La
pausa de las hostilidades entre EU e Irán durante dos semanas
alivia
momentáneamente la tensión, pero deja claro que las principales
contradicciones entre ambas partes siguen sin resolverse, lo que
permite prever una nueva escalada.
Por Carlos
Fazio (*)
Mate
Amargo, Montevideo, 09/04/2026
El martes
7
de abril de 2026 pasará a la historia como un día negro para
Donald
Trump. Por la mañana, desde la Casa Blanca, con su insensible y
caótico estilo de negociación que lleva la marca de un gangster
despiadado acostumbrado a salirse con la suya mediante la coacción
y
la imprevisibilidad, pero que ahora no está consiguiendo lo que
quiere, Trump amenazó con la destrucción masiva de Irán si no
cedía a su ultimátum postrero. Dijo: “Toda una civilización
morirá esta noche, para no volver más”.
La
advertencia, que de consumarse constituiría un crimen de guerra
según el fenecido derecho internacional, fue publicada con total
naturalidad en la red de su propiedad, Truth Social, junto a
anuncios
de bolígrafos con forma de bala, sombreros patrióticos y una cena
de gala en Mar-a-Lago. Y agregaba: “Ahora que tenemos un Cambio de
Régimen Total y Completo [en Irán], en el que prevalecen mentes
diferentes, más inteligentes y menos radicalizadas, quizá pueda
ocurrir algo revolucionariamente maravilloso, QUIÉN SABE. Lo
averiguaremos esta noche, uno de los momentos más importantes de
la
larga y compleja historia del mundo”.
El
mensaje,
según consignó Katie Rogers, corresponsal del New York
Times
en Washington, se difundía dos días después de que
Trump
conmemorara el Domingo de Pascua pidiendo a los iraníes que
pusieran
fin a su bloqueo del estrecho de Ormuz: “Abran el puto Estrecho,
locos bastardos, o vivirán en el Infierno — SOLO VEAN. Alabado sea
Alá”, escribió. En la mente del presidente y de sus asesores, el
ultimátum pretendía poner fin a un conflicto autoinfligido y
persuadir a Teherán para que abriera el estratégico estrecho.
Pero el
martes por la noche todo cambió. Trump volvió al modo diplomático
como simulación, canceló la “destrucción de la civilización”
persa y anunció que había aceptado una propuesta mediadora de
Pakistán, que exigía un alto al fuego de “doble vía” de dos
semanas y el reinicio de negociaciones. Después de 39 días de
haber
desatado junto con el régimen sionista de Israel una guerra de
agresión, traicionera e ilegal, fue, tácitamente, el
reconocimiento
de que había sufrido una enorme derrota estratégica. Aunque
como buen productor de telerrealidad, Trump dijo que EU había
alcanzado y superado todos los objetivos militares en Irán y veía
viable un acuerdo de paz, la tregua armada lo exhibe en su locura
enfermiza, sociopática, de amenazar, asesinar, destruir, masacrar,
sin pensar en lo que viene después de una guerra fracasada. Trump
condicionó el alto al fuego a la “apertura completa, inmediata y
segura” del estrecho de Ormuz y confirmó la recepción de una
propuesta iraní de 10 puntos.
Por su
parte, Irán aseveró que la aceptación de sus condiciones
para una tregua de dos semanas significó para Washington y Tel
Aviv “una derrota innegable, histórica y aplastante”. Según las
autoridades de Teherán, a pesar de desplegar una fuerza
abrumadora,
Estados Unidos e Israel se vieron obligados a aceptar su
propuesta,
que incluye: un compromiso fundamental de no agresión; el
mantenimiento del control iraní sobre el estrecho de Ormuz; la
aceptación del enriquecimiento de uranio; el levantamiento de
todas
las sanciones primarias y secundarias, y el fin de todas las
resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Junta de
Gobernadores de la AIEA; el pago de compensaciones a Irán; la
retirada de las fuerzas de combate estadunidenses de la región y
el
fin de la guerra en todos los frentes, incluido el de la
resistencia
islámica en el Líbano.
El Consejo
Superior de Seguridad Nacional de Irán, indicó que siguiendo las
recomendaciones del nuevo líder supremo, el ayatolá Mojtabá
Jameneí, se había decidido celebrar negociaciones con EU en
Islamabad (capital de Pakistán) para ultimar los detalles, de
manera
que en un plazo máximo de 15 días, “una vez finalizada la
victoria de Irán en el campo de batalla, esta pueda consolidarse
también en las negociaciones políticas”. No obstante, advirtió:
“Tenemos el dedo en el gatillo y, en cuanto el
enemigo cometa el más mínimo error, responderemos con
toda nuestra fuerza».
