eliminar al nazismo y al fascismo −también al franquismo, al somocismo, al duvalierismo y el pinochetismo− como fenómenos inherentes a su racionalidad.

W. Lippmann y la ingeniería del consenso

Hace más de un cuarto de siglo, en Los guardianes de la libertad (Grijalbo Mondadori, 1990), Noam Chomsky y Edward S. Herman develaron el uso operacional de los mecanismos de todo un modelo de propaganda al servicio del “interés nacional” (de EU) y la dominación imperial. Nos enseñaron a examinar la estructura de los medios (la riqueza del propietario) y cómo se relacionan con otros sistemas de poder y de autoridad. Por ejemplo, el gobierno (que les da publicidad, fuente principal de ingresos), las corporaciones empresariales, las universidades.

Asimismo, diseccionaron a los medios de elite (The New York Times, The Washington Post, CBS y otros) que marcan “la agenda” de los gestores políticos, empresariales y doctrinarios (profesores universitarios), pero también la de otros periodistas, analistas y “expertos” de los medios de difusión masiva que se ocupan de organizar el modo en que la gente debe pensar y ver las cosas.

Demostraron, en síntesis, cómo mediante la violencia psicológica o simbólica e indignantes campañas de intoxicación lingüística (des)informativas y supresiones (“las peores mentiras son las que niegan la existencia de lo que no se quiere que se conozca”, nos alerta a su vez Emir Sader); manipulaciones, normas doble-estándares y duplicidades; sesgos sistemáticos, matizaciones, énfasis y tonos, y de la selección del contexto, las premisas y el orden del día general, se lleva a cabo el control elitista de la sociedad mediante lo que Walter Lippmann denominó “la ingeniería del consenso”.

Ese modelo de propaganda −por lo general dicotómico o maniqueo: verbigracia “Maduro dictador vs. la oposición democrática de la MUD”; las hordas chavistas vs. los luchadores de la libertad de D. Trump− deja entrever que el “propósito social” de los medios es inculcar y defender el orden del día económico, social y político de los grupos privilegiados. Para ello, la fórmula es sencilla: los dueños de la sociedad utilizan a una “clase especializada” −conformada por “hombres responsables” y “expertos” que tienen acceso a la información y a la comprensión, en particular, académicos, intelectuales y periodistas− para que regule las formas de organización del rebaño desconcertado; para manufacturar el consentimiento y mantener a la chusma a raya.

Todo el sistema de ideas políticas del imperialismo tiende a argumentar su derecho a la dominación, a la supeditación del Estado a los monopolios en todas las esferas de la vida; a la manipulación de las masas y la desinformación de la “opinión pública. Según Lippmann, la labor del público es limitada. El público no razona, no investiga, no convence, no negocia o establece. Por ese motivo, “hay que poner al público en su lugar”. La multitud aturdida, que da golpes con los pies y ruge, “tiene su función: ser el espectador interesado de la acción”. No el participante.

Medios domesticados: la mentira del silencio

Para Chomsky, la tarea de los medios privados que responden a los intereses de sus propietarios, consiste en crear un público pasivo y obediente, no un participante en la toma de decisiones. Se trata de crear una comunidad atomizada y aislada, de forma que no pueda organizarse y ejercer sus potencialidades para convertirse en una fuerza poderosa e independiente que pueda hacer saltar por los aires todo el tinglado de la concentración del poder. ¿Ejemplo? Los 8.089.320 votantes que a despecho de las amenazas imperiales y la ofensiva terrorista paramilitar decidieron empoderar a los/as nuevos constituyentes.

Sólo que para que el mecanismo funcione, es necesaria, también, la domesticación de los medios; su adoctrinamiento. Es decir, generar una mentalidad de manada. Hacer que los periodistas y columnistas huyan de todo imperativo ético y caigan en las redes de la propaganda o el doble pensar. Es decir, que se crean su propio cuento y lo justifiquen por autocomplacencia, pragmatismo puro, individualismo exacerbado o regodeo nihilista. Y que, disciplinados, escudados en la “razón de Estado” o el “deber patriótico”, asuman –por intereses de clase o por conservar su estabilidad laboral− la ideología del patrioterismo reaccionario. En definitiva, el miedo a manifestar el desacuerdo termina trastocando la prudencia en asimilación, sumisión y cobardía.

Moraleja: no se vale discrepar con el consenso. Solo se debe pensar en una sola dirección, la presentada por el sistema de dominación capitalista. Y si para garantizar el consentimiento es necesario aplicar las herramientas de la guerra psicológica para el control de las masas (como azuzar el miedo, fomentar la sumisión y generar un pánico y terror paralizantes), los comisarios del gran hermano entran en operación bajo el paraguas de lo políticamente correcto, amparados por todo un sistema de dádivas y premios que brindan un poco de confort y poder acomodaticio.

La no noticia y el Consenso de Lima

Ya encarrerado, el pensamiento reaccionario se refuerza bajo un discurso de desprecio y odio clasista, xenófobo y racista. Siete jóvenes han sido quemados por parecer “chavistas” por los “demócratas” que defienden los 12 presidentes latinoamericanos del “Consenso de Lima”.

