Fabrizio Mejía Madrid
Hatuey llega huyendo desde Santo Domingo, donde las masacres ordenadas
por Nicolás de Ovando en 1503 en su pueblo, Xaragua, son la señal de
salida. Llega a Cuba con 400 seguidores desplazados en canoas por el
espanto que han visto sus ojos. No sabemos su nombre, aunque le llamemos
Hatuey, porque ése es el nombre que se le da a los “salvajes” que
vivieron en cuevas durante cientos de siglos, antes de los ciboneyes,
antes de los taínos: guanahatabeyes. Sabemos, en cambio, el de su
lugarteniente, Caguax, y de su mujer, una guerrera y dirigente
inderrotable: Anacaona. A ellos se les une una jefa de la isla de Cuba,
Guarina. Aunque él era taíno, para los españoles era un indio salvaje,
es decir, indómito. Sus palabras cuando ya lo tenían amarrado a una pira
para quemarlo vivo siguen la ruta del relato que se cuenta a los hijos,
a los nietos y a todos los latinoamericanos:
–Arrepiéntete para que vayas al cielo –lo exhorta el cura franciscano Juan de Tasín.
–¿Hay más cristianos en el cielo? –pregunta célebremente Hatuey.
–Sí, muchos.
–Entonces no quiero ir. No quiero estar con ellos. Son la gente más cruel que he conocido.
Años más tarde, Bartolomé de Las Casas contará una asamblea en la que
Hatuey le reveló a sus combatientes el motivo de que los invasores
fueran tan crueles: “Así como nosotros tenemos dioses, éstos son capaces
de todo por esas piedras brillantes. A este oro le podemos danzar y
rogar, pero no escucha. Ya lo hemos intentado. Esta piedra no tiene
oídos. No vale la pena esconder el oro porque ellos vendrán tras él,
matarán a sus padres y madres, hermanos y hermanas y a sus vecinos, por
él. Así se lo comieran, vendrían para sacárselo de las tripas. Lo mejor
es aventarlo al mar”.
En agosto de 1511 Hatuey y su ejército se internan en la Sierra Maestra.
Diego Velázquez va arrasando pueblos en su camino y torturando personas
para que le digan dónde están los campamentos de los indígenas. Los
indígenas van tirando oro a los ríos, a las lagunas, al mar. Hatuey es
apresado. El 2 de febrero de 1511 es puesto en la hoguera y se niega,
delante de todos, a ir al cielo. Su gente seguirá durante años. Caguax
arrasará con Bayamo, el pueblo en el que le dieron muerte a su amigo y
dirigente. Guarina y Anacaona dirigirán ataques nocturnos contra los
españoles. Todos mueren resistiendo. Pero 10 años después todavía
seguían peleando los herederos de Hatuey.
Casiguaya, mujer de Guamá, el jefe de los guerrilleros indígenas que
controlaron las montañas durante una década, es puesta en la horca en
1521. Ahora es el cura Pedro Trujillo quien la exhorta a optar por irse
al cielo, en vez de al infierno. Ella pide que la bauticen junto a su
hija. Le llevan a la bebé. Casiguaya la estrangula al mismo tiempo que
brinca de una silla para ahocarse a sí misma. Un poco antes grita: “¡Ni
la hija ni la mujer de Guamá serán nunca esclavas!”.
La pregunta de la resistencia es siempre por el afuera. Los que resisten
viven enfrentados a él. Las pausas, respiros, y treguas que hacen los
que resisten nunca significarán que obedezcan o se rindan. En ese
adentro que forja la propia resistencia se está dispuesto a sufrir, al
dolor, la derrota y la muerte. Los que vienen de afuera se combaten con
otro afuera más grande, que envuelve las penurias y los dolores: el que
viene de la imaginación. Es un futuro que ellos no verán. Quizá sus
hijos o nietos. Por ello luchan, siempre insatisfechos, sublevados por
lo inalcanzable pero justo.
Cuando se habla de Cuba siempre se hará también de resistencia.
–Si se lanzan –escribe Silvio Rodríguez en referencia a la confesión de Donald Trump de “tomar” Cuba –exijo mi AKM.
