10.4.26

Sobre la frágil tregua armada y la derrota simbólica de Trump frente a Irán

La pausa de las hostilidades entre EU e Irán durante dos semanas alivia momentáneamente la tensión, pero deja claro que las principales contradicciones entre ambas partes siguen sin resolverse, lo que permite prever una nueva escalada.

Por Carlos Fazio (*)

Mate Amargo, Montevideo, 09/04/2026

El martes 7 de abril de 2026 pasará a la historia como un día negro para Donald Trump. Por la mañana, desde la Casa Blanca, con su insensible y caótico estilo de negociación que lleva la marca de un gangster despiadado acostumbrado a salirse con la suya mediante la coacción y la imprevisibilidad, pero que ahora no está consiguiendo lo que quiere, Trump amenazó con la destrucción masiva de Irán si no cedía a su ultimátum postrero. Dijo: “Toda una civilización morirá esta noche, para no volver más”.

La advertencia, que de consumarse constituiría un crimen de guerra según el fenecido derecho internacional, fue publicada con total naturalidad en la red de su propiedad, Truth Social, junto a anuncios de bolígrafos con forma de bala, sombreros patrióticos y una cena de gala en Mar-a-Lago. Y agregaba: “Ahora que tenemos un Cambio de Régimen Total y Completo [en Irán], en el que prevalecen mentes diferentes, más inteligentes y menos radicalizadas, quizá pueda ocurrir algo revolucionariamente maravilloso, QUIÉN SABE. Lo averiguaremos esta noche, uno de los momentos más importantes de la larga y compleja historia del mundo”.

El mensaje, según consignó Katie Rogers, corresponsal del New York Times en Washington, se difundía dos días después de que Trump conmemorara el Domingo de Pascua pidiendo a los iraníes que pusieran fin a su bloqueo del estrecho de Ormuz: “Abran el puto Estrecho, locos bastardos, o vivirán en el Infierno — SOLO VEAN. Alabado sea Alá”, escribió. En la mente del presidente y de sus asesores, el ultimátum pretendía poner fin a un conflicto autoinfligido y persuadir a Teherán para que abriera el estratégico estrecho.

Pero el martes por la noche todo cambió. Trump volvió al modo diplomático como simulación, canceló la “destrucción de la civilización” persa y anunció que había aceptado una propuesta mediadora de Pakistán, que exigía un alto al fuego de “doble vía” de dos semanas y el reinicio de negociaciones. Después de 39 días de haber desatado junto con el régimen sionista de Israel una guerra de agresión, traicionera e ilegal, fue, tácitamente, el reconocimiento de que había sufrido una enorme derrota estratégica. Aunque como buen productor de telerrealidad, Trump dijo que EU había alcanzado y superado todos los objetivos militares en Irán y veía viable un acuerdo de paz, la tregua armada lo exhibe en su locura enfermiza, sociopática, de amenazar, asesinar, destruir, masacrar, sin pensar en lo que viene después de una guerra fracasada. Trump condicionó el alto al fuego a la “apertura completa, inmediata y segura” del estrecho de Ormuz y confirmó la recepción de una propuesta iraní de 10 puntos.

Por su parte, Irán aseveró que la aceptación de sus condiciones para una tregua de dos semanas significó para Washington y Tel Aviv “una derrota innegable, histórica y aplastante”. Según las autoridades de Teherán, a pesar de desplegar una fuerza abrumadora, Estados Unidos e Israel se vieron obligados a aceptar su propuesta, que incluye: un compromiso fundamental de no agresión; el mantenimiento del control iraní sobre el estrecho de Ormuz; la aceptación del enriquecimiento de uranio; el levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias, y el fin de todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Junta de Gobernadores de la AIEA; el pago de compensaciones a Irán; la retirada de las fuerzas de combate estadunidenses de la región y el fin de la guerra en todos los frentes, incluido el de la resistencia islámica en el Líbano.

El Consejo Superior de Seguridad Nacional de Irán, indicó que siguiendo las recomendaciones del nuevo líder supremo, el ayatolá Mojtabá Jameneí, se había decidido celebrar negociaciones con EU en Islamabad (capital de Pakistán) para ultimar los detalles, de manera que en un plazo máximo de 15 días, “una vez finalizada la victoria de Irán en el campo de batalla, esta pueda consolidarse también en las negociaciones políticas”. No obstante, advirtió: “Tenemos el dedo en el gatillo y, en cuanto el enemigo cometa el más mínimo error, responderemos con toda nuestra fuerza».

Claves de una derrota estratégica

Si bien las negociaciones que comenzarán el viernes 10 en Islamabad no significan el fin de la guerra no declarada por Washington y Tel Aviv contra Irán, cabe consignar que Trump y el sionista Benjamín Netanyahu no lograron ninguno de sus objetivos declarados. Cometiendo traición y perfidia, lanzaron la guerra de agresión el 28 de febrero en medio de conversaciones nucleares indirectas entre Teherán y Washington. El objetivo inicial de Trump y su  compinche israelí era la fantasía de un cambio de régimen en Irán. Por eso, la primera oleada de ataques se dirigió específicamente contra el líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, quien fue asesinado junto con varios altos mandos militares. Las oleadas posteriores se dirigieron contra jefes castrenses y altos funcionarios iraníes. Sin embargo, el sistema de la República Islámica, que ha sobrevivido a casi cinco décadas de complots y conspiraciones, y cuya estructura institucional no se sustenta en un solo individuo, no sólo no colapsó sino que, esgrimiendo la legítima defensa según las normas del derecho internacional, contraatacó, infligiendo graves daños a sus enemigos y a las monarquías del Golfo Pérsico aliadas de Estados Unidos e Israel, que hospedaban las ahora destruidas bases militares del Pentágono en Medio Oriente.

Otro de los objetivos de Trump y Netanyahu era el programa nuclear iraní, definido como una amenaza existencial por el régimen expansionista de apartheid de Israel, una potencia atómica clandestina y al margen de cualquier fiscalización. Antes de la guerra del Ramadán (conflicto actual), engatusado por el aventurero Netanyahu, Trump amenazó con una acción militar para desmantelarlo, a pesar de que, tras la guerra de 12 días de junio de 2025, afirmó que el programa ya estaba “aniquilado”. Su intento, ahora, de infiltrar comandos especiales y atacar las instalaciones nucleares de Isfahán fracasó estrepitosamente, ya que el Pentágono perdió varios aviones sin lograr ningún resultado. Tampoco lograron diezmar el programa de misiles balísticos iraníes, otro objetivo estratégico israelí.

Trump también estaba obsesionado con el estratégico estrecho de Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el mar Arábigo, y por el que transitan buques petroleros y gasísticos de Arabia Saudita, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Irán y Kuwait, que llevan sus productos a través del océano Índico a países como la India, China, Corea del Sur y Japón. Había prometido abrirlo por la fuerza, pero fracasó. La Armada iraní había cerrado de facto la vía marítima a los buques estadunidenses y aliados tras el inicio de la guerra no provocada. Cualquier intento de cruzar el estrecho sin el consentimiento de Irán era una receta para el desastre. Trump lanzó varias amenazas: reabrir el estrecho o enfrentarse a ataques contra las centrales eléctricas, las plantas desalinizadoras, los puentes y otras infraestructuras críticas civiles iraníes. Los plazos se modificaron de 48 horas a cinco días, luego a diez días y finalmente a 48 horas, antes de que finalmente cediera y aceptara sentarse a negociar la propuesta de 10 puntos de Irán. Un par de horas antes de su anuncio, Trump había fracasado, también, en el Consejo de Seguridad de la ONU, gracias al veto de China y Rusia a una propuesta de resolución de Baréin, donde respaldado por Washington no se denunciaba los ataques de Israel y EU a Irán y sí la aceptación a abrir el Estrecho de Ormuz por la fuerza; lo que de hecho significaba castigar a la víctima y aceptar la criminalidad del victimario.

En síntesis, los cambios constantes en los objetivos de la inútil campaña militar estadunidense/israelí, desde el primer día hasta el cuadragésimo, revelaron una asombrosa falta de estrategia y claridad. 

Millonarias pérdidas del Pentágono

Más allá del fracaso estratégico, Estados Unidos sufrió graves daños militares y económicos a causa de los ataques de represalia de la “Operación Verdadera Promesa 4” de Irán: 100 ataques en 40 días. Según informes especializados, solo durante la primera semana, los ataques de represalia iraníes costaron a los contribuyentes estadunidenses más de mil millones de dólares. El despliegue de portaviones y aviones de combate representó 630 millones de dólares, mientras que la pérdida de aviones F-15 E en Kuwait sumó casi 300 millones de dólares, según un análisis de Press TV.

La guerra se había convertido en una trampa costosa (en términos políticos) para la administración Trump, ampliamente considerada un error de cálculo estratégico sin ganancias militares sobre el terreno. Precisamente, por eso, el papel del criminal de guerra y prófugo de la justicia internacional, Benjamín Netanyahu, fue clave. Como no podía hacerlo solo, arrastró a Trump a una guerra innecesaria. Pero un total de 100 oleadas de ataques con misiles y drones iraníes arrasaron bases militares estadunidenses en toda la región, obligando a las fuerzas del Pentágono a abandonar sus posiciones fortificadas y refugiarse en hoteles y oficinas, donde también fueron golpeados. Y si bien Washington ha minimizado el número de bajas, especialmente el de muertos, estimaciones independientes cifran las muertes en cientos.

La Quinta Flota del Pentágono en Baréin, bastión de la presencia militar estadunidense en el Golfo Pérsico, sufrió los daños más graves. Los ataques iraníes impactaron repetidamente su cuartel general en Manama, demostrando un nuevo modelo de guerra asimétrica e infligiendo daños irreparables a la infraestructura, los depósitos de municiones y los edificios de mando.

