24.4.14

La intervención norteamericana en Veracruz

Gerardo Peláez Ramos

En memoria de José Azueta, caído bajo el fuego del enemigo estadunidense

A lo largo del siglo XX, el imperialismo norteamericano preparó, organizó y ejecutó intervenciones militares en Cuba, República Dominicana, Haití, Nicaragua, México, Panamá, Granada y otros países latinoamericanos y caribeños, además de derrocar gobiernos patrióticos y democráticos, establecer dictaduras oligárquicas, saquear los recursos naturales y sobreexplotar la mano de obra de los países al sur del río Bravo; todo esto teniendo como guía las “ideas” de la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, a la vez que utilizaba los argumentos insostenibles de llevar la democracia, la paz, el progreso y el orden a los países que colonizaba con sus monopolios, diplomáticos y tropas. En otros casos se valía de ejércitos locales cipayos y fuerzas armadas irregulares integradas por individuos a su servicio y mandadas por generales vendepatrias.

En México, el imperialismo norteamericano intervino por medio de los rangers en la histórica huelga minera de Cananea, Sonora, en junio de 1906, e impuso el arrendamiento de la Bahía Magdalena en la península de Baja California al gobierno semicolonial de Porfirio Díaz, para el abastecimiento de barcos carboníferos de la potencia del norte. Durante la Revolución mexicana, el gobierno de William Howard Taft militarizó la frontera sur de Estados Unidos, concretó el bloqueo de los puertos mexicanos del océano Pacífico y el golfo de México, amenazó con la intervención militar y tuvo como embajador a Henry Lane Wilson, defensor público de los inversionistas yanquis, militante de la política interna del país y partícipe descarado en el golpe de estado contra Francisco I. Madero en febrero de 1913, por lo que EU formó parte integrante del bloque contrarrevolucionario que derrocó al gobierno democrático de Madero.

La irrupción y participación destacada del ala campesina, plebeya y jacobina de Emiliano Zapata, Pancho Villa y la fracción nacional-revolucionaria del constitucionalismo, le imprimieron a los movimientos político-militares de Madero y Venustiano Carranza el sello del movimiento campesino, las fuerzas de la pequeña burguesía y grupos de la clase obrera, con lo que el proceso revolucionario adquirió un carácter social y patriótico, quedando definida la Revolución mexicana de 1910-1917 como una revolución democrático-burguesa. En consecuencia, la reforma agraria, la democracia y la redefinición de las relaciones con el imperialismo internacional, principalmente norteamericano, quedaron como objetivos y tareas definitorios de la Revolución.

En marzo de 1913, días después del asesinato de Francisco I. Madero, en Estados Unidos asumió la presidencia Thomas Woodrow Wilson, un intelectual defensor del Ku Klux Klan (véase a propósito la película muda El nacimiento de una nación), intervencionista en América Latina y el Caribe y fanático del sistema “democrático” de los genocidas del norte revuelto y brutal. Este profesor universitario fue autor de varios libros, algunos de ellos traducidos al español, quien pese a presumir de ser adicto a la democracia y la legalidad era un individuo promotor del capitalismo monopolista norteamericano; ocupó la rectoría de la Universidad de Princeton, la gubernatura de Nueva Jersey y la Presidencia de Estados Unidos.

Como presidente del Imperio, Wilson llevó adelante la ocupación militar de Haití, ratificó la intervención estadunidense en República Dominicana, firmó tratados desiguales con Nicaragua y El Salvador y se adjudicó el derecho de revisar las elecciones en Cuba.

Este politicastro “demócrata” era un típico expositor del intervencionismo noramericano, agente de los monopolios, hipócrita, intransigente, enemigo jurado de los pueblos latinoamericanos y conocido impulsor de implantar protectorados y semicolonias en América Latina y el Caribe. Para prestigiar al Comité Nobel del Parlamento Noruego, en 1919 le fue otorgado a Woodrod Wilson el Premio Nobel de la Paz, quizá por la cantidad de mexicanos y otros latinoamericanos que asesinó en sus bárbaras guerras de agresión. Pero no es raro que este famoso premio sea entregado a verdaderos criminales de guerra y genocidas y a organizaciones amigas de la guerra, como Theodore Roosevelt, en 1906; Henry Kissinger, en 1973; Menachem Begin, en 1978; Isaac Rabin, en 1994; Barack Obama, en 2009, y la Unión Europea, en 2012.

Meses antes de la invasión yanqui

Pancho Villa mató de manera irregular, el 16 de febrero de 1914, al súbdito inglés William S. Benton, latifundista prepotente y violento, que, acostumbrado a tratar con desprecio a sus peones, quiso, sin medir las consecuencias, gritar, amenazar y asesinar al Centauro del Norte en Ciudad Juárez, Chihuahua, lo cual constituyó un grave error, que tuvo que pagar con su vida. De inmediato, los periódicos de Estados Unidos y Gran Bretaña desataron una gran alharaca sobre el asesinato del explotador y atrabiliario nacional británico.

Venustiano Carranza avaló el proceder del general Villa, sosteniendo, sin pruebas concluyentes, que “no se hizo justicia por su propia mano, sino que, procediendo en justicia, lo entregó al tribunal militar competente y el consejo de guerra que juzgó a Benton lo sentenció a muerte, conforme a la ley.

“No se trata, por consiguiente, de un acto de venganza del general Villa ni de ninguno de sus subordinados…”

El Varón de Cuatro Ciénegas, avezado político norteño y conocedor profundo del bandidismo político de los estadistas gringos, aprovechó la coyuntura para definir uno de los aspectos centrales de su política exterior: que las representaciones o reclamaciones relativas a los extranjeros radicados en México dentro de las zonas dominadas por las fuerzas carrancistas , deberían ser hechas por los representantes autorizados por sus naciones respectivas, dirigiéndolas al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, por conducto de la Secretaría de Relaciones, adscrita a esa Primera Jefatura.

En vista de ello, estaba en la mejor disposición para recibir las representaciones que le hicieran con motivo del caso William S. Benton, siempre que fueran hechas ante él por un representante de Gran Bretaña.

Y concluía en el mensaje enviado, el 28 de febrero de 1913, a William J. Bryan, secretario de Estado de EU, que en todas las gestiones relacionadas con los nacionales gabachos debería dirigirse a esa Primera Jefatura del Ejército Constitucionalista, quien trataría con las autoridades subalternas los asuntos que motivaren las representaciones, para resolver y ordenar lo que fuere procedente.

El gobierno de EU deseaba intervenir en México para imponer un protectorado, aprovechando la inestabilidad producida por la guerra civil. El 9 de abril de 1914 se produjo un acontecimiento secundario que los imperialistas norteamericanos magnificaron para tener un pretexto para invadir nuestro país: ocho elementos, entre ellos el alférez Charles Copp, de un esquife del barco USS Dolphin, surto en Tampico, desembarcaron en una zona en conflicto de armas y bajo control militar, para abastecerse de gasolina, sin permiso, sin previo aviso y uniformados, en el puente Iturbide, siendo detenidos por soldados a las órdenes del coronel Ramón H. Hinojosa, y luego liberados por decisión del general Ignacio Morelos Zaragoza, quien, tras ordenar la liberación de los detenidos y detener al coronel Hinojosa, ofreció disculpas a Henry Thomas Mayo, contralmirante al mando de la flota naval norteamericana en el puerto del estado de Tamaulipas. Lo único anormal en los hechos descritos fue la detención del coronel Hinojosa, que no cometió irregularidad alguna y actuó de acuerdo con el reglamento militar y las leyes de la guerra.

Bajo el pretexto de "proteger" a sus ciudadanos y sus propiedades, Estados Unidos en 1914 bloqueaba, en abierta violación del derecho internacional, Tampico y Veracruz, en el golfo de México, y Mazatlán, Acapulco y otros puertos del Pacífico mexicano. Queda en claro que la lucha contra la independencia de México y por los veneros del diablo demandaban acciones de piratería imperialista.

El contralmirante Mayo, valiéndose de la ocasión, consideró el incidente de Tampico como un acto hostil y envió al general Morelos Zaragoza un ultimátum exigiendo una rectificación y que un miembro de su Estado Mayor presentara una desaprobación formal y una excusa, que el culpable del acto fuera castigado, que se izara la bandera de las barras y las estrellas en un lugar prominente y que fuera saludada por 21 disparos de salva de cañón. La provocación estaba en marcha.

El presidente Thomas Woodrow Wilson, conocido criminal de guerra, expresó su apoyo al contralmirante belicista y su determinación de convertir a México en una semicolonia o un protectorado yanqui.

El pretexto estaba dado para organizar y realizar una intervención militar en México, pues como subrayaba The New York Times, "era un incidente, a menos que los Estados Unidos anden buscando un pretexto para crear dificultades".

Luis G. Zorrilla desenmascara en unas cuantas líneas el incidente de Tampico, al escribir: “…aunque habían estado cargando gasolina para un bote en un muelle cuyo uso estaba prohibido dado el estado de emergencia del puerto… lo que calificó Wilson como una de las humoradas de la situación y así era en efecto porque no se quería resolver un conflicto sino crearlo…”

Woodrow Wilson buscaba un pretexto para obligar al presidente mexicano espurio a renunciar, imponer en la Presidencia de la República a un títere e impedir la radicalización de la Revolución mexicana, que para 1914 había adquirido un claro contenido social y antimperialista, al plantear como objetivos la reforma agraria, la democracia y la reformulación de las relaciones con los países imperialistas, especialmente con Estados Unidos. Por eso, el ultimátum de Mayo le cayó de perlas. Completó el cuadro el transporte de armas del buque alemán Ypiranga, de la Hamburg America Line, para el gobierno de Victoriano Huerta. Con objeto de impedir su desembarco, provocó el incidente de Tampico.

Era tan burda la provocación que Lindley Miller Garrison, secretario de Guerra de EU, opinaba que el haber detenido brevemente a ocho miembros uniformados de la Marina y no aceptar efectuar un saludo a la bandera gringa, era “un motivo muy débil para intervenir en México”. Por su parte, el Departamento de Marina notificó al secretario de Estado que el incidente del Dolphin desde el punto de vista del derecho internacional no se justificaba y constituía una humillación innecesaria. Sin embargo, la banda de gángsters al frente del gobierno de Washington optó por la acción armada.

Nelson O’Shaughnessy, encargado de negocios de EU en México, el 10 de abril expuso al gobierno de Victoriano Huerta que una disculpa era insuficiente y que la administración wilsoniana reiteraba que la bandera yanqui fuera saludada
como lo exigía el contralmirante Mayo. La Secretaría de Relaciones Exteriores del gobierno huertista solicitó a la representación norteamericana que retirara tales exigencias.

Los gobernantes yanquis continuaban buscando motivos de conflicto. Frank Friday Fletcher informó a Josephus Daniels que, el 11 de abril, un marino gringo responsable del correo del buque Minnesota y un soldado mexicano del 18º batallón discutieron en la oficina de correos del puerto veracruzano, y como continuaba el desacuerdo, un gendarme les aconsejó que fueran a la Jefatura de Policía, lugar en el que, al tanto de los sucesos, el juez acordó que el gabacho no era culpable y ordenó la detención de nuestro connacional.

También en esa fecha se presentó el problema del control huertista sobre los telegramas cursados entre el gobierno de EU y sus representantes en México, lo que dio origen a protestas y reclamaciones.

La cancillería huertista planteó, el día 12, que el gobierno de México, con arreglo al derecho internacional, no se consideraba obligado a acceder a las peticiones de que se trataba, y que llevar hasta ese punto la cortesía equivaldría a aceptar la soberanía de un Estado extranjero, con menoscabo de la dignidad y del decoro nacionales, que Victoriano Huerta estaba dispuesto a hacer respetar.

El gobierno norteamericano solicitó establecer la neutralidad de Tampico, pero el 13 de abril la administración del presidente espurio manifestó a O’Shaughnessy, no aceptar esta solicitud de Washington.

