17.9.21

Proceso: Las transiciones fallidas

Ricardo Ravelo


Leí con sentimiento la carta del periodista Alejandro Caballero tras despedirse de la revista Proceso, a la que dedicó más de 21 años de su vida como reportero, primero, y responsable de la página web, después.

Con lujo de detalles, denuncia una larga cadena de abusos, injusticias, excesos, yerros y desatinos que, dice, postraron a la revista en una crisis financiera pero, sobre todo, editorial tras el arribo de Jorge Carrasco a la dirección del semanario.

Para quienes fuimos parte del semanario quizá nada de lo que expone Caballero sea desconocido. Estos graves problemas en el trato laboral y humano se empezaron a notar tras la muerte de Don Julio Scherer García, en el año 2015. Antes de su deceso, él siempre estuvo atento a que ninguna injusticia se cometiera, aunque el caso de Francisco Ortiz Pinchetti, despedido injustamente en el año 2000, fue una excepción bastante cuestionable. Don Julio, quien siempre dijo admirar a Ortiz por su trabajo excepcional, lo abandonó a su suerte. Luego sobrevinieron las venganzas, inevitables tras el pleito que causó su despido.

En el año de 1996, fiel a un acuerdo establecido, dejaron la revista Julio Scherer, Vicente Leñero y Enrique Maza, los fundadores; ahí empezó a tejerse la desgracia que hoy enfrenta la revista. Scherer no quiso nombrar, de inmediato, un director que lo sustituyera. Dejó que brotara la crisis.

No se sabe si algún resorte emocional inconsciente hizo sentir a Scherer insustituible en la dirección de Proceso, pero en vez de nombrar a un director optó por crear un equipo editorial integrado por Carlos Puig, Gerardo Galarza, Salvador Corro y Francisco Ortiz que operaba en coordinación con Rodríguez Castañeda. Siempre llamó la atención que Scherer no hubiera nombrado un director editorial, preparado con anticipación.

El ensayo no funcionó. Pronto empezaron a notarse las deficiencias, no obstante la calidad periodística de sus miembros. El resultado: Bajó la calidad informativa, algunas portadas no se sostenían con la fuerza periodística necesaria y surgieron diferencias; el relajamiento en la cobertura de fuentes empezó a ser evidente y Rodríguez Castañeda, con frecuencia, se quejaba respecto de problemas para cerrar una edición contundente con una portada excepcional. Había un declive. Los lectores notaron este “bajón” en Proceso, aunque adentro de Proceso –como es costumbre –nunca se reconoció.

Esto tenía una explicación: Las piezas centrales de la revista ocupaban la mayor parte del tiempo en “grillar” para llegar a la dirección. Marín y Castañeda, enfrascados en esa pelea de poder, se dedicaban a buscar aliados en la redacción y a presionar a Scherer para que tomara una decisión para nombrar un director. En medio del trabajo editorial hubo decenas de reuniones para debatir la necesidad urgente de que el presidente del Consejo de Administración nombrara a su sustituto.

Cuando caminaba por la redacción y se le preguntaba cómo estaban las cosas, Rodríguez Castañeda siempre decía –y no estaba equivocado– que Proceso necesitaba un mínimo de dirección, ya que –decía– la revista no podía seguir en el desorden. La lucha por el poder fue desgastante en más de un sentido. La redacción se dividió. Unos reporteros estaban con Carlos Marín, otros con Rodríguez Castañeda. La pugna crecía cada vez más y una atmósfera de incertidumbre invadía a todos los reporteros, el barco a la deriva.

En marzo de 1999 –dos años y cuatro meses después de que Scherer se había “retirado” de Proceso– las cosas empezaron a definirse, después de una crisis que él mismo dejó crecer. Rafael Rodríguez Castañeda fue nombrado director, pero sobrevino el rompimiento: Carlos Marín renunció a su cargo, lo secundó Froylán López Narváez, quien, dolido por la decisión, dijo: “Yo renuncio y denuncio”. No dijo nada. Sólo fue amenaza. Ambos cobraron una liquidación cuantiosa, dejando a Proceso en crisis. Con Marín se fueron algunos reporteros aliados suyos que luego tuvieron cabida en Milenio, por suerte.

Todavía recuerdo la cara de felicidad de Rodríguez Castañeda y su frase minutos después de su nombramiento: “Será para bien”, dijo, mientras se paseaba por la redacción de la revista saludando y abrazando a los reporteros.

En estricto sentido, Julio Scherer nunca se retiró de la revista. Nombró a Rodríguez Castañeda pero se volvió una sombra para él. Frecuentemente visitaba las instalaciones de Proceso, saludaba a los reporteros y se reunía con Rodríguez Castañeda para delinear temas, hablar del país, sugerir enfoques, asuntos, entre otras cosas. Esto quizá incomodaba al nuevo director, pero también ayudaba en la buena marcha de la revista. Era una autoridad moral y se le veía como el padre de una familia que, él mismo, asumía porque, ante cualquier riesgo, acudíamos a Scherer.

Todas las portadas eran cuestionadas por Don Julio, implacable en la crítica, punzante en la crítica. Scherer hablaba con los reporteros, les preguntaba cómo se sentían, qué estaban haciendo, en qué asuntos estaban trabajando, en fin, nunca edificó murallas de silencio, jamás se negó a hablar con los reporteros que buscaban para aclarar dudas o comentar chismes con él. Fue un hombre abierto para todos.

Tras la muerte de Don Julio –que todos lamentamos todavía– las cosas empezaron a cambiar, pero para mal. Comenzaron las injusticias laborales, el mal trato en algunos casos, algunos despidos fueron calificados como injustos y, paulatinamente, la parte editorial empezó a mermar. El rigor se había relajado. La revista se sostenía sólo en los anclajes de su historia, pero ese recurso se agotó. El archivo –por cierto muy rico– también lo agotaron en publicaciones de números especiales y libros. Todo se ceñía a una historia de gloria, pero hacia adelante no había nuevos temas. La pasión estaba agotada, muerta la cabeza de una dirección sin ímpetu. Ya no se podía vivir del pasado.

Como director, Rafael Rodríguez Castañeda no aprendió de su pasado y repitió el error de Scherer. Él mismo sabe que cuando fue nombrado director la revista recobró el rumbo perdido en aquel 1999. Cuando tomó la dirección se dijo que las finanzas estaban en números rojos. Y salió adelante porque tuvo un acierto: se hizo de un equipo. Tenía a su alrededor a Antonio Jáquez Enríquez, un extraordinario periodista lagunero como asesor; luego nombró a Salvador Corro, leal en todo momento; contaba con grupo de reporteros que siempre le salvaban la portada de cada semana. Había uno que otro consentido y becados que le daban más dolores de cabeza que satisfacciones. Pero en lo general siempre tuvo la lluvia de ideas y las propuestas informativas necesarias para sacar adelante la edición semanal, algo indispensable para un director.

Luego vino la siguiente transición en medio de una crisis económica y editorial. Rodríguez Castañeda seguía al frente de Proceso. Más de una voz le insistió en que era tiempo de retirarse, a punto de cumplir dos décadas en la dirección. Desoyó la sugerencia. En algún momento había pensado en irse dejando finanzas sanas y un semanario firme en lo editorial, pero se tardó demasiado, a mi ver. Sería injusto decir que toda la culpa de este debacle es suya. Hay otras razones: Una serie de factores –nuevos medios digitales mejor dotados de recursos, el anclaje de Proceso a un romanticismo periodístico insostenible e inexistente, la resistencia a dar el paso a lo digital, entre otros– sumieron a la revista en la crisis editorial que actualmente padece.

Tengo la certeza de que Jorge Carrasco, el actual director de Proceso, no era la carta fuerte de Rodríguez Castañeda para suplirlo. A pesar de la situación crítica, se negó, en más de una ocasión, a dejar la dirección pese a que su posición ya era insostenible. Quizá también, como Scherer, se sintió insustituible.

Presionado por las circunstancias y por la familia Scherer, finalmente dejó la dirección y le pasaron la estafeta a Carrasco que, se asegura, había sido recomendado por Don Julio Scherer antes de morir. La familia quiso respetar esa decisión del fundador de Proceso, se ignoran las razones. ¿Se equivocó Don Julio Scherer como lo hizo en Excélsior con Regino Díaz Redondo? Ya veremos. ¿A quién hubiera nombrado Rodríguez Castañeda? A uno de sus exalumnos para él continuar al frente?

Lo que actualmente está ocurriendo en el semanario, con el respeto que en lo personal me merece la carta de Alejandro Caballero, no es culpa de Jorge Carrasco: es consecuencia de una larga cadena de yerros y desatinos que, actualmente, desembocan en una crisis muy grave.

Con respecto a ti, Caballero, gran periodista y la carta, opino: Coincido en buena parte con tu misiva. Admiro tu decisión de decirlo. Lo aplaudo. Ese fue el ejemplo del maestro Don Julio Scherer. Con esa libertad te digo: Las injusticias privan en todos los medios de comunicación. Hay luchas de poder, muertos y heridos. Pero cuando el reportero sabe lo que es ningún agravio daña. Lo que duele es el ego. Lo más profundo jamás duele. Se lastima la imagen que hemos construido, lo falso, lo que creemos que somos, nunca lo que somos.

Ahora, sí es muy cuestionable la posición de Jorge Carrasco, sobre todo cuando dijo que iba a honrar la historia de Proceso y a seguir el ejemplo de Julio Scherer. Creo que se equivoca. En esa historia de gloria hay cosas rescatables, pero no se pueden repetir los errores, que no fueron pocos.

El actual Proceso jamás podrá volver a ser lo que fue con Scherer ni con Rodríguez Castañeda, en su etapa previa a la muerte de Scherer. No se puede seguir viviendo del pasado. Aquello ya fue. Lo que continúa jamás se renueva. Algo debe morir para volver a surgir. Y este es el proceso que debe seguir Proceso: morir para ser otra cosa.

Lo que surja de esos escombros o lo que quede estará en la justa medida de lo que son sus actuales directivos en lo moral, ético y profesional. Es otra generación, otra visión de las cosas. Lo otro ha muerto. Ojalá lo entiendan algún día. No es posible ser el pasado y el presente al mismo tiempo.