El poder aéreo de EU también sufrió grandes pérdidas, amén de que el espacio aéreo iraní pertenece a Irán, y cualquier nueva intrusión será respondida con el mismo fuego. El 27 de marzo, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) destruyó un avión E-3 Sentry AWACS valorado en 700 millones de dólares en la base aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudí, junto con varios aviones de guerra electrónica y aviones de reabastecimiento en vuelo. Días antes, Irán y las fuerzas de la Resistencia iraquí derribaron seis aviones cisterna KC-135 Stratotanker, pilares fundamentales del reabastecimiento aéreo. Días después, Irán logró derribar un caza furtivo F-35 Lightning II por primera vez en su historia. Ese activo multimillonario del ejército estadunidense fue atacado en el centro de Irán. Varios F-15, F-16, F-18, más de una docena de drones MQ-9 Reaper y más de 170 drones también fueron derribados o dañados. Cuatro radares AN/TPY-2 THAAD y una instalación de alerta temprana de Catar, valorada en mil millones de dólares, también fueron alcanzados.

El 3 de abril, considerado un viernes negro, la Fuerza Aérea de EU perdió un F-15 E Strike Eagle, un A-10 Thunderbolt II, varios drones MQ-9 Reaper y plataformas de reconocimiento Hermes también fueron derribadas por las defensas aéreas iraníes, que han mejorado considerablemente desde la guerra de los 12Días. Pero como veremos, el domingo 5 sería peor.

Los dos factores que empujan a Trump a negociar

El martes 7, el canal panárabe Al Mayadeen citó a una fuente militar de alto rango iraní que reveló los dos factores que empujaban a Trump a negociar: la situación en el estrecho de Bab ElMandeb y la fallida operación de Isfahán, el domingo anterior. Según el mando castrense, a pesar de las fanfarronadas de Trump, Washington tomaba muy en serio las amenazas de cierre del estrecho de Bab El-Mandeb por el movimiento de Resistencia Ansarolá de Yemen, especialmente tras detectar movimientos operativos relacionados con ellas. Además, dijo que Trump y su entorno, pese a sus habituales exageraciones propagandísticas, eran plenamente conscientes de la magnitud del revés estratégico sufrido en la fallida operación de Isfahán. La fuente señaló además que la administración Trump reconocía que no tiene margen para avanzar sobre el terreno ni para sostener un enfrentamiento exitoso con Irán en el ámbito marítimo, y que anticipaba un incremento significativo en los precios de los hidrocarburos..

El domingo 5, las Fuerzas Armadas iraníes destruyeron varias aeronaves enemigas al sur de Isfahán. Falsamente, ese día Trump declaró que el Ejército estadunidense realizaba operaciones de búsqueda y rescate del segundo piloto del caza F-15 derribado el viernes 3, afirmando que “decenas de aeronaves” participaron en esa misión. Tras ese episodio, el portavoz de la Cancillería iraní, Ismail Baghaei, destacó las interrogantes que rodeaban la acción estadunidense, sugiriendo que podría estar vinculada a un intento de apoderarse de uranio enriquecido iraní. Subrayó que la operación violó la soberanía de Irán y que persistían dudas sobre la versión estadounidense debido a la distancia entre el punto de aterrizaje de las aeronaves estadunidenses en Isfahán y el lugar señalado oficialmente en la provincia de Kohgiluyeh y Boyer Ahmad.

En paralelo, información publicada por The Washington Post coincidía con esas sospechas: el diario reportó que el Ejército propuso a Trump un plan para incautar unos 450 kilogramos de uranio altamente enriquecido en territorio iraní. Dicho plan contemplaba el traslado aéreo de equipos de perforación y la construcción de una pista de aterrizaje para aviones de carga C 130, con el fin de extraer y sacar del país el material radiactivo. A ello se sumaba que parte del uranio iraní se encuentra en instalaciones fortificadas, entre ellas un emplazamiento cercano a Isfahán ubicado en túneles profundos, cuyo acceso requeriría operaciones de perforación complejas y estrictos protocolos de seguridad, posiblemente acompañados de un despliegue terrestre de gran escala.

A su vez, el martes, información exclusiva obtenida por Press TV, citada por los medios árabes Hispantv y Al Mayadeen, reveló que fuerzas especiales de EU cayeron en una trampa tendida por Teherán, al intentar infiltrarse en las instalaciones nucleares iraníes en Isfahán y sufrieron una vergonzosa y aplastante derrota estratégica.

Según Press TV, la operación de EU en Isfahán no tenía ninguna relación con la supuesta misión de rescate de un piloto del caza F-15 Eagle derribado. El fallido ataque se produjo después de que la aviación estadunidense llevara a cabo extensas operaciones de reconocimiento aéreo en los días previos a la incursión. Durante esas misiones iniciales de infiltración y reconocimiento, Estados Unidos, y posiblemente el régimen sionista, perdieron un número significativo de aeronaves, incluyendo al menos un A-10 Thunderbolt II y dos helicópteros Black Hawk. La información obtenida por Press TV revela que la “hora cero” de la fallida operación de Isfahán se fijó durante una reunión secreta en la Casa Blanca bajo la supervisión directa del propio presidente Trump.

El lugar de aterrizaje para dos aviones de transporte Hércules C-130, elegido tras un reconocimiento previo, era una pista abandonada situada peligrosamente cerca de una de las instalaciones nucleares. El medio sostuvo que el error de cálculo de los estadunidenses fue creer que la defensa aérea iraní no podría contrarrestar las aeronaves implicadas en esa operación. Asimismo, algunos indicios apuntan a que generales estadunidenses destituidos habían advertido seriamente al secretario de Guerra, Pete Hegseth, sobre el alto riesgo de una operación de ese tipo. Sin embargo, debido a la falta de conocimientos militares y a la insistencia de Trump en seguir adelante, los generales fueron destituidos apenas días antes de la operación de Isfahán. Aun así, se desplegaron múltiples aeronaves para la operación, mientras que las Fuerzas Armadas y de seguridad iraníes se encontraban en estado de máxima alerta, esperando su llegada.

De hecho, los comandos especiales de EU cayeron directamente en una trampa tendida por las fuerzas iraníes, que inicialmente no mostraron una reacción seria ante el aterrizaje del primer C-130 que transportaba a decenas de soldados de élite. La evidencia muestra que esa aeronave se desvió ligeramente al aterrizar en la pista de tierra abandonada. Minutos después, se aproximó un segundo avión C-130 que transportaba vehículos especializados, cuatro helicópteros MH-6 Little Bird, dos MQ-9 Reaper y cuatro helicópteros modelo UH-60 Black Hawk que fueron derribados. En ese momento, las fuerzas iraníes ya desplegadas en el lugar atacaron al segundo avión antes de que pudiera aterrizar, convirtiendo su aterrizaje normal en uno de emergencia. Dos helicópteros Black Hawk llegaron poco después. Fue en ese momento cuando los aviones, helicópteros y comandos que habían desembarcado del primer avión se convirtieron en objetivos perfectos para las Fuerzas Armadas iraníes.

Después de que las fuerzas especiales de EU se dieron cuenta de que habían caído en la trampa, la sala de crisis de la Casa Blanca tomó una decisión crucial: la operación principal para infiltrarse en el sitio nuclear se transformó en una operación de rescate desesperada para las decenas de comandos estadunidenses atrapados bajo el fuego iraní. El Pentágono envió inmediatamente varios aviones más pequeños para evacuar a sus fuerzas, logrando a duras penas reunir a los comandos y sacarlos de la situación mortal. La operación de rescate se llevó a cabo con tanta prisa que algunos soldados y oficiales abandonaron su equipo, incluyendo, según las pruebas en poder de Press TV, el documento de identificación de un oficial estadunidense que había quedado en la zona, para salvar sus vidas.

Tras la evacuación de los comandos, cazas estadunidenses establecieron una línea de fuego con un radio de 5 kilómetros para impedir que las fuerzas iraníes se acercaran a los C-130 abandonados en la pista de aterrizaje. Los cazas también bombardearon intensamente su propio equipo para evitar que cayera en manos iraníes.  Las fuerzas especiales  ni siquiera tuvieron la oportunidad de volar con los helicópteros especiales Little Bird; algunos fueron destruidos en tierra, mientras que otros fueron destruidos dentro del segundo avión C-130.

Pero hay algo aún más grave. Según declaró el domingo el portavoz del Cuartel General Central de Jatam al-Anbia, “las aeronaves fueron derribadas por la defensa aérea iraní, y las propias fuerzas de Estados Unidos terminaron bombardeando a sus propios soldados”. “La humillación del presidente Trump y de su ejército derrotado no podrá repararse con retórica, guerra mediática ni operaciones psicológicas”, apostilló el vocero castrense iraní. Según fuentes militares iraníes, al menos cinco militares estadunidenses murieron en la operación.

La aplastante derrota de la operación de Isfahán, habría provocado que Trump celebrara apresuradamente y de forma caótica varias ruedas de prensa para encubrir el fracaso y presentarlo, falsamente, como una operación de rescate de pilotos. La información obtenida por Press TV describe estas maniobras propagandísticas lideradas por Trump y su poco informado secretario de Guerra, Hegseth, como reminiscencias de las películas de Hollywood: “mentiras al estilo Goebbels” que ni siquiera han sido aceptadas por gran parte del público estadunidense. Burlándose de las afirmaciones de Trump, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, publicó una imagen de los restos destruidos del C-130 en su cuenta X, escribiendo con sarcasmo: “Si Estados Unidos consigue tres victorias más como esta, quedará completamente arruinado”.

“¿Cómo es posible que un país que supuestamente no tiene defensa aérea ni ejército ni fuerzas armadas haya logrado derribar y destruir tantos aviones de combate y diversas aeronaves, y que siga ampliando su lista de diferentes tipos de aviones de combate, aviones, helicópteros y drones destruidos?”, declaró a Press TV una fuente de alto nivel en Teherán. Según señaló, la fallida operación de Isfahán podría registrarse como el peor y más humillante fracaso del ejército estadunidense, incluso peor que la fallida operación de Tabas de 1980, en la que un intento de rescate fallido acabó en desastre para Washington. La información obtenida por Press TV, señala que las fuertes repercusiones de este gran fiasco de Trump afectarán no solo el curso de la guerra, sino también el futuro político del imprudente e ignorante inquilino de la Casa Blanca, su partido republicano y el panorama político de Estados Unidos durante años.

