8.12.13

México cede sus bosques y selvas a Redd+

Contralínea 346 / julio 2013
Elva Mendoza

El gobierno mexicano prepara la incorporación de 138 millones de hectáreas (el 70 por ciento del territorio nacional) al mecanismo internacional Redd+. Aunque la estrategia se encuentra aún en la etapa de discusión y formalmente se someterá a consulta hasta 2014, el país ya recibió 33.8 millones de dólares de dos fondos del Banco Mundial: el Forest Carbon Partnership Facility y el Programa de Inversión Forestal. Con ello, se comprometió a concluir la estrategia y a avanzar por 5 años en las “acciones tempranas” de la Redd+. La Conafor, encargada de la ejecución del proyecto, celebra la “vocación” de todas las áreas naturales protegidas y reservas naturales mexicanas para incorporarse al mecanismo. Asegura que nada se impondrá a las comunidades, pues se realizarán consultas y los campesinos recibirán recursos económicos. Se prepara la usurpación de territorios más grande de todos los tiempos, considera Red Indígena
México cuenta con, al menos, 33.8 millones de dólares para discutir la Estrategia Nacional Redd+ y hacer funcionar pruebas piloto en cinco estados de la República. Los recursos, provenientes de dos fondos multilaterales de los que el Banco Mundial es fideicomisario, comprometen al país en la ejecución del mecanismo de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Evitada (conocida como Redd+) sobre las áreas forestales de todo el país. Con ello, consolida el acceso al financiamiento internacional y su participación activa en el mercado de bonos de carbono.

El gobierno federal –a través de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), organismo público descentralizado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales– trabaja desde 2010 en el documento rector de la Estrategia Nacional de Redd+.

El último borrador que aún se discute, fechado en noviembre de 2012,  pretende ser llevado a consulta pública en 2014, no obstante que se espera que Redd+ esté en operación hasta 2020 sobre la totalidad de las áreas forestales mexicanas, incluidas aquellas que se encuentran bajo alguna categoría de protección.

Los recursos son utilizados para el diseño de la Estrategia y pruebas piloto o acciones tempranas Redd+ en cinco estados de la República: Jalisco, Campeche, Quintana Roo, Yucatán y Chiapas.

Redd+ es un planteamiento de los países integrantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y tiene como objetivo reducir la emisión de gases de efecto invernadero por medio de la conservación de bosques o bien la restauración de las áreas forestales que han sido degradadas.

Se diseña frente a la crisis climática para otorgar compensaciones económicas, por parte de los países del Norte que tienen compromisos de reducción de emisiones en el Protocolo de Kioto, a los países del Sur para mantener en pie sus bosques.

Redd+ parte de la idea de que los bosques son sumideros de carbono al capturar uno de los principales gases de efecto invernadero, el dióxido de carbono (CO2), identificado por la Convención como la principal causa del calentamiento global.

La deforestación, degradación o quema del bosque, permite que se libere el carbono como CO2 o como metano (CH4), lo que contribuye al cambio climático. Es por esto que el mecanismo financia proyectos que evitarían que eso suceda.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura calcula que los ecosistemas forestales del mundo almacenan alrededor de 289 gigatoneladas (Gt) de carbono. Si se considera el conjunto del carbono almacenado en la madera muerta, la hojarasca y el suelo, la cantidad es mayor que todo el carbono presente en la atmósfera: 652 Gt.

México con potencial en Redd+

En el documento que se prepara, la Conafor califica a México como un país con potencial dentro del programa Redd+. De la superficie total del territorio nacional (196.4 millones de hectáreas), el 70 por ciento está cubierta por ecosistemas forestales (138 millones de hectáreas) y el resto corresponde principalmente a zonas con agricultura, ganadería y áreas urbanas (29.7 por ciento).

Aunque Sergio Graff, coordinador general de Producción y Productividad de la Conafor y secretario del Comité Técnico Consultivo Redd+ (CTC-Redd+), reconoce en entrevista que no existe una evaluación nacional detallada de los diversos procesos de degradación forestal del país y que las causas son múltiples, como la tala ilegal, los incendios forestales o los subsidios gubernamentales para el desarrollo de actividades pecuarias, frutícolas o agroenergéticas, afirma que “la mayor parte del problema ligado a la deforestación y a la degradación está relacionado con las actividades agropecuarias en el medio rural”.

Los bosques y selvas mexicanas se encuentran entre los primeros 24 del mundo con mayor volumen de existencias de carbono en la biomasa forestal viva. “Para 2010 se calcularon en 2 mil 43 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalentes [tCO2e] con un promedio de 32 toneladas por hectárea”. Se aspira a que en 2022 México sea un sumidero neto.

Además, con este mecanismo, las autoridades mexicanas ven en las 174 áreas naturales protegidas existentes nuevas oportunidades.

Para Paloma Neumann, de la Campaña de Bosques y Selvas de Greenpeace México, Redd+ debiera aplicarse prioritariamente en las zonas donde se detecte que haya emisiones de gases de efecto invernadero por deforestación o degradación. “Se supone que si tienes un Área Natural Protegida ya estás conservando y se está dando financiamiento para conservar ese bosque; ¿por qué se necesita financiamiento para reducir emisiones en un área que se supone ya está conservada?”.

—¿No basta con que ya estén bajo alguna categoría de protección? –se le pregunta a Sergio Graff.

—Aunque tengan un decreto están sujetas a presiones de actividades porque la mayor parte de la superficie es propiedad de ejidos y comunidades y hay actividades económicas. Esta Estrategia también coadyuva a que las actividades económicas sean compatibles con la conservación.

Según el Convenio de Diversidad Biológica, alrededor del 15 por ciento del carbono se encuentra almacenado en las áreas protegidas del mundo, por lo que el manejo efectivo y la expansión de estas zonas de conservación pueden contribuir a la mitigación del cambio climático, reduciendo las emisiones presentes y futuras y protegiendo los sumideros actuales.

Territorios indígenas

En México, el 58 por ciento de los bosques son propiedad de los pueblos indígenas y campesinos que los habitan bajo tenencia ejidal o comunal, indican cifras del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo de México (Ceccam).

Como una conquista de la Revolución Mexicana de 1910, la mayor proporción de los bosques y selvas del país son propiedad de las comunidades forestales y de los pueblos indígenas.

Dentro de la Estrategia se subraya que el 26.2 por ciento de la superficie de las áreas naturales protegidas federales y estatales del país se encuentran en territorio de pueblos indígenas: más de 2 millones de hectáreas.

Sin embargo, tal como lo indica el Ceccam, los pueblos indígenas y las comunidades rurales no cuentan con títulos formales de propiedad de tenencia sobre estos territorios ni están reconocidos sus derechos sobre los bosques.

La Organización de las Naciones Unidas ha expresado que para el correcto funcionamiento de Redd+ es necesario establecer una posesión clara de la tierra.

Ante este hecho, según la Red Indígena Ambiental Internacional, Redd+ prepara la mayor usurpación de tierras de todos los tiempos. “El riesgo para las comunidades de los bosques es el desalojo de la tierra, su privatización a favor de las corporaciones y las restricciones de uso de su propio territorio, aunque dependen de este hábitat para garantizar su existencia como sociedades y culturas distintas”.

Ejemplo de ello es el programa piloto Redd+ que el exgobernador Juan Sabines Guerrero puso en marcha en 2011 sobre 614 mil hectáreas de selva chiapaneca, y que a decir de la Conafor no forma parte de sus acciones tempranas.

Tal como lo señaló públicamente Juan Sabines, desde que Redd+ llegó a la selva, 100 comunidades han sido desplazadas de su territorio. En enero de 2011, durante la entrega de recursos de Redd+, el exgobernador dijo ante los comuneros “beneficiados” que de los 170 pueblos que permanecían invadiendo alguna reserva, sólo quedaban siete.

Los pueblos en resistencia están dentro de la Reserva de la Biósfera Montes Azules, área declarada en 1978, que se extiende 321 mil hectáreas sobre el territorio chiapaneco. Ahí se refugian del hostigamiento y de la represión militar y paramilitar de la que son objeto.

Aunque la prueba piloto en Chiapas fue presentada como un caso de “éxito”, el 8 de julio pasado Isaí López dio cuenta en una nota de prensa en El Heraldo de Chiapas de la suspensión del proyecto del exgobernador Sabines. “Fue un fracaso. Esa estrategia ya está cancelada, no se tuvieron los resultados que se anunciaron”, dijo Carlos Morales Vázquez, secretario del Medio Ambiente e Historia Natural de la recién llegada administración.

Consulta Pública

Las salvaguardas ambientales y sociales son parte de los principios adoptados por México. Provienen de los Acuerdos de Cancún de la CMNUCC. Entre otros, establecen el cumplimiento al consentimiento libre, previo e informado de las comunidades rurales e indígenas en todos aquellos aspectos de Redd+ que incidan o puedan afectar sus territorios, bienes, derechos individuales o colectivos.

Aunque la Estrategia incluye esta salvaguarda, Edmundo del Pozo, investigador de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, AC, apunta que éste es uno de los temas críticos de la Estrategia.

“Nuestro principal señalamiento es el vacío que hay con relación con el enfoque de derechos humanos y derechos de pueblos indígenas. No estamos en contra de que se recojan las salvaguardas, pero el instrumento normativo de protección a los derechos de las personas afectadas por Redd+, sobre todo a los pueblos indígenas, deben ser los derechos humanos, y las salvaguardas deben ser una normativa complementaria”.