En esta nueva etapa de Proceso seguramente se sumarán más errores. Los aprendizajes son dolorosos y cuestan muy caro. Carrasco y su equipo se tendrán que seguir equivocando una y otra vez para construirse. No hay otro camino. Es el costo histórico de no haber preparado a un director para tamaño reto. Y aquí los responsables son Julio Scherer y Rafael Rodríguez Castañeda. La soberbia está cobrando la factura y hay que pagarla. A Carrasco le entregaron una revista en crisis financiera y editorial, a la que se suma lo ético y moral. En esto hay que recomponer el camino. La apuesta es dejar de mirar al pasado –eso está muerto– y seguir adelante con lo que se disponga y hasta donde tope.

Siempre se dijo que Scherer se llevaría a Proceso a la tumba. Eso es retórica. Scherer está muerto. Ya fue. Proceso, pese a todo, tiene vida.

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Carta íntegra de la renuncia de Alejandro Caballero

Mi adiós a Proceso

Este día recibí mi finiquito conforme a la ley. Ni un centavo más ni un centavo menos. Termina así mi relación laboral con la revista Proceso a la que ingresé el uno de enero de 1995 en una primera y breve estancia de un año y siete meses y a la que regresé el uno de enero del 2000 para prolongar mi estadía en esta querida casa editorial por 21 años y 8 meses.

De mi paso por Proceso me llevo en el corazón el afecto y la confianza que desde el primer día que lo conocí depositó en mi don Julio Scherer García, así como las inolvidables e incontables lecciones profesionales y de vida que tuvo a bien compartir conmigo. Le correspondí, queriéndolo siempre, hasta donde mis capacidades dieron. Cómo se le extraña. Cómo hace falta.

Agradezco a Rafael Rodríguez Castañeda el apoyo que me brindó sin regateo alguno en todas las encomiendas laborales en las que sintió que mis conocimientos y experiencia podían ser útiles a la empresa. Fue mi maestro en tareas de edición y definición de portadas, al fin periodista cabal de los que no abundan.

Me voy, sin embargo, alarmado por el rumbo que ha tomado la empresa que edita Proceso desde que en enero del 2020 se definieron nuevos mandos. Un acelerado desprestigio, una derechización de su línea editorial y una crisis económica de la que no se informa a los trabajadores, tienen a Proceso en quizá la más delicada situación desde que se fundó en 1976.

La orientación periodística e ideológica impuesta por los actuales mandos al semanario y que se refleja también en la página web, ya tiene sus consecuencias: una dramática caída en la venta de ejemplares, un derrumbe en las suscripciones y una caída preocupante en las visitas al espacio digital.

Alerté a tiempo, a quienes tomaron la decisión de nombrar a Jorge Carrasco como el nuevo director, de los riesgos que implicaría esa designación. Un reportero gris, conservador, apenas conocido en las fuentes castrences y judiciales, sin mayor experiencia en tareas de dirección, en definición de portadas, cabeceo y línea editorial, ha logrado en apenas unos meses que a Proceso se le haya perdido el respeto y se le considere una especie de encarte dominical del periódico Reforma.

Su más reciente desatino: asociarse en defensa de la “libertad de expresión” y del gremio periodístico, entre otros, con medios tan desprestigiados como El Universal de Juan Francisco Healy Ortiz, los Soles y Grupo Imagen, propiedad de miembros de la familia Vázquez Raña, y el portal politico.mx, ligado a Ricardo Salinas Pliego, quien por cierto tiene demandado a Proceso.

Debo reconocer que el desastre que avizoré con el arribo de Carrasco a la dirección se quedó corto. No sólo se ha derechizado la línea editorial del semanario y su página web, sino que se ha perseguido y hostigado a quienes hemos criticado su arribo a la dirección. El actual es un Proceso opuesto al que nos legaron Don Julio y Rafael, pero a tono con el tamaño de sus nuevos mandos: hacia adentro maltrato laboral y hacia fuera alianza con medios que lo último que hacen es respetar a sus trabajadores.

Pero el error en la designación de Carrasco no ha sido el único. El autonombramiento de Santiago Igartúa como jefe de la página digital es igual de grave. Su historial laboral es un insulto para la revista. Ingresó a Proceso desplazando sin pudor alguno a quien cumplía las labores de corresponsal en Argentina y de ahí paso a la redacción nacional del semanario con el puesto de reportero, en donde se distinguió, no por sus textos, sino por cobrar sin trabajar. Con estos antecedentes, Igartúa se autoascendió a labores de mando en la página web de donde con el mayor de los desaseos e incluso de manera cobarde, mientras me encontraba de vacaciones, sin aviso alguno, se me desplazó de mis funciones.

La página que llegó a estar por meses en el top ten de Comscore, no ha podido recuperar la visibilidad que tuvo. Aún en tiempos de pandemia en que los ciudadanos se volcaron a los medios digitales, la página de Proceso no pudo repuntar. Por si fuera poco los números recientes de visitas señalan un declive preocupante.

Tanto el portal como la revista han perdido credibilidad y en el caso del primero hasta seriedad y no se diga oportunidad noticiosa, todo ello, responsabilidad única de quien opera bajo el autonombramiento de jefe. Con el caso de Santiago Igartúa se confirma que la honestidad y el talento no se heredan.

Los agravios que recibí desde la cúpula y que incluyeron marginarme de cualquier toma de decisiones y en el absurdo cambiar mi escritorio por uno más pequeño y borrarme del directorio por más de un año, lamentablemente no han sido los únicos. El Proceso que privilegiaba las relaciones humanas, factor que lo distinguía de cualquier otra empresa periodística, se esfumó con la llegada de Carrasco e Igartúa.

Me refiero, por ejemplo, a como sin consideración alguna se despidió a corresponsales en el extranjero y a colaboradores de la sección de análisis.

Imperdonable también fue el maltrato, incluso hasta horas antes de su muerte, que tuvieron para con Marco Antonio Cruz, en su calidad de coordinador de fotografía. Sólo doy dos datos, podría ofrecer más. Sin consultarlo, Carrasco contrató a la agencia  Cuartoscuro para nutrir de fotografías a Proceso, algo a lo que siempre se opuso don Julio; Igartúa, también sin consultarlo, designó a un integrante del cuerpo de fotógrafos para tareas en la página digital.

Tengo la certeza de que los nuevos mandos se enteraron de la estatura profesional del querido Marco cuando leyeron los entrañables textos póstumos que amigos y compañeros le dedicaron en Proceso. Desde los puestos de dirección, en vida se le ofendió, a su muerte se le elogió.

Carrasco también fue incapaz de retener a periodistas talentosos como Álvaro Delgado o al monero Hernández, quien junto con Helguera, había recuperado para Proceso el atractivo de su última página.

Las malhadadas decisiones en la empresa continuaron nombrando a José Gil Olmos como jefe de información. Lo peor que le puede pasar a un trabajador es que designen como su jefe a un inepto. Incapaz de argumentar una orden de trabajo, negado para idear un reportaje, torpe para redactar un párrafo sin incurrir en problemas de sintaxis y faltas de ortografía, se le dio una autoridad que, por obvias razones, no se respeta.

En las manos de este trío sin luces está el indigno presente y el nebuloso futuro del querido Proceso. Desprestigiado, inmerso en una crisis editorial y financiera, no se vislumbra mejora. Cómo estarán de podridas las aguas entre los nuevos mandos que las apuestas que corren es sobre cuánto tardará Igartúa en deshacerse de Carrasco.

Proceso, cuyas principales hazañas las dio desnudando corruptelas y enfrentando a gobiernos y empresarios censores, hoy se hunde por los desatinos de un trio que no se sabe la música.

Amigos y compañeros procesianos, cuando regresé a Fresas 13 en el año 2000 pensé que esta entrañable casa editorial sería mi última morada. Me despido con el aprecio y reconocimiento a su trabajo. Sin ustedes Proceso difícilmente sobrevivirá, con los actuales mandos el Proceso que edificó don Julio se evapora semana tras semana.

Ojalá estas líneas fueran producto de un arrebato, el guion de un mal sueño, las notas de una fallida melodía…

Los abrazo

2.9.21

3 años de AMLO: Estado regresa a su función social

Zósimo Camacho

A mitad de su sexenio, AMLO ha regresado su función social al Estado mexicano, pero la transformación avanza de manera desigual. Mejor distribución del ingreso, combate a la corrupción y más soberanía frente a Estados Unidos; pero límites en la independencia económica, titubeos en la reforma fiscal y postergación de la justicia política para los pueblos indígenas. Especialistas advierten una segunda mitad con récords en crecimiento de la economía pero mayor confrontación: la oposición de derecha buscará golpear desde tres frentes: el Poder Judicial, el sector financiero y organismos extranjeros o internacionales

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador llega a la mitad de su periodo y ya puede presumir un nuevo rostro del Estado mexicano. Incompleta la transformación aún y con largo trecho por recorrer, pero las bases de su proyecto se han asentado. Especialistas en ciencia política, economía y geopolítica consultados por Contralínea coinciden en que el logro más visible es haberle devuelto al Estado mexicano su “función social”.

Por separado, señalan que ahora el Estado mexicano tutela una mejor distribución del ingreso, la justicia económica y social y la procuración –para toda la población– de derechos básicos, como la alimentación, la salud y la educación. Pero reconocen que el neoliberalismo sigue vigente y los grupos de interés no han sido desplazados totalmente de las estructuras del sistema político mexicano.

Para algunos, es un asunto de tiempo, pues 3 años no pueden sustituir casi 40 años de neoliberalismo. Para otros, se trata de una imposibilidad ante la sujeción económica que ejerce Estados Unidos y a que el obradorismo tampoco tiene como propósito emprender una trasformación más radical, a semejanza de la impulsada por gobiernos de América del Sur a principios de siglo.

Todos señalan, sin embargo, que con la continuidad de las actuales políticas México podrá crecer a tasas del 6.6 por ciento en los próximos años, similares a las del periodo llamado Milagro Mexicano (1940-1970), y muy por encima del raquítico 2 por ciento del periodo formalmente neoliberal (1982-2018).

A mitad del sexenio, el gobierno de López Obrador consumó 55 reformas constitucionales, a leyes federales y a leyes secundarias. En número son inferiores a las concretadas por Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto en sus respectivas primeras mitades de periodo, pero son de otro calado, explican. Otorgan más derechos económicos, políticos y sociales y ordenan una planificación estratégica de la economía.