Lo crucial de su frase no es el fusil de asalto, sino el exigirlo. Se
trata, por supuesto, del derecho a la resistencia, al “combate gozoso”,
que vislumbró, aun desde su racionalismo, Spinoza. Luego, por supuesto,
vendrán Frantz Fanon y Jean Améry, para quienes la confrontación es la
reapropiación de la dignidad. No es un asunto interno que permita
perdonar y redimir, sino un esfuerzo corporal. Su propósito no es otro
que el agresor reconozca que la víctima tiene razón y que, por ello,
existe.
Cuando hablamos de resistencia lo que está en el centro no es el cálculo
sobre las posibilidades de triunfo ni sobre las consecuencias para la
propia existencia, sino algo mucho más profundo que no admite
tasaciones. La duración, la tenacidad, la persistencia es la victoria de
los débiles. Sólo los débiles resisten. No hay resistencia de los
blancos, heteros, cristianos y millonarios porque, en su caso, tienen
más fuerza los despachos de abogados. Cuando un débil se pone de pie
para enfrentar a un enemigo mucho más fuerte, se hace desde la
convicción profunda de que se hace porque es justo, está bien, y vale la
pena frente a su opuesto: una vida resignada, sometida, e indigna. Su
resultado no es el de un combate ni de toda una guerra, sino el de las
generaciones en un futuro. Morir luchando es decidir que no morirás
cuando el que te oprime lo decida. Jean Améry, cuando estudió los
levantamientos del gueto de Varsovia contra los nazis, no vio en esa
decisión algo que tuviera que ver con la supervivencia ni con la
libertad, sino más bien algo que se aproximaba a la memoria perpetua de
la indignación. La contraviolencia es una forma de retener la dignidad
en una situación de defensa asimétrica. Se muere sin conceder al
atacante.
Estoy hablando de esto, de optar por el cielo que se te ofrece en la
pira de quien la va a encender o tener una dignidad que sólo valdrá, si
acaso, como memoria de la injusticia y el agravio acumulado. No hablo de
negociaciones entre estados nacionales ni de los cálculos a que están
obligadas las élites de la política. Tampoco de los académicos que
llaman “numantina” a esta resistencia. Hablo, en cambio, del símbolo que
representa Cuba para el mundo desde hace 60 años. Y debí comenzar por
ahí pero, entonces, habría dejado en segundo término la clave de todo
este litigio: negarse al cielo o, dicho en otras palabras, liberarse de
la libertad.
21.3.26
“Si se lanzan”
16.3.26
El destino de Cuba no nos es ajeno
En esta hora difícil para las soberanías de América Latina, el criminal
cerco a la isla de Cuba nos duele especialmente a los mexicanos y las
mexicanas. Quienes suscribimos esta convocatoria para apoyar a su pueblo
consideramos que sería una infamia no hacerlo, en momentos en que el
gobierno de Estados Unidos pretende doblegarlo por hambre y carencias,
mediante la intensificación del bloqueo económico y militar que impuso a
la isla a raíz del triunfo de su revolución y ante sus éxitos sociales,
científicos, artísticos, culturales, educativos, deportivos, de salud y
su conmovedora solidaridad internacional.
Simón Bolívar enseñó que la unidad es necesaria en nuestra América, “no
para combatir ni conquistar a nadie, no para hacerle a nadie la guerra,
sino para defenderla de peligros comunes, para lograr el respeto a su
soberanía, para solucionar conciliatoriamente sus diferencias y para
luchar por su prosperidad y progreso”. En 1961, cuando ocurrió la
Batalla de Playa Girón, el general Lázaro Cárdenas del Río advertía, en
un mitin en el Zócalo de la Ciudad de México, que al tratar de “ocultar o
eludir nuestra simpatía con el esforzado pueblo cubano, en los momentos
álgidos de su historia contra la invasión, no sólo traicionaríamos los
postulados de nuestros movimientos nacionalistas antifeudales,
antimperialistas y democráticos, sino que contribuiríamos al suicidio
colectivo de la soberanía e independencia de los países de
Latinoamérica”.