Explica el investigador que el derecho al consentimiento que recupera la Estrategia es limitado y por tanto no es verdadero, porque no reconoce el derecho al veto. “Un derecho al consentimiento que no tienen derecho al veto es un falso derecho al consentimiento”.

Frente a ello, el Grupo de Trabajo del Protocolo de Consulta –conformado por Fundar, Centro de Análisis e Investigación, AC; Organización de Ejidos Productores Forestales de la Zona Maya, SC; Red Indígena de Turismo de México, AC; Red Mexicana de Organizaciones Campesinas Forestales, AC; y Sakbe, Comunicación y Defensa para el Cambio, AC– elaboró, dentro del Consejo Técnico Consultivo, un Protocolo de Consulta y Participación para la Estrategia Nacional de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Plus.

Remarca el investigador que la necesidad de hacer el Protocolo surgió de la falta de una ley de consulta de pueblos indígenas.

No obstante, el documento no tiene carácter vinculante. “Aún cuando se construyó participativamente y en el marco de la institucionalidad, no se puede decir que tenga una fuerza obligatoria para las autoridades. No es una ley de consulta ni un reglamento”.

Expresa Edmundo del Pozo que una de las preocupaciones es que dentro del documento rector no se retomen los insumos que se colocaron dentro del Protocolo, “no aparece la obligación de consulta del Estado a los pueblos y comunidades indígenas”.

Cuestionado al respecto, Sergio Graff asegura que no hay necesidad de incorporar el tema a la Estrategia Nacional, porque lo único que marcará ésta son los lineamientos generales.

“No sé por qué tiene que ser vinculante. La consulta es una obligación”. Agrega que “las organizaciones hicieron una propuesta de protocolo que la autoridad está considerando”.

—¿Ustedes tienen contemplado el derecho de los pueblos al consentimiento?

—Claro. Sí. La Estrategia va a contemplar que cualquier acción ligada a un mecanismo Redd+ deberá tener consentimiento previo, libre e informado. No va a haber ninguna acción en la que no esté de acuerdo el dueño. Si en una comunidad indígena se quiere implementar [sic] una acción Redd+ tendrá que buscarse el consentimiento de la comunidad antes de hacerlo.

—¿Con el derecho de veto?

—En su comunidad sí, por supuesto. Lo que no pueden hacer es vetar una Estrategia Nacional, nadie.

—Localmente sí…

—Claro. Si la comunidad no quiere que haya un incentivo adecuado para que maneje sus bosques o no quiere un apoyo para fortalecer su organización, un apoyo para desarrollar proyectos integrales; si la comunidad no quiere, puede vetar la acción. Pero lo que busca la Estrategia es que todos los programas públicos tengan un mejor impacto a favor de la comunidad y de sus recursos. Yo no creo que nadie quiera oponerse a eso.

—Pero habría que preguntarles…

—Claro. Al momento que uno quiera entrar a su comunidad se les tiene que preguntar. Por supuesto.

Octavio Rosas Landa, catedrático en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México e integrante de la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales, recalca que los bienes, propiedad de comunidades, han sido conservados y protegidos a pesar de las políticas de gobierno, pero que ahora, frente a la crisis financiera y ambiental de escala global, ésta última pretende ser paliada por medio de mecanismos de mercado que no van a solucionar el problema.

“¿Por qué presionar a los campesinos y ejidatarios a que acepten este tipo de convenios si son ellos quienes más contribuyen a que el calentamiento global no se agrave? Y si no aceptan, ¿son ellos quienes no quieren detener el calentamiento global?”, pregunta.

Acciones tempranas

Como parte del proceso de preparación para la próxima aplicación de la Estrategia, se han puesto a prueba acciones tempranas en el país que servirán de ejemplo para la construcción y posterior aplicación de la Estrategia Nacional.

Una de ellas es en la región de las Cuencas Costeras de Jalisco, donde se contabilizan 10 áreas naturales protegidas, además de ser zona prioritaria para la conservación del jaguar y una de las de mayor importancia para la conservación de aves migratorias de América del Norte.

Otra de las acciones se realiza en el Corredor Biológico Mesoamericano, que incluye a Campeche: zona de influencia de Calakmul; Yucatán: Sierrita de Ticul; y Quintana Roo: municipios de Bacalar, José María Morelos, Othón P Blanco y Felipe Carrillo Puerto.

Y por último, acciones tempranas en 5 millones de hectáreas que abarcan 57 municipios del estado de Chiapas, así como 16 Áreas Naturales Protegidas en Corredores Biológicos y la Selva Lacandona.

Además, de acuerdo con Sergio Graff, se espera próximamente iniciar proyectos piloto Redd+ en el Estado de México y en Oaxaca, aunque aún no se define la zona.

Sobre los resultados, Graff no tiene noción. “Es un proceso que apenas acaba de empezar, pero por ejemplo en el caso de la [Selva] Lacandona se ha tenido un impacto positivo reduciendo la deforestación. En algunos lugares se registran tasas de 7 por ciento anual y ha bajado a menos de 1 [por ciento]”.

—¿Cuántas de estas acciones han implicado la venta de bonos de carbono? –se le pregunta.

—No. Ninguna. Como está en un proceso de preparación, los mecanismos todavía no están definidos en los acuerdos internacionales. Nada más se trabaja a través de recursos que se asignan a estos programas.

El mercado de carbono

De acuerdo con el documento Redd+ y los territorios indígenas y campesinos, del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam), Redd+ es un instrumento de la economía verde y pretende financiar la captura de carbono que realizan los bosques, a partir de la emisión de certificados o bonos por captura de carbono.

A partir de que se determinó en el Protocolo de Kioto el límite sobre la cantidad de gases contaminantes que pueden ser emitidos a la atmósfera, a los países industrializados se les permite financiar proyectos de captura o reducción de estos gases en países en vías de desarrollo.

De este modo, las empresas que necesiten aumentar las emisiones por encima de su límite compran bonos (certificados) que les representan el derecho a emitir una cantidad determinada de residuos. Con esto, el comprador paga por contaminar, mientras que el vendedor se ve compensado al evitar la deforestación, la degradación y la tala.

Al no obligar a las empresas contaminantes a reducir sus emisiones a la atmósfera, el esquema es objeto de la oposición de organizaciones como Vía Campesina, Red Indígena Ambiental, el Ceccam y la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales.

La Estrategia Nacional no impide ni acota la venta de bonos de carbono, expone abiertamente que el mercado voluntario puede representar una fuente complementaria de financiamiento.

Aunque Sergio Graff aclara que en la Estrategia la venta de bonos de carbono es una posibilidad, dependerá de cómo se establezca el mecanismo a nivel internacional. “Todavía no se sabe si va a haber un mercado de carbono por reducción de emisiones, pero lo que sí es que va a haber transferencias económicas teniendo resultados de disminución de emisiones de carbono”.

Financiamiento

La Estrategia Redd+ posibilita el financiamiento de fuentes públicas, privadas, nacionales e internacionales. Así como el uso de fideicomisos para hacer factible la movilización de recursos basados en resultados climáticos y la distribución de beneficios y estímulos a los dueños de terrenos forestales, comunidades indígenas y rurales.

En la Visión de México en REDD+, el documento que antecedió al borrador de la Estrategia, se lee: “Los fideicomisos nacionales, regionales o locales jugarán un papel como operadores protagónicos que tendrían la capacidad de administrar y desembolsar de manera eficiente y oportuna los fondos para promover Redd+ y dar seguimiento y evaluar el ejercicio de presupuestos con transparencia, a partir de esquemas confiables de monitoreo y verificación”.

Y agrega: “los fideicomisos podrían ser públicos, privados o mixtos y mantenerse desde fondos multilaterales, mercados de carbono –en su momento– u otros recursos fiscales etiquetados que acogerían la participación de gobiernos, empresas, propietarios de tierras (ejidos, comunidades, individuos, empresas), organizaciones de la sociedad civil e intermediarios financieros, entre otros”.

En los Acuerdos de Cancún los países desarrollados adoptaron formalmente el compromiso de proveer “financiamiento de inicio rápido” a los países en desarrollo durante el periodo 2010-2012 para acciones de mitigación (incluyendo Redd+), adaptación, desarrollo y transferencia de tecnología y creación de capacidades, previamente mencionado en el Acuerdo de Copenhague, donde se comprometieron a movilizar recursos para 2020 y cubrir las necesidades de los países en desarrollo en el contexto de acciones de mitigación significativas y de transparencia en su ejecución. Estos fondos pueden provenir de fuentes públicas, privadas, bilaterales, multilaterales y alternativas.

En el caso de México, la Ley General de Cambio Climático instruye la creación del Fondo para el Cambio Climático con el objeto de captar y canalizar recursos financieros públicos, privados, nacionales e internacionales para apoyar acciones que enfrenten el cambio climático.

La Estrategia plantea que parte del presupuesto del fondo se habrá de constituir con los recursos derivados de su actividad en el mercado de bonos de carbono.

Refiere Sergio Graff que, hasta ahora, México cuenta con 33.8 millones de dólares para las etapas preparativas de Redd+; de éstos, 3.8 millones se derivan del Forest Carbon Partnership Facility: “Apenas se va a firmar el apoyo para preparación; son 3.8 millones de dólares que se utilizan para la elaboración de la Estrategia, pero sobre todo para la consulta”; y un “donativo” de 30 millones de dólares para ejercerse en 5 años del Programa de Inversión Forestal, destinados a programas especiales en las acciones tempranas de Redd+.

“No es mucho dinero pero sirve para hacer los trabajos de innovación. Ese dinero está en un fondo internacional y conforme se van aplicando los recursos, México tiene reembolsos; no se los entregan todos al país”, aclara el funcionario.