En el plano estratégico, Irán ha ido más allá del campo de batalla. El control del Estrecho de Ormuz ha cambiado las reglas del juego. Ya no se trata solo de misiles o aviones, sino del control de una arteria clave de la economía global.

El factor yemení

En el marco de la desesperada y furiosa guerra psicológica de Trump, quien había amenazado con atacar y destruir puentes y centrales eléctricas iraníes, “abrir las puertas del infierno”, “acabar con una civilización” y devolver al país a la “edad de piedra” a las 20 horas de Washington del 7 de abril si Irán no se sometía a sus designios, autoridades de Teherán habían advertido que si la situación “se sale de control”, toda la región y Arabia Saudita quedarán en “completa oscuridad” y sus aliados cerrarán el estrecho de Bab el-Mandeb, que, al igual que el de Ormuz, reviste una gran importancia económica al constituir la ruta marítima que une Asia con Europa.

El viernes 3 de abril, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, preguntó en una publicación en X: “¿Qué porcentaje de los envíos mundiales de petróleo, gas natural licuado, trigo, arroz y fertilizantes pasa por el estrecho de Bab El-Mandeb?”

Un par de días antes, después de más de cuatro semanas de lo que podría describirse como una ambigüedad constructiva, un alto funcionario del movimiento de resistencia popular de Yemen, Ansarolá, afirmó que todas las opciones seguían sobre la mesa, incluido el cierre del estrecho de Bab El-Mandeb a los buques pertenecientes a países implicados en agresiones contra Irán y los grupos del frente de la Resistencia regionales.

El estrecho de Bab El-Mandeb conecta el mar Rojo con el Golfo de Adén y el Mar Arábigo, sirviendo como una puerta de entrada crucial entre Asia, África y Europa a través del Canal de Suez. Según cifras citadas en análisis recientes, más de ocho millones de barriles de petróleo transitan diariamente por el estrecho, junto con 58 buques metaneros. Alrededor del 40 % del comercio entre Asia y Europa se realiza a través de esta ruta. Ese corredor también transporta aproximadamente el 20 por ciento del comercio marítimo mundial de arroz, el 20 por ciento del comercio marítimo mundial de trigo y el 40 por ciento del comercio marítimo de fertilizantes. Se estima que el valor anual de los bienes y servicios que transitan por esta ruta supera los 800 mil millones de dólares.

Si bien Yemen enfatizó que sus acciones se dirigen únicamente contra fuerzas estadunidenses y sionistas, y no contra poblaciones musulmanas, también lanzó una advertencia a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos, instándolos a no tomar medidas que puedan endurecer aún más el bloqueo sobre Yemen. Esta advertencia parece ligada a la postura de Riad y Abu Dabi en medio de los cambios de alineamiento en la región.

Los yemeníes perciben la guerra como existencial. Creen que la agresión militar ilegal y no provocada contra Irán forma parte de un plan más amplio que amenaza a múltiples países de la región y allanan el camino hacia el proyecto sionista del “Gran Israel”. El liderazgo yemení parece creer que todavía cuenta con opciones estratégicas y palancas de influencia, especialmente al entrar la guerra en su segundo mes. Existen varias herramientas y estrategias disponibles para Ansarolá, muchas de las cuales han sido probadas con éxito en conflictos anteriores. Anticipando que esta ronda de la guerra podría prolongarse más de lo esperado, Yemen parecía estar modulando sus acciones y reservando posibles sorpresas adicionales. Ansarolá también posee capacidad para realizar operaciones navales significativas a lo largo de una amplia región que se extiende desde el Mar Rojo hasta el Océano Índico, incluyendo el estrecho de Bab El-Mandab, el golfo de Adén y el mar Arábigo. Frente al genocidio israelí  en Gaza (extendido ahora a Cisjordania y el sur de Líbano) y en solidaridad con los palestinos, el frente militar de Ansarolá que incluyó el bloqueo del mar Rojo, llevó al puerto sionista de Eilat a la bancarrota.

La intervención militar de Yemen refleja un principio de acción colectiva frente a una amenaza común y contribuye a lo que considera un frente defensivo más amplio en toda la región. Este paso también subraya su transición de la unidad ideológica y política hacia una coordinación militar plena dentro del Eje de la Resistencia. En la actual coyuntura, el enfoque de Ansarolá en la guerra ha sido definido en la doctrina “Golpear primero. Golpear fuerte. Antes de que el enemigo se mueva, la batalla ya está decidida”.

Antes del alto al fuego del martes, la misión naval europea Aspides había advertido a los buques mercantes que evitaran las aguas yemeníes, lo que refleja la creciente preocupación por la seguridad del corredor. Cualquier interrupción en el transporte marítimo a través de este paso probablemente obligaría a los barcos a desviarse rodeando el Cabo de Buena Esperanza, lo que añadiría entre ocho y nueve días a los viajes y aumentaría los costes de transporte, las primas de los seguros y los precios de los productos en Europa y Asia.

El veto de China y Rusia en el Consejo de Seguridad

El martes 7, China y Rusia vetaron un proyecto de resolución sobre la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, presentado por Baréin y respaldado por Estados Unidos, que recibió 11 votos a favor, con las abstenciones de Pakistán y Colombia.

Durante la reunión del Consejo de Seguridad en la que se evaluaba la crisis en Medio Oriente, el embajador de Irán ante la ONU, Mir-Saeid Iravani, había rechazado categóricamente un alto al fuego temporal. Explicó que la decisión iraní respondía a lo ocurrido en junio del año pasado, cuando Washington y Tel Aviv también atacaron al territorio  de la nación persa y “las hostilidades se reanudaron bajo un pretexto falso”. Agregó que en este contexto, “un alto el fuego solo serviría (a los agresores) para rearmarse y prepararse para seguir cometiendo crímenes”.

En su intervención, Iravani calificó como “retórica impropia de cualquier líder político” las declaraciones del presidente Trump, en las que amenazó con desaparecer “una civilización entera”, refiriéndose a los ataques a Irán. “Recurrió a un lenguaje no solo profundamente irresponsable, sino también sumamente alarmante. Declaró que toda la civilización morirá esta noche, para no volver jamás. Tal retórica es impropia de cualquier líder político y mucho menos del jefe de un [Estado que es] miembro permanente del Consejo encargado del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales”.

A su vez, el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia, explicó que la decisión del Kremlin de vetar el proyecto de resolución sobre el estrecho de Ormuz se debió a que Moscú no puede apoyar un documento que sentaría un peligroso precedente. “La Federación de Rusia no ha podido respaldar un texto que sentaría un peligroso precedente para el derecho internacional, para el derecho internacional del mar, para cualquier iniciativa internacional en favor de la paz, así como para la autoridad del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas” destacó el alto diplomático ruso. En este contexto, enfatizó que Moscú había pedido un enfoque “equilibrado” y “objetivo” en discusiones previas. Nebenzia sostuvo que la raíz de la crisis en Medio Oriente está en los “actos ilegales e imprudentes” de Washington y Tel Aviv. “Atacar a Irán no es posible y no es aceptable”, aseveró, al añadir que esos llamados “cayeron en oídos sordos”.

El alto diplomático también resaltó que Rusia entiende la situación de los países del Consejo de Cooperación del Golfo y de Jordania, y explicó que por ese motivo se abstuvo en la votación de una resolución anterior, la 2817. “No fue una decisión fácil para nosotros”, señaló. Sobre el texto vetado, Nebenzia afirmó que Baréin y sus socios “fueron mucho más lejos” al presentar lo que describió como un enfoque “fundamentalmente erróneo y peligroso”. Dijo que “casi cada párrafo del borrador que propusieron abundaba en elementos desequilibrados, inexactos y confrontacionales”. Y agregó que la resolución impulsada por Baréin “daba carta blanca” a acciones agresivas contra Irán.

Por su parte, el embajador de China ante la ONU, Fu Cong, también rechazó enérgicamente el borrador, advirtiendo que su aprobación podría exacerbar aún más la situación. Aseveró que la resolución era “altamente susceptible de ser malinterpretada o incluso de ser objeto de abuso”. Fu añadió que aprobar la resolución “enviaría un mensaje equivocado y tendría consecuencias graves, muy graves”, haciendo hincapié en el riesgo de agravar el conflicto en lugar de resolverlo. Según reveló The New York Times la noche del martes, Irán aceptó la propuesta de alto al fuego debido a intensos esfuerzos diplomáticos pakistaníes y la intervención de última hora de China, un aliado clave. Otras fuentes aseveraron que China garantizaría el curso de las negociaciones. No obstante, en dos oportunidades anteriores ha quedado claro, que Trump y Netanyahu fingen negociar, para después traicionar.

El miércoles 8, al hacer un breve control de daños, el jefe del Estado Mayor Conjunto de EU, general Dan Caine, declaró que la tregua de dos semanas pactada con Irán solo marca “una pausa” y que las fuerzas conjuntas de EU “permanecen preparadas para reanudar las operaciones de combate si se les ordena, con la misma velocidad y precisión que hemos demostrado en estos 39 días”. A su vez, el vicepresidente J.D. Vance, describió como “frágil” el acuerdo de alto al fuego. Por su parte, en su alegato de victoria, el siempre histriónico y desmesurado secretario de Guerra, Hegseth, aseguró que el país persa “suplicó por un cese al fuego y todos los sabemos”. (sic)

Medios sionistas exhiben la “rendición” de EU e Israel

En rigor, Trump buscaba desesperadamente una salida del atolladero que él mismo había contribuido a crear, y el mundo presenció algo sin precedentes: la derrota de una superpotencia a manos de una nación que, en defensa de su autodeterminación y soberanía, se niega a ceder. Pero también, como arguyó el miércoles 8 el líder de la oposición israelí, Yair Lapid, fue una derrota para Netanyahu, quien “fracasó y no alcanzó ninguno de sus objetivos”,

Lapid arremetió contra el primer ministro Netanyahu, por el alto el fuego y el fracaso estratégico que sufrió en la guerra con Irán. “Nunca en nuestra historia se había producido un desastre diplomático semejante”, escribío en X. Lapid criticó que Israel ni siquiera estuvo presente en las negociaciones cuando se tomaron decisiones relativas al núcleo de su seguridad. Denunció, además, que Netanyahu “fracasó diplomáticamente, fracasó estratégicamente y no alcanzó ninguno de los objetivos que él mismo se había fijado (…) Nos llevará años reparar el daño diplomático y estratégico que Netanyahu causó debido a su arrogancia, negligencia y falta de planificación estratégica”.