Claves
de una derrota estratégica
Si bien
las
negociaciones que comenzarán el viernes 10 en Islamabad no
significan el fin de la guerra no declarada por Washington y Tel
Aviv
contra Irán, cabe consignar que Trump y el sionista Benjamín
Netanyahu no lograron ninguno de sus objetivos declarados.
Cometiendo
traición y perfidia, lanzaron la guerra de agresión el 28 de
febrero en medio de conversaciones nucleares indirectas entre
Teherán
y Washington. El objetivo inicial de Trump y su compinche
israelí era la fantasía de un cambio de régimen en Irán. Por eso,
la primera oleada de ataques se dirigió específicamente contra el
líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei,
quien fue asesinado junto con varios altos mandos militares. Las
oleadas posteriores se dirigieron contra jefes castrenses y altos
funcionarios iraníes. Sin embargo, el sistema de la República
Islámica, que ha sobrevivido a casi cinco décadas de complots y
conspiraciones, y cuya estructura institucional no se sustenta en
un
solo individuo, no sólo no colapsó sino que, esgrimiendo la
legítima defensa según las normas del derecho internacional,
contraatacó, infligiendo graves daños a sus enemigos y a las
monarquías del Golfo Pérsico aliadas de Estados Unidos e Israel,
que hospedaban las ahora destruidas bases militares del Pentágono
en
Medio Oriente.
Otro de
los
objetivos de Trump y Netanyahu era el programa nuclear iraní,
definido como una amenaza existencial por el régimen expansionista
de apartheid de Israel, una potencia atómica clandestina y al
margen
de cualquier fiscalización. Antes de la guerra del Ramadán
(conflicto actual), engatusado por el aventurero Netanyahu, Trump
amenazó con una acción militar para desmantelarlo, a pesar de que,
tras la guerra de 12 días de junio de 2025, afirmó que el programa
ya estaba “aniquilado”. Su intento, ahora, de infiltrar comandos
especiales y atacar las instalaciones nucleares de Isfahán fracasó
estrepitosamente, ya que el Pentágono perdió varios aviones sin
lograr ningún resultado. Tampoco lograron diezmar el programa de
misiles balísticos iraníes, otro objetivo estratégico israelí.
Trump
también estaba obsesionado con el estratégico estrecho de Ormuz,
que conecta el golfo Pérsico con el mar Arábigo, y por el que
transitan buques petroleros y gasísticos de Arabia
Saudita, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Irán y
Kuwait, que llevan sus productos a través del océano Índico a
países como la India, China, Corea del Sur y Japón. Había
prometido abrirlo por la fuerza, pero fracasó. La Armada iraní
había cerrado de facto la vía marítima a los buques estadunidenses
y aliados tras el inicio de la guerra no provocada. Cualquier
intento
de cruzar el estrecho sin el consentimiento de Irán era una receta
para el desastre. Trump lanzó varias amenazas: reabrir el estrecho
o
enfrentarse a ataques contra las centrales eléctricas, las plantas
desalinizadoras, los puentes y otras infraestructuras críticas
civiles iraníes. Los plazos se modificaron de 48 horas a cinco
días,
luego a diez días y finalmente a 48 horas, antes de que finalmente
cediera y aceptara sentarse a negociar la propuesta de 10 puntos
de
Irán. Un par de horas antes de su anuncio, Trump había fracasado,
también, en el Consejo de Seguridad de la ONU, gracias al veto de
China y Rusia a una propuesta de resolución de Baréin, donde
respaldado por Washington no se denunciaba los ataques de Israel y
EU
a Irán y sí la aceptación a abrir el Estrecho de Ormuz por la
fuerza; lo que de hecho significaba castigar a la víctima y
aceptar
la criminalidad del victimario.
En
síntesis, los cambios constantes en los objetivos de la inútil
campaña militar estadunidense/israelí, desde el primer día hasta
el cuadragésimo, revelaron una asombrosa falta de estrategia y
claridad.