Según se lee en la Estrategia, el financiamiento para las acciones tempranas en Jalisco conjuntará recursos de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), de la Unión Europea a través del proyecto de Facilidad para la Inversión en Latinoamérica (LAIF, por su sigla en inglés), del gobierno de Jalisco y de la Conafor.

Además, se cuenta con tres fideicomisos donde es posible recibir recursos públicos del gobierno federal, estatal, de organismos de la sociedad civil y organismos privados.

En la Península de Yucatán, señala la Estrategia Nacional Redd+, habrá financiamiento de la Unión Europea proveniente del LAIF a través de una acción conjunta con la AFD, la AECID y la Conafor, para la construcción de mecanismos de gobernanza a nivel local; financiamiento de los gobiernos de los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo, así como de Conabio, The Nature Conservancy, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y la Conafor a través del ProÁrbol y los lineamientos del Programa Especial para la Conservación, Restauración y el Manejo Sustentable de los Recursos Forestales de la Península de Yucatán.

En Chiapas, a partir de 2010, la Conafor promueve el Programa Especial para la Conservación, Restauración y Aprovechamiento Sustentable de la Selva Lacandona, que integra las modalidades de apoyo económico en agroecología, regeneración de selvas, restauración de riveras y arroyos, reforestación diversificada, pago por servicios ambientales, estudios forestales y silvicultura comunitaria.

Mediciones y verificación

Para monitorear, medir y evaluar el desempeño de Redd+, México habrá de desarrollar un sistema verificable de medición y reporte en el que deberá establecer la cantidad de emisiones y remociones de gases de efecto invernadero para una región dada y para un periodo determinado (niveles de referencia). Su definición será apoyada por el Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques del Banco Mundial y por Noruega.

El sistema de monitoreo mexicano deberá ser de bajo costo. “Mientras más costoso sea, más oneroso será para el país desarrollar un mecanismo de Redd+ y menores los beneficios que se obtendrán”, apuntan las autoridades en Visión de México sobre Redd+. Hacia una estrategia nacional.

De acuerdo con el mismo documento, México ha participado activamente en las principales iniciativas multilaterales relacionadas con mediciones y verificación para Redd+, incluidos el Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques y la iniciativa de rastreo de carbono forestal del Grupo de Observación de la Tierra. Asimismo, el país ha desarrollado trabajos bilaterales con Canadá sobre el modelo de contabilidad del carbono; con Alemania, para el uso de tecnologías de radar, y con Estados Unidos y Finlandia, para fortalecer el inventario forestal.

Fuente: www.contralinea.com.mx Periodismo de investigación


La Restauración agónica: el primer año de EPN

Gustavo Ogarrio


De la candidatura presidencial sin bibliografía al acorazamiento  del nuevo Señor Presidente

Se puede afirmar que el primer año del gobierno de Enrique Peña Nieto ha sido también el año de la aceleración política y represiva en la restauración del PRI como partido de Estado. Viejos anhelos autoritarios envueltos en ropajes nuevos y una obsesión por recobrar el control político del Estado, con golpes de timón que implican la recuperación autoritaria de la unidad de la política en contextos de fragmentación del orden social tradicional, lo que se traduce en el rigor con el que Peña Nieto ha querido relanzar las fórmulas actuales del capitalismo neoliberal en México.

Asistimos a la entronización del dogma de la privatización de bienes públicos en nombre de activar la economía nacional, del montaje y de la intromisión abiertamente melodramática y grotesca de los mass media en las tragedias nacionales, como el caso de Laura Bozzo y su performance de ayuda supuestamente humanitaria; de la permanencia de una situación de excepcionalidad del Estado en su “monopolio” de la violencia, y de una “guerra” contra el crimen organizado que es también parte de una “guerra” contra la sociedad –vía la normalización de la militarización–; de las respuestas regionalizadas y organizadas de la misma sociedad a la violencia extrema, como las llamadas autodefensas y lo que puede llegar a expresarse como un posible levantamiento nacional de las mismas.

Del candidato presidencial que confundía libros y autores, que citaba equivocadamente obras que seguramente no había leído, que concentraba en su figura el paradigma del analfabetismo tecnocrático, pasamos al señor presidente que vive su primer año de gobierno acorazado en la repetición exhaustiva de que con él se inaugura una nueva época; en el elogio de los medios de comunicación más duros en su filiación con el regreso; en la defensa despótica de la velocidad de la restauración y en la rehabilitación autoritaria de la nación. Pese a su deseo vehemente de erigirse en el presidente del nuevo orden mediático, en su alianza permanente con los grandes corporativos de la comunicación, Peña Nieto no puede declinar en su voluntad ideológica de precarizar toda la vida social y de “armonizar”, discursiva y mediáticamente, las profundas turbulencias que este proceso va dejando.

Lejos de responder a la emergencia nacional que hereda del gobierno de Felipe Calderón con “otras” estrategias, como lo había prometido en campaña, Peña Nieto reitera, eso sí, con menor espectacularidad, el orden de la “guerra” infinita, quizás ahora como una guerra de baja intensidad mediática y la dirige también, enfáticamente, hacia la represión de movimientos sociales que se oponen al ciclo reformista.

En este primero año del gobierno de Enrique Peña Nieto ya contamos con una escenografía del apogeo del regreso del PRI a Los Pinos y atestiguamos la primera agonía de la retórica de la restauración; escenas que registran las ambiciosas ficciones restauradoras; el cuadro básico de una nación y su violenta transformación social, sin modificarse en sus estructuras de dominación y corrupción políticas.

De los medios sin mediaciones al “Señor Presidente: millones de tuits ordenan su presencia en el lugar del siniestro”

Todo gobierno mide su vínculo solidario con la sociedad a través del modo en que responde ante las catástrofes. Toda catástrofe natural en tiempos de precarización asfixiante de la sociedad y de la vivienda, o de la corrupción como falta de planeación habitacional, corre el peligro de transformarse en una segunda catástrofe: la del aparato estatal y su negligencia ante el dolor, la muerte, la pérdida y los “daños materiales”. El gobierno de Peña Nieto ha tenido la nada grata oportunidad de medir el alcance de su restauración ante al menos dos hechos lamentables: uno, la explosión de un edificio de Pemex, el 31 de enero de 2013, prácticamente en el comienzo de su sexenio; y el otro, los ciclones Ingrid y Manuel, que afectaron a veintidós estados de la República durante septiembre y octubre. En ambos casos, el orden mediático impuesto por Enrique Peña Nieto desde el 1 de diciembre de 2012 se resquebraja momentáneamente, de manera innegable, y nada pueden hacer por él los respaldos de imagen y de opinión de algunos medios sin postura crítica ante el nuevo poder presidencial.

Ante la explosión del edificio de Pemex en Ciudad de México, el gobierno de Peña Nieto intenta imponer una inmovilidad mediática y un régimen informativo antirumor que muy pronto es vencido por las especulaciones sobre las posibles causas de la explosión, que son también una exigencia de claridad judicial y política sobre los hechos. Mueren treinta y siete personas y hay más de 120 heridos. Literalmente, el gobierno de Peña Nieto monta una patética escenografía mortecina en el lugar de los hechos para ofrecer ruedas de prensa, y fracasa en su voluntad de imponerle un silencio anticonspirativo a la sociedad. Peña Nieto remata su desatinada intervención en la explosión de Pemex cuando declara tres días de luto nacional y él mismo lo incumple: se va de paseo a Punta Mita, Nayarit, y la sociedad de internet lo obliga a punta de tuits a regresar al lugar de los hechos.

En el caso de los ciclones Ingrid y Manuel, otro hecho mediático va a colocar otra vez en perspectiva crítica la permisibilidad de Peña Nieto en su alianza con Televisa. El 20 de septiembre, en Pénjamo, Coyuca de Benítez, Guerrero, la conductora de reality shows, Laura Bozzo, monta una intervención melodramatizada para descender de un helicóptero de rescatistas del gobierno del Estado de México en una cancha de futbol de una comunidad devastada, incomunicada, en la emergencia nacional que dejaron los ciclones. Bozzo y su acción melodramática de supuesta ayuda humanitaria y transmisión pueril de la tragedia viva actualizan el modo en que históricamente Televisa interpreta los desastres naturales y nacionales, así como el silencio estratégico del gobierno federal ante la intervención melodramática de Bozzo: transforma el dolor y la escenografía de la pobreza devastada en rating, en mercancía y en un espectáculo de heroísmo redentorista y mediático, en tiempos en que la descripción de los hechos desaparece del ímpetu periodístico, todo ello haciendo uso de un helicóptero propiedad del Estado.

De las reformas neoliberales y los poderes metalegislativos de un pacto con nariz de cacahuate

Sería una injusticia menor centrar la eficacia de la restauración presidencialista solamente en la figura de Enrique Peña Nieto, en los débiles ritos de exageración institucional de su gabinete por parte de periodistas, intelectuales, opinadores, lectores de noticias, y en los demás gestos unánimes en el encubrimiento mediático de la gestión del presidente, ahora también adictos al régimen. La gran restauración del presidencialismo de Peña Nieto se la debemos también a esa entelequia metalegislativa llamada Pacto por México, un “pluralismo” de élite partidista que también puede entenderse como una evocación nostálgica de lo que antes se identificaba como la “clase política mexicana”. Jesús Zambrano, líder nacional del PRD, y Gustavo Madero, dirigente nacional del PAN, se encargan de ungir a Peña Nieto como el gran articulador reformista del neoliberalismo postsalinista y, de paso, rematan los escombros ideológicos tanto de la izquierda como de la derecha partidistas, para ofrecerlos en sacrificio al régimen que terminará de desarticular la transición a la democracia en México.