Según medios israelíes, los iraníes “hicieron lo que quisieron con la administración Trump” y lo sucedido “no es solo un logro iraní, sino una gran victoria”. El Canal 14 criticó al presidente Trump, preguntándole: “¿En qué mundo vive cuando promueve un acuerdo de rendición como un logro?”  Agregó que “lo más preocupante es que Israel no niega esta locura”. Según el medio, Trump “se ha convertido en el hazmerreír del mundo y no ha podido soportar la presión”, describiéndolo como un “hombre débil”. El anuncio del alto el fuego coincidió con el lanzamiento de misiles desde Irán hacia Israel, por lo que el medio consideró que “esto refleja una burla hacia nosotros”.

Por su parte, Maariv aseveró que Israel y EU emergen de la batalla con un acuerdo que es esencialmente una “rendición estratégica”, expresando que Irán y sus aliados parecen ser los únicos vencedores del enfrentamiento. Según el diario hebreo, ⁠40 días de combates terminaron con una rotunda victoria iraní, e⁠ ⁠Irán logró involucrar a Israel y EU en un acuerdo que incluye elementos de rendición por ambas partes, explicando que Washington y Tel Aviv abandonaron la mayoría de sus objetivos bélicos y crearon una nueva realidad regional. Al comparar los objetivos y principios de la guerra con los resultados, queda claro que Irán se alzó como la parte superior. Además, mencionó que Irán no entregó su uranio enriquecido, al tiempo que continúa con su programa nuclear civil.

En ese sentido, un periodista israelí escribió en X el “significado” del acuerdo: “después de aproximadamente un mes y medio de guerra, la amenaza de destruir toda una civilización, y finalmente la retirada y la aceptación de todas las condiciones principales de la parte contraria que amenazaba con bombardear y destruirla. Extraño, vergonzoso y especialmente muy malo para Israel”.

(*) Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Capítulo México)

 

En Estados Unidos manejan la opción nuclear, al tiempo que se abre un cese al fuego «condicional» de dos semanas. No es claro que Israel esté dispuesto a cumplirlo.

 + El programa iraní de misiles balísticos sigue intacto
+ El uranio enriquecido sigue en poder de Irán y su programa nuclear en curso
+ El gobierno y la institucionalidad de la República Islámica siguen en el poder
+ El Ayatollah Jamenei fue reemplazado por otro Ayatollah, su hijo
+ Irán ha demostrado que tiene control absoluto sobre el estrecho de Ormuz
+ Israel ha estado siendo golpeado por los lanzamientos de Irán durante un mes, y está al límite de su arsenal de interceptores, el cual no puede ser reemplazado con rapidez.

8 de abril de 2026
extramurosrevista.com


SALVADOR GÓMEZ / – Es en estas condiciones arriba detalladas, que Trump ha declarado «objetivos cumplidos», y ha dicho que «el plan de Irán de 10 puntos (todos los puntos de máxima que Irán pretende) es «una buena base para negociar».
Sobre la base de esta lógica, aparentemente incoherente, es que Irán y los Estados Unidos han acordado anoche, martes 7 de abril, un cese al fuego de dos semanas, en el que estaría incluido Israel (*). Irán acordó reabrir el estrecho de Ormuz durante esas dos semanas, y ha quedado establecido que cobrará peajes (en yuans), confirmando que de hecho sigue controlando la citada vía marítima. Estados Unidos ha acordado comenzar negociaciones en Islamabad el viernes, sobre la base del citado plan de 10 puntos de Irán. La aceptación del plan de 10 puntos de Irán, que incluye el levantamiento de todas las sanciones, la garantía de no más agresiones contra Irán, la aceptación de que Irán pueda enriquecer uranio con fines nucleares, el control formal del estrecho de Ormuz por parte de Irán de aquí en más, y otras condiciones de máxima por el estilo es, ha declarado oficialmente Irán, una precondición para que se cumpla el cese al fuego. Si Estados Unidos no acepta los diez puntos de Irán, lo cual es 99% probable, simplemente la guerra continuará en dos semanas -o antes, si se rompe el cese al fuego unilateralmente. La opción nuclear está cada vez más abiertamente sobre la mesa. La otra opción es que Estados Unidos se retire del conflicto creando cualquier discurso y pantalla mediática adecuada. Esto dejaría a Israel solo ante la decisión de asumirlo por sí mismo, o también terminar con su agresión a Irán y su invasión del sur del Líbano.


Al tiempo que Estados Unidos termina de tomar conciencia de que ha agotado sus medios a través de armas convencionales para conseguir sus objetivos en el conflicto, los fake news media norteamericanos -es decir, FOX o sus pares- insertan el concepto de emplear armas nucleares y «borrar de la faz de la tierra a una civilización primitiva que pertenece al siglo VII» (Mark Levin, el domingo de Pascua, en su show en FOX, horario central).

Acompañado de ese tipo de mensajes -y uno similar de Trump en Truth Social por la mañana del martes 7-, el gobierno norteamericano ha extendido una vez más el «plazo irrevocable». Y al mismo tiempo, Pete Hegseth, Secretario de Guerra, ha cantado victoria en una conferencia de prensa esta mañana. Pero quien haya seguido nuestros análisis sabe que la lógica de esta guerra, lamentablemente, lleva a una escalada, salvo que intervengan factores nuevos. No es probable que nada sustancial, dentro de los factores objetivos que han llevado a Israel y Estados Unidos a iniciar este conflicto, cambie en dos semanas. Salvo que Estados Unidos entienda que no tiene nada para ganar, que simplemente ha resultado derrotado, y elija la solución sensata: hacer algún acuerdo de cualquier tipo para salvar un poco el honor, y declarar culminado el conflicto.

Pero si eso pasa, ¿qué haría Israel? Quizá lo más probable es que intente reagruparse luego de la cantidad de misiles y drones iraníes que lo vienen golpeando, y en la próxima ir por todo, esta vez con la opción nuclear mucho más cercana. Pero ese tiempo de reagrupamiento puede servir a Irán para terminar su proyectos de conseguir armamento nuclear -si es que aun no lo tiene-, con el apoyo de Corea del Norte.

Por tanto, un cese al fuego que no signifique la derrota definitiva de una de las dos partes, solo es una prolongación de la lógica presente.

Y es más: en la «niebla de la guerra» es difícil aun esta mañana saber si realmente Irán ha declarado que negociará algo.

Al comienzo del conflicto, establecimos aquí el punto fundamental: a Irán, para ganarlo, le basta resistir, porque la apuesta central de los atacantes en aquel momento era forzar un cambio de régimen a través de asesinatos selectivos de los líderes, y bombardeos masivos que creasen caos y las condiciones para un motín militar.

Fue un fracaso. Esa estrategia, que nunca funcionó si no hay tropas en el terreno que tomen el poder, no funcionó tampoco esta vez.

En cambio, Irán comenzó a regular el lanzamiento de miles de drones y misiles, con el fin de desgastar la defensa antiaérea de Israel. Atacó al mismo tiempo los radares de alerta temprana de los sistemas de intercepción desplegados por los norteamericanos en la región para proteger a Israel. Y cerró el estrecho de Ormuz de inmediato.

Hoy, un mes largo después de ese comienzo, los iraníes retienen el control del estrecho de Ormuz, y anunciaron que permitirán -durante este período de anunciadas conversaciones, cuyo carácter y alcance se ignora aun- el pasaje de buques petroleros.

Estados Unidos ha fracasado en su objetivo de «regime change». En cambio, hemos visto miles y miles de iraníes yendo en manifestación a los lugares que se anuncia serán bombardeados, para actuar como escudos humanos o martirizarse en defensa de su patria y gobierno. Es algo que la conciencia creada por los medios occidentales no entiende, y algunos de ellos han intentado vender como que los iraníes fueron obligados. Basta ver un video de 10 segundos para entender lo contrario. Irán ha demostrado que su carta fundamental, y absolutamente real, es que si atacan su infraestructura civil, hará lo mismo con los Emiratos, Qatar, Bahrein, Kuwait y Arabia Saudita, eliminando esos países y liquidando por una década un porcentaje muy apreciable de la energía y los fertilizantes que el mundo usa.

En qué consiste la racionalidad tras esta nueva extensión de plazo

Israel está en las últimas en materia de defensa antiaérea. Estados Unidos ha finalmente integrado que no tiene opciones para derrotar a Irán meramente vía bombardeos aéreos; pero tampoco tiene la opción de invadir el país por tierra; y tampoco es posible «abrir» a la fuerza el estrecho de Ormuz. A Irán le basta minarlo para que sea innavegable.

Ante eso, lamentablemente, y como lo hemos anunciado desde el principio, la única opción que le queda a los agresores son dos pasos. Uno es lanzar una larga campaña de destrucción de la infraestructura civil de Irán -puentes, centrales eléctricas, plantas desalinizadoras, etc.- para crear una situación que haga imposible la vida y la civilización en Irán. Pero, si su infraestructura es atacada, Irán ha anunciado que responderá del mismo modo sobre las naciones vecinas aliadas de Estados Unidos, lo que haría potencialmente desaparecer la vida inteligente en toda la región del Golfo Pérsico. El otro, último escalón, es usar bombas nucleares para conseguir lo mismo en menos tiempo, y a menor costo.

Sigue pendiente la cuestión, imposible de resolver, de cuánto de las acciones de Trump responden a un control de Israel sobre su persona, cuánto a ideas propias -en cuyo caso, debe ser internado cuanto antes en un hospital psiquiátrico-, y cuánto a un complejo plan teatral que culmina dejando a Israel solo y desprotegido, lo que sería el golpe final a todos los proyectos globalistas en el mundo, y un pasaje directo al multipolarismo. Es difícil descartar del todo esta posibilidad, considerando que Trump, en este curso de acción que está siguiendo, está cumpliéndole el plan a sus archienemigos globalistas y del deep state paso a paso.

