Fabrizio Mejía Madrid
"Lo que digo es que no hay victoria posible porque no existen objetivos claros. Tampoco quién encabeza la guerra".
Donald Trump anunció hace unos días que Estados Unidos terminaría su
bombardeo en Irán en “dos o tres semanas”. Se rindió frente al cierre
del Estrecho de Ormuz. Se rindió también ante el supuesto uranio
almacenado. Se rindió ante el cambio de régimen diciendo que el hijo del
asesinado líder supremo es menos radical y más amable. Confunde el
cambio de régimen con el cambio de personas y ni siquiera pudo hacer un
cambio de familia.
Esta es una guerra que nunca tuvo un objetivo claro y tampoco un país
que la encabezara. Veamos. El 28 de febrero dijo que era para que Irán
no produjera un arma nuclear. Era el mismo argumento que había utilizado
en junio de 2025 para, según él, “borrar” las instalaciones
supuestamente nucleares de los iraníes. Según esto, Irán fue capaz de
volver a construir sus reactores en ocho meses. Construir un reactor
nuclear requiere de entre seis y diez años. Según Trump, Irán lo habría
hecho en ocho meses. Ahí hay una primera mentira: o en junio no “arrasó”
con las instalaciones o Irán no iba a producir nada. Las dos cosas no
pueden ser ciertas. Además, Trump se refirió a su guerra con Israel en
Asia Occidental como “un pequeño viaje”.
Hay que recordar que, primero, la administración de Trump trató de hacer
una revolución de colores en Irán aprovechando el casi nulo valor de su
moneda y el desabasto de alimentos. No salió. Luego, hicieron tres
rondas de negociaciones para lo del uranio. Hay que recordar que unas
horas antes del ataque, el ministro de Exteriores de Omán, Badr
Albusaidi, había dicho que la tercera ronda de negociaciones indirectas
entre EU e Irán en Ginebra ---cito---: “era una que alcanzará la paz
porque Irán se ha comprometido a no almacenar uranio enriquecido y que
acepta las inspecciones del órgano internacional de regulación de la
energía nuclear”. Las pláticas habían sido entre el ministro iraní Abbas
Araghchi y los enviados de Trump, incluidos Steve Witkoff y Jared
Kushner, su yerno. Así que muy probablemente la bomba nuclear de Irán
sea como tan real como las “armas de destrucción masiva” de Sadam
Hussein en la última guerra en Iraq. Pero pronto cambió de objetivo.
Tres días después, el 2 de marzo, Trump dijo que era para cambiar el
régimen de Irán y que alentaba a la oposición interna a tomar las
calles. Las mismas calles que estaban siendo bombardeadas. Lo que
sucedió no fue el final del régimen que se había fortalecido con los
ataques de junio, sino el asesinato del líder Supremo de Irán, una
figura sagrada que provocó que los combatientes iraníes vieran su muerte
como un sacrificio. Ya, al final, dijo que era para abrir el Estrecho
de Ormuz y alentó a los países europeos y asiáticos a ayudarle a
destrabarlo. Todos se negaron. Ahora mismo dice que no es su problema
porque Estados Unidos tiene mucho petróleo y, además, se robó el de
Venezuela. Esto, aunque la propia administración gringa dice que Estados
Unidos importó en enero pasado 139 mil barriles de pertróleo por día.
La autosuficiencia petrolera es también una mentira. No dijo nada de su
absoluta dependencia de los fertilizantes que pasan por el Estrecho de
Ormuz. La urea, por ejemplo, ha subido el doble, de 450 la tonelada a
860 dólares. Luego tenemos el caso del helio que no puede ser almacenado
más allá de mes y medio y que sirve para enfriar semiconductores, sean
de las máquinas resonancia magnética en los hospitales o en la
fabricación de chips. Además, el precio del barril aumenta globalmente,
no en lo nacional. Ha aumentado el 33 por ciento la gasolina y el gas en
Estados Unidos.