Otras resultan polémicas, como la de creación de la Guardia Nacional como nueva Fuerza Armada y las que otorgan más facultades en seguridad pública y en aspectos económicos a las Secretarías de la Defensa Nacional (Sedena) y de Marina (Semar).

Y otras han quedado pendientes, entre ellas de carácter fiscal, financiero y económico que deberían consolidar una mejor distribución del ingreso, que paguen más impuestos los que más riqueza concentran y se regulen, entre otros, los servicios de la banca privada. Una más ha quedado rezagada y, al parecer, en confrontación con la “cuarta transformación”, o 4T, del país: la de derechos y cultura indígenas, que recuperaría los Acuerdos de San Andrés y reconocería la autonomía de los pueblos, tribus y naciones originarias para decidir sobre sus territorios y recursos.

La apuesta por el Estado de bienestar

La primera mitad del sexenio de López Obrador estuvo atravesada por varios procesos, observa Aníbal García Fernández, investigador del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag). Dos de ellos de carácter internacional: la pandemia de Covid-19 y la crisis internacional del capitalismo que viene profundizándose desde 2008.

En la parte nacional, López Obrador goza de legitimidad social. Según las encuestas, cuenta una aprobación superior al 60 por ciento, algo que a la mitad de los sexenios anteriores ningún presidente había tenido, observa el académico. Sí hay un desgaste, como ha reconocido el propio presidente, pero sigue contando con legitimidad social.

Adscrito al Observatorio Lawfare del Celag, García Fernández señala que son evidentes los cambios con respecto de las administraciones anteriores. Se han concretado reformas de carácter social que intentan darle otro cariz y otra perspectiva al Estado mexicano: en materia de hidrocarburos, electricidad, para el combate a la corrupción, para transformar la Fiscalía General de la República (FGR) y leyes secundarias para favorecer la democracia participativa, con figuras como la consulta ciudadana y la revocación del mandato.

Además, en materia de contención de la violencia, se creó la Guardia Nacional y está desplegándose en el territorio nacional con sus propios cuarteles. “Pero no basta para detener esta espiral de violencia que viene desde [Felipe] Calderón [2006-2012]”. Se avanza pero falta todavía bastante. Se ha criticado el proceso de militarización, “pero no se puede eliminar de un plumazo que los militares se encarguen de la seguridad pública en tanto no haya una policía preparada y con capacidad de despliegue nacional”.

Georgette Ramírez Kuri, investigadora invitada en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad de Buenos Aires (Argentina), señala que el gobierno de López Obrador, a 3 años de iniciado, regresó la función social al Estado mexicano. Considera que, en términos generales, es esa la gran diferencia con los anteriores gobiernos neoliberales “que robaron a las clases trabajadoras”.

Tal despojo se ejecutó en los sexenios pasados a través de una sistemática reducción de los salarios y el recorte al gasto público. Todo, en detrimento del acceso de la mayoría de la sociedad mexicana a la vivienda, salud, educación.

Maestra y doctorante en estudios latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ramírez Kuri observa que el Estado comienza a hacerse cargo de nueva cuenta de la economía y de la redistribución de la riqueza.

El doctor en economía y maestro en ciencias económicas Ernesto Bravo Benítez está de acuerdo en que lo que más ha caracterizado al gobierno de López Obrador ha sido “la parte social”. Señala que “los programas de atención a los grupos marginados han sido el eje rector en unión con principios de austeridad fiscal”.

A este respecto, celebra los esfuerzos en la redistribución del ingreso pero recomienda ser “más proactivos en la parte económica más allá de los grandes proyectos de inversión que este gobierno está impulsando”. Por ello, en la segunda mitad del sexenio se debe aprovechar la oportunidad “de apuntalar económicamente a sectores que históricamente han estado desatendidos” y en los que se debe invertir no sólo con programas sociales sino con infraestructura.

“Es necesario redoblar el esfuerzo, más allá de los programas; también es necesario crear puertos, infraestructura carretera y aeroportuaria; y no concentrar todo el esfuerzo en los estados del sur y del sureste, pues se debe atender también la parte centro y la parte noroeste del país, que también falta equiparla de manera importante”.

El investigador en estudios hacendarios y del sector público del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM advierte que el neoliberalismo en México no ha terminado, pues se impuso durante una etapa de casi 4 décadas. Esta forma de concebir el proceso económico se institucionalizó y, por ello, es complejo cambiarlo en una sola administración. El gobierno de López Obrador ya ha impulsado cambios importantes, pero sigue incrustado en áreas del quehacer económico, señala.

“La nueva administración va a medio camino y se va a llevar todavía lo que resta del sexenio para modificar inercias institucionales y pasar a una etapa post-neoliberal de impulso al desarrollo económico del país.”

Algunos cambios, inmediatos; pero el proyecto es a largo plazo

La determinación política de transformar al Estado se observa con claridad en los sectores estratégicos de México, como el energético y el de infraestructura, considera Ramírez Kuri.

Con estudios de geografía crítica en la Universidad de Sao Paulo y de geopolítica en la Universidad Estatal de Río de Janeiro (de Brasil ambas instituciones),  señala que el gobierno actual ha dado giros claros con respecto de lo que se hizo en los gobiernos anteriores. Ejemplifica con los esfuerzos por fortalecer las empresas estatales que, reconoce, son muy pocas luego de casi 4 décadas de neoliberalismo.

La reforma energética y la política aplicada por el obradorismo en 3 años son diametralmente opuestas a las seguidas entre 1982 y 2018. Mientras que en los sexenios pasados estaba encaminada a desmantelar Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE),  ahora se trata de fortalecerlas.

Explica que el petróleo y la electricidad son dos rubros estratégicos para cualquier economía del mundo y observa que el gobierno de la 4T “sí ha implementado una serie de decisiones políticas encaminadas a que estas empresas tengan un mejor posicionamiento dentro del mercado y puedan tener mayor competencia en el mercado internacional, por ejemplo”.

Claro, señala, faltan muchas reformas y cambios “y sería deseable que se profundizaran algunos de los que se empezaron ya a trazar. En 3 años de gobierno no puedes tirar 3 décadas de avance neoliberal.”

Considera que, en sentido contrario a lo que dice la oposición sobre que este gobierno improvisa, “yo veo todo lo contrario”. Explica que bajo el neoliberalismo no se planificaba, “más bien se dejaba pasar”. El gobierno era de lo más laxo con tal de no afectar los intereses de los grandes capitalistas. Ahora hay una serie de estrategias en las que basa sus acciones y sus decisiones de política en los diferentes ámbitos: político, geopolítico, económico y social.

“Sí veo que se están tratando de articular estas dimensiones lo mejor posible; hay muchísimos especialistas que están ocupando cargos. Contrario a lo que dice la oposición, la cuarta transformación no está centralizada en una figura. Sí hay gente muy capaz que está puesta estratégicamente en cada una de las secretarías, en cada uno de los niveles de gobierno.”

Reconoce, sin embargo, que sigue habiendo muchos errores al interior del gobierno. Hay personas que provienen de otros partidos políticos y, por lo tanto, mantienen otras prácticas, otras formas de hacer política. “Pero eso me parece que está cambiando y tiene que seguir cambiando”.

La planeación estratégica también se refleja “en la complejidad de los proyectos de infraestructura para la integración territorial, en los programas para fortalecer las empresas estatales, en la reestructuración al interior de las Fuerzas Armadas. Se puede ver que al menos hay un cambio en la intención y objetivos. Que esos proyectos logren concretarse, ese es otro problema”.

Georgette Ramírez Kuri agrega que uno de los grandes esfuerzos es la captación de ingresos fiscales; por ello ha logrado una recuperación millonaria que regresa al erario y que se redistribuye entre la sociedad mexicana.

También hay esfuerzos muy importantes para regularizar los salarios, observa. Es una política integral que busca incrementar de manera sostenida el salario mínimo por encima de la inflación y regularizar la subcontratación u outsourcing. Al mismo tiempo, hay esfuerzos por regularizar los empleos y por incrementarlos para dinamizar el mercado interno.

Lo anterior va de la mano con la promoción de los derechos laborales y el mejoramiento del nivel de vida de los trabajadores, como el derecho a la vivienda. Ramírez Kuri ejemplifica con los créditos del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) que, con bajas tasas de interés, se busca que nuevamente el acceso a las viviendas por parte de las clases trabajadoras sea mayor.

Por su parte, el experto en economía financiera Ernesto Bravo Benítez destaca que en materia económica “hay cambios importantes” en 3 años de gobierno. Explica que alcanzan no sólo a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y a la de Economía, sino al propio Banco de México (Banxico) a pesar de ser un organismo autónomo de la administración pública federal. Cita como ejemplo que el actual gobernador, Alejandro Díaz de León, haya estado de acuerdo en utilizar el recurso del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el manejo de la deuda. “Esta actitud de quién gobierna un ente autónomo tan importante como el Banco de México no se hubiera entendido en un contexto anterior.”

A esto se suman medidas como la de la autonomía para la FGR, la transparencia que en la administración pública federal y una firme política tributaria desde el Servicio de Administración Tributaria (SAT) y la SHCP para captar recursos de los grandes contribuyentes que durante muchos años fueron consentidos fiscalmente. Además, la incorporación ˝eficiente” de las Fuerzas Armadas no sólo a labores de seguridad sino aquellas que tienen un impacto económico.

Multilateralismo y tensiones con EU

Especialista en geopolítica latinoamericana, Gerogette Ramírez observa que la diplomacia mexicana dejó de ser un medio de los funcionarios para seguir enriqueciéndose. Hoy se ve más claramente apegada a la Doctrina Estrada y dejó de favorecer intereses extranjeros en México o intereses de determinados mexicanos en el extranjero.

El papel que está desempeñando ahora la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) es “muy relevante” en varios sentidos. Primero, porque retoma el multilateralismo. Es decir, “a pesar de nuestra vecindad con Estados Unidos, a pesar de tener un 80 por ciento de actividad comercial con ese país y del problema que existe en las fronteras norte y sur por el flujo migratorio desde Centroamérica, sí se ha podido marcar una serie de límites a Estados Unidos”.