El Rey no va desnudo todavía: hasta el momento, la fuerza de su restauración presidencialista parece eficaz si se le ve desde el sometimiento de los líderes partidistas de la oposición y, sobre todo, desde el avance de una serie de reformas que van cumpliendo con el programa de desmontaje social de las funciones del Estado, desde la privatización más o menos eficiente de los bienes públicos (falta la joya de la corona de las aspiraciones privatizadoras: Pemex), desde la intocabilidad de la nueva oligarquía económica y mediática, desde el crecimiento de regímenes de excepción o abiertamente monopólicos en términos fiscales y en telecomunicaciones, mientras que la criminalización de amplios sectores que directamente son afectados en sus derechos por las reformas va consumando el ciclo de aprobación legislativa de las reformas. Se va generando el punto de vista único en términos ideológicos a partir del Pacto por México, y se quiere imponer como sentido común la unilateralidad con la que el reformismo de Peña Nieto difunde que no hay más camino que el de las reformas neoliberales.

Las reformas de Peña Nieto también son la herramienta para formalizar y hasta intentar legalizar la historia reciente de la represión en México; así, se justifica en términos ideológicos el uso de la fuerza militarizada del Estado en contra de la sociedad. Si el “uso de la fuerza” en Atenco (2006), que se transmite en vivo y en directo por televisión, es uno de los primeros ensayos en los que la represión de Estado se articula a la interpretación simplificada y mediática de los nuevos movimientos sociales, en Oaxaca, en el mismo año, esta represión cristaliza en ciertos métodos: la avanzada militar policíaca contra la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) ya se plantea en términos de “batalla”, y la organización popular ante los abusos del entonces gobernador Ulises Ruiz es objeto de una barbarización por parte de la franja corporativa de los medios de comunicación, de manera que, narrativamente, se “prepara” la liquidación policíaca de la APPO.

Este proceso de ensayos represivos culmina su ciclo de conformación el 1 de enero de 2012, entre columnas de humo y ante la furia con la que se recibe al gobierno de Peña Nieto. Se generan los nuevos enemigos internos del régimen de la restauración, que funcionan como la justificación transparente de la represión: los “anarquistas” que se vuelven visibles desde la toma de protesta de Peña Nieto y los maestros de la CNTE, que con el desalojo cuasi militar de su plantón, el viernes 13 de septiembre, son ya el objeto de la represión que deja la aplicación ideológica de las reformas de Peña Nieto, que al mismo tiempo expresa la potencia con la que el aparato policíaco-militar se adapta a las exigencias políticas del neoliberalismo. El Estado neoliberal, configurado también por la alianza de élite entre PRI, PAN y PRD, está listo para barbarizar a los “enemigos internos de las reformas” y desalojarlos de plazas y calles, así como del análisis de la opinión pública, a punta de improperios discriminatorios y racistas.

De la violencia deshumanizada al dolor que no se acomoda en la monotonía de los informativos (y de la permanencia del capitalismo triunfante)

Los medios de comunicación dominantes han cumplido con el veredicto peñanietista en materia de la no divulgación estridente de la violencia deshumanizadora. Si con Felipe Calderón la violencia se representaba mediáticamente como avanzada heroica y melodramatizada del Estado contra el crimen organizado, con Peña Nieto la violencia sigue su camino hacia la “normalización”. Más de 150 mil muertos, cifra que despersonaliza y anestesia la indignación, el luto y el horror, sólo que ahora con una variante encubridora: se impone el silencio para, al menos, pacificar al país desde los medios de comunicación dominantes, y se vuelve al viejo régimen de interpretación episódica de la violencia, desdeñando su proceso estructural.

Toda la herencia del horror que dejó el sexenio calderonista se resuelve como olvido en el primer año del gobierno de la restauración. No existe un diagnóstico medianamente completo de los homicidios contemporáneos, mientras una fosa común de expedientes que nunca se investigan perdura en el aparato judicial. Tampoco existen condiciones para elaborar un padrón amplio y confiable de desaparecidos en esta “guerra”, las mismas autoridades bloquean la viabilidad de este registro, los propios gobiernos prefieren invernar en la tregua engañosa de no investigar las causas de los homicidios. La narrativa de los familiares de las víctimas es prácticamente borrada del estilo corporativo de los medios de comunicación dominantes y del lenguaje restaurador del gobierno federal.

La crisis del Estado nacional se perfila como la gran obra colectiva que dejan tanto los gobiernos del PAN, Fox y Calderón, como este primer año del gobierno de Peña Nieto. Se advierte un círculo vicioso que refuerza la continuidad ideológica que Peña Nieto guarda con los dos gobiernos anteriores: si a las primeras de cambio el gobierno de Fox renuncia a cualquier intento de desmontar la corrupción del viejo sistema, instalándose rápidamente en la autocomplacencia como una forma de vivir de la respiración del antiguo régimen, Peña Nieto hereda la “guerra” de Calderón como estrategia única para combatir al crimen organizado, y vive de su respiración militarista en su actual empresa de recolonizar Michoacán, por ejemplo.

La pluralidad ya no es más una negociación en la mesa, que tiene como objetivo cambiar las reglas del juego democrático; quizá es preciso un nuevo aprendizaje para permanecer y sobrevivir ante la restauración de un autoritarismo que hace uso de viejas ideas sobre el orden y la jerarquía (el Estado como la figura que posee el monopolio de la violencia, por ejemplo), pero que tiene a su servicio poderosas estructuras policiales y represivas, con la herencia calderonista de esa pulsión militarista, ahora sin el manejo espectacular y mediático del Parte de Guerra, y sin la mención nada estratégica a los “daños colaterales”.
Restauración y crimen organizado funcionan bajo las leyes del capitalismo más agresivo. Con la economía nacional, legal e ilegal, al servicio de la competencia por los mercados en su dimensión transnacional, el culto por la ganancia se dispara cíclicamente en su deshumanización y va regionalizando el dolor, el horror y la muerte que deja esta competencia por el valor que se monetariza.

Para el gobierno federal, los recursos naturales, los bienes públicos, los alimentos, el agua, el gas y el petróleo, son vistos como simples mercancías, del mismo modo en que, para el crimen organizado, la vida humana y el dolor que produce el secuestro, la extorsión, la tortura y la muerte, son eso mismo exactamente: mercancías. De una siniestra manera, a un año de restauración, ese es el fundamento de la sucesión de la violencia y de las tragedias regionales y nacionales.

4.12.13

Peña Nieto: un retorcido aniversario

Alejandro Nadal
 
Llegó a la Presidencia por medio de una enorme lista de irregularidades. Se instaló en el poder con un discurso demagógico. Transcurrió su primer año de gobierno con un saldo negativo en todos los temas, en especial en el económico y en materia de seguridad. Y ahora busca por todos los medios imponerle al país una de las reformas más trágicas de toda su historia, la entrega del petróleo a los intereses transnacionales.

Un análisis imparcial de los planteamientos del gobierno sobre su reforma energética demuestra que sí conlleva la privatización de los hidrocarburos. Puede disfrazarse todo lo que se quiera, pero Peña Nieto y su secretario Joaquín Coldwell estarán entregando estos recursos estratégicos de la nación al dominio extranjero.

El gobierno dice en su campaña publicitaria que permitir a Petróleos Mexicanos firmar contratos de utilidad compartida no es privatizar y que el petróleo seguirá siendo de los mexicanos porque la Constitución así lo dispone en su artículo 27.

Pero eso esconde un hecho fundamental. El Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) define (Capítulo XI, artículo 1139) a la inversión extranjera como aquella en la que existe propiedad de un inversionista en territorio de una de las partes del tratado o cuando la remuneración depende sustancialmente de la producción, ingresos o ganancias de una empresa. Y ese es precisamente el objetivo explícito de la reforma energética: permitir a empresas transnacionales invertir en exploración, extracción, refinación y petroquímica, y mantener esquemas de remuneración como los mencionados en TLCAN. Eso significa abrir el sector petrolero a la inversión extranjera directa y eso tiene graves implicaciones pues el citado Capítulo XI del TLCAN otorga más protección a las empresas que a los gobiernos. Para muestra véase el apartado B del capítulo XI.

Se podría pensar que la Constitución está por encima de los tratados internacionales porque el artículo 133 establece que, en caso de contradicción, prevalecerán los preceptos constitucionales. Pero precisamente lo que busca la reforma energética es eliminar cualquier contradicción entre la Constitución y el TLCAN, al permitir los contratos de utilidad compartida en el sector energético. La eliminación de la restricción contenida en el artículo 27 constitucional adaptaría la Constitución a los preceptos del TLCAN sobre inversión extranjera. Se acabó el conflicto: la inversión extranjera puede entrar al sector energético por la puerta grande. Esta es la médula de la reforma energética.

El régimen sobre inversiones extranjeras establecido en el capítulo XI del TLCAN prohíbe el empleo de instrumentos clave de política industrial. Para muestra de lo anterior, véase el artículo 1106 del TLCAN sobre requisitos de desempeño. La construcción de eslabonamientos con proveedores de la industria es uno de los instrumentos de política de industrialización más eficaces y han sido utilizados con éxito por muchos países que se industrializaron. El TLCAN prohíbe usar este instrumento y de ahora en adelante México no podrá recurrir a él en lo que concierne al sector energético. Por esa razón, con la reforma, las empresas petroleras podrán operar en México bajo un esquema de enclave económico y sin eslabonamientos con la industria nacional.