Millonarias
pérdidas del Pentágono
Más allá
del fracaso estratégico, Estados Unidos sufrió graves daños
militares y económicos a causa de los ataques de represalia de la
“Operación Verdadera Promesa 4” de Irán: 100 ataques en 40
días. Según informes especializados, solo durante la primera
semana, los ataques de represalia iraníes costaron a los
contribuyentes estadunidenses más de mil millones de dólares. El
despliegue de portaviones y aviones de combate representó 630
millones de dólares, mientras que la pérdida de aviones F-15 E en
Kuwait sumó casi 300 millones de dólares, según un análisis de
Press TV.
La guerra
se había convertido en una trampa costosa (en términos políticos)
para la administración Trump, ampliamente considerada un error de
cálculo estratégico sin ganancias militares sobre el terreno.
Precisamente, por eso, el papel del criminal de guerra y prófugo
de
la justicia internacional, Benjamín Netanyahu, fue clave. Como no
podía hacerlo solo, arrastró a Trump a una guerra innecesaria.
Pero
un total de 100 oleadas de ataques con misiles y drones iraníes
arrasaron bases militares estadunidenses en toda la región,
obligando a las fuerzas del Pentágono a abandonar sus posiciones
fortificadas y refugiarse en hoteles y oficinas, donde también
fueron golpeados. Y si bien Washington ha minimizado el número
de bajas, especialmente el de muertos, estimaciones independientes
cifran las muertes en cientos.
La Quinta
Flota del Pentágono en Baréin, bastión de la presencia militar
estadunidense en el Golfo Pérsico, sufrió los daños más graves.
Los ataques iraníes impactaron repetidamente su cuartel general en
Manama, demostrando un nuevo modelo de guerra asimétrica e
infligiendo daños irreparables a la infraestructura, los depósitos
de municiones y los edificios de mando.
El poder
aéreo de EU también sufrió grandes pérdidas, amén de que el
espacio aéreo iraní pertenece a Irán, y cualquier nueva intrusión
será respondida con el mismo fuego. El 27 de marzo, el Cuerpo de
Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) destruyó un avión E-3
Sentry AWACS valorado en 700 millones de dólares en la base aérea
Príncipe Sultán, en Arabia Saudí, junto con varios aviones de
guerra electrónica y aviones de reabastecimiento en vuelo. Días
antes, Irán y las fuerzas de la Resistencia iraquí derribaron seis
aviones cisterna KC-135 Stratotanker, pilares fundamentales del
reabastecimiento aéreo. Días después, Irán logró derribar un
caza furtivo F-35 Lightning II por primera vez en su historia. Ese
activo multimillonario del ejército estadunidense fue atacado en
el
centro de Irán. Varios F-15, F-16, F-18, más de una docena de
drones MQ-9 Reaper y más de 170 drones también fueron derribados o
dañados. Cuatro radares AN/TPY-2 THAAD y una instalación de alerta
temprana de Catar, valorada en mil millones de dólares, también
fueron alcanzados.
El 3 de
abril, considerado un viernes negro, la Fuerza Aérea de EU perdió
un F-15 E Strike Eagle, un A-10 Thunderbolt II, varios drones MQ-9
Reaper y plataformas de reconocimiento Hermes también fueron
derribadas por las defensas aéreas iraníes, que han mejorado
considerablemente desde la guerra de los 12Días. Pero como
veremos,
el domingo 5 sería peor.
Los dos
factores que empujan a Trump a negociar
El martes
7, el canal panárabe Al Mayadeen citó a una
fuente militar de alto rango iraní que reveló los dos factores que
empujaban a Trump a negociar: la situación en el estrecho
de Bab ElMandeb y la fallida operación de Isfahán, el domingo
anterior. Según el mando castrense, a pesar de las
fanfarronadas de Trump, Washington tomaba muy en serio las
amenazas
de cierre del estrecho de Bab El-Mandeb por el movimiento de
Resistencia Ansarolá de Yemen, especialmente tras detectar
movimientos operativos relacionados con ellas. Además, dijo que
Trump y su entorno, pese a sus habituales exageraciones
propagandísticas, eran plenamente conscientes de la magnitud del
revés estratégico sufrido en la fallida operación de Isfahán. La
fuente señaló además que la administración Trump reconocía que
no tiene margen para avanzar sobre el terreno ni para sostener un
enfrentamiento exitoso con Irán en el ámbito marítimo, y que
anticipaba un incremento significativo en los precios de los
hidrocarburos..