En consecuencia, aduladores de los poderes fácticos que actúan en las zonas de penumbra, los social-conformistas de los grandes medios –con el periódico El País de Madrid como buque insignia de la prensa en español− practican a diario el lenguaje operacional del orden sistémico, reproduciendo la lógica de la dominación de manera expansiva.

Así, casi cada día durante los últimos cuatro meses, en Ciudad de México, Madrid, Bogotá o Buenos Aires, el pensamiento reaccionario apuntala la contrarrevolución en Venezuela. Y ello es así porque el poder real ha creado un ejército de hombres y mujeres dedicados a mantener y reproducir la ideología dominante y desarticular el pensamiento crítico; dedicados a frenar el cambio social y democrático de los de abajo mediante “la mentira del silencio” (Sader). Es decir, negando la existencia de lo que no se quiere que se conozca, por ejemplo, en la coyuntura, la formidable victoria del chavismo bravío y los nuevos constituyentes antisistémicos (anticapitalistas y antimperialistas). O, como señala Ángeles Díez, sustituyendo la información principal por la “no noticia”: un atentado de los violentos de la MUD se atribuyó mágicamente a la “represión” de Maduro (aderezado con titulares que reforzaban una matriz de opinión con eje en el autogolpe de Estado, la violencia, el caos y la emergencia humanitaria), para difuminar la verdadera noticia: que el 30/J ocho millones respaldaron la Constituyente.

El poder reclama una única racionalidad, un solo orden, una sola intransigencia verdadera. Es por eso, también, que a la manera de divisiones y/o francotiradores de un ejército vasallo en el frente externo −y dado que toda intervención militar es precedida por una campaña de intoxicación mediática con eje en la guerra psicológica−, los paraperiodistas tienen la misión de vigilar, hostigar y presionar a quienes, como Atilio Borón y Luis Hernández, se apartan del consenso de la elite reaccionaria.

A la biopolítica del cuerpo se suma hoy la psicopolítica de la mente (Roitman). Y así, los saberes políticamente correctos forman parte del modelo de dominación y marcan el ritmo de la pulsión del poder: quienes levanten la voz y se aparten de la manada serán denigrados, hostigados y/o castigados. En sentido contrario, y en el marco de la guerra no convencional y asimétrica que libran el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra el gobierno constitucional y legítimo de Nicolás Maduro y el pueblo de Venezuela, una agenda con la atención constante hacia las víctimas de la represión de la “dictadura” venezolana, ayuda a convencer al público de la maldad del enemigo y prepara el terreno para justificar la subversión de la MUD y una eventual intervención “humanitaria” del Pentágono.

Auschwitz, el trabajo sucio y los neomaccarthistas

El genocidio de Hitler y la Alemania nazi fue un acto consentido por el pueblo alemán; los hornos crematorios funcionaron a plena luz del día. Con distintas modalidades, el horror de Auschwitz y Treblinka se replica hoy en Afganistán, Irak, Libia, Siria, Colombia y en el México de las fosas comunes. Las víctimas mortales de las guerras coloniales del Pentágono y la OTAN en Afganistán, Pakistán e Irak ascienden a cuatro millones. En general, la “buena prensa” de Occidente ha apoyado o justificado todas esas atrocidades. Es fácil predecir qué ocurriría en caso de estallar una intervención “humanitaria” o una guerra civil auspiciada por Estados Unidos en Venezuela.

El uso de la mentira con fines políticos es de vieja data. En 1950, el informe de la Comisión Tydings sobre el senador Joseph McCarthy y el maccarthismo, señaló: “Hemos visto utilizar aquí por primera vez en nuestra historia la técnica de ‘la gran mentira’. Hemos visto cómo, mediante la insistencia y la mezcla de falsedades (simples habladurías, tergiversaciones, murmuraciones y mentiras deliberadas), es posible engañar a un gran número de gente”.

Los periodistas, editores y directores de la gran prensa estadunidense, que con frecuencia sabían que McCarthy estaba mintiendo, escribían y divulgaron lo que él decía y dejaban que el lector, que no tenía ningún medio de averiguarlo, intentara deducir la verdad. Un día, el senador republicano John Bricker, le dijo a McCarthy: “Joe, usted es realmente un hijo de puta. Pero a veces es conveniente tener hijos de puta a nuestro alrededor para que se encarguen de los trabajos sucios”.