Observa “una fuerte intención” por parte del gobierno mexicano de acordar una agenda bilateral en común. México ahora está poniendo sobre la mesa cuáles son sus intereses y a partir de ellos negociar con Estados Unidos. “Y ver cuáles son los intereses que tienen en común ambos países para, entonces, acordar una agenda”.

La nueva relación se construye también con el Tratado de Libre Comercio México, Estados Unidos y Canadá (Tmec), pues México pugnó siempre por el aspecto laboral, es decir, “defender los derechos laborales de los trabajadores mexicanos; ése había sido un tema ríspido en esas negociaciones”.

Otro aspecto a destacarse de la negociación económica México-Estados Unidos es el relanzamiento del Diálogo Económico de Alto Nivel. Tal instrumento había estado suspendido algunos años y nada se hacía para equilibrar en la relación las asimetrías y la desigualdad que existe entre países como México, Estados Unidos y Canadá.

Ramírez Kuri explica que el nuevo papel de México es benéfico para los tres países en su conjunto. “Me parece que se reconfigura en sí misma la región de América del Norte porque México se reposiciona. Ya no va a ser una relación a partir de una desigualdad salarial, en cuanto a políticas o en cuanto a subsidios. México está buscando un tratado que sea mucho más equitativo en ese sentido”.

Este reposicionamiento político y económico de México en el concierto internacional se vio reflejado en la adquisición de las vacunas contra la Covid-19. La pandemia vino a mostrar claramente la multilateralidad que México ha impulsado en su política de relaciones exteriores. Por ello ha logrado tener un portafolio de vacunas extenso.

“Existen ahora nueve vacunas autorizadas para aplicarse en el país, y el origen de estas vacunas es diverso, es decir, son de origen chino, ruso, de la India, de Reino Unido y también de Estados Unidos”, destaca Ramírez Kuri. Explica que el programa de la vacuna transfronteriza es también resultado de la política social que está llevando a cabo el gobierno de México actualmente.

Sin embargo, México camina en zona minada, advierte Aníbal García Fernández. Estados Unidos cuenta con muchos mecanismos para presionar a México en el momento en que considere que ha rebasado la “independencia” que puede tolerar.

Experto en relaciones de Estados Unidos con América Latina, García Fernández observa que es una realidad que México hace funciones de contención de los migrantes. Es una medida que se tuvo que aceptar precisamente por las presiones de Estados Unidos.

En este rubro, señala, hay una política de continuidad con los gobiernos anteriores de parar a los migrantes. Sigue este proceso de ser, para Estados Unidos, una especie de primer filtro de migrantes de varias partes del mundo. “Esto va seguir y puede hacer crisis a nivel nacional y bilateral con Estados Unidos”.

Otro aspecto de tensión con Estados Unidos es la política energética que ha desarrollado el actual gobierno mexicano. Varios think tanks y cabilderos de petroleras estadunidenses protestan por la política mexicana de fortalecimiento de Pemex y la CFE. Pero el gobierno de López Obrador busca reducir la dependencia que tiene el país de las gasolinas extranjeras, explica García Fernández. Por ello la construcción de la refinería de Dos Bocas y el fortalecimiento de las seis refinerías que ya tiene el país y el impulso de la petroquímica.

Las batallas que vienen

El doctor Ernesto Bravo, catedrático de la Facultad de Economía de la UNAM, señala que el neoliberalismo seguirá dominando amplios márgenes de la economía mientras no haya controles al sector financiero. Explica que este sector sigue teniendo injerencia en decisiones económicas importantes. Por ejemplo, señala el investigador, “siguen siendo muy altas las tasas de interés y los gastos administrativos que a los cuentahabientes o deudores cargan”. Falta aún una regulación a este sector que sigue obteniendo beneficios que en ninguna otra parte obtiene. Es un sector altamente oligopolizado”.

Además, propone bajar la banca de desarrollo al primer piso, junto con la posibilidad de, una vez tomada esta decisión, hacer uso de al menos una tercera parte de las reservas internacionales para financiamiento de proyectos productivos. Asimismo, considera necesario establecer tanto el impuesto Tobin como el impuesto Buffet.

El primero, para gravar la entrada, salida o ambas, de inversión de cartera. “Ésta es una forma de controlar la balanza de capitales por la parte fiscal”. El segundo, un impuesto especial para el 1 por ciento más rico de la población. “No es posible que los más ricos de este país paguen una tasa de ISR [Impuesto Sobre la Renta] personal de máximo el 35 por ciento, cuando un trabajador con ingresos de 30 a 40 mil pesos ya está cercano a esta tasa”.

Además, señala Bravo Benítez, México tiene dejar de concentrarse casi exclusiva en el Tmec, en el contexto externo, y replantear el federalismo fiscal, en el interno. Se debe “convocar en serio a los estados y los municipios, hacer un esfuerzo”, para que no dependan sus ingresos en el 90 por ciento de la federación, en el caso de los estados, y del 75 por ciento en el de los municipios. “Que sean autónomos desde el punto de vista tributario les da más libertad para que con más información puedan ellos impulsar sus propios programas de desarrollo, más allá de lo que la federación pueda dictarles”.

El maestro Aníbal García Fernández coincide en que vienen 3 años de retos importantes para la 4T. En materia de reformas, falta la de la Guardia Nacional. Si bien se aprobó la que le dio origen a esta nueva Fuerza Armada, ahora va por la consolidación de su carácter militar. El otro reto es el de la reforma fiscal. Va a generar mucha oposición, advierte García Fernández, sobre todo de los grupos económicos que van a estar pugnando por la defensa de sus intereses. Estos grupos están enquistados en las estructuras del Estado porque constitucionalizaron sus intereses económicos. La reforma fiscal permitiría sustentar las bases de un proceso de transformación.

Observa que la realización de esta reforma va a depender de la correlación de fuerzas que haya y del apoyo social que mantenga el gobierno federal. Si no tiene apoyo social, no podrá hacerlo.

Explica que si no hay apoyo social, el gobierno difícilmente se va a radicalizar. “Y no estamos hablando de una radicalización como la de gobiernos progresistas de América del Sur. Hablamos de por lo menos hacer que las grandes empresas paguen impuestos; hacer que las pequeñas y medianas tengan más oportunidades de crecer ante grupos oligopólicos y monopólicos nacionales y trasnacionales. En el fondo, es sentar las bases que permitan al país un desarrollo endógeno, que es algo que perdió México desde 1982”.

Georgette Ramírez Kuri considera que la 4T ya hizo su mayor número de reformas del sexenio. El mejor escenario para las reformas era el de la primera mitad, los primeros 3 años, cuando contaba con mejores condiciones y una ventaja más amplia en el Poder Legislativo. Estas reformas se hicieron en los sectores que más preocupan al proyecto encabezado por López Obrador.

Advierte un periodo más conflictivo que la primera mitad. Y, considera, hace falta una “autocrítica” del actual gobierno ante la pérdida de espacios en el Poder Legislativo.

Los riesgos que observa para la segunda mitad están encabezados por la relación con Estados Unidos, sobre todo en el tema comercial. Hasta ahora ambos gobiernos han sido cautelosos y han podido hacer prevalecer las coincidencias. Pero “en muchas cuestiones no van a coincidir; por más que estén tratando de negociar una agenda en común, bilateral, cada país tiene sus propios intereses y, por ejemplo, en la cuestión energética son intereses contrarios”.

Otra probable fuente de conflictos en la segunda mitad del gobierno es el sistema judicial, advierte Ramírez Kuri. Lo anterior, porque es una instancia a la que está recurriendo la oposición como su campo de acción, al que no tener más incidencia de la que quisieran en el Ejecutivo y el Legislativo. “Justo el poder Judicial es un poder que no es elegido por voto popular, lo cual hace que no tenga transparencia, que la rendición de cuentas sea muy difícil”. Y los intereses creados últimamente están defendiendo su autonomía, pero a conveniencia de ellos mismos.

“La oposición no tiene una base social de la cual el actual gobierno deba preocuparse, pero sí llama mucho la atención que no hayan aceptado una sesión extraordinaria para discutir la revocación de mandato. Es paradójico porque la oposición sí quiere la salida de López Obrador, pero no legal, pareciera que no quieren una salida que sea legítima o que sea votada por la gente y, sobre todo, el precedente que deja la revocación de mandato. Parece que la oposición se inclina por vías golpistas, a lo mejor no un golpe militar, pero sí un golpe judicial”.

En la agenda bilateral con Estados Unidos hay dos temas que coinciden en las preocupaciones de los dos países: la migración y el narcotráfico. México ha propuesto un cambio en el combate a estos dos problemas y Estados Unidos ha tenido que ceder. Inclusive ahora el gobierno de Biden presenta como propia la propuesta de México de enfrentar las causas de la migración y no sólo llenar las fronteras de militares. Con ello, y aunque no lo hace abiertamente, Estados Unidos, ha tenido que aceptar parte de su responsabilidad para solucionar estos problemas.

Al mismo tiempo, el gobierno mexicano descentraliza el narcotráfico como problema, observa Georgette Ramírez. Porque no sólo es el tráfico de drogas, es todo lo que implica: tráfico de armas, de personas, de vehículos, de combustibles robados, es decir, el problema se tiene que abordar como toda una economía que se ha generado por el narcotráfico.

“Una propuesta como la de aplicar el programa Sembrando Vida o Jóvenes Construyendo el Futuro sí es justo darle la vuelta” a soluciones que privilegiaban el uso de la fuerza y que tenían escasos resultados. “Ahora se trata de solucionar problemas por la vía pacífica y ya no por la vía militar”.

“En la parte positiva veo que va a ser un periodo en el que se concreten muchos proyectos, sobre todo proyectos de infraestructura, y sí se va a notar ese cambio en cosas materiales.”

Conflictos con la izquierda social

México vive conflictos eco y socioterritoriales de larga data, señala el latinoamericanista Aníbal García Fernández. Hay una continuidad, respecto de algunos proyectos, que están generando conflictos sociales. En primer lugar, el del Tren Transístmico que buscaron construir los presidentes Carlos Salinas, Vicente  Fox y Enrique Peña Nieto. Muchos grupos se han opuesto porque implica partir el país a la mitad, observa. Lo que no se debe perder de vista es el carácter geopolítico del proyecto. “Ese interés lo tiene Estados Unidos desde, por lo menos, el Siglo XIX”.