El domingo
5, las Fuerzas Armadas iraníes destruyeron varias aeronaves
enemigas
al sur de Isfahán. Falsamente, ese día Trump declaró que el
Ejército estadunidense realizaba operaciones
de búsqueda y rescate del segundo piloto del
caza F-15 derribado el viernes 3, afirmando que “decenas de
aeronaves” participaron en esa misión. Tras ese episodio, el
portavoz de la Cancillería iraní, Ismail Baghaei, destacó las
interrogantes que rodeaban la acción estadunidense, sugiriendo que
podría estar vinculada a un intento de apoderarse de uranio
enriquecido iraní. Subrayó que la operación violó la soberanía
de Irán y que persistían dudas sobre la versión estadounidense
debido a la distancia entre el punto de aterrizaje de las
aeronaves
estadunidenses en Isfahán y el lugar señalado oficialmente en
la provincia de Kohgiluyeh y Boyer Ahmad.
En
paralelo, información publicada por The Washington Post
coincidía con esas sospechas: el diario reportó que el
Ejército propuso a Trump un plan para incautar unos 450
kilogramos de uranio altamente enriquecido en territorio iraní.
Dicho plan contemplaba el traslado aéreo de equipos de
perforación y la construcción de una pista de aterrizaje para
aviones de carga C 130, con el fin de extraer y sacar del país el
material radiactivo. A ello se sumaba que parte del uranio iraní
se
encuentra en instalaciones fortificadas, entre ellas un
emplazamiento cercano a Isfahán ubicado en túneles profundos, cuyo
acceso requeriría operaciones de perforación complejas y estrictos
protocolos de seguridad, posiblemente acompañados de un despliegue
terrestre de gran escala.
A su vez,
el martes, información exclusiva obtenida por Press TV, citada
por los medios árabes Hispantv y Al Mayadeen, reveló que fuerzas
especiales de EU cayeron en una trampa tendida por Teherán, al
intentar infiltrarse en las instalaciones nucleares iraníes en
Isfahán y sufrieron una vergonzosa y aplastante derrota
estratégica.
Según Press
TV, la operación de EU en Isfahán no tenía ninguna relación con
la supuesta misión de rescate de un piloto del caza F-15 Eagle
derribado. El fallido ataque se produjo después de que la aviación
estadunidense llevara a cabo extensas operaciones de
reconocimiento
aéreo en los días previos a la incursión. Durante esas misiones
iniciales de infiltración y reconocimiento, Estados Unidos, y
posiblemente el régimen sionista, perdieron un número
significativo
de aeronaves, incluyendo al menos un A-10 Thunderbolt II y dos
helicópteros Black Hawk. La información obtenida por Press
TV revela que la “hora cero” de la fallida
operación de Isfahán se fijó durante una reunión secreta en la
Casa Blanca bajo la supervisión directa del propio presidente
Trump.
El lugar
de
aterrizaje para dos aviones de transporte Hércules C-130, elegido
tras un reconocimiento previo, era una pista abandonada situada
peligrosamente cerca de una de las instalaciones nucleares. El
medio
sostuvo que el error de cálculo de los estadunidenses fue creer
que
la defensa aérea iraní no podría contrarrestar las aeronaves
implicadas en esa operación. Asimismo, algunos indicios apuntan a
que generales estadunidenses destituidos habían advertido
seriamente
al secretario de Guerra, Pete Hegseth, sobre el alto riesgo de una
operación de ese tipo. Sin embargo, debido a la falta de
conocimientos militares y a la insistencia de Trump en seguir
adelante, los generales fueron destituidos apenas días antes de la
operación de Isfahán. Aun así, se desplegaron múltiples aeronaves
para la operación, mientras que las Fuerzas Armadas y de seguridad
iraníes se encontraban en estado de máxima alerta, esperando
su llegada.
De hecho,
los comandos especiales de EU cayeron directamente en una trampa
tendida por las fuerzas iraníes, que inicialmente no mostraron una
reacción seria ante el aterrizaje del primer C-130 que
transportaba
a decenas de soldados de élite. La evidencia muestra que esa
aeronave se desvió ligeramente al aterrizar en la pista de tierra
abandonada. Minutos después, se aproximó un segundo avión C-130
que transportaba vehículos especializados, cuatro helicópteros
MH-6
Little Bird, dos MQ-9 Reaper y cuatro helicópteros modelo UH-60
Black Hawk que fueron derribados. En ese momento, las
fuerzas iraníes ya desplegadas en el lugar atacaron al segundo
avión antes de que pudiera aterrizar, convirtiendo su aterrizaje
normal en uno de emergencia. Dos helicópteros Black Hawk llegaron
poco después. Fue en ese momento cuando los aviones, helicópteros
y
comandos que habían desembarcado del primer avión se convirtieron
en objetivos perfectos para las Fuerzas Armadas iraníes.