El propósito del maccarthismo fue revertir el pacto social keynesiano (el Estado benefactor) que redistribuía parte de las ganancias del capital hacia abajo. Ronald Reagan profundizó el proyecto conocido hoy como neoliberalismo, con epicentro en la liquidación de los bienes y la esfera pública y la mercantilización y privatización radical de todo. El macartismo hizo escuela y lo practican ahora muchos periodistas en el caso Venezuela (¡estúpidos, es el petróleo!), pero las madres no tienen la culpa…

5.8.17

Educación socioemocional: la nueva ruta para la explotación laboral

Lev Moujahid Velázquez Barriga

El siglo XXI fue el escenario de una nueva oleada de reformas curriculares neoliberales que secundaron a las de los años 90, cuyo eje articulador continuó siendo el modelo estandarizado basado en competencias; no obstante, éstas hicieron un primer intento de quitarse el estigma empresarial. Fue así que las competencias holísticas y para atender la complejidad entraron en escena con un discurso renovador, para sustentar la invasión mercantilista de la pedagogía; sin embargo, uno a uno de los planteamientos (propiciar el diálogo entre materias, aprendizajes que permitirían seguir obteniendo otros aprendizajes, aprender por proyectos y la movilización amplia de saberes, emociones, valores, aptitudes y no sólo capacidades para el trabajo) fueron sepultados con la perversa reducción del currículo a los contenidos de las pruebas estandarizadas.

Un segundo intento viene con el nuevo modelo educativo del actual sexenio, cuyos planes y programas de estudio tienen ligeros cambios, pero sin modificar la orientación empresarial. De la misma forma engañosa que el proceso anterior, aparenta tener una concepción integradora del alumno, que consiste en incorporar el desarrollo de su dimensión socioemocional; en realidad, mantiene la misma matriz economicista que se propone formar capital humano o, en otras palabras, que la escuela pública siga siendo el espacio gratuito de la iniciativa privada para la capacitación de fuerza física, intelectual y emocional para el trabajo.

El nuevo modelo educativo es el producto de un set renovado de competencias laborales que demandan los procesos reorganizativos de las empresas del capitalismo del siglo XXI, las nuevas formas de consumo personal y online, pero también de control y dominación que han adquirido otras dimensiones relacionadas con los avances científicos y tecnológicos. Por ejemplo, las neurociencias han abierto un nuevo campo de colonización que hasta hoy había sido impenetrable para el sistema de dominación: el cerebro humano, pues han descubierto que es posible la manipulación de sus funciones para hacer más eficientes las dinámicas de producción y consumo de mercancías.

Hace varios años, antes incluso que en el ámbito educativo, el mundo empresarial experimenta la estrecha relación que existe entre el desarrollo emocional de sus empleados y el crecimiento de las ganancias, entre la invención de identidades familiares de los trabajadores con la empresa y el cumplimiento de altas metas de productividad que arrastran hasta niveles inusitados de superexplotación. Un manejo adecuado del estrés en circunstancias de excesiva flexibilidad laboral ha sido esencial para contener disfuncionalidades en estos procesos de precarización del trabajo y esclavización emocional.

Lo que hay detrás de la reforma y su propuesta educativa es el modelo coaching, desarrollado para la esfera de la empresa, pero trasladado al ámbito escolar; en él juega un papel muy importante la ilusión de ser un emprendedor, que tiene como base la programación neurolingüística con el sí se puede. El reforzamiento de la autoestima cotidiana y la actitud de liderazgo autorregulan la condición opresiva en el trabajador explotado, le crean la falsa expectativa de ser ejecutivo o de llegar a serlo; las capacitaciones mediadas por la emocionalidad le impiden reconocer con claridad la sutileza de estos mecanismos de sometimiento, en los que las relaciones de seguridad social y laboral son obviadas tras estas interconexiones emocionales que le hacen sentirse un socio libre y no trabajador explotado.

La inteligencia emocional, como la denomina Daniel Goleman en su best seller del mismo nombre, ha sido también adoptada con éxito por la mercadotecnia. Los estudios de las neurociencias aplicadas a los patrones de consumo estiman que 70 por ciento de las razones que motivan una compra están asociadas a cuestiones emocionales y en menor porcentaje porque la gente realmente necesita lo que adquiere, de suerte que la contaminación propagandística empieza a utilizar de manera excesiva la posibilidad de recrear la vivencia socioemocional mediante consumo. El eslogan Destapa la felicidad ejemplifica muy bien cómo una marca de bebidas azucaradas utiliza recursos emotivos para incitar a consumir sin culpa ni raciocinio sobre las implicaciones para la salud que tienen sus productos.

En nuestra sociedad, los patrones de consumo en lugares masivos se han ido individualizando paulatinamente; entonces, cada sujeto es visto como portador personal de mercancías que siguen siendo de producción masiva, pero ofertadas de forma directa, por catálogo, desde sus redes sociales y en sus dispositivos personales, por teléfono o sin salir de casa. Por eso el nuevo modelo educativo se propone formar vendedores de mercadurías capaces de conectarse emocionalmente con los deseos, intimidades, empatías, vacíos, estímulos, miedos y necesidades comunicativas y existenciales de los consumidores.

Siguen viendo a los alumnos como potenciales portadores de habilidades para producir, vender y consumir. Educar para el desarrollo socioemocional resulta significativo para su propuesta en la medida en que es parte de las nuevas competencias que las empresas ya han incorporado a sus lógicas de producción y consumo, de superexplotación y precarización laboral, de biopoder y colonización sobre la mente humana. El humanismo que profesan es sólo una máscara y detrás de ella se esconde el rostro demacrado del mercado, la ganancia para los de arriba como fin superior de la educación neoliberal.

