Carlos Fernández-Vega
En su desesperado cuan vano intento por sacudirse el calificativo de
traidores a la patria –ganado a pulso tras su infame conducta el pasado
domingo–, los diputados al servicio de la minoría rapaz se quejan
–ellos, odiadores seriales– de una "campaña de odio" en su contra y
pretenden mostrarse como legisladores angelicales que "defienden" a
México, cuando en los hechos sólo protegen los intereses de un grupo de
trasnacionales que exprimen al erario, operan de forma ilegal y
defraudan al fisco, entre tantas otras gracias.
Eso es lo que defendieron los 223 diputados de "oposición" –como antes
procedieron sus contlapaches en legislaturas previas– que el pasado
domingo votaron contra la reforma constitucional en materia eléctrica:
avalaron el atraco a la nación, estructurado a partir del régimen
salinista –fortalecido por Fox, Calderón y Peña Nieto–, para privatizar
ganancias y socializar pérdidas, amén de garantizar impunidad absoluta a
los oligarcas nacionales y foráneos en el sector eléctrico y los demás.
Eso sí, se dicen ofendidos cuando la ciudadanía los exhibe y reclama
por su comportamiento.
Pero no es novedoso, porque así han actuado desde su fundación (PAN en
1939) y a partir de la primera concertacesión –que no la única– (
tricolores y blanquiazules) en tiempos salinistas, más las rémoras (
Chuchos, S.A. y los panistas anaranjados) que se treparon al carro de la
traición, coimas por adelantado. No es de ahora, pues.
Con base en información de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), se
puede mapear el proceder de quienes hoy se dicen ofendidos, más sus
antecesores de la misma calaña. Por ejemplo, en 1999 esa institución
suministraba 100 por ciento de la energía eléctrica en el país; para
2012 (con el Borolas en Los Pinos) y gracias al régimen neoliberal, esa
proporción se había reducido 63 por ciento; en 2018, tras la "reforma"
de Peña Nieto, su participación cayó a 52 por ciento.
El plan de los titiriteros y sus marionetas (en sus planes ni
lejanamente estaba perder las elecciones de 2018) era que para 2019 la
participación de la CFE se redujera a 45 por ciento; a 39 por ciento en
2020 y a 29 por ciento en 2024, y en su onanismo político-empresarial
previeron que para 2029 sólo 16 por ciento del suministro de energía
eléctrica correspondería a la Comisión Federal de Electricidad. Es de
suponer que ellos estimaron que en 2030 la empresa del Estado sólo sería
"un mal recuerdo". Huelga decir que, de acuerdo con su proyección, el
espacio sería ocupado al 100 por ciento por la parte privada, porque la
energía eléctrica habría pasado, íntegramente, de servicio público a
jugoso negocio de particulares, con las trasnacionales en primer lugar.
A favor de eso votaron los 223 que hoy se retuercen por ser acusados de
traidores a la patria. Pero falta: cinco trasnacionales
(Iberdrola-Naturgy –ambas españolas–, Saavi –gringa–, Mitsui –japonesa– y
Enel –italiana), controladas por los fondos buitres, concentran 60 por
ciento de la generación eléctrica en México, es decir, son las que han
ocupado los espacios de la CFE gracias a las "reformas" neoliberales.
Iberdrola es la reina de la fiesta atracadora: participa en el ilegal
"autoabasto", las subastas, en la producción "independiente" de energía
(PIE), posee las mayores centrales de generación y de cereza su equipo
de asesores participó activa y decididamente en el armado de la
"reforma" peñanietista de 2013.
En materia de "autoabasto", la CFE tiene identificadas a 239 centrales;
de ellas, 110 (46 por ciento del total, aunque puede haber más) proceden
de manera ilegal, fraudulenta, en detrimento del erario nacional. El
"autoabasto" es generación eléctrica para satisfacer las necesidades de
una empresa, una sola, la que cuenta con el permiso, pero en este caso
hay alrededor de 78 mil "socios" que en realidad son clientes, como los
Oxxo, Walmart, Farmacias del Ahorro y Guadalajara, Telmex, Grupo México,
Cementos Mexicanos (Cemex), Grupo Bimbo, Kimberly Clark (del inefable
Claudio X. González Laporte, cuyo junior ahora quiere ser el diputado
224, algo por demás innecesario porque ya está muy bien ubicado) y
muchos más, quienes son subsidiados por las arcas nacionales.
Eso y muchísimo más, pero no los llamen traidores a la patria, porque se ofenden.
Las rebanadas del pastel
Fuera máscaras, porque si de simulaciones se trata, ahí está Ken
Salazar, quien oficialmente se presenta como embajador estadunidense en
México, cuando en los hechos es el mayor cabildero de las trasnacionales
de su país.
23.4.22
¿Qué defendieron los 223?
14.4.22
Washington perderá la 4ta Guerra Mundial que desató en Ucrania ¿Sobrevivirá la Humanidad?
Heinz Dieterich
1. Holocausto Nuclear o Derrota Imperialista
Washington ha iniciado la Cuarta Guerra Mundial en Ucrania. Esta guerra,
que es total y planetaria, sólo tiene dos desenlaces posibles: el
holocausto nuclear de la especie o una derrota militar contundente de
Washington, que obliga al imperialismo a resignarse a una paz convenida,
respetando las tres líneas rojas de seguridad no-negociables de Rusia:
la autonomía del Donbas y Crimea y la no-adhesión de Ucrania a la OTAN.
Lo que no es posible es que su delirio imperial de balcanizar a Rusia se
cumpla, tal como no se cumplió para Hitler ni para Napoleón.
2. Guerra total contra Rusia
Vamos a "destruir la economía de Rusia" (wreak havoc) dice Biden y
amenaza a todos los Estados del planeta qué, si no se unen a esa
estrategia fascista de aniquilación, sufrirán "las consecuencias".
Destruir la economía de un ente biológico significa, por supuesto,
condenarlo a la muerte. No es nada nuevo para Biden. Durante el crimen
de guerra que fue la agresión militar a Serbia bajo Clinton en 1999,
Biden se jactó en la televisión gringa: "I was suggesting we bomb
Belgrade. I was suggesting we send American pilots in and take out all
the bridges on the Drina. I was suggesting we take out his oil
supplies."
Es lo que los Nazis llamaron "der Totale Krieg" - "la Guerra Total". En
Rusia le costó la vida a 30 millones de personas en la Segunda Guerra
Mundial. Hoy, sería la guerra terminal nuclear en el planeta, porque
Rusia usaría su capacidad nuclear ante "una amenaza existencial"
(existential threat), como advirtió el vocero del presidente Putin,
Dmitry Peskov en CNN.
Y qué persona informada dudaría por un segundo, que el Imperialismo
atlántico neofascista encabezado por la nomenclatura delincuencial de
Washington sea una "amenaza existencial" para Rusia. Y, por supuesto,
para China y el futuro de la humanidad que quiere secuestrar.
3. "Matar Rusos"
En la medida en que los Demócratas están perdiendo la contienda
electoral de noviembre ante Trump y los Republicanos, y su guerra de
agresión en Ucrania se estanca, sus capos políticos y sus calibanes
mediáticos ya ni siquiera ocultan sus intenciones imperialistas y su
lenguaje fascista.
Leon Panetta, ex secretario de Defensa de Estados Unidos y director de
la CIA bajo Barack Obama; y jefe de gabinete de la Casa Blanca bajo el
criminal de guerra Bill Clinton, proclama abiertamente, que "Estamos
involucrados en una guerra…con Rusia, lo digamos o no". Y agregó: "Creo
que la única forma básica de tratar con Putin en este momento
es…proporcionar tanta ayuda militar como sea necesario… La forma en que
obtienes influencia es, francamente, entrando y matando rusos".
"We are engaged in a proxy war with Russia, whether we say so or
not"...I think the only way basically to deal with Putin right now is
to…provide as much military aid as necessary…The way you get leverage is
by, frankly, going in and killing Russians."
El comentario de Panetta se dio un día después de que Biden anunciara el
envío de 1.000 millones de dólares adicionales en armas a Ucrania, que
se suman a los $2.500 millones en armas entregadas desde 2014 y los
100,000 soldados gringos desplegados en Europa. Y es parte de la campaña
mundial de los medios de Murdoch y Soros, que abogan porque Occidente
debe promover golpes de Estado en China y Rusia contra Xi y Putin, y de
algunos sectores imperialistas, como el Ex Asesor de Seguridad de Trump
(sic), John Bolton, para acabar con esos "peligros para el mundo libre"
con un ataque nuclear preventivo (preemptive strike).
4. ¿Quién es el Responsable de la Guerra?
La razón de la agresión militar de Washington contra Rusia es el colapso
de la Unión Soviética en 1991, y la decisión de Washington de dominar
ese espacio post-soviético "liberado" para sus propios intereses:
prolongar la supremacía global del imperialismo estadunidense (American
Century) y su sistema global unipolar, desmembrar a China y mantener
subyugado a sus sátrapas europeos.
Una serie de documentos desclasificados recientemente por los National Security Archives de la Universidad George Washington (http://nsarchive.gwu.edu)
muestra, nuevamente, que todas las potencias occidentales que
negociaron con la URSS en 1990-91 la retirada de las tropas soviéticas
de la República Democrática Alemana y la reunificación alemana, dieron
garantías de seguridad contra la expansión de la OTAN hacia el oriente
eurasiático a los líderes soviéticos. Entre estos políticos occidentales
estuvieron Baker, Bush, Genscher, Kohl, Gates, Mitterrand, Thatcher,
Hurd, Major y Woerner.
La abundante evidencia empírica oficial de las partes involucradas en
las negociaciones de 1990-91 confirma irrefutablemente, que la
argumentación jurídica-política e histórica de Putin sobre la actual
situación en Ucrania y la responsabilidad bélica de la OTAN por la
guerra es objetiva y verídica. Mientras Putin habla con la verdad
histórica, el imperialismo atlántico miente cínicamente a la humanidad
entera para ocultar las raíces de la tragedia en Ucrania, que ha
causado.
Washington, la voz dominante del Bloque Imperialista, por supuesto,
nunca tuvo intención alguna de cumplir con los acuerdos de no-expansión
de 1991. Dos años después de las firmas, la nomenclatura del Partido
Demócrata bajo el patrocinio de Biden y los Clinton decidió la expansión
hacia las fronteras rusas; decisión que en 1995 se implementó con
38,000 (sic) ataques aéreos de 1000 aviones de guerra de la OTAN contra
las fuerzas de Serbia. Posteriormente, en 1999, se consumó la
destrucción bélica de Yugoslavia y su balcanización en Estados nuevos,
que avanzó cualitativamente la ocupación sangrienta del espacio
post-soviético por el Imperialismo yanqui.
Todas las advertencias de Rusia y de múltiples estrategas (George
Kennan) y políticos estadunidenses críticos, de que tal política iba a
terminar en una guerra directa con Rusia, cayeron en saco roto. Después
de tratar durante 15 años de parar ese cáncer occidental por medios
diplomáticos y políticos, un cáncer imperialista que iba a destruir
Rusia tal como había destruido a Yugoslavia antes, no le quedó otro
medio a Moscú que recurrir a las armas para salvar la integridad
territorial y profundidad estratégica militar indispensables para la
Nación. Esa es la razón de la "operación militar específica" de Rusia en
Ucrania, cuyo único responsable es el Imperialismo Atlántico, es decir,
Washington y sus sátrapas europeos, particularmente Gran Bretaña y
Polonia, que ya habían jugado el mismo papel en la destrucción
imperialista de Irak.