Tiene una connotación geopolítica y económica, explica. Estados Unidos y sus grandes refinerías están tratando de pasar por ahí una gran cantidad de refinados y productos petroquímicos. El otro aspecto es la migración, pues implica interponer una frontera que no es física, pero que es de la acumulación de riqueza que sirva para la contención migratoria.

El otro asunto, a decir de García Fernández, es el del Tren Maya. Es más conflictivo porque se enfrenta a otra configuración histórica y territorial del país. Desde 1994, luego del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, se construyeron “numerosos y grandes procesos organizativos”, como los Caracoles. “Le va a explotar este tema al presidente; no creo que sea algo tan sencillo como aplicar ese tipo de consultas que fueron criticadas” por no respetar el Convenio 169 de la Organización Internacional de Trabajo signado por México. “Va ser algo que va a tener que enfrentar”.

Para López Obrador, explica, el Tren Maya es una manera de buscar el desarrollo de esa región del país que tiene los índices de pobreza más altos. Advierte que el proyecto de Andrés Manuel no es anticapitalista. Sí es distinto al neoliberal y plantea cortar este proceso de desgarre forzado del país.

Señala que los gobiernos neoliberales implantaron tres patrones territoriales de organización económica distinta: el del Norte, el del Bajío y la parte Centro y el del Sur. Este último, totalmente desligado de la economía nacional en algunos aspectos como el de la agricultura y el del sector manufacturero.

A este respecto, “no hay que perder de vista que México está profundamente ligado a Estados Unidos. Entonces cada decisión debe tener en cuenta que va a haber repercusiones” en la relación bilateral y en cada uno de los países.

“Y el proyecto del Tren Transístmico y el Tren Maya son parte de esto. El margen de acción que tiene el presidente se reduce bastante. El actual gobierno mexicano está costantemente probando la posibilidad de poder conducirse por fuera de los márgenes del neoliberalismo y el Tratado de Libre Comercio, pero no hay mucho margen.”

Agrega el Tmec, antes Tratado de Libre Comercio de América del Norte, es una camisa de fuerza para el gobierno de López Obrador. En términos generales no puede salirse de ese margen de acción porque sería ponerse contra los intereses imperialistas de Estados Unidos y tampoco es estratégico hacerlo. Hay que tener en mente que este tipo de temas no están por fuera de la lógica de la política estadunidense.

Amanecer económico

El segundo trienio será de crecimiento económico, luego de la crisis mundial generada por la pandemia de Covid-19, asegura el maestro en ciencias económicas y doctor en economía Ernesto Bravo Benítez. “Ya maduran en el corto plazo grandes proyectos de producción y de inversión” que consolidará a México como una plataforma logística de exportaciones atractiva para los cuatro puntos cardinales.

“México está llamado a ser un centro logístico internacional; la Ruta de la Seda también va a pasar por México en la parte marítima y es algo que ya está más que visualizado, de tal manera que si la actual administración es capaz, sobre todo con estos cambios que se hicieron en la Secretaría de Hacienda y el Banco de México, de articular la política monetaria, fiscal y cambiaria en una dirección de fortalecimiento productivo, el país se va a recuperar.”

Confía en que la recuperación de la economía mexicana será muy por encima de la registrada durante los 38 años de neoliberalismo. No sería “para nada suficiente” si el crecimiento fuera del 2 por ciento, como en todo ese periodo. “La apuesta, tratando de leer directamente tanto los documentos básicos que guían la política económica del gobierno como entrelíneas, apunta a una recuperación de tasas de crecimiento de entre 4 o 4.5 puntos porcentuales del PIB”.

Advierte que tales tasas promedio anual pasan por fortalecer el Estado de derecho, en donde la certidumbre de las inversiones sea mayor. En ese sentido, podría llegar a recuperar las tasas históricas previas al neoliberalismo, “en dónde por más de 50 años fue del 6.5 por ciento el crecimiento real. Estamos haciendo referencia a lo que sirvió este en este país durante el famoso Milagro Económico; lo podemos recuperar sin lugar a dudas”.

Señala que durante todo el periodo neoliberal el crecimiento económico del 2 por ciento no sólo es raquítico. Explica que si se considerara la expulsión de 12 millones de connacionales al exterior, incluso no se habría registrado crecimiento alguno. “Si ellos se hubieran quedado en el país, con esta tasa de crecimiento el PIB per cápita hubiera sido 0.0. Esa válvula de escape finalmente significó para algunas familias mexicanas poder salir adelante”.

Considera que lo que viene para México “es una etapa muy interesante” en donde se están generando las condiciones que se le negaron al país por mucho tiempo. “México ya empieza a ser reconocido. Las condiciones están puestas para que, haciendo bien las cosas, México se consolide. Necesitamos por supuesto invertir mucho más en ciencia, tecnología e innovación. Esa es la piedra angular, junto con las medidas que comentábamos, que va a catapultar a este país”.

La oposición de derecha

En el ámbito de la política interna, observa Aníbal García Fernández, los partidos Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD) van a seguir en su alianza que han sustendado desde 2012. Ahora su campo de acción intentan extenderlo a organismos internacionales. Al menos llevan seis visitas al extranjero con este fin. La última vez fueron a la Organización de los Estados Americanos (OEA), pero también se reunieron con el Wilson Center.

“Este think tank no es menor. Es de los que han hecho cabildeo importante para aprobar todas las reformas constitucionales de Peña Nieto y anteriores. Panistas, priístas y perredistas están buscando la forma de generar alianzas y encontrar espacios en el centro de poder de Estados Unidos, que saben que podrían ponerle un alto a Andrés Manuel. Si hay algo que recorra la historia de México es el fantasma de Estados Unidos.”

García Fernández considera que estos grupos políticos están buscando en Estados Unidos la legitimidad que no tienen en México. Pero tampoco cuentan liderazgo, cohesión, bases ni organización. Lo único que les queda es el golpeteo económico y mediático y la búsqueda de aliados en organismos internacionales.

Pero que no tengan legitmidad no significa que no tengan poder, aclara. “El pocer económico no está por fuera del poder político. Van juntos. Se van determinando [estos grupos] unos a otros. Sí han sido medianamente desplazados del Estado y no encuentran facilidades en el gobierno actual como las tuvieron antes”.

23.8.21

Golpe político contra AMLO

José García Sánchez

El robo de atribuciones del Instituto Nacional Electoral (INE) a los legisladores mexicanos de todos los partidos respecto a la consulta popular que contendría la revocación de mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador, es un ensayo para un golpe político mayor contra su gobierno.

Fue un robo acordado porque al negarse los partidos políticos de oposición a debatir en el Congreso la Ley reglamentaria que diera luz verde a dicha consulta popular, la dejó en manos del INE.

Los antecedentes del INE en la coalición con la oposición tienen incidentes claros que acusan imparcialidad y falta de autonomía; sin embargo, las autoridades electorales tienen en México un blindaje que resulta difícil reformar su estructura o cambiar a los consejeros electorales. Es el mismo caso del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, (Trife) cuyos magistrados también actúan de manera coordinada con la oposición.

Cancelaron la candidatura en el estado de Guerrero de Félix Salgado Macedonio, para gobernador, por no haber comprobado un gasto de 19 mil pesos, falló a favor de la oposición al momento de restar tres diputaciones federales a Morena, partido en el poder, por causas no graves, impone revisión de voto por voto en los estados donde gana Morena, etc. Sus decisiones son inapelables.

En este panorama los consejeros electorales y los líderes de los partidos PAN, PRI, PRD, MC acordaron que el formato y diseño de la consulta estuviera en manos del INE, porque se negaron al acuerdo legislativo, condición consensuada como parte del plan de desestabilización. Esto otorga facultades de facto al INE en un derecho que corresponde, por ley, a los legisladores.

La alianza conservadora entre el INE y los partidos de oposición se muestra en toda su magnitud, anunciando que los objetivos previos a las elecciones del 6 de junio, cuando no alcanzaron la cantidad de votos esperados, se llevarán a cabo por las buenas o por las malas. Lo que no consiguieron en las urnas lo obtienen a través de fallos de un tribunal parcial y un árbitro electoral cómplice.

Si juntamos al INE, al Trife y a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que también han actuado contra la administración pública abiertamente, esas tres entidades, unidas a los legisladores de oposición, serían las necesarias para crear un golpe político contra el Presidente de la República, tal y como sucedió en Brasil con Lula da Silva, con acusaciones falsas que luego retiraron, peor mientras ya lo habían derrocado.

La impunidad que les ofrece el blindaje a las instancias electorales y a la Suprema Corte, son la base legaloide más fuerte para tejer desde sus oficinas lo mismo que hizo el entonces fiscal Sergio Moro, a través de la Operación Lava Jato de la cual se presentaban denuncias dando instrucciones para la desestabilización, condición prohibida por la Constitución y el Código Penal brasileño. Moro fue Ministro de Justicia los primeros años del régimen de Jair Bolsonaro.

La ayuda de organismos internacionales de derecha es importante, tal y como sucedió en Bolivia donde se dictaminó fraude electoral con el apoyo de la OEA, para descalificar dicho fallo y ratificar las simpatías electorales por el partido de Evo Morales, Movimiento al Socialismo (MAS), que volvió a triunfar en las urnas con Luis Arce en la presidencia.

La enemistad aparente entre los magistrados de la Suprema Corte, del Trife y los consejeros del INE fue la propuesta de campaña del ahora presidente que marcaba como límite máximo el salario del Presidente de la República dentro de la administración pública. Y al llegar se redujo a la mitad el salario existente. Los magistrados y consejeros se ampararon, protestaron, y ratificaron su integración al bloque opositor al que siempre pertenecieron.

La Corte Suprema de Brasil falló contra Lula da Silva sin las pruebas suficientes, por el delito de lavado de dinero, y otros inventos, él lo llamó “víctima de la mayor mentira jurídica en 500 años”. El apoyo de los legisladores fue fundamental en este juicio.

La historia está plasmada en América Latina, donde los golpes de estado han sido recurrentes y mutantes, la maquinación de un golpe político en México se anuncia sin ningún sonrojo.

El tejido de esta maniobra legaloide anuncia golpes mayores contra la administración de Andrés Manuel López Obrador, el rescate de privilegios es prioridad para quienes orquestan golpes menores en espera de uno definitivo.