El capítulo VI del TLCAN busca liberalizar el mercado de productos energéticos. Pero México incluyó algunas reservas dado su actual marco constitucional. Esas reservas en materia energética perderán sentido con las reformas propuestas por el gobierno de Peña Nieto. Al permitir la inversión extranjera directa en el sector energético será difícil imponer y mantener controles para aplicar dichas reservas porque las empresas transnacionales podrían argumentar violaciones al capítulo XI y el gobierno mexicano tendría que ceder. No sería la primera vez que esto sucede (véase el litigio de la empresa Metalclad contra el gobierno federal), sólo que ahora tendremos la circunstancia agravante de que Estados Unidos podrá presionar más y México se encontrará en posición de debilidad. Las inversiones tienen su manera de imponerse, como bien sabemos.

El argumento de que la reforma energética generará crecimiento es falso. El modelo neoliberal que se aplica en México desde hace veinticinco años no favorece el crecimiento debido a sus propias contradicciones. Precisamente la prohibición de requisitos de desempeño en el TLCAN es uno de los obstáculos que impedirán la transmisión de impulsos dinámicos para la economía mexicana de la inversión extranjera en este sector (de la misma manera que las maquiladoras están desconectadas de la industria nacional). Además, el marco macroeconómico seguirá subordinado al capital financiero y los cambios propuestos no cambiarán eso. En síntesis, la reforma energética de Peña Nieto no modifica el marco de política económica que viene fracasando desde hace más de dos décadas. Lo único que hará es cerrar todavía más las opciones para México.

2.12.13

Dan la puntilla al sector agropecuario

Marcos Chávez


El gobierno federal concluye un proyecto iniciado durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari: el desmantelamiento del México campesino. La llamada reforma fiscal confirma que la seguridad alimentaria del país se ha confiado a las trasnacionales, a los ganaderos y a los empresarios dueños de plantaciones. Los campesinos y pastores son orillados a dejar sus formas de vida, entregar sus bienes e incorporarse a los miles de desempleados o subempleados del país. El sector agropecuario, como en el porfiriato, controlado por un puñado de compañías

En México, un puñado de empresas controlan el 88 por ciento de la comercialización de alimentos en el país. Su voracidad por las máximas ganancias perjudica a productores y consumidores, como denunció a principios de noviembre Alfonso Ramírez Cuéllar, dirigente del movimiento El Barzón. Es por ello que organizaciones campesinas demandan la restauración regulatoria del Estado; la redistribución del gasto público sectorial, ya que éste sólo beneficia a 3 mil agroproductoras, las cuales reciben el 96 por ciento de los recursos del erario, mientras que, en el otro extremo, 4 millones de unidades productivas sólo reciben 1.1 por ciento de los apoyos asistencialistas, según Federico Ovalle, de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC); una estrategia de reactivación del campo; la restauración de la seguridad alimentaria que asegure el desarrollo sustentable de México, basada en la soberanía de la producción interna y no en las indiscriminadas importaciones que han agravado el desastre rural, sobre todo el de los productores tradicionales.

Salvo los gerentes de la política agropecuaria y alimentaria neoliberal, de Miguel de la Madrid a Enrique Peña Nieto, y sus principales beneficiarios, los monopolios y oligopolios locales y trasnacionales que controlan el destino de la producción y la distribución de los bienes en el sector rural y el ramo agroindustrial, difícilmente alguien más puede estar en contra de las legítimas demandas de las organizaciones campesinas, que a principios de noviembre salieron otra vez a las calles a ventilar su dilatado descontento, exigir un cambio en la orientación de dicha política y  demandar “un precio justo por su trabajo”.

Y es que los apoyos recibidos por las 3 mil agroproductoras recuerdan un fenómeno registrado en 1910. Ese año, menos de 2 mil familias eran propietarias del 87 ciento de la superficie del país. Actualmente, 4 millones de unidades ejidales o de propiedad mixta poseen el 72 por ciento del total, pero la mayor parte de las ganancias se queda en manos de las agroproductoras y las empresas distribuidoras.

Vistos serenamente los reclamos, éstos pueden satisfacerse sin altos costos económicos y políticos, y sin alterar la naturaleza neoliberal de la política económica, las contrarreformas estructurales y el proyecto de nación. Esas concesiones, incluso, tendrían un par de virtudes al menos. Atenuarían los conflictos sociales que, aislados, y con diferentes grados de intensidad, irrumpen cotidianamente –o casi– en el agro mexicano, así como el riesgo larvado de que éstos se desborden y, eventualmente, estallen violentamente, en caso de que los organismos campesinos, organizados, se movilicen nacionalmente como respuesta a la indolencia oficial y sus programas antisociales. Y mejorarían la casi nula credibilidad y legitimidad del sistema y del gobierno peñista.

Para ello es menester que Enrique Peña y sus funcionarios económicos, comandados por Luis Videgaray, secretario de Hacienda y Crédito Público, y Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, relejaren sus dogmas económicos, su creencia en los simplismos fundamentalistas de los inexistentes “mercado libre” y “modernización globalizadora”, así como su pacto con el diablo –para usar la expresión de Joseph Stiglitz, premiado con el desprestigiado Nóbel de Economía– de los intereses de los escasos privilegiados que navegan viento en popa entre las aguas tumultuosas del neoliberalismo, a costa del naufragio de las mayorías, e instrumenten una estrategia agropecuaria más razonable, de acuerdo con las necesidades de un desarrollo menos excluyente, de los consumidores, víctimas de las impunes formas de maximización de la tasa de ganancia de las corporaciones y, en particular, de la población rural, arrasada productivamente, en proceso de extinción, principalmente los productores tradicionales –de temporal– por la salvaje acumulación capitalista neoliberal y hundida en la anchurosa degradación social: 4 millones de unidades productivas precarias (ejidos y mixtas; sólo en 2 por ciento de ellas se dispone de una superficie, normalmente irrigada, de más de 100 hectáreas); el 93.5 por ciento de sus habitantes en condiciones de pobreza, sin considerar los acumulados durante el primer año peñista: 25.4 millones de personas; 5.8 millones, en la miseria; 10.9 millones, en pobreza moderada; y 8.5 millones, con carencias sociales o 28 millones de pobres con dificultades en la alimentación, capacidades y patrimonio debido a sus escuálidos ingresos, según la florida nomenclatura del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Hace tiempo que los campesinos dejaron de ser los hijos predilectos, y pasaron a mendigos apestados del régimen.

Un pensamiento menos fanático y unos compromisos menos facciosos y clasistas (Joseph Schumpeter, en su libro Capitalismo, socialismo y democracia, 1942, constataba lo que había atisbado Benjamin Constant a principios del siglo XIX: cómo el poder político se transforma en subsidiario del poder económico) les permitirían comprender a los neoliberales peñistas que los “mercados sin restricciones no sólo no alcanzan justicia social y ni siquiera producen resultados eficientes” que “algunas personas se vuelven más ricas, las estadísticas del PIB [producto interno bruto] se ven mejor, pero las formas de vida” de las mayorías “y los valores básicos son amenazados”. Ello explica que el Consenso de Washington, concebido en el seno neoliberal, haya suscitado otro curioso consenso en su contra, integrado por la mayoría de los países latinoamericanos, al igual que en otras regiones del mundo. La rebelión de las masas en la granja económica permitió, primero, arrojar al basurero de la historia –al menos temporalmente, porque cíclicamente regresa– a la derecha neoliberal gobernante, y luego, formalizar el Consenso de Buenos Aires, en 2003, entre Luiz Inacio Lula da Silva y Néstor Kirchner, de Brasil y Argentina. Ese bloque después se amplió a otros gobiernos (Rafael Correa, Evo Morales, etcétera). Hugo Chávez fue el más activo en contra de la internacional del “libre mercado”. En contraste, Peña Nieto es uno de los últimos gobernantes aferrados a las despedazadas doctrinas neoliberales y los escombros del modelo que justifican ideológicamente, arrasados por el colapso sistémico de 2008.

Si “las personas no se comportan racionalmente, ¿por qué los economistas ortodoxos aún se aferran a la desacreditada teoría de las expectativas racionales?, se pregunta Stiglitz (y la ortodoxia monetarista, agrego por mi parte) en su artículo There is no invisible hand (“No hay ninguna mano invisible”).

El problema es que esa doctrina económica –y otras variantes escolásticas, como la monetarista o la síntesis clásico-keynesiana, subsidiarias de la neoclásica (1870-1920)– es, en realidad, una fábula cada vez menos convincente y rentable para encubrir intereses terrenalmente lucrativos.

La petición campesina de “un precio justo por su trabajo” es una invocación a la justicia económica y social.

Pero la expresión es ambigua: ¿qué es “un precio justo”? ¿Cómo medirlo? ¿Existe esa posibilidad en el capitalismo?

En todo caso, lo que sí es claro es que los productores rurales aspiran a un nivel de precios que –una vez descontados los costos de producción y al considerar los cambios en el tiempo en la relación capital fijo (equipo, tecnología, insumos, etcétera) y variable (fuerza de trabajo)­– les proporcione una tasa de ganancia razonable, la cual les asegure la continuidad de la producción, su existencia en el mercado, y un bienestar personal y familiar digno.

Desdichadamente, esto anterior está condicionado por las relaciones de la ley del más fuerte en la salvaje jungla capitalista. La “libre competencia” no tiene espacio en la racionalidad en esa relación económico-social. No es más que una rosácea y boba quimera de los libros de texto de economía, y un recurso ideológico. También está determinada por el sesgo de la relación Estado-mercado.

