07.05.2010
Terrorismo de Estado en nombre de la paz
James Petras
Rebelión
La primera baja del terrorismo de Estado suele ser la corrupción del lenguaje, la invención de eufemismos mediante los cuales las palabras significan lo contrario y los eslóganes encubren delitos graves: Ya no existe consenso universal para condenar los crímenes contra la humanidad. Se debe a que los asesinatos y matanzas masivas garantizan la “confianza” del inversor, pues se despoja a los indígenas de sus tierras para que se puedan explotar las minas; desaparecen los trabajadores de las empresas petrolíferas para que el petróleo corra; y la prensa económica internacional elogia el éxito del Presidente en la “pacificación del país”.
Cuando los dirigentes de Europa y América del Norte abrazan a los narco-presidentes, queda de manifiesto que los delincuentes se han vuelto respetables y las personas respetables, delincuentes.
Pero en otras regiones otras voces han sentado en el banquillo a criminales de guerra del pasado y el presente. En Argentina, los generales responsables de los desaparecidos pasan sus últimos años de vida entre rejas. En España, Dubai y otros lugares se han emitido órdenes de detención contra mandos del ejército israelí. En Malasia, Tony Blair, cómplice de la guerra genocida de Bush en Iraq, debe eludir ser arrestado por los crímenes de guerra cometidos. Colombia, Estados Unidos e Israel, los epicentros del terrorismo de Estado, están solos en la Asamblea General de Naciones; condenados pero, todavía, no sometidos a juicio. Sus días de impunidad se acaban. Las guerras interminables, la corrupción galopante y las estafas económicas a gran escala (la podredumbre interna) están erosionando la fachada de su poderío militar.
Poniendo de manifiesto las mentiras que sustentan las maquinarias de matar, los escritores e intelectuales desempeñan un papel esencial en la aceleración de este proceso. Empecemos:
Las mentiras de nuestra época
La doctrina de seguridad democrática (ni democrática, ni para la seguridad personal):
La corrupción del lenguaje acompaña a todos y cada uno de los grandes delitos políticos. El concepto de “seguridad de la democracia” no es una excepción. En el contexto colombiano actual, asesinar a dirigentes de movimientos sociales para garantizar la reelección de un partido compuesto por asesinos políticos es democrático. “Seguridad” es el eufemismo para aludir a los cementerios clandestinos llenos de sepulturas sin lápida bajo las que hay personas sin nombre. La “libertad de los medios de comunicación” existe cuando proclaman solemnemente otro “triunfo militar importante”… la matanza de campesinos desarmados que estaban labrando sus tierras.
Los economistas son “expertos” cuando anuncian que la economía está creciendo… y sólo las personas sufren. Los políticos son “estadistas” cuando afirman ser “uno con el pueblo”… excepto con los 4 millones de desposeídos por la fuerza y los 300.000 familiares de los muertos y desaparecidos; los muertos y los desposeídos todavía tienen que apreciar a ese Uno que asegura ser tal “con el pueblo”.
Cuando el Presidente afirma que la guerra es la paz, que la militarización es seguridad y que las desigualdades son justicia social, sólo quienes no alcanzan a comprender estas Verdades Oficiales deben temer que llamen a su puerta a medianoche.
La definición oficial de terrorista
Se trata de una persona que no consigue comprender que la senda que conduce a la paz pasa por gastar miles de millones de dólares en aviones de guerra, helicópteros de combate, bases militares y en subcontratar a asesores militares y mercenarios.
Los enemigos de las conversaciones de paz
Según el Presidente, esos grupos de defensa de los derechos humanos que se oponen a la matanza de adversarios y proponen diálogo en lugar de monólogos son los enemigos de la paz; sólo los monólogos garantizan que haya una “verdad oficial”, y no otra.
El precio de la prosperidad
Según el Presidente y el Fondo Monetario Internacional (FMI), la pobreza, el desempleo y los salarios bajos son el precio de la democracia y la prosperidad… pero sólo si son los trabajadores y los campesinos quienes pagan el precio y los ricos los únicos que prosperan.