16.8.21

Anti-diálogo entre un «cuidadano» y algunos covidiotas asesinos e infectante

Por Fernando Andacht

ENSAYO

El ensayo que ahora leen no habría ocurrido de no haber recibido primero el enlace a una columna periodística del diario Página12 (05.08.21) que llegó de un familiar en Buenos Aires. Leer “¿Qué hacer cuando un familiar o un amigo no se quiere dar la vacuna contra la covid, un dilema latente en la sociedad?” (Azul Tejada, 05.08.2021) y querer compartirla y opinarla en una red social fue un solo movimiento. Tras varios más o menos previsibles comentarios en mi muro de Facebook, apareció alguien poseído por la furia negacionicida – si me permiten el neologismo para describir el odio desatado contra quien se considera ‘negacionista’ – cuyas intervenciones velozmente escalaron en intensidad agresiva, más allá de la descalificación. Luego vino otro enlace fortuita y oportunamente, lo que terminó de darle forma a estas ideas que quiero compartir.



Un amigo me envió un ensayo de Charles Eisenstein (02.08.21) basado en una teoría que utilicé para un texto sobre la implacable persecución sufrida por Carmela Hontou (eXtramuros, 05.04.21). Se trata de la violencia social ejercida a través de la elección y persecución sin tregua de un chivo expiatorio, para calmar la alta tensión del colectivo, lo que podría generar caos, anomia y violencia generalizada. Con esos tres ingredientes cociné estas reflexiones, que puedo resumir así: dime cuánto odias al otro rigurosamente marginalizado, y te diré cuan necesaria es para el grueso de la sociedad la búsqueda y condena de esos a quienes se culpará de contaminar y representar el mayor peligro para la sociedad, seres que deben ser purgados y excluidos del círculo de los admirablemente normales, en este caso los vacunados contra la Covid-19. 

Cómo discriminar y cuidarse de la mortífera libertad según Página 12 

Hubo dos reacciones hacia la columna de Página 12 que compartí: la mía fue de incredulidad teñida de cierta indignación por presentar la voz académica del psicoanálisis – dos testimonios de Licenciadas en esa área del saber – para atacar con virulencia la noción misma de libertad, que en el contexto pandémico equivaldría a “muerte” y “locura” según las consultadas. La otra recepción del texto periodístico fue más liviana: varios encontraron humor involuntario en algunos de testimonios presentados sobre vacunarse o no, y qué hacer con quienes aún se resisten. Un par de citas alcanzan para hacerse una idea del tenor de la columna; si tienen interés pueden visitar el texto completo disponible en internet. Así presenta Página 12 lo que considera un impedimento para lograr el objetivo vital de tener un rebaño enteramente vacunado:

Los (pocos) países que lograron resolver el problema de la escasez de vacunas contra el coronavirus –luego de largos meses de marchas y contramarchas con los laboratorios– se enfrentan ahora con un segundo gran obstáculo para llegar a la ansiada inmunidad de rebaño: las personas no inoculadas, un misceláneo sector que incluye tanto a antivacunas como a aquellos que, sin ser ‘anti’, todavía no se animan a poner el brazo para el pinchazo.” (énfasis en el texto original)

La columna recurre a consultar a personas del público, y justo es decir que trae opiniones de diverso tipo. Primero, encontramos el testimonio de un ciudadano que pertenece al segmento, imagino mayoritario, de los progresivamente intolerantes de la secta antivacunas (de aquí en más citados como anti-V): 

Aunque todavía no hemos llegado al punto de decir ‘no vamos a jugar más hasta que todos estén vacunados’”, admitió, “un poco siento que eventualmente es lo que va a terminar pasando, porque en definitiva son personas con las que uno comparte un ambiente y que no se vacunen por una decisión y no porque no hayan llegado las dosis plantea una diferencia muy clara”, concluyó, con cierta frustración.” (énfasis en el texto original)

El siguiente testimonio es el que generó más comicidad entre los visitantes habituales de mi muro. El motivo es que la persona consultada sobre cómo ella se vincula con un ser no vacunado, incluyó en su respuesta a modo de autoridad a una popular estrella de Hollywood y de la TV mundial, como si ella necesitara un auspicio poderoso para legitimar y fortalecer su actitud de rechazo de la tribu anti-V: 

Bárbara (26), de Martínez, ya tiene la decisión tomada. “Yo voy a hacer lo mismo que Jennifer Aniston, no me voy a juntar con gente que no esté vacunada. Y si esto significa, cuando esté todo más tranquilo, organizar un evento y dejar de invitar a ciertas personas, lo voy a hacer. Y se los voy a decir: ‘no te estoy incluyendo porque no estás vacunado y me siento insegura. Me parece egoísta, peligroso para todos’”, resaltó la joven.” énfasis en el texto original) 

Consigno ahora dos testimonios diferentes a lo que no cabe duda es la direccionalidad altamente crítica de la posición que llaman “antivacunas”. Leemos el testimonio de una mujer que “dijo a este diario que ‘no tendría problemas’ de juntarse con su amiga no inoculada, a quien por otros motivos no ve desde febrero. ‘Eso sí, manteniendo distancia y tomando muchos cuidados, sin sacarme el barbijo en ningún momento’, remarcó.” Y la respuesta de otra que pertenece al obstinado grupo de anti-V: “Florencia (45), de Devoto, se encuentra dentro de ese reducido grupo de personas que aún no han sido inmunizadas contra el coronavirus. ‘Yo resolví no vacunarme porque no sé fehacientemente cuáles son los efectos que pudiera tener a posteriori’, explicó.”

Hasta ahí no hay nada demasiado llamativo, salvo el hecho de que un diario que se autopercibe de izquierda, y que tiene como uno de sus blancos recurrentes el imperialismo no sólo económico sino también cultural, traiga como referente aliada, a través de un testimonio – no dudo de su veracidad, pero probablemente fue elegido y publicado entre otros – a una estrella emblemática del frívolo Olimpo hollywoodense.

Ya ha sido calificado de modo binario y maniqueo el grupo amenazante (y amenazado) de insufribles enemigos de las vacunas – cabe suponer que opuesto a todas, pues ese epíteto no especifica que sea una resistencia a darse la inoculación contra la Covid-19. En la estructura de la columna, luego de escuchar la vox populi, le toca el turno a la mirada experta, que llega desde el ámbito Psi. La introducción es reveladora e inquietante. Se nos informa que fueron consultadas “dos licenciadas en Psicología que compartieron su mirada sobre los movimientos antivacunas y el individualismo que subyace en su concepción de ‘libertad’.” El entrecomillado de la que yo creía ser la universalmente deseable condición humana de ser libre anuncia algo extraño, perturbador. Cito a continuación algunas declaraciones de las psicoanalistas entrevistada por el diario argentino para que ayuden a sus lectores a entender a la tribu de los anti-V.  Y así entra en acción opinadora y experta Pilar Molina, Licenciada en Psicología de la UBA, quien nos explica que

la principal bandera de estos grupos es la libertad, “un concepto bastante complicado para el psicoanálisis”. “Freud ya decía en El malestar en la cultura que la libertad es una hostilidad contra la cultura. Es previa a la cultura. Y la pandemia en ese sentido reafirma lo mismo: la libertad radical es la locura. Esto de citar a la libertad como algo positivo, como algo a resaltar, en realidad termina siendo bastante mortífero, atrás de este impulso por la libertad Freud ubica la pulsión de muerte”, puntualizó la psicoanalista”. (énfasis en el texto original). 

Describir como un sobresalto esta exégesis de la noción tremendamente positiva y humana de la ‘libertad’ no es exageración. Por más que intenté hacer una interpretación caritativa del texto, como se dice en filosofía, no hay manera de que yo consiga entender esta denuncia vehemente de la libertad como siendo el epítome de lo negativo, como algo “mortífero”. Ese bien por el que tantos humanos dieron la vida, en las más diversas latitudes y situaciones no puede sin más equipararse con un funesto deseo del fin de la vida, aún en esta “emergencia sanitaria”. Esa posición insólita me recuerda una leyenda urbana que publicó el New York Times y otros diarios locales de Estados Unidos, a mediados de 2020, sobre supuestas fiestas a las que asistían jóvenes para enfermarse de Covid-19 o probar que existía. Digno de destaque era el testimonio de un joven que, en su lecho de muerte, amargamente arrepentido confesaba a la enfermera su imprudencia o incredulidad, la que ahora debía pagaba con su vida. No imagino un relato real más tremendo e idealmente adecuado para infundir y diseminar el miedo; el inconveniente no menor es que era que completamente falso (Edelman, 2020). Ese y otros relatos similares de la primer mitad de 2020 pertenecen al género conocido como ‘leyenda urbana’, una suerte de noticia falsa pero compuesta como un atractivo y replicable relato. Puede ser, sin duda, que “la libertad sea algo complicado para el psicoanálisis”, como nos cuenta la Lic. Molina, pero hacerla sinónimo de un deseo de muerte o de locura parece más un denodado esfuerzo por poner a S. Freud del lado de los perseguidores de los temibles y temidos anti-V. Pero en aras de la justicia interpretativa, ya que la psicoanalista consultada citó la obra de Sigmund Freud El Malestar en la Cultura (1930), me dirijo a ella en busca de apoyo textual que pueda sustentar esa curiosa equiparación de la libertad human y el deseo de muerte:

De qué nos sirve, por fin, una larga vida si es tan miserable, tan pobre en alegrías y rica en sufrimientos que sólo podemos saludar a la muerte como feliz liberación” (p. 15)

Por consiguiente, el anhelo de libertad se dirige contra determinadas formas y exigencias de la cultura, o bien contra ésta en general. Al parecer, no existe medio de persuasión alguno que permita inducir al hombre a que transforme su naturaleza en la de una hormiga; seguramente jamás dejará de defender su pretensión de libertad individual contra la voluntad de la masa”. (p. 18)

Pero esta lucha entre individuo y sociedad no es hija del antagonismo, quizá inconciliable, entre los protoinstintos, entre Eros y Muerte, sino que responde a un conflicto en la propia economía de la libido, conflicto comparable a la disputa por el reparto de la libido entre el yo y los objetos”. (p. 40)

El antagonismo que describe Freud en ese conocido ensayo no tiene lugar entre la vida y la libertad, sino entre Eros y Tanatos, lo libidinal, la carga afectiva positiva que busca el ser humano en la vida, el placer, por un lado, y la muerte o destrucción definitiva, por el otro. En el texto al que alude la Lic. Molina no habla Freud de la libertad como sinónimo o asociada fuerte e inseparablemente de la muerte, de la búsqueda de autodestrucción, lo que ella le endilga al peligroso grupo anti-V. 