5. Zelensky: el Goebbels global del Imperialismo Atlántico
Los videos pre-presidenciales de Zelensky, cuando actuaba en la
televisión como comediante profesional, demuestran claramente sus
tendencias racistas, principalmente contra Rusia y los judíos, al igual
que sus tendencias pro-nazis. Tal perfil lo predestinaba para jugar el
papel de bufón herostrático nuclear en la Endloesung (solución final)
del "problema Putin", implementada a partir de la guerra asimétrica de
la OTAN desde su ofensiva militar de 2021-22.
Los talentos telegénicos del comediante racista pro-nazi no pasaron
desapercibidos en el Foreign Policy Establishment de Washington, de la
CIA, del MI6 británico y del BND alemán. Esos servicios entendieron que
el ambicioso comediante era idóneo para jugar el papel de "presidente de
Ucrania", después del golpe de Estado lumpen-oligárquico (revolución de
color del Euromaidán), que parcialmente fracasó en 2014. Era ventajoso
usar a Zelensky, porque combinaba los dotes propagandísticos y la
inescrupulosidad moral del ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels
con el servilismo del sátrapa neocolonial nazi Vidkun Quisling. Así
llegó el comediante a la presidencia de Kiev y, desde entonces, no ha
decepcionado a sus padrinos en Washington, Londres, Berlín y Bruselas.
6. El Criminal de Guerra Zelensky
En términos jurídicos y políticos, Zelensky es un peligroso criminal de
guerra con un largo record de crímenes. Bajo su presidencia (mayo, 2019)
permitió la matanza de miles de personas en el Donbass por sus
batallones nazis, que la cloaca mediática occidental eufemísticamente
llama "nacionalistas"; participó en la organización de un fuerte
movimiento nazi terrorista (Batallón Azov) a nivel nacional y de una red
neonazi internacional, orgánicamente integrados con las estructuras de
poder del Estado (ver extensa documentación de Olga Sukharevskaya, "Under the Wolfsangel", RT, 15.3.2022).
Es responsable, desde 2019, de la preparación de las Fuerzas Armadas
Ucranianas y agrupaciones paramilitares para la ofensiva final contra el
Donbas y la conquista de Crimea, planeada para marzo de 2022, precedida
por las (fracasadas) "revoluciones de color" en Bielorusia (sept 2020)
--que la subversiva NED estadunidense había financiado con 34 proyectos
de desestabilización-- y Kazajistan (enero 2022 ); es el Quisling
ucraniano del proyecto de balcanización de Rusia por Washington y sus
procónsules europeos.
El comediante saboteó la implementación de los Acuerdos de Minsk
(2014/15), que garantizaban la paz en Ucrania con el simple compromiso
de no integrarse en la OTAN; fue el responsable de la false flag
operation (operación encubierta) para provocar un desastre en la planta
nuclear de Zaporozhie, la más grande de Europa; tomó rehén a toda la
población masculina de Ucrania entre 18 y 60 años, al prohibir su salida
del país; es responsable, desde 2019, de permitir el trabajo de 24
laboratorios militares estadunidenses en Ucrania para la guerra
biológica y química en Lugansk, Donetz y Crimea, pese a que Estados
Unidos es el único Estado parte de la "Convención sobre la Prohibición
del Desarrollo, Producción y Almacenamiento de Armas Bacteriológicas
(biológicas) y Tóxicas y sobre su Destrucción (CAB)" que no ha
completado el proceso de eliminación de armas químicas" (Declaración
conjunta Rusia-China).
El mismo hijo del presidente Biden, Hunter Biden, un lobbyista
professional ayudó a conseguir millones de dólares del Pentágono para la
preparación de la Guerra biológica imperialista contra Rusia. El diario
británico Daily Mail reportó este 26 de marzo, que un memorándum
ejecutivo encontrado en la laptop personal de Biden, con fecha de Abril
2014, decía a Hunter Biden que se estaba tratando de intensificar la
influencia del equipo de trabajo con los patógenos biológicos: "how
we can potentially leverage our team, networks and concepts to assert
Ukraine’s cultural and economic independence from Russia and continued
integration into Western society."
Quod erat demostrandum o, en buen romance: Washington preparaba una
nueva operación bio-patológica en Rusia, según el patrón del ataque con
Covid-19 contra China, en Wuhan.
Last but not least, con sus demandas de no-fly zones, armas nucleares,
integración en la OTAN y su participación proactiva y sustanciosa en la
actual guerra de agresión estadunidense contra Rusia en el teatro de
operaciones Ucrania, Zelensky es co-responsable material e intelectual
de un posible holocausto nuclear.
7. Zelensky: Cínico Mentiroso de la Guerra Propagandística
Zelensky ejecuta el mismo papel histórico para el imperialismo fascista
del Siglo 21, dirigido por Washington, que ejecutaron Joseph Goebbels y
Vidkun Quisling para el imperialismo fascista del Siglo 20, guiado por
Adolf Hitler. Con un agravante: para ejecutar su papel de
Goebbels-Quisling de la Cuarta Guerra Mundial, el heróstrata nuclear Dr.
Strangelove juega con el destino de la humanidad entera al provocar la
guerra nuclear.
Su video-propaganda blitz de desinformación global y comunicación
estratégica (stratcom) es diseñado y operado por la CIA, el MI6, el
State Department y más de 150 public relations firms, encabezado por el
co-fundador de la empresa de relaciones públicas PR Network, Nicky
Regazzoni, y el especialista Francis Ingham estrechamente vinculado al
gobierno británico (Dan Cohen, Delphi Initiative).
La estratagema preferida actualmente por el Dr. Strangelove nuclear
consiste en apelar a los inmensos egos de los presidentes y sus
intereses electorales, cuando a cada uno le dice en sus arengas
congresales que está destinado a ser el líder del mundo libre y que debe
asumir su responsabilidad de ariete global contra la bestia Rusia. Así
sucedió en sus recientes performances, con guiones de tipo soap opera y
reality show, ante el Congreso gringo, el parlamento inglés y el
parlamento alemán, donde frotó con esa cursilería kitsch los egos de los
títeres políticos del gran capítal Joseph Robinette Biden, Boris
Johnson, Olaf Scholz y de la clase política burguesa congresal.
8. Las Cuatro Guerras Mundiales del Capital
En perspectiva histórica el conflicto en Ucrania es la Cuarta Guerra
Mundial Imperialista de los últimos cien años. Sus causas y responsables
están científicamente identificados hoy día por los documentos
estratégicos desclasificados de sus principales actores.
La Primera Guerra Mundial fue la de 1914-18. Los responsables de la gran
matanza que cobró la vida de 10 millones de personas, fueron los
gobiernos capitalistas de Londres, Berlin, Paris y St. Petersburgo.
Todos ellos enfrascados en su despiadada lucha
crematística-socialdarwinísta por una nueva "Repartición del Mundo"
(Lenin).
La Segunda Guerra Mundial (1939 a 1945) fue iniciada por el imperialismo
Nazi de Hitler que trató de destruir la Unión Soviética y lograr la
supremacía global para el capitalismo alemán. Al igual que los Nazis,
las otras dos potencias imperialistas participantes tenían su propio
proyecto histórico de dominación global. El plan estratégico de Hitler
se denominaba "Lebensraum" (espacio vital), que hoy es esencialmente la
Unión Europea; el de Washington "The Grand Area" y el de Japón "The
Greater East Asia Co-Prosperity Sphere". Cada una de las tres
superpotencias imperialistas invocó la esencia de la Doctrina Monroe
(1823) como razón geopolítica y justificación jurídica de sus sendos
proyectos expansionistas. En Alemania, el famoso constitucionalista Carl
Schmitt elaboró la apología jurídica respectiva para el Fuehrer y sus
cohortes. En esta segunda repartición crematística del mundo perecieron
50 millones de seres humanos, la mayoría de ellos en Rusia.
La Tercera Guerra Mundial (1945 a 1991), mal llamada "fría" – que
incluye las guerras de Corea y Vietnam, donde murieron millones de
personas-- fue causada por el imperialismo estadunidense en su perenne
intento de reemplazar el sistema bipolar global de Socialismo Siglo
20-Capitalismo con el sistema unipolar de la pax americana, con la
intención de liquidar al "bloque sino-soviético", es decir, a Rusia y
China, como "sociedades y competidores viables" (Eisenhower) del futuro
sistema global.
La actual Cuarta Guerra Mundial se inició con la caída de la Unión
Soviética en 1991 y el intento de Washington de prolongar el dominio
global del American Century ad calendas grecas, nuevamente con la
sucesiva neutralización del "bloque sino-ruso", de Rusia y China.
9. Defensa total de Rusia
Ante la guerra de agresión total de Washington y sus títeres europeos,
al gobierno ruso no le queda otra opción que la defensa total de Rusia y
el triunfo militar contundente. Su guerra defensiva de sobrevivencia
requiere la concentración de todas las fuerzas internas de Rusia bajo
una organización vertical estricta. En buen romance, exige la dictadura
funcional temporal interna de la República romana ejercida por un
magistrado que establecía Roma en situaciones críticas de emergencias
militares o escenarios amenazantes de carácter excepcional. Si los
liberales burgueses actuales no quieren ese tipo de Estado de excepción
en Rusia, deben luchar ahora contra la dictadura global del Imperialismo
atlántico.
El Estado de excepción, la intensificación de la alianza estratégica con
China, la reorganización de toda economía rusia hacia su futuro centro
de gravitación (Siberia y China), la separación drástica y un cordon
sanitaire riguroso en la comunicación con los agresores occidentales, el
fortalecimiento de las relaciones exteriores con India, Vietnam, Corea
del Norte, los países de América Latina, la sustitución de importaciones
tan eficaz y rápida como en la primera agresión gringa de la revolución
de color de 2014; la reorientación de los flujos de comercio y capital,
cadenas de suministro y valores, el reemplazo del dólar por monedas
nacionales, particularmente el yuan/rublo y las CBDC (Central Bank
Digital Currencies), y la desconfianza total y desacoplamiento
(decoupling) del supuestamente rules based system del capitalismo
burgués global, todas estas son vectores de la situación de crisis que
Rusia y el mundo vivirán por muchos años.
Pero, cuando termine la crisis –si es que homo sapiens la sobreviva—
habrá nacido el Nuevo Orden Mundial multipolar, que el anacrónico
capitalismo crematístico actual trata de suprimir como Don Quijote a los
molinos de viento en la aurora histórica del orden mundial burgués.
10. Sin Armas nucleares, no hay Soberanía
La soberanía de las naciones tiene hoy día un precio más alto que nunca
en la historia. Este precio es doble: la posesión de armas nucleares y
la voluntad de utilizarlas en caso de una amenaza existencial para la
nación agredida. Sin lugar a dudas, esta es la situación actual de
Rusia, como reafirmó Biden en su regime change discurso del 26 de marzo
en Varsovia referiéndose al presidente Putin: "For God's sake, this man
cannot remain in power" – "Por el amor a Dios, este hombre no puede
seguir en el poder."
Habiendo fallado el intento de Washington-Unión Europea de lograr el
aislamiento y colapso económico total de Rusia, el futuro de las partes
beligerantes se decide en el campo de batalla militar. Y la decisión en
ese teatro de operaciones es nuclear.