La preparación de la agresión

En la reunión del gabinete estadunidense, Woodrow Wilson manifestó el 14 de abril que demostraría mayor firmeza en el caso del vecino del sur, e informó haber ordenado ya a la flota yanqui se dirigiera a Tampico. Narraba Fabela: “El 15 de abril W. Wilson declaró ante un comité del Congreso que tal vez sería necesario usar de la fuerza, y que se proponía ocupar los puertos de Tampico y Veracruz y algunos en la costa occidental para establecer un bloqueo pacífico en México. Al mismo tiempo que la armada zarpaba hacia el Sur, el War College Division del Departamento de Guerra incluía la ocupación de Tampico y Veracruz, y el avance sobre la Ciudad de México. Este plan, presentado al jefe del Estado Mayor, llevaba el nombre de Plan especial para la intervención armada en México”. De cara a estos acontecimientos, el día 16, José López Portillo y Rojas, secretario de Relaciones Exteriores del gobierno huertista, aconsejó al secretario de Guerra y Marina, general Aureliano Blanquet, que el Ejército Federal estuviera preparado en vista del movimiento de fuerzas de EU.

Para superar las dificultades, Victoriano Huerta reiteró su oferta de un saludo mutuo a las banderas de ambos países e indicó que si la Unión Americana no quería aceptarlo, él estaba dispuesto a llevar el asunto a la corte de La Haya, lo cual rechazó el gobierno yanqui. Los preparativos bélicos eran claros. Ya a principios de abril, el Departamento de Estado usamericano instruyó a sus representantes diplomáticos en México para advertir a sus ciudadanos que estuvieran preparados para una próxima movilización que los pusiera a salvo de los avatares de la guerra.

Los intervencionistas estadunidenses discutieron sobre el barco alemán Ypiranga, localizado en el puerto de La Habana, con un cargamento de armas para el Ejército Federal que desembarcaría en Veracruz. Los imperialistas yanquis se propusieron impedirlo. Pero, además, William W. Canada, cónsul de EU en el principal puerto mexicano, sostuvo conversaciones no oficiales con su amigo el general Gustavo A. Mass, jefe de armas de la plaza, quien le puso al tanto de que él carecía de las fuerzas necesarias para la defensa de la localidad, y que de producirse la intervención sus tropas opondrían una breve resistencia y se retirarían de la ciudad para no dar pie a una matanza. Esto fue informado a los gobernantes norteamericanos. La situación estaba madura para la intervención.

La invasión imperialista

Josephus Daniels ordenó, el 21 de abril, a Frank F. Fletcher en Veracruz apoderarse de la aduana y no permitir que los implementos de guerra fueran entregados al gobierno de Huerta o a cualquier otra persona. De esta suerte, dio inicio la intervención norteamericana en Veracruz.

 Estados Unidos bombardeó y ocupó el puerto de Veracruz sin declaración de guerra, por lo cual sus marines y marineros tenían el carácter de corsarios, de piratas al servicio, sin duda, de un gobierno de bandidos internacionales.

Es posible que entre las versiones referentes a la defensa del puerto de Veracruz, la que mayormente se apega a los hechos sea la de don Isidro Fabela, apoyada parcialmente en el libro de Justino N. Palomares, que a la letra dice: “A las once y veinte minutos de la mañana del memorable día 21 de abril, los habitantes que pululaban por los diversos muelles pudieron advertir que del cañonero Prairie descendían con gran rapidez soldados de infantería yanqui, ocupando once espaciosos botes de gasolina, los cuales fueron remolcados inmediatamente rumbo al muelle Porfirio Díaz, donde desembarcaron.

“Habían transcurrido unos cuantos minutos, cuando una porción de botes tripulados por la marinería del Florida y del Utah arribaron al propio muelle, efectuando el desembarque respectivo.

“Tras un breve preparativo, el contingente de la fuerza yanqui inició su marcha hacia la población y en derechura a la calle de Montesinos. Un pelotón de sesenta hombres del Florida se desprendió del grupo, dirigiéndose al edificio de correos y telégrafos, del que tomaron posesión sin encontrar resistencia e instalando un servicio de vigilancia en el exterior e interior del edificio.

“El resto de la fuerza invasora, fragmentada en grupos de cincuenta hombres, se colocó formando ángulo en las bocacalles siguientes: Morelos y Benito Juárez, Morelos y Emparan, Morelos y Pastora, Montesinos e Independencia, Montesinos y Cortés, Montesinos y Bravo, y Montesinos e Hidalgo.

“Al presentarse la fuerza invasora en la esquina de Morelos y Emparan fue recibida por la descarga de un pequeño grupo de voluntarios comandados por el teniente coronel Manuel Contreras, los que pecho a tierra esperaban a la fuerza enemiga en la esquina de Independencia y Emparan. Desde ese momento los invasores rompieron el fuego cubriendo con sus disparos de fusilería y ametralladoras toda la trayectoria de las calles que dominaban, y aunque de manera muy débil e intermitente, por falta de jefes y oficiales federales, el fuego continuó incesante.

“Como a las tres de la tarde fue desembarcada una pieza de artillería de montaña de medio calibre, la que fue colocada en batería, haciendo sus primeros disparos sobre la torre del antiguo faro Benito Juárez al que causaron terribles desperfectos, habiéndolo tomado como blanco por haber notado el incesante fuego que desde aquel lugar hacían algunos voluntarios.

“Cerca de las cinco de la tarde una fuerza del Utah avanzó sobre la aduana acribillando a balazos el caserío comprendido entre el Hotel México y el Hotel Oriente, desde donde algunos individuos vestidos de paisanos... denodadamente trataban de detener su avance, disparándoles con rifles y pistolas... Tras de una media hora de fuego mortífero, la fuerza yanqui no se posesionó del edificio de la aduana... sino de la esquina de Lerdo y Morelos, que desgraciadamente para los heroicos veracruzanos, les sirvió para tirotear con éxito a los voluntarios y contados federales que hacían resistencia desde las alturas y columnas de los portales Diligencias, Universal y Águila de Oro.

“Esta fuerza fue sin duda la que causó mayor número de muertos entre los combatientes pacíficos que se hallaban con los federales, cosa fácilmente explicable, dado que dirigían sus fuegos sobre el lugar de la población donde la rapidez del conflicto había aglomerado mayor número de personas.

“Tenida por los principales jefes de la fuerza invasora, la idea de hacer en las bocacalles trincheras, procedió el pelotón destacado en la esquina de Emparan y Morelos a destruir la puerta de la bodega del comerciante Barquín, de nacionalidad española, de donde tomaron en abundancia sacos de maíz, café y frijol, con los cuales formaron las trincheras que se habían propuesto construir provisionalmente. En esta misma bodega los invasores paladearon varias clases de comestibles y escanciaron de los diversos licores hasta embriagarse.

“De las seis de la tarde en adelante, el fuego se hizo menos intenso, disparándose, sin embargo, tiros de fusil y de ametralladoras sobre los sospechosos que atravesaban las calles vigiladas por los invasores.

“Los yanquis establecieron un servicio sanitario en la estación terminal y vivaquearon en sus posiciones, no dejando con vida a los transeúntes que por su presencia pasaban.

“El cañonero Prairie, que fue el primero en proporcionar fuerzas, durante la tarde efectuó disparos sobre la gente pacífica, que huyendo de la irrupción invasora se dirigía rumbo a los Médanos.

Todos los norteamericanos de la ciudad, a quienes les sorprendió (?) la invasión en el puerto, se refugiaron en el Consulado, desde donde, bien armados y municionados, hacían fuego a los mexicanos que transitaban por la acera.

“La ciudad heroica sostenía el empuje del bárbaro enemigo con un valor espartano, mientras que el general Gustavo Adolfo Mass, comandante militar del puerto, con inmenso júbilo acataba las órdenes de retirarse a lugar seguro…

“Como los yanquis fueron informados de que la Escuela Naval era de donde se les iba a hacer resistencia, hacia ella marcharon mil quinientos infantes y, después de pasar por el edificio de la aduana y atravesar el muelle de sanidad, la columna... llegó frente a la escuela recibiendo de los cadetes una terrible descarga cerrada, seguida de un nutrido fuego que la obligó a retroceder en completo desorden, tirando los invasores las armas en su vergonzosa fuga y pisoteándose unos a otros al echarlos por tierra su inconmensurable pavor.

“Diez largas y angustiosas horas combatieron los heroicos cadetes de la Escuela Naval Militar de Veracruz, en contra de los poderosos invasores norteamericanos, el 21 de abril de 1914, cambiando fuego de fusilería contra fuego de artillería de gran alcance, y sin embargo mantuvieron a raya a los infantes de marina y se vieron obligados a abandonar sus posiciones, no por el ametrallamiento constante que sufrieron de los barcos extranjeros, sino por la falta de parque.

“Doce soldados federales, distribuidos en las azoteas de las esquinas de Benito Juárez y Cortés, Benito Juárez y Cinco de Mayo, hicieron incesante fuego sobre los invasores manteniéndose en sus posiciones por más de veinte horas, sin tregua mayor que la que podían tener para cargar sus armas y medio comer algunos pedazos de pan que les proporcionaban los vecinos. De esos soldados perecieron la mitad, siendo despedazados horriblemente por las ametralladoras del invasor.

“Al morir [José] Azueta más de diez mil personas lo acompañaron al cementerio donde reposa.

“Muchos héroes más se distinguieron en la defensa de Veracruz, tales como Virgilio Uribe, Jorge Alacio Pérez, Aurelio Monffort, Benjamín Gutiérrez Rodríguez, Andrés Montes Cruz, Cristóbal Martínez Perea, Gilberto Gómez y Antonio Fuentes, a quienes los veracruzanos erigieron una estela recordatoria de su heroísmo, y a cientos más, cuyos nombres, como ya se dijo antes, enumera Justino Palomares en su obra referida.

Nunca se pudo precisar el número de las bajas de los norteamericanos, pero se calcularon, conservadoramente, en 250”.

Cabe precisar que acerca de los muertos mexicanos y gringos las cifras son muy dispares, pues determinar el número de caídos en la batalla desigual entre combatientes mexicanos e invasores norteamericanos no es sencillo; empero, la mayoría de los autores repiten la información del secretario de Marina de Estados Unidos, Josephus Daniels, quien señaló que “murieron 126 mexicanos, cayendo heridos 196. Los norteamericanos sufrieron 19 muertos y 71 heridos”. Leonardo Pasquel decía que en Nueva York fueron conducidos al cementerio 34 sarcófagos y que se creía que algunos cadáveres fueron incinerados en la Isla de Sacrificios.

De conformidad con Justino N. Palomares: “Se calcula que entre muertos y heridos de los mexicanos, no hubo menos de trescientas víctimas, mientras que los invasores, a medida que iban recogiendo sus muertos, los amontonaban en el muelle de Sanidad para conducirlos a la isla de Sacrificios, donde los incineraron, según unos; otros afirman que fueron arrojados al mar, embalsamando únicamente once cuerpos de jefes, lo que fueron enviados a los Estados Unidos, para entregarlos a sus familiares en los distintos puntos donde residían”.

Si se toman en cuenta los caídos entre el término de la batalla desarrollada los días 21 y 22 de abril y el 23 de noviembre, fecha de la salida de los corsarios del norte, puede sostenerse que los mexicanos muertos fueron alrededor de 180 y los gringos más de 60, considerando los datos aportados por Ricardo Flores Magón, Andrea Martínez, Justino N. Palomares, María Luisa Melo de Remes y otros autores. Naturalmente, los heridos fueron muchos más, si se incluyen los graves y los leves.

Con un desparpajo propio de los bandoleros del septentrión americano, H. P. Huse, jefe de Estado Mayor de Fletcher, se dirigió a Gustavo A. Mass, el 21 de abril, en los términos siguientes: “La fuerza naval de los Estados Unidos ha tomado la aduana esta mañana, con el propósito de impedir que ciertas municiones de guerra fueran desembarcadas en Veracruz. El vapor ‘Ypiranga’ está ahora anclado en el puerto, sobre el que tiene mando el almirante, y las municiones están en sus manos. Hasta aquí hemos usado solamente armas pequeñas y cañones de calibre de 3 pulgadas. Esto hemos hecho guiados por los sentimientos de humanidad, no queriendo usar de nuestros grandes cañones de 12 pulgadas lo que, como usted sabe, pondrían fin de una vez a toda resistencia, pero a costa de muchas vidas. Por lo tanto, el almirante requiere que cese usted el fuego sobre las fuerzas de los Estados Unidos en tierra y que se retire con su fuerza. El almirante no quiere causar daños a la ciudad o lastimar a sus habitantes; pero debe sostenerse en su acción, y para este objeto usará todos los medios necesarios a su disposición. En otras palabras, él contestará el fuego de usted con sus cañones de gran calibre. El almirante Badger está muy cerca de la ciudad y llegará esta noche con una fuerza de diez mil hombres…”

De acuerdo con Andrea Martínez: “El puerto de Veracruz únicamente contaba con dos regimientos de infantería, bajo el mando del comandante militar de la plaza, general Gustavo A. Mass, sobrino de Huerta. La mañana del 21 de abril, la marina norteamericana desembarcó una fuerza expedicionaria compuesta por dos batallones de marineros, los guardias navales de los barcos de guerra (un tipo de marines) y un batallón propiamente de marines, embarcado en el transporte Prairie: 600 u 800 hombres, según fuentes confiables. Este primer desembarco fue reforzado el mismo día por otro batallón de marines del regimiento del coronel Lejeune, proveniente de Tampico, junto con los guardias de los buques de la Flota Atlántica y otros batallones de marineros. En cuatro días se encontraban en Veracruz 2,469 marines y 3,960 marineros.