Tenemos una historia compartida con Cuba. Invadido por los ejércitos de
la corona española, su territorio sirvió de plataforma para que éstos se
adueñaran de lo que hoy es México, tierra de las grandes
civilizaciones. La isla sufrió la aniquilación de su población
originaria, lo cual determinó que los conquistadores la repoblaran con
esclavos traídos a la fuerza del África subsahariana.
Durante siglos nuestros países han sido vecinos y hermanos. Incluso la
población afrodescendiente en México provino de Cuba. Hemos compartido
su música y la nuestra. Su mambo, su danzón, su son, su trova y sus
boleros cruzaron el Golfo de México de ida y vuelta. Sus poetas y
escritores se cuentan entre los grandes creadores de nuestra lengua
común. Nos hemos apoyado mutuamente en huracanes y epidemias. Sus
médicos han caminado nuestras veredas y sanado nuestros padecimientos.
No se trata de una intromisión en “conflictos ajenos”. La actual
agresión al pueblo de Cuba y su legítimo gobierno ofende a quienes en
México y otras latitudes se identifican con su humanismo y su
fraternidad universal.
A partir de este día damos a conocer una cuenta bancaria de Banorte de
la Asociación Civil Humanidad con América Latina: 1358451779, con clabe
interbancaria 072180013584517792, con el fin de acopiar la aportación
económica de quienes deseen cooperar para adquirir alimentos, medicinas,
plantas eléctricas y otros productos indispensables para la resistencia
de nuestros hermanos y hermanas.
Y en lo que concierne a la última amenaza del presidente Trump sobre la
isla de imponer aranceles a aquellas naciones que suministren
combustibles a Cuba, reiteramos que se trata de medidas ilegales,
inhumanas e injustificadas que afectan gravemente a su pueblo.
Esta última escalada pone en riesgo el acceso a bienes y servicios
esenciales para sus habitantes, lastimando su derecho a una vida digna y
saludable. Al mismo tiempo, coarta la libertad de otros países para
decidir sobre sus relaciones comerciales de cooperación e intercambio
con esa nación.
Las reglas del orden internacional rechazan y prohíben el uso de la
fuerza y de las sanciones económicas unilaterales contra cualquier país,
precisamente por el daño indiscriminado que causan a la población.
Hacemos un firme llamado a la solidaridad con el pueblo cubano y a poner
fin al unilateralismo soberbio y agresivo. Respaldamos y convocamos a
apoyar todas las acciones gubernamentales o ciudadanas que se emprendan
con el fin de proteger el bienestar, la integridad y la dignidad humanas
en Cuba.
El respeto y la soberanía de los países –que reside originalmente y
siempre en los pueblos– debe continuar siendo la piedra angular de la
convivencia entre naciones y de las aspiraciones a lograr un mundo más
justo y en paz.
Y si las circunstancias lo exigen, llamaremos a respaldar al gobierno de
México, que encabeza la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ante
cualquier represalia que pueda enfrentar nuestro pueblo por cumplir con
el mandato, contenido en el artículo 89 de la Constitución, de aplicar
los principios normativos “de la autodeterminación de los pueblos, la no
intervención; la solución pacífica de controversias, la proscripción de
la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la
igualdad jurídica de los estados; la cooperación internacional para el
desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos
humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.
