General Gallardo
A raíz de las declaraciones del divisionario Diplomado de Estado Mayor
Carlos Gaytán Ochoa, López Obrador, descartó “intentos de conspiración”
en relación a los resultados del operativo de octubre pasado en
Culiacán.
En una conferencia mañanera, el mando supremo, respondió a las críticas
del militar, lo cual da a entender que “existen discrepancias de parte
de militares, por el actuar del Gobierno y su trato hacia las fuerzas
armadas.
El entuerto provocó una preocupación de medios, analistas e
intelectuales, cierto hay sinsabor no sólo en estos sectores y en la
sociedad, sino entre los militares, pero las declaraciones del militar,
no pasan de ser una baladronada, de un mando con turbio pasado que
auspició la participación activa del Ejército en asuntos que prohíbe la
Constitución general y la ley militar.
Queda prohibido a todo militar, desempeñar funciones de policía urbana o
invadir las funciones de ésta… Los militares, de cualquier graduación,
no intervendrán jamás en asuntos de la incumbencia de las autoridades
civiles… Art. 28, 29 RGDM.
El militar no deberá elevar quejas infundadas, hacer públicas falsas
imputaciones o cometer indiscreciones respecto de los actos del
servicio… Todo militar que se exprese mal de sus superiores en cualquier
forma, será severamente castigado… Cuando el militar eleve quejas
infundadas, haga públicas falsas imputaciones contra sus superiores o
cometa indiscreciones en asuntos del servicio, será castigado con
arreglo al Código de Justicia Militar. Art. 12, 16 y 17 LDM.
A falta de valor civil para enfrentar una orden del Presidente, el
discurso es convocado y apoyado por el mismo, General Secretario Luis
Crescencio Sandoval.
Lo que lleva a concluir que México carece de una relación civil-militar
democrática, donde el poder militar esté sometido al poder civil, la no
deliberación de los militares en asuntos políticos. Art. 129 c
He seguido atento las “propuestas” relativas a la seguridad para lograr
la paz, la estrategia que ella plantea, es equivocada, pues la seguridad
pública no tiene que ver con militares, no tiene que ver con el
Ejército, no tiene que ver con políticas represivas o cárceles, ni con
ocurrencias e improvisaciones.
Hay que cambiar los parámetros sobre cómo se concibe la seguridad
pública: de una visión de control social y de maniobras perversas en
contra de la sociedad para sostener un régimen autoritario y depredador,
continuado incluso por la 4t, a otro donde se piense la seguridad
pública, como una función del Estado, como un bien público, como un
derecho humano, que quien el único que lo debe prestar es el Estado.
Mas cuando en México históricamente la clase política nacional, les ha
adjudicado a los militares, claro con su complacencia y cobros de
factura, la seguridad pública, facultad y única responsabilidad
constitucional atribuida a las autoridades civiles en el ordenamiento
federal (Art. 21), aquí incluiría el sistema de seguridad y justicia de
las comunidades indígenas o de los grupos de autodefensas surgidos en
Michoacán, ahora con presencia en 11 entidades federativas. Cómo se
puede ocultar la legitimidad de un movimiento social, a falta de
Gobierno, de justica o por la interrupción de la observancia
constitucional. (Informe CNDH/2013)
Quizá no tenga la facilidad para darme a entender, “No hay que confundir
las cosas por muy parecidas que las creamos”. La situación de las
relaciones entre civiles y militares ha carecido de estudios serios. La
única teoría que tiene amplia aceptación derivada de las premisas del
liberalismo americano, es la investigación que realizó sobre el tema
Samuel P. Huntington en 1956. (El Soldado y el Estado: Teoría y Política
de las relaciones civiles-militares)
Huntington sustenta en su análisis dos hipótesis: La primera, supone que
las relaciones civiles-militares, en cualquier sociedad, deben ser
estudiadas como un sistema de partes interdependientes. Define como
principales componentes del sistema tres situaciones: A.- La posición
formal, estructural, de las instituciones militares en el Gobierno; B.-
El papel informal y la influencia de los grupos militares en la política
y en la sociedad a la larga; y C.- La naturaleza de las ideologías de
los conjuntos militares y no militares.