Molina completa su intervención así: 

(N)acemos en el campo del otro y dependemos mucho del otro, entonces el discurso de la libertad –que en Argentina estuvo también muy fogoneado por algunos medios de comunicación y por sectores de la oposición– termina teniendo más que ver con la locura, con el individualismo, con la tendencia al aislamiento”, apuntó la licenciada.” (énfasis en el texto original)

Veo asomar en la supuesta explicación científica el semblante desagradable y del todo ajeno a la situación sanitaria de la politización en su fase más despreciable, la partidaria. Ese sería, analiza la analista de formación freudiana, el motivo oculto pero que ella con perspicacia descubre que motiva al clan anti-V a tomar esa funesta actitud ya no sólo amante de la muerte – la suya pero sobre todo la de los otros con quienes comparte la sociedad – sino fanática opositora del gobierno y manejada por los medios de comunicación. Claro, sólo serían manipuladores los  medios de comunicación que exponen dudas u objeciones a la respuesta basada en las vacunas experimentales; los otros sólo serían los portavoces de la salud, del bien público, y por ende estarían a priori exento de toda tonalidad político-partidaria. Amen. Cabe destacar que la psicoanalista Molina subió la temperatura de su diagnóstico: no duda en meter a los anti-V en la nave de los locos – una patología a la que llevaría indefectiblemente su “individualismo” – y lo más curioso de todo, serían amantes del “aislamiento”. Digo curioso porque fue el gobierno, ese al que perversamente estos se opondrían el que dictó un muy largo tiempo de confinamiento obligatorio. No veo cómo no equiparar esa medida extrema con la tendencia psíquica nefasta que la psicóloga le atribuye a quienes eligen no elegir la vía vacunal. 

La otra psicoanalista interrogada, complementó la visión de su colega en los siguientes términos: 

Esta libertad o “ilusión de autonomía”, coincidió Alcuaz  [Lic. Carolina Alcuaz] , es “propia de la lógica del discurso capitalista que conduce a formas de rechazo, de abyección, de odio, que rompe los vínculos entre las personas, que tiende a ir en contra de un Estado de bienestar y de cualquier tipo de contrato social que permita una buena convivencia en la sociedad que habitamos”. (énfasis en el texto original)

Ahora sí tenemos el identikit completo de estos negacionistas y entendemos por qué le causan tanto mal a la comunidad que ha elegido la salud solidaria que sólo se encontraría en una vacunación irrestricta. No sólo los anti-V serían ilusos en pretensión de ejercer su propia voluntad – la “ilusión de autonomía” – sino que abrazarían al mismo tiempo al mayor enemigo de los ideales que el diario Página 12 encarna, a saber, “el discurso capitalista”. Esa pasión por la ideología enemiga de lo humano conduciría a estas personas a “formas de rechazo, de abyección, de odio”; de nuevo, el espectro de la política, ahora no partidaria sino una visión del mundo del todo reprobable, el capitalismo explicaría el comportamiento antisocial, anti solidario, en fin absolutamente condenable de la tribu anti-V. No entiende la Lic. Alcuaz qué daño les ha hecho ese Estado benévolo, protector y amigo del pueblo, para que esta gente sea tan perversa y desee a través del ejercicio de lo que ilusoriamente imaginan es su libertad – a no vacunarse contra la Covid-19 – provocar la destrucción de ese orden humanista y humanitario.  Extremadamente curioso y arbitrario este análisis, ya que nada encarna mejor el capitalismo globalizado del siglo 21 que las inmensas ganancias de las empresas farmacéuticas que fabrican y venden vacunas y tests para la pandemia. Esa forma de lucrar desmesuradamente no sería parte de ese “discurso capitalista”, aunque curiosamente, muy a menudo, ese afán por la ganancia forma parte de la crítica desarrollada por quienes objetan al tratamiento de la Covid-19, por los aborrecibles anti-V.

Espero haber dado cuenta del motivo de mi desconcierto tras la lectura de esta columna periodística del diario argentino Página 12. En pocas líneas, a través de sus expertas en el área psicológica, se nos informó o mejor sería decir se nos aleccionó en relación a la tesitura mortífera de quienes eligen – o creen equivocadamente elegir – no vacunarse que:

a. Nada es más peligroso que la libertad en tiempo de pandemia, equivale a la pérdida de la razón y a buscar denodada y perversamente la muerte del prójimo.

b. Bajo el deseo o elección de la libertad habría un impulso de muerte, una tendencia innegablemente tanática según el creador del psicoanálisis, aunque esa explicación brilla por su ausencia en la fuente mencionada.

c. Quienes no quieren vacunarse lo harían motivados por su intransigente y mortífero individualismo. Y más curioso aún, porque la publicación proviene de un país donde el gobierno decretó largos meses de confinamiento obligatorio a toda la población, el nefasto colectivo de los anti-V padecería además de una “tendencia al aislamiento”. 

d. Otra motivación detestable de quienes eligen el camino de la muerte – identificada con el de la libertad – sería su fundamentalismo político partidario, su cerril oposición al benefactor gobierno. Para colmo, ni siquiera en esa equivocada tesitura serían ellos autónomos, pues los anti-V obrarían bajo la influencia de medios de comunicación opositores al Estado de Bienestar, el que conduce la democracia en su país. 

e. La tesitura anti-V no sería más que un síntoma o indicio de una adhesión pasional al capitalismo. Ese amor desmesurado al credo capitalista volvería misántropos a estos marginales de la vacunación, lo cual ignora su escepticismo explícito en relación al inmenso lucro de los gigantes farmacéuticos.

Encuentro demasiado cercano con un cuidadano y la relevancia de R. Girard

En esta parte final, quiero darle la palabra – áspera y agresiva – a alguien que se presentó como un “cuidadano”, en el clímax de su ataque verbal contra todos los que habíamos opinado de modo crítico sobre la mencionada columna de Página 12. Contaré lo básico sobre esa visita inaugural e intempestiva a mi muro de Facebook. El término acuñado por el visitante reúne de modo transparente ‘ciudadano’ y alguien que se percibe como ejercitando cuidados a los otros. Ahora citaré sin nombrarlo – no lo creo relevante, ya que pienso que es representante de una postura que describió el teórico René Girard (2007) sobre la necesidad social de crear la víctima en la que, de modo unánime, el colectivo descargará toda su furia, sin importar que sea o no culpable de los males de los que se la acusa. 

La carta de presentación de quien sólo diré es un académico en ejercicio de su profesión fue un elogio encendido de la columna sobre la que varios habíamos expresado reparos, como señalé arriba: “Muy buen artículo. Únicamente los lectores covidiotas e infectantes se escandalizan . Confunden libertad de expresión con libertad para contagiar”. Cuando alguien le dice que no utilice un insulto gratuito, responde sin demasiado ingenio que la palabra ‘covidiota’ está aceptada por la Real Academia Española: “Covidiotas no es un termino agresivo sino una descripción definida muy claramente por la Real Academia. Lo mismo para «infectantes.” También encuentran cobijo en ese diccionario una larga lista de insultos, obscenidades, en fin palabras usadas para denigrar y denostar. Pero ese argumento parece escapársele a quien con gran rapidez fue escalando en su ataque verbal contra todos los presentes. Debo aclarar, ya que fue citada la fuente léxica española que ‘infectante’ no forma parte de esa obra. Y ese será uno de los términos reiterados en el crescendo de agresión que emprendió esta persona:

Confundir restricciones sanitarias con restricción de la libertad es la estrategia de la ultraderecha covidiota infectante para contagiar y matar. Los covidiotas son asesinos en potencia porque militan la desinformación y el contagio”.

Algo me suena conocido: en términos de injurias y descalificación exacerbada, encuentro no casualmente los mismos argumentos que las expertas consultadas por Página 12, el medio de prensa elogiado y defendido por el agrio muralista de Facebook. Los anti-V serían mentalmente confusos, ya no amantes del capitalismo sino del fascismo, y su real objetivo, quien lo puede dudar, es “contagiar y matar” al prójimo, mediante la difusión de “desinformación” y, supongo, de virus entre los inmunizados. No puedo imaginar una combinación más funesta y peligrosa en un ser humano, más tóxica para su entorno. Cuando alguien le pide que argumente en lugar de lanzar insultos sin parar – he resumido sus abundantes intervenciones a lo esencial – explica cuál es su postura ideológica:

El mundo pospandemia está en disputa entre un Nuevo orden mundial más excluyente y autoritario y otro más incluyente y solidario. Los covidiotas infectantes son funcionales al primero. Los cuidadanos somos funcionales al segundo”.

Queda muy claro que tiene una visión de si mismo tan positiva como horrible es la que no duda en atribuir e infligir a las personas que encontró en esa discusión de la columna. Así llega esa joya verbal, el neologismo ‘cuidadano’ con que retrata su desmedido amor al prójimo, para mejor contraste con la tarea infame, que debe ser denunciada y atacada, de los “infectantes”.  Como mencioné antes, y mal que le pese a este cuidadano, el otro término no figura en su manual de referencia, el diccionario de la RAE: evoca palabras negativas como ‘asaltante’, ‘atacante’, y por supuesto ‘militante’, la que él usó para narrar la empresa mortífera desarrollada por los anti-V. Lo fundamental de ese otro neologismo que descerrajó con evidente satisfacción durante sus intervenciones, es la intencionalidad, una actitud asociable a la relatada en las leyendas urbanas que cité antes.

En su despedida, tan fulminante como su llegada, este cuidadano feroz nos obsequió con una última descarga de acusaciones e improperios:

Hay que combatir el Oscurantismo delirante de los covidiotas infectantes mediante la ciencia y evidencia empírica. Si es necesario, mediante la penalización de sus conductas que ponen en riesgo la vida. Ustedes representan un peligro para la humanidad. La militancia de la desinformación y el contagio de la pandemia es lo que marca la diferencia entre un covidiota infectante y un cuidadano que respeta los protocolos de distanciamiento, usa barbijo y se vacuna”.