1.8.17

México y Venezuela: la diferencia entre dictadura y contrarrevolucion


Arsinoé Orihuela

Para Rubén Espinosa y Nadia Vera (In Memoriam)


México y Venezuela atraviesan un período de intensa crisis política. Eso nadie lo puede objetar. Lo que sí es objeto de discusión es la génesis o causa de esa crisis. Y es allí donde el analista y el público deben concentrar la atención.

Con frecuencia se dice que el problema en México es de carácter extrainstitucional; es decir, que la causa de la crisis es el narcotráfico (entendido como un agente extraño a las instituciones). Esta consigna admite matices, y generalmente acaba reconociendo que se trata de un problema que entraña “complejidad”, no sin deslizar los argumentos hacia una neutralidad inocua. En el caso de Venezuela, y sólo con escasas excepciones, las opiniones (sólo eso, “opiniones” desprovistas del imperativo de la evidencia empírica) profesan a ultranza la univocidad: todas coinciden en resaltar la responsabilidad primordial de un “gobierno autoritario” que lacera al país, dirigido por el “dictador” Nicolás Maduro. Esta consigna no admite concesiones, e irreductiblemente acaba por alentar la primitiva idea de que el problema es de una sola variable, cuya única solución es el derrocamiento por la fuerza (para la “oposición” venezolana eso significa “democracia”).

Y como el léxico es absolutamente determinante en el campo de la lucha política, cabe hacer acá algunas apreciaciones, sostenidas en hechos susceptibles de comprobación.

México es una dictadura a su modo. Una “nueva dictadura”, advierte el poeta Javier Sicilia, líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Y no es la única ocasión que alguien lo dice públicamente. Los resultados de la guerra contra el narcotráfico permiten hacer esta conjetura; y más de una organización civil comulga con el testimonio de Sicilia. En enero de 2016, Estela de Carlotto, presidenta de la organización argentina Abuelas de Plaza de Mayo, declaró, durante la presentación de un reporte de Amnistía Internacional, que “el narcotráfico es la dictadura de México”. Y agregó: “México nos duele, es el dolor de América Latina que aún tiene abierta la herida de los años más sangrientos de nuestra historia reciente”.

La hipótesis de que el narcotráfico es la dictadura en México se sostiene en indicadores que reproducen el comportamiento de las dictaduras militares en Sudamérica. Por ejemplo: las desapariciones forzadas, la tortura atribuida a efectivos militares, el encarcelamiento de opositores políticos, la eliminación física de estudiantes-defensores de derechos humanos-periodistas, y la multiplicación de ejecuciones sumarias extrajudiciales. En suma, un conjunto de acciones que por definición perfilan y constituyen una dictadura. (Glosa marginal: en mayo del año en curso, el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, presentó un informe que reporta que México es el segundo país más violento del mundo, sólo detrás de Siria).

De acuerdo con Amnistía Internacional, más de 30 mil personas han sido desaparecidas desde 2006 en México. Organizaciones civiles estiman que se trata por lo menos del doble (60 mil desapariciones). En relación con esta modalidad de crimen, se calcula que cerca de 78 por ciento involucra a agentes estatales, lo que configura desaparición forzada, y, por consiguiente, crímenes de lesa humanidad. Amnistía Internacional destaca que “sólo se han dictado siete condenas a escala federal por desaparición forzada, todas ellas entre 2005 y 2010” ( La Jornada 25-II-2015). Prácticamente un 100 por ciento de impunidad.

Sobre Venezuela, la prensa hegemónica nunca acude a ese indicador, acaso porque allí la estadística es incluso menor a la de algunos países desarrollados. Cabe destacar que antes de la llegada de Hugo Chávez al poder, en ese país se registraron más de 10 mil personas desaparecidas. Y desde el inicio de la Revolución Bolivariana hasta 2013, la organización Provea tan sólo recopiló 114 casos de desaparición ( El Universal 30-IV-2015), en las que, por cierto, no está probada la participación de agentes estatales en la comisión de esos delitos. Por añadidura, cabe recordar que, tras la promulgación de la Constitución Bolivariana en 1999, por iniciativa del comandante Hugo Chávez, “Venezuela se convirtió en el primer país de América Latina en calificar la desaparición forzada como un delito de lesa humanidad” ( Correo del Orinoco 21-I-2017).

También en materia de tortura, la incidencia en México es alarmante. En octubre de 2015, Amnistía Internacional condenó la virulencia de ese delito en el país: “La epidemia de tortura en México ha alcanzado niveles catastróficos” (La Jornada 23-X-2015). Y advirtió que lo más preocupante es la rutinaria participación de la fuerza pública en la violación de un derecho humano básico (i.e. anulación de toda protección jurídica del detenido). Según datos de la Procuraduría General de la República, el número de denuncias por tortura a nivel federal aumentó más del doble entre 2012 y 2014, ya que registró un aumentó de mil 165 a 2 mil 403.