Responsables: Laura Esquivel y Carlos Pellicer López
FIRMANTES
Elena Poniatowska, Enrique Semo, Ignacio Ramonet, Marcos Roitman, Laura
Esquivel, Carlos Pellicer López, Enrique Dussel Peters, José María
Murià, Jesusa Rodríguez, Laura Restrepo, David Ibarra Muñoz, Paulina
Ulloa Ibarra. DIRECTORIO: Carmen Lira Saade, Rosalva Aguilar González,
Guillermina Álvarez, Rosa Elvira Vargas, Fabiola Santos Morales, Luis
Hernández Navarro, Francisco García Noriega, Armando Andrade Díaz,
Lizandro Rodríguez Bárcena, Javier Loza Hernández, Maximiliano Kusznir
Albert, Roberto González Amador, Marcela Aldama, Miguel Ángel Velázquez,
Pablo Espinosa, Socorro Valadez Morales. José María Huete, Felipe
Santacruz. COLUMNISTAS: Enrique Galván Ochoa, Julio Hernández López,
Carlos Fernández-Vega, Ortiz Tejeda, José Cueli, Gloria Muñoz, Marlene
Santos Alejo, Yuriria Iturriaga, David Márquez Ayala. Napoleón Gómez
Urrutia, Oralia Casso. CORRESPONSALES EXTRANJEROS: Armando G. Tejeda
(España), Juan Pablo Duch (Rusia), Stella Calloni (Argentina), Oscar
González (Argentina), Ángel González (Venezuela), Orlando Pérez
(Ecuador), Jairo Gómez (Colombia), Eric Nepomuceno (Brasil). FOTÓGRAFOS:
Cristina Rodríguez, Luis Castillo, Víctor Camacho, Alfredo Domínguez,
Roberto García, Sergio Hernández, Jair Cabrera, Jorge Pablo García,
Yazmín Ortega, Marco Peláez, José Carlo González, Fabrizio León, Pedro
Valtierra, José Núñez. MONEROS: Rafael Barajas (El Fisgón), Gonzalo
Rocha (Rocha), José Hernández (Hernández), Jorge González (Jerge).
ARTICULISTAS: Abraham Nuncio, Tanalís Padilla, Tatiana Coll, Hugo
Casanova Cardiel, Carlos Fazio, Hugo Aboites, Pedro Miguel, José Blanco,
Jóse Steinsleger, Javier Aranda, Fernando Buen Abad, Fabrizio Mejía,
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Solórzano Alderete. ECONOMÍA: Dora Villanueva, Julio Gutiérrez, Braulio
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MUNDO: Estefanía Baena, Eliot Gonzáloez, Montserrat Hawayek, Cathia
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Rocío García López, Cristhian Guadarrama Espinosa, Alejandro Torres
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Rodríguez, René Ramón Alvarado, Jorge A. Pérez Alfonso, Luis A. Boffil
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Reyes, Óscar Martínez Reséndiz, Rosalía A. Villanueva, Juan Manuel
Vázquez, Joshua Reyes Sámano, Rosalía A. Villanueva. CULTURA: Eder
Torres, Merry Macmasters, Eirinet Gómez, Israel Campos Mondragón, Reyes
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González, Fabiola Palapa, Ángel Vargas, Ana Mónica Rodríguez.
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Cepeda Ruiz, Roberto Casilla Valdez, Víctor Manuel García Santiago,
Francisco Sánchez Martínez, Edahena Villavicencio Aragón, Ma. Magdalena
Rogel Nava, Zazil-Ha Troncoso Flores, Norma Angélica Hernández Pérez,
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Ortiz, Francisco Torres, Luis Tovar. DISEÑO: Brenda Moncada, Rosario
Mateo, Marga Peña, Oscar Tiscareño, Francisco del Toro, Adrián García
Baez, Jesús Díaz Hernández, Israel Benítez, Ricardo Flores, Alejandro
Pavón Hernández, Carlos Augusto, Alonso Olivares, Joel Sánchez Lara,
Jackeline Vilema Castillo, Guillermo Alejandro Filio Sánchez, Norma Del
Orbe Valdez, Graciela Cirenia Palomo Cortés, Nuria Lozano Perrusquía,
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Pérez Reyes, Gerardo Martínez Rosas, Ricardo Moreno Gutiérrez, Omar
Pérez Oróstico, Martín Bocanegra Ramírez, Ana Silvía Díaz Hernández,
David Velázquez Barrientos.
12.3.26
El “paseo” militar de Trump y Netanyahu en Irán ha transitado a una guerra de desgaste de resultado incierto
Por Carlos Fazio
El ataque a traición con alevosía y premeditación de Estados Unidos e Israel contra Irán ha entrado en su décimo tercer día. Y parece razonable concluir que más allá de la niebla de la guerra y la propaganda de uno y otro bando, el dúo agresor, Donald Trump y Benjamín Netanyahu, no ha logrado sus principales objetivos bélicos: el cambio de régimen.