11. Imperialismo: Principal Peligro Nuclear para la Humanidad
Todas las fuerzas armadas nucleares del mundo están actualmente en
alerta de combate, siendo las más importantes las de Estados Unidos,
Rusia, China, Gran Bretaña, Francia, Israel, Pakistán e India. El actor
más peligroso de estas fuerzas es, por supuesto, Washington. Con 100,000
tropas desplegadas en Europa, dotado con más de 5,000 armas nucleares y
la inquebrantable voluntad imperialista de destruir a los "rivales"
Rusia y China, el capitalismo gringo tiene fuerzas materiales,
ideológicas, la voluntad criminal y el record criminal para aniquilar a
la humanidad por sus intereses imperialistas.
Es el único Estado en la historia, que ha empleado esas Armas de
Destrucción Masiva (AMD). Con el agravante, que las usó contra la
población civil de Hiroshima y Nagasaki en 1945. Durante la guerra fría
Washington planeó, bajo Eisenhower, aniquilar al 71% de la población
urbana rusa y al 53% de la población urbana de China mediante un ataque
nuclear sorpresivo (preemptive strike, SIOP). Exactamente, lo que Bolton
volvió a sugerir ahora públicamente y que está implícito en el discurso
de Panetta. En alrededor de 30 ocasiones durante la guerra fría
Washington amenazó a otros estados con el uso de un ataque nuclear, lo
que es una plena violación del derecho internacional y de la Carta de
las Naciones Unidas.
12. Hitler y Biden: Der Totale Krieg
Sergey Lavrov, brillante analista geopolítico y ministro de Relaciones
Exteriores de Rusia, ha comentado acertadamente que Occidente implementa
una "guerra híbrida total" contra Rusia, con el fin de "exterminar" su
economía - a "total, hybrid war" to "exterminate" its economy. Ésta, de
hecho, es la esencia de la brutal guerra de agresión del imperialismo
atlántico contra Rusia, que el liderazgo político-militar ruso ha
descifrado correctamente, como la lógica operativa del capitalismo
imperialista avanzado del Siglo 21.
En Ucrania se trata de un juego de suma cero, donde la acumulación de
beneficios del ganador iguala la suma cero de pérdidas del vencido. No
hay "tercera vía" en esta guerra. Para acabar con el cáncer
expansionista de Washington, Rusia necesita una victoria militar
contundente en Ucrania. Esto significa la destrucción de las estructuras
de poder neo-nazis, militares e imperialistas, que han convertido al
país en un Estado fallido y una forward operating base del imperialismo
occidental. Ésta es la precondición para una nueva arquitectura mundial
de seguridad en Eurasia y el mundo. Sólo de la derrota contundente del
Imperialismo Atlántico puede nacer el nuevo sistema mundial multipolar.
Esto es lo que está en juego en la guerra de Ucrania. El destino de la especie. Ni más, ni menos.
11.4.22
México en la última hora del intervencionismo
Xicoténcatl
Allí hay diez salas dedicadas a las agresiones extranjeras que,
desde 1821, han perturbado la actividad política y social de lo que
en un primer momento de vida independiente fue un ensayo de
Imperio, con inicio en los Tratados de Córdoba (1821), hasta la
proclamación de la República federal en 1823.
Desde las agresiones por parte de España cuando Fernando VII regresa
al poder y se niega a aceptar la independencia de México, hasta las
intrigas y presiones diplomáticas que los diferentes embajadores
estadounidenses desplegaron para que el gobierno mexicano vendiera
el territorio de Texas.
Texas caería porque era una fruta muy madura en términos
demográficos y muy fuera del alcance geográfico en 1837, como para
que México pudiera ensayar alguna alternativa. Era sólo el principio
porque una década después, el 14 de agosto de 1847, tropas del
ejército norteamericano al mando del general Winfield Scott, izaban
la bandera de las barras y las estrellas en el Zócalo de Ciudad de
México.
Scott partió desde Veracruz y para llegar al corazón de la República
siguió exactamente el mismo recorrido que hiciera Hernán Cortés en
1521. Pero esta vez Estados Unidos se llevó varias ramas del joven
árbol nacional que tan tiernas crecían al norte del río Bravo: dos
millones cuatrocientos mil kilómetros cuadrados perdió México al
ceder por la fuerza California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah
y parte de Colorado y Wyoming.
El Museo de las Intervenciones se ubica en un antiguo convento que
los frailes franciscanos cedieron a la Orden de los dieguinos en
1580. Los dieguinos establecieron allí el colegio de misioneros que
se lanzarían a la evangelización (léase preparación para la
ocupación militar) de Filipinas, China y Japòn.
Para 1847 era un cuartel militar, objetivo de las tropas invasoras
estadounidenses que se enfrentaron a una dura resistencia de parte
de unos mil trescientos defensores mexicanos, un regimiento formado
por civiles españoles armados (Piquetes de Tlapa) y el contingente
de los San Patricios, desertores del ejército gringo, formado por
irlandeses, alemanes y otros inmigrantes europeos que abandonaron al
ejército invasor y se unieron a la defensa del Ex Convento
Churubusco.
El Museo de las Intervenciones, inaugurado en abril de 2006, está en
continua reedición de sus obras, algunas en pleno desarrollo, por lo
que usted no las encontrará registradas aún en el Centro de Consulta
el Catalejo de la Historia.
El México presidido por Andrés Manuel López Obrador y su denominada
Cuarta Transformación, está entrando en una fase crítica, con un
angosto margen de soberanía que va transitando por terracerías
convenientemente señalizadas con avisos de ¡zona resbaladiza!
¡Peligro, Ejército! y otros de ¡sin salida!
La Embajada de los Estados Unidos de América se encuentra en Paseo
de la Reforma 305, Ciudad de México, y puede considerarse como una
extensión viva y actualizada del Museo de las Intervenciones. Desde
allí opera el exfiscal general de Colorado y hoy embajador Ken
Salazar, que ya elevó su tono de voz acompañada del dedo amenazante:
¡No debe haber cercanía entre México y Rusia! “En medio de la
guerra, México no puede estar cercano a Rusia, eso no puede pasar”
expresó el embajador en funciones de Prefecto el 24 de marzo, cuando
se instaló en el Congreso de los Diputados el Grupo de Amistad
México-Estados Unidos, el cual estará presidido por el diputado de
MORENA, Miguel Torruco Garza. El día anterior diputados de MORENA,
PRI y PT, instalaron el Grupo de Amistad México-Rusia con la
presencia del embajador ruso Viktor V. Koronelli.
Dentro de los dictados de línea del vigilante embajador está
presionar para garantizar que el proyecto de Reforma eléctrica
propuesto por el Presidente López Obrador, quede suficientemente
ajustado a las necesidades del Imperio del Norte; es por eso que en
las últimas semanas ha tenido las puertas abiertas de las oficinas
de empresarios, políticos, legisladores y dos veces las de Palacio
Nacional. Transitando con reiterados avisos de ¡zona resbaladiza!,
la Reforma pretende dar prioridad a la Comisión Federal de
Electricidad, CFE, sobre los generadores privados para alimentar el
sistema eléctrico nacional. Con todo y su tinte nacionalista, la
Reforma eléctrica concede el 46% de la generación de la electricidad
para las empresas privadas.
La argolla comercial. El Tratado de Libre Comercio Estados Unidos,
México, Canadá (T-MEC).
La representante comercial de Estados Unidos, Katherine Tai, lanzó
un elotazo claro y directo:
La Reforma eléctrica que planea el presidente Andrés Manuel López
Obrador será perjudicial para la competencia del sector, la
inversión en América del Norte y el medio ambiente. Así se expresó
en un comunicado emitido por la Oficina de Comercio de Estados
Unidos… “estos temas (litio, petróleo y generación de electricidad)
están debilitando la confianza de los inversionistas en México a
expensas del medio ambiente, restringiendo las exportaciones de
combustible de Estados Unidos y perjudicando los esfuerzos para
mejorar la competitividad de América del Norte, a medida que el
gobierno de Estados Unidos busca implementar plenamente el T-MEC y
cumplir objetivos ambientales”.
Breve cronología de las objeciones
– 5 de febrero de 2021: La Cámara de Comercio de Estados Unidos
calificó de “profundamente preocupante” el proyecto de reforma a la
ley del sector eléctrico, al sostener que “tales cambios drásticos”
abrirían la puerta para el restablecimiento de un monopolio en el
sector eléctrico y contravendrían directamente los compromisos de
México bajo el T-MEC.
– 31 de marzo de 2021: Declaraciones de Katherine Tai en el
Comunicado de la Oficina de Comercio de Estados Unidos.
– 3 de noviembre: El embajador Ken Salazar expresó las “serias
preocupaciones” de su país sobre la reforma planteada por el
Ejecutivo mexicano, al sostener que limita la competencia en el
sector de la energía eléctrica.
– 22 de enero de 2022: La Secretaria de Energía de Estados Unidos,
Jennifer M. Granholm, señaló que “la reforma propuesta podría
obstaculizar los esfuerzos conjuntos entre Estados Unidos y México,
relacionados con las energías limpias y el clima.
Máxima tensión
Fue tras el encuentro en Palacio Nacional, el día 31 de marzo.
Durante más de cuatro horas una misión de empresarios
estadounidenses de los sectores eléctricos, manufacturero y
automotor, encabezados por Ken Salazar y John Forbes Kerry,
exmilitar, exsenador demócrata y exsecretario de Estado, ahora
presentado con la amable encomienda de “Comisionado especial para
asuntos del clima”, mantuvieron una intensa plática injerencista
con el Presidente López Obrador y los titulares de Energía, Rocío
Nahle y de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O. Protocolos correctos
y foto de grupo sonriendo se quebraron cuando a la salida del
encuentro en Palacio, John Kerry hizo unas declaraciones a la
prensa: “Acordamos tener un equipo encabezado por el embajador Ken
Salazar aquí en México, que trabajará con la Casa Blanca y nuestra
oficina (la del propio Kerry), para asegurarnos de que lo que salga
de este esfuerzo de reforma refleje la mejor forma de avanzar. “La
discusión (planteó/advirtió), está sobre la mesa, aquí en México”.
Al día siguiente, en la conferencia de prensa que López Obrador
ofrece cada mañana, el Presidente mexicano desmintió con rotundidad
a John Kerry. “Pues eso, como es lógico, nosotros no podríamos
aceptarlo, ni de Estados Unidos, ni de Canadá, ni de China, ni de
Rusia… a lo mejor ellos pensaban que eso iba a ser aceptado y
alguien se adelantó a decir que nosotros íbamos a aceptar de que un
grupo vigilara nuestra actuación”.
El grillete militar. México y el Comando Norte.
Para entender el grosor y las características de este grillete, hay
que entender que para los Estados Unidos, México y Canadá forman
parte de su Seguridad Interior y es así que participan desde el año
2002 en el Comando Norte de la Secretaría de la Defensa de la Unión
Americana. Todo el resto de América, incluyendo El Caribe forman
parte del Comando Sur.
Especialmente preocupantes fueron las declaraciones el día 1 de
marzo, del Jefe del Comando Norte de Estados Unidos, general Glen D.
VanHerck, durante una sesión del Comité de Servicios Armados del
Senado estadounidense: “Hay actores como Rusia y China que son muy
agresivos y activos en toda el área de responsabilidad del Comando
Norte, incluidos Bahamas y México”.