Asimismo, aún más claro que la dinámica de las cotizaciones agropecuarios, durante el ciclo neoliberal (1982-2013) respalda la desesperación, el descontento y las movilizaciones de los productores rurales, así como la demanda de un cambio en la política de precios, la regulación del mercado y el funcionamiento económico. Porque los precios rurales han evolucionado en sentido inverso a sus anhelos.

Por desgracia, sus desgastados métodos de lucha también cuestionan los alcances, sus resultados que puedan obtener.

El cuadro adjunto y las gráficas 1 y 2 muestran el comportamiento de varios precios medios acumulados entre 1982-2013, el del índice nacional de precios al consumidor, el de productos agropecuarios y de los alimentos, comparados con la evolución de los precios al productor del sector rural y el subsector agrícola, los cuales incluyen el costo de los insumos primarios (salarios, capital fijo, etcétera) e intermedios de la producción, el pago de impuestos y otros gastos.



Como se observa, el aumento de los precios acumulados al productor agropecuario (96.4 mil por ciento) y el agrícola (103.2 mil por ciento) se ubican por encima del registrado por el índice general (70 mil por ciento), el de los alimentos (75 mil por ciento por el lado del gasto y 116 mil por su origen) y de los bienes agrícolas, ganaderos y la pesca (77.5 mil por ciento).

¿Qué significa la brecha entre precios?

Ante todo, si los precios de los productores son altos, éstos tendrían que reflejarse en un nivel mayor de la inflación y, en particular, de los precios de los bienes agrícolas, los agroindustriales y las materias provenientes del sector rural. La lógica económica indica que la reacción natural de los productores ante el alza de los costos de producción es trasladarlos al precio final de sus bienes y servicios producidos ofrecidos para compensar su encarecimiento, evitar la caída de sus ganancias, sus eventuales pérdidas y su descapitalización que los llevaría a la quiebra. Los consumidores y los fabricantes de alimentos procesados tendrán que pagar más por ellos, aunque estos últimos también los trasferirían a la población.

El límite al aumento de precios estará dado por la competencia, las tarifas que apliquen otros oferentes para los mismos productos y el riesgo de perder terreno en el mercado si las alzas son excesivas; el poder de compra de la población, determinado por sus ingresos; la sustitución de productos por otros similares o de menor calidad; los cambios en el proceso productivo (operativos o técnicos) para abatir relativamente los costos; la regulación estatal de las cotizaciones, en caso de que exista.

No obstante, como se observa en el cuadro 2 y las gráficas 3 y 4, los precios reales pagados a los productores de los principales granos y alimentos básicos presentan un desplome acumulado de 40 por ciento en promedio entre 1980 y 2012. El precio de la leche fresca cayó 59 por ciento; el de las aves (carne en canal), 57 por ciento; el del arroz, 49 por ciento; y el del maíz, el principal grano básico, cuya actividad abarcó en 2012 la mitad de la superficie programada y sembrada (7.7 millones de hectáreas y 7.4 millones), 33.5 por ciento. La caída de los precios en el mercado interno ha afectado fundamentalmente a los productores tradicionales, los pequeños y los medianos.
La divergencia entre las cotizaciones pagadas a los productores, los precios del productor y los del consumo final de los bienes agroindustriales por sector de origen, éstos ubicados por arriba de la inflación, implica un intercambio desigual entre aquellos y la industria alimenticia, hecho que poco o nada ha beneficiado a los consumidores. Representa una transferencia inequitativa intersectorial. El empobrecimiento de unos y enriquecimiento de otros.

La reciente crisis aviar puso en evidencia que no todos los productores padecen la misma suerte ni tienen el mismo poder económico-político. El control que ejercen sobre la avicultura los oligopolios –como Tyson, Bachoco o Pilgrim’s Pride, y cuyos costos de producción se han estimado en un 40 por ciento menos que el de los productores pequeños y medianos– les permitió aplicar una salvaje especulación en los precios del huevo o de la carne de pollo, en el primer caso hasta del 400 por ciento, lo que les reportó jugosas ganancias. Todo con la complicidad del gobierno panista.

Lo anterior no es un fenómeno accidental. Es resultado de la contrarreforma agropecuaria formalizada por los priístas liderados por Carlos Salinas de Gortari, que en 1992 le apostaron a la política agraria posrevolucionaria. Así, terminaron con el reparto de la tierra e iniciaron su reprivatización, al “eliminar las prohibiciones a las sociedades mercantiles” (así rezaba la iniciativa salinista), al legalizar la asociación del “campesino con socios mercantiles” y la venta de la propiedad, supuestamente para “promover la capitalización del campo”, “atender” la libertad, la dignidad y el bienestar de los campesinos.

La caída de los precios se debe a su contención como parte de las políticas de control de la inflación y del abaratamiento de los salarios reales. La desaparición de la Conasupo (Compañía Nacional de Subsistencias Populares) como organismo regulador de las cotizaciones y la reserva de alimentos primarios básicos. Hasta principios de este siglo, la desinflación fue reforzada por la entrada masiva de bienes importados cuyos precios compiten deslealmente con los de los productores locales debido a los subsidios que reciben en sus países de origen; mientras que a los mexicanos se les reducen la eliminación de las barreras arancelarias, la sobrevaluación cambiaria y las prácticas desleales de los monopolios mundiales de los alimentos. La seguridad nacional alimentaria no fue depositada en la autosuficiencia interna, sino en las importaciones y las trasnacionales. Pero los beneficios fueron efímeros. El alza de los precios de las materias primas (commodities) en los mercados internacionales de futuros por parte de los especuladores financieros, en el transcurso de este siglo, ha encarecido las cotizaciones locales.

El retiro del Estado como regulador de la producción y el mercado agropecuario entregó su control a las corporaciones agroindustriales y a las comercializadoras, que han impuesto su tiranía a los productores tradicionales. Ellas les aplican sus condiciones leoninas en los precios y las cantidades, a través del modelo de “agricultura por contratos”. Su potestad en el mercado agroalimentario ya no requiere, como conditio sine qua non, la propiedad de la tierra. Entre esas empresas destacan Monsanto , Syngenta, PHI México, Dow Agro Sciences, Maseca, Minsa, Bachoco, Bimbo, Walmart y Nestlé, por citar a algunas.

En realidad, los funcionarios económicos siguen o no los lineamientos neoliberales según las circunstancias, sus intereses y compromisos políticos. Son ortodoxos hasta el fanatismo en su crítica a los monopolios públicos, la política de administración de los precios y las cotizaciones subsidiadas, como un instrumento social distributivo, porque, supuestamente perturban el funcionamiento del “mercado libre” y su ajuste automático a través del mecanismo de los precios. Sin embargo, son heterodoxos ante los cárteles privados que ejercen el control de la producción y los mercados, impiden el acceso de nuevos competidores (recuérdese el pacto mafioso entre Televisa, Tv Azteca, ejecutivos y legisladores en contra de Teléfonos de México o Multivisión) y manipulan las tarifas. El laissez faire, laissez passer es para ellos.

Ante las corporaciones se les olvida el concepto que dice que el “mercado libre” se equilibra por el juego de la oferta y la demanda, el cual conlleva a la formación del mejor precio.

Las elites que controlan el Estado son responsables del desastre del sector agropecuario al sacrificarlo a la acumulación del capital oligárquico. En ese sentido, resulta paradójico que los productores exijan protección y benevolencia a sus enemigos.

Sus demandas son incluso trágicas si se considera que la propuesta fiscal peñista para 2014, parcialmente modificada por el Congreso de la Unión, incluía el castigo presupuestal agropecuario. La eliminación de exenciones fiscales para las sociedades de producción rural –ejidos y cooperativas rurales– cuyos ingresos anuales sean menores a 10 millones de pesos y del régimen simplificado. La creación de los llamados impuestos “verdes” por el uso de herbicidas, fungicidas y otros químicos. El alza de las tarifas del agua y combustibles.

Al promotor de la política antisocial rural se le pide piedad social.

24.11.13

De la balcanización de México, según Stratfor, al "Mar Mediterráneo de EU" de Spykman


Alfredo Jalife-Rahme

Pareciera que México se encuentra atrapado sin salida en el juego geoestratégico que libra Estados Unidos para controlar el Golfo de México y el Mar Caribe, como parte de su nuevo rediseño militar/energético y de seguridad, cuando se ha replegado a su primera línea defensiva después de la fallida guerra contra Siria y el advenimiento del nuevo orden tripolar que hoy comparte con Rusia y China.

Llama poderosamente la atención la espada de Damocles que pende sobre la cabeza de México mediante ominosas amenazas financieras –fuga de capitales (a la que Carstens, del Banco de México, se prepara afanosamente, de su propia confesión), caída bursátil y devaluación del peso, expuestas por Bloomberg (Bajo la Lupa, 24/7/13), el cordobista zedillista presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, Luis Téllez Kuenzler, y Rozental & Asociados (Bajo la Lupa, 10/11/13)–, al unísono de perturbadores planteamientos del portal israelí-estadunidense Stratfor sobre La guerra de las drogas en México: balcanización que conduce a desafíos regionales (18/4/13).

¿A quién conviene “la balcanización de los cárteles” de México?

Tristan Reed, analista táctico (sic) de Stratfor, aborda el organigrama, cronograma y flujograma de los cárteles y la tendencia a su fracturación (sic) a redes regionales del crimen geográficamente más compactas, a partir de la desaparición en la década de los 80 del cártel de Guadalajara que controlaba las rutas del narcotráfico a Estados Unidos a través de la mayor parte de México.