Sea como sea, y desgraciadamente como ya hemos visto por los anuncios y la introducción del tema al público en los canales masivos norteamericanos, es la segunda de las opciones antes descritas la que sectores de la dirección actual de Estados Unidos está considerando con seriedad. Todo esto responde a una cuestión de eficacia: la primera opción llevaría muchos meses. La segunda se puede llevar a cabo en una noche.

No se sabe si Irán tiene bombas nucleares. Se ha informado que ha recibido de Corea del Norte un importante número de misiles capaces de cargar ojivas nucleares.

Los demás actores con capacidad nuclear no se han pronunciado hasta ahora.

(*) Según el sitio Middle East Spectator, al cierre de esta nota (10:40 AM, 8 de abril), el Jefe del Comité Parlamentario Iraní para la Seguridad Nacional y la Política Exterior ha declarado: «Luego de la agresión israelí al Líbano, todos los planes de abrir el estrecho de Ormuz deben cesar inmediatamente, hasta que haya seguridad de que el Líbano está incluido en el cese al fuego. Los hermanos de Hezbollah han luchado con nosotros, dado mártires a la causa, y sufrido ya la suficiente opresión y miseria.
O hay un cese al fuego en todos los frentes, o no habrá cese al fuego en absoluto’.

3.4.26

La rendición de Trump

Fabrizio Mejía Madrid

"Lo que digo es que no hay victoria posible porque no existen objetivos claros. Tampoco quién encabeza la guerra".

Donald Trump anunció hace unos días que Estados Unidos terminaría su bombardeo en Irán en “dos o tres semanas”. Se rindió frente al cierre del Estrecho de Ormuz. Se rindió también ante el supuesto uranio almacenado. Se rindió ante el cambio de régimen diciendo que el hijo del asesinado líder supremo es menos radical y más amable. Confunde el cambio de régimen con el cambio de personas y ni siquiera pudo hacer un cambio de familia.

Esta es una guerra que nunca tuvo un objetivo claro y tampoco un país que la encabezara. Veamos. El 28 de febrero dijo que era para que Irán no produjera un arma nuclear. Era el mismo argumento que había utilizado en junio de 2025 para, según él, “borrar” las instalaciones supuestamente nucleares de los iraníes. Según esto, Irán fue capaz de volver a construir sus reactores en ocho meses. Construir un reactor nuclear requiere de entre seis y diez años. Según Trump, Irán lo habría hecho en ocho meses. Ahí hay una primera mentira: o en junio no “arrasó” con las instalaciones o Irán no iba a producir nada. Las dos cosas no pueden ser ciertas. Además, Trump se refirió a su guerra con Israel en Asia Occidental como “un pequeño viaje”.  

Hay que recordar que, primero, la administración de Trump trató de hacer una revolución de colores en Irán aprovechando el casi nulo valor de su moneda y el desabasto de alimentos. No salió. Luego, hicieron tres rondas de negociaciones para lo del uranio. Hay que recordar que unas horas antes del ataque, el ministro de Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, había dicho que la tercera ronda de negociaciones indirectas entre EU e Irán en Ginebra ---cito---: “era una que alcanzará la paz porque Irán se ha comprometido a no almacenar uranio enriquecido y que acepta las inspecciones del órgano internacional de regulación de la energía nuclear”. Las pláticas habían sido entre el ministro iraní Abbas Araghchi y los enviados de Trump, incluidos Steve Witkoff y Jared Kushner, su yerno. Así que muy probablemente la bomba nuclear de Irán sea como tan real como las “armas de destrucción masiva” de Sadam Hussein en la última guerra en Iraq. Pero pronto cambió de objetivo. Tres días después, el 2 de marzo, Trump dijo que era para cambiar el régimen de Irán y que alentaba a la oposición interna a tomar las calles. Las mismas calles que estaban siendo bombardeadas. Lo que sucedió no fue el final del régimen que se había fortalecido con los ataques de junio, sino el asesinato del líder Supremo de Irán, una figura sagrada que provocó que los combatientes iraníes vieran su muerte como un sacrificio. Ya, al final, dijo que era para abrir el Estrecho de Ormuz y alentó a los países europeos y asiáticos a ayudarle a destrabarlo. Todos se negaron. Ahora mismo dice que no es su problema porque Estados Unidos tiene mucho petróleo y, además, se robó el de Venezuela. Esto, aunque la propia administración gringa dice que Estados Unidos importó en enero pasado 139 mil barriles de pertróleo por día. La autosuficiencia petrolera es también una mentira. No dijo nada de su absoluta dependencia de los fertilizantes que pasan por el Estrecho de Ormuz. La urea, por ejemplo, ha subido el doble, de 450 la tonelada a 860 dólares. Luego tenemos el caso del helio que no puede ser almacenado más allá de mes y medio y que sirve para enfriar semiconductores, sean de las máquinas resonancia magnética en los hospitales o en la fabricación de chips. Además, el precio del barril aumenta globalmente, no en lo nacional. Ha aumentado el 33 por ciento la gasolina y el gas en Estados Unidos.

Pero bueno. Lo que digo es que no hay victoria posible porque no existen objetivos claros. Tampoco quién encabeza la guerra. Marco Rubio dijo que había sido Israel quien decidió atacar primero y que EU simplemente lo secundó. Luego, Trump le echó la culpa a su yerno por malinterpretar las negociaciones y, todavía después, a su extraño Secretario de Guerra por no pensar que Irán atacaría a los países del Golfo Pérsico y que cerraría Ormuz. Ahora él asume la guerra como victoria.   

Sigue Trump: “Ésta noche, hace apenas un mes que el ejército de Estados Unidos inició la Operación Furia Épica, dirigida contra Irán, el principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo. En estas últimas cuatro semanas, nuestras fuerzas armadas han logrado victorias rápidas, decisivas y contundentes en el campo de batalla. Victorias como pocas personas han visto antes. Esta noche, la armada iraní ha sido destruida. Su fuerza aérea está en ruinas. Sus líderes, la mayoría de ellos, el régimen terrorista que dirigían, están muertos. Su mando y control sobre el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica está siendo diezmado en este preciso instante. Su capacidad para lanzar misiles y drones se ha visto drásticamente reducida. Y sus armas, fábricas y lanzacohetes están siendo destruidos por completo. Quedan muy pocos”.

Aquí hay varias cosas que decir. La primera es que se pueden ganar todas las batallas y perder una guerra. Eso ocurrió en Vietnam y Afganistán. Ni el Frente de Liberación Nacional de Ho Chi Minh y Le Duan ganaron una sola batalla y, aún así, Estados Unidos fue derrotado. Lo mismo con los talibanes quienes, diez años después, siguen en el poder en Afganistán. La segunda es que no son la armada, marina, y guardia lo que sostiene en este momento la defensa de Irán, sino los misiles, hackeos, radares, y el cierre del Estrecho de Ormuz.

También dice Trump: “Cancele el acuerdo nuclear con Irán de Barack Hussein Obama, un desastre. Obama les dio mil 700 millones de dólares en efectivo. Dinero en efectivo, dinero verde, lo sacó de bancos de Virginia, Washington D.C. y Maryland. Todo el efectivo que tenían. Lo transportó en avión en un intento de comprar su respeto y lealtad, pero no funcionó. Se rieron de nuestro Presidente y siguieron adelante con su misión de obtener una bomba nuclear. Su acuerdo con Irán habría dado lugar a un arsenal colosal de armas nucleares para Irán. Las habrían tenido hace años, las habrían usado y el mundo habría sido diferente. En mi opinión —y la de muchos expertos—, no existirían ni Oriente Medio ni Israel ahora mismo si no hubiera cancelado ese terrible acuerdo. Me sentí muy honrado y orgulloso de hacerlo, pero fue un desastre desde el principio”.

Aquí habría que decir que Obama no les pagó mil 700 millones de dólares a los iraníes a cambio de que ya no produjeran una bomba nuclear. Fue una indemnización que Estados Unidos tenían desde 1979 cuando le prometió al Sha de Irán 400 millones en armas y no se las entregó. El litigio fue al Tribunal de La Haya que reconoció la deuda. No fueron mil 700 sino 400. Tampoco fue en dólares en efectivo, sino en euros y francos suizos porque Irán no tiene acceso al sistema bancario internacional, debido a las sanciones. Las sanciones se remontan a 1984 cuando Ronald Reagan los responsabiliza de un atentado en Líbano y les quita el acceso al sistema financiero. Luego, en 1996, Bill Clinton impide que los inversionistas de petróleo y gas lleguen a Irán. De 2006 a 2010 la ONU impone sanciones extras hasta que se llega al acuerdo con Obama en 2015 y las restricciones se aflojan. Pero es la primera presidencia de Trump que regresa todas las sanciones hasta hacerlas las más difíciles de sortear, como en Venezuela y Cuba.

Ahora, mucho más importante es el acuerdo de Obama con Irán. El único problema con ese acuerdo fue que no lo firmó Trump. La Comisión de Energía de la Unión Europea le dio seguimiento y verificó cómo Irán desmanteló sus plantas y no almacenó más uranio. Así que cuando en 2018, Trump desbarató el acuerdo, no había nada de malo con él. Pero Trump descarta toda esa historia y se presenta como el gran salvador. Dice: “En esencia, hice lo que ningún otro Presidente estuvo dispuesto a hacer. Cometieron errores y yo los estoy corrigiendo (…) Durante años, todos han dicho que Irán no puede tener armas nucleares. Pero al final, son solo palabras. Si no están dispuestos a actuar cuando llegue el momento.”

Según él este era el momento aunque todo indica que miente. Lo que no dice es que los únicos motivos para esta guerra eran los intereses de Israel en la región, su idea de invadir Líbano, y su delirante derecho divino a quitarle a los demás pueblos el derecho a existir.