Instigados por Netanyahu, Trump y sus principales asesores –su yerno Jared Kushner y Steven Witkoff, ambos judíos sionistas acérrimos– apostaron que con un ataque furtivo de decapitación, bajo la cobertura de negociaciones falsas durante el Ramadán (el mes sagrado musulmán), desencadenarían una insurrección interna para derrocar al gobierno iraní. De esa manera, lograrían una victoria rápida (de 4 a 5 días, según la primera estimación de Trump) y evitarían cualquier represalia grave.
La realidad no ha salido exactamente como esperaban. Pese a las graves pérdidas en vidas e infraestructura crítica, el gobierno de Irán no capituló. Al contrario, ha contraatacado y ahora parece llevar la iniciativa. Tampoco se ha fragmentado ni se han levantado las masas contra el régimen. Al revés, el pueblo mayoritario se ha unido y reunido en torno a la bandera y la defensa de la soberanía nacional. En resumen, Estados Unidos e Israel acaban de dar una patada a un avispero. Sus partidarios celebran el asesinato a traición del ayatolá Alí Jamenei y los bombardeos de saturación de ciudades iraníes, como el que eliminó a 175 colegialas en Minab, impactadas por un misil Tomahawk,
Una primera constatación es que EU e Israel hicieron lo mismo que durante la llamada “guerra de los 12 días” contra Irán de junio de 2025. Repitieron la táctica terrorista de “decapitación” que han llevado a cabo en numerosas ocasiones: con los negociadores de Hamás y Hezbolá; con científicos nucleares iraníes; con el presidente Nicolás Maduro en Venezuela, y con Ebrahim Raisi, el último presidente iraní que murió en un “accidente” de helicóptero en mayo de 2024. La misma táctica que el aliado de EU, Ucrania, asesorado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), ha desplegado repetidamente contra generales rusos. El Estado sionista de Israel y su vasallo, Estados Unidos –como solía señalar James Petras– han sido pioneros en este comportamiento ruin desde la guerra fría. Ahora, han caído a un nuevo mínimo.
Otro elemento a valorar, es que el éxito de una campaña militar no se mide por el número de bombas lanzadas y el número de personas asesinadas. Según esos criterios, Estados Unidos ganó la guerra de Vietnam. La verdadera victoria se mide por el logro de los objetivos políticos. En este caso, el objetivo político último de la guerra de EU e Israel contra Irán es el cambio de régimen. Y como dice el observador geopolítico chino Hua Bin, Irán ganará siempre que sobreviva y desafíe el objetivo bélico de sus agresores. En otras palabras, Irán no tiene que ganar, solo no perder. Además, a medida que la guerra se amplía para involucrar a todas las petro-monarquías del Golfo Pérsico, se está convirtiendo en un conflicto prolongado. En este tipo de conflictos, ganar no solo depende de quién tiene la capacidad de infligir daño, sino también de quién tiene la resistencia para absorberlo. Irán está demostrando su capacidad para absorber los ataques mientras inflige su propia destrucción a sus enemigos. Irán está preparada para una guerra de desgaste. Estados Unidos e Israel, no.
Durante años, Trump vendió la fantasía de la guerra rápida. Ataques quirúrgicos, operaciones relámpago, victorias fáciles y baratas que se podían anunciar en rueda de prensa o celebrar en su red social. Pero la realidad de las guerras asimétricas modernas es menos cinematográfica y mucho más costosa. Y ahora el propio Trump empieza a descubrir que bombardear es fácil, pero mantener una guerra, no tanto. Máxime, si suben los precios del gas licuado y del petróleo y se va al bolsillo de los consumidores estadunidenses de a pie.