Después de
que las fuerzas especiales de EU se dieron cuenta de que habían
caído en la trampa, la sala de crisis de la Casa Blanca tomó una
decisión crucial: la operación principal para infiltrarse en el
sitio nuclear se transformó en una operación de rescate
desesperada
para las decenas de comandos estadunidenses atrapados bajo el
fuego
iraní. El Pentágono envió inmediatamente varios aviones más
pequeños para evacuar a sus fuerzas, logrando a duras penas reunir
a
los comandos y sacarlos de la situación mortal. La operación de
rescate se llevó a cabo con tanta prisa que algunos soldados y
oficiales abandonaron su equipo, incluyendo, según las pruebas en
poder de Press TV, el documento de identificación
de
un oficial estadunidense que había quedado en la zona, para salvar
sus vidas.
Tras la
evacuación de los comandos, cazas estadunidenses establecieron una
línea de fuego con un radio de 5 kilómetros para impedir que las
fuerzas iraníes se acercaran a los C-130 abandonados en la pista
de
aterrizaje. Los cazas también bombardearon intensamente su propio
equipo para evitar que cayera en manos iraníes. Las
fuerzas especiales ni siquiera tuvieron la oportunidad de volar
con los helicópteros especiales Little Bird; algunos fueron
destruidos en tierra, mientras que otros fueron destruidos dentro
del
segundo avión C-130.
Pero hay
algo aún más grave. Según declaró el domingo el portavoz del
Cuartel General Central de Jatam al-Anbia, “las aeronaves
fueron derribadas por la defensa aérea iraní, y las propias
fuerzas
de Estados Unidos terminaron bombardeando a sus propios
soldados”. “La humillación del presidente Trump y de su
ejército derrotado no podrá repararse con retórica, guerra
mediática ni operaciones psicológicas”, apostilló el vocero
castrense iraní. Según fuentes militares iraníes, al menos cinco
militares estadunidenses murieron en la operación.
La
aplastante derrota de la operación de Isfahán, habría provocado
que Trump celebrara apresuradamente y de forma caótica varias
ruedas
de prensa para encubrir el fracaso y presentarlo, falsamente, como
una operación de rescate de pilotos. La información obtenida por
Press TV describe estas maniobras
propagandísticas
lideradas por Trump y su poco informado secretario de Guerra,
Hegseth, como reminiscencias de las películas de Hollywood:
“mentiras al estilo Goebbels” que ni siquiera han sido aceptadas
por gran parte del público estadunidense. Burlándose de las
afirmaciones de Trump, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad
Baqer Qalibaf, publicó una imagen de los restos destruidos del
C-130
en su cuenta X, escribiendo con sarcasmo: “Si Estados Unidos
consigue tres victorias más como esta, quedará completamente
arruinado”.
“¿Cómo
es posible que un país que supuestamente no tiene defensa aérea ni
ejército ni fuerzas armadas haya logrado derribar y destruir
tantos
aviones de combate y diversas aeronaves, y que siga ampliando su
lista de diferentes tipos de aviones de combate, aviones,
helicópteros y drones destruidos?”, declaró a Press TV una
fuente de alto nivel en Teherán. Según señaló, la fallida
operación de Isfahán podría registrarse como el peor y más
humillante fracaso del ejército estadunidense, incluso peor que la
fallida operación de Tabas de 1980, en la que un intento de
rescate
fallido acabó en desastre para Washington. La información obtenida
por Press TV, señala que las fuertes
repercusiones
de este gran fiasco de Trump afectarán no solo el curso de la
guerra, sino también el futuro político del imprudente e ignorante
inquilino de la Casa Blanca, su partido republicano y el panorama
político de Estados Unidos durante años.
En el
plano
estratégico, Irán ha ido más allá del campo de batalla. El
control del Estrecho de Ormuz ha cambiado las reglas del juego. Ya
no
se trata solo de misiles o aviones, sino del control de una
arteria
clave de la economía global.