Luego, Trump trató de calmar a los consumidores que han visto una inflación de 2.4 y un desempleo del 4.5. Dice: “Estados Unidos nunca ha estado mejor preparado económicamente para afrontar esta amenaza. Todos lo saben. Construimos la economía más fuerte de la historia. Estamos viviendo ahora mismo la más fuerte de la historia. Y en un año, hemos transformado un país muerto y debilitado”. Aquí tengo que interrumpir a Trump y despertar a quien le redacta los discursos. Un país no puede estar muerto Y debilitado. Si ya está muerto no tiene sentido preguntarnos por su fortaleza. Sigue Donald: “Me duele decirlo, pero éramos un país muerto y debilitado tras la administración anterior y lo hemos convertido en el país más próspero del mundo, con una diferencia abismal, sin inflación, con inversiones récord en Estados Unidos (más de 18 billones de dólares) y el mercado bursátil más alto de la historia, con 53 máximos históricos en tan sólo un año. Todo esto nos preparó para erradicar un cáncer que llevaba mucho tiempo latente. Se le conoce como el Irán nuclear, y no sabían lo que se les venía encima. Jamás lo habrían imaginado”. Lo de la inversión de 18 billones de dólares es una mentira en despoblado. 18 billones de dólares son tres cuartas partes del PIB total de Estados Unidos en 2024. Es imposible atraer una inversión de ese tamaño en un año que lleva Trump. La Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio de los Estados Unidos ha dicho que la inversión es de 151 mil millones de dólares, es decir, 133 mil millones de dólares menos de lo que repite Trump.

Pero la mentira no lo detiene en su afán de hablar de sí mismo en tercera persona. Dice: “Gracias a las políticas de la administración Trump, producimos más petróleo y gas que Arabia Saudita y Rusia juntas”. Esto es inexacto porque Estados Unidos produce 13 millones de barriles diarios y Rusia más Arabia llegan a 20 millones. Pero se le perdona su inexactitud porque viene lo bueno: su rendición sobre lo que provocó su guerra junto con Israel, el cierre del Estrecho de Ormuz. Dice: “Estados Unidos prácticamente no importa petróleo a través del Estrecho de Ormuz y no lo hará en el futuro. No lo necesitamos. No lo hemos necesitado, y no lo necesitamos. Hemos derrotado y diezmado por completo a Irán. Están diezmados militar y económicamente, y en todos los demás aspectos. Y los países del mundo que reciben petróleo a través del Estrecho de Ormuz deben cuidar ese paso. Deben valorarlo. Deben aprovecharlo y valorarlo. Podrían hacerlo fácilmente. Les ayudaremos, pero deberían tomar la iniciativa para proteger el petróleo del que dependen desesperadamente. Ármense de valor. Deberían haberlo hecho antes. Deberían haberlo hecho con nosotros, como les pedimos. Vayan al frente y simplemente tómenlo, protéjanlo, úsenlo para ustedes. Irán ha sido prácticamente diezmado. Lo más difícil ya está hecho, así que debería ser fácil. Y en cualquier caso, cuando termine este conflicto, el estrecho se abrirá naturalmente. Simplemente se abrirá. Querrán vender petróleo porque es lo único que tienen para intentar reconstruir. El flujo se reanudará y los precios del gas bajarán rápidamente. Las cotizaciones bursátiles volverán a subir rápidamente. Francamente, no han bajado mucho. Bajaron un poco. Pero han tenido días muy buenos en los últimos días. De hecho, nos ha ido mucho mejor de lo que pensaba. Pero tuvimos que hacer ese pequeño viaje a Irán para eliminar esta terrible amenaza”.

Hasta ahí, Trump le estuvo hablando a los bolseros de Wall Street. Ahora se dirigió a su base, la del MAGA, que es básicamente guerrerista y xenófoba. A ellos les dedica su retórica de la crueldad, aunque sepa que está admitiendo crímenes de lesa humanidad: “Vamos a atacarlos con extrema dureza durante las próximas dos o tres semanas. Los vamos a hacer retroceder a la Edad de Piedra, donde pertenecen. Mientras tanto, las negociaciones continúan. El cambio de régimen no era nuestro objetivo. Nunca hablamos de un cambio de régimen, pero este se ha producido debido a la muerte de todos sus líderes originales. Todos están muertos. El nuevo grupo es menos radical y mucho más razonable. Sin embargo, si durante este tiempo no se llega a un acuerdo, tenemos la vista puesta en objetivos clave. Si no hay acuerdo, atacaremos con fuerza todas y cada una de sus centrales eléctricas, probablemente de forma simultánea. No hemos atacado sus instalaciones petroleras, aunque sean el objetivo más fácil, porque no les daría ni la más mínima posibilidad de sobrevivir o reconstruirse. Pero podríamos atacarlas y desaparecerían. Y no podrían hacer nada al respecto. No tienen equipo antiaéreo. Su radar está completamente destruido. Somos una fuerza militar imparable. Las instalaciones nucleares que arrasamos con los bombarderos B-2 han sido atacadas con tal intensidad que tardaríamos meses en acercarnos al polvo nuclear. Además, las mantenemos bajo una intensa vigilancia y control satelital. Si vemos que hacen algún movimiento, incluso un intento de ataque, los atacaremos con misiles con gran contundencia. Tenemos todas las de ganar. Ellos no tienen ninguna”. Es decir, Trump está amenazando con derruir instalaciones que está prohibido atacar sin enfrentar un juicio por genocidio en La Haya.

El Presidente de los gringos culminó su discurso con este párrafo olvidable mañana en el desayuno: “El país ha sido devastado y, en esencia, ya no representa una amenaza. Eran los matones de Oriente Medio, pero ya no lo son. Esta es una verdadera inversión en el futuro de sus hijos y nietos. El mundo entero está observando y no pueden creer el poder, la fuerza y ​​la brillantez; simplemente no pueden creer lo que ven. Déjenlo a su imaginación, pero no pueden creer lo que ven: la brillantez del ejército de Estados Unidos. Esta noche, todos los estadounidenses pueden esperar con ilusión el día en que finalmente nos liberemos de la maldad de la agresión iraní y del espectro del chantaje nuclear. Gracias a las medidas que hemos tomado, estamos a punto de poner fin a la siniestra amenaza de Irán para Estados Unidos y el mundo. Y les aseguro que el mundo está observando. Y cuando lo logremos, cuando todo haya terminado, Estados Unidos será más seguro, más fuerte, más próspero y más grande que nunca”.

Y todos sabemos que no es más seguro, sino mucho más caro.

21.3.26

“Si se lanzan”

Fabrizio Mejía Madrid


Hatuey llega huyendo desde Santo Domingo, donde las masacres ordenadas por Nicolás de Ovando en 1503 en su pueblo, Xaragua, son la señal de salida. Llega a Cuba con 400 seguidores desplazados en canoas por el espanto que han visto sus ojos. No sabemos su nombre, aunque le llamemos Hatuey, porque ése es el nombre que se le da a los “salvajes” que vivieron en cuevas durante cientos de siglos, antes de los ciboneyes, antes de los taínos: guanahatabeyes. Sabemos, en cambio, el de su lugarteniente, Caguax, y de su mujer, una guerrera y dirigente inderrotable: Anacaona. A ellos se les une una jefa de la isla de Cuba, Guarina. Aunque él era taíno, para los españoles era un indio salvaje, es decir, indómito. Sus palabras cuando ya lo tenían amarrado a una pira para quemarlo vivo siguen la ruta del relato que se cuenta a los hijos, a los nietos y a todos los latinoamericanos:

–Arrepiéntete para que vayas al cielo –lo exhorta el cura franciscano Juan de Tasín.

–¿Hay más cristianos en el cielo? –pregunta célebremente Hatuey.

–Sí, muchos.

–Entonces no quiero ir. No quiero estar con ellos. Son la gente más cruel que he conocido.

Años más tarde, Bartolomé de Las Casas contará una asamblea en la que Hatuey le reveló a sus combatientes el motivo de que los invasores fueran tan crueles: “Así como nosotros tenemos dioses, éstos son capaces de todo por esas piedras brillantes. A este oro le podemos danzar y rogar, pero no escucha. Ya lo hemos intentado. Esta piedra no tiene oídos. No vale la pena esconder el oro porque ellos vendrán tras él, matarán a sus padres y madres, hermanos y hermanas y a sus vecinos, por él. Así se lo comieran, vendrían para sacárselo de las tripas. Lo mejor es aventarlo al mar”.

En agosto de 1511 Hatuey y su ejército se internan en la Sierra Maestra. Diego Velázquez va arrasando pueblos en su camino y torturando personas para que le digan dónde están los campamentos de los indígenas. Los indígenas van tirando oro a los ríos, a las lagunas, al mar. Hatuey es apresado. El 2 de febrero de 1511 es puesto en la hoguera y se niega, delante de todos, a ir al cielo. Su gente seguirá durante años. Caguax arrasará con Bayamo, el pueblo en el que le dieron muerte a su amigo y dirigente. Guarina y Anacaona dirigirán ataques nocturnos contra los españoles. Todos mueren resistiendo. Pero 10 años después todavía seguían peleando los herederos de Hatuey.

Casiguaya, mujer de Guamá, el jefe de los guerrilleros indígenas que controlaron las montañas durante una década, es puesta en la horca en 1521. Ahora es el cura Pedro Trujillo quien la exhorta a optar por irse al cielo, en vez de al infierno. Ella pide que la bauticen junto a su hija. Le llevan a la bebé. Casiguaya la estrangula al mismo tiempo que brinca de una silla para ahocarse a sí misma. Un poco antes grita: “¡Ni la hija ni la mujer de Guamá serán nunca esclavas!”.

La pregunta de la resistencia es siempre por el afuera. Los que resisten viven enfrentados a él. Las pausas, respiros, y treguas que hacen los que resisten nunca significarán que obedezcan o se rindan. En ese adentro que forja la propia resistencia se está dispuesto a sufrir, al dolor, la derrota y la muerte. Los que vienen de afuera se combaten con otro afuera más grande, que envuelve las penurias y los dolores: el que viene de la imaginación. Es un futuro que ellos no verán. Quizá sus hijos o nietos. Por ello luchan, siempre insatisfechos, sublevados por lo inalcanzable pero justo.

Cuando se habla de Cuba siempre se hará también de resistencia.

–Si se lanzan –escribe Silvio Rodríguez en referencia a la confesión de Donald Trump de “tomar” Cuba –exijo mi AKM.