Sobre los presuntos casos de tortura contra “opositores” en Venezuela, Luis Hernández Navarro recoge un episodio ilustrativo: “Durante meses, Lilian Tintori aseguró que su esposo, Leopoldo López, estaba siendo torturado en prisión. Incluso se dijo que había fallecido. Multitud de medios dieron por buena esta versión sin corroborarla. Sin embargo, cuando el pasado 8 de julio López pasó a prisión domiciliaria, parecía más un instructor de fisicoculturismo que un reo martirizado” ( La Jornada 25-VII-2017). Por cierto, el pasado abril, la Corte Penal Internacional (CPI) desechó la denuncia por supuestas torturas sufridas por los hermanos Alejandro y José Sánchez, afiliados al partido derechista Primero Justicia, y detenidos el jueves 13 de abril ( Telesur 19-IV-2017).

De acuerdo con cálculos del senador Alejandro Encinas, en México suman alrededor de 800 presos políticos. Elena Arzaola, investigadora de l Centro de Investigación y Estudios en Antropología Social (CIESAS) estima que “cuatro de cada 10 presos en México están en la cárcel sin sentencia” ( La Opinión 22-III-2016).

Hasta antes de la escalada de violencia opositora en Venezuela en abril de este año, la propia Organización de Estados Americanos (OEA) reconoció que en ese país había 117 presos políticos, no pocos de ellos acusados por delitos graves que tienen poca o nula relación con un quehacer político legítimo. Entre ellos, el tristemente célebre Leopoldo López, actualmente libre, pero inhabilitado políticamente por hechos de corrupción, vinculado a instituciones financiadas por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), y responsable confeso de acciones desestabilizadoras. El repunte del terror inoculado por la derecha en las calles de Venezuela elevó la cifra de detenidos a 359 ( El Nacional 17-VI-2017). Pero difícilmente alguien puede argüir que se trate de “presos políticos”.

A propósito de persecuciones políticas, en México la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas sigue impune. La singularidad de este delito de lesa humanidad es que involucró a la totalidad de las instituciones de Estado: fuerza pública, corporaciones policiales, instituciones de justicia, partidos políticos, y los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal). Toda una extraordinaria acción concertada para la comisión material del crimen, y la ulterior operación de ocultamiento, con el único propósito de proteger los negocios del narcotráfico. Ayotzinapa encierra una verdad políticamente inconfesable: que México es una narco dictadura.

También en Venezuela persiguen y matan bestialmente a civiles. Pero no es exactamente el gobierno el autor de esos crímenes. Otra vez Hernández Navarro relata un incidente representativo de la violencia en ese país: “Carlos Eduardo Ramírez salió a buscar empleo el jueves 18 de mayo. Alrededor de las 3 de la tarde caminaba por una de las calles cercanas a la estación del Metro de Altamira, en Caracas, cuando un grupo de unos 20 opositores al gobierno encapuchados lo abordó. De inmediato comenzaron a golpearlo con palos y piedras. Uno llevaba una pistola. ‘¡Mátalo, mátalo, mátalo! ¡Se tiene que morir ese chavista!’, le gritaron… Desde entonces, los enemigos de la revolución bolivariana no han parado de quemar a seres humanos por el delito de ser chavistas. Los fanáticos han prendido fuego a 19 personas, en su inmensa mayoría negros, pobres o funcionarios gubernamentales” ( Ibidem ).

México es uno de los peores países en el mundo para ejercer el periodismo. Hasta la fecha, hay registro de 123 periodistas asesinados desde el año 2000, y otros 25 están desaparecidos. “En la lista de los lugares más mortíferos para ser reportero, México está ubicado entre Afganistán, un país devastado por la guerra, y Somalia, categorizado como Estado fallido. El año pasado [2016] fueron asesinados once periodistas mexicanos, la mayor cifra durante este siglo” ( The New York Times 29-IV-2017). En México, “prevalece un 99.75 por ciento de impunidad en casos de violencia contra comunicadores” ( Telesur 3-V-2017).

De acuerdo con el balance cuatrimestral (enero-abril 2017) de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas de la Federación Latinoamericana de Periodistas, catorce periodistas fueron asesinados en cinco países de Latinoamérica: siete asesinatos ocurrieron en México, dos en, Perú, dos en República Dominicana, uno en Guatemala, uno en Honduras y uno más en Venezuela ( Resumen Latinoamericano I-IV-2017).

En el folio de Venezuela del sitio oficial de Reporteros Sin Frontera, las estadísticas de los últimos años sobre el periodismo en ese país registran: “cero periodistas muertos”; “cero periodistas ciudadanos asesinados”; “cero colaboradores muertos” (https://rsf.org/es/venezuela).

Cuando se le preguntó acerca de la crisis venezolana en la Conferencia de Seguridad de Aspen el pasado 20 de julio, el director de la CIA, Mike Pompeo, contestó: "Cada vez que tienes un país tan grande, y con la capacidad económica de un país como Venezuela, Estados Unidos tiene profundos intereses… Basta señalar que estamos muy optimistas de que puede haber una transición en Venezuela… Acabo de estar en Ciudad de México en Bogotá, la semana antepasada, hablando sobre este tema precisamente, intentando ayudarles a entender las cosas que podrían hacer para lograr un mejor resultado para su rincón del mundo y nuestro rincón del mundo (¡sic!)" ( El Nuevo Herald 26-VII-2017).