Imagina uno al grupo de senadores receptores de tremenda información
con cejas arqueadas, entrecejos fruncidos y encogido el corazón.
“…México es la base de operaciones más grande de las agencias de
espionaje ruso…”, “… la inestabilidad generada por el narcotráfico
crea condiciones que pueden ser aprovechadas por agentes de Rusia y
China que afectan nuestra Seguridad Nacional”. Y así se va el
general.
Preocupante su discurso porque en lo tocante al narcotráfico y la
guerra contra las drogas que inició su fase más aguda en 2006, con
el respaldo económico de los millones de dólares de la Iniciativa
Mérida y el masivo flujo de armamento procedente de Estados Unidos,
México sigue con varios volcanes activos que lanzan oleadas
piroclásticas muy ensangrentadas, tales como los de Zacatecas,
Colima, Guanajuato, Estado de México, Tamaulipas, Michoacán y
Guerrero. En Chiapas hay trayectos en algunas carreteras donde
advierten al automovilista del peligro de transitar después de las 5
de la tarde, porque nadie se hace responsable si grupos armados te
adentran en la extendida y densa región de los desaparecidos.
Ejercicios militares en el Caribe mexicano
Delegados de Defensa y seguridad pública de veinte países se
reunieron entre el 31 de enero y el 4 de febrero en Chetumal,
México, para llevar a cabo la fase de planificación del ejercicio
Tradewinds, a realizarse entre el 7 y el 21 de mayo de 2022.
Este ejercicio anual, organizado por el Comando Sur de Estados
Unidos, que cuenta con un enfoque de colaboración multinacional y
multidominio (terrestre, aéreo, marítimo, anfibio y escenarios de
ciberseguridad), se lleva a cabo desde 1984. En la edición de este
año, serán co-anfitriones México y Belice; correspondiendo a México
las actividades de los ejercicios navales, mientras que el país
centroamericano será sede de las actividades terrestres.
A México le corresponde realizar las actividades de los ejercicios
navales. Tradewinds 2022 contará con mil quinientos participantes,
entre uniformados y civiles.
Los países invitados son Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados,
Bermuda, Brasil, Canadá, Colombia, Dominica, República Dominicana,
Francia, Granada, Guyana, Jamaica, Países Bajos, Santa Lucía, San
Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad
y Tobago y el Reino Unido de Gran Bretaña. Por parte de Estados
Unidos estarán presentes el Ejército, la Fuerza Aérea, la Infantería
de Marina, la Armada, la Guardia Costera y personal de equipos de
operaciones especiales; además de la Guardia Nacional de Alabama,
Florida, Kentucky, Louisiana, Missouri, Rhode Island, South Carolina
y del Distrito de Columbia.
Se trata de la primera vez que México cumple con ese rol desde la
primera edición del ejercicio, en 1984; la diferencia es un
contexto internacional peligrosamente inducido y exacerbado para la
generalización de la guerra que puede decidir el destino del poder
hegemónico mundial y coloca a países como México en una situación de
absoluta dependencia con respecto a Estados Unidos. En un contexto
internacional tan complicado y agresivo es posible que en los
caminos iniciados por la Cuarta Transformación de López Obrador
vayan apareciendo las señales que indiquen ¡sin salida!
En esta hora de altos riesgos todos los Estados están sobreaviso,
porque en cualquier momento el Imperio de las Sanciones te puede
intervenir.
Referencias:
https://geopolitica.iiec.unam.mx/sites/geopolitica.iiec.unam.mx/files/2022-03/cecenaybarrios-mexico_3.pdf
La Jornada (México SA 26.03.2022 y Astillero 1.04.2022)
Cronología de las objeciones. (La Jornada 1.04.2022)
SPUTNIK 1.04.2022 «EEUU analiza sanciones contra México por
Reforma energética de AMLO.
Para más información sobre la Reforma eléctrica se recomienda el
artículo de Eduardo Peralta Villegas publicado en la Revista
Rebelión.
https://rebelion.org/reforma-electrica-avanzar-hasta-donde/
13.3.22
La ortodoxia Azov
1
Cada uno vive en el mundo en el que quiere vivir, en el que secretamente acaso eligió al principio, y seguro el que elige a cada momento. Y seguirá en él, hasta que se decida a elegir vivir en un mundo diferente. La realidad, que la borrachera del poder temporal siempre se empeña en decretar inexistente, existe para garantizar que esa elección liberadora siempre sea posible.
Leo en un ensayo teórico sobre la situación contemporánea de la literatura, el siguiente pensamiento:
“Los sofistas viven en un mundo de incesante flujo accional y, como diríamos ahora, informacional -ese río en el que uno se adentra, que nunca es el mismo dos veces, con el hombre no en el centro de él, sólo en él- sino: como medida y medidor de él. Es decir, el hombre lo llama río y por eso es río, dice que fluye y por eso fluye.
Para los sofistas, el conocimiento -que no es algo dado, sino que se crea- es poder, y a ese poder se accede, clásicamente, a través de la retórica. Inventan nuevas palabras y conceptos, y si otros los adoptan, su poder crece.
Al igual que los platónicos, los sofistas también utilizan una especie de dialéctica, aunque escéptica, sin esperanza de síntesis, en la que no creen. Establecen oposiciones dialécticas y se limitan a hacer elecciones; luego, utilizando una retórica dirigida a la persuasión, argumentan a favor de las elecciones que han hecho.
La distinción entre Ser y Devenir es, para ellos, falsa. El Ser es lo que hay, y se parece al Devenir, y de todos modos es donde vivimos, no podemos hacer nada al respecto.”
Desde que empezamos con eXtramuros -y algunos de nosotros, desde mucho antes- una de nuestras repetidas observaciones ha sido: estamos en una época adolescente y caprichosa, que oculta, niega o no cree en la existencia de la realidad. Varios de nosotros hemos llegado a publicar bastante sobre esto en distintos ensayos, y el devenir de estos dos años no hace otra cosa que confirmar esa intuición central. Quizá sea por aquella observación proverbial de que ‘para quien anda con un martillo en la mano, todas las cosas parecen un clavo’, pero lo cierto es que sorprende la furia con la cual se insiste en desplegar esa especie de género de ficción barato y monótono en que se ha convertido la información y las “noticias”.
Luego de la chapucería y el escándalo cantinflesco de la “pandemia”, que terminó por decreto y en ausencia de la realidad, igual que por decreto y en ausencia de la realidad había empezado, ahora tenemos otro enemigo mortal declarado, el putinazismo, como le llama CJ Hopkins. La estructura narrativa no es la misma, porque parece que se ha visto que la “pandemia” tenía demasiadas complejidades y detalles que resultaron imposibles de controlar y que convirtieron todo en una porquería narrativa sin coherencia ni sentido. Por tanto, ahora, los que nos cuentan los cuentos se aseguraron de que esta narrativa sea lo suficientemente simple como para que hasta el más tonto de los binarios la pueda seguir. Claro, arriesgan que sólo los más furiosos binarios se queden hasta el final, porque esta película contrastada en blanconegro de los malos absolutos contra los buenos absolutos -que siempre somos nosotros– es plomífera a más no poder.
Pero nunca hay que subestimar qué clase de inteligencias hemos obtenido masivamente, luego de treinta años de eliminación de la lectura, la palabra escrita de mediano aliento, y cualquier interés genuino en el Otro. Es posible que, aun con lo increíble que le resulta a cualquiera que se informe cinco minutos la unilateralidad, hipocresía y odio propagandístico de esta nueva Ortodoxia Azov, por así llamarle, esa Ortodoxia Azov igual domine las mentes de muchos durante mucho tiempo. La Ortodoxia Azov es el mecanismo que procede en tres pasos: primero se elimina la realidad secuestrando la información; luego se interpone una serie de abstracciones baratas -“choque de civilizaciones”; “Occidente”; “democracia versus autocracia”- tatuadas en el cerebro masivo por décadas de propaganda; y luego la furia que eso produce nos habilita a todos a llamar nazis a todos los que no repitan la liturgia.
Así que es posible que, aunque sus promotores no lo quieran, esto termine por fin en la catástrofe global que tanto anuncian. Pese a que sería casi un insulto pensar que los líderes efectivos -los que tienen los códigos nucleares, digamos- pudiesen siquiera considerar una escalada que lleve a la hecatombe, es difícil no sentir que, en el fondo, algún tipo de catástrofe de extremo nihilismo, que nos arrastre a todos, igual están buscando.
2
Pero nuestro tema es aquel para el que estamos calificados, que no es la guerrología, sino la narrativa. Y en cuestión de narrativas, una épica plana del Bien contra el Mal tiene la ventaja, sobre el virus, de una nitidez general y absoluta. Las narrativas de alta resolución, con muchos personajes -la Ciencia, los Test infalibles, la Vacuna Salvadora, los Antivaxers Malvados y los Negacionistas Irresponsables, además de los Filántropos Buenos como el Tío Bill, el Tío Klaus, y el Tío Tony, empieza a ser muy difícil de coordinar. Personajes de relleno como los Niños Enmascarados Por Su Propio Bien y El de Sus Abuelos son algo repetitivos en su margen de acción. Peor que eso, cualquier narrativa que incluya personajes que son buroentelequias internacionales sin sede bien reconocible para el público, como la Organización Mundial de la Salud, son un bodrio. Y además resultan incontrolables cuando se ponen a actuar de modo contradictorio.
Ante todo ese cantinflerismo de órdenes y contraórdenes, y la
necesidad de vigilar constantemente a los idiotas subalternos que
divulgan información estadística que destruye cada dos días el edificio
laboriosamente construido de “las vacunas protegen contra el contagio”
(diciembre de 2020,); “las vacunas, si bien no protegen contra todos los
contagios después de seis meses, funcionan muy bien contra la cepa
original” (abril de 2021); “las vacunas, si bien no protegen en absoluto
contra los contagios después de tres meses, evitan la enfermedad grave”
(octubre del 2021); “las vacunas, si bien no protegen contra los
contagios ni impiden el Covid grave luego de un mes, pueden mejorarse si
uno se da un cuarto refuerzo” (diciembre de 2021); “todo el mundo se
contagió con Omicron, y mucha más gente está muriendo este invierno
boreal que en todo el período anterior, de modo que las vacunas no
sirven para una mierda. Por eso, vamos a decretar que hay que darse un
refuerzo anual, y terminar con todo esto”.
Una narrativa así descuajeringada, donde el guionista tiene que vivir empastillado, está destinada a la ruina. La razón es intuitivamente clara para cualquiera que haya intentado siquiera contarle un cuento a su hija: para que una narrativa funcione, una vez establecida la trama y los personajes, la verosimilitud es lo más importante, y lo que garantiza que la narrativa pueda continuar. Es posible inventar virtualmente infinitos giros en una narrativa, convertirla en una saga, y no terminarla hasta que a uno se le antoje. Pero no es posible llevar adelante una narrativa contradictoria, donde los personajes principales no es que cambien de idea, sino que se autoanulan y se hacen increíbles a sí mismos, haciendo cosas que su propia estructura de personaje les prohíbe. La Ortodoxia Covid es así, y por eso ahora tiene que retirarse con un gesto absurdo y fuera de contexto, declarando “éxito” lo que evidentemente es un fracaso total, y destinando así al criminal negacionismo y deliberado ocultamiento de causas -una especie de tumbas NN de la medicina moderna- a todos los que sigan muriendo de aquí en más -probablemente por la vacuna y sus secuelas de mediano y largo plazo.