Lo crucial de su frase no es el fusil de asalto, sino el exigirlo. Se trata, por supuesto, del derecho a la resistencia, al “combate gozoso”, que vislumbró, aun desde su racionalismo, Spinoza. Luego, por supuesto, vendrán Frantz Fanon y Jean Améry, para quienes la confrontación es la reapropiación de la dignidad. No es un asunto interno que permita perdonar y redimir, sino un esfuerzo corporal. Su propósito no es otro que el agresor reconozca que la víctima tiene razón y que, por ello, existe.

Cuando hablamos de resistencia lo que está en el centro no es el cálculo sobre las posibilidades de triunfo ni sobre las consecuencias para la propia existencia, sino algo mucho más profundo que no admite tasaciones. La duración, la tenacidad, la persistencia es la victoria de los débiles. Sólo los débiles resisten. No hay resistencia de los blancos, heteros, cristianos y millonarios porque, en su caso, tienen más fuerza los despachos de abogados. Cuando un débil se pone de pie para enfrentar a un enemigo mucho más fuerte, se hace desde la convicción profunda de que se hace porque es justo, está bien, y vale la pena frente a su opuesto: una vida resignada, sometida, e indigna. Su resultado no es el de un combate ni de toda una guerra, sino el de las generaciones en un futuro. Morir luchando es decidir que no morirás cuando el que te oprime lo decida. Jean Améry, cuando estudió los levantamientos del gueto de Varsovia contra los nazis, no vio en esa decisión algo que tuviera que ver con la supervivencia ni con la libertad, sino más bien algo que se aproximaba a la memoria perpetua de la indignación. La contraviolencia es una forma de retener la dignidad en una situación de defensa asimétrica. Se muere sin conceder al atacante.

Estoy hablando de esto, de optar por el cielo que se te ofrece en la pira de quien la va a encender o tener una dignidad que sólo valdrá, si acaso, como memoria de la injusticia y el agravio acumulado. No hablo de negociaciones entre estados nacionales ni de los cálculos a que están obligadas las élites de la política. Tampoco de los académicos que llaman “numantina” a esta resistencia. Hablo, en cambio, del símbolo que representa Cuba para el mundo desde hace 60 años. Y debí comenzar por ahí pero, entonces, habría dejado en segundo término la clave de todo este litigio: negarse al cielo o, dicho en otras palabras, liberarse de la libertad.

16.3.26

El destino de Cuba no nos es ajeno

En esta hora difícil para las soberanías de América Latina, el criminal cerco a la isla de Cuba nos duele especialmente a los mexicanos y las mexicanas. Quienes suscribimos esta convocatoria para apoyar a su pueblo consideramos que sería una infamia no hacerlo, en momentos en que el gobierno de Estados Unidos pretende doblegarlo por hambre y carencias, mediante la intensificación del bloqueo económico y militar que impuso a la isla a raíz del triunfo de su revolución y ante sus éxitos sociales, científicos, artísticos, culturales, educativos, deportivos, de salud y su conmovedora solidaridad internacional.

Simón Bolívar enseñó que la unidad es necesaria en nuestra América, “no para combatir ni conquistar a nadie, no para hacerle a nadie la guerra, sino para defenderla de peligros comunes, para lograr el respeto a su soberanía, para solucionar conciliatoriamente sus diferencias y para luchar por su prosperidad y progreso”. En 1961, cuando ocurrió la Batalla de Playa Girón, el general Lázaro Cárdenas del Río advertía, en un mitin en el Zócalo de la Ciudad de México, que al tratar de “ocultar o eludir nuestra simpatía con el esforzado pueblo cubano, en los momentos álgidos de su historia contra la invasión, no sólo traicionaríamos los postulados de nuestros movimientos nacionalistas antifeudales, antimperialistas y democráticos, sino que contribuiríamos al suicidio colectivo de la soberanía e independencia de los países de Latinoamérica”.

Tenemos una historia compartida con Cuba. Invadido por los ejércitos de la corona española, su territorio sirvió de plataforma para que éstos se adueñaran de lo que hoy es México, tierra de las grandes civilizaciones. La isla sufrió la aniquilación de su población originaria, lo cual determinó que los conquistadores la repoblaran con esclavos traídos a la fuerza del África subsahariana.

Durante siglos nuestros países han sido vecinos y hermanos. Incluso la población afrodescendiente en México provino de Cuba. Hemos compartido su música y la nuestra. Su mambo, su danzón, su son, su trova y sus boleros cruzaron el Golfo de México de ida y vuelta. Sus poetas y escritores se cuentan entre los grandes creadores de nuestra lengua común. Nos hemos apoyado mutuamente en huracanes y epidemias. Sus médicos han caminado nuestras veredas y sanado nuestros padecimientos.

No se trata de una intromisión en “conflictos ajenos”. La actual agresión al pueblo de Cuba y su legítimo gobierno ofende a quienes en México y otras latitudes se identifican con su humanismo y su fraternidad universal.

A partir de este día damos a conocer una cuenta bancaria de Banorte de la Asociación Civil Humanidad con América Latina: 1358451779, con clabe interbancaria 072180013584517792, con el fin de acopiar la aportación económica de quienes deseen cooperar para adquirir alimentos, medicinas, plantas eléctricas y otros productos indispensables para la resistencia de nuestros hermanos y hermanas.

Y en lo que concierne a la última amenaza del presidente Trump sobre la isla de imponer aranceles a aquellas naciones que suministren combustibles a Cuba, reiteramos que se trata de medidas ilegales, inhumanas e injustificadas que afectan gravemente a su pueblo.

Esta última escalada pone en riesgo el acceso a bienes y servicios esenciales para sus habitantes, lastimando su derecho a una vida digna y saludable. Al mismo tiempo, coarta la libertad de otros países para decidir sobre sus relaciones comerciales de cooperación e intercambio con esa nación.

Las reglas del orden internacional rechazan y prohíben el uso de la fuerza y de las sanciones económicas unilaterales contra cualquier país, precisamente por el daño indiscriminado que causan a la población.

Hacemos un firme llamado a la solidaridad con el pueblo cubano y a poner fin al unilateralismo soberbio y agresivo. Respaldamos y convocamos a apoyar todas las acciones gubernamentales o ciudadanas que se emprendan con el fin de proteger el bienestar, la integridad y la dignidad humanas en Cuba.

El respeto y la soberanía de los países –que reside originalmente y siempre en los pueblos– debe continuar siendo la piedra angular de la convivencia entre naciones y de las aspiraciones a lograr un mundo más justo y en paz.

Y si las circunstancias lo exigen, llamaremos a respaldar al gobierno de México, que encabeza la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ante cualquier represalia que pueda enfrentar nuestro pueblo por cumplir con el mandato, contenido en el artículo 89 de la Constitución, de aplicar los principios normativos “de la autodeterminación de los pueblos, la no intervención; la solución pacífica de controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.

Responsables: Laura Esquivel y Carlos Pellicer López

FIRMANTES

Elena Poniatowska, Enrique Semo, Ignacio Ramonet, Marcos Roitman, Laura Esquivel, Carlos Pellicer López, Enrique Dussel Peters, José María Murià, Jesusa Rodríguez, Laura Restrepo, David Ibarra Muñoz, Paulina Ulloa Ibarra. DIRECTORIO: Carmen Lira Saade, Rosalva Aguilar González, Guillermina Álvarez, Rosa Elvira Vargas, Fabiola Santos Morales, Luis Hernández Navarro, Francisco García Noriega, Armando Andrade Díaz, Lizandro Rodríguez Bárcena, Javier Loza Hernández, Maximiliano Kusznir Albert, Roberto González Amador, Marcela Aldama, Miguel Ángel Velázquez, Pablo Espinosa, Socorro Valadez Morales. José María Huete, Felipe Santacruz. COLUMNISTAS: Enrique Galván Ochoa, Julio Hernández López, Carlos Fernández-Vega, Ortiz Tejeda, José Cueli, Gloria Muñoz, Marlene Santos Alejo, Yuriria Iturriaga, David Márquez Ayala. Napoleón Gómez Urrutia, Oralia Casso. CORRESPONSALES EXTRANJEROS: Armando G. 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12.3.26

El “paseo” militar de Trump y Netanyahu en Irán ha transitado a una guerra de desgaste de resultado incierto

 Por Carlos Fazio

El ataque a traición con alevosía y premeditación de Estados Unidos e Israel contra Irán ha entrado en su décimo tercer día. Y parece razonable concluir que más allá de la niebla de la guerra y la propaganda de uno y otro bando, el dúo agresor, Donald Trump y Benjamín Netanyahu, no ha logrado sus principales objetivos bélicos: el cambio de régimen.

Instigados por Netanyahu, Trump y sus principales asesores –su yerno Jared Kushner y Steven Witkoff, ambos judíos sionistas acérrimos– apostaron que con un ataque furtivo de decapitación, bajo la cobertura de negociaciones falsas durante el Ramadán (el mes sagrado musulmán), desencadenarían una insurrección interna para derrocar al gobierno iraní. De esa manera, lograrían una victoria rápida (de 4 a 5 días, según la primera estimación de Trump) y evitarían cualquier represalia grave.

La realidad no ha salido exactamente como esperaban. Pese a las graves pérdidas en vidas e infraestructura crítica, el gobierno de Irán no capituló. Al contrario, ha contraatacado y ahora parece llevar la iniciativa. Tampoco se ha fragmentado ni se han levantado las masas contra el régimen. Al revés, el pueblo mayoritario se ha unido y reunido en torno a la bandera y la defensa de la soberanía nacional. En resumen, Estados Unidos e Israel acaban de dar una patada a un avispero. Sus partidarios celebran el asesinato a traición del ayatolá Alí Jamenei y los bombardeos de saturación de ciudades iraníes, como el que eliminó a 175 colegialas en Minab, impactadas por un misil Tomahawk,

Una primera constatación es que EU e Israel hicieron lo mismo que durante la llamada “guerra de los 12 días” contra Irán de junio de 2025. Repitieron la táctica terrorista de “decapitación” que han llevado a cabo en numerosas ocasiones: con los negociadores de Hamás y Hezbolá; con científicos nucleares iraníes; con el presidente Nicolás Maduro en Venezuela, y con Ebrahim Raisi, el último presidente iraní que murió en un “accidente” de helicóptero en mayo de 2024. La misma táctica que el aliado de EU, Ucrania, asesorado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), ha desplegado repetidamente contra generales rusos. El Estado sionista de Israel y su vasallo, Estados Unidos –como solía señalar James Petras– han sido pioneros en este comportamiento ruin desde la guerra fría. Ahora, han caído a un nuevo mínimo.