A juicio de Tristan Reed, la nueva tendencia a la balcanización ha continuado “por más de dos décadas y ha impactado a la mayoría de los grupos carteleros en México” cuando se escindieron la Federación de Sinaloa y el cártel del Golfo.

Stratfor oculta la bidireccionalidad de los cárteles con sus operadores financieros en Estados Unidos, como el quebrado banco Stanford y su pestilente consejo de administración (Bajo la Lupa, 4/3/09, 16/12/09 y 12/6/11; http://sunlightfoundation.com/press/articles/2009/03/12/financier-was-well-connected-dc-internationally/print/ y http://www.proceso.com.mx/?p=113163 ) y el blanqueo generalizado de la banca nacional cuando fue expuesta la Operación Casablanca (http://www.nytimes.com/1998/05/19/world/us-indicts-26-mexican-bankers-in-laundering-of-drug-funds.html), previamente a su adquisición por la banca trasnacional.

Stratfor oculta también el blanqueo del hoy desaparecido banco Wachovia fusionado en Wells Fargo (http://www.theguardian.com/world/2011/apr/03/us-bank-mexico-drug-gangs ), que lavó asombrosamente cerca de 400 mil millones de dólares (¡supersic!).

Hoy tanto la Federación de Sinaloa como Los Zetas (provenientes del cártel del Golfo), según Stratfor, enfrentan desafíos regionales crecientes con el advenimiento de nuevos actores regionales que profundizan la balcanización (http://es.scribd.com/doc/185604937/Balcani-Zac-i-On ).

¿La balcanización cartelera de México se reflejaría en la otra balcanización de la federación política mexicana cuando el caso sui generis de Michoacán se puede volver paradigmático en medio de extrañas solicitudes de separación política en el norte del país (Baja California y Chihuahua)?

Por cierto, de nueva cuenta Stratfor (http://www.stratfor.com/analysis/mexico-rumors-surround-pemex-explosion ), basado en rumores (¡supersic!) sin confirmar (¡extrasupersic!), maneja la perturbadora posibilidad de que el estallido en la Torre de Pemex haya sido un atentado por motivos políticos o perpetrado por los cárteles.

A menos que desee enviar un mensaje subliminal, ¿por qué Stratfor expone en forma desaseada rumores sin confirmar?

En forma perturbadora, The Financial Times plantea que una de las consecuencias del estallido en la Torre de Pemex habría sido el alejamiento entre Pemex y Petrobras (http://blogs.ft.com/the-world/2013/02/the-consequences-of-pemexs-explosion/ o http://www.ft.com/intl/cms/s/0/eb947824-6c88-11e2-953f-00144feab49a.html#axzz2l97hqenS ).

Nos encontramos así ante un tablero de ajedrez global/regional/local donde la otrora superpotencia unipolar, Estados Unidos, mueve sus fichas para la consecución de sus objetivos primordiales: la seguridad energética de Norteamérica, al unísono de la seguridad del hogar de Norteamérica, como requisitos para la incrustación del “México neoliberal itamita” al Comando Norte/Norad.

En la mira se encontrarían los pletóricos yacimientos de hidrocarburos en el Golfo de México, que se desea rebautizar como Golfo de Estados Unidos, lo cual parece revivir el concepto del geoestratega estadunidense/holandés Nicholas John Spykman en referencia al Mar Mediterráneo de Estados Unidos, un mare nostrum similar al del imperio romano, que integra la superficie del Golfo de México/Golfo de Estados Unidos (1.55 millones de kilómetros cuadrados) y del Mar Caribe (2.754 millones de kilómetros cuadrados) que en su totalidad arrojan una superficie de 4.304 millones de kilómetros cuadrados.

Ante el retroceso unipolar estadunidense y el ascenso del nuevo orden mundial tripolar (Estados Unidos /Rusia/China) –que se selló con el acuerdo de un nuevo codominio entre Washington y Moscú en el Medio Oriente, en sustitución del caduco Sykes-Picot del colonialismo franco-británico–, la administración Obama repliega sus banderas y refuerza su primera línea defensiva vital en el resucitado Mar Mediterráneo de Estados Unidos, donde se juega el devenir de los pletóricos hidrocarburos de México en el Golfo de México/Golfo de Estados Unidos, sin contar la estruendosa declaración del secretario de Estado, John Kerry, sobre el deceso de la Doctrina Monroe, que había adelantado Bajo la Lupa hace dos años (11/12/11).

¿Le beneficia a Estados Unidos la balcanización de México, por la vía de los cárteles, quienes se abastecen obscenamente de armas en los quioscos transfronterizos?

Es obligado tener en el radar varias hipótesis, desde las angelicales hasta las infernales. Una versa sobre la gran bondad de la seguridad energética de Norteamérica –con Canadá (con libre paso de canadienses WASP: blancos, protestantes, anglosajones) y México (sin los brownies y con muro de la ignominia, drones y patrulla fronteriza)– que servirá para el prometido ASPAN y sus elusivas seguridad y prosperidad que no han beneficiado en lo absoluto al “México neoliberal itamita”. El tiempo lo dirá.

Pero otra hipótesis obligadamente antipódica se centra en los juegos pérfidos de los poderes de todos los tiempos, en específico, en referencia a México, cuyo proceso de balcanización, por la vía de los cárteles de la droga, es explotado sin rubicundez por Stratfor, muy vinculado a los complejos militares de Tel Aviv y el Pentágono, por cierto, hackeado por Anonymous, quien expuso sus redes tanto en México (Ver Bajo la Lupa, 28/12/11) como en el mundo occidental.

¿Para qué serviría balcanizar a México después del obsequio de las aguas profundas del Golfo de México financierista por la entreguista/masoquista contrarreforma Peña/Videgaray/Aspe a las cuatro grandes petroleras anglosajonas?

¿Con la balcanización de México se podría gestar, entonces, el cambio de nombre del Golfo de México a Golfo de Estados Unidos para que no quede rastro arqueológico alguno de Pemex?

9.11.13

“En Oaxaca vivimos una guerra de baja intensidad contra los movimientos sociales”

Decio Machado/Diagonal

¿Cómo se desencadenaron las luchas en Oaxaca en 2006 y como se conformó la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca (APPO)?
Oaxaca ha sido siempre un Estado [méxicano] muy pobre y plagado de injusticias, por lo tanto también de protesta social. Entre 2004 y 2010 tuvimos como gobernador a Ulises Ruíz Ortiz, un político vinculado al PRI que ya indicaba durante su campaña electoral que no iba a permitir más movilizaciones sociales, bloqueos de carreteras, marchas o plantones. En mayo del 2006 el Magisterio, como era habitual se concentró en la ciudad de Oaxaca [capital del Estado de Oaxaca] y se mantuvo en un plantón en la plaza del Zócalo del cual fuimos desalojados violentamente el 14 de junio.

Esta situación fue el detonante para que el conjunto de organizaciones sociales del Estado, hartos de la política represiva impulsada por Ulises Ruíz, estallaron con una serie de movilizaciones en la ciudad. Esta situación propició que la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza, conocida en todo el país por ser una de las más combativas a nivel nacional, convocará a estos movimientos a la conformación de la APPO.

A partir de entonces todas las organizaciones involucradas en la APPO, más de 360 organizaciones sociales, pedimos la renuncia del gobernador Ulises Ruíz, lo que se convirtió en la bandera de lucha para la mayoría de la población en este Estado. En realidad se desató una insurgencia civil, hubo tomas del Palacio Gobierno, la Cámara de Diputados, la Presidencia Municipal, así como de otras instituciones públicas, llegó un momento en el que ya no había gobierno, aquí la gente se gobernaba sola.

Estas movilizaciones vinieron acompañadas de represión. ¿Cómo se desencadenó?

Efectivamente, el empoderamiento popular que se dio en ese momento conllevó a que interviniese el Gobierno Federal a través de unidades traídas incluso desde otros Estados y desencadenando una gran represión. En los meses posteriores están documentados 26 asesinatos contra activistas sociales, siete desaparecidos, y unos 300 encarcelamientos. A partir de ahí, se ha desarrollado una guerra de baja intensidad por parte del Gobierno que va acompañada de una estrategia paralela enfocada a dividir y sembrar desconfianza entre las organizaciones afines.

A las organizaciones más combativas se les asesinó o encarceló dirigentes. Están documentados muchos casos, entre ellos los asesinatos de Artemio Norberto Camacho en agosto del 2009 durante una marcha de maestros, Eleazar Martínez Almaraz en diciembre del 2009 cuando se dirigía a dar clases en su centro de trabajo, los defensores de derechos humanos JyriJakoola y Betty Cariño en abril del 2010 cuando fue atacada la Caravana Humanitaria que se dirigía a San Juan Cópala, Gregorio Jaime Rosas Chávez en noviembre de 2010, Carlos René Román Salazar quien fue desaparecido en marzo del 2011, Luís Quiroz Quiroz quien además de maestro desarrollaba funciones municipales en San Agustín Chayuco en abril del 2011, Guadalupe Pérez Sánchez quien fue desaparecido en mayo del 2011, Edwin Omar García Sánchez baleado en agosto del 2011, Rafael Vicente Rodríguez Enríquez tras haber sido falsamente acusado de secuestro y detenido por seis años en diciembre del 2011, Bernardo Vásquez Sánchez activista antiminero en enero del 2012 o Luís Enrique Martínez Cruz síndico municipal de la comunidad de Santa Cruz XitlaMiahuatlán en agosto del 2012.