“Esta descomunal fuerza de desembarco era sostenida por la presencia de alrededor de cuarenta buques de guerra de la Escuadra Norteamericana del Atlántico, entre los cuales se encontraban los acorazados más poderosos del mundo en ese momento, como el Florida; los que entraron en la bahía bombardearon los focos de resistencia de la ciudad. Además, la marina norteamericana estrenó en Veracruz sus primeros hidroaviones, que volaron sobre la ciudad en misión de reconocimiento aproximadamente cinco días después de la ocupación, en los que fueron los primeros vuelos efectuados por aviadores navales norteamericanos sobre territorio hostil”.

“Los buques de guerra pertenecientes a la escuadra de los Estados Unidos que hicieron alarde de fuerza en los puertos de Tampico y Veracruz son los que siguen, según lista oficial dada por el Departamento de Marina estadunidense:

“Buques en Tampico: Connecticut, Minnesota, Chester, Desmoines, Dolphin, Transporte Hancock, Utah; en Veracruz: Florida, Praerie, San Francisco. En camino a Tampico: Arkansas, South Carolina, Michigan, Geltic, Tacoma, Culgoa, Solaca, Brutus. Listos para salir para el Atlántico: Rhode Island, Nebraska, Virginia, Georgia, Delaware, Kansas, Ohio, New York y Texas, más dos divisiones de torpederos, y diecisiete buques. Buques en el Pacífico: California, Glacier, Annapolis, Justin, New Orleans. Rumbo al Pacífico: Cleveland, Chatanooga, Júpiter. Listos para salir para el Pacífico: Maryland, Pittsburgh, Virginia, Charlston, Colorado y South Dakota. Haciendo un total de sesenta y cinco buques, seiscientos noventa y cinco cañones y veintinueve mil cuatrocientos setenta y tres hombres”.

Los cadetes de la Escuela Naval Militar combatieron con gran valor, causando bajas al enemigo. Juan Zilli plantea: “En la defensa de la Escuela Naval se distinguieron por su bravura, los alumnos Eduardo Colina, que estaba de centinela cuando una granada derribó un muro y lo sepultó, salió de los escombros y volvió a su puesto; Virgilio Uribe, herido mortalmente al defender su puesto; Ricardo Ochoa, quien en posición de ‘pecho en tierra’, en mitad de la calle frente al edificio de su Escuela Naval, hacía fuego sobre el enemigo; José Azueta, que herido seguía disparando su ametralladora hasta quedar imposibilitado de continuar haciéndolo y murió pocas horas después; Jorge Alacio Pérez, muerto también en heroica acción. Todos, jefes, oficiales, alumnos y hasta los modestos empleados de la servidumbre, cumplieron con su deber de mexicanos…”

Las mujeres de Veracruz desempeñaron un honroso papel en la lucha contra los intervencionistas yanquis. Según Araceli Reynoso Medina: “En forma espontánea y sin armas, pescadores, estibadores, barrenderos, albañiles, carpinteros y comerciantes enfrentaron al invasor. Las mujeres se sumaron inmediatamente a la defensa del puerto colaborando en el levantamiento de trincheras callejeras, amontonando piedras en las azoteas para lanzarlas al invasor y junto con niños y ancianos, protegieron sus casas con colchones, camas y muebles”.

Reunidos los criminales de guerra y genocidas de EU, tomaron el día 22 el acuerdo que decía: “El Senado y la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América reunidas en Congreso resuelven, que está justificado el uso, por el Presidente, de las fuerzas armadas de los Estados Unidos para hacer efectiva su demanda de inequívoca reparación por ciertas afrentas e indignidades cometidas contra los Estados Unidos.

“Resuelven también que los Estados Unidos protestan no abrigar hostilidad alguna contra el pueblo mexicano, ni el propósito de hacer la guerra a México”.

El mismo día, Fletcher proclamó al pueblo de Veracruz: “La fuerza naval de los Estados Unidos que está bajo mi mando ha ocupado temporalmente la ciudad de Veracruz para inspeccionar la administración pública a causa de los disturbios que actualmente reinan en México.

“Todos los empleados que sirven a la municipalidad de este puerto quedan invitados para continuar en el desempeño de sus funciones como lo han hecho hasta ahora.

“Las autoridades militares no intervendrán en los asuntos de las civiles y administrativas, mientras el buen orden y la paz no se alteren en la población.

“Todos los ciudadanos pacíficos pueden confiadamente permanecer dedicados a sus usuales ocupaciones, seguros de que serán protegidos en sus personas y propiedades así como en sus correctas relaciones sociales.

“El comandante suscrito da seguridades de que no tendrá intervención con las autoridades civiles, sino en caso de absoluta necesidad y llevando siempre por mira la observancia de la ley y el orden.

“El recaudo de contribuciones e inversión de ellas, se continuará haciendo en la misma forma que hasta el presente y conforme a la ley”.

Carranza respondió a George C. Carothers, agente especial desde el 6 de abril del Departamento de Estado en México: “…Mas la invasión de nuestro territorio, la permanencia de vuestras fuerzas en el puerto de Veracruz, o la violación de los derechos que informan nuestra existencia como Estado soberano, libre e independiente, sí nos arrastrarían a una guerra desigual, pero digna, que hasta hoy queremos evitar”.

“…os invito solemnemente a suspender los actos de hostilidad ya iniciados, ordenando a vuestras fuerzas la desocupación de los lugares que se encuentran en su poder en el puerto de Veracruz…”

Posición incorrecta de Villa

Carothers informó a su gobierno el 23 de abril: “Acabo de comer con Villa. Hemos discutido la situación a fondo. Dice que no habrá guerra entre los Estados Unidos y los constitucionalistas; que él es bastante buen amigo nuestro y que nos considera también buenos amigos de ellos, para no empeñarnos en una guerra que ninguno de los dos desea; que las otras naciones se reirían y dirían: ‘El borrachín ha logrado hacerlos pelear’. Que por lo que a él toca, podemos nosotros conservar Veracruz y retenerlo tan estrechamente que ni agua pueda extraerle a Huerta y que él no se resentiría por ello. Dijo también que ningún borracho (refiriéndose a Huerta), lo metería en guerra contra sus amigos; que ha venido a Juárez para restablecer la confianza entre nosotros. Tengo la impresión de que es sincero y que forzará a Carranza a aceptar una actitud amistosa”.

El repudio nacional a la piratesca acción de Estados Unidos en Veracruz se refleja en muchos estudios de investigadores de diversas orientaciones teóricas e ideológicas. Arturo Langle Ramírez afirma: “Al conocerse la noticia sobre el ataque al puerto jarocho realizado el día 21 de abril, se desbordó la excitación patriótica. De todos los ámbitos del país se recibieron adhesiones; los grupos de voluntarios se multiplicaron, las convocatorias para esos fines se publicaron diariamente en los periódicos. El jefe de redacción del rotativo El País se encargó de organizar la Brigada de la Prensa; pues tenía conocimientos militares ya que había sido oficial de artillería del ejército.

“Conforme pasaban los días se dieron a conocer con todo detalle los pormenores del asalto realizado por la armada a las órdenes del contralmirante Fletcher, así como la defensa heroica llevada a cabo por los porteños y un reducido número de marinos; entre éstos José Azueta y Virgilio Uribe, también se informaba la crítica situación que vivía Veracruz. Esas noticias provocaron un deseo incontenible de expulsar al invasor…”

Ricardo Flores Magón escribía: “Cuando se supo en la Ciudad de México la actitud tomada por los americanos, se produjo una gran excitación popular. La estatua de Washington fue derribada de su pedestal; las banderas americanas que decoraban tiendas y edificios de propiedad americana, fueron arrojadas por el suelo y pisoteadas con la mayor indignación; el Club Americano fue entregado a las llamas; los hoteles de americanos fueron visitados por muchedumbres que destrozaban cuanto encontraban a la mano: cristales, muebles, tapices. Las multitudes recorrían las calles de la ciudad en actitud de protesta contra la invasión norteamericana; los mítines se multiplicaban en la ciudad, pronunciándose en ellos discursos fogosísimos”.

La resistencia popular a la intervención yanqui, condujo a que los invasores imperialistas, por si la agresión armada no fuera suficiente, establecieran el 27 de abril la ley marcial, mediante la proclama que se cita a continuación: “…Por la presente y en virtud de las facultades que poseo como comandante de las fuerzas militares de los Estados Unidos de América en la ciudad de Veracruz, decreto que está vigente y rige la ley marcial en la ciudad de Veracruz y el territorio contiguo que se halla ocupado por las fuerzas de mi mando, y que dicha ley marcial se hará extensiva al territorio que sea ocupado posteriormente, por mis fuerzas.

“Además decreto, de acuerdo con las disposiciones del derecho internacional, de los usos y costumbres y de los convenios de mi gobierno y de otros gobiernos que me hallo investido, dentro del territorio aludido, con las facultades y obligaciones de gobierno en todas sus atribuciones y divisiones. Las medidas para hacer efectivo dicho gobierno se harán constar en reglamentos que se publicarán cuando lo exijan las circunstancias, por el comandante de las fuerzas de los Estados Unidos de América”.

Como en todas las agresiones norteamericanas contra México, en 1914 se desataron en los sectores más agresivos, más intervencionistas, más guerreristas y más chovinistas, las tendencias expansionistas para robar más territorios a México. Un típico representante de la barbarie imperialista, el senador William Borah llegó a expresar: “Esto me parece una intervención armada. En tal caso la bandera americana debe ir sobre México y no regresar ya. Este tiene que ser el primer paso para la marcha de los Estados Unidos hasta el canal de Panamá”.

Las conferencias de Niagara Falls

Para salir del embrollo, Wilson “solicitó” los buenos oficios de los gobiernos de Argentina, Brasil y Chile para resolver el conflicto. Se desarrollaron, pues, las conferencias de Niagara Falls, en Canadá. Como los integrantes del ABC se querían inmiscuir en la política interna de México, Venustiano Carranza, en forma correcta, no dejó margen para duda alguna en cuanto al objetivo de las conferencias, y esclareció a los representantes sudamericanos: “Pretenden ustedes, señores, discutir nuestros asuntos internos tales como la cesación de hostilidades y movimientos militares, entre el usurpador Huerta y el ejército constitucionalista, la cuestión agraria, la designación del presidente provisional de esta República, y otros más. Ante esta pretensión ajena al objetivo primordial de las conferencias, cumple a un deber de primer jefe del ejército constitucionalista, declarar que se incurre en grave error al intentar solucionar problemas de gran trascendencia del pueblo mexicano, que sólo a los mexicanos corresponde resolver por el indiscutible derecho de soberanía. Además, señores, me permito con la debida atención expresarles que estos actos resultan no de buenos oficios, sino de mediación, de arbitraje y hasta de intervención que nosotros no habíamos aceptado, por ello doy por terminado este incidente diplomático”.

Las conferencias se desenvolvieron entre el 20 de mayo y el 1 de julio de 1914, con la participación de representantes de la Unión Americana, el gobierno de Huerta y el ABC, sin la presencia de delegados constitucionalistas. Puede concluirse que fueron un completo fracaso, ya que estaban al servicio de los planes del imperialismo yanqui.