El
factor yemení
En el
marco
de la desesperada y furiosa guerra psicológica de Trump, quien
había
amenazado con atacar y destruir puentes y centrales eléctricas
iraníes, “abrir las puertas del infierno”, “acabar con una
civilización” y devolver al país a la “edad de piedra” a las
20 horas de Washington del 7 de abril si Irán no se sometía a sus
designios, autoridades de Teherán habían advertido que si la
situación “se sale de control”, toda la región y Arabia Saudita
quedarán en “completa oscuridad” y sus aliados cerrarán el
estrecho de Bab el-Mandeb, que, al igual que el de Ormuz, reviste
una
gran importancia económica al constituir la ruta marítima que une
Asia con Europa.
El viernes
3 de abril, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer
Qalibaf, preguntó en una publicación en X: “¿Qué porcentaje de
los envíos mundiales de petróleo, gas natural licuado, trigo,
arroz
y fertilizantes pasa por el estrecho de Bab El-Mandeb?”
Un par de
días antes, después de más de cuatro semanas de lo que podría
describirse como una ambigüedad constructiva, un alto funcionario
del movimiento de resistencia popular de Yemen, Ansarolá, afirmó
que todas las opciones seguían sobre la mesa, incluido el cierre
del
estrecho de Bab El-Mandeb a los buques pertenecientes a países
implicados en agresiones contra Irán y los grupos del frente de la
Resistencia regionales.
El
estrecho
de Bab El-Mandeb conecta el mar Rojo con el Golfo de Adén y el Mar
Arábigo, sirviendo como una puerta de entrada crucial entre Asia,
África y Europa a través del Canal de Suez. Según cifras citadas
en análisis recientes, más de ocho millones de barriles de
petróleo
transitan diariamente por el estrecho, junto con 58 buques
metaneros.
Alrededor del 40 % del comercio entre Asia y Europa se realiza a
través de esta ruta. Ese corredor también transporta
aproximadamente el 20 por ciento del comercio marítimo mundial de
arroz, el 20 por ciento del comercio marítimo mundial de trigo y
el
40 por ciento del comercio marítimo de fertilizantes. Se estima
que
el valor anual de los bienes y servicios que transitan por esta
ruta
supera los 800 mil millones de dólares.
Si bien
Yemen enfatizó que sus acciones se dirigen únicamente contra
fuerzas estadunidenses y sionistas, y no contra poblaciones
musulmanas, también lanzó una advertencia a Arabia Saudí y a los
Emiratos Árabes Unidos, instándolos a no tomar medidas que puedan
endurecer aún más el bloqueo sobre Yemen. Esta advertencia parece
ligada a la postura de Riad y Abu Dabi en medio de los cambios de
alineamiento en la región.
Los
yemeníes perciben la guerra como existencial. Creen que la
agresión
militar ilegal y no provocada contra Irán forma parte de un plan
más
amplio que amenaza a múltiples países de la región y allanan el
camino hacia el proyecto sionista del “Gran Israel”. El liderazgo
yemení parece creer que todavía cuenta con opciones estratégicas y
palancas de influencia, especialmente al entrar la guerra en su
segundo mes. Existen varias herramientas y estrategias disponibles
para Ansarolá, muchas de las cuales han sido probadas con éxito en
conflictos anteriores. Anticipando que esta ronda de la guerra
podría
prolongarse más de lo esperado, Yemen parecía estar modulando sus
acciones y reservando posibles sorpresas adicionales. Ansarolá
también posee capacidad para realizar operaciones navales
significativas a lo largo de una amplia región que se extiende
desde
el Mar Rojo hasta el Océano Índico, incluyendo el estrecho de Bab
El-Mandab, el golfo de Adén y el mar Arábigo. Frente al genocidio
israelí en Gaza (extendido ahora a Cisjordania y el sur de
Líbano) y en solidaridad con los palestinos, el frente militar de
Ansarolá que incluyó el bloqueo del mar Rojo, llevó al puerto
sionista de Eilat a la bancarrota.
La
intervención militar de Yemen refleja un principio de acción
colectiva frente a una amenaza común y contribuye a lo que
considera
un frente defensivo más amplio en toda la región. Este paso
también
subraya su transición de la unidad ideológica y política hacia una
coordinación militar plena dentro del Eje de la Resistencia. En la
actual coyuntura, el enfoque de Ansarolá en la guerra ha sido
definido en la doctrina “Golpear primero. Golpear fuerte. Antes de
que el enemigo se mueva, la batalla ya está decidida”.