Otro hecho verificable, señalado en varias entregas anteriores para Mate Amargo, es la perfidia de Estados Unidos, considerada un crimen de guerra por los Convenios de Ginebra de 1977. Al igual que su predecesor imperial, Gran Bretaña, EU es un Estado canalla y sin escrúpulos en el que no se puede confiar. Al igual que la “pérfida Albión”, EU ha demostrado una habitual mala fe y traición en la diplomacia. En menos de un año, lanzó dos ataques por sorpresa contra Irán bajo la cobertura de las negociaciones. No hay engaño: todo el mundo conoce ahora la verdadera naturaleza de la bestia.
Irán y la guerra de desgaste
Como dice Xavier Villar, el error recurrente en parte de los analistas occidentales consiste en medir a Irán por parámetros convencionales. Se evalúa su capacidad aérea, su tecnología o la exposición a bombardeos de precisión y se concluye que la superioridad técnica de EU e Israel equivale a vulnerabilidad estratégica de Irán. La historia reciente demuestra lo contrario. La República Islámica no compite por simetría. Su estrategia se construyó para absorber golpes iniciales, preservar el núcleo estatal y convertir la superioridad militar ajena en desgaste político prolongado del enemigo. Esa lógica se ha confirmado: la cadena de mando política-militar-religiosa iraní funciona (había tres o cuatro estructuras de recambio en caso de decapitación), no hay fracturas visibles, y la anunciada y reiterada respuesta misilística contra las bases militares de EU en Medio Oriente, ha sido activada sin improvisación.
Además, la República Islámica continúa su respuesta militar contra Israel de manera calibrada. Según los indicios de los últimos días, los ataques iraníes son sostenidos, pero más cualitativos que cuantitativos: buscan mantener la presión sin comprometer reservas estratégicas. En paralelo, se desarrollan acciones que afectan indirectamente a los países del Golfo Pérsico, buscando regionalizar la estructura de costes del conflicto.
A su vez, el regreso de Hezbolá a la lucha contra Israel amplió significativamente los límites de la escalada sionista. La participación de la guerrilla chiíta libanesa, con el consiguiente y desproporcionado bombardeo de retaliación de Israel sobre Beirut, aumentó simultáneamente la presión internacional por desescalar el conflicto. Esto se alinea con la doctrina de Irán, consolidada durante décadas: expandir geográficamente el conflicto para diluir la presión directa sobre el territorio iraní y transformar la superioridad militar del adversario en una carga política prolongada. El mensaje público de Irán los últimos días continúa rechazando negociaciones en esta etapa. El gobierno iraní parece apostar menos por revertir resultados en el campo de batalla y más por la fatiga política de actores externos, especialmente en Estados Unidos y entre los “socios” petroleros del Golfo Pérsico. La premisa subyacente es que las potencias externas buscarán contener el conflicto antes de que se transforme en una amenaza existencial para la supervivencia del régimen.
El control iraní sobre el Estrecho de Ormuz, una ruta marítima estratégica crítica para el petróleo mundial, y las sucesivas oleadas de misiles balísticos y drones contra objetivos militares y bases de Estados Unidos en Arabia Saudita, Jordania, Baréin, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Omán e Irak, no fueron improvisaciones. Forman parte de un diseño calculado para redistribuir el impacto del conflicto, ampliando el perímetro de presión sin exponerse de manera directa. La superioridad tecnológica de la coalición EU/Israel/monarquías del Golfo pierde parte de su eficacia cuando el escenario se fragmenta y obliga a tomar decisiones bajo incertidumbre y riesgo.
Como apunta Villar, esa profundidad no es táctica; es estructural. Cada actor regional es un multiplicador de influencia y un amortiguador frente a presión directa. La elasticidad del sistema iraní convierte la asimetría militar en ventaja estratégica: Teherán no necesita dominar el espacio aéreo para mantener el control del conflicto. Su ventaja reside en tiempo, coordinación y resistencia sostenida. Usa la guerra de desgaste como factor estratégico. La duración del conflicto como arma. Un conflicto abierto y sostenido genera presión sobre infraestructuras críticas y mercados. Las monarquías del Golfo se tambalean. Según señaló Alastair Crooke, la ‘marca’ del Golfo –prosperidad, grandes cantidades de dinero, inteligencia artificial, playas y turismo– probablemente haya llegado a su fin. Israel también podría no sobrevivir en su estado actual.