Los supuestos objetivos del gorila que presidía la administración norteamericana fueron encubiertos en declaraciones que publicó un periódico estadunidense, afirmando que su propósito era formar un gobierno en nuestro país que corrigiera los atropellos contra la mayoría del pueblo mexicano. Su proyecto de Niagara Falls radicaba en que un constitucionalista fuera designado presidente provisional, que la comisión dictaminadora de las elecciones tuviera una mayoría constitucionalista y que las fuerzas invasoras en Veracruz se mantuvieran de manera ilimitada en tanto se realizaran los comicios como había acontecido en Nicaragua y República Dominicana. Mas el Varón de Cuatro Ciénegas rechazó este proyecto negándoles todo derecho a las conferencias para decidir el futuro de México, que dominaba mayoritariamente el constitucionalismo.

Si existió un tipo hipócrita, dizque pacifista y amigo de la democracia, ese fue Woodrow Wilson, que planteó con un descaro inaudito: “Los Estados Unidos deseaban únicamente ayudar al pueblo de México a encontrar la paz y establecer un gobierno constitucional honesto”.

Conforme al inquilino de la Casa Blanca en 1914, Estados Unidos, país agresor de los pueblos de América Latina, Asia y otras partes del mundo, se proponía como “deber especial… propagar a los pueblos sometidos nuestros propios principios de ayuda a uno mismo, el enseñarles el orden y el autocontrol …el darles la simpatía y el ejemplo”.

La renuncia de Huerta y la desfachatez imperialista

Ante el avance de la Revolución constitucionalista en la mayor parte del territorio patrio, Victoriano Huerta presentó, el 15 de julio de 1914, su renuncia a la presidencia provisional de la República. Empero, no obstante que la supuesta causa de la intervención había desaparecido con la debelación del general apodado El Chacal, los imperialistas usamericanos siguieron ocupando Veracruz y se negaron a entregar la plaza. El 15 de septiembre, el gángster internacional Woodrow Wilson ofreció entregar el puerto, pero luego los yanquis volvieron a poner pretextos y permanecieron en Veracruz hasta el 23 de noviembre, fecha en que, por fin, se largaron con sus bastimentos y soldadesca a las tierras al norte del río Bravo.

Con una lógica contundente, por conducto de Isidro Fabela el gobierno constitucionalista planteó, en forma correcta y atenta, al gobierno imperialista de EU, dirigiéndose a J. C. Carothers: “Si esto es verdad, y Huerta y sus partidarios han abandonado la República y el ejército que estuvo bajo sus órdenes está ya desarmado, han desaparecido las causas que según expresó el gobierno americano lo obligaron a castigar con la ocupación de aquel puerto a Victoriano Huerta.

“El pueblo mexicano y el gobierno constitucionalista, desde un principio protestaron ante la nación y ante el mundo contra el desembarque de tropas extranjeras en el primer puerto nacional; y actualmente manifiestan su extrañeza de un modo más acentuado cada día acerca de dicha ocupación…”

Sin embargo, el gobierno de EU, sin contar con argumento válido alguno, mantuvo en suelo veracruzano a sus tropas invasoras.

Los imperialistas que ocupaban Veracruz, habiendo violado todos sus ofrecimientos y promesas, después de que el matón que dirigía la Casa Blanca había dado su palabra de que se retirarían las tropas invasoras del puerto de Veracruz, pusieron condiciones para la salida de los corsarios: “1. No cobrar doble impuesto a los que lo hubieren pagado a Estados Unidos. 2. Que no se castigará a los mexicanos que habían servido a las autoridades norteamericanas durante la ocupación”.

Erróneamente, la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes, que agrupaba a los representantes del Ejército Libertador del Sur, a la División del Norte y a otros núcleos armados del ala plebeya, campesina y jacobina de la Revolución mexicana, resolvió allanarse a las injerencistas condiciones de los imperialistas norteamericanos, que, como decía el Varón de Cuatro Ciénegas, podían sentar un grave precedente para el futuro de la soberanía nacional de nuestra patria.

Sin embargo, no contaban los intervencionistas con la inteligencia de Carranza y el sentimiento antigringo en todo México. El 8 de noviembre, el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, al considerar que la Cámara de Comercio y la mayor parte de propietarios y administradores de fincas urbanas en el puerto de Veracruz, se habían dirigido al Ejecutivo federal renunciando a la protección que para ellos había pedido el gobierno de Estados Unidos, antes de evacuar aquella plaza, manifestando terminantemente que acatarían las decisiones que en justicia dictara el gobierno mexicano en lo que se refería al cobro de los derechos fiscales recaudados anteriormente por las autoridades extranjeras, y por creerlo así conveniente para los intereses de la nación decretaba la exención de impuestos.

El 9 de noviembre, Carranza, al considerar que los empleados mexicanos o extranjeros que habían prestado sus servicios a las autoridades establecidas en el puerto de Veracruz durante la ocupación de él por las fuerzas de Estados Unidos, se habían dirigido a la Primera Jefatura del Ejército Constitucionalista, por conducto del ciudadano gobernador y comandante militar de ese estado, manifestando espontáneamente que reconocían que sólo al gobierno nacional tocaba resolver las cuestiones de orden interior, como eran las que se referían al castigo o indulto de las personas que como ellos habían servido a las autoridades mencionadas decretaba el indulto general.

Aislamiento del imperialismo norteamericano

El gobierno de Estados Unidos era consciente de que un país de las dimensiones del nuestro, con una población en gran parte armada y con experiencia en la guerra civil, la ocupación de la Ciudad de México y el resto de la República se llevaría varios años, con una oposición nacional que costaría grandes recursos económicos y muchas vidas humanas. Para Arthur S. Link: “El segundo desarrollo que fortaleció la decisión de Wilson en contra de incurrir en el riesgo de una guerra general en México fue la forma como la opinión norteamericana y la opinión mundial rechazaron la agresión a Veracruz y exigieron un arreglo pacífico…”

Pero la oposición a la intervención militar en Veracruz no se dio sólo en México, sino en EU, AL y Europa. Sostenía Arthur S. Link: “…Más aún, durante la semana que siguió a la acción de Veracruz llovieron sobre la Casa Blanca peticiones rogando al Presidente que no permitiera que el incidente se convirtiese en hostilidades en gran escala. Los firmaban consejos eclesiásticos, sociedades pacifistas y antimperialistas, grupos laboristas y socialistas y líderes de todas las actividades sociales…”

Fuera de EU, la oposición a la intervención era mucho mayor a la que se daba en el interior. “Ni pudo Wilson desatender el estallido de la opinión en el extranjero, la cual ante todo era más condenatoria que la opinión en el país. Hubo manifestaciones y motines antinorteamericanos en San José, Costa Rica; Rodeo, Guatemala; Santiago de Chile; Guayaquil y Quito en el Ecuador; y en Montevideo, Uruguay, y Buenos Aires los motines fueron evitados sólo gracias a la enérgica acción de la policía. Había además cargos indignados en toda la América Latina en el sentido de que la acción en Veracruz señalaba el comienzo de un rapaz imperialismo yanqui en México... Por toda Europa, además, los periodistas liberales condenaron a Wilson por hacer la guerra por ‘cuestiones de puntillo’, en tanto que toda la prensa reaccionaria [sic] antinorteamericana gozó de un día de fiesta castigando la pretendida [sic] hipocresía de Wilson y el imperialismo norteamericano…”

Conforme a una estudiosa mexicana especialista en las relaciones México-EU, Woodrow Wilson obtuvo los “logros” que se citan a continuación: “A pesar, pues, de su doctrina ‘moralista’ y de sus repetidas declaraciones de amistad al pueblo mexicano, Wilson llevó a cabo la ocupación de Veracruz sin lograr nada de lo que se propuso. La reacción inmediata de los mexicanos fue unirse contra Estados Unidos, Huerta rompió relaciones con aquel país, no renunció a la presidencia ni saludó la bandera norteamericana, recibió las armas que traía el ‘Ypiranga’ el 27 de mayo por Puerto México y otras más que transportaron barcos alemanes y que aparentemente se remitían de Nueva York a Hamburgo. Wilson hizo el ridículo a los ojos del mundo al provocar una guerra por una cuestión absurda de honor, sin contar con que en su propio país no había gran entusiasmo por ella, puesto que no era fácil hacer una distinción entre Huerta y los mexicanos. Para el mismo Wilson la ocupación de Veracruz fue un callejón sin salida, e intentó salir solicitando la mediación de Argentina, Brasil y Chile que se haría en unas conferencias en territorio neutral, Niagara Falls, Canadá”.

Cabe precisar que el objetivo central del imperialismo norteamericano, con la ocupación de Veracruz, era el establecimiento de un protectorado en México, objetivo que repudiaron tanto El Chacal como Venustiano Carranza. A resultas de ello, es factible sostener con absoluta certeza que la invasión de Veracruz fue un total fracaso. Un autor soviético señalaba: “Pero esta intervención armada de los imperialistas norteamericanos no hizo más que recrudecer la guerra civil y fomentó la ampliación de los ánimos antiimperialistas”. E Isaac Asimov indicó: “Esta acción despertó una cólera tremenda en toda América Latina, pues parecía un caso de arrogancia imperialista norteamericana… y lo era…”

La Doctrina Carranza, hoy

Es de sobra sabido que Venustiano Carranza enfrentó y derrotó, por conducto de Álvaro Obregón y otros generales, a Pancho Villa y la División del Norte; que persiguió, reprimió y asesinó a connotados líderes del Ejército Libertador del Sur, incluido Emiliano Zapata, por conducto de Jesús Guajardo, Pablo González y otros jefes militares, y que persiguió a la Casa del Obrero Mundial y reprimió con violencia la huelga general de la Ciudad de México en 1916. No era el Varón de Cuatro Ciénegas un hombre del ala izquierda del constitucionalismo, sino la cabeza del ala burguesa de la revolución pasada.

No obstante ese perfil del caudillo coahuilense, éste representó en el seno de la Revolución mexicana al político más lúcido y capaz para enfrentar y derrotar a los vecinos del Norte, que intervinieron militarmente en Veracruz, desde el mes de abril hasta el mes de noviembre de 1914, y en Chihuahua, durante la llamada Expedición punitiva, desde marzo de 1916 hasta febrero de 1917. Carranza definió los aspectos centrales de la política exterior de la Revolución mexicana, que los neoliberales Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto han tirado por la borda.

Carranza, político norteño conocedor de la política bandidesca de los gobiernos y monopolios de Estados Unidos, siempre colocó en el centro del interés estatal la defensa de los recursos naturales de la nación, consideró a las inversiones extranjeras legalmente como nacionales, se pronunció contra la representación de súbditos y ciudadanos no gringos por parte de diplomáticos yanquis, por la igualdad de todos los Estados, contra el vasallaje del imperialismo norteamericano y por la definición de la política nacional por los propios mexicanos y no por cipayos o títeres de los capitalistas de Norteamérica. Esto, en cualquier país latinoamericano es importante, pero más en México que tiene un vecino que le arrebató más de 2 millones de kilómetros cuadrados, que ha sufrido intervenciones militares de ese país en varias ocasiones y que comparte con el mismo más de 3 mil kilómetros de frontera.

En países como México, es decir, países capitalistas de desarrollo medio, industrial-agrarios y dependientes del imperialismo, las fuerzas antimperialistas incluyen a expresiones interesadas sólo en un desarrollo nacional independiente y contrarias a la dominación de los monopolios y gobiernos extranjeros, principalmente norteamericanos. Estas fuerzas no son socialistas y tampoco se proponen echar abajo el capitalismo, aunque algunos de sus expositores llamaron socialistas a sus partidos y hablaron de superar la formación social capitalista. Constituyen una realidad desde la Revolución mexicana y están reflejadas en los liderazgos regionales o nacionales de políticos como José G. Zuno, Adalberto Tejeda, Francisco J. Múgica, Heriberto Jara, Felipe Carrillo Puerto, Lázaro Cárdenas, Braulio Maldonado, Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y tantos otros representantes del nacionalismo mexicano, tanto revolucionario como reformista.

Con estas fuerzas, la izquierda revolucionaria puede y debe establecer alianzas tácticas, marchar unidas por la defensa de las industrias nacionalizadas, contra la entrega de éstas al imperialismo y al gran capital nacional y por un papel fundamental del Estado en el desarrollo económico de la sociedad mexicana. Estos objetivos y tareas no constituyen un programa socialista, sino un programa patriótico que puede facilitar el avance hacia tareas de mayor envergadura en el futuro, dependiendo de la participación de las masas y del fortalecimiento de las organizaciones socialistas.