Antes del
alto al fuego del martes, la misión naval europea Aspides había
advertido a los buques mercantes que evitaran las aguas yemeníes,
lo
que refleja la creciente preocupación por la seguridad del
corredor.
Cualquier interrupción en el transporte marítimo a través de este
paso probablemente obligaría a los barcos a desviarse rodeando el
Cabo de Buena Esperanza, lo que añadiría entre ocho y nueve días a
los viajes y aumentaría los costes de transporte, las primas de
los
seguros y los precios de los productos en Europa y Asia.
El veto
de China y Rusia en el Consejo de Seguridad
El martes
7, China y Rusia vetaron un proyecto de resolución sobre la
seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, presentado por
Baréin y respaldado por Estados Unidos, que recibió 11 votos a
favor, con las abstenciones de Pakistán y Colombia.
Durante la
reunión del Consejo de Seguridad en la que se evaluaba la crisis
en
Medio Oriente, el embajador de Irán ante la ONU, Mir-Saeid
Iravani,
había rechazado categóricamente un alto al fuego temporal. Explicó
que la decisión iraní respondía a lo ocurrido en junio del
año pasado, cuando Washington y Tel Aviv también atacaron al
territorio de la nación persa y “las hostilidades se
reanudaron bajo un pretexto falso”. Agregó que en este contexto,
“un alto el fuego solo serviría (a los agresores) para rearmarse y
prepararse para seguir cometiendo crímenes”.
En su
intervención, Iravani calificó como “retórica impropia de
cualquier líder político” las declaraciones del presidente Trump,
en las que amenazó con desaparecer “una civilización entera”,
refiriéndose a los ataques a Irán. “Recurrió a un lenguaje no
solo profundamente irresponsable, sino también sumamente
alarmante.
Declaró que toda la civilización morirá esta noche, para no volver
jamás. Tal retórica es impropia de cualquier líder político y
mucho menos del jefe de un [Estado que es] miembro permanente del
Consejo encargado del mantenimiento de la paz y la seguridad
internacionales”.
A su vez,
el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia,
explicó que la decisión del Kremlin de vetar el proyecto de
resolución sobre el estrecho de Ormuz se debió a que Moscú no
puede apoyar un documento que sentaría un peligroso precedente.
“La
Federación de Rusia no ha podido respaldar un texto que sentaría
un
peligroso precedente para el derecho internacional, para el
derecho
internacional del mar, para cualquier iniciativa internacional en
favor de la paz, así como para la autoridad del Consejo de
Seguridad
de las Naciones Unidas” destacó el alto diplomático ruso. En este
contexto, enfatizó que Moscú había pedido un enfoque “equilibrado”
y “objetivo” en discusiones previas. Nebenzia sostuvo que la raíz
de la crisis en Medio Oriente está en los “actos ilegales e
imprudentes” de Washington y Tel Aviv. “Atacar a Irán no es
posible y no es aceptable”, aseveró, al añadir que esos llamados
“cayeron en oídos sordos”.
El alto
diplomático también resaltó que Rusia entiende la situación de
los países del Consejo de Cooperación del Golfo y de Jordania, y
explicó que por ese motivo se abstuvo en la votación de una
resolución anterior, la 2817. “No fue una decisión fácil para
nosotros”, señaló. Sobre el texto vetado, Nebenzia afirmó que
Baréin y sus socios “fueron mucho más lejos” al presentar lo
que describió como un enfoque “fundamentalmente erróneo y
peligroso”. Dijo que “casi cada párrafo del borrador que
propusieron abundaba en elementos desequilibrados, inexactos y
confrontacionales”. Y agregó que la resolución impulsada por
Baréin “daba carta blanca” a acciones agresivas contra Irán.
Por su
parte, el embajador de China ante la ONU, Fu Cong, también rechazó
enérgicamente el borrador, advirtiendo que su aprobación podría
exacerbar aún más la situación. Aseveró que la resolución era
“altamente susceptible de ser malinterpretada o incluso de ser
objeto de abuso”. Fu añadió que aprobar la resolución “enviaría
un mensaje equivocado y tendría consecuencias graves, muy graves”,
haciendo hincapié en el riesgo de agravar el conflicto en lugar de
resolverlo. Según reveló The New York Times la
noche del martes, Irán aceptó la propuesta de alto
al fuego debido a intensos esfuerzos
diplomáticos
pakistaníes y la intervención de última hora de China, un
aliado clave. Otras fuentes aseveraron que China garantizaría el
curso de las negociaciones. No obstante, en dos oportunidades
anteriores ha quedado claro, que Trump y Netanyahu fingen
negociar,
para después traicionar.