Entre tanto un extraño actor, perteneciente a “la realidad” y
totalmente ajeno a cualquier narrativa, son las aseguradoras. Ya van dos
(una en Estados Unidos, otra en Alemania), y grandes, que vienen
avisando que tienen un aumento de muertes o reclamos por seguros de vida
de gente entre 18 y 60 años que es absolutamente escandaloso, en
cualquier estándar. Y que toda la industria está viendo lo mismo. Y
ahora las estadísticas del esquizofrénico CDC lo confirman con creces.
Esas denuncias no encajan por ningún lado en la narrativa. Por tanto,
para la mayoría simplemente no existen, ni existirán. Igual que el
tendal de muertos reales por Seguir la Ciencia.
3
Entonces, ahora podemos llenar los espacios con una nueva narrativa, y se espera que ella dé lugar a una nueva ortodoxia. La nueva narrativa tiene algo de “redención de Occidente”. Ahora, pues, un buen conflicto bélico donde ya no haya que avergonzarse o pedir permiso para continuar eliminando libertades y generando más odio y miedo divisivo, viene al pelo.
La Ortodoxia Azov no tiene los inconvenientes de la complejidad, y tiene en cambio las facilidades de los géneros archiconocidos. Sus abstracciones basura se adaptan a cualquier paisaje. Así que se lanza a la gente a construir una narrativa que la gente se sienta cómoda manejando, y la gente aúlla de alegría. Por supuesto, cualquier niño de más de siete años puede manejar como un as una narrativa de videogame donde hay un territorio amigo con sus niños, sus flores y sus chicas valientes, una fuerza enemiga de conquista, liderada por un villano espantoso y traicionero, que quiere matar a los niños, pisotear las flores, y raptar para siempre a todas las chicas valientes y encerrarlas en su palacio subterráneo y viscoso.
En los videogames, como se sabe, la historia que hay es muy limitada, pero se puede construir una relativamente larga luego que uno empieza a jugar. El rol en el juego es odiar y luchar, y triunfar.
Los ayudantes, las peripecias, etc., son partes de toda narrativa que
cualquiera maneja intuitivamente. Por tanto, está la pantalla prendida,
y ahora solo hay que ponerse a jugar.
Muchos periodistas, que han
reformulado su profesión para eliminar de una vez cualquier búsqueda
sincera de datos, están de parabienes. Ahora les basta con regurgitar
-un poco como siempre, está bien- los enlatados que les mandan las
agencias internacionales de “noticias” y sus amos en general. Muchos
periodistas contemporáneos son pues un suburbio de los fact-checkers,
que son un suburbio de Soros, que son un suburbio de quien sabe quién.
La realidad parece diluirse hacia un horizonte diferido, y solo nos
queda la proverbial muñeca rusa.
4
La realidad… Perdón, introduje aquí un término extraño, cuando estamos hablando de narrativas. Pues, ¿qué hace la “realidad” en medio de una narrativa? Las relaciones entre lo narrado (en principio ficción) y lo real son muy indirectas y complejas. Cuando se narra mezclando hechos reales con hechos ficticios estamos entre géneros tan dispares como la biografía novelada, la historia militante, o la mentira corporativa mantenida a plata. En cualquier caso, la guerra permite toda clase de excesos narrativos -y toda clase de imposiciones de leyes y decretos bien concretos- que la pandemia no permitía. La Ortodoxia Covid es a la Ortodoxia Azov como una salida de campo a mirar animales es al Desembarco de Normandía. O como poner un lazo amarillo y azul en twitter es a ponerse con un kalashnikov esta noche tras una barricada en Kiev. Ustedes ven la idea: es la destrucción de la distinción fundamental entre realidad y ficción, el rasgo más definitorio -e impotente- del Occidente hoy. Y es el desgaste del resorte del alma, la incapacidad ya casi total para conmoverse por algo real, y la capacidad horrible de hacer que uno se conmueve ante las cosas más realmente espantosas, cuando en realidad ya estamos quebrados, y ya nada importa. El mundo que conocemos perdió su unidad fundamental, y ahora está partido entre los que no tienen más remedio que enfrentar esa resistencia que siempre ofrece lo real, y una clase de parásitos que, subidos encima de ellos, dirigen las “narrativas” que condicionan a todo el resto en la generalizada caverna.
En Ucrania se enfrentan fierros contra bits. ¿Quién ganará? Que los rusos ya perdieron la batalla informativa en Occidente, y ya ganaron la guerra de cuetazos en Ucrania, son dos verdades duras. Pero la pregunta es otra, y la repito ¿quién ganará a la larga la lucha de fierros contra bits? Lo que sabemos es que mientras nuestros esfuerzos sigan yendo en la dirección de negarse a atravesar el espeso cortinaje de las agencias de noticias, los fact checkers, y los grandes medios, ese cortinaje será cada vez mas opaco, y las consecuencias reales de las “narrativas” serán cada vez más brutales.
5
La Ortodoxia Azov es la posibilidad de que la OTAN y las Naciones Unidas y los EEUU, finalmente, digan abiertamente que están del lado de los “nazis”. No porque Ucrania sea una sociedad particularmente nazi. Su gobierno lo es mucho más que lo aconsejable, pero ese no es el punto. Pero claro: nazis, nazis, ya no hay. Entonces, eso disculpa al gobierno de Ucrania (otro ente virtual, hoy existente solo en el Metaverso, con su cocainita metanfetamínico clown suboligárquico gobernando para la televisión). Disculpa al gobierno de Ucrania que sus nazis sean en realidad tan sólo ultranacionalistas que usan el Sol Negro y un pabellón con la cruz gamada editada en photoshop. Pero no disculpa, sino que es la vanguardia grosera, de la aparente nazificación de mis alrededores.
Lo digo tan claramente como pueda: el punto no es que haya o no haya nazis en Ucrania. El punto es que la ausencia de realidad, y el quiebre civilizatorio de casi cualquier posibilidad de emocionalidad colectiva adulta, hace que los Otros de mi cuadra ya parezcan nazis, y yo se lo parezca a ellos, y que todo mi entorno, la desagradable gente con la que me veo obligado a tratar a menudo en la ciudad, se comporte hoy, técnicamente, como si fuesen nazis. Y que no les importe, porque saben que no es real. Tal la nueva Ortodoxia Azov.
Nuestras sociedades -las que a mí me interesan- se están ultraliberalizando (libertad=capricho; igualdad=igualitarismo; fraternidad=asociación para delinquir de cada “minoría”), haciendo comunistas a la Orwell, y nazificando a velocidad de vértigo. ¿A qué me refiero? Superioridad Moral autoproclamada sobre las demás culturas; Pensamiento Único que desemboca en Discurso Único en todos los medios, especialmente en redes sociales; estimulación institucional de la práctica del “Minuto de Odio” y su exhibición deliberada en redes sociales, también; exigencia de cumplir con órdenes cada vez más irracionales y absurdas. Y castigos cada vez más severos para los disidentes.
6
Entonces, ciudadano global políticamente correcto, estratégicamente deseducado, periodista cómplice de genocidio, “editorialista respetable”:
Me importa tres carajos vuestra evaluación moral de rusia, de usa, de alemania y de ucrania, de los jesuitas y los borbones. El punto es muy otro: es dejar de jugar el juego de los “likes” que proponen las redes, y empezar a comprometerse un poco con los hechos. Porque ese otro juego no va ni un momento más lejos del reflejo, del martillito en la rodilla, y la patada subsiguiente en un retrato previamente puesto ahí por una agencia de publicidad paga. Y luego usted se hará encima cuando lo venga a buscar lo real, tan trabajosamente ocultado. “Narrativa” debería convertirse en termino paria, asqueroso.
Y en este contexto, quieren seguir hablando de política. Quieren que Rusia siga siendo la URSS, y los Estados Unidos el bloque democrático en una Segunda Guerra Fría. Pero para eso haría falta que hubiese izquierda y derecha, y que Putin no fuese un cristiano anticomunista. No funciona. La izquierda hizo como la derecha: se posmodernizó, es decir, dada su desidia, se dedico a construir una teoría que la justificase en su cobarde y perezoso abandono de lo real. Y ahora no saben “de qué lado están”, que era a lo único que se dedicaban ambas.
Que los que organizan el juego roban y los que los representan mienten, y los periodistas divulgan la mentira en formato épico para que la cabeza narconoticeada repita de nuevo fórmulas de odio, asegurando que nadie irá contra el robo mencionado, es lo consabido (ahora el Congreso yanqui está por aprobarse un trillón y medio de dólares para “ayudar a Ucrania”, es decir, para transferirlo a los políticos mismos y a sus amos directos, los fabricantes de armas y la industria de la energía, igual que los dos años pasados se aprobaron otro tanto para la industria de la “salud”; todo guita de los que trabajan). Se trata del uso habitual de la “retórica” y para lo que se la enseña a través de los medios, y es lo que todo el mundo sabe desde la época en que hay registros civilizados escritos. Platón lo denunció, y seguramente se lo copió a alguien que no conocemos.
Como decía al principio, este mundo es el que se rige por esta fe de los sofistas contemporáneos. Ellos “establecen oposiciones dialécticas” (Ucrania-Rusia; Occidente-Comunismo; Democracia-Autocracia) y se limitan a hacer elecciones (un día, los comunistas defienden a Rusia; al otro, defienden a Biden; un día, los liberales defienden a Voltaire y a Martin Luther King; al otro, defienden la censura y la cancelación siempre que no sea a uno de ellos); luego, utilizando una retórica dirigida a la persuasión, argumentan a favor de las elecciones que han hecho (se llama, entre otras prensas, “prensa libre occidental”)
La distinción entre Ser y Devenir es, para ellos, falsa. (es, en efecto, un meta-verso). El Ser es lo que hay, y se parece al Devenir, y de todos modos es donde vivimos, no podemos hacer nada al respecto. (Es decir, permita que los guerreristas se sigan llevando todo puesto, y hágales su minúsculo coro).
7
¿Por qué hay algo de especial en la “guerra de Ucrania”? ¿Porque es la última de una era? Pero que una era termine no quiere decir que al día siguiente todo no siga parecido a antes. Entonces,¿qué esperar? Esta era de “equilibrios diplomáticos trabajosamente construidos” o de “hegemonía de Occidente” o de organizaciones burocráticas que representan a “todo el mundo” pero que en realidad le hacen los mandados siempre a uno solo de los lados, efectivamente, debería terminar de veras. Esto no significará el final de nada. Es posible que la virtualización de la vida termine siendo la continuación de la realidad por otros medios. Pero si eso va a ser así, tendríamos que asegurarnos de que no sea siempre lo peor lo que controle esos otros medios. Y lo peor es siempre lo que, por desnuda voluntad de poder, desprecia la realidad.
Todo este panorama no quiere decir que no haya verdad: quiere decir que su estado terminal a manos de la mentira de las “narrativas” debe ser denunciada y corregida. Y que el pánico de los “nazis” de mi cuadra, totalmente secreto y subterráneo como lo fue el pánico ante “la Covid”, es que ninguno de los supuestos ficcionales sobre los que se organizaba nuestra estabilidad civilizatoria puede sostenerse ya en la realidad.