La respuesta iraní “ciega” los radares de la Quinta Flota
Los estrategas militares iraníes han demostrado especial interés en destruir la infraestructura de la Quinta Flota de Estados Unidos en Bahréin. La Quinta Flota constituye la columna vertebral de la hegemonía regional del Pentágono. La flota cubre tres puntos estratégicos vitales: el estrecho de Ormuz, el canal de Suez y el estrecho de Bab al-Mandeb (paso natural entre el mar Rojo y el océano Índico por el golfo de Adén). Y su cuartel general no es solo un puerto. Es un centro integral de radares, inteligencia y bases de datos. Irán ha logrado destruir los radares y gran parte de la infraestructura logística y administrativa del puerto de Baréin.
De acuerdo con un análisis de mpr21, la respuesta iraní ha “cegado” los radares de la Quinta Flota. Las últimas evaluaciones de daños de combate en el Golfo dibujan no solo una campaña de represalia iraní sino el intento de desmantelar la arquitectura de sensores del Comando Central del ejército Estados Unidos en Medio Oriente (CentCom). Si la información de la Guardia Revolucionaria es precisa (y el silencio del CentCom es revelador), estamos presenciando el ataque balístico más sofisticado jamás realizado contra la infraestructura de guerra electrónica en la historia. Irán apunta a los ojos, a los radares instalados en Qatar y Bahréin.
El objetivo principal es el radar de alerta temprana mejorado AN/FPS-132 en la base aérea de Al Udeid, en Qatar, la joya de la corona de la maquinaria de guerra estadunidense. No es un simple radar de búsqueda; es un sistema de matriz en fase de estado sólido con un alcance de casi 5.000 kilómetros. Está diseñado específicamente para rastrear misiles balísticos, distinguir ojivas de señuelos y transmitir datos de seguimiento directamente a interceptores como el SM-3 y el Thaad. Según la información, al destruir el FPS-132, Irán no sólo voló unas instalaciones; creó una brecha en la red de sensores. Redujo el tiempo de reacción de las baterías Patriot o Thaad restantes en la región. Cegó a los agresores de su visión más allá del horizonte, transformando un sistema de defensa aérea integrado de alta gama y astronómicamente costoso en una colección de sistemas de defensa puntual de corto alcance. Esa operación no ha sido la única. Era un objetivo coordinado. Como se dijo arriba, los ataques también tuvieron como objetivo la base naval de Al Juffair en Bahréin, sede de la Quinta Flota y Navacent.
La respuesta iraní exhibe un cambio de la “saturación de área” a la “saturación y destrucción de sensores”. Esto demuestra que no sólo pueden llegar a las bases estadunidenses ubicadas en toda la región, sino también apuntar a equipos electrónicos específicos y de gran valor en los que se basa toda la doctrina de defensa del Pentágono. El plan militar estadunidense consiste en sincronizar las redes de radar de cada base para crear una imagen unificada. Pero si el sensor más potente de la red, el FPS-132, ha sido destruido y el centro de mando en Bahréin funciona con generadores de respaldo, la sincronización se vuelve irrelevante.
Estados Unidos ha gastado cientos de miles de millones en construir una red de sistemas. Irán acaba de demostrar que está dispuesto a gastar unos pocos millones para destruir los elementos más críticos. El ejército iraní no posee la formidable potencia de fuego de sus adversarios, pero ha demostrado una capacidad sorprendentemente asimétrica. El aventurerismo militar siempre conlleva un riesgo. Y parece que con Irán, el riesgo es total. Si la situación no cambia, Washington sólo tendrá dos opciones: negociar un cese de las hostilidades a través de un tercer país para limitar los daños y volver a una estrategia de guerra híbrida más eficaz para inducir un cambio de régimen en Teherán, o hacer todo lo posible con plena potencia de fuego, arriesgándose a un caos interminable con consecuencias desconocidas, que serán contrarias a los intereses de Washington en las próximas décadas.
Mate Amargo 12.03.26