¿Está clara la diferencia entre una dictadura y una contrarrevolución?

25.7.17

Inglés, el corazón del cambio educativo en las normales

Lev M. Velázquez Barriga

Tras el show mediático montado por el candidato Aurelio Nuño para presentar públicamente la Estrategia de Fortalecimiento y Transformación de las Escuelas Normales, el presidente del INEE, Eduardo Backhoff, en una clara muestra de descoordinación entre el instituto que preside y la SEP, dijo desconocer en qué consiste la propuesta completa y si ésta recupera las recomendaciones que habían realizado desde 2015. La misma desinformación ha prevalecido desde que se impuso esta reforma constitucional en el ámbito de las escuelas formadoras de docentes, pero que hoy son sujeto pasivo de cambios anunciados de manera vertical.

Lo que sí pudo identificar Backhoff entre los planteamientos todavía parciales e inconclusos de la propuesta oficial, es que el inglés no había sido parte de sus directrices; quizá, el INEE debería consultar no a la SEP, sino a las fuentes directas, a los autores intelectuales de lo que se dio a conocer como el corazón del cambio educativo y echar una mirada al estudio Sorri(y). El aprendizaje del inglés en México, de los empresarios Mexicanos Primero.

De entre las opacidades de la Estrategia de Fortalecimiento, las tesis repetidas y las ínfimas distracciones monetarias para llevarla a cabo, es inevitable percibir que se coloca a la enseñanza del idioma inglés como el verdadero núcleo transformador de las escuelas normales y de la educación básica por consecuencia, según se desprende de su propia lógica. Nada más descorazonador que la pobreza educativa y cultural de ese discurso pedagógico, en un país caracterizado tanto por su riqueza plurilinguística como por su multiculturalismo.

En Sorri(y), aprender en inglés y no sólo aprender inglés aparece como un derecho humano que abre la puerta de acceso al conocimiento universal. La premisa sería convincente si la analizamos de forma ahistórica, pero no podemos olvidar que ya vivimos un primer proceso epistemicida que impostó el monolingüismo como instrumento para la sumisión de los saberes y conocimientos de los pueblos no occidentales, cada nación invasora europea colonizó con su propia lengua civilizaciones ancestrales, nombró desde su mirada eurocéntrica lo que se propuso como el único modo de pensar y de ser en el mundo.

En nuestro tiempo, ya no son naciones las que buscan nombrar el mundo, sino las corporaciones económicas que trascienden las fronteras nacionales y que necesitan globalizar el lenguaje de la cultura mundo basada en el consumo. Estas corporaciones no ven ciudadanos ni seres humanos con derechos, sino capital cognitivo, el inglés como valor agregado a la fuerza de trabajo; tal como lo dicen en Sorri(y): Las empresas mexicanas no crecen lo suficiente y se diversifican, entre otras cosas, por su incapacidad de participar en el contexto global como opción competitiva de mercado abierto, sino como nicho de materias baratas o de manufactura con mano de obra de bajo costo, precisamente por no tener dirigentes con dominio fluido del inglés.

La necesidad imperiosa del capitalismo para mundializar el inglés no es porque se le conciba como una puerta de acceso a la interculturalidad, sino como la única posible y entonces lo convierte en el vehículo por excelencia para la recolonización de la humanidad. La premisa de Mexicanos Primero, en tanto que con esta medida se rompe con el monolingüismo, ya sea del español o de cualquiera de los muchos idiomas que se hablan en el país es equívoca; por el contrario, lo fomenta, sólo que ahora coloca al inglés como la lengua dominante a escala planetaria.

Aprender en inglés trasciende los límites de la convivencia entre idiomas, implicar pensar y codificar los aprendizajes en inglés, no mientras te lo apropias o lo practicas, eso sería lo más lógico, sino algunas jornadas enteras, como dos o tres, o algunas asignaturas del plan de estudios, como ciencia o matemáticas. Pasar del incremento de horas de una lengua extranjera a suplantar las cosmovisiones es una amenaza de epistemicidio que no se le puede tomar por inocente; los idiomas no son sólo expresiones orales y escritas en estricto sentido, son sistemas de pensamiento, que también expresan formas de vida, cuando éstos mueren se llevan a la tumba saberes, conocimientos y maneras de construirlos que sólo podían manifestarse y vivirse dentro de sus dinámicas lingüísticas.

En este sentido, la estrategia debilita la fuerza de las normales y sus posibilidades transformadoras de la sociedad a través de la educación, porque está dejando fuera del currículo las cosmovisiones que han hecho posible la irrupción del proceso involutivo de la modernización capitalista, reproduce los mismos patrones de colonialidad de aquellos saberes que fueron castellanizados, pero que hoy emergen desde sus raíces ancestrales para abrir nuevas rutas de vida viables y urgentes frente a la crisis civilizatoria.