Pero bueno. Lo que digo es que no hay victoria posible porque no existen
objetivos claros. Tampoco quién encabeza la guerra. Marco Rubio dijo
que había sido Israel quien decidió atacar primero y que EU simplemente
lo secundó. Luego, Trump le echó la culpa a su yerno por malinterpretar
las negociaciones y, todavía después, a su extraño Secretario de Guerra
por no pensar que Irán atacaría a los países del Golfo Pérsico y que
cerraría Ormuz. Ahora él asume la guerra como victoria.
Sigue Trump: “Ésta noche, hace apenas un mes que el ejército de Estados
Unidos inició la Operación Furia Épica, dirigida contra Irán, el
principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo. En estas
últimas cuatro semanas, nuestras fuerzas armadas han logrado victorias
rápidas, decisivas y contundentes en el campo de batalla. Victorias como
pocas personas han visto antes. Esta noche, la armada iraní ha sido
destruida. Su fuerza aérea está en ruinas. Sus líderes, la mayoría de
ellos, el régimen terrorista que dirigían, están muertos. Su mando y
control sobre el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica está
siendo diezmado en este preciso instante. Su capacidad para lanzar
misiles y drones se ha visto drásticamente reducida. Y sus armas,
fábricas y lanzacohetes están siendo destruidos por completo. Quedan muy
pocos”.
Aquí hay varias cosas que decir. La primera es que se pueden ganar todas
las batallas y perder una guerra. Eso ocurrió en Vietnam y Afganistán.
Ni el Frente de Liberación Nacional de Ho Chi Minh y Le Duan ganaron una
sola batalla y, aún así, Estados Unidos fue derrotado. Lo mismo con los
talibanes quienes, diez años después, siguen en el poder en Afganistán.
La segunda es que no son la armada, marina, y guardia lo que sostiene
en este momento la defensa de Irán, sino los misiles, hackeos, radares, y
el cierre del Estrecho de Ormuz.
También dice Trump: “Cancele el acuerdo nuclear con Irán de Barack
Hussein Obama, un desastre. Obama les dio mil 700 millones de dólares en
efectivo. Dinero en efectivo, dinero verde, lo sacó de bancos de
Virginia, Washington D.C. y Maryland. Todo el efectivo que tenían. Lo
transportó en avión en un intento de comprar su respeto y lealtad, pero
no funcionó. Se rieron de nuestro Presidente y siguieron adelante con su
misión de obtener una bomba nuclear. Su acuerdo con Irán habría dado
lugar a un arsenal colosal de armas nucleares para Irán. Las habrían
tenido hace años, las habrían usado y el mundo habría sido diferente. En
mi opinión —y la de muchos expertos—, no existirían ni Oriente Medio ni
Israel ahora mismo si no hubiera cancelado ese terrible acuerdo. Me
sentí muy honrado y orgulloso de hacerlo, pero fue un desastre desde el
principio”.
Aquí habría que decir que Obama no les pagó mil 700 millones de dólares a
los iraníes a cambio de que ya no produjeran una bomba nuclear. Fue una
indemnización que Estados Unidos tenían desde 1979 cuando le prometió
al Sha de Irán 400 millones en armas y no se las entregó. El litigio fue
al Tribunal de La Haya que reconoció la deuda. No fueron mil 700 sino
400. Tampoco fue en dólares en efectivo, sino en euros y francos suizos
porque Irán no tiene acceso al sistema bancario internacional, debido a
las sanciones. Las sanciones se remontan a 1984 cuando Ronald Reagan los
responsabiliza de un atentado en Líbano y les quita el acceso al
sistema financiero. Luego, en 1996, Bill Clinton impide que los
inversionistas de petróleo y gas lleguen a Irán. De 2006 a 2010 la ONU
impone sanciones extras hasta que se llega al acuerdo con Obama en 2015 y
las restricciones se aflojan. Pero es la primera presidencia de Trump
que regresa todas las sanciones hasta hacerlas las más difíciles de
sortear, como en Venezuela y Cuba.