En las condiciones actuales, de culminación del programa neoliberal, las fuerzas nacionalistas deberán jugar un rol destacado en la defensa de Petróleos Mexicanos, Comisión Federal de Electricidad y los recursos mineros, hídricos y naturales en general. Por ello, es importante la confluencia del Partido de la Revolución Democrática, el Partido del Trabajo, el Movimiento Ciudadano, el Movimiento Regeneración Nacional, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y los partidos y círculos de la izquierda anticapitalista, la Unión Nacional de Trabajadores, la Nueva Central de Trabajadores y el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana, el Congreso Nacional Indígena y todas las fuerzas sociales y políticas interesadas en un futuro independiente, democrático y más equitativo de nuestro país. Tales objetivos y tareas coinciden en gran parte con el legado nacionalista de Venustiano Carranza, al cual no hay por qué renunciar.

Bibliohemerografía básica
  1. Libros y tesis
Carreón Arias Maldonado, Ana María Rosa, La intervención americana en Veracruz en 1914, tesis, México, FFL UNAM, 1964.
Castillo Morales, Maribel, Militarización escolar durante el gobierno de Victoriano Huerta, tesis, México, FFL UNAM, 2000.
Diccionario de la Revolución mexicana, Javier Torres Parés y Gloria Villegas Moreno (coord.), México, UNAM, 2010.
Diccionario histórico y biográfico de la Revolución mexicana, t. VIII. Sección internacional, México, INEHRM, 1994.
Diccionario histórico y biográfico de la Revolución mexicana, t. VII. Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán, Zacatecas, México, INEHRM, 1992.
Documentos históricos de la Revolución mexicana publicados bajo la dirección de Isidro Fabela. Revolución y régimen constitucionalista. II. La intervención norteamericana en Veracruz (1914), México-Buenos Aires, FCE, 1962.
Documentos históricos de la Revolución mexicana publicados bajo la dirección de Isidro Fabela. Revolución y régimen constitucionalista. III. Carranza, Wilson y el ABC, México-Buenos Aires, FCE, 1962.
Fabela, Isidro, Historia diplomática de la Revolución mexicana, 2 tt., Toluca, Inst. Mexiq. de Cult., 1994.
Flores Magón, Ricardo, 1914: la intervención americana en México, México, Ed. Antorcha, 2ª ed., 1982.
Garibi Juan, Signoret, Impactos del sentimiento antinorteamericano en la percepción mexicana de los principios wilsonistas. Críticas en la prensa mexicana durante la presidencia de Victoriano Huerta. 1913-1914, tesis, México, UAM-I, 2003.
Gordillo y Ortiz, Octavio, La Revolución y las relaciones internacionales de México , México, BINEHRM, 1982.
Labor internacional de la Revolución constitucionalista de México (Libro rojo), México, Ed. de la Com. Nal. para la Celebr. del Sesquinc. de la Proclam. de la Ind. Nal. y del Cincuent. de la Rev. Mexicana, México, 1960.
Langle Ramírez, Arturo, El militarismo de Victoriano Huerta, México, UNAM, 1976.
Link, Arthur S., La política de Estados Unidos en América Latina (1913-1916), trad. de Fernando de Rosenzweig, México – Buenos Aires, FCE, 1960.
Luquín, Eduardo, La política internacional de la Revolución constitucionalista, México, INEHRM, 1957.
Martínez, Andrea, La intervención norteamericana. Veracruz, 1914, México, Cult./SEP, 1982.
Melo de Remes, María Luisa, Veracruz mártir. La infamia de Woodrow Wilson (1914), México, ed. de la autora, 1966.
Peláez Ramos, Gerardo, Cronología de la izquierda mexicana del siglo XX, t. 1 de la Enciclopedia de la izquierda mexicana del siglo XX, México, UNAM, 2014.
Reynoso Medina, Araceli, “La participación de la mujer en la intervención norteamericana de 1914”, en Veracruz, un tiempo para contar… Memoria del 1er. Seminario de Historia Regional, M. Benítez, C. Blázquez, A. Juárez y G. Lozano y Natal, coord., México, INAH-UV, 1ª reimpr., 1991.
Smitt, Karl M., México y Estados Unidos. 1821-1973. Conflicto y coexistencia, trad. de Manuel Arboli G., México, Limusa, 1978.
Ulloa, Berta, La Revolución intervenida. Relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos (1910-1914), México, El Colmex, 2ª ed. corr., 1976.
Zilli, Juan; “La ocupación norteamericana del 14”, en Veracruz. Textos de su historia, t. II, Carmen Blázquez Domínguez, comp., México, Gob. del Edo. de Ver., Inst. Veracr. de Cult. e Inst. de Inv. Dr. J. Ma. Luis Mora, 1988.
Zorrilla, Luis G., Historia de las relaciones entre México y los Estados Unidos de América 1800-1958, t. 2, México, Ed. Porrúa, 2ª ed., 1977.
  1. Artículos y ensayos
Cumberland, Charles C., “Huerta y Carranza ante la ocupación de Veracruz”, en Historia mexicana, vol. VI, núm. 4 (24), abril-junio de 1957.
Mayer, Alicia, “Woodrow Wilson y la diplomacia norteamericana en México. 1913-1915”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, v. 12, 1989.
“México y los Estados Unidos”, en Revista Positiva, núm. 173, 1º de San Pablo de 126 (21-V-14).
Peláez Ramos, Gerardo, “El caso Benton y la política exterior de Carranza”, en La Haine, Apia virtual y otros portales.
--“Provocación yanqui: el incidente de Tampico”, en Rebanadas de realidad, La Haine, Apia virtual y otros portales.
--"La Expedición punitiva. Estados Unidos contra Villa y contra México", en los portales La Haine, Nodo 50, Apia virtual, Argenpress cultural, Rebelión, Tribuna comunista y otros.
--“Emiliano Zapata, a 95 años de su asesinato”, en Rebelión, La Haine, Apia virtual, Katari, Tribuna comunista, Radio Malva, Foro Comunista, Borroka Garaia da!, Noticias Yucatán y otros portales.
--“El petróleo mexicano: nación e imperialismo”, en Rebelión, Apia virtual, La Haine, Rebanadas de realidad y otros portales.
--"Ricardo Flores Magón, a 90 años de su muerte", en La Haine, Rebelión, Apia virtual, Rebanadas de realidad, Tribuna comunista y otros portales.
--"Pancho Villa, a 90 años de su asesinato", en Rebelión, Rebanadas de realidad, La Haine, Apia virtual, Tribuna comunista y otros sitios de Internet.
--"La formación de la situación revolucionaria (1900-1910)", La Haine, Rebelión, Apia virtual, ABP Noticias y otros sitios de Internet.
--Ramírez Rancaño, Mario, “La República castrense de Victoriano Huerta”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, v. 30, 2005.

23.4.14

Carta del Dr. Ricardo Pérez Avilés

Para mis colegas, mis estudiantes, amigos y familia.
Escribo invisible, escondido como si fuera un delincuente, que no lo soy, y sí como una persona amenazada, preocupado e indignado por la artera agresión que sufrió un miembro de mi familia, una persona con problemas de salud, a la que le pueden agravar sus males, ya que fue víctima de violencia física al entrar sujetos armados a mi casa de manera prepotente y sin identificarse, intimidándola con el encañonamiento de pistola, con jaloneos e insultos y dejando amenazas para mi persona, con el fin de que no me metiera en nada del gasoducto. La dejaron solo por el desmayo que le causaron, afortunadamente se fueron.

Todo me hace temer por su seguridad y por la mía; me preocupo porque según la Secretaría General del gobierno del estado no hay orden de aprehensión contra mi persona, entonces, si no fue policía ¿quiénes fueron los agresores?

Se pide en ese comunicado de prensa que presente la demanda respectiva. No lo voy a hacer, rechazo tal emplazamiento, porque sería someter a mi familia a un nuevo martirio y arriesgar más su salud, dadas las condiciones actuales de detenciones ilegales y violentas en contra de líderes sociales, de amenazas de más órdenes de aprehensión y de violencia de grupos empistolados.

En todo caso, a las autoridades gubernamentales, a los agresores y a quienes están directamente detrás de ellos los hago responsables de la seguridad de mi familia y de la mía, yo los acuso ante el mejor juez, la opinión pública, mi Universidad, mis colegas y alumnos de aquí y de todo el país quienes me están brindando su solidaridad.

Escribo también para remarcar mi papel de profesor–investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), dedicado a la investigación y la docencia. Esto regularmente no lo hago, pues parecerían autoalabanzas, mis estudiantes y colegas lo saben, lo vivimos juntos, pero hoy ante la situación que vivo, tengo que subrayarlo.

El papel que yo desarrollo está sustentado en mi formación académica que fue realizada en la Licenciatura en Sociología en la UNAM, mi Maestría en Desarrollo Rural efectuada en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco (UAM–X) y el Doctorado en Sociología nuevamente en la UNAM.

En estos niveles he recibido menciones honoríficas en los exámenes de grado e inclusive el Premio al Mérito Universitario en la UAM–X, y un reconocimiento por mis estudios del doctorado, entregado por el rector Juan Ramón de la Fuente.

Por lo desarrollado hasta el momento la Secretaría de Educación Pública me ha otorgado el reconocimiento de Perfil Promep desde el año 2001, mi Universidad me ha catalogado en el Padrón de Investigadores desde el año 2002 y hoy, en 2014, el Programa de Estímu-los al Desempeño me ha otorgado el máximo puntaje por lo realizado en 2012 y 2013.

Los esfuerzos en capacitarme me han permitido desde 1983 incorporarme plenamente en el Instituto de Ciencias (ICUAP), del que forma parte el Departamento Universitario para el Desarrollo Sustentable (Dudesu), donde laboro y en donde he puesto mi mejor desempeño para el desarrollo de la investigación in-terdisciplinaria que requiere la comprensión de la compleja problemática ambiental y la construcción del desarrollo sustentable. De un desarrollo que tenga avances económicos, sí, pero con equidad y justicia social y, sobre todo, con respeto al medio ambiente, porque al planeta y al país lo estamos destruyendo por una avaricia desmedida. Esto, quede claro, no es una provocación, sino un plan mundial de nueva vida promovido por la ONU y que México con la firma de su Presidente se ha obligado a cumplir.

Para eso estamos trabajando sobre el tema, investigando y formando nuevos cuadros de profesionales, para proponer formas de cumplir con el Desarrollo Sustentable y generar investigadores que entiendan este objetivo que es claro y contundente, ya que está de por medio el planeta y con ello la sobrevivencia humana.

No estamos creando los problemas estos ya están, los estamos estudiando y trabajamos formando científicos para comprenderlos e intentar su solución. La BUAP debe sentirse satisfecha por eso.

Dicho compromiso me ha demandado promover el Desarrollo Sustentable (por eso el nombre del departamento en donde trabajo, Dudesu), un compromiso firmado por el gobierno mexicano en 1992 en la Agenda XXI y del que se deriva parte de mi actividad docente, ya que en 1995, como Secretario de Investigación y Posgrado del ICUAP, me fue encargado, como compromiso de la BUAP y del país ante la Agenda XXI, coordinar un equipo inter-disciplinario para organizar y formar el Pos-grado en Ciencias Ambientales del ICUAP, que funciona desde 1996.

Desde finales del siglo pasado y en el presente, la investigación y la docencia se han reorientado por una compleja red de causas, entre ellas la modificación de la realidad mundial, nacional y estatal, a ello debe uno estar atento desde la academia.

Por eso con un equipo pequeño de colegas, pero entusiastas, con compromiso y con gran capacidad, propusimos la formación del Dudesu, con el fin de que el Desarrollo Sustentable, como búsqueda de un nuevo modelo de desarrollo, se difunda y se promueva, pero: ¿cómo hacer esto sin saber y entender qué es?, ¿cómo hacer algo que debe construirse porque Naciones Unidas no da recetas para esto? Pues solamente estudiando los avances teóricos y a la realidad misma, haciendo propuestas, cotejándolas y comprobando que lo que hacemos va por el camino correcto para lograr la sustentabilidad. Es una búsqueda responsable des-de los marcos de la ciencia.