Otro elemento a valorar, es que el éxito de una campaña militar no se mide por el número de bombas lanzadas y el número de personas asesinadas. Según esos criterios, Estados Unidos ganó la guerra de Vietnam. La verdadera victoria se mide por el logro de los objetivos políticos. En este caso, el objetivo político último de la guerra de EU e Israel contra Irán es el cambio de régimen. Y como dice el observador geopolítico chino Hua Bin, Irán ganará siempre que sobreviva y desafíe el objetivo bélico de sus agresores. En otras palabras, Irán no tiene que ganar, solo no perder. Además, a medida que la guerra se amplía para involucrar a todas las petro-monarquías del Golfo Pérsico, se está convirtiendo en un conflicto prolongado. En este tipo de conflictos, ganar no solo depende de quién tiene la capacidad de infligir daño, sino también de quién tiene la resistencia para absorberlo. Irán está demostrando su capacidad para absorber los ataques mientras inflige su propia destrucción a sus enemigos. Irán está preparada para una guerra de desgaste. Estados Unidos e Israel, no.

Durante años, Trump vendió la fantasía de la guerra rápida. Ataques quirúrgicos, operaciones relámpago, victorias fáciles y baratas que se podían anunciar en rueda de prensa o celebrar en su red social. Pero la realidad de las guerras asimétricas modernas es menos cinematográfica y mucho más costosa. Y ahora el propio Trump empieza a descubrir que bombardear es fácil, pero mantener una guerra, no tanto. Máxime, si suben los precios del gas licuado y del petróleo y se va al bolsillo de los consumidores estadunidenses de a pie.

Otro hecho verificable, señalado en varias entregas anteriores para Mate Amargo, es la perfidia de Estados Unidos, considerada un crimen de guerra por los Convenios de Ginebra de 1977. Al igual que su predecesor imperial, Gran Bretaña, EU es un Estado canalla y sin escrúpulos en el que no se puede confiar. Al igual que la “pérfida Albión”, EU ha demostrado una habitual mala fe y traición en la diplomacia. En menos de un año, lanzó dos ataques por sorpresa contra Irán bajo la cobertura de las negociaciones. No hay engaño: todo el mundo conoce ahora la verdadera naturaleza de la bestia.

Irán y la guerra de desgaste

Como dice Xavier Villar, el error recurrente en parte de los analistas occidentales consiste en medir a Irán por parámetros convencionales. Se evalúa su capacidad aérea, su tecnología o la exposición a bombardeos de precisión y se concluye que la superioridad técnica de EU e Israel equivale a vulnerabilidad estratégica de Irán. La historia reciente demuestra lo contrario. La República Islámica no compite por simetría. Su estrategia se construyó para absorber golpes iniciales, preservar el núcleo estatal y convertir la superioridad militar ajena en desgaste político prolongado del enemigo. Esa lógica se ha confirmado: la cadena de mando política-militar-religiosa iraní funciona (había tres o cuatro estructuras de recambio en caso de decapitación), no hay fracturas visibles, y la anunciada y reiterada respuesta misilística contra las bases militares de EU en Medio Oriente, ha sido activada sin improvisación.

Además, la República Islámica continúa su respuesta militar contra Israel de manera calibrada. Según los indicios de los últimos días, los ataques iraníes son sostenidos, pero más cualitativos que cuantitativos: buscan mantener la presión sin comprometer reservas estratégicas. En paralelo, se desarrollan acciones que afectan indirectamente a los países del Golfo Pérsico, buscando regionalizar la estructura de costes del conflicto.

A su vez, el regreso de Hezbolá a la lucha contra Israel amplió significativamente los límites de la escalada sionista. La participación de la guerrilla chiíta libanesa, con el consiguiente y desproporcionado bombardeo de retaliación de Israel sobre Beirut, aumentó simultáneamente la presión internacional por desescalar el conflicto. Esto se alinea con la doctrina de Irán, consolidada durante décadas: expandir geográficamente el conflicto para diluir la presión directa sobre el territorio iraní y transformar la superioridad militar del adversario en una carga política prolongada. El mensaje público de Irán los últimos días continúa rechazando negociaciones en esta etapa. El gobierno iraní parece apostar menos por revertir resultados en el campo de batalla y más por la fatiga política de actores externos, especialmente en Estados Unidos y entre los “socios” petroleros del Golfo Pérsico. La premisa subyacente es que las potencias externas buscarán contener el conflicto antes de que se transforme en una amenaza existencial para la supervivencia del régimen.

El control iraní sobre el Estrecho de Ormuz, una ruta marítima estratégica crítica para el petróleo mundial, y las sucesivas oleadas de misiles balísticos y drones contra objetivos militares y bases de Estados Unidos en Arabia Saudita, Jordania, Baréin, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Omán e Irak, no fueron improvisaciones. Forman parte de un diseño calculado para redistribuir el impacto del conflicto, ampliando el perímetro de presión sin exponerse de manera directa. La superioridad tecnológica de la coalición EU/Israel/monarquías del Golfo pierde parte de su eficacia cuando el escenario se fragmenta y obliga a tomar decisiones bajo incertidumbre y riesgo.

Como apunta Villar, esa profundidad no es táctica; es estructural. Cada actor regional es un multiplicador de influencia y un amortiguador frente a presión directa. La elasticidad del sistema iraní convierte la asimetría militar en ventaja estratégica: Teherán no necesita dominar el espacio aéreo para mantener el control del conflicto. Su ventaja reside en tiempo, coordinación y resistencia sostenida. Usa la guerra de desgaste como factor estratégico. La duración del conflicto como arma. Un conflicto abierto y sostenido genera presión sobre infraestructuras críticas y mercados. Las monarquías del Golfo se tambalean. Según señaló Alastair Crooke, la ‘marca’ del Golfo –prosperidad, grandes cantidades de dinero, inteligencia artificial, playas y turismo– probablemente haya llegado a su fin. Israel también podría no sobrevivir en su estado actual.

La respuesta iraní “ciega” los radares de la Quinta Flota

Los estrategas militares iraníes han demostrado especial interés en destruir la infraestructura de la Quinta Flota de Estados Unidos en Bahréin. La Quinta Flota constituye la columna vertebral de la hegemonía regional del Pentágono. La flota cubre tres puntos estratégicos vitales: el estrecho de Ormuz, el canal de Suez y el estrecho de Bab al-Mandeb (paso natural entre el mar Rojo y el océano Índico por el golfo de Adén). Y su cuartel general no es solo un puerto. Es un centro integral de radares, inteligencia y bases de datos. Irán ha logrado destruir los radares y gran parte de la infraestructura logística y administrativa del puerto de Baréin. 

De acuerdo con un análisis de mpr21, la respuesta iraní ha “cegado” los radares de la Quinta Flota. Las últimas evaluaciones de daños de combate en el Golfo dibujan no solo una campaña de represalia iraní sino el intento de desmantelar la arquitectura de sensores del Comando Central del ejército Estados Unidos en Medio Oriente (CentCom). Si la información de la Guardia Revolucionaria es precisa (y el silencio del CentCom es revelador), estamos presenciando el ataque balístico más sofisticado jamás realizado contra la infraestructura de guerra electrónica en la historia. Irán apunta a los ojos, a los radares instalados en Qatar y Bahréin.

El objetivo principal es el radar de alerta temprana mejorado AN/FPS-132 en la base aérea de Al Udeid, en Qatar, la joya de la corona de la maquinaria de guerra estadunidense. No es un simple radar de búsqueda; es un sistema de matriz en fase de estado sólido con un alcance de casi 5.000 kilómetros. Está diseñado específicamente para rastrear misiles balísticos, distinguir ojivas de señuelos y transmitir datos de seguimiento directamente a interceptores como el SM-3 y el Thaad. Según la información, al destruir el FPS-132, Irán no sólo voló unas instalaciones; creó una brecha en la red de sensores. Redujo el tiempo de reacción de las baterías Patriot o Thaad restantes en la región. Cegó a los agresores de su visión más allá del horizonte, transformando un sistema de defensa aérea integrado de alta gama y astronómicamente costoso en una colección de sistemas de defensa puntual de corto alcance. Esa operación no ha sido la única. Era un objetivo coordinado. Como se dijo arriba, los ataques también tuvieron como objetivo la base naval de Al Juffair en Bahréin, sede de la Quinta Flota y Navacent.

La respuesta iraní exhibe un cambio de la “saturación de área” a la “saturación y destrucción de sensores”. Esto demuestra que no sólo pueden llegar a las bases estadunidenses ubicadas en toda la región, sino también apuntar a equipos electrónicos específicos y de gran valor en los que se basa toda la doctrina de defensa del Pentágono. El plan militar estadunidense consiste en sincronizar las redes de radar de cada base para crear una imagen unificada. Pero si el sensor más potente de la red, el FPS-132, ha sido destruido y el centro de mando en Bahréin funciona con generadores de respaldo, la sincronización se vuelve irrelevante.

Estados Unidos ha gastado cientos de miles de millones en construir una red de sistemas. Irán acaba de demostrar que está dispuesto a gastar unos pocos millones para destruir los elementos más críticos. El ejército iraní no posee la formidable potencia de fuego de sus adversarios, pero ha demostrado una capacidad sorprendentemente asimétrica. El aventurerismo militar siempre conlleva un riesgo. Y parece que con Irán, el riesgo es total. Si la situación no cambia, Washington sólo tendrá dos opciones: negociar un cese de las hostilidades a través de un tercer país para limitar los daños y volver a una estrategia de guerra híbrida más eficaz para inducir un cambio de régimen en Teherán, o hacer todo lo posible con plena potencia de fuego, arriesgándose a un caos interminable con consecuencias desconocidas, que serán contrarias a los intereses de Washington en las próximas décadas.

 Mate Amargo 12.03.26