Ante estos casos y otros, el Gobierno actúa como en el viejo oeste, ofrecen plata a través de anuncios televisivos para quien de información de estas desapariciones o asesinatos, pero no se ha llegado a nada más, la impunidad anda a sus anchas en el Estado de Oaxaca por estos asesinatos.

¿La situación no cambió con la llegada de Gabino Cué a la Gobernación del Estado de Oaxaca?

Cué llegó a la Gobernación a través de una coalición denominada Unidos por la Paz y el Progreso y conformada por los partidos políticos PAN, PRD, Convergencia y PT. Fue investido gobernador el 11 de julio del 2010, y aunque la gente depositó su confianza en él y pensó que incluso podría hacer pagar con cárcel las acciones emprendidas por Ulises Ruíz, como puedes comprobar por las fechas de los asesinatos y desapariciones a las que te he hecho referencia, la situación no ha cambiado nada con el actual gobernador.

Viviendo una situación de estas características, ¿crees que hay condiciones para reconstruir la APPO?

A pesar de la situación de represión y asesinatos selectivos que vivimos en el Estado de Oaxaca, entre diversas organizaciones sociales, un total de 176 hasta el momento, hemos logrado construir desde mayo de este año en el Frente Único de Lucha (FUL). Seguimos llamando al resto de las organizaciones sociales del Estado a la unidad y seguimos pidiendo también que se le aplíquelas responsabilidades penales que corresponde a Ulises Ruíz, quien en la actualidad vive en la Ciudad de México y sigue conectado con los políticos del PRI. El Frente Único de Lucha desarrollará este mes de noviembre un congreso en el cual posiblemente se reconstruya nuevamente la APPO y se defina la hoja de ruta a seguir para un futuro inmediato.
 
¿Qué opinión te merece la detención de los cinco activistas sociales que están presos en cárceles de máxima seguridad desde mayo de este año?

El Frente y el Magisterio están reivindicando la libertad de los compañeros presos. Son claramente inocentes, su detención es una operación gubernamental contra las organizaciones que estamos en resistencia. En México cualquiera puede acusarle de un delito, la justicia no existe, está al servicio del poder. Los compañeros detenidos han sufrido toda clase de vejaciones y violación de sus derechos, se les ha hecho firmar auto inculpaciones sobre un secuestro en el que no han participado a base de torturas y los métodos más viles que se pueda uno imaginar.

El Magisterio en su conjunto se moviliza contra la Reforma Educativa que ha sido aprobada por el Gobierno Federal. ¿En qué consiste dicha reforma?

Lo que ellos definen como “reforma educativa” no es más que una reforma laboral implementada por dictados de la OCDE. Buscan privatizar la educación y con esta reforma le quitan además derechos y garantías a los maestros, buscando eliminar la capacidad de negociación colectiva y anular al Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación. A partir de ahora cualquier desempleado con cierta formación puede ocupar una plaza de maestro tras la aprobación de un examen previo. ¿Te imaginas que va hacer un abogado, un veterinario o un doctor desempleado que tras pasar un test se incorporé al magisterio, sin haber tenido ninguna formación pedagógica, cuando se encuentre a un niño llorando en la puerta del colegio porque no quiere asistir al aula? Al maestro, por nuestra vocación y formación pedagógica nos sale el amor paternal, el maestro para eso estudió, el maestro canta, el maestro juega, el maestro sueña, el maestro baila, el maestro hace de todo en un país como México, el maestro es hasta guía en la comunidad en donde vive. Precisamente por esto, es por lo que el Estado no ha podido acabar con uno de los sectores más reivindicativos del país, un movimiento que lleva 33 años de lucha. El maestro es un ser que está metido en la comunidad, el maestro es el compadre en supueblo. Por ejemplo, hace falta una carretera y hayuna reivindicación, pues ahí está el maestro.

En México cualquiera puede acusarle de un delito, la justicia no existe, está al servicio del poder.

Hay todo un paquete de reformas neoliberales por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto tras la vuelta del PRI al poder…

El actual Gobierno está atentando contra derechos sagrados que están en la Constitución de nuestro país. El derecho a la educación que se ganó con la revolución mexicana está siendo cuestionado, el petróleo que es nuestro y que se nacionalizó durante el gobierno de Lázaro Cárdenas pretende ser nuevamente privatizado a través de la reforma energética, de igual que están planteando ahora con la energía eléctrica. Ya lo hicieron así con TELMEX [compañía de telecomunicaciones], que era una empresa nacional y ha sido entregada al señor más rico del mundo, el mega multimillonario Carlos Slim.
 
¿Cómo visualizas el futuro? 

 La gente ya no se deja, los maestros de Veracruz están en paro total, igual que los de Chiapas, Oaxaca o Quintana Roo, en la actualidad hay 22 estados en protesta.

En el istmo de Tehuantepec, aquí en el Estado de Oaxaca, se están introduciendo empresas españolas, de Dinamarca, Japón y China, con megaproyectos energéticos a pesar de la oposición de muchas de las comunidades afectadas. Para ello hicieron la reforma del artículo 27 de la Constitución, lo que permite el fraccionamiento de tierras comunales. A pesar de ello, en la actualidad hay comunas que no dejan entrar a las transnacionales en sus territorios, lo que vuelve a generar conflictos y la represión del Estado contra los dirigentes locales.

La minería es otro conflicto con el Gobierno Federal, en nuestro Estado, riquísimo en uranio, plata y oro, se pretende establecer y potenciar la minería a cielo abierto en San José del Progreso a través de una multinacional canadiense con su consiguiente impacto contaminante en ríos y del medio ambiente en general. Hemos tenido ya dos compañeros asesinados por estas luchas, pero no por ello ha cesado la resistencia antiminera.

En resumen, el pueblo mexicano no va a permitir que un represor como Peña Nieto, quien fuera gobernador del Estado de México cuando la masacre de Atenco, imponga su agenda de profundización neoliberal sin luchas y conflictos. Se agudizará la represión pero también las resistencias.

1.11.13

Se pactó con EU la privatización de Pemex

Miguel Ángel Ferrer
En la empresa estatal Petróleos Mexicanos marchan aceleradamente los trabajos administrativos para echar a la calle a diez mil trabajadores, entre sindicalizados y de confianza. A partir del presente mes de noviembre se pondrá en marcha el proceso administrativo denominado oficialmente “Reestructuración de Pemex” que contempla el cese de la relación laboral entre la empresa y esos diez mil jefes de familia.

La mismo aconteció hace dos décadas con el conjunto de empresas nacionales de la industria del acero. Fueron echados a la calle varios miles de trabajadores que laboraban, entre otras empresas estatales, en Sidermex y Altos Hornos de México.

Como hace 20 años en la industria siderúrgica y ahora en la petrolera, el propósito final de ese eufemísticamente llamado “ajuste laboral” o reestructuración de las empresas es la entrega de esas riquezas nacionales a manos privadas nacionales y extranjeras. Se buscaba y se busca obviamente “sanear” las finanzas de esas dos corporaciones para entregarlas “sin gravámenes laborales” a los nuevos dueños.

En el caso de Pemex, a los iniciales diez mil trabajadores despedidos sin duda se sumarán otros tantos o muchos más. Y así, sin “excesivas” cargas laborales, los nuevos dueños podrán explotar la riqueza petrolera mexicana y elevar sustantivamente sus ganancias.

La decisión de mandar al desempleo a esos iniciales diez mil jefes de familia, desde luego, se mantiene en secreto en la empresa. Los altos mandos de Pemex mantienen en la opacidad la criminal determinación. Pero aun así, mediante las inevitables filtraciones de arriba hacia abajo, se ha logrado conocer hasta los nombres de los que resultarán despedidos a partir de este mes de noviembre.

También desde luego, la inmensa mayoría de los trabajadores de la empresa se resisten a creer que la tal reestructuración implicará esos miles y miles de despedidos, lo que quiere decir que muchas de las próximas víctimas de la guillotina laboral se han tragado la versión oficial de que Pemex no se venderá, que Pemex no se privatizará. Y suponen, en consecuencia, que los despidos implícitos en la reestructuración serán solamente de unos cuantos centenares. “Ojalá a mí no me toque”, se dicen a sí mismos muchos de los nuevos desempleados, guardando la infundada esperanza de salvarse de la guillotina.

Pero oculta o medio oculta, la decisión de echar a la calle a esos miles de trabajadores y la determinación de vender Pemex está tomada. Hay, sin embargo, un problema. Privatizar Pemex implicará que el Estado pierda los cuantiosos recursos dinerarios que aporta la empresa al fisco y que sirven para financiar el Presupuesto de Egresos de la Federación, es decir, el gasto del gobierno.

Por eso, al tiempo que se prepara la venta de Pemex, el régimen de Peña Nieto anda buscando suplir los ingresos que perderá con la irracional y antipatriótica decisión de privatizar la renta petrolera. Y la única manera de resarcir esa pérdida es el aumento de los impuestos.

Y es tal la desesperación por allegarse nuevos recursos, que el gobierno peñista no ha vacilado en malquistarse con casi todos los sectores de la población: empresarios, trabajadores, comerciantes, habitantes de las zonas fronterizas, rentistas. ¡Qué absurdo! Si ya tiene el gobierno en la bolsa el dinero que aporta Pemex, para qué perderlo y andar lastimando innecesariamente a cien millones de mexicanos por la vía de la exacción tributaria.

La única explicación para esa irracional conducta económica ya la ha dado el líder de la izquierda mexicana, Andrés Manuel López Obrador: se pactó con Washington la privatización de Pemex, y ahora hay que cumplir el compromiso o atenerse al enojo y a las represalias del imperio.