En mis actividades docentes la Sociología y el Desarrollo Sustentable siempre han sido mis ejes, por eso agradezco que el Colegio de Historia hace años me haya permitido dar clases e inclusive dirigir tres tesis sobre historia agraria. Además de que haya sido jurado en la presentación de la primera tesis de Historia Ambiental.

También participé en la carrera de Ingeniería Ambiental de la Facultad de Ingeniería Química, impartiendo la materia de Desarrollo Sustentable y dirigiendo tres tesis sobre esta temática. Formando ingenieros que pugnen ante sus empresas por la sustentabilidad industrial, como lo hacen otros países, que marcan la responsabilidad social de las empresas.

También agradezco a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en especial a su Academia de Sociología, que me permita ser colaborador en esta carrera, en donde últimamente imparto las materias de Sociología Rural, y en su recientemente creada terminal de Sociología Ambiental, imparta las materias de Paradigma Ambiental I y II; porque los sociólogos no pueden estudiar la sociedad sin la naturaleza. Por-que la sociología tiene la obligación de aportar elementos para comprender y resolver los problemas ambientales.

Mi preocupación por los problemas ambientales de Puebla, del país y del mundo no son un capricho o una distracción ajena a mi labor, me interesan porque participo en un departamento que investiga sobre ello y porque soy de la planta docente de un posgrado y de una licenciatura que me ha obligado a estudiarlos, para enseñar sobre eso.

Los caminos de la investigación general en el país nos han guiado por ese sendero, por indicaciones de la SEP también nos organizamos como cuerpos académicos, en el que participo también se llama Desarrollo Sustentable (No. 165), estamos en consolidación, y junto con 11 cuerpos académicos de seis universidades públicas formamos la Red de “Calidad Ambiental y Desarrollo Sustentable”, obteniendo  financiamiento para ello los últimos tres años.

En esa red interinstitucional y multidisciplinaria, para el caso de mi cuerpo académico, hemos investigado y publicado el libro titulado Contaminación ambiental y políticas públicas en la zona conurbada de la ciudad de Puebla, México. Un estudio integrador desde el enfoque de la sustentabilidad’, editado por la BUAP y graduando a tres maestros en Ciencias y un licenciado. Este año estamos trabajando la contaminación ganadera en la zona conurbada de Puebla y planeamos titular igual número de estudiantes.

Hemos participado en investigaciones grandes, de importancia científica, por invitación de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), junto con 164 investigadores de universidades y colegios de la entidad, realizamos el estudio, hoy convertido en libro, titulado Biodiversidad en Puebla. Estudio de Estado. Ante el deterioro y la destrucción de la entidad, las propuestas emergen, el libro anterior se complementa con otro publicado en 2013 titulado Estrategia para  la conservación y uso sustentable de la biodiversidad del Estado de Puebla. Igual lo hicimos con el sector rural, se publicó un libro titulado Problemas del campo poblano. Pro-puestas para su solución’, en el que participaron más de 40 investigadores de la BUAP, Colpos, Ibero e inclusive de Tlaxcala, dedicados a los problemas rurales.

Hacer investigación para llevarla a la docencia, requiere de trabajo teórico y de investigación de campo, porque no se puede hablar de una mina a cielo abierto sin ver la realidad por la polémica que despierta, pero esto pasa con cualquier proyecto económico que implica afectaciones sociales y ambientales; ya que su realización debe responder al desarrollo sustentable, o bien, como lo indica la ley, suspenderse.

Estudiar los Movimientos Sociales Ambientalistas (objeto de la sociología y las ciencias ambientales) no se puede hacer en el escritorio, sino asistiendo como observador y a veces como invitado, a los encuentros que campesinos e indígenas realizan para analizar los procesos que enfrentan.

En esos eventos, como observador o ponente, nunca faltan las preguntas de los campesinos o indígenas, tan simples que ponen a pensar a cualquiera: ¿qué es una mina?, ¿que es una presa? o ¿que es un gasoducto? ¿Cómo pueden darse esas preguntas?, cuando las cosas ya están en sus parcelas y en su territorio, nadie les ha informado y menos consultado. Y ante eso uno no puede cerrar la mente y ver de lado, pues científica y moralmente estamos obligados a responder con nuestras herramientas académicas, con lo que se maneja, principalmente en las instancias oficiales y de acuerdo a sus mismas leyes. No más, respondiendo solo con información verídica, nunca para arriesgar irresponsablemente a los campesinos. Porque uno espera que el marco legal exista.

Por eso ante petición de la comunidad indígena de Cuacuila y comisionado oficialmente por mi Institución he participado como perito en el proceso que siguen ante el gasoducto Tuxpan–Atotonilco, que atraviesa su pueblo. Fui acreditado ante un juez federal, personal y académicamente, para intentar apoyar con argumentos científicos su petición de que el gasoducto no pase cerca de su pueblo, y menos a 180 metros de su jardín de niños.

El informe fue entregado al juez que atiende el asunto y se espera la resolución correspondiente. Lo que tenía que hacer como investigador académico lo he hecho bajo el marco de la ley.

Lo de Atlixco me interesa, porque es mi municipio y es mi pueblo, y comenzaba (porque no lo había hecho) a estudiar el caso del Proyecto Integral Morelos, para que si se me solicitaba hacerlo por la misma vía pudiera hacerse con esa seriedad con la que deben tratarse esos casos.

Todo esto es lo normal en el trabajo de campo, no solo de mí, sino de cientos de investigadores interesados en el sector rural y en los problemas ambientales que se están generando en el país, por la exclusión de la gente y la afectación a su vida. Como lo están haciendo con la mía y la de mi familia.

No comprender lo anterior significa no entender lo que es la investigación científica en el campo y en el ambiente. No solo peligro yo, sino todos los investigadores que realizan esta actividad.

Desde la invisibilidad a la que me han obligado, (porque ahora ya no es una orden de aprehensión, sino la posibilidad de mi desaparición), les envío un agradecimiento a mis apreciables colegas, mis entrañables estudiantes y amigos, que desde sus espacios académicos han manifestado su preocupación y su indignación.

Sé de sus apoyos y de la difusión que le han dado a mi caso, gracias por estar informando al mundo.

En lo que respecta a mi estudiante de sociología (el mi no es posesivo, sino de identidad y afecto) Alberto Melchor Montero me indigna, porque él desea hacer su tesis sobre las radios comunitarias, tema que no manejo y por eso la dirige otro colega. Simplemente a mis alumnos les comento de mi participación en Axocotzin Radio, una radio comunitaria, e invité a Alberto a visitarla por si le servía para su tesis. Como los jueves en la mañana es el día del programa, es el día en que asiste y se nos ocurrió que participara brevemente haciendo algunos comentarios, de ahí salimos corriendo a la facultad para la clase que tenemos.

El programa citado se titula “El campo y la ciudad: un diálogo necesario”, como ven es un tema de reflexión sobre la relación sociedad–naturaleza. Para el programa recopilo información con base principalmente en La Jornada de OrienteLa Jornada del Campo y otras fuentes locales, comentamos las noticias de la semana de jueves a miércoles, todas las que tengan que ver con el campo.

Comentamos las notas económicas, las de cultura (que en nuestros campesinos e indígenas es grande y profunda) y también sobre los hechos y programas que violentan su vida, que los campesinos han llamado “Proyectos de Muerte”.

Como ven lo que se dice no es invento, está en la prensa estatal y claro que a veces, al ver notas preocupantes, mi crítica es fuerte. Nunca de agitación, como le dicen a Alberto en las amenazas que le han hecho.

La familia de Alberto debe estar clara de que ni lo mal encamino y él tampoco transita por el lado de la violencia, no ha hecho nada malo, más que irse preparando como un sociólogo con solidez, practicar la exposición oral es parte de la enseñanza.

Nuestra clase que compartimos es teórica, se titula Paradigma Ambiental II, por favor, ahí leemos y discutimos sobre la forma en que la sociología debe aportar su contribución para entender la problemática ambiental que es, como les digo a mis estudiantes, un asunto eminentemente social. Teoría sociológica, epistemología y metodología son los temas de discusión de las lecturas del curso.

Por lo anterior, solicito a las autoridades de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en donde se encuentra la licenciatura en sociología, que conozcan este proceso y que estén claros de que no hay infracción alguna. Por eso solicito su protección y apoyo para Alberto Melchor Montero.

Por favor dejen en paz a mis estudiantes, entiendan qué es la sociología y la ciencia ambiental.

También envío un saludo a quienes sufren consecuencias graves por sus acciones en defensa de la tierra, el agua y la vida toda. A esos campesinos y luchadores sociales hoy presos y/o en lucha que buscan defender la naturaleza, en beneficio no solo de ellos, sino de todos los mexicanos.

Ojalá el mundo urbano entendiera que el desarrollo sustentable es una necesidad de todos.

No sé lo que siga, el futuro para mí y mi familia parece incierto, pero en verdad gracias, muchas gracias por todo lo que están haciendo por mi libertad y mi vida.
Desde la invisibilidad a la que me han obligado.
Dr. Ricardo Pérez Avilés

21.4.14

Banca extranjerizada: entre la inutilidad y la voracidad
Marcos Chávez *

 
Entre los responsables del nulo crecimiento de la economía mexicana se encuentran los bancos: no financian ningún tipo de desarrollo pero sí expolian a los cuentahabientes y a todos aquellos que caen en sus redes. Alrededor del 70 por ciento de las multimillonarias utilidades que se apropian sale del país y va a engrosar los capitales de sus matrices. Gobiernos panistas y priístas les han diseñado un escenario de ensueño: libertad para esquilmar y ningún compromiso real para financiar


Como negocio, la banca comercial mexicana, manejada como una especie de coto privado en donde el límite a la libre depredación está determinada por la voracidad creativa de las sociedades crediticias y no por las leyes, ha sido jugosamente rentable para las corporaciones trasnacionales que controlan alrededor del 90 por ciento de sus operaciones activas y pasivas, al igual que el resto de los intermediarios del sistema financiero. Los beneficios de las filiales extranjeras en el mercado nacional –y en los subdesarrollados, en general– han sido tan fáciles que han contribuido generosamente a abultar las ganancias de sus matrices. O al menos para compensar su caída o las pérdidas registradas a raíz del colapso del neoliberalismo global iniciado en 2008; ayudar a cubrir las necesidades adicionales de reservas preventivas requeridas por la acelerada insolvencia de pagos de los deudores de las naciones desarrolladas que han incrementado el nivel de las carteras vencidas, los complementos en la capitalización exigidos por sus gobiernos o las autoridades regionales (como en la Eurozona y la Unión Europea, por ejemplo), el pago de las multas impuestas por sus operaciones fraudulentas, o a mitigar el desplome de la intermediación bancaria (captación y préstamos) que siguió al fin abrupto de la ola especulativa y la subsecuente recesión internacional.

Como nación, sin embargo, el funcionamiento de la banca reprivatizada y neocolonizada desde 1998 ha sido un desastre. El control que ejerce el capital extranjero sobre la captación y el crédito es tan degradante y parasitario como en su momento lo hizo la oligarquía financiera mexicana tradicional, que la copó hasta la nacionalización de 1982, y la neooligarquía casabolsera que la capturó con la reprivatización salinista, entre 1992 y 1995. 

A los ahorradores autóctonos sigue dándoles espejitos a cambio de su dinero que expolia con tasas de interés reales negativas que les paga, junto con el banco central, que obliga a que se otorguen esos réditos que provocan la pérdida de su poder de compra de los ahorradores ante un nivel de inflación mayor, y la hacienda pública que complementa el despojo, por medio de los impuestos que impone a los rendimientos bancarios. A los demandantes de dinero los desangra con los altos intereses que aplica a los créditos, los cuales superan varias veces a los cobrados en los países llamados desarrollados.

El resultado ha sido el reverso del pregonado por la ideología neoliberal (que justificó la reprivatización y la desregulación y la transnacionalización financiera): el hundimiento del ahorro bancario y del crédito bancario, y la ineficiencia e inutilidad de los intermediarios ante las necesidades nacionales.