La intención reformista de las normales que se propone reclutar un ejército de maestros de inglés, no contempla la misma cruzada para cumplir con la Educación Indígena e Intercultural que enuncia como uno de sus cinco ejes; podemos deducir con toda certeza que la correlación entre la formación normalista y la inclusividad que se presume para la educación obligatoria, es una falsedad. La de Nuño y los empresarios no es una estrategia de fortalecimiento nueva, sino la misma que se propone exterminar al normalismo y su proyecto cultural que se mantiene vivo, aún en medio de todas estas tácticas de ataque a fuego abierto, represión física y de recolonización cultural.

5.7.17

La reforma patas arriba y la escuela al revés

Lev M. Velázquez Barriga

En el libro de Eduardo Galeano Patas arriba: la escuela del mundo al revés se describe un modelo de sociedad y de escuela que rompe con la lógica del sentido común, lleno de antivalores y prácticas opuestas al humanismo, la democracia y la justicia social. Mostrar de manera inversa una realidad cosificada, inhumana, carente de ética, deshonesta, en la que lo más importante no son los seres humanos, sino la ganancia, es tan sólo un recurso didáctico que nos ilustra lo cruda que es la educación en y para el mundo del capitalismo.

Cuando se consulta la versión acabada del Modelo educativo para la educación obligatoria, cuyos planes y programas fueron presentados por Aurelio Nuño hace unos días y publicados en el Diario Oficial de la Federación el pasado 28 de junio, nos recuerda la paradoja que evoca Galeano y pareciera que la Secretaría de Educación Pública (SEP) está planteando la reforma educativa al revés.

El esquema contiene una serie de contradicciones que pueden ser leídas de forma opuesta a lo que discursa; de esa manera es posible develar su verdadera esencia.

En el modelo educativo al revés, el gobierno mexicano se propone educar para la libertad, pero impulsa una estrategia de censura propia de las dictaduras políticas, en la que se asesina a los periodistas que luchan por ella; balea y reprime a los estudiantes que la ejercen; encarcela, desaparece y persigue a quienes la buscan; espía a la ciudadanía y a sus opositores; además, amenaza a quienes denuncian las violaciones a la privacidad.

El modelo educativo al revés dice que los alumnos tendrán una formación integral, es decir, el desarrollo pleno de todas sus facultades, por eso propone enseñar menos para aprender más, reduciendo los aprendizajes a las competencias laborales para la sociedad del siglo XXI. Su pedagogía de la rentabilidad concibe al estudiante como capital humano, es decir, en su única dimensión económica y no en la complejidad ecobiosicosocial que lo define. Aun el desarrollo socioemocional está ligado a la transferencia de inteligencias, valores y habilidades de la escuela a los nuevos patrones organizativos empresariales del estilo Oxxo, que para seguir garantizando el éxito demandan empleados con mayor flexibilidad, capacidad para la autorregulación de las relaciones personales en el trabajo y manejo del estrés grupal.

Para ser inclusiva, la escuela al revés tiene que ser excluyente: sólo así niega a los alumnos con discapacidades el derecho a recibir educación y atención especial, confunde terriblemente integración con inclusión. La escuela de la diversidad está patas arriba, reconoce las diferencias, pero fomenta la evaluación estandarizada, de modo que para atender las muchas formas de aprender y de enseñar tiene una sola pedagogía universal que elimina a todas las demás, el enfoque por competencias.

Está tan de cabeza que por poner la escuela al centro deja a los alumnos fuera. El cierre masivo de escuelas multigrado o reconcentración escolar, que ya está en marcha, dejaría sin educación a millones de alumnos de comunidades rurales e indígenas, y a otros tantos los desplazaría de sus lugares de origen. Para crear oportunidades para los más vulnerables oferta becas en vez de escuelas y cierra las que están más cercanas, para que puedan ir a las más lejanas.

Fortalece la educación pública privatizándola; para garantizar que la educación sea gratuita, pide aportaciones económicas a los padres. El presidente de la República dio un gran discurso ejemplificando los beneficios de la autonomía de gestión: cuando falte algún vidrio o haya que arreglar alguna puerta, ya no tendrán que hacer engorrosos trámites burocráticos para que la SEP se haga cargo: ahora tendrán toda la facultad para hacer las cosas por sí mismos y pagar de su bolsillo lo que se necesite. La más innovadora de las propuestas trae dinero del futuro para invertir en el presente, dejando muy claro que eso no es deuda pública, pero hay que pagar intereses a 25 años.

En la reforma educativa al revés los profesores no son profesores, pues no hace falta estudiar esa profesión. Para fortalecer la formación inicial de los maestros se exterminan las normales y se contrata a quienes no tienen formación inicial docente. La escuela al revés profesionaliza al maestro desprofesionalizándolo, premia el individualismo y castiga su antigüedad con la evaluación para el despido, desconoce su experiencia y no le importa su preparación académica. Quizá lo que más puede presumirse en este tema es que busca la calidad de la enseñanza con la precariedad en el trabajo.