El motivo para esta última cita no es, aunque lo parezca, el deleite con un discurso de extrema irritación, violencia y constante descalificación, que lo hace merecedor del signo ‘anti-diálogo’ que usé para el título de mi ensayo. No hubo forma de intercambiar ideas con él; sólo quería despachar esos proyectiles una y otra vez. La razón de esta cita final es que aparece de modo explícito el mecanismo de creación del chivo expiatorio teorizado por René Girard: “Si es necesario, mediante la penalización de sus conductas que ponen en riesgo la vida”. Lo que explica Girard es que esa medida punitiva, de limpieza étnica o aislamiento social (ej. el pase verde) es siempre necesaria, se impone, porque frente a estas amenazas funestas, la sociedad de modo unánime debe hacer algo, y esa medida implica suprimir física o ritualmente a ese Otro tan temido. En la humeante grieta que se abrió por obra y gracia de sus violentas intervenciones, quedan enfrentados de un lado los infectantes, que deben sufrir persecución por el bien colectivo, y del otro los admirables cuidadanos, una mayoría nada silenciosa y muy vacunada. 

Y la grieta se agranda: (siempre) hay que hacer algo contra el fuera-del-rebaño 

Y llega el otro texto que me sirvió para pensar en los oscuros tiempos pandémicos que se avecinan. En un ensayo admirable, “Mob morality and the Unvaxxed” (= La Moralidad de la horda y los No Vacunados), Charles Eisenstein (2021) utiliza la misma fuente teórica (Girard, 2007) que utilicé para analizar la jauría que persiguió en medios masivos, gobierno y redes sociales a Carmela Hontou, la mujer acusada injustamente de difundir con eficaz perversidad el virus al inicio de la emergencia sanitaria. La frase que Eisenstein coloca como marco de su texto sirve para resumir la feroz embestida del académico en mi muro: “La propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión mediante la especificación de los blancos para el odio”. La fórmula proviene de un siniestro publicitario, Joseph Goebbels, el ministro de propaganda de A. Hitler. Con un par de citas del ensayo, voy a cerrar esta reflexión sobre la fabricación de enemigos del Estado que merecen sufrir el mayor castigo por el cúmulo de villanías que acarrean con su negacionismo. 

Lo que sostiene Eisenstein sobre la real finalidad de la pena de muerte en algunos países vale también para el desprecio y máxima hostilidad desplegadas contra el ala negacio-conspiranoica ahora, en tiempo de pandemia, contra el chivo expiatorio, porque “tal figura podría servir como el ser que es representativo de todo crimen, del ‘desorden’ y del ‘caos’ social, del ‘derrumbe de lo valores’.” El autor explica que la condición ideal que debe llenar el candidato a funcionar como chivo expiatorio es ser alguien que esté ahí cerca pero que definitiva y ostensiblemente no pertenezca a la sociedad. Una instancia ideal es entrar al muro, como un vecino o visitante no invitado y desde ese lugar de proximidad manifestar la máxima y virulenta hostilidad y ajenidad. La misión de estos fundamentalistas de la Ortodoxia Covid es atacar con violencia verbal – de la otra el ámbito virtual no lo permite – al visitado y agraviado para diferenciarse de éste todo lo posible, para darle una lección que no olvide en su propia ‘casa’ virtual. Así lo describe Eisenstein: “No servirá cualquier víctima como un objeto de sacrificio humano. Las víctimas deben estar (…) adentro pero no ser de la sociedad” (“in, but not of, the society.”)

Según el análisis girardiano, poco y nada importa que la historia, que el futuro reivindique a quienes hoy pensamos, buscamos información y dudamos de que el usado por el gobierno sea el mejor modo de responder a la crisis sanitaria decretada a inicios de 2020. Eso es realmente lo de menos: ¿quién les quita lo odiado, lo segregado, justo ahora cuando la ansiedad es tan grande? Lo que importa más que nunca es dejar de lado temas delicados como la efectividad de las vacunas, el recuerdo de los mortíferos respiradores usados en 2020, y tantos otros recuerdos nocivos para la sumisión al mandato sanitario. Se cuenta para esa piadosa amnesia selectiva con el silencio espeso profundo y unánime de los Mortífagos (“Paseo mágico y tenebroso por Vacunilandia, tierra del rebaño aterrado”, eXtramuros, Andacht 2021), el sistema cómplice de los medios de comunicación, que tanto ha hecho para que la sospechosa unanimidad en torno a la gestión pandémica no parezca tal. No se trata de pesimismo, de apelar a la idea de que el hombre es el lobo del hombre, sino entender la teoría girardiana, que tan bien explica Eisenstein: “debemos encontrar a alguien sobre quien hacer descender la violencia. (…) casi todos dieron por enterado instintivamente la necesidad de encontrar víctimas sacrificiales.” 

Otra referencia a Girard de este ensayo propone una respuesta interesante al problema de la persecución ritual de la víctima propiciatoria: 

Ese es el motivo por el cual, durante la Peste Negra, turbas rondaban el territorio y asesinaban a los judíos  por “envenenar los pozos de agua”. Toda la población judía de Basilea fue quemada viva, una escena que se repitió a través de Europa occidental. Y sin embargo no fue principalmente el resultado de un preexistente odio virulento hacia los judíos que esperaba una excusa para entrar en erupción; fue que eran necesarias víctimas para liberar la tensión social, y el odio, un instrumento de esa liberación, se consolidó de modo oportunista sobre los judíos. Ellos calificaron como víctimas por su estatus interno pero no perteneciente a la sociedad (in-but-not-of status).”

El lector pensará que no es lícito comparar la ferocidad verbal del visitante a un muro de Facebook con el exterminio sistemático de un grupo humano. Claro que no, nunca diría eso. Pero coincido con el diagnóstico de Eisenstein sobre la condición estigmatizada de los anti-V, en especial el rasgo de ser ajenos o externos a la mayoría cada vez menos silenciosa de los vacunados, al menos en algunas naciones. Esa  operación sacrificial contra la minoría serviría como una potente lección, el exterminio, simbólico, de exclusión de los lugares públicos, de ocio, de trabajo, de educación, para que el resto de los ciudadanos puedan continuar alegres y atemorizadamente sumisos, conformistas por completo:

Los chivos emisarios no necesitan ser culpables, pero ellos deben ser marginales, parias, herejes, transgresores de tabúes o infieles de alguna clase. Si ellos son demasiado distantes (alien), serán inadecuados como objetos de transferencia para la agresión del grupo interno. Ni tampoco pueden ser miembros plenos de la sociedad, ya que se seguirían ciclos de venganza. Y finalmente, en abierto desafío de la categorización izquierda-derecha hay una nueva y prometedora clase de chivos expiatorios, los herejes de nuestro tiempo: los anti-vacunas. Como un subgrupo de la población a mano para identificar, ellos son candidatos ideales para usarlos como chivos expiatorios.

Quiero pensar una última vez en ese furioso insultador que con tanta rabia buscó intimidar a los que discutíamos en una red social sobre las referencias por lo menos bizarras y quizás perversas en contra de la libertad de una columna periodística. El visitante dejó algo parecido a una estela, tras el pasaje de una lancha veloz, un reguero de insultos, improperios, vehementes y casi delirantes acusaciones, sin que las acompañara la lectura o la menor tentativa de escucha de quienes intentaron responderle. Y por eso me quedo con el anti-estético vocablo que esta persona se autoasignó con evidente orgullo, no sin arrogancia, para distinguirse de aquellos que buscó estigmatizar. Él era, nos aseguró, un “cuidadano”. Inspirado en ese luminoso escrito de Eisenstein, le hago obsequio a este docto insultador de otro signo tan o más feo que el suyo: lo que buscó de ese modo desaforado no fue ser un ciudadano que encarna o asume de modo auto-elogiado los cuidados del Otro. Su misión la entiendo más como la de un cuida-ano, alguien que procuró protegerse con ahínco, cuidarse esa parte atávicamente vulnerable de la anatomía. Y para tal fin,  empleó el muy antiguo recurso ritual analizado por René Girard, que actualizó para ayudarnos a entender los excesos cometidos en nombre de la pandemia el ensayista Charles Eisenstein. Linchemos, enviemos a la hoguera – mediante el estigma social, ya que no se puede literalmente hoy – a estos que se atreven no sólo a apartarse de la turba, sino  a enfrentarla desde su  peligrosa y minoritaria existencia. 


Nota

1 Quiero agradecerle a Pablo Cha el haberme hecho conocer este estupendo texto.

Referencias

Andacht, F. (2021). “Paseo mágico y tenebroso por Vacunilandia, tierra del rebaño aterrado”, eXtramuros, https://extramurosrevista.com/paseo-magico-y-tenebroso-por-vacunilandia-tierra-del-rebano-aterrado/

Andacht, F. (2021). “De Carmela H. a Alberto S.: victimarios y víctimas en la era Covid19”. https://extramurosrevista.com/de-carmela-h-a-alberto-s-victimarios-y-victimas-en-la-era-covid19/

Edelman, G. (2020) “The Latest Covid Party Story Gets a Twist. Like any urban legend, this one changes slightly with each telling” Wired, 14.07.20: https://www.wired.com/story/the-latest-covid-party-story-gets-a-twist/

Eisenstein, C. (2021). Mob Morality and the Unvaxxed. (02.08.2021). En: https://charleseisenstein.substack.com/p/mob-morality-and-the-unvaxxed

Freud, S. (1930). El Malestar en la Cultura. Librodot. En: http://www.afoiceeomartelo.com.br/posfsa/Autores/Freud,%20Sigmund/Freud,%20Sigmund%20-%20Malestar%20en%20la%20cultura,%20El.pdf

Girard, R. (2007) De la violence à la divinité. Paris: Grasset. 

Tejada, A. (2021) “¿Qué hacer cuando un familiar o un amigo no se quiere dar la vacuna contra la covid, un dilema latente en la sociedad?” Página 12 (05.08.2021). En: https://www.pagina12.com.ar/359659-que-hacer-cuando-un-familiar-o-un-amigo-no-se-quiere-dar-la-?fbclid=IwAR27n8FqcCAEHFSh9X6_ Rs7rBEqIFKJ_ WdH8UBb1zseZxFln1G_gkffG_9U