El negocio bancario mexicano, sin duda, ha sido redondo para la banca extranjera, cuyas “decisiones relevantes en materia crediticia no se toman en México, sino en Londres, Estados Unidos, España y Canadá”, como dijera Antonio del Valle –fracasado casabolsero improvisado como banquero durante la efímera era de la reprivatización financiera salinista, expresidente del entonces banco Bital y de la Asociación de Bancos de México–, lo que explica “la falta de financiamiento” para el crecimiento y el desarrollo. Lo ha sido para las filiales –y, debe agregarse, también para los bancos de capital local– cuyos compromisos no son con los objetivos nacionales de los países anfitriones, ya que, como señaló Del Valle, cuando ocurre un problema grave, “simplemente se van”, tal y como ocurrió en Argentina.

El compromiso de las sucursales bancarias mexicanas es con la satisfacción de la insaciable codicia por las utilidades de sus matrices, transferidas desde las tierras neocoloniales. Hecho que, por cierto, amarga a Guillermo Ortiz, extitular de la Secretaría de Hacienda y del banco central asimilado por el Grupo Financiero Banorte. En marzo de 2012 dijo: “Entre 2003 y 2011 los dividendos que pagaron los bancos de propiedad extranjera [a sus matrices] fue de 20 mil millones dólares [aproximadamente lo que se pagó por los bancos a finales de la década de 1990 y la primera de este siglo], un pago de dividendos de tres cuartas partes de las utilidades anuales. Si en vez de ello hubieran realizado el desembolso de un quinto del pago de dividendos, en promedio, como los bancos locales, se hubiera distribuido más capital a México. El crédito al coeficiente del producto interno bruto sería 5-15 puntos porcentuales por arriba del coeficiente actual de 23 por ciento. Hoy en día, los ahorros internos se utilizan para recapitalizar a los bancos extranjeros, privando a México, y a los mercados emergentes en general, de recursos”. Por tanto, concluyó: “Los mercados emergentes deberían considerar que se obligara a las subsidiarias de bancos mundiales a limitar el pago de dividendos y/o cotizar en las bolsas locales”, lo que “alinearía los intereses de los bancos con los de los países huéspedes, y probablemente moderaría la transferencia de recursos hacia las empresas matriz” (www.jornada.unam.mx/ 2012/03/06/opinion/025a1eco).

Bajo la lógica de Ortiz, la transferencia de capitales hasta 2013 debe ser del orden de 30 mil millones de dólares.

Alejandro Valenzuela, asimilado por Banorte-Ixe, añadió en 2012 que los bancos extranjeros están “ordeñando” al país al pagar a sus matrices dividendos que equivalen hasta 70 por ciento de las ganancias que obtienen aquí. Por ello, dice Valenzuela patriotamente, “México no puede tener una participación preponderantemente mayoritaria de la banca extranjera” (www.jornada.unam.mx/2012/05/20/economia/0281eco).

En 2002, en pleno corralito –el congelamiento estatal de los depósitos bancarios– y en medio de la crisis financiera y política del neoliberalismo argentino, el Scotiabank, que había comprado el Banco Quilmes, decidió alegremente abandonar al país suramericano, sin avisar a las autoridades y sus clientes –se fue como las sirvientas, según el dicho políticamente incorrecto–, se llevó subrepticia e ilegítimamente sus activos. A partir de 2009 alrededor de 15 instituciones extranjeras –entre ellas Wells Fargo, HSBC, ING, Merrill Lynch, JP Morgan y Pershing, subsidiaria del Bank of New York Mellon–, de cerca de 40, anunciaron su retiro del mismo país, merced a los cambios en las reglas del juego financiero, cambiarias, fiscales y penales que “atentan directamente contra la rentabilidad de las operaciones” crediticias, como dijeron funcionarios del Morgan y Pershing, ya que buscan identificar y controlar a los inversionistas argentinos que fugan capitales; regular a los intermediarios que les ofrecen el servicio de wealth management, el asesoramiento para transferir su dinero hacia el exterior; controlar el mercado negro o especulativo de divisas; evitar el vaciamiento de las reservas internacionales; mantener la estabilidad cambiaria; mejorar la recaudación tributaria; y administrar a la banca, con el objeto de reducir los cargos y comisiones cobradas, y reorientar el crédito, tarea que por ley será responsabilidad del banco central (eliminar cobros indebidos por servicios o productos que no hayan sido solicitados, pactados o autorizados por los usuarios, reintegro de los importes cobrados indebidamente en un lapso de 5 días hábiles, más gastos e intereses compensatorios, garantizar crédito a tasa fija para el sector productivo, entre otras medidas (www.ellitoral.com/index.php/diarios/2013/07/19/economia1/ECON-01.html).

A Agustín Carstens y Luis Videgaray –que les gusta postrarse a los pies de Milton Friedman y sus colegas de Chicago– les dan náuseas la heterodoxia reguladora, al estilo de la exbanquera central argentina, la keynesiana Mercedes Marcó del Pont. En el discurso, Carstens acepta que “entre los retos que tenemos, uno muy importante sería ejercer con mayor acuciosidad y oportunidad las tareas de regulación y supervisión de las instituciones financieras, incluidas aquellas que no son estrictamente bancarias” (Carstens dixit, http://eleconomista.com.mx/finanzas/2009/0 6/18/mexico-debe-mejorar-regulacion-sistema-financiero-carstens).

En mayo de 2013, Videgaray acotó: “Tenemos en México uno de los sistemas financieros más sólidos y robusto; sin embargo, uno de los que menos presta a nivel mundial”. Pero agrega que la reforma financiera peñista no busca reducir las tasas de interés por decreto, sino que propone dar mayor flexibilidad a la banca privada y pública para que otorguen créditos más baratos. En la misma tesitura, Enrique Peña Nieto remata: no pretende reducirse las tasas de interés por decreto, sino que se “flexibilizarán para que se liberen los créditos que requiere México para crecer” (www. sinembargo.mx/08-05-2013/613840)

Es la convergencia con los intereses de la oligarquía bancaria y la capitulación del poder político ante los grupos de poder.

En 2007, Felipe Calderón pidió a los banqueros “créditos más baratos”.

La respuesta de los dueños del sistema financiero, en voz de Enrique Castillo, entonces presidente de la Asociación de Bancos de México, fue contundente: “La reducción de precios no se da por decreto, las tasas de interés es reflejo de lo que existe en el mercado” (www.cronica.com. mx/notas/2007/292265.html). En 2013, ya con Enrique Peña Nieto en la Presidencia y con Javier Arrigunaga como líder de los financieros, la reunión anual bancaria concluyó con la misma respuesta: los réditos no pueden bajarse por decreto.
Así permanece intacto el salvajismo financiero del “dejad haced, dejad pasar” que puso al borde del precipicio al sistema capitalista en su fase neoliberal, de la financiarización de la acumulación de capital a escala mundial.

La ordeña del becerro de oro

El 2013, el primer año peñista fue pésimo. La economía se hundía en una breve recesión inflacionaria y en el estancamiento. Sólo creció 1.1 por ciento. Es el peor desempeño desde el desplome calderonista de 2009 (-4.4 por ciento). Como es lógico, esa situación afecta el negocio bancario, la captación y el crédito. Por simple lógica económica, sus utilidades también debieron verse perjudicadas.

Pero ilógicamente, de acuerdo con datos del banco central y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), las ganancias netas de la banca privada, después del pago de impuestos, aumentan y registran su máximo nominal y real (antes y después de descontar la inflación) desde 1981, y quizá de la historia bancaria.

En 2013, en términos reales, la captación decrece 6.5 por ciento. La cartera de crédito vigente total real bajó de un crecimiento de 7.5 por ciento en 2012 a 4.8 por ciento en 2013, y los préstamos al sector privado (empresas y personas físicas), de 7.1 por ciento a 4.8 por ciento. Las utilidades netas acumuladas corrientes se ubicaron en 107 mil millones de pesos –20 mil millones más que en 2012–, equivalente a 8 mil 397 millones de dólares. En términos reales, son 96.2 mil millones de pesos; aumentaron 19 por ciento (ver gráficas 1 y 2).

De las utilidades de 2013, alrededor de 73 mil millones de pesos correspondieron a la banca extranjera, el 68 por ciento. Dicha cantidad equivalía a unos 5.7 mil millones de dólares, de los cuales, bajo el cálculo de Ortiz, 4 mil millones se fueron a las matrices.

La distribución de las ganancias manifiesta el grado de concentración bancaria. De los 48 intermediarios que integran el sector, cinco de ellos se repartieron el 84 por ciento de las utilidades, es decir, 89.9 mil millones de pesos: al BBVA-Bancomer le correspondió el 28.8 por ciento (30.8 mil millones); a Santander el 17.7 por ciento (18.9 mil millones); a Banamex el 15.3 por ciento (16.4 mil millones); a Banorte el 11.3 por ciento (12.1 mil millones); y a Inbursa el 11 por ciento (11.8 mil millones). En cada caso sus ganancias se incrementaron, en relación con 2012, en 19 por ciento, 5 por ciento, 28 por ciento, 23 por ciento y 178 por ciento.

Bancomer aportó una tercera parte de todas las utilidades del BBVA. Santander, alrededor de 11 por ciento a las ganancias de su casa matriz. Ambas son la tercera filial más rentable de sus grupos. En 2012, Banamex fue considerada como la sucursal que aporta más beneficios al Citigroup en América Latina, con un 11 por ciento, y la tercera más importante a escala mundial, junto con Corea del Sur y Australia, que, en conjunto, representan la mitad de sus préstamos a los consumidores. Pero en 2013, debido a una travesura fraudulenta, el Citigroup se vio obligado a reducir su ganancia anual en 360 millones de dólares.

Por cierto, ninguno de esos bancos será considerado como “predominante” bajo las blandengues leyes de competencia, pese a que los dos primeros oligopolios determinan el rumbo del sector.

Las utilidades netas bancarias bajo el neocoloniaje no son despreciables. Entre 2000 y 2013 su monto acumulado fue de 64.3 mil millones de dólares corrientes, 4.6 mil millones en promedio anual. Medido en moneda nacional, suma 830 mil millones de pesos reales, 59.3 mil millones en promedio anual. Su tasa media real anual de crecimiento fue 13.5 por ciento (ver gráfica 3).


Andrés Audiffred, funcionario de un banquito de la chiquillada (el grupo Ve por Más, “ciento por ciento mexicano”, entre cuyos dueños se cuentan los primos Jaime Ruiz Sacristán y Del Valle), afirma que “el sector financiero en México, a comparación del resto del mundo    , es uno de los más rentables”. En México, el retorno sobre capital (return on equity, ROE) es de alrededor de 14.1 por ciento y en otros lugares del mundo, como en Estados Unidos, es de 8 por ciento en promedio. El ROE es rentabilidad financiera de una empresa, la ganancia obtenida en relación con la inversión realizada por el accionista. En sentido estricto, la CNBV informa que el ROE en 2013 fue de 15.8 por ciento. En Bancomer fue de 25 por ciento; en Banamex, de 12 por ciento; en Santander, de 19 por ciento; en Banorte, de 17 por ciento, y en Inbursa, de 21 por ciento.

Por esa sencilla y jugosa razón rentable, los banqueros no están dispuestos a que se acabe la fiesta del “dejar haced, dejar pasar”.

Afortunadamente, los financieros que prosperan en México no tienen que enfrentar a un insoportable populista como Rafael Correa, quien, en 2012, tuvo una desastrada ocurrencia de pésimo gusto: financiar parte del llamado Bono de Desarrollo Humano arrebatándoles una parte de las utilidades a los 26 bancos ecuatorianos, unos 200 millones de dólares más. Con ellas esperaba financiar el 54 por ciento del Bono de 2013. El resto, con el presupuesto. Así, el Bono que se pensaba otorgar a 1.9 millones de personas subiría de 35 dólares a 50. Como es natural, los banqueros berrearon y dijeron que ya aportaban al Estado unos 309 millones de dólares por concepto de impuestos, tasas y contribuciones, lo que representa casi el 80 por ciento de sus utilidades netas anuales de 2011 (394 millones de dólares). Pero en 2011, según la Superintendencia de Bancos, la banca tuvo ingresos por 3 mil 53 millones de dólares y apenas aportó al estado 309 millones, el 10 por ciento. El Banco de Guayaquil y el de la Producción pagaron 2.5 por ciento de impuesto sobre ingresos de operatividad y el Banco Pichincha menos del 1 por ciento.