En el gobierno también se actúa al revés: el modelo educativo se anuncia al principio y se hace al final; el secretario de Educación cobra como funcionario, pero actúa como candidato; uno de los grandes estatistas de la reforma educativa no supo escribir su propia tesis y el otro no sabe hablar. Los planes y programas de estudio no serán para llevarse a cabo en este sexenio, sino en el otro; no obstante, dejan márgenes estrechos para enderezar la reforma patas arriba durante los próximos 12 años, de suerte que la solución no vendrá desde arriba ni con el cambio de gobierno; sólo será posible si los maestros son capaces de consolidar en cada escuela las contrapropuestas pedagógicas que ya se practican y construyen en varios estados.

1.7.17

¿Quién mató a Meztli Sarabia?

Aurelio Fernández

En Puebla existe un clima propicio para que se cometa cualquier tipo de crimen. El asesinato ayer de Meztli Sarabia Reyna, y el gravísimo daño que sufrió su compañero de organización, Pablo Alfredo Barrientos, quien tiene alojada una bala en el cráneo y se debate entre la vida y la muerte, así lo comprueba. Rafael Moreno Valle es el primer responsable de esta situación: persiguió encarnizadamente a la familia Sarabia, metiendo a la cárcel a Rubén, Simitrio, padre de la víctima fatal y dirigente histórico de la principal organización opositora al gobierno del estado, la Unión Popular de Vendedores Ambulantes 28 de octubre, y le siguieron a la prisión la mitad de sus hijos y otros compañeros; prohijó el crecimiento exponencial del robo de combustible y con él la instalación de las mafias prácticamente a las puertas de la capital poblana –-recordemos que su jefe de policía fue detenido por el Ejército cuando daba protección a los huachicoleros, por lo que su secretario de Seguridad Pública, Facundo Rosas, debió abandonar el puesto–; redujo en más de 95 por ciento las agencias del Ministerio Público, dejando únicamente las que tenían menor incidencia delictiva y desanimando a miles de personas a acudir a grandes distancias a presentar las denuncias, todo para maquillar en las cifras el número real de delitos; capacitó y controló a las policías para la represión de los movimientos sociales pero no para combatir los delitos que más afectan a la gente.

Logró, con estas medidas, que Puebla subiera aceleradamente en el ranking de estados donde se roba combustible, hasta alcanzar el primer lugar. Hoy, la tendencia a los feminicidios también tiene un comportamiento inercial, y a medio año ya hay 57 mujeres asesinadas por odio de género. La seguridad de la población es una de las principales preocupaciones de los poblanos, los robos de toda índole ocurren con tal frecuencia que son el principal tema de conversación en todas partes de la entidad. La eficiencia de las instancias de procuración de justicia es deliberadamente mala y sesgada. Mientras se mantienen desde el sexenio pasado 366 presos, procesados y perseguidos políticos sin aplicar la justicia, se libera por falta de pruebas a un reo que, se aseguró, mató, torturó, descuartizó y disolvió en ácido a seis personas; se asegura que este hombre prestó sus camionetas blindadas y dio dinero y otros servicios para la campaña de Rafael Moreno Valle, ahí se explicaría el por qué de su total exoneración.

En este ambiente de enrarecimiento social e impunidad, ayer se presentaron cuatro individuos en el mercado Hidalgo preguntando por Meztli y le descargaron un tiro en el abdomen, otro en la nuca, y dispararon contra Pablo Alfredo, quien se encontraban con ella. Sicarios profesionales, sin duda. Dejaron un papel diciendo que el que seguía era Simitrio; más que una amenaza. ¿Quiénes fueron; quién fue? Dudo que las autoridades encuentren a los culpables, pero ellas son las responsables de hacerlo. Lo cierto es que esta irrespirable atmósfera de miedo tiene en hechos como éste su explicación. Aunque yo señalo sin ambages a Moreno Valle como el responsable de esta situación, Antonio Gali es quien debe dar la cara por ella, y su secretario de Gobierno, Diódoro Carrasco, heredado por el anterior gobernador, no puede hacerse a un lado.

Meztli tenía 42 años, tres hijos, uno de 15, uno de 11 y otro pequeño. La semana pasada la vi en casa de los Sarabia, donde Rubén purga una injustificable condena en la modalidad de prisión domiciliaria. Los fuimos a visitar en ese departamento de interés social en el que también vivía ella, la saludé al salir con su hijo pequeño rumbo al mercado. Pablo Alfredo se fue a un hospital privado, porque, a decir de la organización, le negaron la atención en el hospital de traumatología General Rafael Moreno Valle –inaugurado por el anterior gobernador y hoy aspirante a la Presidencia de la República con grandes fastos y en compañía de Peña Nieto–, aunque versiones extraoficiales del gobierno actual niegan esta versión. La Fiscalía del estado pone entre sus líneas de investigación el narcomenudeo, una acusación hecha sin pruebas desde hace años; los otros sicarios, lo de la tecla, dan por hecho esta versión, y los bots salieron casi al mismo tiempo que apareció la noticia en el portal lajornadadeoriente.com a dar esta versión por cierta acusando a Meztli de ser la culpable de su propia muerte; por cierto, investigar a estos bots sí es una línea seria para la Fiscalía, pero no hablan de ella.

Es demasiado. No debemos tolerar el nivel al que han llegado las cosas.