Una novedosa definición de Soberanía
Según el Presidente, la nueva definición de soberanía es ceder territorio a una potencia extranjera imperialista para que instale siete bases militares que actúen según su propio marco legislativo y ámbito de competencias. Soberanía equivale a ocupación extranjera.
La nueva definición de subversión
Según el Presidente, los acuerdos humanitarios y las iniciativas de paz son pretextos para la subversión; sus defensores saben de antemano que el Estado no los va a aceptar. En cambio, deshumanizar al enemigo y a los defensores de la paz facilita bombardear aldeas subversivas, los “auténticos” enemigos de la paz.
Sobre alabanzas y condenas
¿Qué dice de un Presidente el hecho de que todos los grupos y movimientos sociales que defienden los derechos humanos lo condenen, y que toda la prensa económica y las instituciones militares lo elogien?
Un Presidente con récords mundiales
No cabe duda de que el Presidente Uribe ingresará en el Libro Guinness de los Récords.
El Presidente cuenta con el respaldo de más narco-diputados que cualquier otro Presidente o Primer Ministro del mundo (incluida Afganistán).
El Presidente es responsable del desplazamiento de más personas (4 millones de refugiados) en el plazo más breve (8 años) que cualquier otro Presidente del mundo. (Ha desbancado a Israel en su medio siglo).
El Presidente ha autorizado la instalación de más bases militares estadounidenses que todos los presidentes latinoamericanos juntos. El Presidente es responsable de la matanza de más militantes y dirigentes sindicales que cualquier otro líder mundial (1.500). Por cada primer puesto en muerte y usurpación, el Presidente Uribe merece un nuevo galardón, un premio Innoble.
Pero no es el único. Tres presidentes estadounidenses, tanto demócratas como republicanos (Clinton, Bush y Obama), han suministrado armamento y centenares de asesores por valor de miles de millones de dólares para financiar a 30.000 narco-miembros de escuadrones de la muerte y 300.000 soldados, que desempeñan un papel fundamental en la obtención de los “récords mundiales” de Uribe.
Recordemos y castiguemos los crímenes contra la humanidad del pasado y del presente, pero tomemos la delantera en la búsqueda del diálogo entre quienes están dispuestos a mantenerlo, porque constituyen una mayoría que cree en la paz a través de la justicia.
Traducido para Rebelión por Ricardo García Pérez
Cuando Vicente Fox entregó de manera furtiva a Calderón ese poder del que tanto abusara, no quedaba duda de que, como secuela de la fraudulenta coyuntura que lo instaló en Los Pinos, el sucesor espurio persistiría en la imagen tiesa y recalcitrante, porfiada y admonitoria de su antecesor, y que profundizaría el carácter ultraconservador y la mano dura de un régimen ramplón apoyado por el gran capital y los poderes fácticos.
En ese contexto, en forma paulatina se fueron vislumbrando tres de los factores que Nicos Poulantzas detectó como síntomas indicativos de todo proceso de fascistización: la radicalización de los partidos burgueses hacia formas de Estado de excepción; una distorsión característica entre poder formal y poder real, y, por último, la ruptura del vínculo representante-representados (Fascismo y dictadura, Siglo XXI, Buenos Aires, 1975, págs. 75 y 76).
En el primero de esos rubros, cabe señalar que el proceso mexicano, aunque acelerado, ha ido cumpliendo diversas etapas de desarrollo. No se adoptaron, ni se adoptan aún, de modo directo, disposiciones inherentes a un régimen de excepción, sino que más bien se eligieron normas excepcionales, más o menos previstas por el texto constitucional o sujetas a
interpretaciones, tratando en primer término de convertirlas en aceptada rutina, para luego propugnar leyes que las incorporasen en forma permanente al aparato represivo del Estado. Verbigracia, las contrarreformas calderonistas en materia laboral, de seguridad nacional e interior (incluido el fuero castrense), y la ley federal de telecomunicaciones y contenidos audiovisuales. De modo que, en síntesis, el proceso fue éste. Primero: introducir de facto la excepción. Segundo: convertirla en rutina. Tercero: transformarla en regla.