Ahora, mucho más importante es el acuerdo de Obama con Irán. El único
problema con ese acuerdo fue que no lo firmó Trump. La Comisión de
Energía de la Unión Europea le dio seguimiento y verificó cómo Irán
desmanteló sus plantas y no almacenó más uranio. Así que cuando en 2018,
Trump desbarató el acuerdo, no había nada de malo con él. Pero Trump
descarta toda esa historia y se presenta como el gran salvador. Dice:
“En esencia, hice lo que ningún otro Presidente estuvo dispuesto a
hacer. Cometieron errores y yo los estoy corrigiendo (…) Durante años,
todos han dicho que Irán no puede tener armas nucleares. Pero al final,
son solo palabras. Si no están dispuestos a actuar cuando llegue el
momento.”
Según él este era el momento aunque todo indica que miente. Lo que no
dice es que los únicos motivos para esta guerra eran los intereses de
Israel en la región, su idea de invadir Líbano, y su delirante derecho
divino a quitarle a los demás pueblos el derecho a existir.
Luego, Trump trató de calmar a los consumidores que han visto una
inflación de 2.4 y un desempleo del 4.5. Dice: “Estados Unidos nunca ha
estado mejor preparado económicamente para afrontar esta amenaza. Todos
lo saben. Construimos la economía más fuerte de la historia. Estamos
viviendo ahora mismo la más fuerte de la historia. Y en un año, hemos
transformado un país muerto y debilitado”. Aquí tengo que interrumpir a
Trump y despertar a quien le redacta los discursos. Un país no puede
estar muerto Y debilitado. Si ya está muerto no tiene sentido
preguntarnos por su fortaleza. Sigue Donald: “Me duele decirlo, pero
éramos un país muerto y debilitado tras la administración anterior y lo
hemos convertido en el país más próspero del mundo, con una diferencia
abismal, sin inflación, con inversiones récord en Estados Unidos (más de
18 billones de dólares) y el mercado bursátil más alto de la historia,
con 53 máximos históricos en tan sólo un año. Todo esto nos preparó para
erradicar un cáncer que llevaba mucho tiempo latente. Se le conoce como
el Irán nuclear, y no sabían lo que se les venía encima. Jamás lo
habrían imaginado”. Lo de la inversión de 18 billones de dólares es una
mentira en despoblado. 18 billones de dólares son tres cuartas partes
del PIB total de Estados Unidos en 2024. Es imposible atraer una
inversión de ese tamaño en un año que lleva Trump. La Oficina de
Análisis Económico del Departamento de Comercio de los Estados Unidos ha
dicho que la inversión es de 151 mil millones de dólares, es decir, 133
mil millones de dólares menos de lo que repite Trump.
Pero la mentira no lo detiene en su afán de hablar de sí mismo en
tercera persona. Dice: “Gracias a las políticas de la administración
Trump, producimos más petróleo y gas que Arabia Saudita y Rusia juntas”.
Esto es inexacto porque Estados Unidos produce 13 millones de barriles
diarios y Rusia más Arabia llegan a 20 millones. Pero se le perdona su
inexactitud porque viene lo bueno: su rendición sobre lo que provocó su
guerra junto con Israel, el cierre del Estrecho de Ormuz. Dice: “Estados
Unidos prácticamente no importa petróleo a través del Estrecho de Ormuz
y no lo hará en el futuro. No lo necesitamos. No lo hemos necesitado, y
no lo necesitamos. Hemos derrotado y diezmado por completo a Irán.
Están diezmados militar y económicamente, y en todos los demás aspectos.
Y los países del mundo que reciben petróleo a través del Estrecho de
Ormuz deben cuidar ese paso. Deben valorarlo. Deben aprovecharlo y
valorarlo. Podrían hacerlo fácilmente. Les ayudaremos, pero deberían
tomar la iniciativa para proteger el petróleo del que dependen
desesperadamente. Ármense de valor. Deberían haberlo hecho antes.