Como partes de un sistema total, ninguno de estos componentes puede
cambiar sin provocar efectos en los demás conjuntos. Cualquier sistema
de relaciones civiles-militares involucra así un difícil equilibrio de
poder; de un lado, entre la autoridad, influencia e ideología de los
militares; y del otro, entre la autoridad, influencia e ideología de los
grupos civiles. En este contexto, el equilibrio puede ser conseguido
de varias formas.
La segunda hipótesis señala que, partiendo de ciertas premisas
concernientes a la naturaleza y al propósito de las instituciones
militares, es posible definir en abstracto ese tipo particular de
equilibrio -control civil objetivo- que maximiza la seguridad
militar.
Utilizando este enfoque, es posible visualizar hasta qué punto el
sistema de relaciones civiles-militares tiende a mejorar o a deteriorar
la seguridad militar de una sociedad determinada. Es también posible
sugerir los cambios necesarios en las partes componentes del sistema
para aproximarlo al punto de equilibrio, es decir, al control civil
objetivo.
Así las cosas, Huntington considera que las relaciones civiles-militares
son un aspecto de la política de seguridad nacional. El objetivo de la
política de seguridad nacional es mejorar la seguridad de las
instituciones sociales, económicas y políticas contra amenazas que
provienen de otros Estados independientes o de índole subversivo desde
el orden interno.
La política de seguridad nacional puede manifestarse en tres formas:
A.- La política de seguridad militar: Es un programa de actividades
planeado para disminuir o neutralizar los esfuerzos destinados a
debilitar o destruir a la nación, realizados por fuerzas armadas que
operan fuera de sus límites territoriales; B.- La política de seguridad
interna: Trata de la amenaza de subversión; es decir, el esfuerzo
destinado a debilitar o destruir al Estado, impulsado por fuerzas que
operan dentro de sus límites institucionales y territoriales; C.- La
política de seguridad situacional: Concierne a la amenaza de erosión
proveniente de cambios a largo plazo en las condiciones sociales,
económicas, demográficas y políticas que tienden a reducir el poder
relativo del Estado.
Esta visión de la política de seguridad nacional en cada una de sus
manifestaciones, militar, interna y situacional, se desarrolla en dos
planos, uno institucional y otro operativo. El plano operativo, implica
los medios inmediatos a que se apela para afrontar las amenazas a la
seguridad. El plano institucional trata la manera en que la política
operativa es concebida, formulada y ejecutada. Las relaciones
civiles-militares son el principal componente de la política de
seguridad militar.
Los planteos o conclusiones operativas inmediatas de la política
militar, involucran normalmente: los planteos o conclusiones
cuantitativos de los recursos del Estado dedicados a las necesidades
militares; los planteos o conclusiones cualitativos de la organización,
composición, equipamiento y empleo de las fuerzas militares; y los
resultados dinámicos de la utilización de las fuerzas militares de
cuándo y bajo qué circunstancias serán puestas en acción.
La naturaleza de las resoluciones sobre estos asuntos es determinada por
el esquema institucional a través del cual se toman esas decisiones.
Los temas fundamentales de la política institucional están siempre
presentes, son continuamente redefinidos, pero nunca resueltos. El
ordenamiento de las relaciones civiles-militares, por consiguiente, es
básico para determinar la política de seguridad de la nación. El
objetivo de esta política en el plano institucional es desarrollar un
sistema de relaciones civiles-militares, que realcen en grado máximo la
seguridad militar con el menor sacrificio de otros valores sociales. El
logro de este objetivo comprende un intrincado equilibrio de poder y
de actitudes entre los grupos civiles y militares. Las naciones que
logran un esquema balanceado en las relaciones entre civiles y
militares, poseen una gran ventaja en su búsqueda de la seguridad. Por
otra parte, las naciones que fracasan en desarrollar un sistema
cívico-militar [civil-militar] bien balanceado, malgastan sus recursos y
se exponen a riesgos incalculables.
Las instituciones militares de cualquier sociedad están conformadas por
dos impulsos; por un lado, el imperativo funcional que surge de las
amenazas a la seguridad de la sociedad, y por el otro, el imperativo
social proveniente de las fuerzas sociales, ideologías e instituciones
dominantes dentro de la sociedad.