La divisa de Correa es, asimismo, sencilla: “antes se socializaban las pérdidas del sistema financiero, ahora se socializarán las ganancias”. Su propuesta es “traspasar los excedentes de la banca a los más pobres”. Por ello, declaró: “Banquero que no quiera, no se preocupe, le compramos el banco y nacionalizamos la banca”.

Dichosamente, la insignia de los neoliberales como Enrique Peña es exactamente al revés. Se manifiesta en la asincrónica relación utilidades-impuestos. Las ganancias bancarias reales acumuladas antes del pago de impuestos en 2000-2013 suman 1.1 billón de pesos. Después de su pago ascienden a 829.8 mil millones. El monto de impuestos pagados (a la utilidad causada y a la diferida) es de 222.4 mil millones y equivale a una tasa tributaria media implícita de 21 por ciento, contra la de 28-30 por ciento pagada por el resto de los causantes que no la evaden por los resquicios legales e ilegales del queso gruyere fiscal. En el tiempo, empero, la tasa fiscal bancaria bajó de 33.4 por ciento en 2002 a 19.5 por ciento en 2013, justo en el año de las ganancias históricas.

El asincronismo también se observa entre las ganancias, la captación, el crédito y el crecimiento económico.

En el lapso 2000-2013, el cual corresponde al ciclo extranjerizado, la captación bancaria real (depósitos de exigibilidad inmediata y a plazo) creció a una tasa anual de 3.2 por ciento. El crédito vigente total real en 6.1 por ciento y el destinado al sector privado y las personas físicas no financieras en 7.5 por ciento. Los préstamos, no obstante, han declinado sensiblemente. En 2004-2007, el total se expandió a una tasa media de 14.2 por ciento y el del sector privado, en 22.5 por ciento. Pero a partir de 2000 ambos cayeron sensiblemente a una tasa de 4 por ciento.

El problema es que el ritmo de crédito tiene escasa relación con la inversión productiva y el crecimiento. En 2000-2013, la inversión total real creció a una tasa media anual de 2.3 por ciento; la privada, en 2.6 por ciento, y la pública se paralizó (0.2 por ciento). El crecimiento es de apenas 2.1 por ciento. Es decir, la evolución de cada uno equivale a un tercio de la captación y el crédito.

Entre 2000 y 2013, la captación con relación al PIB pasó de 11 por ciento a 21 por ciento. El crédito vigente total (conocido como penetración bancaria) de 11 por ciento a 20 por ciento, y el sector privado no financiero de 7 a 16 por ciento. Pero el coeficiente de la inversión total sólo aumentó de 20 a 22 por ciento; y la privada, de 15 por ciento a 17 por ciento (ver gráfica 4).

Con esas relaciones sólo puede aspirarse a un crecimiento a ras del piso y a un México subdesarrollado.

La inutilidad del sistema financiero –no sólo el bancario– para las necesidades del desarrollo es testificado por el Banco Mundial. Entre 2000 y 2012 el crédito interno al sector privado (préstamos, compra de valores que no constituyen una participación de capital y créditos comerciales, otras cuentas por cobrar), en México, pasó del 18 al 28 por ciento del PIB. La media en América Latina, de 27 por ciento a 48 por ciento. En la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de 144 por ciento a 157. En la Unión Europea, de 98 por ciento a 129 por ciento. En Estados Unidos, de 168 a 192 por ciento. En Canadá, de 96 por ciento a 128 por ciento. En los países del mundo de bajo ingreso, de 27 por ciento a 28 por ciento. México se encuentra en el sótano de la última clasificación.

El crédito fácil y la usura insaciable

Si la inversión y el crecimiento no guardan una relación con el crédito bancario, cabe preguntarse: ¿hacia dónde se destinan los préstamos? Hacia el financiamiento fácil, como se observa en el cuadro 1: el consumo (tarjetas de crédito, bienes de consumo duradero y otros) que al inicio de 2014 recibiría el 22 por ciento del total; la compra de viviendas, con 16 por ciento; el sector público, con 14 por ciento, y el comercio, con 11 por ciento. En total, perciben el 69 por ciento. En 2000 equivalía a 47 por ciento. Entre ellos destaca el consumo que participaba con el 4 por ciento. Las sobras crediticias, cada vez menores, se reparten entre las actividades productivas (sectores primario y secundario: minería y manufacturas, básicamente). Entre las perdedoras, destacan las actividades agropecuarias, pues sólo reciben el 1.7 por ciento.

Las utilidades fáciles son producto de la usura, la voracidad y los abusos de los bancos.

La usura. Primero por el gran diferencial existente entre las tasas de interés pasivas y activas, entre las pagadas a los ahorradores y cobradas a los usuarios del crédito (margen de intermediación financiera). Entre 2000 y 2013, las primeras fueron negativas, si se descuentan la inflación, los impuestos cobrados a los rendimientos, el descuento aplicado por los bancos, así como por la decisión del banco central de mantener en 0 por ciento su tasa objetivo real. El ahorro de la población se deterioró en ese lapso. En cambio, la tasa real media cobrada por la cartera total fue de casi 8 por ciento (800 veces mayor, comparada con las pasivas); a las empresas de 4 por ciento; al consumo de 26 por ciento; a las tarjeta de crédito 26 por ciento; a los préstamos no revolventes de 32 por ciento; a la vivienda, de 6 por ciento (ver gráfica 5).

La rapacería. En ese lapso, las principales fuentes de ingresos bancarios correspondieron a los intereses cobrados al consumo (46 por ciento del total) y la vivienda (15 por ciento). Globalmente aportaron el 61 por ciento del total. En los 13 años referidos, los intereses cobrados al consumo, en términos de valor, aumentaron casi 900 por ciento, en términos reales; a los intermediarios financieros, en 383 por ciento, y a la vivienda, en 117 por ciento.

En el caso de los ingresos reales obtenidos por las comisiones aplicadas a la apertura de crédito, éstos aumentaron en 121 por ciento entre 2007 y 2013. En los del consumo crecieron 118 por ciento y en la vivienda, en 160 por ciento.

Desde luego la voracidad es más creativa y ella dependerá de cada banco para inventar formas de saquear los bolsillos de los ahorradores y deudores: cobro por consultas y comisiones, retiros por cajeros automáticos, inversiones mínimas incumplidas, el anatocismo, retraso en pagos, imposición de seguros…

Todo, bajo la tolerancia gubernamental ante una banca inútil, inexistente para las necesidades del desarrollo.

14.4.14

Sobre mitos, crimen y política IV

Carlos Fazio

No termina de quedar claro cómo un delincuente tan peligroso como Joaquín El Chapo Guzmán, identificado por Washington como el capo de capos, al frente de una trasnacional del crimen y con un equipo de protección de 300 hombres armados –según había señalado el ex secretario de la Defensa, general Guillermo Galván−, terminó hospedándose en el cuarto piso de un condominio sin más escapatoria que la puerta de entrada, y sin un doble cinturón de pistoleros que le proporcionaran seguridad a distancia. De acuerdo con la averiguación AP/PGR/SEIDO/UEIDCS/069/2014, filtrada a un medio, le asistía un solo escolta: su secretario particular, Carlos Hoo Ramírez, al que agarraron dormido.

Ello alimenta la hipótesis de un acuerdo o entrega pactada, en el contexto de un montaje mediático dirigido a enturbiar y enrarecer la verdad de los hechos. Máxime, cuando el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, aseguró un día después que en el momento de la captura en el departamento del edificio Miramar, Guzmán estaba con su esposa Emma Coronel (ex reina del café y la guayaba, y sobrina de Ignacio Coronel, jefe de plaza del cártel del Pacífico en Jalisco, presuntamente abatido en Zapopan en 2010), y sus dos pequeñas hijas gemelas, Mali y María Joaquina. Osorio dijo que la mujer fue liberada porque no tenía absolutamente nada que ver con las acciones del delincuente, aseveración no creíble en el contexto de una operación quirúrgica por un comando de la Marina, sin capacidad para determinar in situ la culpabilidad o inocencia de nadie. Y en particular, tratándose de la esposa de El Chapo, en un país con cárceles repletas de mujeres que por una ínfima vinculación con asuntos de drogas, incluso involuntaria, son agraviadas, vejadas y sometidas a procesos durante años.

Según otra filtración de la Marina a Carlos Loret de Mola −quien participó en el telemontaje del consorcio Televisa y Genaro García Luna en el caso de Florence Cassez−, interrogado por sus captores a bordo del Learjet 60 que lo trasladó de Mazatlán al Distrito Federal, a la pregunta de por qué cuando se escapó de Culiacán no se fue a la sierra, Guzmán contestó: “Ya me iba a ir pa’l monte, pero no había visto a mis niñas”.

Otra incongruencia en la narración oficial tiene que ver con la insistencia en que no intervinieron agentes extranjeros. De una revisión cuadro por cuadro del video que registra el momento en que Guzmán es sacado del hangar de la Secretaría de Marina y conducido hacia el helicóptero Black Hawk que lo trasladó al Penal de Alta Seguridad del Altiplano, puede concluirse que al menos dos agentes de los US Marshal (cuerpo de alguaciles de Estados Unidos que depende del Departamento de Justicia) iban escoltando al detenido con el rostro cubierto por pasamontañas y portando el uniforme oficial de la corporación.

¿Qué hacían dos agentes federales estadunidenses en el traslado de un detenido en territorio mexicano? ¿Participaron en la captura de El Chapo en Mazatlán? ¿Fueron quienes tomaron las fotos que circularon en Washington antes que en México?

De ser así, el presidente Peña Nieto debería explicar con claridad y sustento legal y constitucional, qué tipos de acuerdo secretos tiene su gobierno con Estados Unidos, porque según la nueva narrativa, la pregonada transparencia, sobre todo en el área de la seguridad nacional mexicana, ha quedado en entredicho.

La trama oficial se complicó, además, la mañana misma de la captura, cuando Phill Jordan, ex director del Centro de Inteligencia de la DEA en El Paso, Texas, entrevistado por la cadena Univisión de Estados Unidos, declaró que “algo malo pasó entre el PRI y El Chapo”, ya que existen documentos de inteligencia estadunidenses que sostienen que Guzmán Loera metió mucho dinero a la campaña (política) del hoy presidente Enrique Peña Nieto.

(Cabe consignar que en agosto de 2012, poco después de la elección presidencial, información proporcionada por la FBI a la Policía Nacional española permitió desmantelar una célula del cártel de Sinaloa que se estaba asentando en Madrid, y que iba a ser dirigida por un primo del Chapo Guzmán. Uno de los detenidos fue Rafael Celaya Valenzuela, dirigente del PRI en el estado de Sonora, quien en su perfil de Facebook presumía sus fotografías con Peña Nieto en la campaña.

Analistas identificaron el suceso como un mensaje de Washington a Peña Nieto, en clave de calambre disciplinador para que al asumir la Presidencia se ajustara al guión de la guerra antidrogas).

Mencionado como el capo de los dos gobiernos de Acción Nacional, Guzmán conoce como pocos las redes de la corrupción y protección política, militar, policial y judicial de México, Estados Unidos, Colombia y otros países. Tiene información privilegiada sobre los canales que utilizan bancos y empresas públicas, privadas y de fachada para lavar dinero.

Como cuestionó Lorenzo Meyer, “¿qué pasaría con un buen interrogatorio al Chapo?” Emergería el directorio fantástico de la corrupción. Sin embargo, expertos adelantaron que Guzmán Loera no va hablar, porque es un personaje de la vieja escuela, y seguramente llegó o llegará a un trato para que respeten a su familia y parte de sus propiedades.

A finales de marzo, la filtración mediática de la averiguación previa del caso Guzmán reforzó la variable de una detención fortuita; ello, de acuerdo con la declaración ministerial de los marinos que intervinieron en la acción. Lo que vendría a significar que las autoridades mintieron aquí y en Estados Unidos y no hubo operación quirúrgica, labor de inteligencia de la Marina ni alta tecnología de geolocalización. Sin descartar, conociendo cómo se fabrican las diligencias judiciales en México, que la averiguación sea otra pieza dirigida a confundir más la trama para que nunca se conozca la verdad.

Y aún queda por explorar el papel de Ismael El Mayo Zambada y su hijo El Vicentillo (testigo protegido de la DEA), en la entrega pactada o traición al Chapo, y la fabricación de nuevos mitos.