El segundo índice, la distorsión característica entre poder formal y poder real, apareció en algunos enfrentamientos vinculados con grupos monopólicos (con Carlos Slim, en particular) y otros en materia de seguridad que involucraron a sectores de poder, como el caso Martí y, más recientemente, el asesinato por el Ejército de dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey. En cuanto al tercer ítem (ruptura del vínculo representantes-representados), a la larga zaga heredada de sus antecesores neoliberales, puede resultar ejemplarizante el manejo de la recesión económica y de la crisis de la influenza A/H1N1, así como el decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro.
Tal vez donde pueda reconocerse una diferencia neta entre las formas de los fascismos europeos clásicos y ésta de aquí, tan peculiar y pedestre, sea en aquel rasgo que Gramsci denominaba
Desde un principio, Calderón ha intentado transformar el miedo en una modalidad de control social. Convirtió el estado de derecho en estado de desecho. Directa o indirectamente, su régimen ha propiciado el terror y no ha vacilado en usarlo (incluso contra jóvenes considerados
Visto así, en el marco de la ley sobre la
equilibrio catastrófico, ya que el signo clave del México actual es más bien un catastrófico desequilibrio. Es sabido que todo régimen de excepción se origina en una crisis política o en una crisis ideológica, o en ambas a la vez. Pues bien: aun desde su muy reaccionario punto de vista, ¿qué soluciones o atisbos de soluciones ha aportado el mandamás de turno a tales crisis? El saldo exhibe la coherencia de Calderón con su condición de clase: monólogos autoritarios, agresivos desplantes provocadores, siembra de miedos y odios, cacería de brujas, actitudes antiobreras, embestidas antipopulares de corte castrense y un largo etcétera, combinado todo eso con una total sumisión a Washington. Es decir, su extremado rigor hacia dentro se transforma hacia fuera en bochornosa obsecuencia convenenciera.
Desde un principio, Calderón ha intentado transformar el miedo en una modalidad de control social. Convirtió el estado de derecho en estado de desecho. Directa o indirectamente, su régimen ha propiciado el terror y no ha vacilado en usarlo (incluso contra jóvenes considerados
desechablesy niños que son asesinados en retenes castrenses, y luego refuncionalizados, con fines de propaganda exculpadora, como
daños colaterales) como elemento de presión constante y dura persuasión. Problemas de
percepción, diría el señor Presidente. Asimismo, de la mano de un fascismo furtivo reaparecieron la tortura sistemática, las ejecuciones sumarias extrajudiciales, las desapariciones forzosas, los allanamientos sin orden judicial. A ello se suman la punitiva obsesión normativa de Calderón en desmedro de las libertadas ciudadanas y el estruendo de una
guerraque sirve para encubrir el desastre económico y social.
Visto así, en el marco de la ley sobre la
afectación de la seguridad interior, que busca legalizar la presencia de los militares en las calles y el uso de la
violencia buenasin que tengan que sujetarse a tribunales penales civiles en caso de violaciones a los derechos humanos, la alternativa, de conseguir finalmente ese adefesio aval parlamentario, es cada vez más clara: o coincidimos ideológicamente con el régimen (lo que significa coincidir con la clase dominante que él representa y, por tanto, admitir que nos domine) o incurriremos en ese novísimo estado de peligrosidad o
afectación, según la última palabra en materia de aberraciones jurídicas. Por ese camino, a poco de andar, sólo tendremos derecho a los monólogos del señor Presidente. Pero a diferencia del otro monologuista famoso, el príncipe de Dinamarca, Calderón no nos pondrá ante el dilema de ser o no ser. Sencillamente nos ordenará no ser. Porque, como se sabe, el ser ha significado, en todas las épocas, un estado de peligrosidad.