El
miércoles 8, al hacer un breve control de daños, el jefe del
Estado
Mayor Conjunto de EU, general Dan Caine, declaró que la tregua de
dos semanas pactada con Irán solo marca “una pausa” y que las
fuerzas conjuntas de EU “permanecen preparadas para reanudar las
operaciones de combate si se les ordena, con la misma velocidad
y precisión que hemos demostrado en estos 39 días”. A su vez, el
vicepresidente J.D. Vance, describió como “frágil” el acuerdo
de alto al fuego. Por su parte, en su alegato de victoria, el
siempre
histriónico y desmesurado secretario de Guerra, Hegseth, aseguró
que el país persa “suplicó por un cese al fuego y todos los
sabemos”. (sic)
Medios
sionistas exhiben la “rendición” de EU e Israel
En rigor,
Trump buscaba desesperadamente una salida del atolladero que él
mismo había contribuido a crear, y el mundo presenció algo sin
precedentes: la derrota de una superpotencia a manos de una nación
que, en defensa de su autodeterminación y soberanía, se niega a
ceder. Pero también, como arguyó el miércoles 8 el líder de la
oposición israelí, Yair Lapid, fue una derrota para Netanyahu,
quien “fracasó y no alcanzó ninguno de sus
objetivos”,
Lapid
arremetió contra el primer ministro Netanyahu, por el alto el
fuego
y el fracaso estratégico que sufrió en la guerra con Irán. “Nunca
en nuestra historia se había producido un desastre diplomático
semejante”, escribío en X. Lapid criticó que Israel ni siquiera
estuvo presente en las negociaciones cuando se tomaron decisiones
relativas al núcleo de su seguridad. Denunció, además, que
Netanyahu “fracasó diplomáticamente, fracasó estratégicamente y
no alcanzó ninguno de los objetivos que él mismo se había fijado
(…) Nos llevará años reparar el daño diplomático y estratégico
que Netanyahu causó debido a su arrogancia, negligencia y falta de
planificación estratégica”.
Según
medios israelíes, los iraníes “hicieron lo que quisieron con la
administración Trump” y lo sucedido “no es solo un logro iraní,
sino una gran victoria”. El Canal 14 criticó
al presidente Trump, preguntándole: “¿En qué mundo vive cuando
promueve un acuerdo de rendición como un logro?” Agregó que
“lo más preocupante es que Israel no niega esta locura”. Según
el medio, Trump “se ha convertido en el hazmerreír del mundo y no
ha podido soportar la presión”, describiéndolo como un “hombre
débil”. El anuncio del alto el fuego coincidió con el lanzamiento
de misiles desde Irán hacia Israel, por lo que el medio consideró
que “esto refleja una burla hacia nosotros”.
Por su
parte, Maariv aseveró que Israel y
EU emergen de la batalla con un acuerdo que es esencialmente una
“rendición estratégica”, expresando que Irán y sus
aliados parecen ser los únicos vencedores del enfrentamiento.
Según
el diario hebreo, 40 días de combates terminaron con una rotunda
victoria iraní, e Irán logró involucrar a Israel y EU en un
acuerdo que incluye elementos de rendición por ambas partes,
explicando que Washington y Tel Aviv abandonaron la mayoría de sus
objetivos bélicos y crearon una nueva realidad regional. Al
comparar
los objetivos y principios de la guerra con los resultados, queda
claro que Irán se alzó como la parte superior. Además, mencionó
que Irán no entregó su uranio enriquecido, al tiempo que
continúa con su programa nuclear civil.
En ese
sentido, un periodista israelí escribió en X el “significado”
del acuerdo: “después de aproximadamente un mes y medio de guerra,
la amenaza de destruir toda una civilización, y finalmente la
retirada y la aceptación de todas las condiciones principales de
la
parte contraria que amenazaba con bombardear y destruirla.
Extraño,
vergonzoso y especialmente muy malo para Israel”.
(*) Carlos
Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en
México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones.
Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la
Humanidad (Capítulo México)