Y no, el mundo no es una narrativa y la realidad no es algo inexistente. Hacerla relativa a los lenguajes es morderse la cola. La referencia siempre puede comunicarse. Y la guerra es el colmo de la referencialidad. Preguntale a un herido de bala, de esquirla rusoucraniana, si la realidad existe. Y no, no me interesa ninguna teoría de lingüistización de la vida, como tampoco me interesa ahora la ilusión de que van a zafar hasta de la muerte virtualizándolo todo. Nunca me interesó. Y ojo al hacker de tu espíritu que ya llega, ruso o de donde sea.
28.2.22
Chomsky: US Push to “Reign Supreme” Stokes the Ukraine Conflict
C.J. Polychroniou, Truthout
In the interview that follows, world-renowned public intellectual
Noam Chomsky delves into the phenomenon of irrational political panics
in the U.S., with an emphasis on current developments on the foreign
policy front — and the dangers of seeking to maintain global hegemony in
a multipolar world.
C.J. Polychroniou: The political culture in the United States seems to
have a propensity toward alarmism when it comes to political
developments that are not in tune with the economic interests,
ideological mindset and strategic interests of the powers-that-be.
Indeed, from the anti-Spanish panic of the late 1890s to today’s rage
about Russia’s security concerns over Ukraine, and China’s growing role
in world affairs and everything in between, the political establishment
and the media of this country tend to respond with full-blown alarm to
developments that are not in alignment with U.S. interests, values and
goals. Can you comment about this peculiar state of affairs, with
particular emphasis on what’s happening today in connection with Ukraine
and China?
Noam Chomsky: Quite true. Sometimes it’s hard to believe. One of the
most significant and revealing examples is the rhetorical framework of
the major internal planning document of the early Cold War years, NSC-68
of 1950, shortly after “the loss of China,” which set off a frenzy in
the U.S. The document set the stage for huge expansion of the military
budget. It’s worth recalling today when strains of this madness are
reverberating — not for the first time; it’s perennial.
The policy recommendations of NSC-68 have been widely discussed in
scholarship, though avoiding the hysterical rhetoric. It reads like a
fairytale: ultimate evil confronted by absolute purity and noble
idealism. On one side is the “slave state” with its “fundamental design”
and inherent “compulsion” to gain “absolute authority over the rest of
the world,” destroying all governments and the “structure of society”
everywhere. Its ultimate evil contrasts with our sheer perfection. The
“fundamental purpose” of the United States is to assure “the dignity and
worth of the individual” everywhere. Its leaders are animated by
“generous and constructive impulses, and the absence of covetousness in
our international relations,” which is particularly evident in the
traditional domains of U.S. influence, the Western hemisphere, long the
beneficiary of Washington’s tender solicitude as its inhabitants can
testify.
Anyone familiar with history and the actual balance of global power at
the time would have reacted to this performance with utter bewilderment.
Its State Department authors couldn’t have believed what they were
writing. Some later gave an indication of what they were up to.
Secretary of State Dean Acheson explained in his memoirs that in order
to ram through the huge planned military expansion, it was necessary to
“bludgeon the mass mind of ‘top government’” in ways that were “clearer
than truth.” The highly influential Sen. Arthur Vandenberg surely
understood this as well when advising [in 1947] that the government must
“scare the hell out of the American people” to rouse them from their
pacifist backwardness.
There are many precedents, and the drums are beating right now with
warnings about American complacency and naivete about the intentions of
the “mad dog” Putin to destroy democracy everywhere and subdue the world
to his will, now in alliance with the other “Great Satan,” Xi Jinping.
The February 4 Putin-Xi summit, timed with the opening of the Olympic
games, was recognized to be a major event in world affairs. Its review
in a major article in The New York Times is headlined “A New Axis,” the
allusion unconcealed. The review reported the intentions of the
reincarnation of the Axis powers: “The message that China and Russia
have sent to other countries is clear,” David Leonhardt writes. “They
will not pressure other governments to respect human rights or hold
elections.” And to Washington’s dismay, the Axis is attracting two
countries from “the American camp,” Egypt and Saudi Arabia, stellar
examples of how the U.S. respects human rights and elections in its camp
— by providing a massive flow of weapons to these brutal dictatorships
and directly participating in their crimes. The New Axis also maintains
that “a powerful country should be able to impose its will within its
declared sphere of influence. The country should even be able to topple a
weaker nearby government without the world interfering” — an idea that
the U.S. has always abhorred, as the historical record reveals.
Twenty-five hundred years ago, the Delphi Oracle issued a maxim: “Know Thyself.” Worth remembering, perhaps.
As in the case of NSC-68, there is method in the madness. China and
Russia do pose real threats. The global hegemon does not take them
lightly. There are some striking common features in how U.S. opinion and
policy are reacting to the threats. They merit some thought.
The Atlantic Council describes the formation of the New Axis as a
“tectonic shift in global relations” with plans that are truly “head
spinning”: “The sides agreed to more closely link their economies
through cooperation between China’s Belt and Road Initiative and Putin’s
Eurasian Economic Union. They will work together to develop the Arctic.
They’ll deepen coordination in multilateral institutions and to battle
climate change.”
We should not underestimate the grand significance of the Ukraine
crisis, adds Damon Wilson, president of the National Endowment for
Democracy. “The stakes of today’s crisis are not about Ukraine alone,
but about the future of freedom,” no less.
Strong measures have to be taken right away, says Senate Minority Leader
Mitch McConnell: “President Biden should use every tool in his tool box
and impose tough sanctions ahead of any invasion and not after it
happens.” There is no time to dilly-dally with Macron-style appeals to
the raging bear to temper his violence.
Received doctrine is that we must confront the formidable threat of
China and stand firm on Ukraine, while Europe wavers and Ukraine asks us
to tone down the rhetoric and pursue diplomatic measures. Luckily for
the world, Washington is unflinching in its dedication to what is right
and just, even if it is almost alone, as when it righteously invades
Iraq and strangles Cuba in defiance of virtually uniform international
protest, to take just two from a plethora of examples.
To be fair, adherence to the doctrine is not uniform. There’s deviation,
most forcefully on the far right: Tucker Carlson, probably the most
influential TV voice. He’s said we shouldn’t be involved in defending
Ukraine against Russia — because we should be devoting all our resources
to confronting the far more awesome China threat. Have to get our
priorities straight in combating the Axis.
Warnings about Russia’s mobilization to invade Ukraine have been an
annual media event since the crises of 2014, with regular reports of
tens or hundreds of thousands of Russian troops preparing to attack.
Today, however, the warnings are far more shrill, with a mixture of fear
and ridicule for so-called Mad Vlad, whom the New York Times’s Thomas
Friedman describes as a “one-man psychodrama, with a giant inferiority
complex toward America that leaves him always stalking the world with a
chip on his shoulder so big it’s amazing he can fit through any door,”
or from another perspective, the Russian leader seeking in vain for some
response to his repeated requests for some attention to Russia’s
expressed concerns. An analysis by MintPress found that 90 percent of
the opinion pieces in the three major national newspapers have adopted a
hawkish militant stance, with a bare scattering of questioning — a
familiar phenomenon, as in the days before the Iraq invasion and, in
fact, routinely when the state has delivered the word.
As in the case of the Sino-Soviet conspiracy to gain “absolute authority
over the rest of the world” in 1950, the word now is that the U.S. must
act decisively to counter the threat of the New Axis to the “rule-based
global order” that is hailed by U.S. commentators, an interesting
concept to which I’ll return briefly.
The “tectonic shift” is not a myth, and it does pose a threat to the
U.S. It threatens U.S. primacy in shaping world order. That’s true of
both of the crisis areas, on the borders of Russia and of China. In both
cases, negotiated settlements are within reach: regional settlements.
If they are achieved, the U.S. will only have an ancillary role, which
it may not be willing to accept even at the cost of inflaming extremely
hazardous confrontations.
In Ukraine, the basic outlines of a settlement are well-known on all
sides; we’ve discussed them before. To repeat, the optimal outcome for
security of Ukraine (and the world) is the kind of Austrian/Nordic
neutrality that prevailed through the Cold War years, offering the
opportunity to be part of Western Europe to whatever extent they chose,
in every respect apart from providing the U.S. with military bases,
which would have been a threat to them as well as to Russia. For
internal Ukrainian conflicts, Minsk II provides a general framework.
As many analysts observe, Ukraine is not going to join the North
Atlantic Treaty Organization (NATO) in the foreseeable future. George W.
Bush rashly issued an invitation to join, but it was immediately vetoed
by France and Germany. Though it remains on the table under U.S.
pressure, it is not an option. All sides recognize this. The astute and
knowledgeable Central Asia scholar Anatol Lieven comments that “the
whole issue of Ukraine’s NATO membership is in fact purely theoretical,
so that, in some respects, this whole argument is an argument about
nothing — on both sides, it must be said, Russian as well as the West.”
His comment brings to mind [Argentinian writer Jorge Luis] Borges’s
description of the Falkland/Malvinas war: two bald men fighting over a
comb.
Russia pleads security concerns. For the U.S., it is a matter of high
principle: We cannot infringe on the sacred right of sovereignty of
nations, hence the right to join NATO, which Washington knows is not
going to happen.
On the Russian side, a formal pledge of non-alignment hardly increases
Russian security, any more than Russian security was enhanced when
Washington guaranteed to Gorbachev that “not an inch of NATO’s present
military jurisdiction will spread in an eastern direction,” soon
abrogated by Clinton, then more radically by W. Bush. Nothing would have
changed if the promise had risen from a gentlemen’s agreement to a
signed document.
The U.S. plea hardly rises to the level of comedy. The U.S. has utter
disdain for the principle it proudly proclaims, as recent history once
again dramatically confirms.
For Washington, there is a deeper issue: A regional settlement would be a
serious threat to the U.S. global role. That concern has been simmering
right through the Cold War years. Will Europe assume an independent
role in world affairs, as it surely can, perhaps along Gaullist lines:
Europe from the Atlantic to the Urals, revived in Gorbachev’s 1989
advocacy of a “common European home,” a “vast economic space from the
Atlantic to the Urals”? Even more unthinkable would be Gorbachev’s
broader vision of a Eurasian security system from Lisbon to Vladivostok
with no military blocs, shot down without discussion in the negotiations
30 years ago over a post-Cold War settlement.
The commitment to maintain the Atlanticist order in Europe, in which the
U.S. reigns supreme, has had policy implications that reach beyond
Europe itself. One crucial example was Chile in 1973, when the U.S. was
working hard to overthrow the parliamentary government, finally
succeeding with the installation of the murderous Pinochet dictatorship.
A prime reason for destroying democracy in Chile was explained by its
prime architect, Henry Kissinger. He warned that parliamentary social
reforms in Chile might provide a model for similar efforts in Italy and
Spain that might lead Europe on an independent path, away from
subordination to U.S. control and the U.S. model of harsher capitalism.
The domino theory, often derided, never abandoned, because it is an
important instrument of statecraft. The issue arises again with regard
to a regional settlement of the Ukraine conflict.
Much the same is true in the confrontation with China. As we’ve
discussed earlier, there are serious issues concerning China’s violation
of international law in the neighboring seas — though as the one
maritime country that refuses even to ratify the UN Law of the Sea, the
U.S. is hardly in a strong position to object. Nor does the U.S.
alleviate these problems by sending a naval armada through these waters
or providing Australia with a fleet of nuclear submarines to enhance the
already overwhelming military superiority of the U.S. off the coasts of
China. The issues can and should be addressed by the regional powers.
As in the case of Ukraine, however, there is a downside: The U.S. will not be in charge.