Las instituciones militares que reflejan sólo los valores sociales
pueden verse incapacitadas para ejercer sus funciones militares
eficazmente. Por otra parte, puede ser imposible contener dentro de una
sociedad instituciones militares formadas puramente por imperativos
funcionales. La interacción de estos dos impulsos constituye la esencia
del conflicto en las relaciones civiles-militares. El grado en que ambos
impulsos o fuerzas entran en confrontación depende por una parte, de la
intensidad de las necesidades de seguridad, y por la otra, de la
naturaleza y fuerza del esquema de valores de la sociedad. El ajuste y
equilibrio entre estos componentes de las relaciones civiles-militares
no viene solo, algunas sociedades pueden ser inherentemente incapaces de
proporcionar las bases adecuadas para su propia seguridad militar.
Tales sociedades carecen de valores de supervivencia en una época de
continuas amenazas.
Siendo plausible lo hasta aquí asentado, nos preguntamos: ¿Qué esquema
de relaciones civiles-militares mantendrá mejor la seguridad de una
nación?
Lo primero que tiene que considerarse en las relaciones
civiles-militares es el trato que tiene el Estado con el cuadro de
oficiales. En este espacio es donde llega al máximo el conflicto entre
las presiones que surgen del imperativo funcional y las provenientes
del imperativo social.
Por una parte, el cuadro de oficiales es el elemento dirigente activo de
la estructura militar y es responsable de la seguridad de la
comunidad. Por la otra, el Estado es el elemento dirigente activo de la
sociedad, y es el responsable de la distribución de recursos entre los
valores sociales, incluyendo la seguridad militar. En consecuencia, al
analizar las relaciones civiles-militares, lo primero que hay que
definir es la naturaleza del cuadro de oficiales. ¿Qué clase de
corporación es el cuadro de oficiales? ¿Qué ralea de hombre es el
oficial militar?
El moderno cuadro de oficiales es un organismo profesional y el actual
oficial militar es un hombre profesional. Una profesión es un tipo
peculiar de grupo funcional de características altamente especializadas.
El profesionalismo es característico del oficial moderno en la misma
forma que se caracteriza el médico o el abogado.
El profesionalismo distingue al oficial militar de hoy en día del
guerrero de otras épocas. La existencia del cuadro de oficiales como
cuerpo profesional da característica única al problema moderno de las
relaciones civiles-militares.
La naturaleza de otras profesiones como profesiones, así como su
historia, ha sido ampliamente discutida. Sin embargo, el carácter
profesional del moderno cuadro de oficiales ha sido descuidado. En
nuestra sociedad, el hombre de negocios puede manejar más dinero, el
político más poder, pero el profesional puede manejar más respeto.
Cuando el término profesional ha sido empleado en relación con los
militares, casi siempre lo ha sido en el sentido de profesional como
opuesto al amateur, más que en el sentido de profesión en contraste con
comercio u oficio. Las frases “ejército profesional” y “soldado
profesional” han oscurecido la diferencia entre el “enganchado”, que es
profesional en el sentido de uno que trabaja por ganancias monetarias, y
el oficial de carrera, que es profesional en el sentido, muy diferente,
del que persigue “un puesto más alto en el servicio de la sociedad”.
La seguridad pública, debe descansas en esta relación civil-militar,
donde el poder militar esté sometido, subordinado absolutamente al poder
civil del Estado. Cualquier Gobierno por más legítimo que llegue al
poder, incluso con el cien por ciento de la votación, si no tiene este
cimiento NO PODRÁ GOBERNAR, porque va en contra del orden
constitucional, por tanto la gobernación será nula de pleno derecho.
Esta definición llevó a los Estados Unidos a convertirse en el país más
poderoso del mundo. La prohibición del uso de las tropas militares en
las tareas de seguridad se decretó desde 1854. “Las fuerzas armadas
están diseñadas para pelear en la guerra, mientras que las fuerzas
policiales están diseñadas para hacer cumplir la ley”.
En las condiciones de abdicación del poder civil, la 4t no está en
condición de establecer una relación civil-militar, donde esté sometido
el Ejército a los controles institucionales.