Deberían haberlo hecho con nosotros, como les pedimos. Vayan al frente y
simplemente tómenlo, protéjanlo, úsenlo para ustedes. Irán ha sido
prácticamente diezmado. Lo más difícil ya está hecho, así que debería
ser fácil. Y en cualquier caso, cuando termine este conflicto, el
estrecho se abrirá naturalmente. Simplemente se abrirá. Querrán vender
petróleo porque es lo único que tienen para intentar reconstruir. El
flujo se reanudará y los precios del gas bajarán rápidamente. Las
cotizaciones bursátiles volverán a subir rápidamente. Francamente, no
han bajado mucho. Bajaron un poco. Pero han tenido días muy buenos en
los últimos días. De hecho, nos ha ido mucho mejor de lo que pensaba.
Pero tuvimos que hacer ese pequeño viaje a Irán para eliminar esta
terrible amenaza”.
Hasta ahí, Trump le estuvo hablando a los bolseros de Wall Street. Ahora
se dirigió a su base, la del MAGA, que es básicamente guerrerista y
xenófoba. A ellos les dedica su retórica de la crueldad, aunque sepa que
está admitiendo crímenes de lesa humanidad: “Vamos a atacarlos con
extrema dureza durante las próximas dos o tres semanas. Los vamos a
hacer retroceder a la Edad de Piedra, donde pertenecen. Mientras tanto,
las negociaciones continúan. El cambio de régimen no era nuestro
objetivo. Nunca hablamos de un cambio de régimen, pero este se ha
producido debido a la muerte de todos sus líderes originales. Todos
están muertos. El nuevo grupo es menos radical y mucho más razonable.
Sin embargo, si durante este tiempo no se llega a un acuerdo, tenemos la
vista puesta en objetivos clave. Si no hay acuerdo, atacaremos con
fuerza todas y cada una de sus centrales eléctricas, probablemente de
forma simultánea. No hemos atacado sus instalaciones petroleras, aunque
sean el objetivo más fácil, porque no les daría ni la más mínima
posibilidad de sobrevivir o reconstruirse. Pero podríamos atacarlas y
desaparecerían. Y no podrían hacer nada al respecto. No tienen equipo
antiaéreo. Su radar está completamente destruido. Somos una fuerza
militar imparable. Las instalaciones nucleares que arrasamos con los
bombarderos B-2 han sido atacadas con tal intensidad que tardaríamos
meses en acercarnos al polvo nuclear. Además, las mantenemos bajo una
intensa vigilancia y control satelital. Si vemos que hacen algún
movimiento, incluso un intento de ataque, los atacaremos con misiles con
gran contundencia. Tenemos todas las de ganar. Ellos no tienen
ninguna”. Es decir, Trump está amenazando con derruir instalaciones que
está prohibido atacar sin enfrentar un juicio por genocidio en La Haya.
El Presidente de los gringos culminó su discurso con este párrafo
olvidable mañana en el desayuno: “El país ha sido devastado y, en
esencia, ya no representa una amenaza. Eran los matones de Oriente
Medio, pero ya no lo son. Esta es una verdadera inversión en el futuro
de sus hijos y nietos. El mundo entero está observando y no pueden creer
el poder, la fuerza y la brillantez; simplemente no pueden creer lo
que ven. Déjenlo a su imaginación, pero no pueden creer lo que ven: la
brillantez del ejército de Estados Unidos. Esta noche, todos los
estadounidenses pueden esperar con ilusión el día en que finalmente nos
liberemos de la maldad de la agresión iraní y del espectro del chantaje
nuclear. Gracias a las medidas que hemos tomado, estamos a punto de
poner fin a la siniestra amenaza de Irán para Estados Unidos y el mundo.
Y les aseguro que el mundo está observando. Y cuando lo logremos,
cuando todo haya terminado, Estados Unidos será más seguro, más fuerte,
más próspero y más grande que nunca”.
Y todos sabemos que no es más seguro, sino mucho más caro.
3.4.26
La rendición de Trump
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