Also as in the case of Ukraine, the U.S. professes its commitment to
high principle in taking the lead to confront the threat of China: its
horror at China’s human rights abuses, which are doubtless severe.
Again, it is easy enough to assess the sincerity of this stand. One
revealing index is U.S. military aid. At the top, in a category by
themselves, are Israel and Egypt. On the Israeli record on human rights,
we can now refer to the detailed reports of Amnesty International and
Human Rights Watch, reviewing the crimes of what they describe as the
world’s second apartheid state. Egypt is suffering under the harshest
dictatorship of its tortured history. More generally, for many years,
there has been a striking correlation between U.S. military aid and
torture, massacre, and other severe human rights abuses.
There is no more need to tarry on Washington’s concern for human rights
than on its dedication to the sacred principle of sovereignty. The fact
that these absurdities can even be discussed illustrates how deeply the
rhetorical flights of NSC-68 permeate the intellectual culture.
Hebrew University lecturer Guy Laron usefully reminds us of another
facet of the Ukraine crisis: the long struggle between the U.S. and
Russia over control of Europe’s energy, again in the headlines today.
Even before Russia was a player, the U.S. sought to shift Europe (and
Japan) to an oil-based economy, where the U.S. would have the hand on
the spigot. Much of Marshall Plan aid was directed to this end. From
George Kennan to Zbigniew Brzezinski commenting on the invasion of Iraq
(which he opposed, but felt might confer advantages to the U.S. with the
anticipated control over major oil resources), planners have recognized
that control over energy resources could provide “critical leverage”
over allies. Later years saw many struggles in the Cold War framework
Laron describes, now very prominent. Ukraine has had a large part in
these confrontations.
Throughout, the shape of world order has of course been a driving
concern of policy makers. For post-World War II Washington, there is
only one acceptable form: under its leadership. And it must be a
particular form of world order: the “rule-based international order,”
which has displaced an earlier commitment to the “UN-based international
order” established under U.S. lead after World War II. It’s not hard to
discern the reasons for the transition in policy and accompanying
commentary. In the rule-based order, the U.S. sets the rules.
The same was true in the UN-based order in the early years after World
War II. U.S. global dominance was so overwhelming that the UN served
virtually as a tool of U.S. foreign policy and a weapon against its
enemies. Not surprisingly, the UN was highly regarded in U.S. popular
and intellectual culture, along with the UN-based international order,
guided by Washington.
That turned out to be a passing phase. The UN began to fall out of favor
in U.S. elite opinion as it lurched out of control with the recovery of
other industrial societies but particularly with decolonization, which
brought discordant voices into the UN and also in independent structures
such as the Non-Aligned Movement and many others — all very vocal and
active, though effectively barred from the international information
order dominated by the traditional imperial societies.
Within the UN there were calls for a “New International Economic Order”
that would offer the Global South something better than a continuation
of the large-scale robbery, violent intervention and subversion that the
colonized world had enjoyed during the long reign of Western
imperialism. There were other threats, such as a call for a New
International Information Order that would provide some opportunity for
voices of the former colonies to enter the international information
system, a near monopoly of the imperial powers.
The masters of the world undertook vigorous campaigns to beat back these
efforts, a major though largely ignored chapter of modern history —
though not completely; there is some fine work of exposure and analysis.
One effect of the Global South’s disruptive efforts was to turn U.S.
practice and elite opinion against the UN, no longer a reliable agency
of U.S. power as it had been in the early Cold War years. Furthermore,
the foundations of modern international law in the few UN treaties that
the U.S. ratified became completely unacceptable as the years passed,
particularly the banning of “the threat or use of force” in
international affairs, a practice in which the U.S. is far in the lead.
It is conventional to say that the U.S. and Russia engaged in proxy wars
during the Cold War years — omitting the fact that with rare
exceptions, these were conflicts in which Russia provided some support
to victims of U.S. attack. All topics that should have far more
prominence.
In this context, the “rule-based international order” became the favored
pillar of world order, and there is much annoyance when China calls
instead for the UN-based international order as it did at the rancorous
March 2021 China-U.S. summit in Alaska (putting aside the sincerity of
these pronouncements).
It’s intriguing to see how the conflict with China plays out in U.S.
policy and discourse in other domains. A front-page story in The New
York Times is headlined: “House Passes Bill Adding Billions to Research
to Compete With China; The vote sets up a fight with the Senate, which
has different recommendations for how the United States should bolster
its technology industry to take on China.” The official name of the bill
is “The America Competes Act of 2022” — meaning “compete” with China.
The passage of the bill was hailed in the left-liberal press: “The House
gave President Joe Biden another reason to celebrate on Friday with the
passage of a bill aimed at boosting competitiveness with China.”
Could Congress support research and development because it would help
American society, as this bill surely would? Apparently not; only
because it would “take on China.” Republicans reflexively opposed the
bill as usual, in this case because it “concedes too much to China.”
Republicans also opposed what they called “far left” initiatives such as
addressing climate change. The bill was derided by House Republican
leader Kevin McCarthy as the “coral reefs bill.” How does saving
humanity from self-destruction help to compete with China?
A side comment: An amendment to the bill was introduced by Pramila
Jayapal, chair of the Progressive Caucus, a call to release the near-$10
billion of the Afghan government held in New York banks, so as to help
relieve the horrendous humanitarian crisis facing the population. It was
voted down. Forty-four Democrats joined Republican brutality. It
appears that the China-based Shanghai Cooperation Organization might be
planning aid, more of the China threat.
There is no denying that China is a rising superpower confronting the
U.S. Reporting a study of Harvard’s Belfer Center of International
Affairs, Graham Allison argued further that the so-called Thucydides
Trap is likely to lead to a U.S.-China war.
That cannot happen. U.S.-China war means simply: game over. There are
critical global issues on which the U.S. and China must cooperate. They
will either work together, or collapse together, bringing the world down
with them.
One of the most striking developments in the international arena today
is that while the U.S. is pulling back from the Mideast, and elsewhere,
China is moving in but with a different strategic approach and overall
agenda. Instead of bombs, missiles and coercive diplomacy, China is
expanding its influence with the use of “soft power.” Indeed, U.S.
overseas expansion was always overwhelmingly dependent on the use of
hard power, and, as result, it would only leave black holes behind after
its withdrawal. To what extent, as some might argue, is this the result
of a young nation ignorant of history and with lack of experience in
global affairs (although it would be hard to find any examples of benign
imperialism)?
I don’t think the U.S. has forged new paths in Western imperial
brutality. Simply consider its immediate predecessors in world control.
British wealth and global power derived from piracy (such heroic figures
as Sir Francis Drake), despoiling India by guile and violence, hideous
slavery, the world’s greatest narcotrafficking enterprise, and other
such gracious acts. France was no different. Belgium broke records in
hideous crimes. Today’s China is hardly benign within its much more
limited reach. Exceptions would be hard to find.
The two cases you mention have highly instructive features, brought out
clearly, if unintentionally, by how they are depicted. Take an article
in The New York Times about the growing China threat. The headline
reads: “As the U.S. Pulls Back from the Mideast, China Leans in;
expanding its ties to Middle Eastern states with vast infrastructure
investments and cooperation on technology and security.”
That’s accurate; it’s one example of what’s happening all over the
world. The U.S. is withdrawing military forces that have battered the
Mideast region for decades in traditional imperial style. The evil
Chinese are exploiting the retreat by expanding China’s influence with
investment, loans, technology, development programs. What’s called “soft
power.”
Not just in the Mideast. The most extensive Chinese project is the huge
Belt and Road Initiative (BRI) that is taking shape within the framework
of the Shanghai Cooperation Organization, which incorporates the
Central Asia states, India, Pakistan, Russia, now Iran, reaching to
Turkey and with its eye on Central Europe. It may well include
Afghanistan if it can survive its current catastrophe. Chinese aid and
development might manage to shift the Afghan economy from heroin
production for Europe, the core of the economy during the U.S.
occupation, to exploitation of its rich mineral resources.
The BRI has offshoots in the Middle East, including Israel. There are
accompanying programs in Africa, and now even Latin America, over
strenuous U.S. objections. Recently, China announced that it’s taking
over the manufacturing facilities in São Paulo that Ford abandoned, and
will initiate large-scale electric vehicles production, an area in which
China is far ahead.
The U.S. has no way to counter these efforts. Bombs, missiles, special forces raids in rural communities just don’t work.
It’s an old dilemma. Sixty years ago in Vietnam, U.S. counterinsurgency
efforts were stymied by a problem that was despairingly recognized by
U.S. intelligence and by Province Advisers: the Vietnamese resistance —
the Viet Cong (VC), in U.S. discourse — were fighting a political war, a
domain in which the U.S. was weak. The U.S. was responding with a
military war, the arena in which it is strong. But that couldn’t
overcome the appeal of VC programs to the peasant population.
The only way the Kennedy administration could react to the VC political
war was by U.S. Air Force bombing of rural areas, authorizing napalm,
large-scale crop and livestock destruction and other programs to drive
the peasants to virtual concentration camps where they could be
“protected” from the guerillas who the U.S. knew they were supporting.
The consequences we know.
Earlier, the dilemma had been explained by Secretary of State John
Foster Dulles, addressing the National Security Council about U.S.
problems with Brazil, where elites, he said, are “like children, with no
capacity for self-government.” Worse still, in his words, the U.S. is
“hopelessly far behind the Soviets in developing controls over the minds
and emotions of unsophisticated peoples” of the Global South, even
educated elites. Dulles lamented to the president about the Communist
“ability to get control of mass movements, … something we have no
capacity to duplicate. The poor people are the ones they appeal to and
they have always wanted to plunder the rich.”
Dulles left unsaid the obvious: The poor people somehow don’t respond
well to our appeal of the rich to plunder the poor, so with great
reluctance we have to turn to the arena of violence, where we dominate.
That’s not unlike the dilemma posed when China “leans in” to the Global
South by “expanding its ties with vast infrastructure investments and
cooperation on technology and security.” That is one central element of
the China threat that is eliciting such fears and anguish.
The U.S. is reacting to this growing China threat in the arena where it
is strong. The U.S. of course has overwhelming military dominance
worldwide, even right off the coast of China. But it’s being enhanced.
Last December, military analyst Michael Klare reports, President Biden
signed the National Defense Authorization Act. It calls for “an unbroken
chain of U.S.-armed sentinel states — stretching from Japan and South
Korea in the northern Pacific to Australia, the Philippines, Thailand,
and Singapore in the south and India on China’s eastern flank” — meant
to encircle China.
Klare adds that, “Ominously enough Taiwan too is included in the chain
of armed sentinel states.” The word “ominously” is well chosen. China of
course regards Taiwan as part of China. So does the U.S., formally. The
official U.S. one-China policy recognizes Taiwan as part of China, with
a tacit agreement that no steps will be taken to forcefully change its
status. Donald Trump and Secretary of State Mike Pompeo chipped away at
this formula. It’s now being driven to the brink. China has the choice
of either succumbing or resisting. It is not going to succumb.
This is only one component of the program to defend the U.S. from the
China threat. A complementary element is to undermine China’s economy by
means too well-known to review. In particular [in the U.S.’s eyes],
China must be prevented from advancing in the technology of the future —
actually extending its lead in some areas, such as electrification and
renewable energy, the technologies that might save us from our race to
destroy the environment that sustains life.
One aspect of these efforts to undermine China’s progress is to pressure
other countries to reject superior Chinese technology. China has found a
way to get around these efforts. They are planning to establish
technical schools in countries of the Global South to teach advanced
technology — Chinese technology, which graduates will then use. Again,
the kind of aggression that is hard to confront.
U.S. influence is clearly declining across the international system, but
one would not easily reach this conclusion by looking at the current
U.S. National Security Strategy, which is still designed around the
principle of the “two-war” doctrine even without expressly saying so. In
this context, could it be argued that the U.S. empire is weakening in
the 21st century, and that the end of the U.S. empire might not be a
peaceful event?
It has been widely predicted in foreign policy circles for many years
that China is poised to surpass the U.S. and to dominate world affairs, a
dubious prospect, in my opinion, unless the U.S. continues on its
current course of self-destruction, probably to be accelerated with the
predicted congressional victory of the denialist party in November.
As we have discussed before, for some years the former Republican Party
has been more accurately described as a “radical insurgency” that has
abandoned normal parliamentary politics, to borrow the terms of
political analysts Thomas Mann and Norman Ornstein of the American
Enterprise Institute a decade ago — when Trump’s takeover of the
insurgency was not yet a nightmare.
The Trump administration established a two-war doctrine in all but name.
A war between two nuclear powers can quickly get out of control,
meaning the end.
A step towards utter irrationality was taken last December 27, perhaps
in celebration of Christmas, when President Biden signed the National
Defense Authorization Act, discussed earlier, enhancing the policy of
“encirclement” of China, “containment” being out of date. That includes
formation of the Quad: U.S.-India-Japan-Australia, supplementing the
AUKUS alliance (Australia, U.K., U.S.) and the Anglosphere’s Five Eyes,
all of them strategic-military alliances confronting China. China has
only a troubled hinterland. As discussed earlier, the radical military
imbalance in favor of the U.S. is being enhanced by other provocative
acts, carrying great risk. Apparently we cannot let down our guard with
the Axis powers on the march once again.
It’s all too easy to sketch a likely trajectory that is far from a pleasant prospect. But we should never forget the usual proviso. We do not have to be passive spectators, thereby contributing to potential disaster.
25.2.22
La extrema derecha y el gobierno de Ucraina
DERECHAS, IMPERIO E IMPERIALISMO, RUSIA, UCRANIA
El «Batallón Azov», la extrema derecha Nazi y el Gobierno de Ucrania: Lo que no cuenta la prensa privada de Occidente y apoyan los gobiernos de Estados Unidos y la OTAN
por De Frente Internacional
28 enero, 2022
La fotografía que encabeza esta nota es de uno de los destacamentos del «Batallón Azov», fuerza paramilitar integrada mayoritariamente por militantes de las organizaciones de extrema derecha ucraniana como «Pravy Sector» y «Svoboda», movimientos que fueron protagonistas del derrocamiento del gobierno de Víktor Yanukóvich a inicios del 2014, y que en los años posteriores han llegado a ser incorporados como dependientes del Ministerio de Asuntos Interiores del país, y contando con importantes redes financieras ucranianas e internacionales, entre otras, vaya paradoja, la del magnate judío Ihor Kolomoisky. Son parte de las fuerzas paramilitares y militares que combaten contra las milicias en el este de Ucrania, levantadas en aquella parte del país notoriamente más inclinada a una alianza con la Federación Rusa y no con la Unión Europea, y que resisten ante la avanzada de extrema derecha que no ha hecho si no que crecer en la parte occidental del país y Kiev, la capital donde se hizo conocida como «Euromaidán» la insurrección y derrocamiento de 2014, motivado precisamente por la suspensión que había hecho el Gobierno de Yanukóvich, del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Ucrania.
El «Batallón Azov», fuerza paramilitar dependiente del Ministerio de Asuntos Internos de Ucrania. Año 2018.
Para entender la situación en Ucrania, lo primero es despejar ciertas dudas y desconocimientos bastante generalizados sobre cuestiones básicas de la historia de ese país, tal como describimos en detalle en una nota anterior. Lo primero: la historia de Ucrania ha estado por más de un siglo fuertemente tensionada por su ubicación geográfica entre Rusia y Europa. Eso la hizo estar en medio de los conflictos bélicos de altísima intensidad que se inician con la Primera Guerra Mundial, continúan luego con la «Guerra Civil Rusa» posterior a la Revolución Bolchevique, y se proyectan en la avanzada fascista y Nazi y la Segunda Guerra Mundial después.
Mapa étnico-lingüístico de Ucrania. Al Este y Sur y en Península de Crimea, mayoría ruso parlante, al Oeste, mayorías hablantes de idioma ucraniano.
Tal contexto explica algo difícil de entender sin aquél elemento: Lo que se conoce como «nacionalismo ucraniano» está marcado por el influjo fascista y Nazi que se levantó en Europa del Este por parte de los sectores más conservadores y reaccionarios de las sociedades de la región, contra la Revolución Rusa y las organizaciones y movimientos de izquierdas de esos años. De ahí que las fuerzas que respaldan al gobierno de Volodímir Zelenski (iniciado en 2019), siguiendo los pasos y alianzas del predecesor de Petró Poroshenko (2014-2019), declararon como día de conmemoración oficial del nacionalismo ucraniano, el día de cumpleaños de Stepán Bandera, el líder nacionalista que batalló contra la URSS y colaboró con los Nazis a mediados del siglo pasado.
Marcha nacionalista en Kiev, en el día de nacimiento de Stepán Bandera, conmemorado de manera oficial desde el 2019, y quien fuera líder fascista y colaborador de los Nazis.
Las complicidades que han tenido los gobiernos occidentales con el gobierno ucraniano, tan inclinado hacia una extrema derecha de características notoriamente fascistas y pro Nazis, ha encendido alarmas hace años, pero como suele ocurrir cuando hay intereses económicos y geopolíticos en juego, han sido en general acalladas u omitidas por la prensa privada dominante en Occidente. De hecho, como se ha denunciado en numerosas ocasiones, el famoso documental «Winter on Fire» ampliamente divulgado vía Netflix, prácticamente no hace mención a este componente esencial de la asonada de desestabilización y derrocamiento del gobierno ucraniano en el 2014, siendo que éste fue protagonizado por milicias de un componente fascista y neonazi que es notorio y explícito.
Las simbologías no están de más, y lo mencionado sobre Stepán Bandera no es lo único. El escudo del «Batallón Azov» consta de una runa «wolfsangel» estilizada, y detrás de ella, un Sol negro, ambos símbolos profusamente utilizados en la Alemania Nazi, entre otros, por divisiones enteras de las SS o «Waffen-SS», el cuerpo de elite del Ejército de Hitler. Es decir, el «Batallón Azov», un cuerpo paramilitar dependiente del Gobierno de Ucrania, además de estar integrado por militantes de las organizaciones de extrema derecha ucraniana, utiliza expresamente simbología Nazi.
Es por eso que a nadie le debiera extrañar que en las sucesivas votaciones que ha habido en la Asamblea General de la ONU de una Resolución contra la Glorificación del Nazismo y otras formas de discursos de odio racial, los votos en contra han sido de Estados Unidos y de Ucrania, con la abstención de los gobiernos de la Unión Europea, y el voto a favor de una amplia mayoría de países (Ver «Asamblea General de la ONU aprueba resolución contra la glorificación del Nazismo y Racismo con el voto en contra de gobiernos de Estados Unidos y Ucrania y abstención de Europa y Commonwealth británica»).
O, para ir a algo más secundario y periférico en relación a la gravedad de todo esto, que en marchas de grupos de extrema derecha en lugares tan lejanos como Chile, aparezcan banderas del «Batallón Azov».
Las simpatías Nazis del gobierno ucraniano han provocado incluso la protesta del estrecho aliado del gobierno de Estados Unidos, el Estado de Israel. El Embajador israelí en Ucrania, Joel Lion, ha formulado varias declaraciones y publicado en sus redes sociales el rechazo a la glorificación del Nazismo por parte de la extrema derecha ucraniana: «Condenamos fuertemente la glorificación de colaboradores con el régimen Nazi. Es hora de que Ucrania se reconcilie con su pasado», dijo en referencia a las marchas de conmemoración del nacimiento de Stépan Bandera establecido como día de conmemoración nacional de modo oficial por el gobierno ucraniano.
Por su parte, el Centro para la Lucha contra el Odio Digital (CCDH) señaló en un informe que una red de grupos neonazis de EEUU y Europa, incluyendo el Batallón Azov, utilizan páginas de Facebook e Instagram para generar ingresos, sin que estas redes sociales hayan reaccionado ante estas advertencias:
Los lazos y trabajo internacional de esta extrema derecha fascista, constituida como grupo paramilitar con reconocimiento oficial del Estado ucraniano, han sido destacados en numerosas notas de prensa incluso en Europa y Estados Unidos, cuyos gobiernos impulsan política exterior que utiliza al gobierno ucraniano como «punta de lanza» de una arremetida geopolítica de la OTAN hacia territorios aledaños a Rusia, intentando presentar a Rusia como un potencial «invasor» de Ucrania, en un contexto en que en el Este del país y en la Península de Crimea, hay una significativa mayoría de habitantes ruso parlantes, con lazos históricos y culturales con Rusia, y que rechazan la deriva extremo derechista del gobierno de Kiev.
Las pruebas sobran. Una nota reciente del medio estadounidense «Newsweek» reconocía expresamente las relaciones y el perfil de estos grupos que en la práctica funcionan como aliados de la OTAN contra Rusia: «Un año después del 1/6, la guerra de Ucrania atrae a la extrema derecha estadounidense para luchar contra Rusia y entrenarse para la violencia en casa», haciendo referencia a los lazos con la extrema derecha estadounidense y el asalto al Capitolio en Washington a inicios del año pasado. El medio español Publico.es reconocía hace unos días («El polvorín neonazi en Ucrania»):
«Desde la revuelta de Maidan de 2014, el gobierno, el ejército y las fuerzas de seguridad han institucionalizado en sus filas antiguas milicias y batallones de voluntarios vinculados a la ideología neonazi», declaraba recientemente Kuzmenko a Newsweek, citando como ejemplo el Destacamento de Operaciones Especiales Azov, que fue establecido por el Ministerio del Interior de Ucrania en 2014, y transferido posteriormente a la Guardia Nacional (…) Ocho años después, mientras los enfrentamientos en la región del Donbass no han cesado, y a las puertas de un posible enfrentamiento entre Rusia y Ucrania con la OTAN de por medio, no todos los norteamericanos expertos en geopolítica han cerrado filas con su gobierno. Menos aún cuando la amenaza de la violencia y el terrorismo de la extrema derecha es considerada ya la principal amenaza interna del país.
No son pocos los grupos y activistas neonazis europeos y norteamericanos (también españoles) que han visitado Ucrania estos últimos años para hacer contactos o recibir entrenamiento paramilitar».
Sin embargo, los gobiernos de Estados Unidos y resto de integrantes de la OTAN siguen haciendo caso omiso de todo aquéllo, y los medios alineados con su geopolítica, vienen intensificando un conjunto de medidas económicas y militares en Ucrania y las zonas aledañas, como el estratégico Mar Negro, para reforzar la posición del gobierno de Ucrania y debilitar y asediar a las poblaciones pro rusas en Crimea y el Este de Ucrania, y también, directamente, a la Federación Rusa, cuya seguridad territorial se ve fuertemente amenazada con la posible entrada del gobierno ucraniano al pacto político-militar de la OTAN.